FRANCIS, YO Y LA VERDAD

Vanessa Palmer (pov)

No pude evitar cerrar un momento mis ojos, el aire fresco, la libertad, no limitarme a ese establecimiento, aunque el clima fuese húmedo y fresco adore la sensación, casi de plenitud; me daban un buen sentimiento, el de al fin poder ser libre y feliz junto a mi Francis. Gire mi rostro y él estaba enfocado en la carretera, por lo que levante mi mano para acariciar su cabellera y poder sentir lo suave de su cabellos, casi logro que se me cerrara la garganta, fueron más de dos semanas sin verlo, esforzarme para no molestarle, porque ya era un estorbo y eso jamás cambiaría. Él sonrió un poco, iluminando sus ojos y estudie como mi anillo plata contractaba con lo negro de sus cabellos y no pude evitar soltar una risita alegre, quitando cualquier recuerdo incómodo y horrible; estábamos juntos ahora y eso era lo que importaba. La carretera estaba despejada, apenas me aviso que podríamos estar juntos, que había conseguido un hogar para los dos, no dude ni un segundo y comencé a empacar las pocas pertenencias que tenía; aunque yo no fui la única desesperada ya que él mismo me ayude y en menos de 10 minutos termine de prepararme, por más que tarde unas dos horas de despedirme de las enfermeras, médicos y pacientes que fueron mi compañía durante casi un mes ahí.

Mi médico no estaba convencido, e incluso indico que podía ser un retroceso en mi rehabilitación, aunque por más que quisiera darme aliento y Francis no lo dijera en voz alta, yo sabía perfectamente que esta sería mi vida, podía aumentar la fuerza y resistencia de mis brazos, pero no había nada más, lo he aceptado y tengo que vivir con eso de una buena vez. Por un momento estaba por rechazar la propuesta de casamiento de mi Francis, no quería que se ate mi, y más bajo estas circunstancias, él se merece más, el cielo es muy poco para lo que tiene que recibir, y más ahora cuando mi cuerpo no es lo que era, no quise condenarlo conmigo. Pero sus lágrimas y su deseo de casarse conmigo me coacciono de aceptarlo; soy el ser más feliz del mundo con él a mi lado, aunque ahora no le pueda ofrecer nada, absolutamente nada. Hora esta es mi vida, él sigue por los dos, mientras que trato de molestarle, que no se complique más su vida, por más que sea un peso más para él.

Jugué con su pelo entre mis dedos y mostro sus dientes, contento. Su cicatriz había crecido por el ataque de esas bestias, pero había cambiado algo en su rostro desde la última vez que le vi, no podía precisarlo, estaba diferente de alguna manera.- pude ver un poco la casa…-habló y seguí entretenida con su cabellera, y no sé porque motivo cuando mi dedo toco su lóbulo se movió incomodo. Tosió un poco antes de continuar.-…por favor, Nessie trato de conducir...-abrí los ojos y le solté porque no le comprendí, cuando sin saber porque se acomodó en su asiento y visualice que sus pantalones estaban marcando su parte baja. Me sonroje y fingí fijarme en la calle, aunque tenía tantas de saber como su cuerpo se comportaba, como reaccionaba y que punto tocar para que se encienda. Ya su simple presencia me impulsa a tener los pensamientos más pecaminosos que existen, y aunque, no tengo experiencia alguna, si tengo imaginación y conocimiento, la red puede ser un lugar que expande los deseos de cada persona e instruye como hacerlos realidad. Lo cierto es que si antes apenas me tocaba, ahora, bajo las circunstancias que me rodean solo le falta que agarre un palo para no tener que tocarme de ninguna manera. Algunos besos castos y robados de mi parte y nada más, no es necesario ser un genio para saber que tiene miedo de lastimarme; yo lo único que tengo miedo es no responderle como es debido y no lo disfrute, jamás en mi vida tuvimos intimidad aparte de ese noche desastrosa en la casa de Anabella, y no tenía la destreza para saber si sería acta para realizar mi parte.

