Hola! Se ve que con la inminente llegada de mis exámenes de recuperación necesito tener la mente despejada, y la reciente recuperación de mi vida personal ha facilitado que la inspiración se colara por completo en mi cerebro! He decidido escribir unos cinco o seis capítulos más y finiquitar la historia (tampoco es que quede mucho más por escribir, no?). Sinceramente, y viendo ya que la historia termina, tengo que autocriticarla: Mi primera historia me gusta mucho mas, aunque esté peor expresada y tenga mas faltas de ortografía que un examen de un niño de 9 años.
Pero las cosas son así, así que aquí os dejo el siguiente capi, que es un poco corto pero como voy a publicar un poco mas seguido… disfrutadlo! Y muchas gracias por vuestro apoyo incondicional que es lo que me ha ayudado a luchar y seguir adelante con mis problemas, como los toros, por delante!Seis meses y ocho días de embarazo / Domingo, 8 de marzo
Hermione y Draco tenían que marchar al expreso de Hogwarts, a las 11 en punto de la mañana, como todos los años después de la Pascua. Hermione se había levantado muy temprano la última mañana que estaría en la mansión de los Malfoy para organizar bien su equipaje, pero las maletas de Hermione habían desaparecido de su armario vestidor. Decidió coger su ropa para doblarla y tenerla toda preparada para introducirla en sus maletas en cuanto éstas aparecieran, pero tampoco estaba. Muy, muy extrañada, salió al pasillo para Buscar a Anne, que estaba sacudiendo alfombras en la ventana.
-Anne, ¿qué es lo que ha pasado con mi equipaje?
-Ya lo hemos guardado nosotras –dijo aludiendo a sus compañeras-. Porque tu habitación va a ser ocupada, debido a que la otra está en reformas –explicó-.
-¿Que otra? ¡Si es una mansión de cinco pisos! –exclamó ella-.
-Bueno, puedes preguntarle al Señorito Malfoy si quieres, a ver que te dice el –dijo Anne encogiéndose de hombros-. Nosotras solo cumplimos órdenes.
Hermione cogió su bata de dormir del dormitorio, siendo ya las nueve y media, y se la religó. Caminó hasta la puerta de al lado, pero antes de entrar vio al fondo del pasillo alguien pequeño subiendo. Hermione se quedó de pie en el pasillo, más cerca de su propia habitación que de la de Draco Malfoy. Al quedarse quieto, Hermione vio que ese "alguien" era un guapísimo niño de unos seis años, rubio platino y con unos centelleantes y cautivadores ojos de color verde brillante. El niño la miraba con extrañeza. Hermione pudo comprobar que aún seguía con la bata de dormir, mientras que él iba pulcramente vestido con un uniforme.
- Buenos días –dijo el niño, con una voz dulce y tranquila-. ¿Serías tan amable de decirme tu nombre?
-Eh… si, por supuesto –dijo Hermione, poniéndose roja como un tomate sin saber por qué-. Me llamo Hermione Granger, y soy la invitada de Draco… ¿Y cual es tu nombre?
-Mi nombre es Vincent Malfoy, y… creo que soy tu cuñado –dijo pensativo. A Hermione ese gesto le pareció adorable-. ¿Estás embarazada, Hermione Granger? –Hermione miró al niño pensando de qué manera responder, pero el chico añadió algo incómodo-. Perdóname, qué pregunta tan grosera.
-No, no –dijo rápidamente ella-. No, está bien, si que estoy embarazada. El (o ella) –dijo señalando su tripa con una sonrisa- va a ser tu sobrino.
-¿Vincent? –preguntó una voz en el otro lado del pasillo.
Hermione se giró hacia atrás y vio como Draco abría los brazos arrodillado mientras su hermano pequeño gritaba "Draco!" y corría a darle un abrazo. A Hermione le parecido una escena muy tierna. Su hermana Peggy casi nunca hacía eso con ella. También era verdad que su padre siempre la había intimidado un poco pero de igual modo siempre habían sido muy discretas con lo que respecta a exteriorizar el cariño. Hermione observó la mini-copia de Draco, mientras el se ponía de pie y volvía a caminar hacia ella.
-Veo que ya conoces a mi hermano pequeño, Vincent. Se va a quedar en tu dormitorio porque el suyo queda muy lejos de mis padres y, cuando no estoy yo, este es el que usa –dijo señalando la puerta de Hermione-. Me han dicho que tu ropa ya está empaquetada, no? –preguntó-.
-Si, ya me han hecho la maleta –contestó Hermione, viendo como el pequeño miraba inquieto la puerta-. Oye, Vincent, ¿no quieres entrar en el dormitorio? Para ver como está y esas cosas –dijo ella-.
