Notas iniciales: Me di cuenta de que el Omake anterior realmente fue hecho sin nada de inspiración… así que les regalo este que sigue estando fuera de la continuidad, pero que quisiera que fuera algo más… de disfrute para los fans que piden del Zoyn. Agradezcan de esto a Ezeal, y a sus frases de mierdecilla, en donde se demuestra como un adolecente petulante, algo pedante. Sí que inspiró a mucha gente.

Advertencia: Este es un capítulo explícito… digamos que Huele a Limón ;)


Omake 3: como amigos y quizá más.


Su reloj natural funcionaba de forma tan curiosa, que inclusive Rhaast se impresionaba al verlo levantarse justamente en el momento en el que la luz llenaba entraba por la ventana del cuarto. No una luz intensa como la del sol directamente, sino la refracción de las nubes que iluminaba a todo el cielo, y que causaba que las habitaciones del templo recibieran su primera luz del día.

Kayn se removía en su cama, se estiraba, hacía tronar su espalda como siempre, comenzando desde ese momento a estirar su cuerpo, preparado para un arduo entrenamiento, colocando un poco sus piernas juntas y luego de nuevo estirándolas. Miró hacia un lado, y vio que Rhaast seguía con su ojo abierto, vigilante, intransigente, y sin cambiar de forma alguna, un alivio para el chico, otro día más en el que la hoz no se levantaba por sí misma y lo apuñalaba con su voluntad de Darkin.

¿Qué me ves? ¿Acaso quieres los buenos días?

Preguntó en tono burlón el arma, solo causando que Kayn se girara de nuevo, ignorándolo para seguir con su rutina de despertar, levantándose de la cama.

¡Oye, cúbrete! ¡¿Por qué tengo que ver tus vergüenzas?!

Gritó nuevamente la hoz, desviando la pupila rasgada y cerrando su párpado para no ver la desnudez del Shieda, quien disfrutaba de la libertad que le daba el tener su propio cuarto, solo por ser de un rango tan avanzado. —¿Acaso los Darkin no tienen nada como esto? — preguntó el joven de forma presumida, como si fuera su gran orgullo, algo que o hacía superior a su molesta arma.

No tenemos la necesidad de poseer esa clase de miembros tan inútiles, ascendimos más allá de esos ridículos deseos humanos.

—Estás muy equivocado si piensas que soy alguna clase de esclavo del deseo sexual, como lo son todos los demás humanos normales— respondió Kayn ya poniéndose algo de ropa interior, apenas algo más que un taparrabos, queriendo emular el tono de presunción que su arma había utilizado para tratar de ridiculizar su orgullo —Los miembros de la Orden de la Sombra nos basamos en el celibato para poseer una mente centrada y equilibrada, lo que menos nos importa es esa satisfacción banal— y dicho esto, se encaminó a la salida del baño, tomando solo una toalla ligera para aprovechar las horas previas a que los demás acólitos se despertaran para poder ducharse.

Así pues, caminaba casi desnudo por completo, por los pasillos del antiguo templo que poco se ofendían ante esa clase de sucesos, tras haber presenciado cosas peores y más profanas por otros tiempos. Sin complicarse demasiado, cruzó por donde los compañeros, los supuestos vigías, estaban dormidos antes de que fuera el final de su turno en aquella posición, simplemente los pasó, solo recordando sus rostros para delatarlos con Zed. Y hablando de su maestro, esperaba que no fuera demasiado temprano, pues este disfrutaba darse baños sin que nadie más se enterara, por lo que usaba las primeras horas de la madrugada, antes siquiera de que el sol se elevara, y encontrarlo de esa forma en el baño, como había pasado antes, no provocaba nada más que escenas de incomodidad.

Así llegó hasta una pequeña choza apartada del templo, construida hace mucho tiempo específicamente como un baño para los miembros de la Orden Kinkou, pero ahora, por la ocupación de facto, la Orden de la sombra, abandonando a Rhaast recargado sobre la pared del muro al cual llegaba esta construcción. Abriendo la puerta sin seguro, cruzó sin importarle demasiado que una nube de vapor cálido salía de esta, y solo siendo hasta que la cerró, que escuchó voces en el interior de la choza. Levantó la mirada, viendo entre las nubes de ese vapor la cara de su maestro, distraído y con la mirada baja, sin que siquiera lo hubiera notado demasiado.

—¡Maestro! — gritó Kayn tratando de desviar la mirada, queriendo disimular la pena y la vergüenza lo más posible, no sin antes afianzar su agarre con su toalla, comenzando a retroceder sus pasos hacia la salida de nuevo —Lo lamento, mucho, es todavía muy temprano, no pensé que usted estaría aquí…— pero sus palabras quedaron simplemente silenciadas, pues el ruido que llenaba ese baño era él una voz femenina elevada con emoción, y el sonido de pieles chocándose una contra la otra. Entonces Kayn se dio cuenta de que su maestro no estaba solo, sostenía en sus manos las caderas de una mujer, contra la cual potenciaba el movimiento de sus caderas, mientras que ella doblaba su espalda, ofreciéndose al Maestro de la sombra a cambio de un intenso y sonoro placer corporal.

No fue hasta ese momento, que Zed comenzó a detener su cuerpo desnudo, levantando su mirada un poco de la espalda de su amante, y mirando a Kayn, quien, anonadado y estupefacto, solamente miraba a esa escena, dándose cuenta que la mujer cuyas manos se recargaban en el suelo mientras recibía la apasionada fuerza pélvica del maestro de la Sombra, no era otra sino Syndra, la cual dejaba que su cabello blanco cayera a los lados de forma descuidada.

