Capítulo 21: Los siete dragones, primera parte (presente)
Charlie encabezaba el grupo dirigiéndolos desde que bajaran de los caballos, hacía unos diez minutos, y al fin estaban a la entrada de una cueva.
Se miraron todos. Blaise y Ron se tomaron de las manos. Charlie abría la marcha seguido de Tom y cerraba Sirius.
Se internaron en la cueva sin dudarlo. Charlie murmuró un hechizo de dirección, una pequeña bolita de luz apareció de la nada y comenzó a dirigirlos, llegaron hasta otra entrada de la cueva, esta tenía una escalera tallada en piedra, inmensa, que bajaba en forma de espiral. Miraron por un lado hacia abajo pero no se veía el final y era muy oscuro. Charlie tomó una antorcha de la mano de Fred y la arrojó, pero esta se perdió con su pequeña luz en la oscuridad y no vieron el final.
Comenzaron a descender y lo hicieron durante lo que parecieron horas, hasta que al mirar hacia arriba no veían el comienzo, y al mirar hacia abajo no veían el final.
Tuvieron que parar a descansar por órdenes de Charlie.
- No podemos parar, cada minuto es crucial para Harry.
Dijo Tom nada dispuesto a detenerse. Charlie lo miró con respeto pero con firmeza.
- Estamos cansados, de nada nos vale llegar frente al primer dragón si no estamos en condiciones para pelear.
Todos tuvieron que aceptar que Charlie tenía razón, así que descansaron y tomaron de comer lo que traían en sus mochilas.
Luego volvieron a emprender la marcha. Bajaron y bajaron hasta que al fin llegaron a suelo firme, caminaron algunos minutos por un pasillo tan angosto que daba claustrofobia, y los más grandes tenían que inclinarse ligeramente, hasta que al fin salieron de ese sofocante pasillo de roca a una sala de piedra enorme de techos altísimos, y a su paso las antorchas del lugar se encendieron.
Vieron una enorme puerta de más de cinco metros de altura de madera mágica.
Todos miraron la puerta. Fue Charlie quien habló.
- Bienvenidos a la cueva de los siete dragones.
Susurró. James y Tom fueron los primeros que caminaron, los demás los siguieron y al tocar la puerta esta se abrió.
Caminaron una media hora y al fin salieron a una enorme bóveda, llena de tesoros. Y sobre la montaña más grande de oro, un dragón lleno de pinchos por todos lados y de aspecto fiero.
- Un colacuerno, su cola es tan peligrosa como sus garras, su aliento de fuego y sus potentes dientes.
Les susurró Charlie mientras permanecían ocultos detrás de una montaña de tesoros.
- ¿Cómo lo enfrentamos?
Preguntó James también en susurros.
- Cuatro deben enfrentarlos y otros cuatro lanzarle hechizos aturdidores, e incluso mortales, será la única forma de someter a esa bestia, su piel rechaza los hechizos y las flechas, no es fácil enfrentarlo.
Les advirtió Charlie.
- Blaise, Ron, Charlie y Sirius se encargaran de la magia. - Dijo Tom - James, Fred, George y yo pelearemos.
Todos estuvieron de acuerdo. Los primeros cuatro apretaron con fuerza sus varitas, sacándolas de sus chaquetas, los cuatro últimos tomaron sus armas. Fred y George tenían arcos y flechas envenenadas con veneno de víbora reina, Tom y James tenían espadas en una mano y hachas en la otra.
- Griten, alboroten, así lo confunden y no se puede centrar sólo en uno.
Les advirtió Charlie.
Asentimiento general, todos respiraron hondo y salieron a la carga.
Primer Dragón
Gritando como los antiguos guerreros del bosque, Blaise, Ron, Charle y Sirius saltaron lanzando hechizos a diestra y siniestra sobre el dragón. Hasta hechizos de cosquillas, usaban todo lo que se les ocurría.
Mientras, James y Tom, espadas y hachas, trataban de lastimar al dragón, cosa difícil teniendo que esquivar su fuego y su cola además de sus garras. Fred y George estaban parados sobre un montículo de oro, disparando sus flechas estratégicamente.
Pronto el dragón no sabía a quiénes atacar, pero logró acorralar en su locura a Ron. Fue un angustioso segundo, Ron perdió su varita, de las bocas de Sirius, Charlie y Blaise salieron maldiciones mortales, mientras James y Tom se arrojaban sobre el dragón, con la espada dirigida hacia el corazón desprotegido y Fred, sacando su espada de un brinco, se encaramaba sobre el lomo del dragón acuchillándolo, mientras George daba un salto con su arco y flecha, y un tiro certero desde el aire, clavó dos de sus flechas envenenadas en los ojos del dragón, mientras él caía sobre Ron empujándolo sobre el suelo.
