Alibaba Saluja realmente no esperaba escuchar por parte de su mejor amigo que planeaba ir a Magnostadt. Tampoco que insistiera en ir solo. Intercambió miradas sorprendidas con Morgiana y Hakuryuu.
Por otro lado, Sinbad miraba seriamente la ventana pensando en la razón por la cual el mago presentaba esos deseos de estudiar en dicha academia.
―No entiendo porque Aladdín quiere irse... ―murmuró Sinbad con las manos sobre su mentón.
―Es cierto... Todos sabemos lo peligroso que es ―comentó Mystras confundido por la situación.
―Pero es bueno, Aladdín es un diamante en bruto ―argumentó Yamuraiha― con una buena educación como la que se le brindará en Magnostadt quien sabe hasta dónde llegará ―Trata de sonreír para convencerlos mejor.
―No sé... qué opinas tu Ja'far. Lo conoces mejor que la mayoría ―Miró al albino que casualmente escuchaba lo que estaban hablando.
―Él no me contó nada, pero estoy seguro que sean cuales sean sus razones están bien justificadas. Si quiere ir que lo haga ―Afiló levemente la mirada.
―Ya veo... ―Sinbad volteó a la ventana que da a la ciudad― ¿En qué rayos estás pensando Aladdín...?
...
― ¿Estás seguro que estarás bien? ―preguntó Dunya horas más tarde en el puerto a punto de zarpar a Magnostadt― podrías venir conmigo y te podría presentar como un amigo ―Tomó sus manos entre las suyas.
Aladdín agitó la cabeza en muestra de negativa.
―Me encantaría, pero es mejor hacer como que no nos conocemos ―Sonrió― así si yo llego a cumplir mi objetivo allí no te harán daño.
―Pero... ―intentó oponerse, mas, al final fue inútil― te deseo lo mejor... nos veremos en Magnostadt.
―Dalo por sentado ―Acarició la cabeza de la princesa de la antigua Musta'sim.
―Todo saldrá bien ―Sonrió amablemente. Aladdín se sorprendió de lo repentino que fue su comentario. A lo que Dunya agregó―: yo tampoco tengo idea de lo que temes tanto, eso que dices te acecha en tus sueños... Sin embargo, sé que lo frenaremos a tiempo ―dijo antes de decirse Adiós el uno al otro.
La soberana de Magnostadt partiría en un barco a Magnostadt excusándose que su anterior embarcación había sido dañada y que por eso no llegó a destino. Les diría a todos que unos pescadores la salvaron y nada malo ocurrió. Así nadie sabría lo que pasó en Zagan ni su estadía en Sindria. Ella había ido a la mazmorra de Zagan a escondidas de los magos gracias a la ayuda de Ithan y ella temía que la mataran si se enteraban. Sin embargo, debía volver y velar que el país deje de discriminar tanto a los humanos normales de los magos... sabía que Aladdín la ayudaría en eso.
La princesa subió al barco de unos pescadores que la llevarían a su tierra en cuestión de una semana y media. El resto despidió a la muchacha de cabello verde agua a la distancia, puesto que nadie llegó a volverse tan cercano como para dedicarle unas palabras especiales. Solo observaban curiosos de que hablaba con el magi. Poco todos se retiraron hasta que solo quedó el magi saludando a la distancia a la princesa que volvía a su tierra.
Mientras tanto en el palacio de Sindria Ren Kougyoku estaba jugando con las flores del jardín. Ella pensaba en muchas cosas que ocurrieron a lo largo de su vida y en su presente. Desde que había conocido a Aladdín, nunca había pudo hacer ningún amigo. Hasta que Alibaba Saluja se presentó ante ella y entablaron una amistad. Charlaron un rato, entre risas y palabras tontas, aunque una preocupación en común abundaba en sus mentes.
― ¿Sabes por qué decidió eso? ―interrogó ella apretando los puños.
Alibaba se pasó una mano por la frente suspirando.
―Me encantaría, siquiera sé qué tiene en la cabeza para ocurrírsele esa idea...
Kougyoku desvió la mirada sin saber que atribuir a la conversación.
―A mí no me dijo nada...
―Pensé que sabías, bueno tal vez quería decírtelo el mismo aparte. Ha estado ocupado estos días preparando todo ―Alibaba apoyó su mandíbula en una de sus manos.