—¡¿Qué están…!?— trató el Shieda de intervenir de alguna forma, como si su cerebro no hiciera el trabajo automático de unir las piezas y percatarse de lo que era esa posición, ni aquel movimiento. Pero tan pronto como lo entendió, sintió como algo similar al miedo recorriendo toda su piel, para luego percatarse de que no era más que una espesa pena. Zed finalmente lo miró con desconcierto, con la mirada aun desenfocada por lo que acaba de hacer con su amante, solo mirando a Kayn hasta que este comenzaba a retroceder.

—Oye…— comenzó a hablar Syndra, moviendo su cabello, sin preocuparse en cubrir sus pechos o el resto de su cuerpo desnudo, mirándolo con el brillo inusual de sus ojos ligeramente apaciguado —No es nada educado entrar sin antes tocar la puerta— le dijo burlándose un poco, dándose cuenta de que en su posición no representaba ninguna amenaza para ella ni para lo que hacían, solamente comenzando a levantarse, moviendo sus manos para acariciar el cuerpo de su amante desde atrás.

Sin decir nada más, Kayn simplemente salió del baño, tan distraído y tan intranquilo que no se percató de que había dejado a Rhaast recargado contra la pared al lado del baño.


¿Qué era entonces lo que había pasado? Aun ni siquiera podía contestarse eso, solo pensaba una y otra vez en la escena, sin poder encontrar la forma en la que eso había pasado. Tenía la idea de cómo era la relación de Zed con Syndra, y no pensaba que fuera más que un amor cortes entre aliados de un mismo bando. Ahora sabía que se aliaban de una forma distinta… y aquello lo mataba por dentro. Era como descubrir un engaño; pues había sido realmente engañado por las ideas infundadas por su maestro, pensando que la vida ninja debía de ser dedicada al celibato como parte del camino ascetista hacia el verdadero poder de la magia sombría.

Trataba de concentrarse en cualquier otra cosa que no fuera ese acto del cual había observado el final, pero solo parecía retornar al mismo pensamiento tras unos instantes, sin darse cuenta de que su propio cuerpo reaccionaba ante aquello. Trató de despejar su mente, levantándose, queriendo hacer cualquier otra cosa posible que le quitara de a mente las ideas que esa escena le provocaba. Abrió la puerta y salió al pasillo, recordando de pronto que Rhaast se había quedado en el patio, comenzando a andar en dirección del baño, escuchando más como todos los demás alumnos del templo habían comenzado sus días, pensando en que nuevamente, volverían a criticarle por el hecho de no bañarse, algo que ya no le importaría nuevamente.

Quizá al fin podría haberse dedicado a pensar en alguna otra cosa que le permitiera distraerse, solo para encontrarse frente a frente con su Maestro, tan pronto como giraba el pasillo, ahora usando su armadura, en su respetable posición de pie frente a todos los otros acólitos quienes se encontraban en el recibimiento de sus órdenes del día. Mientras que hacía todo aquello, Kayn trataba de no acercarse a él, y denunciar frente a todos lo que había presenciado. Solo esperó a que ellos le hicieran la reverencia y se despidieran, para luego finalmente volteando a verlo nuevamente.

—Finalmente termina tu descanso, es hora de que regreses a entrenar— le ordenó como si nada Zed, dando la vuelta y comenzando a caminar al interior del templo. Kayn se sorprendió por segunda vez en esa mañana, por el solo hecho de que nada hubiera sido mencionado.

—Disculpe, Maestro…— comenzó a decir el Shieda mientras lo seguía —Podría decirme… ¿Qué rayos fue lo que vi en el baño? – ni siquiera quería referirse al incidente de forma más directa que esa.

—Ah… eso— respondió el Maestro como si nada —¿Acaso no escuchaste lo que dijo Syndra? No deberías de abrir la puerta sin antes tocar— le dijo de forma simple, admitiendo así que todo eso había ocurrido, e incluso algo presuntuoso en la forma en la que ni siquiera hacía un escándalo de ello. Kayn trató de no gritar o siquiera de exaltarse, solo quería mantener la seriedad que debía de haber sido requerida desde el principio.

—¿Es en serio? — preguntó él mientras que comenzaba a caminar a la par de Zed —¿No se suponía que un verdadero Asesino Sombrío debería de estar en un estado de constante disciplina y celibato? — preguntó él de forma seguida, sin esperar verdaderas respuestas a todo eso, solo queriendo calmar su desasosiego.

—¿Celibato?— le llamó la atención al Maestro mientras que detenía su paso —Eso es algo que solo la Orden Kinkou solía hacer, yo abandoné ese estilo de vida cuando la abandoné, y no es algo que haya inculcado en ninguno— lo confrontó de forma seria, sin desear burlarse de la confusión, y a la vez manteniendo su estado de seriedad y estoico.

—Pero… pensaba que el fundamento de las artes asesinas eran el equilibrio en el cuerpo… el orden en la menta y en el cuerpo— comenzó a recitar algunos cuantos escritos que había descubierto meses atrás en el mismo templo, y que incluso su mismo maestro reconoció como documentos arcanos de valioso poder.

—Sí, se podría decir que eso es parte fundamental, pero es una tradición que no es necesaria seguir, quizá Shen sea la única persona que exista que dedica su vida a la pureza y al celibato para tratar de obtener el equilibrio, pero yo no— le informó de forma simple, pensando que sería algo obvio, y siempre trata no de mantener su postura como el jefe.

—Pero… Uno correría el riesgo de convertirse en esclavo de sus propias necesidades…— el muchacho trató repetir las cosas que Rhaast le había dicho, creyendo que tendría un punto válido.

