Aquí les tengo otro capítulo más corto ( o lo era al principio de escibir esto) para aclarar el panorama general. Veré si puedo actualizar pronto, pero tengo evaluaciones hasta fin de mes y realmente no quiero subir nada precipitado.
No saben lo feliz que me hacen los reviews que me dejan, de veras. Aunque no puedo responder por ahora. Así que Gracias a Ana, Raquel, Guest, Slytherinslayers, BereLestrange y rbensach.
Y a todos los followers, favoritos y los que esperaron pacientemente esta actualización, Gracias!
Capítulo 21: La serpiente, la bruja y el armario.
Aquel mismo día en que Draco Malfoy fue a parar al hospital, Ginny Weasley voló en escoba, Neville Longbottom fue al invernadero y Hermione Granger se salvo de la muerte. En otro momento y en otro lugar, pasaron cosas maravillosas e increíbles entre dos personas.
Asómate a los secretos enterrados debajo de la Tierra. Quieres creer que siempre saldrá el sol después de una Guerra. Y a veces eso sucede, querido mago.
Caminaba, mejor dicho corría, a través de los pasillos intentando llegar a su refugio.
Había conseguido su objetivo: ver a Draco en la enfermería. Solo para que el muy imbécil se pusiera en ese papel de redentor del mundo, como si fuera algo necesario. El mundo era una mierda. Su familia era una mierda, y todo era una mierda. Simplemente no entendía el empeño del rubio por arreglar las cosas. Sí, su cámara de Gringotts había sido vetada también por el Ministerio, como la de todos aquellos seguidores o relacionados de Quien Ustedes Saben Ahora Todos Los Cobardes Le Llaman Lord Voldermont.
Sin embargo, el no corrió tras su madre a llevarle dinero. Ella podría sobrevivir bien otro par de meses, quizás años, sola, donde quiera que ella estuviese. Pero, de nuevo, él solo había conocido a su padre, un mortífago de mala muerte. La familia de Draco podría haber sido una auténtica mierda, pero al menos tenía eso. Él recordaría mandarle una postal a su padre en Azkaban esas navidades.
Aunque lo peor de todo para Theodore Nott era el lugar donde el mismo había quedado parado después de la Guerra: una especie de héroe redimido de su Casa. Y vaya que él no quería serlo. Lo único que había hecho era arrastrase al bando correcto, en el momento oportuno. Porque él nunca tuvo un bando, seamos sinceros. Él estaba solo en tierra de nadie, y se odiaba por ello. Ojalá hubiera jugado su cuello por una causa, aunque fuera errada o perdida.
Ahora que Slytherin era un nido de serpientes en el sentido literal de la palabra, no importaba el motivo para que estallaran las tensiones entre bandos. Tantas maldiciones sin sentido, en especial cuando no estaba seguro de a quien lanzarlas. Y ella rondando sus pensamientos. Iba a volverse loco.
Por eso los dejaba. A todos. Aliados y Enemigos. A ella. Y escapaba.
Ojalá alguien le explicara el sentido de aquel absurdo… Malditas Guerras.
Luna Lovegood estaba sentada en una de las ventanas que daban a los jardines de rosas, sumida en su mundo, leyendo un libro. Su pálido cabello rubio brillaba por los débiles rayos de luz del sol que se colaban a esa hora de la tarde, y a pesar de que uno de sus rizos cayó sobre su cara dificultándole la visión, la muchacha no se alteró en lo absoluto, solamente siguió leyendo, inmersa en la historia como estaba.
En algún momento alguien pasó corriendo por el pasillo, sus pisadas resonando fuerte. La muchacha rubia alzó la vista y esbozó un pequeña, tímida sonrisa de autosuficiencia. Sí, por algo estaba en Ravenclaw. Luna Lovegood había esperado pacientemente por semanas ese momento, para seguir a Theodore Nott y que hablaran cara a cara.
Que Draco Malfoy estuviera en la enfermería era una desgracia con suerte, que debía aprovechar. Porque Theo era como un solitario treshall, ella podía amarlo con todas sus fuerzas, pero nada retendría al caballo negro de partir, si él así lo quisiera. Y desde luego no ella.
Aún así lo siguió, como en un trance, por el pasillo desierto, hasta aquella sala.
El E.D., sus amigos, la Guerra y el mal, tantos recuerdos encerrados en esas paredes. Volver sola se sentía raro, pero siguiendo a Theodore era menos extraño.
La Sala de los Menesteres: Por favor, hermosa Sala, déjame verlo aunque sea un segundo, mera ilusión de mis ojos.
