Como saben trato de actualizar en fechas que son importantes para mí y hoy hace 4 años redescubrí los fanfics así que por eso aquí tienen el capítulo respectivo al mes de Marzo y gracias a los que le han dado una oportunidad a este fic
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Ahora a leer
Yo leo —dijo Laura recibiendo el libro de una cazadora— Capítulo 17 Probamos camas de agua
De eso estamos hablando —dijo Teseo para después recibir un puñetazo por parte de Orión— hay que genio
Fue idea de Annabeth.
Annabeth golpeo a Percy
Bueno lo que paso en parís también fue en parte idea tuya —le susurro a Annabeth a lo que esta se sonrojo
En Las Vegas nos hizo subir a un taxi como si realmente tuviéramos dinero y le dijo al conductor:
—A Los Ángeles, por favor.
El taxista mordisqueó su puro y nos dio un buen repaso.
—Eso son quinientos kilómetros. Tendréis que pagarme por adelantado.
— ¿Acepta tarjetas de débito de los casinos? —preguntó Annabeth.
Buena idea —dijo Icaros—
Se encogió de hombros.
—Algunas. Lo mismo que con las tarjetas de crédito. Primero tengo que comprobarlas.
Annabeth le tendió su tarjeta verde LotusCash. El taxista la miró con escepticismo.
—Pásela —le animó Annabeth.
Lo hizo.
El taxímetro se encendió y las luces parpadearon. Marcó el precio del viaje y, al final, junto al signo del dólar apareció el símbolo de infinito.
Yo quiero una de esas —dijeron varios—
Que no con la cuenta es más que suficiente —pregunto Quirón—
Pero tenemos que esperar a cumplir más de 18 —se quejaron algunos—
Al hombre se le cayó el puro de la boca. Volvió a mirarnos, esta vez con los ojos como platos.
— ¿A qué parte de Los Ángeles… esto, alteza?
Déjame adivinar se le subió el ego —dijo Icaros a lo que Percy asintió—
—Al embarcadero de Santa Mónica. —Annabeth se irguió en el asiento, muy ufana con lo de «alteza»-.
Si nos lleva rápido, puede quedarse el cambio.
No creo que haya sido buena idea —dijo Thalía— pero solo tienen un día para acabar la misión así que no tienen nada que perder
Creo que no debería haberle dicho aquello.
El cuentakilómetros del coche no bajó en ningún momento de ciento cincuenta por el desierto del Mojave.
En la carretera tuvimos tiempo de sobra para hablar. Les conté mi último sueño, pero los detalles se volvieron borrosos al intentar recordarlos.
Y eso solo fueron un par de días —dijo Nico—
El Casino Loto parecía haber provocado un cortocircuito en mi memoria.
Nico asintió
No recordaba de quién era la voz del sirviente invisible, aunque estaba seguro de que era alguien que conocía.
El joven Luke palideció mientras Luke bajo la cabeza
El sirviente había llamado al monstruo del foso algo más aparte de «mi señor».
Había usado un nombre o título especial…
— ¿El Silencioso? —Sugirió Annabeth—. ¿Plutón? Ambos son apodos para Hades.
Plutón no es un apodo —dijo un hombre vestido con un traje oscuro con una corbata a rayas negra y platino y una camisa gris con forma de lápida y se podían ver almas intentando escapar de su agonía sentado donde Hades estaba sentado anteriormente—
—A lo mejor —dije, pero no parecía ninguno de los dos.
—Ese salón del trono se asemeja al de Hades —intervino Grover—. Así suelen describirlo.
Meneé la cabeza.
—Aquí falla algo. El salón del trono no era la parte principal del sueño. Y la voz del foso… No sé. Es que no sonaba como la voz de un dios.
Los dioses se vieron entre si
Los ojos de Annabeth se abrieron como platos.
— ¿Qué piensas? —le pregunté.
—Eh… nada. Sólo que… No, tiene que ser Hades. Quizá envió al ladrón, esa persona invisible, por el rayo maestro y algo salió mal…
Hades bufo molesto
El señor Hades no es ningún ladrón —dijo Hesper—
— ¿Cómo qué?
—No… no lo sé —dijo—. Pero si robó el símbolo de poder de Zeus del Olimpo y los dioses estaban buscándolo… Me refiero a que pudieron salir mal muchas cosas.
Así que el ladrón tuvo que esconder el rayo, o lo perdió.
Tu teoría no iba tan mal encaminada pero el culpable era otro —le murmuro Percy a Annabeth—
En cualquier caso, no consiguió llevárselo a Hades. Eso es lo que la voz dijo en tu sueño, ¿no? El tipo fracasó. Eso explicaría por qué las Furias lo estaban buscando en el autobús.
O simplemente buscaban el yelmo de obscuridad —dijo Icaros—
Tal vez pensaron que nosotros lo habíamos recuperado. —Annabeth había palidecido.
