Los rayos del sol atravesaban la ventana de Mikasa Ackerman el sábado por la mañana. La azabache estaba decidida a descansar un poco más, no pasaban de las 7:00, pero un extraño olor proveniente de la cocina la hizo abrir los ojos con pereza. ¿Qué era ese olor?

Frotándose los ojos y estirándose, Mikasa se levantó de la cama y caminó con lentitud hacia la cocina, aguzando su oído para escuchar extraños sonidos de cazuelas y cubiertos. Cuando llegó al umbral de la cocina, pudo visualizar a un hombre alto y castaño preparando una especie de pancakes, así como una olla de café con un delicioso y reconfortante aroma. El hombre estaba tan concentrado en su labor, que no notó cuando Mikasa se adentró en la cocina.

— ¿Papá?

Al ser llamado, el señor Ackerman giró el rostro para encontrarse con la mirada soñolienta de su hija. Ahora que podía verlo mejor, pudo notar unas cuantas arrugas en su rostro, así como la barba que le había crecido desde la última vez que se vieron. El hombre sonrió con alegría y dejó a un lado lo que estaba haciendo para acercarse a ella y envolverla en un cálido y fuerte abrazo.

— Mikasa, ¡me alegra mucho verte!

La pelinegra correspondió el abrazo con timidez, tenía semanas sin ver a su padre y le causaba una alegría inmensa el que estuviera ahí con ella.

— También a mí, papá...

— Te tengo buenas noticias, pedí que me dieran este fin de semana para descansar y poder estar contigo, ¿qué te parece?

El rostro de Mikasa se iluminó de inmediato con estas palabras, pero con la misma rapidez cambió a pánico; había quedado con Levi de acompañarlo ese día.

— Papá... me da mucho gusto, pero...

La azabache bajó la mirada en busca de una buena excusa para decirle, era éso o cancelarle a Levi la salida.

— ¿Qué? ¿Ya tienes planes?

La mirada del señor Ackerman se tornó fría al pensar que su hija se iría justamente ese día, y Mikasa asintió tímidamente con la mirada sobre el piso.

— Que-Quedé con los chicos de salir a la plaza para relajarnos después de los exámenes... Lo planeamos hace días...

— Ya veo, prefieres irte con tus amigos, a los que ves todos los días, que estar con tu papá, quien no siempre puede estar aquí contigo...

— No... No es éso...

No tenía otra opción, tendría que cancelarle a Levi, seguramente lo entendería. Pero... ¿Y si no? Ahora que lo pensaba mejor, Levi casi le había suplicado ir con él, parecía algo importante y cancelarle así como así no sería justo.

— ¿Qué tal si mañana pasamos todo el día juntos, papá? Te prometo que iremos y haremos lo que tú quieras, pero por favor... déjame ir con los chicos...

En un inicio Mikasa creía que su padre se negaría, pero para su sorpresa, accedió con facilidad.

— ¿Vendrá alguien a recogerte? Sino, podría llevarte a la plaza y cuando te hayas aburrido me llamas para ir por ti.

— ...

¡Demonios! Levi le había dicho que la recogería al mediodía, pero si su padre estaba en casa tendrían que cambiar los planes.

— No te preocupes por éso... la plaza queda cerca, puedo ir caminando...

— ¿Qué? ¿Acaso Eren no es capaz de venir por ti?

El corazón de Mikasa se detuvo un momento y su rostro palideció al instante. Tenía que decirle lo ocurrido con Eren, éso no sería complicado.

— Papá... Eren y yo ya no estamos juntos...

Por alguna razón, el rostro del señor Ackerman no mostró sorpresa alguna, al contrario, parecía como si fuera ésa la respuesta que esperaba.

— Entiendo, ahora tiene sentido que vayas a irte caminando.. Está bien, no regreses muy tarde, sabes que en las noches es peligroso.