-Eh… si, muchas gracias, Hermione –dijo amablemente. El niño abrió un poco la puerta y entró a ver su dormitorio-.
-Es un amor, Draco, es como tu pero…
-¿Pero la versión educada? –dijo sonriendo-. Si, suele pasar cuando te envían a un internado para señoritos.
-No te metas con el –le espetó Hermione-, tiene muy buenos modales y es un niño encantador…
Hermione y Draco ya habían desayunado cuando bajaron hasta el jardín a las 10 en punto. Hermione se despidió de Narcisa ("Espero que nos volvamos a ver pronto –decía la rubia mientras le daba un beso en la mejilla a Hermione-.") y del Señor malfoy, quien no hizo comentario alguno. Luego, le dio un beso en la frente a Vincent, quien muy caballerosamente le regaló una margarita que había cogido esa misma mañana del jardín, y que Hermione colocó en su pelo a modo de adorno. Ambos entraron en el coche, junto con el búho y el gato, Crookshanks, quien ya no se podía arrebujar en el regazo de Hermione y bufaba incómodo en su cesta de viaje.
-Draco, ¿por qué tu hermano no ha pasado las fiestas con nosotros? –preguntó Hermione algo extrañada-.
-Allí en su colegio, les dan a elegir si quieren quedarse en casa o por el contrario permanecer en el colegio –explicó-. Como en Hogwarts, pero solo a partir de los seis años. Él está en un equipo infantil de quiddich, y en pascua hay mucho hueco en su campo (de dimensiones pequeñas y no vuelan a mas de dos o tres metros de altura, no te asustes), y le pareció buena idea estrenar s primer año de permiso para poder manejarse un poco mejor. Él es el guardián de su equipo –explicó-.
-Entiendo, entonces como Harry –dijo Hermione-. Aunque tampoco es que la perspectiva de ir con los muggles con los que vive sea más tentadora –comentó-.
-¿Tan malos son esos muggles con Potter? –preguntó Draco algo sorprendido-. Con lo que defiende a los muggles ¡y resulta que el mismo tiene tíos que son horribles!
-Si, por supuesto, no todos los muggles son agradables –explicó Hermione mientras intentaba quitar la mueca de desagrado de Draco en mención de los tíos de Harry-. Es como con los magos, te puede tocar de todo.
El viaje en tren transcurrió con normalidad, recibiendo visitas de Harry, Ron, Pansy y por supuesto de la señora del carrito de las golosinas, a la que le compraron empanada de calabaza (muy sana y sin azúcar, para Hermione). Ron se mostraba muy amable con Hermione, que sospechaba que lo hacía por la misma razón por la que defendía constantemente a Harry pomposamente en cuarto curso: Se sentía tremendamente culpable. Ella decidió dejarle ser tan amable un poco más, a pesar de que le daba apuro que se comportara así. Dos meses era mucho tiempo, y él no había hecho ademán de disculparse en ningún momento, y eso aún le dolía. Cuando encendieron las luces de los vagones decidieron que ya era la hora de cambiar sus ropas de Muggle por las túnicas negras del uniforme del colegio Hogwarts. Al frenar el tren, todos salieron y miraron hacia donde Hagrid estaba, con su farol, indicando el camino de Hogsmeade por donde se llegaba a la entrada de los cerdos alados.
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-Presten atención, Por favor –dijo Dumbledore una vez todos hubieron terminado sus postres-. Les debo anunciar a los alumnos de quinto y séptimo curso, que sus exámenes tendrán lugar este año un mes antes, fijándose así la fecha para… -hubo una queja general, de chicos que estudiaban cuando podían para apretar en mayo, pero Dumbledore alzó una mano y se hizo el silencio en todo el gran comedor-. Como decía, la fecha de los exámenes será del 25 al 30 de mayo. Esto se debe a un acontecimiento poco usual que tendrá lugar en la fecha próxima a los exámenes. Por motivo de una celebración especial de la luna de junio, que ocurre una vez cada cuatrocientos dos años –concluyó el anciano-, los alumnos interesados en ver la hermosa luna de junio, que presenta la segunda Luna, desconocida para el ojo muggle, que gira alrededor de nuestro planeta, y que podrá verse con total esplendor , podrán quedarse en el colegio hasta la madrugada del cuatro de junio, después del cual el cinco de junio a la hora habitual el expreso de Hogwarts hará un viaje excepcional para trasladar a dichos alumnos hasta la estación King Cross.