—Pero si ya hubieran recuperado el rayo —contesté—, ¿por qué habrían de enviarme al inframundo?
Porque les faltan piezas del rompecabezas —dijo Icaros—
—Para amenazar a Hades —sugirió Grover—. Para hacerle chantaje o sobornarlo para que te devuelva a tu madre.
Tienes muy malos pensamientos para una cabra —dijo Frank—
Dejé escapar un silbido.
—Menudos pensamientos malos tienes para ser una cabra.
—Vaya, gracias.
—Pero la cosa del foso dijo que esperaba dos objetos —repuse—. Si el rayo maestro es uno, ¿cuál es el otro?
El yelmo del señor Hades —dijo Hesper—
Grover meneó la cabeza. Annabeth me miraba como si supiera mi próxima pregunta y deseara que no la hiciese.
Realmente esperaba que no la hicieras —dijo Annabeth—-
—Tú sabes lo que hay en el foso, ¿verdad? —le pregunté—. Vamos, si no es Hades.
Alguien a quien no querrán ver —dijo Hades muy serio—
—Percy… no hablemos de ello. Porque si no es Hades… No; tiene que ser Hades.
Dejábamos atrás eriales. Cruzamos una señal que ponía: «FRONTERA ESTATAL DE CALIFORNIA, 20 KILÓMETROS.»
Tenía la impresión de que me faltaba una parte de información básica y crucial.
Icaros asintió
Era como cuando miraba una palabra corriente que debía saber, pero no podía entenderla porque un par de letras estaban flotando. Cuanto más pensaba en mi misión, más seguro estaba que enfrentarme a Hades no era la respuesta.
Tienes una mente más abierta que la mayoría de los diosecillos —dijo Hades—
Estaba pasando otra cosa, algo incluso más peligroso.
El problema era que estábamos dirigiéndonos al inframundo a ciento cincuenta kilómetros por hora, convencidos de que Hades tenía el rayo maestro. Si llegábamos allí y descubríamos que no era así, no tendríamos tiempo de corregirnos.
En eso tuvimos suerte —murmuro Percy—
La fecha límite del solsticio habría concluido y la guerra empezaría.
Sigo con la idea que Nico es el pesimista —dijo Thalía—
—La respuesta está en el inframundo —aseguró Annabeth—. Has visto espíritus de muertos, Percy. Sólo hay un lugar posible para eso.
De hecho hay varios —dijo Hazel—
Estamos en el buen camino. Intentó subirnos la moral sugiriendo estrategias inteligentes para entrar en la tierra de los muertos, pero yo no lograba concentrarme.
Algo normal con tantos factores —dijo Icaros—
Había demasiados factores desconocidos. Era como estudiar para un examen del que no conoces la materia.
Algo muy seguido —dijo el joven Percy—
Y créeme, eso lo he hecho unas cuantas veces.
El taxi avanzaba a toda velocidad. Cada golpe de viento por el Valle de la Muerte sonaba como un espíritu.
Quieres saber cómo se escucha —pregunto Nico—
No gra…. —dijo Percy pero fue interrumpido por un sonido espeluznante que tuvo casi el mismo efecto que la risa de Hades— que fue eso —pregunto con la piel chinita—
Fui yo —dijo Hesper alzando la mano todavía en las piernas de Nico mientras soltaba una risita—
Y que fue eso —pregunto Annabeth estremeciéndose—
El sonido de un espíritu —explico Hades— normalmente los protectores los usan para ahuyentar a las almas en pena que quieren lastimar a su familia y con ese sonido los mandan al inframundo para ser juzgados
Cada vez que los frenos de un camión chirriaban, me recordaban la voz de reptil de Equidna.
No sé si sentir lastima o no por ti —dijo Thalía—
Al anochecer, el taxi nos dejó en la playa de Santa Mónica. Tenía el mismo aspecto que tienen las playas de Los Ángeles en las películas, aunque olía peor.
Tenemos que buscar la manera de arreglar eso —dijo Tritón—
Anfitrite y Poseidón asintieron
Había atracciones en el embarcadero, palmeras junto a las aceras, vagabundos durmiendo en las dunas y surferos esperando la ola perfecta.
Grover, Annabeth y yo caminamos hasta la orilla.
— ¿Y ahora qué? —preguntó Annabeth.
Que no es obvio te sumerges —dijo Teseo haciendo una seña con la mano de echarse un clavado—
El Pacífico se tornaba oro al ponerse el sol. Pensé en cuánto tiempo había pasado desde la playa de Montauk, en el otro extremo del país, donde contemplaba un océano diferente. ¿Cómo podía haber un dios que controlara todo aquello? Mi profesor de ciencias decía que dos tercios de la superficie de la tierra estaban cubiertos por agua.
De hecho —dijo Poseidón—
¿Cómo podía yo ser el hijo de alguien tan poderoso?
Pues lo eres —dijo Anfitrite—
Me metí en las olas.