—Volverse un esclavo del deseo sexual es exactamente lo que haría alguien débil, ningún verdadero guerrero debería de perderse ante esa clase de pensamientos, ni siquiera temer ante esos pensamientos— y dicho esto, dejó a Kayn en silencio, como si hubiera abierto la caja de pandora en su mete, ahora con una perspectiva distinta a la que tenía antes con el asunto; y quizá habría sido un buen tiempo para poner en marcha otro nuevo proceso de pensamiento, pero en ese instante, el Maestro recordó una cosa más —Por cierto, recupera a tu arma maldita que dejaste tirada en mitad del patio, no ha hecho nada más que insultar a todos los otros acólitos, y está causando un alboroto— le ordenó nuevamente, ahora de forma más directa, pues ya había sido una docena de alumnos quienes habían reportado a la cruel arma demoniaca que los amenazaba al cruzar la mirada con ellos.


No pudo volver a pensar en otra cosa más que en ese asunto durante las siguientes horas en el entrenamiento, e incluso terminando este, cuando sus deberes eran los de cuidar las cercanías del templo, siendo que al fin podría relajarse, Rhaast tuvo que intervenir y comenzar a burlarse del asunto con su tono habitual.

¡Sabía que ese maestro tuyo de pacotilla era un degenerado!

Gritaba el arma entre un tono de sorpresa, burla, disgusto, y algo de molestia también.

—Eres un imbécil si no puedes darte cuenta de lo que se trata el asunto— respondía Kayn molesto, tratando de sentarse al lado de un árbol para descansar, ya siendo el atardecer y comenzando pronto a enfriar el ambiente —Él se ha enfrentado a la tentación misma y ha podido mantenerse firme sin volverse un esclavo de sus deseos, Si lo piensas bien, es inclusive más fuerte que Shen— trataba de explicar el adolecente desde su lógica, aparentemente eso debía de ser muy obvio, pero su arma parecía encontrar gracia en eso aún.

Eso es lo que dice un humano, claro que sí, cree lo que tú quieras

Expresó con un pesado y denso sarcasmo en su voz.

—Quizá solamente te sientes con envidia porque tu especie nunca podrá sentir nada semejante a lo que un humano podría experimentar— ahora Kayn se comportaba de forma defensiva en favor de aquello que había juzgado tan mal en las horas tempranas de ese día.

No sé porque querría hacer algo como penetrar a alguien y dejarlo vivir después de eso, menos aún causar placer.

Se expresó con la justa forma el Darkin, comenzando a cansarse del tema y girando su ojo rojo mientras Kayn finalmente lo dejaba de lado mientras se recostaba recargado al árbol.

—Ahora sé que no tienes idea de nada de lo que hablamos— decidió simplemente derrocar su opinión de toda importancia, simplemente colocando sus brazos detrás de su cabeza, suspirando mientras que miraba al atardecer con su mirada aun seria.

¿Quizá disfrutaste demasiado ver a Zed haciendo eso con aquella mujer?

Sugirió el arma como si nada, conociendo bien los pensamientos del joven Shieda por la unión que tenían.

—¡Para nada! — protestó el muchacho, incomodado de la sola mención de algo como eso, doblando su cuerpo para que no se notara la reacción que le causaba pensar en aquello.

No recuerdo que llevaras una cuchilla en tus pantalones…

Se refirió a aquel bulto que llevaba en su pantalón, tapándolo con una sola mano, moviendo a la hoz a un lado, pues se sentía de pronto como si ese violento ojo invadiera la privacidad.

—Deja de molestarme— respondió a aquello, cruzando las piernas y tratando de calmarse, pues realmente había quedado vulnerable en ese momento. Arrojó al arma a un lado dejando que se perdiera de forma oportuna entre los arbustos.

¡Hey, creo que maté a un Yordle! Espera… olvídalo, era solo una ardilla.

Escuchó por último decir a Rhaast antes de que comenzara a tratar de meditar en el asunto. Cierto era que aquella situación lo había hecho sentir de una forma que jamás había experimentado, pero no era porque hubiera tenido deseos de Zed, o de Syndra, simplemente era la situación intensa que presenció lo que había provocado aquella reacción en su cuerpo. Reacción que se mantenía durante solo minutos, hasta que, respirando con tranquilidad, lograba controlarlo. Pensaba que eso era el equilibrio, y por ahora estaba bien, pues si lo recordaba, solo había otra persona que le había causado algo similar y esa persona era…

—¡Maldito Ezreal! — escuchó como alguien gritaba sobre él, abriendo los ojos de golpe solo para ver a la chica de cabellos naranjas e iridiscentes descendiendo por un portal, cayendo entre sus piernas cruzadas.

—Oh… Zoe… hola— le saludó a su amiga, quien llegaba descargando su enojo de forma emocionalmente inestable, abrazado al Shieda por el cuello tan pronto como hubo cerrado el portal.

—¿Puedes creer lo que dijo? Dijo que soy demasiado vieja para él…— comenzaba a sollozar mientras que comenzaba a pegarse más al cuerpo del muchacho, quien solo trataba de sostenerla de la cintura para alejarla de sí mismo, resultando contraproducente en la forma en la que sus manos acariciaban las partes descubiertas por la ropa de la chica.

—Si… puedo creerlo… pero realmente tiene razón, tú has dicho que tienes miles de años— respondió él, tratando de alejarla, a lo que ella solo volvía a pegar su cara contra el cuello del chico.

—Lo sé… pero eso no quiere decir que piense como una vieja, sigo siendo una chica después de todo— comenzó a calmarse, mirando a Kayn, con su cara roja y tratando de evadir el contacto ocular con ella.

—Bueno, no puedes cambiar su forma de pensar— contestó él mientras que volvía a tratar de alejarla, finalmente bajándola de sus piernas, y sentándola frente a él, lo suficiente para que no le volviera a causar los sentimientos extraños que dentro de sí mismo comenzaban a enervar —¿Y para qué quieres que él te haga caso? Pensaba que ya lo habías olvidado— expresó de forma poco segura, al ver que Zoe no hacía otra cosa que verlo de forma directa.

