Estaba más consciente que inconsciente, pero su mente se permitía el lujo de divagar entre tortuosos sueños, un terrible monstruo verde con dos cabezas atacaba con un bisturí y sin piedad a Álex; ella estaba presente en aquel aterrador acto, pero era una mera espectadora porque quería correr hacia su chica para salvarla, pero sus piernas no respondían a su reclamo. En ese momento el sueño tomó un giro, el cuerpo desangrado de Álex se encontraba entre sus brazos y unas maléficas risas resonaban por la estancia, sintió un dolor horrible en el corazón y un llanto desgarrador la paralizó por unos segundos, finalmente consiguió serenarse para rasgar la camiseta de su chica e intentar curar las puñaladas que le había propinado aquel monstruo, pero mientras curaba cada una de aquellas heridas, el cuerpo de Álex se desvaneció y se convirtió en el de Lexa. Su mente reaccionó frente a ese cambio en la fisionomía de su difunta novia y un mal presentimiento o una fuerza divina la despertó de golpe.
-¡Lexa! -Gritó mientras se incorporaba de la cama de golpe.
Apenas entraba luz por la ventana así que debía ser aún muy temprano, miró el reloj para quitarse aquella duda y efectivamente, aquel aparato decía que eran las siete de la mañana. Como acto reflejo buscó a Nylah en su cama pero no la encontró, recordando después aquella conversación que había quedado a medias el día anterior, en la que le prometía cosas que aún no había cumplido y que no sabía si sería capaz de cumplir después de aquellas dos horas al lado de Lexa aquella misma noche.
Sentía el peso de la culpabilidad aún siendo consciente de que realmente no había hecho nada, los sentimientos se le empezaban a mezclar en lo más profundo y estaba llegando a un punto de confusión extrema que no sabía controlar y que le hacía pensar que quizá sí merecía sentirse una traicionera, porque su novia no merecía sentirse poco valorada, ni Lexa merecía sus vaivenes, ni si quiera ella misma se merecía pasar por aquel laberinto de sentimientos.
El sueño le había dejado mal cuerpo y el mal presentimiento seguía muy arraigado en sus entrañas, así que aparcó todos aquellos pensamientos y decidió ir a echar un vistazo a la celda de Lexa para asegurarse de que estaba descansando y no agonizando entre vómitos y desmayos. La tranquilizaba un poco saber que en unas horas tendrían los resultados y podrían poner remedio a lo que fuera que le pasara.
Se vistió y se aseó rápidamente, salió de su celda y cruzó la sala con premura acortando los pocos metros que separaban su celda de la de Lexa, apenas eran diez pasos pero en aquel momento se sentían como cincuenta. Abandonó la prisa de golpe y se le frunció el ceño cuando al enfocar la puerta de la castaña vio que ésta estaba entreabierta, las pulsaciones se le triplicaron cuando se posicionó delante de ella, y afinó el oído por si escuchaba algún ruido extraño en el interior, pero con esos nervios repentinos solo podía escuchar el intenso bombeo de su propio corazón golpeándole las costillas. Ni siquiera atinó en asomarse por la ventanita, directamente apoyó la palma de la mano en la puerta y con cuidado la empujó suavemente.
Lexa no estaba.
Dejó de respirar y juraría que se le había parado el corazón porque ya ni siquiera lo escuchaba.
No había rastro de ella y eso era muy extraño para apenas ser las siete de la mañana. Se relajó un poco y las pulsaciones le volvieron a la normalidad al pensar que quizá la castaña se encontraba algo mejor y había ido a los vestuarios a darse una ducha, era muy de hacer esas cosas ilógicas y sin sentido como lo de madrugar. Se acercó a la cama y se sentó abatida después de aquel vuelco al corazón que había sufrido. Apoyó las palmas de las manos en el colchón y dejó su peso en ellas para estar más cómoda, aprovechando para observar con detenimiento el lugar mientras esperaba a que volviera Lexa.
-Su neceser, sus cremas... -Comenzó a decir en un murmullo -Media sábana en el suelo -Siguió enumerando mientras la cogía y la colocaba en su sitio -La puerta abierta... -Hizo una pausa -¡JODER! -Gritó y se levantó de un salto comenzando a palpar la cama -Joder, joder, me cago en la puta.