— ¡Percy! —Llamó Annabeth—. ¿Qué estás haciendo?
Se va a dar un baño —dijo Teseo—
Seguí caminando hasta que el agua me llegó a la cintura, después hasta el pecho.
Ella gritaba a mis espaldas:
— ¿No sabes lo contaminada que está el agua? ¡Hay todo tipo de sustancias tóxicas!
Como no tienes idea —dijo Tritón—
En ese momento metí la cabeza bajo el agua.
Al principio aguanté la respiración. Es difícil respirar agua intencionadamente. Al final ya no pude aguantarlo. Tragué… No había duda, respiraba con normalidad.
Al principio es extraño —dijo Orión—
Podemos respirar en cualquier tipo de agua —dijo Teseo—
Hay sus excepciones —dijo Poseidón—
Bajé hasta los bancos. No se veía nada con aquella oscuridad, pero de algún modo sabía dónde estaba todo.
Es un sonar —dijo Tritón—
Sentía la textura cambiante del fondo. Veía las colonias de erizos en las barras de arena. Incluso distinguía las corrientes, las frías y las calientes, así como los remolinos que formaban.
Sentí una caricia en la pierna. Miré hacia abajo y por poco subo hasta la superficie como un misil.
Porque —pregunto extrañada Annabeth
Junto a mí había un tiburón mako de un metro y medio de longitud.
Si es solo un bebe —dijo Tritón—
Pero el bicho no atacaba.
No te aran nada —dijo Poseidón— respetan a todos los príncipes
Tan sólo me olisqueaba. Me seguía como un perrito. Le toqué la aleta dorsal con cautela y el tiburón corcoveó un poco, como invitándome a agarrarme con fuerza.
Que amable te ahorrara el camino —dijo Teseo—
Me así a la aleta con las dos manos y el escualo salió disparado, arrastrándome con él. Me condujo hacia la oscuridad y me depositó en el límite mismo del océano, donde el banco de arena se despeñaba hacia un enorme abismo.
Era como estar al borde del Gran Cañón
Jason ambos Leo y ambas Piper se miraron recordando que ahí había empezado todo
A medianoche, sin ver demasiado pero consciente de que el vacío está justo ahí.
La superficie brillaba a unos cincuenta metros por encima. Sabía que la presión debería haberme aplastado y que, desde luego, tampoco debería estar respirando. Sin embargo… Me pregunté si habría algún límite si podría zambullirme directamente hasta el fondo del Pacífico.
No lo hay pero es peligroso por todos los monstros —explico Poseidón—
Algunos semidioses murieron tratando de llegar al palacio de papá —dijo Tritón— lo mejor es esperar a que papá les abra camino
Entonces algo brilló en la oscuridad de abajo, algo que se volvía mayor a medida que ascendía hacia mí. Una voz de mujer muy parecida a la de mi madre me llamó:
—Percy Jackson.
Siguió acercándose y su forma se hizo más clara. La melena negra ondeaba alrededor de la cabeza y llevaba un vestido de seda verde. La luz titilaba en torno a ella, y sus ojos eran tan bonitos y llamativos que apenas reparé en el hipocampo que montaba.
Si es Meredith —dijo Tritón—
Desmontó. El caballo marino y el tiburón mako se apartaron y empezaron a jugar a algo similar al tú la llevas.
Como dije es solo un bebe —dijo Tritón—
La dama submarina me sonrió.
—Has llegado lejos, Percy Jackson. Bien hecho.
No estaba muy seguro de cómo comportarme, así que hice una reverencia.
No tendrías por qué hacerlo —dijo Anfitrite—
—¿Sois la mujer que me habló en el río Mississipi?
—Sí, niño. Soy una nereida, un espíritu del mar. No fue fácil aparecer tan río arriba, pero las náyades, mis primas de agua dulce, me ayudaron a mantener mi fuerza vital. Honran al señor Poseidón, aunque no le sirven en su corte.
Siempre tan serviciales —dijo Teseo siendo golpeado por Orión—
No te acerques a Meredith —dijo Tritón—
—¿Y vos sí le servís en su corte?
Asintió.
—Hacía mucho que no nacía un niño del dios del mar.
Porque no debería —dijo Zeus—
Al igual que los tuyos —dijo Poseidón muy serio—
Te hemos observado con gran interés.
De repente recordé los rostros en las olas de la playa de Montauk cuando era un niño, reflejos de mujeres sonrientes. Como en tantas otras cosas raras en mi vida,
Sobre todo cerca de Montauk —dijo Percy—
no había vuelto a pensar en ello.
—Si mi padre está tan interesado en mí —dije—, ¿por qué no está aquí? ¿Por qué no habla conmigo?
Porque no puede —dijo Anfitrite—
Aunque algunas veces te vi dormir —dijo Poseidón—
Una corriente fría se alzó de las profundidades.
—No juzgues al Señor del Mar demasiado severamente —me aconsejó la nereida—. Se encuentra al borde de una guerra no deseada.
