¡Un nuevo capítulo! *suenan fanfarrias*. Realmente me costó bastante escribir este... Pero valió la pena, no tengo mucho que decir al respecto, en realidad...

metalic-dragon-angel: ¡Y es poco en comparación a lo que viene!

JCkirito: El orgullo, el orgullo nos vuelve otras personas... ¡Gracias por tu review!

Lizzy-Chan: Yo también, a él y su actitud, jaja. ¡Gracias por tu review!

ADVERTENCIA: Contiene escenas comprometedoras.


XXI. Y Vuelvo

Leafe había partido hacia el Árbol de la Vida. Ciertamente no tenía ni la menor idea de qué debía hacer y estaba consciente de que era prácticamente imposible que ella lograra algo sola. Sin embargo, quería ver a Muria, pedir su consejo, era la única persona a quien podía acudir que se le ocurría. Sin que Leafe se percatara de ello, Polvo sobrevolaba su cabeza.

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-Deberías ser más considerado con tus aliados, Jinete.- sentenció Padre Cuervo con algo de aspereza después de ver marchar a aquella joven.

-No es un aliado, es un lastre que descuidadamente dejé que se pegara a mí en el camino.- escupió Muerte con una traza de desprecio en la voz.

-Dime ¿qué ves en sus ojos?

-Cobardía, debilidad… Como cualquier otro de su calaña.- soltó Muerte sin pensarlo demasiado.

-¡Muerte!- la voz de Padre Cuervo se endureció aún más.- ¿Qué es lo que realmente ves en sus ojos?

Muerte dejó de lado su altanería con un suspiro mientras se tranquilizaba. Cerró los ojos por un momento, la imagen de Leafe inmediatamente acudió a él mientras recordaba todas aquellas veces que sus iris grises se habían clavado en los de él. Recordó cómo lo miraba cuando se molestaba, cómo brillaban sus ojos cuando estaba cerca de él, la dulzura y la sorpresa aquel día en que la besó y la decepción que nubló su mirada hacía unos momentos…

-Inocencia, luz… Pureza.- respondió al fin con un resoplido.

-Devoción, Muerte. Ella te seguiría hasta el fin de la misma existencia aunque ello implicara su propia destrucción.- habló el anciano con mayor suavidad al ver al Jinete más tranquilo.- Ella tiene una fe ciega en ti, eres ese atisbo de paz al que se aferra en medio de las tinieblas que la rodean. Existe una fuerza más poderosa que ninguna otra y que tú siempre has subestimado: el amor.- alzó un poco la voz para impedir que Muerte le interrumpiera.

-No digas estupideces, anciano…- suspiró Muerte.

-¿Por qué buscas salvar a Guerra?

-Es mi hermano…

-Eso también es amor. Tú tienes a tus hermanos a tu lado, compañeros y gente que, de una forma u otra, te han apoyado ¿Qué tiene ella?- Muerte solo negó levemente con una expresión amarga en el rostro. Al ver que no respondía, Padre Cuervo prosiguió.- Tú mismo lo has dicho ya. En medio de la tempestad y de su tormento interior, ella está completamente sola. Su vida peligra cada segundo que pasa y puede que no vuelva a ver a su hermano, que es el único ser igual a ella que realmente la amó y, sin embargo, ha elegido libremente entregarte todo a ti. Su alma… Y sus sentimientos también, justo ahora tú eres todo lo que tiene. Piensa en ello antes de volcar tu frustración sobre ella, pues no encontrarás mujer que te sea más fiel que esa ''patética humana'', como la llamas tú.

Dicho esto, Padre Cuervo se dio media vuelta y desapareció en medio de una nube de cuervos. Muerte se marchó hacia el Árbol mientras reflexionaba todo lo que acababa de escuchar. Ella había elegido libremente estar a su lado, nadie la había obligado ¡Todo lo contrario en realidad! Él ni siquiera había querido que la acompañara para empezar. Tal vez hubiera sido mejor haberla dejado con los Hacedores, sólo tal vez… Pero ya se había ido, ya no importaba… ¿o sí?

Los graznidos alborotados de Polvo lo sacaron de su ensimismamiento. Alarmado, el cuervo intentaba que Muerte lo siguiera y así lo hizo, convocó a Desesperación y salió a toda velocidad hacia donde lo guiaba el Cuervo.

Llegó a los puentes colgantes de madera. Justo ahí distinguió a Leafe peleando ágilmente contra dos esqueletos guerreros. El primero logró vencerlo después de un gran esfuerzo, pero el segundo la tomó desprevenida provocando que perdiera el equilibrio y cayera del puente. Su grito resonó en el vacío. Muerte saltó de Desesperación convocando su forma de Segador y asesinando al esqueleto de un solo tajo, se lanzó tras de Leafe y la tomó en brazos. Ella parecía a punto de desmayarse. Volvió al puente y tomando su forma habitual, la dejó en el piso.