Y las enormes puertas se abrieron ante ella. Las puertas que llevaban a Theodore Nott.
¿Podía correr más rápido? Podía simplemente aparecerse y romperle su blanca cara, maldita sea. Solo que él no iba por la vida golpeando mujeres, y eso era Hogwarts. Y por alguna jodida razón nadie podía aparecerse en Hogwarts.
Así que corrió, corrió rápido. Era alto y era ágil, pasó el cuadro e iba a alejarse, cuando vio los colores rojos y amarillo, tan destacables en la oscuridad, y frenó en seco.
Frente a él estaba un niño de primero, manejable e intimidado, excepto porque era realmente Tahiel Hyde, quien no le temía en absoluto. Pequeña escoria.
- Bendito Salazar, deja de intentar que asesine a alguien esta noche...- susurró frustrado, tirando a cabeza hacia atrás, pasando sus dedos por su pálido cabello.
Eso atrajo la atención del niño, a quien Draco asesinó con la mirada.
- Dijeron que estabas en el hospital…- el pequeño susurró claramente dececionado._ ¿supongo que no morirás hasta fin de año, eh?
- Una verdadera lástima … no poder complacerte...- susurró él apretando fuerte los labios en una sonrisa de lado, intentando contener la ira que lo embargaba. Tahiel entendió esto y retrocedió un paso, aunque sonrió arrogante.
- ¿Qué haces aquí en ese caso?_ murmuró el niño divertido.
- Señor_ Draco lo corrigió serio automáticamente. Tahiel puso los ojos en blanco pero él fingió no verlo, estaba perdiendo valioso tiempo de su venganza.
- ¿Qué hace aquí, señor? _ el niño mascullo reticente, al parecer la curiosidad era grande. Draco lo miró de lado, llevaba la túnica negra de los de primero. ¿Qué hacía dando vueltas a esa hora? ¿Era retrasado?
_ No te importa_ le espetó frío, antes de girarse y mirar el cuadro de la mujer gorda que empezaba a despertarse, con el ceño fruncido y concentrado.
- Contraseña_ la Dama Gorda casi ordenó, claramente disgustada con la hora, sus ojos entrecerrándose a través de la punta del gorro pijama.
Draco la miró con cautela, sopesando sus opciones mientras se sujetaba el mentón con un puño. Era un gran mentiroso, un profesional, quizás funcionara. Tenía que funcionar.
_ McGonagall me envió a hablar con Ciprian Youdle_ explicó arrastrando las palabras serio -¡Es urgente!..._ grito exasperado, realmente necesitaba entrar._ ...Encantadora Dama_ rumió por lo bajo ante su pérdida de control.
La Dama Gorda desde su lugar se sonrojó mientras escrutaba el atuendo del chico.
Era alto y rubio, de una palidez nada saludable. Aunque vestía ropas negras y parecía lo suficientemente mayor para haber salido del colegio, había algo respecto a él que la hacía desconfiar, ser precavida. Draco también notó esto y se irguió en su sitio, a la defensiva.
-¿Y bien?_ inquirió arrogante y superior, intentando no demostrar la ansiedad que lo carcomía por dentro.
- Lo lamento muchacho, pero sin contraseña no hay puerta abierta.- la tonta rima exaspero a Draco más que nada y sin pensar se giró y dio un puñetazo a la pared de un costado, haciendo que le sangraran lo nudillos. La Dama Gorda emitió un gritito agudo, pero no dijo nada.
_ Realmente… necesito… entrar… allí…-murmuró apretando los dientes con fuerza.
La Dama Gorda lo miró impasible antes de que su expresión cambiara por completo.
Draco reconocía esa mirada, la había visto demasiadas veces en los últimos años. Era la mirada que le daban cuando lo acusaban de algo,como ser un asesino. Mentalmente se preparó para el agudo grito que resonó en el vació pasillo con demasiada fuerza.
_ ¡Eres uno de ellos!_ la mujer regordeta chilló contemplando el antebrazo de Draco, donde la camisa se había subido, dejando al descubierto la Marca Tenebrosa. El muchacho bufó exasperado_ ¡no entraras aquí! ¡No bajo mi custodia! ¡NUNCA! ¿Quieres descifrar las palabras sibilantes del mal con la niña rubia psicópata? ¡Pues hazlo en otro lugar, niño de Salazar!-
Las palabras de la Dama confundieron al muchacho. ¿Niña rubia psicópata? ¿Podría referirse a Youdle?
_ Explíquese…- Draco exigió, pero la Dama siguió impasible, de alguna manera él sabía que no diría más, de cualquier forma.