—No lo había olvidado, aunque creo que ahora ya no tengo otra opción…— se lamentó mirando hacia abajo, observando extrañada como Kayn se ponía a la defensiva, cubriendo la parte entre su vientre y su ombligo.

—Pues que bien… pareciera que nada te deja satisfecha cuando se trata de chicos— siguió agregando el muchacho, sin desear dejar de fuera el regaño al cual finalmente, su amiga estaba haciendo caso —De por si yo ya estoy contigo todo el tiempo, más que Ezreal, y aun así lo sigues buscando a él— expresó con algo de celos, expresándose de esa forma por primera vez para su amiga, escuchándola de nuevo en silencio, solo girando su mirada para verla de nuevo, encontrándose con el rostro de la chica, ahora sin una sola lágrima, sino sonrojada y con ambos ojos ampliamente abiertos.

—Yo… Kayn…— expresó ella ahora cubriendo su boca con ambas manos —Lo siento, no quería decir que él es mejor que tu o algo, solo…— trató de desviar ahora la mirada, demasiado apenada como para verlo de forma directa, en especial porque él no se inmutaba por como ella se sonrojaba —Pe—pero, no te preocupes, de ahora en adelante, serás el único para mí— y dicho esto, volvió a cerrar la distancia entre ambos, volviendo a abrazar al Shieda, quien sin quererlo, comenzaba a sonrojarse de la misma forma que ella.

—¡¿Qué haces?!— gritó él tratando de alejarla, sintiendo como ella comenzaba a acercar más sus piernas contra él, contra su parte, sensible por la reciente excitación, y contrariando sus deseos más profundos de liberar su tención, y solo haciéndola a un lado. A lo lejos, Rhaast habría pensado que su portador estaba en proceso de ser asesinado, aunque no era algo que le importara demasiado.

—No tienes por qué ponerte celoso— dijo ella con tranquilidad ahora, suspirando contra el cuello del muchacho, alcanzando la cola de su cabello y la acariciaba —Eres mejor que Ezreal, más divertido, más atento, y más…— trató de seguir alagándolo, pero el muchacho volvió a empujarla nuevamente.

—En serio, Zoe, no hagas eso, tengo un límite de cuanto puedo ser abrazado, y lo sobrepasaste hace un buen rato— le advirtió con su voz de verdadera molestia, sin deseos de sentirse excitado ante ella, a quien consideraba quizá su amiga más cercana, pero que nunca había decidido intimar de ninguna forma más que con simples pláticas.

—Oh vamos, no me digas que no soy importante para ti— sujetó las manos que el muchacho colocaba sobre sus hombros, acariciando sus mejillas contra estas, mirándolo a los ojos y volviéndose a sonrojar, como si estuviera frente a una pequeña y adorable criatura peluda.

—Bueno, quizá lo eres un poco, diría que es porque eres la única amiga que tengo— le sorprendía lo suave que era la mejilla de Zoe, sin duda algo que deseaba poder tocar algo más, aunque fuera de una forma inocente, comenzó a mover la palma de su mano contra ella, quien reaccionando como una clase de roedor adorable. Le sorprendía verla finalmente de aquella forma, pero realmente comenzaba a pensar en su amiga de una forma que nunca antes había logrado sentir.

—Y tú eres el mejor de todos los chicos que he conocido— y de forma quizá juguetona e inocente, ella comenzaba a eliminar nuevamente el espacio que los separaba. Le parecía algo repentino su cambio, pero a la vez lo llenaba de un sentimiento desconocido el verla abrazarlo con tanto cariño y paz, hasta el punto en el que no pudo resistir, y de igual forma correspondió el abrazo, sin darse cuenta que sus manos se posaban en lugares en los que jamás se había atrevido a colocarlas antes.

—Eso es obvio, no existe mejor chico que yo— corroboró Kayn, girando su mirada a otro lado, dejando simplemente que la cálida sensación del abrazo lo llenara, sintiendo nuevamente a su amiguito despertar entre sus piernas y elevarse contra su vientre, aprisionado solamente en contra de su pantalón, al no usar nada más, se dejaba llevar cada vez más por la cercanía de sus cuerpos, como si aquellas sensaciones fueran un derecho que surgía al tenerla como una amiga.

—Kayn…— susurró ella abrazándolo por los hombros, comenzando a disfrutar de la masculina piel desnuda de él, a la vez que su aroma de la misma procedencia la hacía sonrojarse por ciertos pensamientos que solo a veces se restringía. No fue hasta después de unos minutos de estar en esa misma posición, que ella comenzó a moverse aún más, pronto encontrándose con aquello que el muchacho habría preferido ocultar —Rhaast ha estado muy callado— dijo ella de pronto, alejándose de su amigo un poco, comenzando a mover sus piernas para luego darse cuenta, de que no había nada similar a Rhaast por esa parte.

—No… no es Rhaast— respondió él como si el hecho de que ella ahora hiciera contacto con su erección solo fuera una molestia más —Esta cosa se puso así desde que encontré a Zed en los baños con… Syndra, realmente es algo que no puedo controlar y me ha estado torturando todo el día— seguía expresándose de aquella forma, ahora mientras la abrazaba, solo se alejaba aun poco de ella para dejar claro que era algo que salía de su poder.

—Ya veo…— comentó ligeramente la chica del Monte Targón, intrigada por lo que había visto a Zed haciendo, pensando que sería lo que imaginaba, pero sin demasiado detalle; fue entonces cuando recordó que, de hecho, tenía cierto conocimiento en aquello —¡Yo sé cómo podría ayudarte! — exclamó mientras que levantaba la mano.