De repente el corazón volvía a golpearle las costillas y el nudo en el estómago que había sentido al despertar por culpa de aquel sueño no le dejaba respirar. Salió corriendo de la celda, esta vez en dirección a la de Octavia, rezando internamente para que lo que cruzaba su pensamiento no fuese real.
-¡¡O., despierta!! -Chilló mientras entraba desesperada y a toda prisa en su celda.
-Joder, Clarke, qué puto susto -Se sobresaltó la morena, pero en seguida volvió a acomodarse -Sabía que acabarías buscando meterte en mi cama, pero no me imaginaba que fuera con ese desespero -Levantó la sábana para dejarla entrar en ella a la misma vez que le ponía cara de pervertida.
-He palpado su cama y estaba fría, O. Y la puerta, joder, ella nunca deja la puerta abierta, siempre hace su jodido ritual -Se pasó las manos por la cara obviando las palabras de la morena -Moriría antes de dejar la puerta así, ¡¿lo entiendes?!
-¿Vas palpando camas de madrugada? ¿En qué clase de demente te has convertido? -Preguntó Octavia mientras se incorporaba y se desperezaba.
-¡¿Me estás escuchando?! ¡Lexa ha desaparecido! -Le gritó, aunque en seguida se dio cuenta de que así no iba a llegar a ninguna parte, así que cerró los ojos cogiendo aire y volvió a abrirlos soltándolo poco a poco -Pensaba que podría estar en las duchas, ya sabes las manías que tiene con los horarios y la higiene, pero tiene las cosas de aseo en la celda y tenía la puerta estaba abierta, y otra cosa no, pero Lexa no dejaría la puerta abierta ni bajo pena de muerte -Se le acumularon las lágrimas en los ojos porque a medida que iba contando lo sucedido, su pensamiento recobraba más sentido y se volvía más real.
-Lo de la puerta admito que es bastante extraño, pero quizá le están haciendo pruebas, Clarke, no dramatices antes de tiempo, va -Le explicó la morena mientras se levantaba para coger un trozo de papel higiénico y ofrecérselo -¿Seguro que todo esto no es una excusa para que te consuele y acabar metida en mis bragas? -Bromeó la morena consiguiendo una pequeña sonrisa por su parte.
-En serio, O., tengo un mal presentimiento -Dijo secándose las lágrimas que ya habían empezado a caer por sus mejillas.
-Anda, ven aquí, rubia dramática -Le pidió la morena estirando los brazos en su dirección y ella prácticamente se abalanzó a ellos -Quieres ir a buscarla, ¿verdad? -Le preguntó y ella afirmó con la cabeza aún abraza a su amiga -Tú primera, te sigo, solo faltaría que le hubiera pasado algo y me culparas a mí por haberte llamado dramática -Susurró ganándose un manotazo por su parte -¿Por dónde vamos a empezar?
-Por la enfermería -Respondió con decisión soltándose de su abrazo.
-A la orden, mi general -Le respondió mientras hacía el saludo militar.
Salieron de la celda de la morena en cuanto ésta terminó de vestirse, dirigiéndose directamente y sin más preámbulos hacia el pasillo que daba a la enfermería. Por el camino se encontraron algunas reclusas menos perezosas que ya merodeaban por allí, pero aún así todo estaba bastante tranquilo, aunque todo cambió al atravesar una de aquellas dichosas puertas, unos gritos provenientes de algunas reclusas inundaron la estancia, había un maldito escuadrón de policías con más prisa de la que ellas mismas llevaban.
-Joder, joder, joder -Se fortó la cara desesperada -Seguro que Raven tiene los análisis y han encontrado algo muy gordo.
-¿Qué análisis? -Preguntó extrañada Octavia.
-Tengo que encontrarla, no tengo tiempo para darte explicaciones. Ve a buscar a Raven y dile que Lexa ha desaparecido, yo voy a la enfermería -Le ordenó dándose la vuelta para irse directa a su destino.
-Tú mandas, jefa -Contestó la morena a la vez que se daba media vuelta y se alejaba.
