Capítulo XX


―¡Dame la otra! ¡Nos emparejaste mal!

«Pues esa era la idea» era lo que pensaba Pavlin mientras ambos patinadores más jóvenes estaban al borde del ataque de pánico.

Harán lo contrario de lo esperado, ¿cómo sorprenderían si no? Es mi lema ―se justificó Volk a través de Viktor.

Pavlin tomó la palabra.

En realidad, son más corrientes y mediocres de lo que creen.

Si le hacían elegir, era obvio que Katsuki era el más mediocre de los dos. Y lo seguiría pensando hasta no viera algo que lo hiciera cambiar de parecer.

Y mientras Viktor seguía burlándose de sus dos pupilos temporales, mostrando una obvia superioridad, Volk miró a Pavlin de manera sospechosa.

¿Qué pretendes tú? Eras el primero en querer marcharse.

Pavlin se tensó.

Lo hago por Viktor, por supuesto.

¡Ja! A otro perro con ese hueso, se dijo Volk mientras miraba a su compañero con duda. De todos modos, prefirió dejarlo en paz. Ya era suficiente que aquella ave hubiese accedido a darle algo de beneficio a Katsuki, en vez de irse por la opción de ayudar a Plisetsky.

Luego de que Viktor terminara su discurso tuvo lugar un pequeño silencio, que fue interrumpido por el patinador más joven.

―Bien, patinaré con agape ―accedió a regañadientes―. Mi debut como senior depende de ello. Más te vale darme un programa ganador. ―Parecía tener cada vez más convicción a medida que las palabras eran dichas.

Secretamente, Volk esperaba que Katsuki actuara de igual manera.

―Dependerá de ti que ganes o no. Si yo hiciera este programa, ganaría seguro. ―Y aquello era algo en lo que tanto Pavlin como Volk coincidían.

Las palabras de Viktor solo hicieron que Plisetsky se fastidiara más, mientras Katsuki observaba todo en silencio.

―Si gano, regresarás a Rusia conmigo ―ordenó―. Y serás mi entrenador. ¡Eso es lo que quiero!

Pese a que Volk aún tenía sus dudas respecto a arriesgar tanto (estar cerca o no de Yuuri era lo que estaba en juego), Pavlin parecía bastante confiado.

―Claro. ―Por eso Viktor no tuvo ningún problema en comprometerse a ello.

Fastidiado por la confianza que tenía el ruso menor, Volk volvió la atención de Viktor hacia Yuuri, que aún se mantenía en silencio.

―Yuuri, ¿y tú? ¿Qué querrías si ganaras? ―Porque era obvio. Sin importar quién fuera, todos siempre querían algo de Viktor; la mayoría se acercaba a él con ese objetivo.

―Comer tazones de cerdo contigo.

Por eso la respuesta de Yuuri sorprendió incluso a Pavlin.

¿Nos está pidiendo una cita? ―cuestionó Volk con ilusión.

―¡Cállate!

―Quiero ganar y comer muchos tazones de cerdo ―continuó el japonés mientras ambos rusos lo miraban con atención. Volk se sintió orgulloso cuando la voz de Yuuri fue tomando confianza gradualmente―. ¡Así que patinaré con eros! ¡Daré todo el eros que tengo para ofrecer!

¡Yuuuuuuuuri!

Pavlin cerró los ojos con desagrado cuando su compañero comenzó a mover la cola de manera frenética, emocionado con aquellas palabras del japonés.

En el exterior, los ojos de Viktor brillaron, con éxtasis contenido.

―¡Estupendo, así me gusta!

En el fondo, Pavlin pensó que aquel japonés tenía pelotas; pero no le servirían de mucho si este no era capaz de sacar a relucir su sensualidad.

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Espero que les haya gustado.