Poseidón asintio
Tiene muchos problemas que resolver. Además, se le prohíbe ayudarte directamente. Los dioses no pueden mostrar semejantes favoritismos.
—¿Ni siquiera con sus propios hijos?
Son mayores favoritismos —dijo Orión—
Pero papá se las ingenia para ayudarnos —dijo Teseo
—Especialmente con ellos. Los dioses sólo pueden actuar por influencia indirecta. Por eso yo te doy un aviso, y un regalo. Extendió la mano y en su palma destellaron tres perlas blancas.
Odio esas perlas —dijo Hades—
—Sé que te diriges al reino de Hades —prosiguió—. Pocos mortales lo han hecho y sobrevivido para contarlo: Orfeo, que tenía una gran habilidad musical;
Un buen chico —dijo Apolo—
Hércules,
Hay algo que él no haya hecho —dijo Percy molesto—
Ir al tártaro —dijo Poseidón muy serio— cosa que espero no hagas
Percy se quedó en silencio viendo a Annabeth
dotado de enorme fuerza;
A pesar de su fuerza fue vencido por Percy —dijo Teseo—
Houdini, que podía escapar incluso de las profundidades del Tártaro. ¿Tienes tú alguno de esos talentos?
Tiene mejores —dijo Nico—
—Yo… pues no, señora.
—Ah, pero tienes algo más, Percy. Posees dones que sólo estás empezando a descubrir.
Bien dicho Meredith —dijo Tritón—
Los oráculos han predicho un futuro grande y terrible para ti, si sobrevives hasta la edad adulta. Poseidón no va a permitir que mueras antes de tiempo.
y tomando en cuenta que toda tu familia está relacionada con los dioses realmente espero que sobrevivas a la edad adulta —dijo Nico—
Así pues, toma esto, y cuando te encuentres en un apuro rompe una perla a tus pies.
—¿Qué pasará?
—Eso dependerá de la necesidad. Pero recuerda: lo que es del mar siempre regresará al mar.
Orión y Teseo asintieron
—¿Qué hay de la advertencia?
Sus ojos emitieron destellos verdes.
—Haz lo que te dicte el corazón
Eso siempre lo hago —dijo Percy—
o lo perderás todo. Hades se alimenta de la duda y la desesperanza. Te engañará si puede, te hará dudar de tu propio juicio. En cuanto estés en su reino, jamás te dejará marchar voluntariamente.
Eso depende —dijo Hades— además recuerden que mi Yelmo está desaparecido
Mantén la fe. Buena suerte, Percy Jackson.
Llamó a su hipocampo, montó y cabalgó hacia el vacío.
—¡Espera! —grité—. En el río me dijisteis que no confiara en los regalos. ¿Qué regalos?
Los que ya recibiste —murmuro Icaros—
—¡Adiós, joven héroe! —se despidió mientras su voz se desvanecía en las profundidades—. ¡Escucha tu corazón! —Se convirtió en una motita de luz verde y desapareció.
Quise seguirla y conocer la corte de Poseidón, pero miré hacia arriba, al atardecer que oscurecía la superficie. Mis amigos esperaban. Teníamos tan poco tiempo…
Nadé hasta la superficie.
Cuando llegué a la playa, mis ropas se secaron al instante.
Eso es de gran ayuda —dijo Orión—
Les conté a Grover y Annabeth todo lo ocurrido y les enseñé las perlas.
Ella hizo una mueca.
—No hay regalo sin precio.
Lamentablemente no —dijo Jasón—
—Éstas son gratis.
—No. —Sacudió la cabeza—. «No existen los almuerzos gratis.» Es un antiguo dicho griego que se aplica bastante bien hoy en día. Habrá un precio.
Aunque algunas veces el precio no es justo —dijo Jim—
Ya lo verás.
Fue un precio aceptable —murmuro Percy—
Con tan feliz pensamiento, le dimos la espalda al mar.
Quirón se sonrojo mientras algunos reían
Con algunas monedas que quedaban en la mochila de Ares
No me gusta esa mochila —murmuro Icaros—
subimos a un autobús hasta West Hollywood. Le enseñé al conductor la dirección del inframundo que había sacado del Emporio de Gnomos de Jardín de la tía Eme,
no funcionara la niebla no se los permite —dijo Hades—
pero jamás había oído hablar de los estudios de grabación El Otro Barrio.
Pa nombrecito —dijo Apolo—
—Me recuerdas a alguien que he visto en la televisión —me dijo—. ¿Eres un niño actor o algo así?
—Bueno, actúo como doble en escenas peligrosas… para un montón de niños actores.
Bueno fuera que pagaran por eso —dijo Percy—
—¡Oh! Eso lo explica.
Vas mejorando —dijo Hermes—
Le dimos las gracias y bajamos rápidamente en la siguiente parada.
Caminamos a lo largo de kilómetros, buscando El Otro Barrio. Nadie parecía saber dónde estaba.