Resignado, se giró para irse, cuando una voz aguda lo detuvo.
-Sé la contraseña-Tahiel Hyde exclamó- Puedo decírla si quieres- el niño susurró.
Una de las razones por las que el Slytherin odiaba tanto al niño era porque le recordaba terriblemente a él a su edad, un asqueroso engreido, siendo manipulado por los ideales de todos, excepto por los suyos propios.
- ¿Qué es lo que quieres?- le exigió, seguro de que aquello tendría un precio. Tahiel Hyde sonrió de antemano, sabiéndose ganador.
- Quiero la Copa y quiero que me firmes un permiso para la sección prohibida- Lo primero se lo esperaba, pero lo segundo inquietó al rubio de sobremanera.- Y quiero sobresaliente en Defensa._ sonrió. Era suficiente.
- No hay trato- dijo apretando los dientes, antes de pensárselo mejor. Con dos simples movimientos encajó al niño contra la pared, procurando no lastimarlo demasiado.
- ¿Te estás pasando de listo, sabes?- susurró arrastrando las palabras delante de la cara del niño, quién tembló involuntariamente.- No hay manera de que yo, con el Ministro pisándome los talones, independientemente de lo que estoy pensando, te consiga ese permiso. – lo soltó de lo golpe, haciendo que el niño cayera al piso, lo cogió de la muñeca antes de caer y lo estabilizó en el suelo. – Y no tendrás extraordinario en Defensa, niño.- dicho eso se alejó unos pasos, dejando de acosar a uno de primero. Había caído bajo.
- Mira-masculló pasándose los dedos por el cabello- La semana que viene, puedes tener la Snitch- mascullo reticente.
Lo que decía era traición a su Casa, a sus ideales, lo sabía. Estaba eligiendo entre ellos o la chica más inteligente del colegio, quién probablemente nunca terminaría con él, porque él era el maldito mortífago y ella la brillante heroína de Guerra. Lo suyo imposible en un mundo real, fuera de esas paredes y aún así, allí estaba, optando por ella.
La experiencia le decía, que los secretos viajaban como pólvora en gasolina, y para después del partido, todos sabrían la verdad: él era un asqueroso traidor a su casa, a los ideales de su familia y a él mismo.
Pero no podía importarle menos. Sabía donde se metía, y ya no había vuelta atrás.
Los ojos azules, tan azules de Tahiel Hyde se clavaron en los suyos grises, brillantes como la plata líquida, escrutándolo, sopesándolo. Es como un mini Potter, pensó estremeciéndose, antes de recuperar la compostura.
Al final, el niño tomó su veredicto, y asintió en dirección al rubio, en silencio.
- Cuando la puerta se abra, corres- le dijo antes de alejarse en dirección a la Dama. Draco hizo ademán de retirarse y doblar un recodo, cuando la voz de Hyde le llegó lejos.
- ¡Corre!- sus piernas lo impulsaron lejos, a través de la entrada a la Sala Común de los leones, antes de que la misma se cerrara tras él.
Suspiró, ya estaba dentro. Pero cuando sus ojos recorrieron la habitación se tensó de vuelta.
No estaba solo en absoluto. ¡Maldito desgraciado, Hyde! Acababa de entregarlo a la boca de los leones. Y ya se sabe, que los leones despedazan a las serpientes, no podía ser de otra manera.
- Armonia Nectere pasus- la voz de Theodore Nott repitió tres veces, en un susurró bajo, a las puertas de un calcinado armario, único real superviviente de la Pompeya, en la Sala de los Menesteres.
- Theodore Nott_ la voz alegre y musical exclamó antes de que él pudiera abrir el armario. Demasiado tarde…- ¡Al fin te encuentro!- exclamó alegre Luna, mirándolo con aquellos enormes ojos celestes, tan inocentes. Debería odiarlo, debería estarle gritando, no hablándole con tanto entusiasmo. ¿Por qué ella era tan buena?
- ¿Que quieres Luna?- preguntó con tono cansado, estaba tan cerca de caer, y eso no podía permitírselo. La chica lo miró por un instante con el ceño fruncido, borrando a sonrisa de su cálido rostro. Intuía que algo no iba bien lo miró con confusión.
- ¿The…?
- ¿Qué haces aquí?- le cortó él antes de que hablara.
- Vine a verte, ya que tú no vienes a verme- Luna exclamó sin más. Era esa sinceridad arrolladora lo que le había llevado a enamorarse de ella. Pero en aquellos momentos se sentía terrible. Pensó en decirle que era cierto, que se había dado cuenta de la verdad, que él la odiaba como tantos imbéciles en aquel colegio y que se alejara de él. Pero no tenía fuerzas para mentirle y alejarla de su lado, a la hora de la verdad, era demasiado cobarde y egoísta.