Los hechizos mortales, más las puñaladas en el corazón de los dos reyes, hirieron mortalmente al dragón, quien soltó un rugido y una bocanada de fuego.
Todos saltaron hacia tras, George y Ron, que se levantaban, se volvieron a tirar al suelo. El dragón se tambaleó y cayó muerto, pero al caer su cola se levantó en el aire y mientras descendía a toda velocidad sobre la cabeza de Ron que se había vuelto a incorporar, George lo empujó, pero no fue lo suficientemente rápido y uno de los cuernos se clavó en su brazo arrancándole un grito de dolor, pues perforó el hueso.
Todos corrieron hacia el pelirrojo.
- Esto te dolerá.
Se lamentó Charlie, George se aferró con su brazo sano a Fred, quien lo abrazaba contra su pecho, y el cuerno fue extraído dolorosamente de su brazo. Gritó de dolor el pelirrojo, mientras con equipo de primeros auxilios y magia los demás paraban el sangrado, tratando de limpiar y vendar la herida.
Un tosco vendaje y una poción para el dolor, que Sirius llevaba consigo y le había dado Severus.
No hubo tiempo para más, no hubo tiempo para un mejor trato, había que seguir.
George estaba pálido por la pérdida de sangre, pero abrazó a su hermanito pequeño y se levantó con firmeza para seguir el camino.
Y así el gran colacuerno, aquel dragón que nadie logró superar jamás cuando elegía un protegido, (en este caso Hermione) fue vencido. Nadie había llegado más allá del colacuerno, así que no sabían a qué se atenían.
Charlie, James y Tom abrían el camino, lo seguían Fred y Ron, quienes estaban a cada lado de George que estaba en el medio de ellos, y cerraban el camino Sirius y Blaise.
Segundo Dragón
Y así llegaron al segundo dragón, un impresionante dragón negro de ojos rojos. Este los miró tranquilamente desde su altar de oro.
- Para pasar esta estancia deberéis dar un tributo de oro y acertar un acertijo.
Dijo el dragón con una voz que parecía aburrida. James extrajo un saco de oro de su mochila y arrojó el oro a los pies del dragón.
- Bien, todos tienen una oportunidad para adivinar, pero cada uno que fracase morirá. - Advirtió el dragón - Voz celestial, milagro de luz, renáceme de la sombra y conforta mi luz.
Todos quedaron pensativos y cavilando.
- Señor Dragón - Llamó Ron tímidamente y casi gritó cunado esos ojos rojos lo miraron.
- ¿Qué mozuelo?
Preguntó en ese tono aburrido de él.
- ¿Podría repetir el acertijo?
El dragón pareció pensárselo.
- Sólo una vez más. Aquí va: Voz celestial, milagro de luz, renáceme de la sombra y conforta mi luz.
Todos se miraron, nadie tenía idea. Estaban muy nerviosos y cansados para poder concentrarse.
Ron tomó aire y se adelantó un paso, Blaise trató de detenerlo, pero Ron lo esquivó con agilidad y se plantó delante del dragón.
- Es un fénix, la respuesta es el fénix.
El dragón extendió sus alas poderosamente y levantó el vuelo, y a la vista quedó una trampilla que daba a un pasadizo subterráneo.
- Muy inteligente, prueba superada, pueden pasar.
Tercer dragón
Todos respiraron nuevamente aliviados y entraron por aquella escalera subterránea, que descendió varios minutos hasta suelo firme, y salieron a un salón que parecía un bosque, hadas revoloteaban de un lado para otro, una pequeña cascada una luz azulina y un tranquilo dragón a un lado del lago de la pequeña cascada. El dragón abrió sus ojos y los miró, sus ojos chinita parecían impresionados.
- Ustedes no son protegidos, pues no pidieron protección al colacuerno y han llegado hasta aquí - Dijo pensativo - Son los primeros humanos en llegar tan lejos.
Todos miraron extrañados al dragón, este acomodó su cabeza entre sus patas y los miró fijamente.
- Como verán de este salón no hay salida, y el único modo de llegar al cuarto dragón, es cerrando sus ojos y concentrándose en lo que realmente sienten y por qué razón están aquí, si sus sentimientos son sinceros les llevaré hacia arriba, donde sus ojitos humanos por la altura no pueden ver que hay una entrada, para seguir, mas si sus sentimientos no son puros, les mataré.
Todos cerraron sus ojos y se concentraron en lo que sentían, todos recordaron a Harry, sonrisas en los labios y lagrimillas escapando de los ojos cerrados, las garras del dragón se cerraron en torno a ellos, por turnos, pero tan concentrados estaban en sus sentimientos que no lo sintieron y fueron elevados hasta arriba. Una vez llegaban a la parte de arriba y eran depositados en la entrada en forma de arco, todos abrían los ojos, y al mirar hacia abajo aquel bosquecillo que parecía una diminuta mancha; desde la altura en que estaban sentían vértigo.