Obviamente —dijo Hades—
Tampoco aparecía en el listín. En un par de ocasiones tuvimos que escondernos en callejones para evitar los coches de policía.
No fue un par —dijo Annabeth—
Me quedé atónito delante de una tienda de electrodomésticos: en la televisión estaban emitiendo una entrevista con alguien que me resultaba muy familiar: mi padrastro, Gabe el Apestoso.
Más te vale no hablar mal de mi familia —dijo Jim muy serio a la vez que le daba una trompada haciendo que Gabe escupiera un diente—
Estaba hablando con la célebre presentadora Barbara Walters; quiero decir, en plan como si fuera famoso.
Tú de lo único que vas a ser famoso es que tu cuerpo va a ser encontrado torturado y destazado —le murmuro Jim—
Ella estaba entrevistándolo en nuestro apartamento, en medio de una partida de póquer, y a su lado había una mujer joven y rubia, dándole palmaditas en la mano.
Una lágrima falsa brilló en su mejilla. Estaba diciendo:
«De verdad, señora Walters, de no ser por Sugar, aquí presente, mi consejera en la desgracia, estaría hundido.
Si como no —dijo Nico— ya estaba hundido sin la ayuda de Percy
Mi hijastro se llevó todo lo que me importaba. Mi esposa… mi Cámaro… L-lo siento. Todavía me cuesta hablar de ello.»
Y que dedo quieres que me chupe —dijo Jim molesto dándole otro puñetazo—
«Lo han visto y oído, queridos espectadores. —Barbara Walters se volvió hacia la cámara—. Un hombre destrozado. Un adolescente con serios problemas.
Serios problemas vas a tener tu —dijo dándole un golpe en la nariz rompiéndosela en el acto—
Permítanme enseñarles, una vez más, la última foto que se tiene del joven y perturbado fugitivo, tomada hace una semana en Denver.»
En la pantalla apareció una imagen granulada de Grover, Annabeth y yo de pie fuera del restaurante Colorado, hablando con Ares.
«¿Quiénes son los otros niños de esta foto? —preguntó Barbara Walters dramáticamente—.
Dos semidioses —dijo Leo—
¿Quién es el hombre que está con ellos?
El dios de la guerra —dijo Thalía—
¿Es Percy Jackson un delincuente, un terrorista o la víctima de un lavado de cerebro a manos de una nueva y espantosa secta?
si claro una secta —dijo Hermes divertido—
Tras la publicidad, charlaremos con un destacado psicólogo infantil. Sigan sintonizándonos.»
—Vamos —me dijo Grover. Tiró de mí antes de que destrozara el escaparate de un puñetazo.
Ahora si te buscarían por daños a la propiedad —dijo Frank—
Cayó la noche y los marginados empezaban a merodear por las calles. A ver, que no se me malinterprete. Soy de Nueva York y no me asusto fácilmente.
Algunos asintieron
Pero Los Ángeles es muy distinto de Nueva York, donde todo parece cerca. No importa lo grande que sea la ciudad, se puede llegar a todas partes sin perderte. La disposición de las calles y el metro tienen sentido. Hay un sistema para que las cosas funcionen. En Nueva York, un niño está a salvo mientras no sea idiota.
Y como sobreviviste —pregunto Nico—
Percy rodo los ojos
Los Ángeles no es así. Es una ciudad extensa y caótica en la que resulta difícil moverse. Me recordaba a Ares. No le bastaba con ser grande; tenía que demostrar que era grande siendo además escandalosa, rara y difícil de navegar.
Algunos dioses soltaron risas mientas Ares bufaba molesto
No sabía cómo íbamos a encontrar la entrada al inframundo antes del día siguiente, el solsticio de verano.
Nos cruzamos con miembros de bandas, vagabundos y gamberros que nos miraban intentando calibrar si valía la pena atracarnos. Al pasar por delante de un callejón, una voz desde la oscuridad me llamó.
—Eh, tú. —Como un idiota, me paré.
Es bueno reconocer las cosas —dijo Thalía—
Antes de que nos diéramos cuenta, estábamos rodeados por una banda. Seis chicos con ropa cara y rostros malvados. Como los de la academia Yancy: mocosos ricos jugando a ser chicos malos.
Y déjame adivinar lo hacen por llamar la atención y su familia les alcahuetea todo lo que hacen —dijo Orión a lo que ambos Percy asintieron—
Instintivamente destapé el bolígrafo, y cuando la espada apareció de la nada los chavales retrocedieron, pero el cabecilla era o muy idiota o muy valiente,
Yo voto por lo primero —dijo Perseo—
porque siguió acercándoseme empuñando una navaja automática.
Cometí el error de atacar.
No le pasara nada posiblemente piense que era algo de juguete —dijo Quirón—
El chico gritó. Debía de ser cien por cien mortal, porque la hoja lo atravesó sin hacerle daño alguno.