Luego de eso él divisó a Morgiana a la distancia y decidió acompañarle. Se quedó nuevamente sola, entre la brisa, el silencio de la naturaleza y el sol que se ocultaba al horizonte. Kougyoku entrelazaba florecillas para armar una corona. Las lágrimas corrían por sus mejillas sin parar desde que se enteró por boca del rubio que el magi iría a estudiar a Magnostadt.
― ¿Por qué? ¿Por qué tienes que irte?
Decidió sollozar en silencio, no era conveniente para ella mostrar su debilidad en un lugar donde cualquiera la pudiera ver. Su actitud no destacaría, después de todo acababan de despedir a la princesa. Sus lágrimas podrían haber sido producto de ese momento. Tal vez hubiera sido así de no ser que ella nunca entabló una conversación con la chica. Kougyoku notó que el magi y ella tenían una estrecha relación de amistad, al verlos sentía como si uno entendía el dolor del otro. ¿Cuál era ese dolor? No lograba comprenderlo. A pesar de los años, no sabía nada del pasado de la persona que amaba. Tampoco él hablaba de ello... ¿Tendría hermanos? ¿Hermanas? ¿Y sus padres? Nunca los mencionó, nunca habló sobre su infancia antes de conocerlo, de sus amigos o parientes. Por primera vez en la vida saber tan poco la inquietaba enormemente.
―Kougyoku, ¿qué pasa? ―dijo una tierna voz acariciando su cabeza.
Apenas pudo percatarse de que él estaba frente a ella con una expresión preocupada.
―No... No es nada ―Sonrió falsamente.
Aladdín golpeó su cabeza con su báculo.
― ¡¿QUÉ HACES ENGENDRO?! ―Gritó con las manos donde le dio el golpe.
―Nada de engendro, sabes que no me gusta que me mientas ―le reprochó cruzándose de piernas.
―Yo no... ―Se detuvo sabiendo que era inútil negarlo― bien, bien... Estoy preocupada ¿Feliz?
―Lo estaré cuando sepa el por qué ―respondió suspirando.
― ¿Por qué tienes que irte? No lo entiendo ―habló con voz temblorosa.
―Kougyoku...
Ella evitó sus ojos, manteniendo la vista al suelo. Aladdín levantó su mentón con su mano.
― ¿Por qué no me lo dijiste antes?
―Temía que te enfadaras... y quería estar seguro de poder ir allí ―Apoyó su frente en la ajena.
Ella se quedó en silencio, tratando de comprender la razón a ese deseo de ir a la Academia, cuando al fin podían estar juntos... Tenían que separarse.
―Tengo que confirmar si realmente se discriminan magos y gente normal... No quiero que eso ocurra dos veces ―contestó con seriedad.
―N... No lo entiendo... ―Frunce el ceño― ¿eso? ¿A qué te refieres? ―Sacudió su cabeza.
―Prometo que te lo explicaré todo cuando vuelva...
― ¿Promesa? ―preguntó con voz débil.
―Sí ―Esbozó una sonrisa― es una promesa.
Se acercó a sus labios para juntarlos con los suyos suavemente.
― ¿Ves? Eso confirma que no romperé el juramento ―Rio divertido.
―Eso espero... escuché que es un lugar peligroso.
Se recuesta en su hombro observando las florecillas en sus manos, se voltea a verlo y deposita algunas de ellas tras la oreja del chico. Este parpadeó unos momentos, asombrado para sonreír como solo él lo sabe hacer.
―No sabía que podías hacer coronas de flores ―comentó el magi al ver los varios ensayos de la princesa por hacer una decente.
―A... Alibaba-chan me enseñó ―explicó la muchacha nerviosa.
―Veo que son buenos amigos ―Suelta una risilla sonriente.
―Si... tenemos cosas en común ―Asiente cerrando los ojos.
Clava su mirada en el joven pensando que pronto se irá de su lado
―Esto es para que vuelvas a salvo ―murmuró rodeando su cuello con sus brazos.
― ¿Eh?
Ella se aproximó a su rostro para besarlo de nuevo. Él abrazó su cintura disfrutando de cada precioso instante junto a ella.
―De eso no hay duda ―dijo contra sus labios, aún sin querer romper el contacto.
N/A
He vuelto eafhegfygwieyffyeegfuewf ya retomé la publicación en Rukh rojo, ya que acabé de escribirla. Ahora vamos a seguir Siempre juntos :3 Me alegra volver jejejeje fue un año diíficl el pasado y parte de este, pero tenía ganas de seguir lo que dejé pausado XDD
Noami-chan