Había hablado con muchas de las pacientes del centro y muchas tenían distintas experiencias, cuando tenía mis clases con los pacientes que solo iban a realizar rehabilitación y después regresaban a sus casas me explicaban distintas formas de satisfacer a la pareja después de un accidente como el mío, pero ahí estaba el problema, yo no conocía el cuerpo de Francis, no tenía un conocimiento previo para guiarme, así que estaba más que perdida, y el hecho de que mi flamante esposo no me tocase no alivianaba las cosas. Estaba en un predicamento y mi mente, trabajaba en forma incansable ahora, tal vez porque tenía mucho tiempo y me perdía entre fantasías y sueños que cuando volvía a concentrarme en la realidad no se cumplirían y era la frustración crecía. Aun estaba entre nosotros esa noche, cuando le permitieron quedarse para hacerme compañía, era mi quinta noche en el centro de rehabilitación, y mis sueños se veían cubiertos con pesadillas, pero no del ataque de las bestias sino de algo más tenebroso y desolador. A cada momento que cerraba los ojos podía ver dientes afilados, hermosos pero llenos de sangre, como otro ser similar a Francis cuando se transformaba intentaba llegar hasta mi volando y frío me cubría, incluso cuando lo recuerdo mi piel se pone de gallina.

Pero no me molesta eso ni me dejaba dormir sino que esas pesadillas se marcaban con hermosos momentos que jamás existieron, el cielo claro, gente riendo y…ella. No podía precisarla, su figura delgada y pequeña, sus cabellos que se me distorsionaba con un gran brillo que ella expedía, como un ángel luminoso; como su sonrisa me alegraba, aunque Francis estaba conmigo con ella también estaba protegida y amada, ella era mía y yo era suya, dolía tener que comprender que ese hermoso paraíso se me iba entre mis dedos, como agua. La esperaba, esperaba que ella me saque de ese lugar frío, dolía por todas partes y ella no llegaba, no comprendí porque no venía por mí, solo ese animal similar a Francis se me aproximaba pero yo me iba, simplemente me alejaba, llevada por ese aire fuerte, que parecía a una corriente de agua. Y seguían doliendo como esos recuerdos inventados querían hacerse fuerte, y me destrozaban más que mis heridas, porque me dio la pauta de que lo tuve todo, que Francis lo tuvo todo y se diluyo con la corriente. Lo ultimo que pensé antes de que esa bestia apestosa me tirase por el orilla fue que ella no vino…ella no había llegado para protegerme, y me sentí sola, fría y deje de luchar, porque estaba cansada y herida y ella no había ido a mi rescate, por lo que quise morir.

No se lo iba a decir a Francis y el medico creyó que mi falta de descanso era por el trauma del accidente automovilístico, la cubierta que inventamos con Francis para que yo me quedará ahí y no preguntasen nada más; así que esa noche marco como eran las cosas con Francis de ahora en más.

-gracias…-le agradeció a la enfermera que me miraba precavida, sé que el tamaño de Francis y sus cicatrices causaban en las personas, mantuve mi sonrisa, mientras que procure acomodar mi almohada. Él al darse cuenta de mi movimiento, dejo la jarra de agua sobre una mesa y vino hacía mí para asistirme; estaba por quejarme, pero lo vi tan preocupado que preferí quedarme callada, ya demasiado tenía que soportar él como para yo aumentar su penuria con mis quejas. Cautamente, paso su mano por mi espalda para alzarme un poco.- ¿te duele?- murmuró, lo quiso ocultar mas estaba ahí, ese continuo dolor; reprimir mis ganas de llorar, no por mí, sino por él, ya que le estaba condenando a estar siempre pendiente de mí. Procure que no se diera cuenta, así que mantuve mi sonrisa y le mire al rostro, aunque él estuviese concentrado en moverme lentamente.

-no, Francis, ya no me duele nada…-visualice como su manzana de adán se movía mientras tragaba fuerte y acomodo la almohada bajo mio. Gire mi rostro mientras que con dificultad quise alcanzar con mi brazo izquierdo el vaso vacío, y la maldita escusa de brazo, aunque no tuviera marcas estaba resentido, apenas se despegaba del colchón. Escuche que Francis bufó mientras que me bajaba nuevamente hacia la cama, y extendió su brazo para tomar el vaso.

-deja que yo lo haga, no te esfuerces, Nessie…yo estoy aquí para ayudarte.-me lo dijo como si yo no lo comprendiera, y no lo hubiese escuchado últimas 213 veces que me lo dijo, solo gire los ojos y pude sentir la molestia en él, y como yo estaba molesta de solo ver el techo, hacíamos una linda combinación.