Desde ahí estabas practicando —dijo Rachel para desconcierto de todos—
Se miró el pecho.
—¿Qué demo…?
Supuse que tenía unos tres segundos antes de que la consternación se convirtiera en ira.
Yo voto por más tiempo —dijo Piper—
—¡Corred! —grité a Annabeth y Grover.
Apartamos a dos chavales de en medio y corrimos por la calle, sin saber adónde nos dirigíamos.
Giramos en una esquina.
—¡Allí! —exclamó Annabeth.
Sólo una tienda del edificio parecía abierta, los escaparates deslumbraban de neón. En el letrero encima de la puerta ponía algo como: «alpacio ledas sacam de augade crstuy.»
¿Qué dice? —pregunto Jason—
—¿Al Palacio de las Camas de Agua Crusty? —tradujo Grover.
Ese lugar me suena conocido —dijo Teseo—
No sonaba como un lugar al que yo iría a menos que me encontrara en un serio aprieto, pero de eso se trataba precisamente. Entramos en estampida por la puerta y corrimos a agacharnos tras una cama de agua. Un segundo más tarde, la banda de chicos pasó corriendo por la acera.
—Los hemos despistado —susurró Grover.
Una voz retumbó a nuestras espaldas.
—¿A quién habéis despistado?
Los tres dimos un respingo.
Detrás de nosotros había un tipo con aspecto de rapaz y ataviado con un traje años setenta. Medía por lo menos dos metros y era totalmente calvo. De piel grisácea, tenía párpados pesados y una sonrisa reptiloide y fría. Se acercaba lentamente, pero daba a entender que podía moverse con rapidez si era preciso.
Su descripción me suena pero no recuerdo a quien —dijo Teseo—
El traje, del todo propio de los setenta, habría podido salir del Casino Loto. La camisa era de seda estampada de cachemira, y la llevaba desabrochada hasta la mitad del pecho, también lampiño. Las solapas de terciopelo eran casi pistas de aterrizaje y llevaba varias cadenas de plata alrededor del cuello.
Hay que feo look —dijo Afrodita—
—Soy Crusty —gruñó con una sonrisa manchada de sarro.
Como el payaso de los simpson —dijo el joven Leo—
—Perdone que hayamos entrado en tropel —le dije—. Sólo estábamos… mirando.
—Quieres decir escondiéndoos de esos gamberros —rezongó—. Merodean por aquí todas las noches.
Gracias a ellos entra mucha gente en mi negocio. Decidme, ¿os interesa una cama de agua?
Buena forma de venta —dijo Leo—
Iba a decir «no, gracias», pero él me puso una zarpa en el hombro y nos condujo a la zona de exposición. Había toda una colección de camas de agua de las más diversas formas, cabezales, ornamentos y colores; tamaño grande, tamaño supergrande, tamaño emperador del universo…
¿Cómo cuantos cabían en la emperador del universo? —pregunto el joven Leo—
Creo como 15 o 20 personas —contesto Annabeth haciendo memoria—
Yo quiero una cama así —dijo Teseo—
—Éste es mi modelo más popular. —Orgulloso, Crusty nos enseñó una cama cubierta con sábanas de satén negro y antorchas de lava incrustadas en el cabezal.
Quirón crees que pueda tener una así —pregunto Nico—
No creo joven héroe no hay mucho presupuesto y no sé si en la cabaña que te quedes haya espacio —contesto Quirón—
El colchón vibraba, así que parecía de gelatina—.
Masaje a cien manos —informó—. Venga, probadlo. Tiraos en plancha, echad una cabezadita. No me importa, total hoy no hay clientes.
Yo no lo aria —dijo Teseo—
¿Y ahora que bicho te pico? —pregunto Orión extrañado—
No lo sé pero esto no me gusta —contesto Teseo mordiéndose la uña—
—Pues… —musité— no creo que…
—¡Masaje a cien manos! —exclamó Grover, y se lanzó en picado—. ¡Eh, tíos! Esto mola.
Este tipo está muerto —murmuro Teseo—
—Hum —murmuró Crusty, acariciándose la coriácea barbilla—. Casi, casi.
—Casi ¿qué? —pregunté.
Miró a Annabeth.
—Hazme un favor y prueba ésta, cariño. Podría irte bien.
—Pero ¿qué…? —respondió Annabeth.
Él le dio una palmadita en la espalda para darle confianza y la condujo hasta el modelo Safari Deluxe, con leones de madera de teca labrados en la estructura y un edredón de estampado de leopardo.
Quirón queremos unas así —dijeron los gemelos Pólux y Castor—
Misma respuesta que para el joven Nico —dijo Quirón—
Ambos vieron a Dionisio el cual solo chasqueo los dedos y sonrieron
Annabeth no quiso tumbarse y Crusty la empujó.
—¡Eh, oiga! —protestó ella.
Crusty chasqueó los dedos.
—Ergo!