Leafe agachó la cabeza y murmuró un casi inaudible ''gracias''. Muerte evitaba su mirada. Convocó nuevamente a Desesperación y montó. A Leafe le corrieron nuevas lágrimas por las mejillas. Ya no había nada más que hablar. Eso era seguro. Y se sintió desamparada y fría… Hasta que el tacto cálido de los dedos de Muerte sobre su mejilla le limpiaron las lágrimas. Leafe alzó la mirada algo sorprendida por aquel gesto.

-Andando, aún tenemos mucho trabajo antes de volver a ver a nuestros hermanos.- le dijo ofreciéndole una mano para que montara en frente de él.

Leafe sonrió, se enjugó el rostro y subió a Desesperación. No esperaba una disculpa, pero aquello había sido algo bastante cercano.

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-No tan rápido, Jinete.

La figura de Padre Cuervo les cerró el paso cuando andaban hacia el Árbol de la Vida. Muerte alzó una ceja.

-¿Me estás siguiendo?

-Así es.- respondió con honestidad el anciano casi sin inmutarse.- Me quedaré aquí, en el Árbol, por si me necesitas durante tu misión. Polvo no sólo tiene buen ojo para los cadáveres, Jinete. Síguelo y encontrarás la Llave.

-¿Seguir a Polvo y encontrar la Llave? No puede ser tan fácil…

-Quizá tengas razón, el futuro es un secreto que ni yo sé guardar.

-¿Hacia dónde debemos dirigirnos?- preguntó Leafe tragándose su timidez.

-Dejen que el Árbol los guíe…

Muerte y Leafe obedecieron el ademán de la mano del anciano que los invitaba a tocar nuevamente la puerta que se encontraba en la base del tronco. Un resplandor azulado y la sensación de presión en el cuerpo y aparecieron en un paisaje nuevo, uno que aparentaba el otoño con la luz de un día mortecino ya en el atardecer. Padre Cuervo los aguardaba al final de las escaleras que guiaban al Árbol.

-No reconozco este lugar, ¿dónde nos has traído?- cuestionó Muerte.

-Se llama Luz Perdida. Es una avanzada más allá de las Puertas del Cielo. Aquí los Ángeles escondieron la Llave del Pozo de las Almas.

-¿Por qué aquí y no en la Ciudad Blanca?- Muerte frunció el entrecejo algo extrañado.

-Hay algunos Ángeles que querrían usar la Llave en su propio beneficio.- respondió Padre Cuervo con un tinte algo sombrío en la voz.- Así que fue ocultada aquí para protegerla de sus intrigas… O eso esperaban…

-Sin duda debe ser algo peligroso si la guardan con tanto recelo…- apuntó Leafe.

Un destello cruzó el rostro de Muerte.

-¿El Pozo tiene poder sobre toda vida?- recalcó con un tono algo más alto la palabra ''vida''.

-Sí… Aunque sospecho que tu pregunta oculta algo más.- Padre Cuervo alzó una ceja.- Vamos, Jinete, pregunta.- le instó.

-¿Por qué a los Cuatro se nos ocultó la existencia del Pozo?

-Por miedo a lo que habrían hecho con ese conocimiento. No podía permitirse que los Nephilim siguieran asolando la Creación. Debían permanecer muertos…

-¿El Pozo puede traerlos de vuelta?- apuró Muerte sintiendo un tirón de emoción en el pecho a la vez que Leafe ensombrecía su semblante sin decir ni una palabra.

-Llegamos a la esencia de la cuestión… Sí, el Pozo es la fuente de toda vida. Ángeles, Demonios, Hombres… incluso Nephilim. Pero sus armas trajeron el Caos y de éste nació la Corrupción.

-Vale…- suspiró Muerte comenzando a andar. Leafe hizo un pequeño gesto de despedida mientras lo seguía.

-Hiciste bien en destruirlos…- alzó la voz el anciano, aunque Muerte hizo como si no hubiera escuchado.

Leafe se mantuvo callada de camino a la Torre de Cristal, Muerte estaba ensimismado en sus propios pensamientos y no creía que fuera prudente interrumpirlo. En el patio central que se hallaba frente a la Torre, un grupo de Ángeles que mostraban la misma corrupción que los Constructos de Tripetra los emboscó. Muerte y Leafe comenzaron a esquivar ataques y golpear donde podían, pero eran demasiados y muy fuertes. Leafe sintió una opresión en el pecho al pensar que tal vez estaban acabados… Por lo menos ella sí, hasta que un Ángel más grande que los demás cayó en el centro y asesinó a uno de sus congéneres.

-A mí, rápido.- Muerte y Leafe obedecieron y la cantidad de Ángeles corruptos se fue reduciendo con ayuda de la mano de los tres individuos.

La batalla terminó y la noche había caído. Siguieron al Ángel hasta al pie de la Torre.

-Bienvenido a Luz Perdida, Jinete. De guerrero a guerrero.- dijo el Ángel con voz profunda.

