Emma fue al hospital con una sonrisa en la cara. Estaba feliz de saber que iba a poder cumplir el deseo de Henry y esperaba que pueda disfrutar todo lo que iban a hacer esa tarde. Primero se dirigió a Mulán y terminaron de arreglar un par de asuntos, luego fue a la habitación de Henry a sorprenderlo.

- Hola peque. – Saludó ella entrando a la habitación.

- Hola Emma. – Devolvió él el saludo.

- ¿Cómo estas? – Preguntó ella dejando un beso en su cabeza.

- Aburrido. – Respondió él con sinceridad, solía responder eso siempre que le preguntaba.

- Bien, porque tengo una idea que estoy segura te va resultar divertida. – Dijo ella haciéndose la misteriosa.

- ¿Qué? – Preguntó él con curiosidad.

- Cumplir tu deseo. – Respondió ella sacando una camiseta del equipo de fútbol del colegio y entregándosela.

- ¿Vas a cumplir mi deseo? – Preguntó él asombrado agarrando la camiseta con gran respeto, como si fuera algo muy importante y valioso.

- Mi plan es ir a Granny's a merendar y después ir a ver al partido de fútbol. – Informó ella su idea. - ¿Qué decís? ¿Me haces el honor de acompañarme? – Preguntó ella sintiendo gran felicidad al ver el entusiasmo y la conmoción del niño.

- Si, claro que si. – Dijo con una gran sonrisa. - ¿Así que hinchamos por Killian? – Preguntó observando el número y nombre en la camiseta.

- Bueno, es tu amigo y estoy segura de que le va a gustar que hinches por él. – Explicó ella.

- Perfecto. – Dijo él.

Mulán ayudó a Henry a bañarse y cambiarse. Una vez que Henry estuvo listo Emma lo llevo a Granny's. Merendaron el menú favorito de ambos, queso a la parrilla y chocolate caliente con canela. Henry nunca había probado el chocolate con canela, pero probó de la taza de Emma y le resulto delicioso, así que pidió que agreguen canela a su chocolate también. Cuando terminaron con la merienda se encontraron con Mulán y fueron a la cancha a ver el partido. En la tribuna se unieron a los amigos de Emma. Ella los presentó uno por uno, y vio como Henry los iba reconociendo al recordar lo le había contado sobre cada uno.

El primer tiempo del partido fue parejo, el marcador estaba 1-1. Henry estuvo entusiasmado y enérgico. Cantó todas las canciones junto con August, Graham y Jefferson; saltó y alentó a Killian cada vez que tocó la pelota. En el entre tiempo se sentó en su asiento para intentar recuperar su aliento y descansar después de su gran gasto de energías.

- ¿Estás bien? – Preguntó Emma a Henry.

- Si. – Respondió él demasiado rápido.

- Henry, te conozco, no me mientas. – Advirtió ella.

- Me cuesta un poco respirar, pero no quiero irme del partido por favor. –Admitió él.

- Está bien, no tenemos que irnos. – Intervino Mulán sacando oxígeno de su bolso. – Vine para que estemos preparados por si algo así pasaba. – Le recordó ella al ver la cara de sorpresa en el niño.

- Gracias. – Agradeció Henry colocándose el cable alrededor de su cara y acomodando las salidas en sus fosas nasales para empezar a sentir el oxigeno.

- Si te sentís mal nos avisas. – Pidió Emma.

- Eso haré. – Prometió Henry.

Durante el segundo tiempo Henry se mantuvo más tranquilo, dedicándose nada más a hacer comentarios y algunas explicaciones del juego a Elsa y Ruby. Emma adoraba verlo entre sus amigos y que encaje tan bien, todos parecían adorarlo y eso le llenaba el corazón de alegría. Henry se merecía eso, tener personas que lo quieran y que estén con él. Cuando faltaban cinco minutos para que termine el partido, Killian metió un gol de tiro libre. Henry festejó explotando de felicidad y Killian vino a darle un abrazo como parte de celebración de su gol, el cual obviamente lo dedico al niño.

Al terminar el partido se quedaron en la tribuna esperando a que Killian se bañe y se cambie. En la espera Henry comenzó a sentirse mal nuevamente. Mulán lo hizo acostarse en uno de los bancos de la tribuna. Emma dejo que Henry apoyara su cabeza en las piernas de ella, a la vez que Mulán se encargó de pasarle más oxigeno y le colocó un suero a su brazo.

- ¿Cómo te sentís? – Preguntó Emma despeinándole el cabello con cariño.

- Cansado, pero feliz. – Respondió él. – Este fue el mejor día que tuve desde que mis papás ya no están. – Confesó.