Súbitamente, de los lados de la cama surgieron cuerdas que amarraron a Annabeth al colchón. Grover intentó levantarse, pero las cuerdas salieron también de su cama de satén y lo inmovilizaron.
—Teseo hizo una mueca— enserio que tienes mala suerte—
—¡N-n-no m-m-mola-a-a! —aulló, la voz vibrándole a causa del masaje a cien manos—. ¡N-n-no m-m-mola na-a-a-da!
El gigante miró a Annabeth, luego se volvió hacia mí y me enseñó los dientes.
—Casi, mecachis —lamentó. Intenté apartarme, pero su mano me agarró por la nuca—. ¡Venga, chico!
No te preocupes. Te encontraremos una en un segundo.
—Suelte a mis amigos.
Bueno fuera que con solo pedirlo lo hicieran —dijo Aquiles—
—Oh, desde luego. Pero primero tienen que caber.
—¿Qué quiere decir?
—Verás, todas las camas miden exactamente ciento ochenta centímetros. Tus amigos son demasiado cortos. Tienen que encajar.
Annabeth y Grover seguían forcejeando.
—No soporto las medidas imperfectas —musitó Crusty—. Ergo!
Tomando en cuenta que el mide más de 180 cm —dijo Teseo—
Dos nuevos juegos de cuerdas surgieron de los cabezales y los pies de las camas y sujetaron los tobillos y hombros de Grover y Annabeth. Las cuerdas empezaron a tensarse, estirando a mis amigos de ambos extremos.
Ambas Annabeth y Grover se quejaron de dolor
—No te preocupes —me dijo Crusty—. Son ejercicios de estiramiento. A lo mejor con ocho centímetros más a sus columnas… Puede que incluso sobrevivan, ¿sabes? Bien, busquemos una cama que te guste.
¿No hay una historia de cómo lo vencí? —pregunto Teseo—
No recuerdo —contesto el joven Percy—
—¡Percy! —gritó Grover.
La cabeza me iba a cien por hora. Sabía que no podía enfrentarme solo a aquel grandullón. Me rompería el cuello antes de que la espada se desplegase.
Dale por su lado —dijo Teseo—
—En realidad usted no se llama Crusty, ¿verdad?
—Legalmente es Procrustes —admitió.
—El Estirador —dije. Recordaba la historia: el gigante que había intentado matar a Teseo con exceso de hospitalidad de camino a Atenas.
Demasiado hospitalario —dijo Teseo—
—Exacto —respondió el vendedor—. Pero ¿quién es capaz de pronunciar Procrustes? Es malo para el negocio. En cambio, todo el mundo puede decir «Crusty».
—hasta cierto punto tiene lógica —dijo Perseo—
—Tiene razón. Suena bien.
Se le iluminaron los ojos.
Buena táctica —dijo Jasón—
—¿Eso crees?
—Oh, desde luego —contesté—. Y estas camas parecen fabulosas, las mejores que he visto nunca…
Y eso no era mentira —dijo Percy
Esbozó una amplia sonrisa, pero no aflojó mi cuello.
—Yo se lo digo a mis clientes. Siempre se lo digo, pero nadie se preocupa por el diseño de las camas.
¿Cuántos cabezales con antorchas de lava incrustadas has visto tú?
—No demasiados.
Pero la lava no va conmigo —dijo Percy—
—¡Pues ahí lo tienes!
—¡Percy! —vociferó Annabeth—. ¿Qué estás haciendo?
Dándole por su lado en lo que planea algo —dijo Orión—
—No le hagas caso —le dije a Procrustes—. Es insufrible.
El gigante se echó a reír.
—Todos mis clientes lo son. Jamás miden ciento ochenta exactamente. Son unos desconsiderados.
Pues que desconsiderados —dijo Leo haciendo reír a varios—
Y después, encima, se quejan del reajuste.
—¿Qué hace si miden más de ciento ochenta?
—Uy, eso pasa a todas horas. Se arregla fácil. —Me soltó, pero antes de que yo pudiera reaccionar, del mostrador de ventas sacó una enorme hacha doble de acero—. Centro al tipo lo mejor que puedo y después rebano lo que sobra por cada lado.
Muy práctico —dijo Perseo—
—Ya —dije tragando saliva—. Muy práctico.
—¡Cuánto me alegro de haberme topado con un cliente sensato!
Las cuerdas ya estaban estirando de verdad a mis amigos. Annabeth había enrojecido. Grover hacía ruiditos de asfixia, como un ganso estrangulado.
eso se hace en privado —dijo Teseo y recibió un golpe de Orión—
—Bueno, Crusty… —comenté, intentando sonar indiferente. Miré la etiqueta con forma de corazón de la cama especial Luna de Miel—. ¿Y ésta tiene estabilizadores dinámicos para compensar el movimiento ondulante?