Todos llegaron arriba, el último en ser transportado fue Blaise. Charlie miró al dragón agradecido y no pudo resistirse a preguntar.
- ¿Cómo le dan a alguien refugio aquí?
- Oro, le dan oro al colacuerno y él decide si le da refugio o no.
Fue la sencilla respuesta del tercer dragón, antes de alejarse planeando hacia su bosque.
Cuarto Dragón
Se alejaron del borde de la entrada en forma de arco y caminaron, el camino cada vez se hacía más angosto hasta que tuvieron que caminar en fila india, luego se ensanchó un poco más permitiéndoles caminar de a dos, pero era muy oscuro, sólo las luces de sus varitas alumbraban, pues las antorchas las habían perdido con el colacuerno.
Al rato comenzaron a ver una luz azulina, corrieron y salieron a un bosquecillo, como el del tercer dragón, pero el dragón que habitaba en este era mucho más hermoso, blanco de ojos azules.
- Un Dragón Blanco oji-azul - Susurró Charlie embobado - Las leyendas dicen que una vez fueron humanos.
George, que una vez en un misterioso libro que encontró en la biblioteca de Gryffindor leyó una leyenda de esos dragones, palideció. Ese libro desapareció luego que él lo leyó, pero aún lo recordaba.
El dragón los miró con tranquilidad, con soberbia.
- Han llegado lejos, aquí no hay prueba, aquí no hay acertijo, aquí no hay pelea, pueden pasar - Dijo el dragón blanco de ojos azules. Todos lo miraron confundidos y sorprendidos - Pero - Los ojos del dragón brillaron - Aquí tendréis que hacer un sacrificio, uno de ustedes debe quedar aquí, conmigo, para siempre, mientras los otros siguen. Nadie nunca había llegado antes hasta aquí. Son los que más lejos han llegado, así que decidan quién queda junto a mí y quiénes siguen, porque vuelta atrás ya no hay, es eso o la muerte.
Charlie, Tom, Sirius, James, llevaron sus manos a las empuñaduras de sus armas, pero la voz de George los detuvo.
- Yo quedaré aquí.
- No.
Gritaron Ron, Charlie y Fred.
- No hay de otra, no hay marcha atrás y el tiempo se le acaba a Harry.
- Pero...
- Mírenme, no puedo pelear, ese colacuerno me dejó hecho polvo, soy el que menos utilidad tiene. Pronto tendremos que pelear con un tercer dragón y moriré en ese combate porque no me puedo defender con este brazo, soy arquero y no puedo disparar. Además de que sólo sería una carga porque estarían más preocupados por mí que por otra cosa.
Era cierto, pero aún así no querían dejar atrás al joven pelirrojo. Mucha pelea, gritos, lágrimas y argumentos hicieron falta para que, entre lágrimas, partieran mientras George se quedaba parado junto al dragón con la barbilla bien alta.
Ron corrió a sus brazos cuando se alejaban y lo besó en la mejilla.
- Volveremos por ti.
Le juró Fred al oído abrazándolo después de haber corrido hacia él. Los cuatro pelirrojos se despidieron. George los vio alejarse hasta que ya no fueron visibles para sus ojos humanos y se desplomó al suelo, porque los pies no lo sostenían más, levantó sus ojos y miró al dragón blanco de ojos azules frente a él.
- En un diario negro que encontré en la biblioteca hace muchos años - Dijo el pelirrojo - Un diario que desapareció poco después de haber llegado a mis manos, hablaba de una prueba a la que los dragones blancos de ojos azules sometían a los grupos de humanos que se cruzaban en su camino. Sacrificio se llamaba. Y lo hacían porque los dragones blancos de ojos azules, eran seres mágicos, capaces de tener cuerpos de dragones y cuerpos de humanos, porque descendían de humanos. Porque eran humanos inmortales. Y sé que es cierto, así que muéstrate. - Ordenó el pelirrojo con voz firme a pesar del terror que sentía, pues sabía cuál era la verdadera prueba del sacrificio.
Una potente luz rodeó al dragón, cuando esta se desvaneció, en su lugar había un hermoso ser humano vestido de blanco. Un ser humano blanco de ojos azules como los del dragón.
- Eres un humano inteligente, pero yo no soy un humano, soy un dragón, con forma humana niño y me alegro que sepas la verdadera prueba, así me ahorras trabajo.
George retrocedió ante esa hermosa y aterrante visión frente a él.
- ¿Quién eres?
- Llámame Rodolphus.
Dijo el dragón blanco de ojos azules tomándolo del cabello rojo y haciéndolo mirar a los ojos.
George gimió de terror y el oji-azul sonrió sádicamente.
Continuará...