- Me alegra que estés feliz. – Dijo ella dejando un beso en su frente. – Pero creo que lo mejor va a ser regresar al hospital. – Agregó después de intercambiar un par de miradas de preocupación con Mulán.

- Pero, ¿Qué hay del festejo? ¿Qué hay de esperar a Killian? – Cuestionó él a modo de protesta.

- Primero, sos muy chico para ir a uno de esos festejos. – Le recordó ella. – Y segundo, le diré a los chicos que le avisen a Killian que vamos para el hospital para que no se preocupe. – Dijo pensativamente.

- De acuerdo. – Aceptó él reconociéndose que estaba agotado.

Mulán y Emma llevaron a Henry al hospital. Tanto Henry como Emma agradecieron a Mulán por todo lo que había hecho por ellos ese día. La enferma aceptó los agradecimientos y halagos algo avergonzada, pero admitió que tenía un cariño especial por ambos. Luego de que Mulán se fue, Henry llamó a Killian a su celular y tuvo una larga conversación con él. Emma se quedo a cenar con Henry en el hospital y después se acostó en la cama junto con él a leer un libro.

- ¿No vas a ir al festejo del partido? – Preguntó él.

- No. – Negó ella.

- ¿Por qué? – Cuestionó él. – Tus amigos están allí, deberías estar con ellos. – Dijo.

- Porque vos también sos mi amigo y quiero estar acá con vos. – Respondió ella con sinceridad.

- Te quiero mucho. – Confesó él.

- Yo también te quiero mucho peque. – Dijo ella con la voz llena de emoción.

- ¿Vas a quedarte un rato más entonces? – Preguntó él luego de un largo silencio, donde las caricias que ella le hacía en su cabeza lo estaban haciendo quedar dormido.

- Hoy me quedo toda la noche. – Contestó ella.

Emma se quedó a pasar la noche en el hospital. A la mañana desayunó con Henry, luego se fue ya que tenía que ir a almorzar con su familia, Cora y Regina. Era una costumbre que las familias tenían, almorzaban juntos todos los domingos. No estaba muy feliz con esa costumbre, pero hace tiempo que había aprendido a aceptarla y a usar esos momentos para enfocar su tiempo y energía en su hermano Leo.

A la tarde se encontró con Killian en la biblioteca para terminar el trabajo de ciencias sobre las estrellas. Terminaron de redactarlo y lo imprimieron. Después se dedicaron a hacer un pequeño telescopio.

- ¿Cómo sabemos si funciona? – Preguntó ella una vez que terminaron de armarlo.

- Tenemos que probarlo. – Respondió él.

- Buena idea. – Aceptó ella.

- ¿Y si vamos a probarlo con Henry? – Propuso él. – Cuando le conté sobre el trabajo que estábamos haciendo se entusiasmo mucho. – Justificó.

- ¿Le contaste sobre nuestro trabajo? – Preguntó ella sorprendida.

- Si. – Asistió él sonrojándose.

- Yo también le conté. – Dijo ella al encontrar adorable que él se sonrojara. – Es una gran idea, estoy segura de que a Henry le encantará probarlo. – Dijo con una sonrisa.

Killian y Emma fueron al hospital y mostraron el trabajo a Henry. Le leyeron y le explicaron todo lo que habían hecho. Henry escuchó atentamente y demostró gran interés. Cuando se hizo de noche fueron a la terraza del hospital y probaron el telescopio, el cual por suerte resulto funcionar bien. Al rato volvieron a la habitación de Henry para que no tome frío y puedan hacerle compañía durante la cena.

- ¿Podrías tocar una canción? – Pidió Henry a Killian.

- Mmm no sé, las celebridades no hacemos shows privados. – Respondió Killian bromeando.

- Por favor. – Rogó Henry dedicándole la cara más tierna que pudo.

- Si insistís puede que acepte. – Dijo Killian agarrando su guitarra. – Pero voy a necesitar algo a cambio. – Agregó sonriendo ante la idea que se le había ocurrido.

- ¿Qué? – Preguntó Henry.

- Que elijas la canción y que los dos canten conmigo. – Respondió Killian señalando a Henry y Emma.

- Yo no voy a cantar. – Dijo Emma cruzándose de brazos.

- ¿Por qué no? – Protestó Henry.

- Cuando vamos en la camioneta siempre cantas. – Se quejó Killian.

- Eso es distinto, está la radio tapando mi voz. – Explicó Emma.

- No vas a cantar sola, vas a cantar con nosotros. – Intentó razonar Killian con Emma.