Hermione pudo escuchar como sus amigas lavender y Parvati intercambiaban miradas entusiasmadas y emocionadas, pensando en que se iban a llevar, cual sería su mejor telescopio y si la profesora Trelawney las dejaría invitarla a verla con ellas. A Hermione no le había interesado demasiado nunca la asignatura de Astronomía, y mucho menos la rama de astrología de Adivinación, pero era una ocasión aprovechable por si salía de cuentas y aun no había dado a luz. Confiaba en la competencia de la señora Pomfrey y no dudaba que a ella le gustaría tenerla vigilada. Pensando en que tendría que estar estudiando hasta mayo dentro de la enfermería, sin la biblioteca para consultar, se agobió un poco, pero Draco la miró desde su mesa de Slytherin, entre cabezas de Ravenclaws y Hufflepuffs, y le dedicó una sonrisa discreta. Hermione se levantó con todos los demás después del discurso de Dumbledore, y quiso volver a su habitación Privada. Pero Malfoy fue más rápido y la agarró de un brazo para llevarla hasta la enfermería.
–¿A dónde piensas que vas? Necesitas reposo y vigilancia.
-¡Déjame! –dijo ella molesta, deshaciéndose de la mano de Malfoy-. ¿No ves que intento ir a la biblioteca a hacer una lista de libros?
-¿Lista de qué? –Preguntó el rubio, mirando seriamente a la chica-.
-De libros. Tengo que quedarme en reposo, ¿no? Así que alguien tendrá que traerme por encargo los libros que voy a ir pidiendo, para prepararme para los EXTASIS.
-Hermione, ¿ni siquiera recién llegada dejas de ser tu? –Preguntó Draco-. ¿Por que no mejor descansas ahora y después, o mañana, vamos a la biblioteca?
-Ahora –dijo ella, terca como una mula-.
-Está bien –suspiró el rubio sintiéndose derrotado–. Te diré lo que vamos a hacer: Vas a apuntar en un pergamino todos los libros que quieres sacar de la biblioteca. Después de acompañarte a la enfermería yo mismo iré y los llevaré allí para ti.
–¿Harías eso por mí? –Preguntó ilusionada–. Nunca pensé que te preocuparas tanto.
–Bueno, eres la madre de mi futuro hijo y vamos a estar juntos mucho tiempo, así que cuidarte es algo que puedo hacer sin disgusto –señaló con una sonrisa–. Aunque la próxima vez podríamos tener esta situación sin un bebé por sorpresa.
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Ocho meses y 18 días de embarazo / Lunes, 18 de Mayo
-Ay, dios, Draco, ya nos han dado los exámenes, las fechas, no puede ser, ¡estoy atascadísima! –Dijo mientras repasaba una y otra vez "conocimiento y estudio avanzado de runas antiguas"-. Creo que este examen no me va a salir bien, necesito repasar…
Había llegado la temible semana de los exámenes de los EXTASIS, en los cuales Hermione tenía una pequeña crisis nerviosa debida a la cercanía de las fechas y de las horas entre uno y otro examen. El horario de Hermione estaba bastante bien repartido para que tuviera horas para estudiar el siguiente éxtasis antes de su examen, pero aun así ella repasaba en todos los lugares: en el baño, en el desayuno, en la enfermería, en su paseo fuera de la enfermería, en la cena, en todos sitios. Draco había comenzado a notar que su nivel de estrés subía de una forma algo alarmante para su avanzado estado, y preguntó discretamente a la señora Pomfrey si podía aplicarle una poción calmante en el jugo de calabaza. Lamentablemente, Hermione lo oyó y dejó de hablarle durante toda la mañana que le estuvo ayudando a repasar Transformaciones y pociones.
El horario de Hermione era el siguiente:
Lunes: Aritmancia a las 9 (examen practico a las 10)
Martes: Herbología a las 11(examen practico a las 12) / Runas antiguas (todas las horas de la tarde)
Miércoles: Pociones a las 12 (examen practico después de comer)
Jueves: Transformaciones a las 9 (examen práctico a las 10) / Encantamientos a las 11 (examen práctico a las 12)
Viernes: Defensa contra las artes oscuras a las 10 (examen practico a las 11)
Los únicos exámenes en los que ella y Draco estarían juntos repasando en el pasillo eran los de encantamientos, pociones, herbología y Defensa contra las artes oscuras. Las otras tres asignaturas de Draco, que eran historia de la medimagia (rama de historia de la magia que prepara a los futuros medimagos) y pociones mágicas avanzadas (Draco cursaba tres, compaginando las pociones corrientes con las pociones especiales de heridas y las de envenenamientos avanzadas), se impartían y examinaban en aulas completamente diferentes de las de las asignaturas optativas de Hermione. Aun teniendo compartidas la espera de cuatro asignaturas, que eran mayoría, Hermione estaba tan cansada de su preocupación "excesiva" como si lo tuviera en todos los horarios entre exámenes junto a ella.