—¿Cómo podrías saber cómo ayudarme? — preguntó primero él, entre incrédulo y celoso por la forma repentina en la que ella de pronto tenía algo de experiencia en el asunto.

—Digo, jamás he visto uno… pero entre todos mis viajes he llegado a ver cosas extrañas, así que creo que sé cómo ayudarte— le aseguró, haciéndolo sentir con más confianza de la que ella misma tenía en sus propias experiencias, que no se acercaban a más que haber observado el acto a la distancia, sin demasiado detalle, solo sentía el deseo de ayudar a su amigo.

—No sé qué cosas hayas visto, pero si no logro liberar eso que siento, no podré seguir con mi vida normal— agregó de forma pausada el muchacho, comenzando a bajar su pantalón, dejando salir su miembro considerablemente más duro de lo que había estado en la mañana, sin que nada más lo cubriera.

—¡Vaya! — se sonrojó más Zoe, tratando de controlar lo nerviosa que se había puesto de un momento al otro al verlo tomar esa acción, riendo un poco, pero tapando su boca para no ofenderlo, acercando su mano lentamente la erección del muchacho, que de pronto parecía temblar con solo acercársele.

—Con mucho cuidado— dijo tras sentir como ella comenzaba a acariciarlo. Sus manos eran más suaves y cálidas de lo que esperaba, y sonreía mientras lo hacía, pasando los dedos entre la punta mientras que ambos comenzaban a suspirar con lentitud.

—Tranquilo, no es tan difícil— y como si fuera lo obvio que tenía que hacer, comenzó a usar ambas manos para masajearlo, siempre con cuidado de no enterrar sus uñas o de doblarlo demasiado.

Todo aquello resultaba efectivamente nuevo para Kayn, quien en su vida había puesto sus manos sobre su parte por otra cosa que no fuera para limpiarla en sus escasos baños que se daba tras los entrenamientos. Pero ahora se abría ante él un nuevo mundo de sensaciones, pues solo con una mano Zoe lograba debilitar su cuerpo entero, llenándolo de una cálida sensación que lo recorría por completo y lo hacía doblar su espalda hacia adelante y hacia atrás, como si una fuerte tensión moviera toda su espina, hasta que de pronto, ansiando llegar más lejos, las manos de su amiga se detuvieron. Abrió sus ojos nuevamente para ver por qué había parado, y sus manos estaban llenas de un fluido trasparente que había salido de la punta de su miembro.

—Espero que eso no sea lo que creo que es— comentó Kayn de pronto, apenado por haberse vuelto tan vulnerable ante ella.

—Creo que esto es normal— respondió Zoe tomando apenas las diminutas muestras que se habían adherido a su mano y comenzaba a lamerlo, extrañada e intrigada a la vez por ese curioso sabor.

—Se sintió bastante bien— agregó él, sintiendo que la temperatura de su cuerpo entero bajaba, suspirando, pero aun conteniendo su erección.

—Creo que aún no termina— contestó Zoe mientras que limpiaba sus manos en el suelo —Pero antes de seguir… ¿Qué tal su mi das un beso? — abrió sus ojos de par en par, sonriendo sonrojada, como si aquello fuera su deseo infantil más secreto, pegando sus manos a los lados de sus mejillas, casi procediendo ella misma en el beso.

—¿Un beso? — esa proposición extrañaba más al Shieda que todo lo anterior, pues ni siquiera entendía como se relacionaban los besos con todo lo demás que había estado aprendiendo ese día. Pero sintiendo que debía de seguir avanzando con Zoe, y de cierta forma, motivado también por la intimidad que habían tenido hacía unos instantes, decidió que sería una clase de recompensa para ella —De acuerdo, pero solo uno— acordó él mientras que se movía hacia ella, causando que cerrara los ojos, solo para besar su frente de forma rápida, ni siquiera queriendo tocar demasiado su piel.

—¡No, me refería a un beso en los labios! — exclamó la chica aspecto al haber sentido ese toque de forma tan inesperada tras el acercamiento del chico, dando una vuelta de ciento ochenta grados a su actitud, ahora mostrándose ofendida y exigente con él.

—¿En los labios? — dudó él de hacerlo por unos segundos, como si esa idea fuera aún más descabellada —De seguro ni siquiera te has lavado los dientes, que asco— replicó molestó, tratando de alejarla.

—¡Oye! — ella se molestó, evitando que él la moviera, sujetándolo de los hombros —Y tú tampoco te has bañado en días, y aun así toqué a tu cosita— replicó de manera bastante ingeniosa ella. Kayn no supo si es que debía de sentirse personalmente ofendido por eso, pero incluso con lo poco que había sudado ese día, se notaba que no se había aseado correctamente.

—De acuerdo…— cedió tras tan solo unos instantes, luego de que ella lo siguiera viendo con el ceño fruncido, causándole un cambio tan instantáneo como el anterior, ahora acerándose a ella de manera lenta, comenzando a percibir más el aroma que llevaba sobre su cuerpo, sorprendido de que fuera suave y agradable, a diferencia de la idea que se habría hecho desde antes, comenzando a acercar sus labios hasta que finalmente se tocaron de manera algo inocente y torpe, causando que los dos cerraran los ojos, concentrándose solamente en la calidez y suavidad del otro, encontrándolo más satisfactorio de lo que habrían esperado.

Para Zoe ese beso fue simplemente perfecto, al fin juntándose con un chico lindo, quien realmente sentía que era importante para ella, de entre los infinitos millares de hombres que existirían en las realidades a las que ella había visitado, realmente sentía cómo Kayn era distinto a todos ellos. Tan pronto como se separaron del beso, ella se abrazó del hombro del muchacho, alegre y agradecida, habiendo sido esa su verdadera recompensa.