El tiempo se agotaba, lo podía sentir en sus putas y sabias entrañas y pondría ambas manos en el fuego y no se quemaría que su intuición le decía alto y claro que Lexa estaría en la enfermería con ese mal nacido, solo el hecho de pensar lo que podía estar sucediendo ahí dentro le revolvía el estómago y le hacía sentir pinchazos en el corazón.
-Ey, rubia -Gritó Octavia de lejos a sus espaldas haciendo que frenase sus pasos y se diera la vuelta -Lexa estará bien -Le afirmó con una sonrisa y ella le devolvió aquel gesto con claros signos de agobio imposibles de disimular.
Se quedaron unos segundos mirándose fijamente a los ojos, y justo después de aquella pausa, ambas asintieron con la cabeza en un gesto de mutuo apoyo, se dieron la vuelta y cada una retomó su camino. El miedo la invadía casi por completo, pero aquel gesto de la morena la alentó y recobró un poco de valentía. Siguió con paso ligero cruzando pasillos y puertas hasta que volvieron a paralizarse todos sus sentidos cuando a lo lejos divisó la enfermería. La puerta estaba cerrada, las cortinas echadas y la luz apagada.
Se llenó los pulmones de aire y con paso decidido se acercó todo lo rápido que sus piernas temblorosas le permitieron. Dio un par de golpes a la puerta con los nudillos y juraría que incluso con ese gesto se podría notar el terror que sentía.
Silencio.
Esperó un tiempo prudencial pese a que su instinto le gritara que tirara la puerta abajo, incluso aun sabiendo que eso le podría costar un año más en aquel maldito lugar.
Cuando por fin decidió tirar de coraje y abrir aquella puta puerta, una de las cortinas se movió y entró en estado de alerta ipso facto, empezó a notar cómo la adrenalina crecía en su interior haciéndola perder todos los miedos anteriores y aumentando su valentía a niveles desmesurados, preparada para afrontar cualquier situación que se le avecinara.
Cogió aire de nuevo para llenarse los pulmones y sin más titubeos entró en la enfermería que para su sorpresa no estaba cerrada bajo llave. Estaba oscuro y sus ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse, pero cuando por fin empezó a ver con algo más de claridad, el corazón se le detuvo ante la imagen que se había materializado delante de sus narices.
Sus entrañas ya se lo habían advertido desde que abrió los ojos esa mañana, aquel mal presentimiento se había hecho realidad, Lexa parecía estar inconsciente, tumbada en la camilla con la camiseta subida por encima del sujetador mientras que aquel ser despreciable al que llamaban doctor se encontraba de pie a su lado con la bata abierta y el cinturón y el pantalón desabrochados.
-¡¡¡HIJO DE PUTA!!! -Le gritó recuperando el control de su cuerpo y abalanzándose sobre él.
-Quita de encima, desgraciada -Soltó con asco Titus apartándola con una simple sacudida.
La había tirado al suelo de un jodido movimiento, como si de una puta cucaracha se tratara. Toda aquella adrenalina previa la había perdido de golpe al verse vencida tan fácilmente, dándose cuenta de que físicamente no tenía ninguna opción. Se levantó mirando hacía la puerta, quería gritar y pedir ayuda, pero sabía que no habían agentes cerca en ese momento, así que solo le quedaba correr en busca de alguno.
-Ni se te ocurra -Le advirtió Titus al ver sus intenciones -Como salgas de aquí la mato -Amenazó con una templanza perturbadora -Cierra la puerta -Le ordenó y sin más opciones no tuvo más remedio que obedecer.
No podía pensar con claridad, por más que su mente le decía que debía trazar un plan, su cuerpo inmóvil y su mente desgastada ya no estaban dispuestos a afrontar aquella situación. Y con esa ya era la segunda vez que su cuerpo reaccionaba así delante de ese cabrón.
-¿Donde está ahora esa valentía? -Preguntó Titus con una sonrisa de suficiencia cuando ella cerró la puerta -Hubiese preferido hacer esto en la intimidad, pero quizá nos podemos divertir los tres, ¿qué me dices, Clarke? -Continuó diciendo mientras que con el dedo índice hacía un camino desde el pecho de Lexa hasta la goma de su pantalón.