-ya sé, Francis, pero tengo comenzar a tener fuerzas en mis brazos, no puedo depender de ti…-él frunció su ceño molesto e incluso creo que tembló reprimiendo las ganas de transformarse en ese momento y ladrarme furioso. Se sentó sobre la orilla de la cama, y sirviendo agua de la jarra hacia el vaso, agito la cabeza, irritado.

-¿Cómo que no puedes depender de mí, Nessie?- procuraba mantener la calma, pero por su voz no estaba nada calmo, estaba furioso y yo también lo estaba.- soy tu esposo, Nessie…-me sonroje, era vergonzoso que lo dijera en voz alta, por lo que tuve que reprimir no sonreír feliz, estaba molesta y no me rendiría fácilmente.- y estas en pleno proceso de recuperación…- apreté los dientes, mientras pase mi mano por mis cabellos, él endureció la cara, mi maldito tic nervioso, aparte de morderme el labio, me delataba fácilmente cuando me desesperaba.

-eso no significa que sea una completa inútil, Francis…-él estaba por darme agua en la boca y se detuvo al instante, mientras que yo le arrebataba el vaso para sostenerlo.

-no dije que seas una inútil, Nessie…-susurro amargado y yo alce el vaso para que lo viera.

-yo sola me puedo servir agua, Francis…- él movió el rostro a un costado, y el cansancio que su cuerpo emanaba llego hasta mí, iba a trabajar todos los días, sé que los gastos de esta institución eran importantes, y aun así venía a visitarme; sumándole más problemas no podía controlar mis pesadillas que me despertaban en medio de la noche sin dejarme dormir. Me calme y suspire un poco, tenía que ser más paciente, él hacía lo imposible y yo también tenía que hacerlo, por su bien y el mío. Le puse el vaso cerca de su rostro y él lo tomo, para colocarlo sobre la mesita próxima.-…voy a estar mejor, Francis, te lo prometo…-y él asintió, mientras que fruncía los labios, en una mueca que creo que intento ser una sonrisa.- vamos a dormir, debes estar cansado…-se estuvo por parar, había un sofá que había arreglado para dormir, pero le detuve sosteniendo su brazo.- acuéstate a mi lado, Francis…

Un dolor pasó por sus ojos, y quise ignorarlo pero me dolió en el corazón por lo que solté su brazo, cerrando los ojos; no sabía nuestra situación actual, nos habíamos casado pero nada más, no había nada más entre nosotros ahora. Escuche un par de movimientos alrededor de la habitación y cuando sentí que apago la luz, quise llorar, porque estaba sola, ya nada era como antes y lo único que quería era dormir al lado de mi Francis. De pronto sentí que el colchón se volvía a hundir y abrí los ojos, para encontrármelo en medio de la oscuridad, acomodándose a mi lado.-…esperemos que esta cama nos resista…-susurro y reí por la bajo; ayudo a mover mi cuerpo, mientras que quitando la almohada de mi cabeza, puso su brazo como amortiguación, como siempre lo había hecho. Pude percibir su rostro a un costado de mi cabeza, yo no podía moverme por lo que él tuvo que acoplarse a mí. Dudoso paso la mano por mi estómago, y el calor de su cuerpo me hizo sentir al fin en paz, a salvo y que todo estaría bien de ahora en más. Gire mi rostro y su rostro estaba a solo centímetros, como mi parte derecha estaba muy cerca de su cuerpo, no podía tocarlo, así que aproxime mi cabeza hacía la suya, sintiendo su respiración sobre mi frente.

Roce sus labios un poco con el puente de mi nariz, necesitaba sentir su calidez, que había un mañana para nosotros y yo no lo había perdido. Mi corazón palpito con fuerza, aumentando mi pulso, ya que su simple respiración me alertaba y despertaba mi cuerpo inservible; no me dolía pero no por eso no sentía, solo que las sensaciones eran lejanas, casi como una brisa sobre mi piel, y aun así tan próxima a él, esto aumentaba, mi cuerpo lastimado pedía un poco de la cura que no conocía y sabía que encontraría en el cuerpo de Francis. Levante mi rostro, y suspire relajada, cuando mis labios acariciaron los suyos; la comodidad y pureza seguía intacta, por lo que me deje llevar y seguí mimando sus labios con los míos. Le percibí temblar un poco a mi lado, pero él no se movió y busque en él la respuesta, y podía verlo en la oscuridad, y odie lo que encontré, él estaba llorando en silencio; las lágrimas caían por sus ojos para terminar sobre la almohada bajo él. Quise hablar pero salió un sonido ahogado de mi garganta y abriendo la boca, deje escapar un poco del dolor que no me dejaba, me apresaba y ya no podía ocultarse. Las lágrimas me quemaban, y me hubiese alejado de él sin mi miserable cuerpo me lo hubiese permitido, pero no, estaba aferrada a esta cama y solo mi brazo derecho funcionaba como correspondía.