—Te quiero— le expresó con un suspiro, aun con sus ojos cerrados, pegando su boca al cuello del muchacho, respirando sobre este, solo con calma aspirando su aroma, aroma que para cualquier otra chica habría parecido desagradable, pero para Zoe, era característico de Kayn, y eso lo hacía miles de veces más agradable.

—Supongo que yo a ti… un poco— admitió el Shieda pasando su mano por el cabello de su amiga, mirándola atentamente, ahora encontrando un equilibrio en su cuerpo, en donde podía tenerla de forma cómoda tan cerca como fuera necesario, dejando de molestarle la invasión de espacio personal que antes tanto le irritaba. Zoe solo se movió un poco más hacia él sintiendo de nuevo su miembro, aun algo endurecido, solo pensando en lo bien que debía de sentirse para él aquellas sensaciones, pensando también en lo placentero que había resultado para ella el ser la única que podía causarle sensaciones así. Comenzó entonces a mover un poco sus piernas, colocándolas alrededor de la cintura del chico, quien parecía en trance solo por los más apartados roces que ella realizaba sobre su parte más sensible.

—Kayn…— se complació ella de susurrar su nombre al oído, mientras que él tan solo la sujetaba más de la cintura —Podemos seguir haciendo lo que hacíamos si quieres— lo miro de frente luego de eso, verdaderamente deseosa de perpetrar en lo desconocido, de donde sólo sabía que podría encontrar placer.

—Solo si prometes no hacer de esto un gran escándalo, ni contárselo a nadie— le hizo él prometer, temiendo que aquel lado tan blando de su persona fuese conocido por cualquiera, en especial por su propio maestro, quien seguramente encontraría muy distante sus propias acciones con Syndra a lo que él hacía con Zoe.

—Por supuesto que sí, será nuestro secreto del bosque— replicó ella, con una sonrisa que fingía malicia, acercando su mano a su boca como para que el sonido de su voz no se escapara demasiado. Y tal y como si lo hubiera pedido, el Shieda respondió a su petición, acercándose a ella nuevamente y besándola en los labios, pero esta vez, estos no simplemente se pegaron de forma frontal y paralela, sino que fueron impactados de lado, uno sobre el otro, lo que facilitó que ambas bocas se abrieran casi al instante, y la chica, inexperta e inexperimentada como podía serlo, trató de seguir los movimientos de él, encontrándose de pronto con su lengua, causando que ambas se rozaran de manera tímida y casi por pura equivocación. Pero pese a la sorpresa, los movimientos de Kayn tenían un ritmo contra su boca, y no le tomó demasiado aprenderlo, simplemente moviendo su lengua contra la de él cuando se acercaba, quizá por su mismo deseo, pegándose más contra él, intensificando el momento, solo pensando en la fuerza del beso, como si se tratara de una clase de baile entre sus bocas.

Pondría haber admitido en ese momento, que se volvería un adicto a aquellos besos, no habría tenido ningún problema, en someterse a Zoe como si fuera un simple esclavo a los pies de un emperador. Pero tan pronto como sus labios se separaron, no encontró en Zoe una mirada imperante ni nada por el estilo. De hecho, ella se miraba más sonrojada que él, respirando con agitación, pasando su lengua por sus labios un par de veces, solo para cerciorarse de que aquel beso había sido real.

—Nunca había sentido nada así— pronunció ella entre las lamidas de sus labios, siendo como si no supiera que más hacer, o cómo proceder con la situación, hasta que Kayn simplemente la sostuvo de forma más afianzada por la cintura, volviendo a frotarse contra ella, contra su pequeño short que apenas le cuidaba la intimidad, y que ahora se había vuelto tan sensible como si no tuviera nada puesto.

—Todo esto se ha sentido demasiado bien— respondió él, sin perder un solo momento y volviendo a rozarse contra ella, casi perdiendo el control de su cuerpo, sin siquiera recordar claramente las palabras de Zed, y quizá si las hubiera recordado, todo eso de no volverse un esclavo del placer, probablemente él mismo se habría dado la oportunidad de perderse un rato en esas sensaciones, antes de prometerse no volver a doblegarse ante ellas.

—¡Espera, Kayn! — lo detuvo él, haciéndole creer por unos instantes que la había lastimado, pero mirándola con serenidad tras unos instantes, alejándose de él por unos segundos para tomar aire y mirar hacia abajo —No se vale, tú no tienes casi nada de ropa, déjame quitarme un poco a mí— y solo con decir eso, se sentó frente a él, comenzando a quitarse ella misma el pequeño short que llevaba al lado de las prendas que cubrían su parte baja. Se cubrió algo apenada tan pronto como lo hizo, siendo quizá una idea mejor pensada que ejecutada, al darse cuenta de la forma inusual en la que esa parte estaba más caliente que el resto de su cuerpo.

—Pues habiendo llegado hasta este punto, bien podríamos hacer lo mismo que Zed estaba haciendo con Syndra— comenzó a hacer su camino hacia ella, permitiendo que se recostara en el pasto, mirándolo con su cara sonrojada, sin dar ninguna clase de negativa —Solo si tú lo deseas, claro…— le preocupó unos instantes que ella pudiera molestarse y huir, pero en lugar de eso, solo tragó saliva.

—So—solo si me das otro beso— pidió ella, quizá algo dudosa aun de llegar a lo siguiente que, de cualquier forma, ella misma ni siquiera sabía exactamente lo que era. Solo vio como el chico se acercaba de manera lenta de rodillas, bajando más su pantalón, con una mirada entre confundida y ansiosa en sí mismo.

—De acuerdo, solo otro más— fue la aceptación de Kayn, cerrando el trato tan pronto como se colocó entre las piernas de tu amiga, separándolas al pasar, inclinándose sobre ella, besándola nuevamente de forma sorpresiva, forzándola a cerrar los ojos de la emoción, alcanzando a tomarla de las muñecas contra su pecho.