Miró aquel dedo con el mismo odio con el que miró a los ojos al asesino de su novia y algo volvió a cambiar dentro de ella, no estaba dispuesta a vivir con esa culpabilidad también, porque aunque ella no hubiera matado a Álex, se sentía culpable. Se había pasado un mes entero rogándole que se dejara dibujar por ella, y quizá si no hubiera insistido tanto, su chica no habría salido a comprar sus malditas acuarelas aquella tarde y aún seguiría con vida.
-Déjala en paz, ya me tienes a mí y te prometo que no pondré resistencia, pero, por favor, no la toques -Le suplicó acercándose a él con lágrimas empañándole los ojos.
-Llevo meses drogándola meticulosamente para llegar justo a este momento, ¿crees que voy a cambiar el plan solo porque me lo pidas tú? No te ofendas, tienes buenas tetas, pero deseo a Lexa desde que la vi entrar por esa puerta -Le respondió el doctor pasándole ahora a ella aquel puto dedo por encima de sus pechos.
Sintió un asco y una repugnancia infinita, pero aún así le aguantó la mirada incluso sin poder contener las lágrimas que le caían de pura impotencia. Finalmente apartó la vista para enfocar a la Lexa en la camilla, agradecía enormemente que estuviera inconsciente y no estuviese viviendo aquella terrible pesadilla. De repente su mente dejó de flagelarse y esos sentimientos de culpabilidad que la bloqueaban quedaron atrás dando paso a una idea que el propio Titus le había servido en bandeja.
-Entonces en los análisis que la gobernadora hizo ayer a Lexa aparecerá esta droga que has estado usando, ¿no? -Ahora fue ella quien empleó aquella sonrisa de suficiencia mientras Titus cambiaba el semblante por uno de sorpresa -Droga que solamente tú le puedes haber suministrado, ya que tú eres el único doctor y tú eres el único encargado de supervisar todos los análisis y pruebas realizadas, ¿no es así, doctor? -Recalcó esos "tú" mientras continuaba con aquella sonrisa en su rostro e incluso permitiéndose el lujo de acercarse a Lexa para bajarle la camiseta mientras Titus procesaba aquel giro de los acontecimientos.
-¿Pretendes engañarme, mocosa de mierda? Tendrías que volver a nacer cincuenta veces más para lograr engañarme -Le rebatió el doctor con mucha menos seguridad en sus palabras.
-En su día te avisé de que no me fiaba de ti, y ya ves, conseguí que le hicieran un análisis de sangre sin que te enteraras -Empezó a explicarle cogiendo cada vez más confianza al ver como se le iba tensando la mandíbula -Me he cruzado con un arsenal de policías que iban en dirección al despacho de la gobernadora, ¿sabes lo que significa? -Terminó celebrando internamente aquella victoria aunque no entendía muy bien porque ahora aquel ser asqueroso se ponía a reír.
-Significa que eres una ingenua -Le respondió Titus que continuaba riendo cada vez más fuerte -Te he dicho que he estado meses preparando este momento al detalle, esos policías vienen porque yo lo he querido así, y no vienen a por mí, vienen a por la gobernadora Reyes. Una distracción perfecta para que nadie se de cuenta de lo que pasará en este despacho -La miró intensamente a los ojos cesando aquellas risas -Aunque gran parte del plan ha sido mérito tuyo -La sonrisa malévola que le dedicó la paralizó completamente volviéndole a inundar el cuerpo de miedo.
-Re... ¿Reyes? ¿Mérito mio? -Preguntó con voz temblorosa sin entender nada de aquellas palabras.
-Ay, querida, deberías conocer mejor a la persona con la que te acuestas -Volvió a estallar en esas putas risas diabólicas mientras acariciaba una de las piernas de Lexa.
-¿Qué tiene que ver Nylah en todo esto? -Preguntó totalmente descolocada con aquella última frase.
-Le contaste un par de cosas muy interesantes sobre la gobernadora -Le respondió con serenidad -Que se acuesta con la hermana de su marido, que resulta ser una reclusa de su propia prisión... Que la propia Reyes está escondiendo MI droga para proteger a su amante... -Continuó enumerando con tono arrogante.