Si eres como yo realmente lo vas a necesitar —dijo Teseo a lo que Percy rio un poco mientras el joven Percy lo veía extrañado—
Deja de estar de cerdo —regaño Orión—
No estoy de cerdo solo digo que una cama así me hubiera sido muy útil tienes idea de cuantas veces me molestaban que no los dejaba descansar por estar ocupado con otra persona —dijo orgulloso—
"los" —pregunto Leo—
Si yo probé de todo si necesitan un consejo aquí estoy —dijo sonriendo— excepto con animales eso no me gusto
Padre dame paciencia —dijo Orión tapándose la cara con las manos—
—Desde luego. Pruébala.
—Sí, puede que lo haga. Pero ¿funcionan incluso con un tío grande como tú? ¿No se advierte ni una sola onda?
No creo que caiga en la misma trampa dos veces ¿o sí? —dijo Teseo—
—Garantizado.
—Venga, hombre.
—Que sí.
—Enséñamelo.
Se sentó gustoso en la cama y le dio unas palmaditas al colchón.
Ok sigue siendo un idiota —dijo Teseo—
—Ni una onda, ¿ves?
Chasqueé los dedos.
—Ergo.
Las cuerdas rodearon a Crusty y lo sujetaron contra el colchón.
—¡Eh! —chilló.
—Centradlo bien —ordené.
Las cuerdas se reajustaron rápidamente. La cabeza de Crusty entera sobresalió por la parte de arriba y sus pies por la de abajo.
Hay que bellos recuerdos —ironizo Teseo—
—¡No! —dijo—. ¡Espera! ¡Esto es sólo una demostración!
Una demostración de cómo matar a un monstruo —dijo Leo—
Destapé el bolígrafo y Anaklusmos se desplegó.
—Bien, prepárate… —No sentía ningún escrúpulo por lo que iba a hacer. Si Crusty era humano, no podría hacerle daño. Si era un monstruo, merecía convertirse en polvo durante un tiempo.
Todos los mestizos asintieron
—Eres un regateador duro, ¿eh? —dijo—. ¡Vale, te hago un treinta por ciento de descuento en modelos especiales!
Regatea y cuando la propuesta te guste asenta el golpe —dijo Thalía—
Levanté la espada.
—¡Sin entrega inicial! ¡Ni intereses durante los seis primeros meses!
Asesté un golpe. Crusty dejó de hacer ofertas.
Por cierto cuanto costaban esas camas —pregunto Nico—
Si mal no recuerdo 5,000 dracmas —dijo Percy—
Corté las cuerdas de las otras camas. Annabeth y Grover se pusieron en pie, entre temblores, gruñidos y maldiciones.
Hefestos escribía en su celular y cuando acabo la pantalla decía:
1. Vencer a una furia sin entrenamiento.
2. Ver a las Moiras y seguir vivo
3. Vencer al minotauro sin entrenamiento y sin armas
4. Vencer a dos furias con poco entrenamiento
5. Decapitar a Medusa con poco entrenamiento
6. Sobrevivir a una trampa de Hefestos
7. Vencer a Procrustes
—Parecéis más altos —comenté.
Algunos rieron
—Uy, qué risa —resopló Annabeth—. La próxima vez date un poquitín más de prisa, ¿vale?
Miré en el tablón de anuncios detrás del mostrador de Crusty. Había un anuncio del servicio de entregas Hermes
Hubieras llenado un formato de compra y mandarla a la cabaña 3 como si realmente hubieras pagado —dijo Laura—
No le enseñes eso al niño —dijo Jim— a Sally no le va a gustar
y otro del Nuevo y completo compendio de la Zona Monstruo de Los Ángeles: «¡Las únicas páginas amarillas monstruosas que necesita!» Debajo, un panfleto naranja de los estudios de grabación
El Otro Barrio ofrecía incentivos por las almas de los héroes. «¡Buscamos nuevos talentos!» La dirección de EOB estaba indicada justo debajo con un mapa.
voy a pedir que quiten mi dirección —murmuro Hades—
—Vamos —dije.
—Danos un minuto —se quejó Grover—. ¡Por poco nos estiran hasta convertirnos en salchichas!
hay que exagerados —dijo Hermes—
—Venga, no seáis quejicas. El inframundo está sólo a una manzana de aquí.
Solo espero alguien no haga una estupidez —dijo Poseidón viendo a Hades—
Aquí termina quien lee —dijo Laura cerrando el libro—
Yo –dijo la joven Hazel—
Laura se paró para dárselo en las manos
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Ya falta poco para el final de este fic y para que no me pase lo mismo con la pelea ya empecé a trabajar con la tortura de Gabe y la verdad ya me di un poco de miedo con las ideas que se me están ocurriendo, si alguno tiene alguna idea o le gustaría alguna tortura en especial para Gabe coméntenmelo solo recuerden que es en el más pobre sentido es mortal y ninguna arma de semidiós le hace daño
Nos leemos en un mes se despido por ahora ACUARIO NO JUNE4311