- Por favor. – Dijo Henry agarrándola de las manos.

- Está bien, pero solo si elegís una buena canción. – Aceptó ella sin poder negarse a nada que le pida ese niño.

-Mi favorita, "little by little". – Dijo Henry entusiasmado.

Emma sonrió al escuchar que esa era la canción favorita de Henry. Emma adoraba todas las canciones de Oasis, era una de sus bandas favoritas y por lo que sabía a Killian también le gustaba. Killian empezó a tocar los acordes de la canción con su guitarra y no bien empezó a cantar Henry y Emma se sumaron.

Little by little, we give you everything you ever dreamed of. (Poco a poco, te dimos todo lo que soñabas.)

Little by little, the weels of your life have slowly fallen off. (Poco a poco, el control de tu vida va cayendo lentamente.)

Little by little, you have to give it all in all your life. (Poco a poco, debes dar todo de ti en está vida.)

And all the time, I just asked myself: why you really here? (Y todo el tiempo me pregunto, ¿Por qué en realidad estás aquí?)

Después de cantar esa canción, continuaron con la sesión de guitarra y canto hasta que Emma y Killian tuvieron que irse. A Emma le habría gustado poder congelar ese pequeño momento el cual encontró perfecto. Ella, Henry y Killian, cantando juntos, felices. Dejo que Killian la lleve hasta su casa en su camioneta y se despidieron con un abrazo.

El lunes Emma y Killian presentaron su trabajo sobre las estrellas a la clase. Sus exposiciones fue una de las que logró captar más atención de sus compañeros, mostrando fotos de las distintas galaxias y explicando los distintos significados que se les daba en cada sociedad. El profesor Whale los felicitó por su esfuerzo y dedicación. Al salir de la clase se dieron un abrazo, ambos demasiados felices de que les haya ido bien en ese trabajo que había tenía un significado especial para cada uno.

- Definitivamente hacemos un gran equipo. – Dijo él saliendo del abrazo y dedicándole una sonrisa.

- Creo que ya lo hemos comprobado en otras ocasiones. – Dijo ella devolviéndole la sonrisa. – Pero está bueno seguir confirmándolo. – Agregó.

- Si, está bueno. – Coincidió él. – Me gustó trabajar juntos. – Admitió algo tímido.

- A mi también me gustó. – Concordó ella mordiéndose el labio para intentar evitar sonrojarse. – Debería ir yendo, tengo examen de literatura. – Dijo al ver la hora.

- Te desearía suerte, pero estoy seguro de que no la necesitas. – Dijo él con convicción.

- ¿Cómo estás tan seguro? – Preguntó ella confundida ante su comentario.

- Porque conozco tu adoración por los libros y la literatura. – Respondió él con sinceridad. – Pero solo por si las dudas, suerte. – Dijo y dejó un beso en la mejilla de ella.

- Gracias. – Agradeció sonrojándose y dedicándole una pequeña sonrisa.

Emma corrió hacia el aula de literatura y por suerte llego a tiempo. Se sentó en el único banco que había libre, delante de Millah y al lado de Regina. Se maldijo a si misma por tener que soportar esa situación, cuando podría haberla evitado si habría llegado más temprano al aula. Pero por suerte era clase de examen y eso significaba que no iban a molestarla, ni causar problemas. La profesora Belle llegó y repartió las consignas. Una vez que recibió el papel con las consignas, se dedicó a hacer el examen lo mejor que pudo, expresando todo lo que sabía. Cuando lo terminó se puso a releer sus respuestas en busca de errores o ideas incompletas.

- Se me cayó la lapicera, ¿Me la alcanzas? – Pidió Regina señalando la lapicera que estaba debajo del banco de Emma.

- Claro. – Asistió Emma.

Emma se sorprendió cuando Regina le habló en medio del examen, pero cuando escuchó su pedido lo aceptó sin dudarlo porque era una persona amable y porque a todas las personas se nos caían cosas algunas veces. Cuando se agachó para agarrar la lapicera, vio como varias hojas cayeron alrededor de todo su banco.

- Profesora, Emma se está copiando. – Dijo Millah levantando la mano.

No bien escuchó esas palabras Emma quedo paralizada. Esa había sido una trampa de Regina y Millah contra ella. No podía entender como podía haber personas tan empeñadas en molestarla y hacerle la vida imposible. Miro a Regina y le dedicó una mirada de decepción y dolor, ya que la situación la había hecho sentir realmente traicionada. Belle apareció en su banco agarró las hojas que estaban en el piso y le pidió que la acompañe. Genial, ahora si estaba en problemas.