-No me creo que Nylah te haya contado todo eso, no me traicionaría así, me quiere... -Se fue apagando a medida que terminaba aquella frase.
-Precisamente porque te quiere te ha traicionado, vino desesperada proporcionándome esa magnifica información solo para mantenerte con vida, aunque cada vez me arrepiento más de aquel trato, eres un puto grano en el culo.
Nylah la había traicionado y su cuerpo pasó del miedo a la decepción en décimas de segundo, empezaba a notarse mareada con todo ese vaivén de sentimientos en aquel corto periodo de tiempo. Una parte racional de su cerebro le decía que era normal que la quisiera salvar de una muerte anunciada aunque con eso tuviera que delatar a la amante de su amiga, pero la otra parte le decía que era una egoísta y que no había pensado en las consecuencias de ese acto, pero sobretodo le perturbaba el porqué de haberle contado la relación sentimental gobernadora-reclusa si solamente necesitaba saber donde estaba la droga para supuestamente salvarle la vida. Había algo en toda esa historia que no le cuadraba, un detalle que ella había pasado por alto, pero que su mente se había encargado de darle la importancia que merecía.
-¿Y por qué motivo no nos has matado a Octavia y a mi después de su confesión? ¿Y por qué hacerle caso a una reclusa cualquiera? Los dos sabemos que no tienes escrúpulos y que no dejarías cabos sueltos después de lo de Emori.
-Ahí debo darte la razón, eres rubia pero pareces lista, obviamente mi primer pensamiento fue mataros a las dos porque ya se estaba complicando demasiado el asunto, pero mi hija tuvo que enamorarse de ti, y aunque no tengamos la mejor relación, no deja de ser mi hija, así que agradécele a ella que sigáis con vida.
Si en ese momento la hubieran pinchado no hubiera salido ni una gota de sangre, esa confesión la había dejado totalmente congelada, era la madre de todas aquellas confesiones porque la de la droga se la esperaba, pero que Nylah fuera su hija... Eso superaba por completo los límites de su imaginación.
Mientras tanto en la otra punta de Azgeda...
Octavia
Debía admitir que esa situación le parecía muy extraña y entendía perfectamente la histeria de Clarke en todo aquel asunto, pero alguna de las dos tenía que ser la cuerda y coger las riendas de la situación o la histeria de Clarke acabaría evolucionando a un paro cardíaco. Aún no existía corazón humano capaz de soportar un bombeo de sangre a ese nivel desmesurado sin explotar en el proceso.
-Ey, rubia -Gritó de lejos haciendo frenar a la rubia -Lexa estará bien -Le afirmó con una sonrisa para que se tranquilizara, aunque por su cara no parecía que lo hubiera conseguido.
Después de varios segundos mirándose en silencio y de regalarse ese gesto de mutuo apoyo, cada una emprendió la dirección hacia su destino. Inició la marcha a un ritmo pausado pero constante, a cada paso que daba y sin darse cuenta, iba aumentando la rapidez en la que movía sus piernas, porque si era sincera consigo misma, tenía que admitir que ese puto pelotón de policías yendo hacia su mismo destino no le estaba haciendo nada de gracia. Por las palabras de su amiga podía deducir que trapichearon con Lexa y su sangre, pero por muy gordo que fuera lo que habían encontrado en ese maldito análisis no era lógico todo aquel arsenal de policías. Era una reclusa más, no era el puto Hannibal Lecter, joder.
Giró la última de las esquinas que había para llegar al despacho de su gobernadora particular, viendo cómo los policías se paraban delante de la puerta y la latina la abría para recibirlos. Al escuchar las palabras que salieron de la boca de uno de los policías tuvo que recular para no ser descubierta y poder escuchar todo lo que decían volviéndose a esconder en el pasillo por el que había venido.
-Buenos días gobernadora, nos ha llegado una denuncia por parte de uno de sus empleados -Dijo el oficial federal que al parecer lideraba a aquellos policías.
-¿Denuncia? No tengo constancia de que mis empleados estén desconformes con como desarrollo mi trabajo en Azgeda, oficial... -Dejó la frase en el aire.
-Weller -Le confirmó el oficial -La denuncia es por posesión de drogas, gobernadora Reyes.