Le empuje con mi brazo sano, no quería su pena, no quería que sintiera lastima de mí, quería estar con él, pero mi cuerpo estaba destruido, no servía y él lo sabía; pero él se resistió, aferrando sus brazos a mi alrededor, para aproximarme a su cuerpo.-…no necesito tu lastima, Francis…-le aclare con rencor, pero habrá sonado horrible bajo mis lágrimas que apenas me dejaban respirar. Él respiro con fuerza, como si se estuviera ahogando, y eso hizo que yo soltase un lamento, no quería que sufra, pero yo no podía cambiar mi situación, ya nada sería lo mismo jamás. Francis levanto un poco su torso, para colocar su rostro encima mió, aunque yo quería pelear con mi único brazo que valía la pena, mientras que el otro apenas se despegaba del maldito colchón. Bajo su rostro, buscando mis labios pero moví mi cabeza, el dolor por no servir, por ser rechazada por él y que se compadezca de mi, me desbordaba y solo quería gritar, quería maldecir al viento y quería poder amarlo sin restricciones aunque ahora estuviese aprisionada a mi cuerpo.

Deje mi cabeza mirando a un costado, mientras que su pecho tocaba el mió y percibí como él también respiraba descontroladamente, y bajo su rostro para apoyar su frente sobre el costado de mi cara; me negué a verlo, las lágrimas y los continuos lamentos que salían de mi boca, no me permitían nada. Entonces, lo sentí, las lágrimas de él mojaban parcialmente mi rostro y mis cabellos, aumentando mi agonía, quería consolarle, mentirle y decirle que todo estaría bien, pero no salía ni una estúpida falacia, solo lamentos de mi boca. Me apretaba el mi pecho el dolor, la soledad y el hecho de sentir la pena de él, como lo malo parecía también consumirlo como lo estaba haciendo conmigo.-no tengo lastima Nessie…-me indico al oído con su tono destruido, por lo que cerré los ojos, queriendo controlarme pero no podía, porque su pesar me torturaba.-….te amo, te amo, Nessie…-me aseguro pegando sus labios a mi piel, como si me estuviera besando y apreté los puños, soportando lo que yo sabía solo que la realidad era dura y odiosa.-…estás débil, Nessie…estás lastimada…-fue como si él mismo se lo dijera, para que cayera en la realidad.-…no puedo tocarte como quiero, no ahora….-un jadeo de dolor salió de su boca y fue peor que un golpe para mí.-…por favor, no me dejes…- ahí comprendí perfectamente su dolor y me obligue a mover mi rostro hacía él; pude apreciar la tristeza en su rostro, sonreía para darme fuerza y a él también.

-jamás, esposo mío…-y fue así que me beso suavemente.

El paisaje de cuidad se había perdido tras nosotros para invitar al follaje del bosque, imponente y vistoso, la reserva de la Push era un lugar de clima frío y húmedo, pero no me importo, solo necesitaba que Francis este conmigo para siempre y ahora podría estar los dos solos.- ¿vive mucha gente en ese lugar?- pregunté, cuando él giraba hacia la izquierda.

-creo que si…aunque te advierto, son personas extrañas…-acoto mientras arrugaba la nariz.

-¿extrañas?- me burle un poco, sé que él no estaba cómodo en ese lugar, y por algún motivo no podía explicármelo.- ¿acaso pertenecen a una secta o tal vez quieran enrolarte para que seas actor porno?- él rio agitando la cabeza, mientras que me miraba por el espejo, en seriándose.- solo me contaste que fueron amables contigo, nada más, eso no es un pecado...

-tienes que alimentarte…-me interrumpió, dejándome dura y suspire pesadamente. Me enfoque en el paisaje y me hice la desentendida.- no voy a dejar que tengas hambre…- fruncí los labios, estoy consciente que parecía una malcriada pero este problema ya lo estábamos teniendo desde hace horas.