Mikasa se llevó una grata sorpresa de nuevo al escuchar las palabras de su padre, y una radiante sonrisa no tardó en aparecer al haber obtenido el permiso.

— ¡Gracias papá!

La pelinegra se abalanzó hacia los brazos de su padre envolviéndolo en un fuerte abrazo, el cual el hombre correspondió mientras le daba palmaditas en la cabeza de su hija.

— Pero ya lo has prometido, mañana será un día padre e hija.

— ¡Si! ¡Lo prometo!

— Bueno, apúrate y desayuna. Preparé los pancakes que tanto te gustan.

— Gracias papá.

La chica sonrió con ternura a su padre, quien le devolvió la sonrisa, y se sentó tranquilamente frente a él esperando a que le sirviera su plato.

El desayuno transcurrió en silencio, el señor Ackerman miraba de vez en cuando a su móvil y Mikasa lo imitaba, mandando un mensaje a Levi con el pequeño cambio de planes.

''Levi, creo que será mejor si nos vemos a la vuelta de la esquina... papá está en casa y si llegas aquí seguramente hará muchas preguntas. Nos vemos más tarde''.

Enviar.

Una vez terminó su desayuno, Mikasa se levantó a lavar los trastes y agradeció a su padre con un beso en la mejilla, para después apresurarse hasta su habitación y darse una ducha rápida. Ya casi daba el mediodía cuando la azabache apenas encontró el conjunto perfecto para la salida con Levi (un vestido primaveral rojo y zapatillas), sólo le faltaba ponerse algo de maquillaje y estaría lista.

Justo estaba por terminar de pintarse los labios, cuando su teléfono empezó a vibrar sobre su cama una y otra vez, obligándola a tomarlo para ver qué sucedía. Levi le estaba marcando.

— ¿Hola?

— Mocosa, ¿por qué no me contestas?

— Acabo de hacerlo...

— Te envié como mil mensajes y ninguno me lo respondiste, ¡pensé que algo te había pasado!

— ¿Hmm?

Al verificar lo que le decía Levi, comprobó que, en efecto, tenía 21 mensajes en su buzón de entrada.

— Lo siento Levi, es que estaba arreglándome...

— Tsk, como sea. Llegaré en 10 minutos por ti.

¿Diez minutos? ¿Tan rápido se había pasado el tiempo? Al escuchar aquello, Mikasa se apresuró a guardar sus cosas mientras escuchaba cómo Levi maldecía por teléfono al parecer a alguien que se había atravesado en el camino. Ahora entendía la razón del porqué Levi no hablaba mientras conducía, su mal genio lo estresaba y era capaz de ocasionar algún accidente.

— Te veo en... unos minutos. Debo colgar.

— Está bien, Levi...

*click*

Ahora entendía la razón del porqué Levi no hablaba mientras conducía, su mal genio lo estresaba y era capaz de ocasionar algún accidente. Sonriendo divertida, Mikasa guardó el teléfono en su bolso y salió de su habitación, encontrándose con su padre sentado en un sillón de la sala de estar.

— ¿Ya te vas?

— Si... regreso en unas horas.

— Está bien, ve con cuidado Mikasa, y cualquier cosa no dudes en llamarme. ¿Tienes mi número, verdad?

— Si papá...

Mikasa rodó los ojos con fastidio, ya era lo suficientemente mayor como para que su padre dudara de si tenía su número o no.

— Nos vemos.

El mayor se levantó de su asiento y acompañó a su hija a la puerta. Mikasa se despidió con un último abrazo y salió disparada hacia su destino. Antes de doblar la esquina, la azabache giró su rostro hacia su hogar, encontrándose con la mirada seria de su padre. Probablemente el hombre sospechaba algo, pero Mikasa procuró parecer tranquila y sonrió despidiéndose con la mano para después dar la vuelta y ver a lo lejos el pequeño auto de Levi Ackerman.

Al menos, lo peor ya había pasado.