-No soy ninguna niña, es mas, voy a tener una de esas cosas –dijo mirando al rubio con el ceño fruncido-. Y quiero hacer esto sola y relajada.
-No puedes estudiar sola –dijo Draco, mirándola con el ceño también fruncido en una línea color rubia-. Tengo que vigilarte, señorita "yo leo libros y por eso creo que se las prácticas". Por mucho que leas sobre embarazos, tú no naces con instinto maternal, no lo tienes, Hermione. Así que déjate ayudar y no seas…
-Seré todo lo tozuda que yo quiera, Malfoy –dijo ella en una exclamación casi desesperada. El chico ensombreció su semblante-. Y si piensas que no tengo instinto maternal a lo mejor deberías haberlo pensado dos veces antes de dejarme a cargo de este bebé.
-Muy bien, Granger –dijo recelosamente escupiendo las palabras con rencor-. Si piensas que puedes valerte sin ayuda, adelante. A ver como te las apañas tu solita con tus asquerosos libros viejos y tus crisis de ansiedad –Draco se giró y salió de la enfermería con paso firme, dejando a Hermione sentada en su cama que estaba rodeada de todas las mesillas auxiliares de la enfermería, cada una con una buena pila de libros que la señora Pince le había dejado prestados de la biblioteca para que ella no tuviera que subir. Antes de que se fuera, Hermione creyó escuchar un susurro parecido a – ojala en los libros le enseñaran como no pagar las cosas con los demás.
Hermione se sintió ofendida por que Draco pensaba que ella solo quería gritarle y regañarle, pero luego se sintió un poco culpable, porque él estaba cargando todo el peso de la situación que ella se empeñaba en despotricar.
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Hermione estaba sentada en el pasillo del gran comedor, donde se haría su primer examen, de Aritmancia. Detestaba las esperas, sobre todo cuando los únicos que habían optado al EXTASIS de su asignatura favorita eran unos Slytherins muy antipáticos que le susurraban cosas mientras pasaba:
-Eres una desgraciada…
-Así llegarás solo a limpiar el suelo del caldero chorreante por cinco galeones al mes… -le dijo con desprecio una chica castaña-.
-Si, irresponsable y sin duda te mereces que te arrebaten el titulo de "la mejor de tu curso"…
-Si, un hijo de sangre mestiza en una familia como los Malfoy, y además –enfatizó un chico con cara de caballo y unos malévolos ojos verdes- además hijo de una asquerosa sangre sucia como tu.
Hermione sintió como se le encogía el pecho una vez más ante aquellos insultos, que ahora eran más violentos que nunca. El que más le dolió fue el de Sangre Sucia, que le recordaba como había sido Draco con ella años atrás. Eso hizo que le hirviera aun mas la sangre, y volvió a enfadarse consigo misma y con Draco mientras aguantaba por no llorar allí mismo. Cuando dijeron sus nombres, todos los alumnos entraron, y Hermione vio que habían sido separados de los otros estudiantes por biombos de oficina, para que los de una asignatura no molestasen a los de otra. Hermione se sentó en el pupitre más cercano a la ventana, e hizo aparecer unos cojines que se colocó tras la espalda y en el trasero. Todos los Slytherins la miraron con incredulidad y crueldad al mismo tiempo, pero el profesor comenzó a repartir los pergaminos del revés mientras explicaba como procederían al examen.
Hermione notó que fue la primera en darle la vuelta al examen y repasar las preguntas. El sonido de su reloj se escuchaba en sus oídos más alto de lo que ella misma hubiera querido. Tenía los nervios a flor de piel, mientras rasgaba con la pluma el arrugado pergamino que le habían dado para escribir sus respuestas. Aun así, ella misma sabía que estaba dividiendo su mente entre la pelea de Draco y el examen, así que respiró hondo reposándose un segundo en su cojín aparecido y volvió a mirar los números que le pedían que transformara en letras de un texto manuscrito embrujado.
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-¿Hermione, te encuentras bien? –Preguntó Harry a la hora de la comida-. Malfoy no ha venido contigo. No es que no me alegre –dijo rápidamente, pues vio que su amiga le miraba con una ceja levantada-, ya sabes que no me cae bien, pero te noto deprimida. ¿Te ocurre algo?