-Francis…-quise hacer apego a alguna parte de él que siempre me da lo que quiero, pero él agito la cabeza ignorándome.

-de esto no hay discusión, Nessie…-me tuve que rendir automáticamente, él tenía razón y era muy cabezota cuando algo se le metía en la cabeza.-hoy a la noche te alimentas…-aunque no quería lastimarlo, sonreí un poco entusiasmada.

-de acuerdo, Jefe…-me burle, por su tono autoritario y lejos de ofenderse, se divirtió.

-me alegra que al fin te des cuenta quien manda…-levante una ceja, mientras que él sonreía y no pude responderle cuando continuo.-…ya llegamos.

Un arco se alzaba dándonos la entrada a la reserva, sus calles estaban pavimentadas y se podía ver como pequeñas casas se alzaban dándole un clima rustico y acogedor; sonreí, emocionada, por más que ya estuviese cayendo la tarde se podía apreciar lo hermoso del lugar, el contraste con la civilización y el bosque frondoso de fondo, dándole el encanto de un cuento de hadas. Los pájaros cantaban de fondo, mientras que las hojas que caían por el otoño parecían cubrir la calle; me maraville a medida que seguíamos, mientras que de las chimeneas salía humo, estarían cocinando para comer en familia…familia, tome la mano de Francis por encima del volante para apretarla, porque al fin teníamos un lugar para estar junto en familia, nosotros dos como desde el comienzo fue pactado. La calle principal era cruzada por calles menores, y a medida que pasábamos, podía ver como la gente salía, como si nuestra presencia fuese una curiosidad; no le di importancia, era imaginación mía, pero era una hermosa tarde de otoño y al fin estaríamos juntos con Francis.

La camioneta siguió su marcha y me entretuve jugando con los dedos de Francis, que ahora conducía con una sola mano, mientras que con la otra me dejaba tocarlo; aunque no pudiéramos expresarlo y saborear el contacto de nuestras pieles, estaba ahí la chispa, la unión entre nosotros que nadie podía quitar.-…es un hermoso lugar…-exprese alegre y él sonrió un poco, aunque al instante puso cara de fastidio cuando detuvo el auto; mire hacía donde él estaba enfocado y vi a un grupo de gente cerca del pórtico de una casa. Me quede impresionada por el tamaño de los hombres, obviamente de la reserva, eran casi tan grandes como Francis e iguales de musculosos, conté unos seis, todos dispersos en el grupo; pero lo más chocante era otro grupo de gente, eran tan blancos, pálidos, casi tan blancos como la nieve, y si eso no era avasallante, la belleza de cada uno podía eclipsar al modelo más apuesto del planeta. No me detuve en ninguno en particular cuando me di cuenta que ellos me estaban viendo, todos los ojos estaban enfocados en mi, y baje mi mirada con mis mejillas calientes, maldito sonrojo.-… ¿nos están viendo?- le pregunte a Francis, sin atrever a verificarlo por mi misma, sino que uní mis manos y comencé a contar mis dedos, uno, dos, tres…si tengo diez dedos en las dos manos, ¡que suerte!

Sentí su aliento sobre mi oído, cosa que me puso más nerviosa, porque se darían cuanta que me estaba desesperando más por el toque de este maravilloso hombre.-te dije que eran raros…-me indico bajamente, y asentí un poco, pasando mi vista desde la puerta hacia de nuevo a mis dedos.-ya vengo, voy a hablar con ellos…-estaba por detenerlo, podía sentir todas las miradas y me ponían incomoda pero él se apuró a bajarse y me quede sola, reprimiendo el impulso de seguir observando a los habitantes de la reserva. Me moví incomoda, pero seguí enfrascada en mis diez dedos, los cuales me percate necesitaban una buena manicura; sentí un ruido a mi costado de la puerta y levante la vista para ver a una niña de unos 10 años siendo sostenida por un hombre de gran tamaño. Ella coloco sus manos en la ventana y me sonrió.