-¿Te conozco?- preguntó Muerte después de examinar el moreno rostro lleno de cicatrices del Ángel.

-Soy Nathaniel. Luché a tu lado a las puertas del Edén. Habría muerto de no ser por tu ayuda.- explicó.- No me ofende que no te acuerdes de mí. Aquel día solo pensabas en matar a un Nephilim.

-Eres de la Guardia Infernal.- dijo Muerte haciendo memoria.

Leafe sólo escuchaba, estaba demasiado acostumbrada a escuchar términos que no entendía y a que hablaran como si ella no estuviera allí como para molestarse.

-Lo fui. Ahora protejo la luz y al Arcángel. Lo encontrarás en la cima de la Torre de Cristal, aunque algo me dice que no vienes para gozar del resplandor de mi amo.

-Tienes razón en eso…- Muerte sopesó sus pensamientos un minuto.- Es tarde y necesita descansar.- dijo al fin señalando a Leafe.

-Tú y tu compañera pueden descansar en el piso de arriba, es un poco más seguro allí. Tengan cuidado de todas maneras.- dijo Nathaniel examinando curioso a Leafe, pero sin decir nada sobre lo inusual de su presencia.

-Gracias…

Avanzaron y, como había dicho Nathaniel, encontraron un hueco protegido de la vista por algunos escombros en el que podrían descansar. Leafe entró en el mismo y comenzó a acomodar su habitual manta y dejar de lado aquello que pudiera estorbarle mientras dormía. Se sentó en la manta y observó el perfil de Muerte recortado por la luz de la luna.

-¿No descansarás tú también?

-No soy tan vulnerable como tú.- le dijo Muerte apenas volteando a mirarla.

-A veces pienso que sí…- susurró Leafe.

-¿En serio?- Muerte lo tomó como un reto y se sentó junto a ella retirándose la máscara.- ¿Quién es el que debe salvarte el pellejo cada que te metes en problemas?- le sonrió sarcásticamente.

-Si no fuera por mis estrategias habrías tardado aún más en acabar con tus obstáculos.- alzó una ceja altanera.

-Eres demasiado valiente para ser tan pequeña. Como humana que eres, deberías temerle a la muerte.

-Una vez que la conoces no es tan mala como dicen…- rio Leafe.

-Eso es lo que tú has querido creer…- susurró Muerte acercándose lentamente a ella, como acechándola.

-Eso es lo que me has mostrado.- los ojos de Leafe comenzaron a brillar.

-Puedo ser muy, muy peligroso, ¿sabes?- Muerte se posicionó delicadamente sobre ella.

-¿Ah sí? Lo dudo…- susurró Leafe dejándose recostar por completo debajo del peso del Jinete.

-Ingenua…

Muerte la besó sin mayor preámbulo y ella sonrió bajo sus labios. Era un beso dulce, inocente que rápidamente dio paso a uno más profundo. Muerte deslizó su lengua por los labios de ella antes de invadir su boca, adiestrando a la inexperta lengua de Leafe. Ella suspiró y con delicadeza se permitió retirarle la armadura y el manto que llevaba el Jinete para después permitirle a sus manos explorar los músculos de la espalda y el pecho de él. Muerte gruñó levemente ante el suave tacto de ella y se separó de sus labios para besar su cuello al tiempo que se posicionaba entre sus piernas. Leafe inmediatamente envolvió por instinto la cintura del Jinete con las piernas y enredó sus dedos en el lacio cabello de él. Muerte bajó mordisqueando sus clavículas y, tomándola por la espalda para apegarla más a él, besó justo la línea donde comenzaban sus senos. Leafe alzó las caderas instintivamente y pudo sentir por encima de la ropa la erección que se había hecho presente en la entrepierna del Jinete. Muerte deslizó una mano por debajo de la blusa de Leafe y le acarició el abdomen arrebatándole un suspiro, la miró lascivamente, su rostro era dulce e inocente y tenía los ojos cerrados para disfrutar con mayor plenitud las atenciones del Jinete. Muerte deslizó levemente sus labios hasta su cuello nuevamente y le propinó un leve mordisco, apenas rozando la piel blanca de ella. Leafe soltó un gemido bastante alto y tiró levemente de su cabello.

Esta simple acción fue suficiente para que Muerte cayera en cuenta de que estaba llegando demasiado lejos. ¡Era una niña en comparación con él, por todos los Cielos! Se separó de ella con brusquedad y tomó sus pertenencias mientras salía del hueco.

-¡Debes estar bromeando!- le espetó Leafe casi sin aliento y sentándose en la manta. Se le notaba la frustración en la voz.

-Necesitas descansar. No pienso cargarte por la mañana.- le espetó Muerte recobrando su porte y alejándose a ''vigilar'', como solía hacer.

Leafe bufó algo enfadada y se envolvió con las mantas dejando que el sueño la venciera con la impotencia de no poder hacer nada más.