-¿Cómo dice? ¿Drogas en mi prisión? Imposible, esas acusaciones son infundadas -Respondió Raven con claros síntomas de nerviosismo en su voz -Si no tienen una orden de registro les invito a salir, señores, tengo demasiado trabajo que hacer como para perder el tiempo en estas patrañas -Les mostró el pasillo con la mano.
-Aquí tiene la orden de registro, gobernadora, permítanos hacer nuestro trabajo -El oficial le tendió aquella orden y la latina la cogió con manos temblorosas -Procederemos a inspeccionar su despacho, por favor, espere fuera, solo serán unos minutos -Continuó en un tono totalmente mecanizado producto de su rutina.
"Joder, Reyes, dime que no has traído la puta droga justamente hoy"
La latina salió del despacho suspirando con un semblante totalmente derrotado, se frotaba la cara con ambas manos en señal claramente nerviosa, apoyó la espalda en la pared para esperar a que aquellos federales terminaran el registro, y nada más hacerlo giró la cara en su dirección para encontrarse con su mirada interrogativa. Estaba claro que mantenían una especie de conexión entre ellas, porque solamente hizo falta una milésima de segundo de aquella mirada para que a Raven se le empañaran los ojos de lágrimas y terminar de confirmar que efectivamente había traído la droga aquel mismo puto día.
Empezó a crecerle un odio interior que amenazaba con salir por cada poro de su piel, y la latina, que parecía haberse percatado de aquel hecho, le suplicó con la mirada que no hiciera ninguna locura. Le regaló un intento de sonrisa para que se relajara, pero su mente tenía claro que se iba a vengar de ese puto empleado aunque le cayeran tres cadenas perpetúas.
En seguida salió por la puerta el oficial federal de policía con el jodido paquete de droga que Raven le guardaba y todo el aire contenido salió de sus pulmones dando paso a una culpa que la invadió por completo.
-Gobernadora Reyes, queda usted detenida por posesión de drogas. Tiene derecho a permanecer en silencio, cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra en un tribunal. Tiene derecho a un abogado durante su interrogatorio, si no puede pagarlo, se le asignará uno de oficio.
Se le cayó el alma a los pies al darse cuenta que a Raven aquella situación le venía grande, seguramente en sus planes de vida no entraba aquel giro de los acontecimientos y en ese momento no supo reaccionar, simplemente se dio la vuelta para que la esposaran mientras clavaba la mirada en el suelo perdiendo, así, toda conexión con ella. Justo en ese momento el agente Jasper aparecía por el pasillo, obviándola a ella completamente y yendo directo hacía el despacho de la gobernadora, y como le había pasado a ella previamente, también frenó en seco en cuanto vio la situación que había materializada ante él.
-Joder, Rave, ¡¿qué coño está pasando?! -Preguntó Jasper saltándose los protocolos de empleado y posicionándose delante de la latina que lo miró con tristeza a los ojos.
-La gobernadora está detenida, apártese, por favor -Habló el oficial.
-¿Está de broma? No pueden llevársela, sea lo que sea tiene que ser un malentendido -Comentó Jasper nervioso en un intento de persuadir en vano al oficial, pero ante la cara inexpresiva de éste y su silencio, miró a Raven -Está de broma, ¿no? Joder, ¿qué ha pasado, Rave? -La latina cerró los ojos y agachó la cabeza mientras negaba y a Jasper empezaron a salirle las primeras lágrimas -Te traía el puto análisis -Continuó derrotado y entre lágrimas sacando el sobre del bolsillo.
La latina se giró para encarar al federal de policía que la tenía esposada.
-¿Podríamos esperar un segundo a que mi agente abra el sobre? Es un asunto bastante serio -La cara de pocos amigos del oficial la alentó a continuar con la explicación -Tenemos la sospecha de que nuestro doctor, el señor Titus Sandilands, aprovecha su cargo en esta institución para sobrepasarse con las reclusas.
-¿Titus Sandilands? -Preguntó sorprendido el policía -No deberíamos darle esta información, pero resulta extraño que el hombre al que se refiere sea la misma persona que la ha denunciado, gobernadora.