-no te muevas, Quil…-le ordeno al hombre, que le hizo caso y me miraba casi feliz.- ¡hola! Soy Claire y este es mi futuro esposo, Quil…-impuso la niña, y el hombre, Quil, se sonrojo un poco.-si que eres hermosa…-me sonroje furiosamente, mientras quise hablar pero mi vergüenza apenas me lo permitían además que me sentía en un sauna por el calor que emanaba mi cuerpo para ponerme colorada.- Francis nos mostro una foto tuya…-mire hacia donde estaba Francis y le vi hablando con un hombre de gran tamaño y otro en sillas de ruedas; ahí es cuando me percate que muchos de ellos, en especial, esos que parecían sobre humanos, no solo por su piel blanca sino porque su forma elegante al moverse, se enfocaban en mí. Trague con fuerza, mientras que suplique que la tierra me trague de una buena vez, me creí como una rata de laboratorio por el imponente escrutinio.-Francis dijo que estabas en el hospital…-me volví hacía la niña sentí como las fuerzas me fallaron un poco, baje la mirada, porque no quería recordar eso, estábamos juntos Francis y yo, y eso era lo importante.- me alegra que estés bien…-no había malicia en la niña, y sonreí un poco, colocando mi molesto pelo que jamás se quedaba quieto detrás de mi oreja.

-gracias…-apenas salió como un susurro, y me quede callada, contando mis dedos. Uno, dos, tres, cuatro…tengo diez dedos en mis manos y eso no cambia, al igual que mi vergüenza. Me vi tentada a fijarme en la niña, pero sentí que ya se había marchado, quería llamar a Francis pero tenía cosas que resolver y aunque pareciesen horas apenas iban segundos desde que se bajo del vehículo.

-hola…-me llamo una voz melodiosa que me pareció un canto, me gire para ver y una hermosa joven, de ojos dorados, con cabellos castaños y una sonrisa cálida me esperaba. Sonreí sin querer, contagiada de su calidez, y me sentí más cohibida que nunca, era hermosa y sus facciones suaves me demostraban que era buena persona, al menos eso percibí. Abrí la boca en un intento de hablar, pero ningún sonido salió, así que tosí un poco para darme coraje, siempre fui cobarde con la gente nueva. Ella espero paciente, mientras que sus ojos recorrían mi rostro, como estudiando cada parte de mí.

-hola…-le respondí, y levante mi mano derecha para saludarla; ella abrió los ojos, mientras que por un instante creí que quiso llorar por alguna emoción fuerte, y tomo mi mano. Su piel era dura, fría y al mismo tiempo, aunque era opuesta a la de Francis, no me molesto para nada, sino que estreche su mano siendo educada.-soy Vanessa Palmer, pero puede llamarme Nessie…- ella asintió, frunciendo su rostro en una sonrisa entre triste y feliz, solté su mano, por lo que por un momento me dio la impresión de que no me quería soltar pero lo hizo.

-soy Isabella Cullen, pero me puedes llamar Bella…-me dijo y asentí, tratando de alejar cualquier incomodidad, por un tiempo, al menos, este sería mi lugar junto a Francis y tenía que llevarme bien con mis vecinos. Como si hubiera estado envuelta en un encanto, me percate de que había más gente alrededor de la camioneta, y mis molestas mejillas se incendiaron, gracias al cielo que la combustión espontanea no estaba comprobada porque o sino estaría en llamas desde hace tiempo. Entonces, Francis vino hacía la camioneta, saludando a Isabella, o Bella como le gustaba que le llamen, se coloco hacia mi lado de la camioneta. Ella se movió un poco y periféricamente, note que fue hacia un joven, de cabellos cobrizos que tampoco quitaba su vista de mí, como el resto.

-esta es nuestra casa…-señalo Francis a la casa a nuestro costado, sonreí porque era pequeña pero se notaba que acogedora, habría que hacerle algunas reformas pero podría estar bien ahí. Un hombre joven entre sus 24 años se nos aproximó junto a un señor alto moreno y grandote.- estos son el Dr. Cullen y el señor Uley…-me informo y salude tímidamente. El doctor, aunque se veía joven me saludo cordialmente, antes de hablar.

-hola, espero que se encuentre bien en la reserva…-yo asentí.

-gracias por darnos un lugar donde estar, señores…-incluí también al señor alto porque estaba segura que era algún tipo de autoridad en el lugar. Ellos dos me saludaron cuando el doctor continúo.