Volvió a sumergirse en el mundo de aquel beso en el cual de pronto estaba atrapada pese a haber sido ella misma quien lo pidió, oscilando entre motivada y apaciguada cada que sentía a Kayn invadir su boca con su lengua; pero pronto, como si no pudiera haberlo esperado, él comenzó a invadirla con su miembro. Abrió sus ojos, y sintió su respiración alterarse un poco, apretando sus uñas de una mano sobre la piel del ninja, y simplemente raspando su hombro demoniaco con la otra, sin saber si pedirle que se detuviera, pensando que podría hacerlo en cualquier momento, ella estuvo dispuesta a soportar ese dolor, con la idea de que llegaría a ser más íntimo con él de lo que jamás habría imaginado. Más confundida por la forma en la que todo había escalado de forma tan repentina de un punto al otro, soportó la forma en la que él entró en su intimidad, desgarrando esa poca inocencia que nada más le habría podido arrebatar.

—Estoy dentro— se separó el Shieda del beso, diciendo eso en cuanto pudo, mirándola adolorida, sin comprender cómo podía un Aspecto sentir dolor por algo tan simple como eso —¿Estás bien? — le preguntó hasta el momento en el que la había penetrado por completo, tratando de mirarla a los ojos que tanto huían de los suyos.

—Si… está bien— Zoe respiró mientras respondía a la mirada de él, acariciando sus brazos y sonriendo con plenitud, tratando de asegurar con esto que se encontraba en buen estado, pero simplemente decidía no cuestionarse acerca de ese dolor tan pulsante que le había hecho sentir el perder su virginidad —Estoy bien, solo necesito esperar un poco— le pidió mientras que trataba de moverse un poco para ayudar al ángulo tan torcido en el que había entrado en ella, colocando finalmente sus piernas de forma ágil alrededor de la cadera del chico.

—De acuerdo, pero si deseas que paremos, solo dímelo— por alguna razón, esa sola muestra de preocupación llenó a Zoe de la confianza que necesitaba para seguir, moviéndose de nuevo y besando la frente del muchacho, quien solo contestó inclinándose sobre su cuerpo, suspirando mientras que le abrazaba un poco.

—De hecho, puedes seguir moviéndote si eso quieres— correspondió con esa confianza ella, cruzando a sus brazos por el cuello de Kayn, teniéndolo de cerca como pocas veces antes, al instante recibiendo su primera estocada con fuerza, moviendo todo su pequeño cuerpo en relación al de él, causándole un ligero bufido de dolor.

Era obviamente la primera vez de ambos, pero eso no evitaba que lo comenzaran a disfrutar, pues pronto, esa ansia de descubrimiento y de dominación del uno mismo volvió a ser sustituida por el puro placer, y el deseo. Solo miraba a su amante debajo de él, igualmente sonrojada, pero sonriendo a plenitud mientras que movía sus caderas a la par de él, motivando más las sensaciones que él ya de por si podía describir como únicas. Sentía que eso era una clase de juego, pero a la vez podía percibir la intimidad entre ambos, y muy a su pesar, ahora Zoe sería algo más para él que una simple amiga. Decidió acercarse a ella y besarla como las veces anteriores, para la sorpresa de ella quien esta vez ni siquiera lo había tenido que pedir. Y aquel beso fue como un detonante para ambos, moviéndose a más velocidad, tanto en las estocadas como en los movimientos de la lengua, volviéndose a separar por la pronta exigencia del aire, Zoe abrazó a Kayn por los hombros, pegando su barbilla contra el hombro musculoso del muchacho, comenzando a gritar ligeramente su nombre.

— ¡Kayn! ¡Kayn! ¡Es demasiado! — gritó de forma desesperada, sintiendo como aquellas sensaciones se acumulaban en la parte baja de su vientre cada vez más y más, sin saber cómo es que terminarían cuando fueran demasiado para soportarlas.

—Lo sé, es yo también siento que pronto ya no lo soportaré— para él también era algo nuevo el atestiguar su propio orgasmo, al menos estando despierto, pero no le impedía moverse más y más dentro de ella, ya acostumbrado a su tamaño, acumulando más y más fricción por el movimiento en el cálido interior de la chica. Solamente alcanzó a tomarla de las manos mientras aceleraba el movimiento de sus caderas de arriba hacia abajo sobre ella, mientras que las piernas de Zoe dejaban de abrazarlo, debilitadas por la fuerza del movimiento, dejándolas alzadas al aire de manera dispar.

—¡Kayn!— volvía a gritar ella, chillando sin control mientras que su amante llegaba al final de su movimiento, en la consecuencia inevitable de su acción.

Vaya, no sé qué clase de tortura le esté haciendo ese idiota a la mocosa molesta, pero debe de ser algo terrible para hacerla gritar así…

Musitó Rhaast para sí mismo a lo lejos, entre los arbustos desde donde no había podido escuchar nada más que los gritos y exigencias finales de la chica. Pero mejor fue que se quedara alejado del asunto, le habría sorprendido y hasta decepcionado ver a su portador reducido a aquella masa humana víctima de sus propios deseos.

A Kayn no le habría importado, como cualquier otra cosa que hubiera escuchado de su arma, pues ahora estaba en la plenitud de ser, sintiendo aun cómo el orgasmo recorría su cuerpo, cómo había liberado algo dentro de ella; pero viéndola a los ojos y compartiendo el ritmo alterado de respiración que él, sentía aun esa conexión íntima con ella, contrario a repulsión que pensó que regresaría a su mente al liberarse de esa carga tan pesada que lo había estado molestando desde el inicio del día.