- Luna, tienes que irte- dijo simplemente, esperando que la rubia entendiera.
- ¡Que ridiculeces dices, Theodore Nott!_ la chica exclamó con gracia, sin querer pensar realmente en sus palabras.- ¿Otra vez te bañaste en la Sala Aguamarina? ¡Te dije que allí hay un nido de dríades azules! ¡¿por eso andabas tan raro?!- bromeó. Theo había descubierto hacía rato que ella solo bromeaba con todos esos nombres, aunque algunas veces iba en serio, y eso le preocupaba. ¿Hasta que punto Luna creía que las locuras del viejo Lovegood eran verdad? No lo sabía a ciencia cierta y eso le perturbaba.
Theodore se rió débilmente, llevándose las manos a la cabeza antes de mirar a la chica que amaba con desesperación. Volvió a reír histérico, llevándose una mano a los labios, pensativo.
-¿Sabes que todo eso no existe reamente, cierto? Nada de lo que nombras es real._ le espetó entonces desesperado, necesitaba mantenerla a salvo de sí misma. Luna le miró entonces con la boca abierta, pero no dijo nada:
-¿Qué estás haciendo?- preguntó curiosa en su lugar, Theodore se tensó, casi hubiera preferido que ella le gritara de regreso por su imprudencia. Sabía que Luna era más delicada mentalmente que la mayoría de las personas que conocía, eso era lo que a hacía tan empática y sensible, pero estaba aterrado de perderla.
- ¿Qué? ¿Draco no te lo dijo?_ exclamó entonces con un filo que le sorprendió en su voz. Luna, desde luego, también se dio cuenta.
- Estás celoso… de Draco- ella dijo en una afirmación para luego sonreír resplandeciente. Y tenía razón. Estaba celoso de Draco, aunque ignoraba el motivo de ello. Tal vez él necesitaba ser un poco más como su amigo, sin interesarse por los detalles que podrían salir mal, solo estar con Luna. Pero luego, tantas cosas podían salir mal, con tantas personas yendo en su contra. Joder, ¿por qué era todo tan complicado?
Pero entonces tenía que entrar al armario, alguien lo esperaba del otro lado. Y ya que Luna no parecía querer irse, y él no quería dejarla, decidió llevarla consigo. Sabía era un maldito cabrón sobre protector con ella, pero no sabía ser de otra forma.
_ ¿Vienes?_ dijo cabreado mientras señalaba con la cabeza el armario evanescente. Luna miró al armario y luego a él, simultáneamente antes de responder:
_ ¿Iremos a Narnia?
_ ¿Qué?_ Theodore replicó, claramente confundido.
_ Nada, un chiste muggle de Hermione._ contestó la rubia decepcionada, acercándose al muchacho, quien sostenía la puerta abierta para ella, aún confuso. Sus cejas se unían en una línea pensativa que a la chica le pareció simplemente hermoso.
_ Te amo, Theodore Nott_ dijo espontáneamente mientras besaba al chico en la mejilla, con ternura. El Slytherin se sintió repentinamente violento mientras se internaba en el armario tras ella. De repente quería mucho más que un tierno e inocente beso en la mejilla, violando con ese pensamiento todo lo que había planeado respecto a Luna.
Aquella visita sería peligrosa, porque caería por ella, casi tan seguro como que la varita escoge al mago. Una verdad terrible y peligrosa, pero igualmente bella.
El interior de la Sala Común de Griffindor estaba repleto a rebosar. Y los grandes ventanales por donde se colaba la luz de luna, no hacían más que otorgarle un aspecto aun más críptico a ello. Weasley, Longbottom, McLaggen, Finnigan, Parvati, Vane. Todos confundidos o sádicos. ¿Qué hace Malfoy aquí? , alguien susurró.
Y al final de ello quién estaba buscando se acercó a él. Antes de pensarlo, se acercó a Mary de forma que parecía que iba a besarla, pero su varita estaba encajada contra el cuello camuflada por el cabello de ella. En la noche nadie notaría la diferencia.
- Diles que se vayan y camina hacia la puerta, tú y yo tenemos asuntos que arreglar._ ordenó con los dientes apretados, cerca de su cuello. Pero la arbitra no tembló, ni siquiera se movió. Sus risas musicales inundaron la estancia. De soslayo, vio como la Weasley le daba un codazo a Longbottom, despertándolo del sueño, mientras lo señalaba.