- mi familia siempre anda por la reserva, si necesita algo no dude en decirnos…-me indico en el conjunto de personas, incluida Bella con aspectos casi angelicales.-ya conoció a mi nuera, todos estamos a su disposición si necesita algo…-tuve que asentir aunque no comprendí porque era tan servicial; Francis pasando su cabeza por dentro de la ventana, me murmuro al oído.

-te lo dije…son todos raros…-capte a lo que él se refería perfectamente. Una chica de cabellos rubios como el sol y tan hermosa con tendría que ser la venus, propuso.

-¿quieren comer? Estoy segura que tuvieron un viaje largo…-no sé de que estaba más pasmada si de su belleza o la alegría que cada uno de ellos emanaba, no llegue a decir nada, cuando Francis intercedió.

-lo siento, señorita Cullen…-y la belleza de la rubia no sé si opaco o contrapuso con la mirada envenenada que le lanzo a Francis, fue tan fugaz ya que se repuso al instante; pero Francis me miro de reojo, él también la había captado pero él siguió.- mi esposa esta cansada y es hora de que descanse…lo dejamos para otra oportunidad.-entonces Francis fue hacia detrás de la camioneta. Me quede inquieta mientras que todos me miraban, y luchando contra mi sonrojo, acote.

-mi lindo lugar…-fue hacía el señor Uley, Francis logro quitar de atrás la silla, y capte perfectamente como la mirada de todos cambio a impresión e incluso tristeza; me quede con l expresión de Isabella, que pareció no comprender, mientras que en el pórtico de la casa, Francis desplegaba mi silla. Tenían que acostumbrarse eso era todo, me repetí, aunque me dio cierta molestia, ya que incluso Isabella parecía perdida y hasta cierto punto, herida, por más que intentas mantener la sonrisa. Francis termino su labor, y vino había mi lado, abriendo la puerta, sonrió.

-vamos, Nessie…-y pase mi mano por su cuello mientras que sus brazos tomaban mi espalda y piernas, alzándome y avergonzada, por más que no tuviese motivos para estarlo, pero que todos ellos me miraran era inquietante. Él subió los escalones de la casa para luego ayudarme a sentarme cómodamente en la silla de ruedas; la lesión en la parte lumbar en mi cadera, a causa de la caída, había quitado cualquier tipo de movilidad de la zona de mi estomago para abajo. Tenía cierta sensibilidad pero eso no indicaba nada, solo me avisaba cuando tenía ganas de ir al baño, nada más; por suerte ya podía desplazarme sola con la silla de ruedas, la fuerza de mi brazo izquierdo, aunque aun perezoso, ya me permitía usas ambas manos, y eso era algo bueno, muy bueno. Francis, ajusto el cinturón de mi silla de ruedas, porque tendía a deslizarme hacía delante por la falta de firmeza de mi columna y cadera mientras que al rato me acomodaba las piernas para que no lucieran raras, y sonriéndome, me beso castamente, porque lo que sentí como se me prendía fuego cada parte de mi piel.

Él se separo de mí, yendo para cerrar la puerta de la camioneta y tomar mi maleta; hice apego en mi valentía, que ahora parecía no querer responderme, y mire hacia ellos. parecían consternados, así que me enfoque en el hombre que me entendería, el hombre mayor en silla de ruedas que estaba junto a una mujer ya madura, una embarazada y un hombre blanco que parecía conteniendo algo, porque respiraba agitadamente.- ¿algún día podríamos jugar una competencia, señor?- le propuse y el señor, melancólico sonrió.

-si, claro que si mi niña…-Francis regreso hacía mi, y con una mano impulso la silla de ruedas.

-adiós, y gracias…-me despedí, sin realmente prestar atención, concentrada en lo que tendría que arreglar en la casa, mientras que Francis me repetía.

-son muy raros…- en encorve de hombros, para no darle importancia, mucha gente por mucho tiempo me dijo rara y no creo que lo sea.-…esta noche, te alimentas…-a lo que casi se me va la respiración, y me sonroje mientras me mordía el labio.

Espero que les haya gustado. Hasta el próximo capítulo.

Bueno este capi iba a ser más largo, pero lo tuve que acortar un poco, o sino se hacía eterno. Me olvide de aclarar que las bestias que atacaron a Nessie, eran lo que cayo nombro en "Amanecer", como los hombres de la luna, fue lo que más o menos me imagine que eran.

Los personajes no me pertenecen pero si la historia.