-¡¿Titus?! -Dijeron al unísono Jasper y Raven totalmente sobresaltados -Ese maldito cabrón... -Continuó Jasper al que se le empezaba a hinchar la vena del cuello -Entonces, ¿puedo? -Preguntó al oficial mostrándole el sobre.
-Proceda.
Jasper buscó con la mirada a la latina, y ésta asintió con la cabeza con un claro gesto de impaciencia para que abriera de una vez aquel maldito sobre. El agente, que hasta en situaciones extremas esperaba el permiso de su superiora, finalmente procedió a sacar el informe con signos de nerviosismo. Una vez abierto, Jasper se aclaró la garganta y procedió a leer en voz alta.
-Después de los análisis realizados ayer día 25 de noviembre de 2018 a la paciente Lexa Woods, se observa que la paciente presenta una alta dosis de lunitrazepam en sangre, también conocido como Rohypnol, es un fármaco hipnótico de la familia de las benzodiazepinas. Las reacciones adversas más características son: somnolencia, confusión, mareos, sedación, cefalea, depresión, desorientación, disartria, reducción de la concentración, temblor, cambios en la libido, incontinencia urinaria, retención urinaria, náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, sequedad de boca, hipersalivación y dolor epigástrico. Observaciones: este fármaco suele ser usado en casos de agresión sexual... -Jasper dejó de leer en aquel punto bastante revelador. Vio como los policías se miraban entre ellos y Jasper y Raven compartían, esta vez, una mirada seria en silencio.
No podía quedarse ahí escondida por mucho que su latina se lo hubiera suplicado, Clarke tenía razón y se había ido sola a la boca del lobo, y joder, no era su amiga de la infancia, pero no recordaba tener a nadie tan cercano en su vida como lo había sido aquella rubia insolente. Salió a toda prisa de su escondite dirigiéndose directamente al oficial federal a cargo.
-¡Hay que ir a la enfermería! -Todos la miraron impasibles y decidió hablarle a Jasper ya que sabía que tenía cierta amistad con la rubia -Clarke ha ido sola allí en busca de Lexa, porque cuando se levantó no la encontró en su celda y tenía un maldito mal presentimiento ¡Joder! ¡Las putas entrañas de la rubia no fallan nunca! -Dijo del tirón sin coger aire ni una sola vez.
Después de aquella confesión, hubo un revuelo sobre qué decisión tomar y cómo intervenir ante aquel despliegue de situaciones en un mismo tiempo, porque aquellos federales de policía estaban ahí por una denuncia por posesión de drogas por parte de la gobernadora y se habían encontrado, además, con que el propio denunciante había estado drogando a una reclusa junto con un posible caso de agresión sexual.
-Borden, Patterson, llevad a la gobernadora al furgón, a poder ser sin levantar más revuelo. Zapata, Doe, conmigo, el agente Bostick nos llevará hasta la enfermería -Dijo el Oficial federal Weller después de mirar la plaquita que Jasper tenía colocada perfectamente en la parte izquierda del pecho.
Y como había ordenado el oficial, todos federales se pusieron en marcha, Borden y Patterson procedieron a llevarse a la gobernadora por el pasillo donde ella se había escondido momentos antes, y el resto se encaminaron guiados por Jasper hacía la enfermería. Ella en cambio se quedó allí, parada, mirando cómo se llevaban a la latina y las ganas de llorar aumentaron de golpe. Hacía mucho tiempo que se había prometido así misma no volver a llorar y estaba haciendo grandes esfuerzos por conseguirlo, tanto que sentía que se le desgarraba la garganta, pero sin éxito y sin remedio empezaron a resbalarle por las mejillas ante la imagen de la latina alejándose por el pasillo. En ese instante, Raven giró la cabeza hacia su dirección para regalarle una última mirada, y sin esperarse ni ella misma aquella reacción de su propio cuerpo, y antes de que la latina desapareciera de su vista, sus labios gesticularon un sincero te quiero.
XXXXXXXX
Hasta aquí la primera parte de otro capítulo de Azgeda.
¿Qué os está pareciendo la historia?
¿Con qué personaje os quedaríais?
Decirnos cosas, que queremos saber
Abrazos perezosos para todxs ️️