- Draco, ¡Por Merlín! Creí que estarías con ella en el hospital…- dijo Mary inocente - ¿Está bien?- fingió preocuparse mientras los alumnos volvían a las habitaciones a dormir, la sorpresa inicial había pasado. Draco bufó incrédulo.
- Como si te importara…- espetó furioso y clavó aun más a varita contra su cuello, antes de retroceder.
- Debo admitir que es una odiosa orgullosa, pero tampoco deseaba verla muerta.
Y por un momento creyó que él se había equivocado, que ella era inocente.
- Admito que se les fue un poco la mano_ concluyó sonriente-¿Pero que puedes esperar de unos niños?
Luna miraba toda la estancia con curiosidad malsana. Los frascos de vidrio con Merlín sabían que cosa, los numerosos libros, reliquias y objetos oscuros fascinaban a la rubia casi tanto como la hacían temblar. Xenophillus Lovegood nunca la había dejado entrar al callejón Knocturn. "Demasiado peligroso-balbucía nervioso-Tierra de mortífagos y mamparas rojas." Ni hablar de Borgin y Burkes, los conocidos asesinos sangre pura.
Y de alguna forma el aislarla del mundo había funcionado, reservando a Luna como una hermosa y exótica flor, que solo había conocido el mal hace un año en la Mansión de la noble mujer que se hallaba ahora ante ella, con una sonrisa helada en su hermoso rostro.
_ Theodore Nott_ Narcisa Black saludó con un inclinamiento de cabeza y otro en dirección a Luna, quién se veía nerviosa. Theo le pasó un brazo por los hombros en un gesto protector que a Narcissa no se le pasó por alto.- Al igual que Draco veo que eres un tonto sentimentalista sin remedio. No les deseo más que calumnias a ambos. ¡Salazar nos libre de un mundo repleto de impuros, mis ancestros se remueven en sus tumbas!
Theodore sonrió ante el cinismo de Narcissa; al principio le había molestado, pero ahora sabía que ella era así, era su modo de expresarse, incluso cuando era un cumplido, como ahora, lo decía con ironía o sarcasmo. No era difícil ver de dónde Draco había sacado eso. Claro que esto Luna no lo sabía.
- Eso no es agradable- dijo en un tono que recordaba a una niña terca. Ver a Luna molesta era casi gracioso._ Draco Malfoy es una gran persona, ¡Así que cállese!
La rubia completó. Los ojos fríos y glaciares de Narcissa se giraron hacia Luna y Theodore se paralizó. Tal vez las cosas habían cambiado, pero había una cosa cierta. Nunca insultes a una sangre pura o esta va a asegurarse de que te tragues tus propias palabras.
Cuando los ojos azules glaciares se clavaron de nuevo en el muchacho, este volvió a respirar.
- ¿Y así de atrevida es la novia de mi hijo, dices? ¡Draco Malfoy que tu padre la oiga!- dijo dramática. Theodore sonrió y Luna los miró a ambos confundida.
- ¿Usted es…?
- ¡Niña hasta que te diste cuenta! ¿Pasar seis meses en mi casa y no recordarme es desubicado, no te parece? ¿Qué diría tu padre?
Solo que ninguno pudo responder a eso ya que alguien ingresó en la estancia con gesto alterado, Narcissa fulminó a Borgin Jr. con la mirada y este se encogió de hombros, resignado.
_ Cissy…- suplicó en silencio mientras le tendía la carta ya abierta.- Es urgente.
_ Dile a Lucius que puede irse con Diana Parkinson si vuelve a…
_ No es Lucius, es…- dijo pero no supo como completar la frase y se quedó callado.
Ella alzó las cejas alterada pero no dijo nada, solo le quitó la carta y la leyó en silencio.
Cuando terminó alzó el rostro. Lucia más pálida y descompuesta, como a punto de desmayarse. Theodore se alarmó.
-¿Todo está bien señora?- Theodore inquirió viendo ansioso a Luna, quien lo miró confundida.
_ Sí, excelente- murmuró ella recuperando la compostura._ Solo, ¿Cuándo vuelvas podrías darle a Draco está carta? Y dile que…dile- tuvo que tomar aire una vez para seguir- Su prima está en Hogwarts.
¿De visita?, él pensó pero no lo dijo, en su lugar preguntó_ ¿Qué prima?-como si los primos sangre pura no hubieran muerto la mayoría en la Guerra, incluyendo a la mestiza de Nimphadora Tonks.
Narcisa mira a los chicos seria, antes de responder:
_ Pues ,mi sobrina, Lizabell Lestrange.