—Estuvo bien— dijo mientras se acercaba y le besaba la frente a la chica de Targón, acariciando su mejilla con esa garra demoniaca que, pese a su aspecto, para ella se sentía tan suave como la seda, besándola de manera cariñosa, y abrazándola como a un tesoro o quizá más como a un peluche.

—Fue muy divertido— replicó ella mientras que estiraba un poco su espalda al sentirlo salir de ella —¿Quieres volver a hacerlo de nuevo? — le dijo tan pronto como se sintió liberada, percibiendo por primera vez cómo algo escurría de entre sus piernas, pero sin molestarse siquiera en ver lo que era.

—Creo que estoy bastante agotado para eso…— admitió la derrota Kayn, tratando de no aplastarla al recostarse a su lado, ni siquiera entrenar por horas enteras le habría dejado así de cansado.

—Está bien, yo también me siento un poco cansada— y dicho esto, bostezó estirando sus brazos, acercándolos al torso de Kayn, pegando luego su cara contra el bien formado pecho del muchacho —Creo que eso significa que estaré a tu lado siempre— comentó ella con gracia, solo como una aclaración.

—Siempre y cuando no le digas a nadie de lo que hicimos ahora, está bien— contestó un tanto resentido, comenzando a sentirse apenado y avergonzado por haber avanzado con ella de esa forma. Pero tan pronto como terminó de decir eso vio a la chica comenzando a dormir como si uno de sus propios hechizos la hubiera golpeado, suponiendo que aquello no hubiera sido lo que hicieron.

La abrazó un poco, sin querer moverla demasiado, dándose cuenta por unos instantes de que estaba en mitad del bosque, sobre un área en donde no volvería a salir pasto, casi desnudos por completo, sin preocuparse ya si alguien los veía o no, temiendo solo unos instantes, para luego volver a ver a Zoe, suspirando con tranquilidad. Acarició su cabello un poco, viéndolo desafiar la gravedad por unos instantes. Pasando luego su otra mano por la espalda de la chica. Nunca pensó que sería tan suave y tan cómodo acostarse con esa misma chica de esa forma, e inclusive encontraba más placentero verla dormir en silencio.

¡Hey! Kayn, ¿Lograste matar a la mocosa? ¿O ella te asesinó a ti?

Escuchó gritar a Rhaast esa y otras cosas más que poco le importaban realmente, ignorándolo en todo momento hasta que lo escuchó simplemente quedarse callado. Decidió simplemente quedarse estirado, dándose su espacio y a la vez dejando que Zoe se acomodara contra él, sin abrazarla tanto, sin cerrar los ojos, simplemente relajándose en el pasto.


FIN DEL TERCER OMAKE.


Notas finales: HE VUELTO :D

Lamento la tardanza, mi madre le disparó con una Boom Co. A la pantalla de mi laptop y la destruyó, tuve que enviarla a la capital para que la repararan y no fue barato, pero me la trajeron 2 semanas antes de lo esperado. Y si, habría subido este capítulo el miércoles pasado, pero mi trabajo es… muy jodido, y la palabra "puente" para ellos, refiriéndose a lo laboral, significa un periodo continuo de trabajo todo el fin de semana, hasta el punto que pedir un día libre después de una semana de 63 horas trabajadas es como matar a alguien.

Muy bien, ¿les gustó? Espero que les haya gustado, y si no, pues ni modo, ya lo escribí xD. ¿Qué dicen? ¿Qué los personajes tuvieron un OoC tremendo? Pro supuesto que lo tuvieron, para eso es un Omake, aunque pueden tomarlo como un universo alternativo. Realmente no habría sabido cómo hacer a un Kayn mínimamente sexual si hubiera tenido que seguir todos los cánones oficiales, y no lo digo como que no haya posibilidad, pero con honestidad, terminaría siendo un Kayn bastante frio, posesivo y quizás hasta violento, y esas cosas no me agradan, no soy fujoshi para estar disfrutando del sexo violento ni cosas por el estilo. A Zoe, obviamente tuve que cambiarla (creo), porque todos sabemos que sigue siendo una niñita virgen e inocente(creo), y que nunca sentiría dolor por algo tan simple como lo descrito en el fanfic(creo). Pero bueno, sé que el final fue algo abrupto, pues realmente no imaginaba a Kayn abrazando tanto a Zoe después de ese acto; quizá si les gustó este capítulo pueda continuarlo y hacer algo más… elaborado, por así decirlo, aunque me gustaría leer sus sugerencias con respecto a lo que les gustaría ver a estos dos hacer.

En fin, con respecto a mi vida personal: Odio mi trabajo, y mis jefes me odian a mi, y mi contrato se termina en dos semanas, lo que significa que podré escribir más :D No se preocupen, tengo planes de respaldo para pasar esta navidad sin empleo. En otras noticias, mi crush con quien jugaba LoL es ahora mi pareja, así que no pierdan esperanza, chicos sin vida que solo juegan LoL, pueden encontrar a la persona adecuada por allí ;)

¿Qué otra cosa? Empecé a ver Jojos, un capítulo por día, me encantó Phantom Blood, y también veo Goblin Slayer, lo veía mientras escribí eso (¡GSxSacerdotisa!)

Creo que no hay nada más que contar, intentaré subir el siguiente capítulo de la continuidad de la historia el siguiente domingo, si el empleo me lo permite.

Hasta luego.

Sean felices que aún hay mucho por lo cual vivir.

Aunque crean que no.

Me despido.

Bye_.—


P.D.: Hace un tiempo estuve jugando Paladins hasta que un grupo de argentinos me acusaron falsamente de haber hackeado y me banearon, luego traté de jugar Overwatch, pero me di cuenta de que es inferior en bastantes aspectos a Paladins, por lo que ahora volví a Paladins, ¿Alguien más lo juega :D?