-Pues sí, Harry. Sabes que prefiero estudiar sola –dijo señalando el libro que escondía debajo de la mesa apoyado en sus piernas-. Pero eso Draco no lo entiende, y esta mañana le he mandado a zurcir monas, así que…
-Se ha enfadado. Entiendo –dijo el moreno, comprensivo-. Sabes que es lo que vamos a hacer, ¿no? –Dijo mientras cogía una copa grande-, vamos a coger un poquito de esto…- echó zumo de naranja al vaso-, un poco de esto…- echó también un poco de zumo de piña -, y por supuesto que no falte esto otro –dijo cogiendo con la cucharilla las fresas troceadas y echándolas en la copa. Por ultimo, cogió la miel que había en el cuenco y dejo caer una cucharada sobre la copa. Le dio un golpe a su varita y la copa dio una cuantas de vueltas a su contenido. Hermione miró a Harry con una tímida sonrisa-. Ya no tienes más exámenes, y sabes que te encanta el zumo de fruta… ¿por qué no te tomas un pequeño capricho y te relajas? Todo va a salir bien… -dijo Harry, dándole un abrazo consolador a su amiga con un brazo-. Solo necesitas relajarte.
Ocho meses y 19 días de Embarazo / Martes, 19 de Mayo
Hermione intentó hacer caso del consejo de su amigo Harry, pero le era prácticamente imposible. A cada lugar al que pasaba, con su nariz metida en el libro, veía destellos plateados por todos lados, sabiendo que Draco andaba cerca. Pero ella no quería mirar, porque eso significaría que ella era débil, y su orgullo felino le impedía ser la que diera su brazo a torcer.
Porque, pensaba ella mientras recorría los recónditos pasillos del castillo en busca de tranquilidad, ella era una buena madre, iba a ser una buena madre, y eso no permitiría que lo discutiera ni el padre de su hijo. Insultarla de aquella manera, diciendo "¡no naces con el instinto maternal"! ¿cómo que no nació con el instinto maternal, por las calzas de Merlín? Por supuesto que ella tenía instinto maternal, si no ¿cómo pensaba él que ella sabía en cada momento lo que era lo mejor para su bebé, como tenía que ponerse en cada momento para no cansarse o todo lo demás?, ¿qué era eso entonces sino instinto maternal?
Furiosa, se levantó del escalón en el que estaba sentada para asistir a su primer examen de ese día, de Herbología.
Corrió hasta los invernaderos (al menos, anduvo lo rápido que le permitió su estado de "gordita"). Allí estaban Pansy, Ron, Harry y (para su pesar) Draco. Pansy levantó la cabeza y fue corriendo hacia su amiga, lo que Hermione atribuyó a las miradas asesinas que se dedicaban Ron y Draco, ambos sentados a cada lado de la rubia. Mirando a ambos lados y asegurándose de que nadie reclamara el sitio, se sentó en el banco que estaba justo al lado del de Hermione.
-Hola, Hermione… te noto extraña –dijo la rubia sin ningún disimulo-. Y seguro que es por Draco, ¿a que si?
-Si, Pansy, una vez más, es por Draco. Piensa que no tengo ¡"el instinto"! –Dijo la castaña, retirándose un mechón rebelde de su frente-.
-Eso no es verdad, todas nacemos con el instinto maternal impreso en la piel –repuso Pansy, entendiendo a la perfección a lo que Hermione llamaba "el instinto"-. Eso es que él no fue a una escuela muggle cuando era pequeño, y no estudió biología ni física ni nada de eso.
-¿Tu si fuiste? –Preguntó el ojimiel-.
-Solo cuando cumplí los nueve años, y me daban clases en casa –explicó Pansy-. Pero me dieron lo suficiente como para no ser una analfabeta de matemáticas y de asignaturas así. Y te digo que nosotras nacemos con el instinto maternal, Hermione, ¡solo tenemos que mirar como se nos ponen de grandes los ojos cada vez que vemos un cachorrito o un bebé!
En ese momento, al decir la palabra "Bebé", un grupo de chicos de Slytherin pasaron por su lado, y las miraron (o mas bien, la miraron) con ojos juiciosos, deseando que le replicaran algo para comenzar a acribillar con sus ya usuales palabras hirientes. Era el grupo de Slytherins que daban clase de Aritmancia con Hermione.
-¿Que demonios pensáis que estáis mirando? –preguntó Pansy, y en ese momento Hermione entendió porqué la llamaban Princesa de Slytherin. Su tono de voz era autoritario, firme y algo temible, tanto que incluso ella se encogió un poco-. Ya podéis moveros, aquí no hay nada que ver.
