Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco es de mi propiedad, esta pertenece a la grandiosa EmbraceDiversity. Esta historia fue beteada por Shiroi Kimiko.

Aclaración: Esta historia tiene lugar dos años después del capítulo 487.

xxxxx

Capítulo Veintiuno

xxxxx

Contrariamente a la creencia popular, antes de su noche de bodas nunca había estado sexualmente con una mujer; aunque a algunas psico fangirls les gustaba afirmar que él era el padre de sus bebés de vez en cuando. Antes de Hinata, de hecho, nunca había besado a una chica; Karin se aprovechó de él mientras estaba noqueado, pero eso no contaba como él besando a una chica. Eso fue abuso sexual o algo así.

«Ah, sí, probablemente debería disculparme con ella por el chidori de hace unos años», pensó distraídamente. Las sucias miradas que le daba de vez en cuando le decían que ella todavía estaba un poco molesta por eso. Su excusa fue que había estado loco, lo que era absolutamente cierto. En su defensa, sin embargo, había estado molesto como el infierno y además de ser su GPS personal y sanadora —de la más extraña y espeluznante forma—, ella había sido una mierda de kunoichi. Si alguna vez Hinata luchaba contra alguien, su esposa ganaría. En esa medida, ganaría si alguna vez realmente tuviera que defenderse de esa fangirl que le colmaban el vaso, o cómo diablos se diga.

Así, además del casi abuso sexual de Karin, Hinata era la única mujer con la que realmente había estado. También, contrariamente a la creencia popular, no era una especie de dios del sexo que conocía por arte de magia lo que estaba haciendo. Porque él no lo sabía. La primera vez de ellos había sido extremadamente incómoda y, para él, muy embarazosa. Al parecer, había subestimado completamente la diferencia entre el uso de su mano y el hecho de estar dentro de una mujer. Afortunadamente, a pesar de su inexperiencia él también tenía una gran resistencia, por lo que compensó su fallo inicial unos minutos más tarde. Eso había sido agradable para todos los involucrados, pero maldita sea ella se había sentido asombrosa esa primera vez y él no había sido capaz de contenerse. Hinata siendo Hinata había sido lo mejor del mundo.

Después sólo disfrutaron el uno del otro, aprendiendo de sus cuerpos, las cosas que les gustaban o no, y más sexo; luego descansar y repetir hasta que estuvieron demasiado cansados como para continuar. Él realmente no sabía por qué podía dormir estando con ella, pero le encantaba abrir los ojos y tener un brazo alrededor de ella o que ella se acurrucara en su pecho. En este momento ella estaba, de hecho, acurrucada a su lado, con la cabeza descansando junto a su pecho y su cabello sobre las sábanas como un telón oscuro. Le encantaba su cabello, no era obsesiva sobre su mantenimiento, pero lo cuidaba y se notaba.

En realidad, no había nada de Hinata que no le gustara. Era una cocinera increíble, era limpia, tenía un cuerpo increíble que él había disfrutado mucho, incluso hace un par de horas y esperaba hacerlo una vez más cuando se despertara. Era tranquila, no era una mala shinobi, y la lista seguía. No era muy pegajosa ni tampoco exigía toda su atención. Podía sentarse en una habitación con ella y disfrutar de un cómodo silencio, ella encajaba en su vida y él honestamente no sabía cómo había estado todo este tiempo sin ella.

«En ese entonces yo nunca le había dado una segunda mirada y ella había estado enamorada del idiota», reflexionó con una pequeña sonrisa.

Estaba seguro de que ella realmente nunca entendería lo importante que era para él. El tipo de lazo y los sentimientos que sentía por ella eran cosas que nunca había experimentado con nadie más. Había sentido amor por su familia y su clan, por su hermano, y ahora por ella. Todo lo que tenía era a ella, los demás se habían ido. Ella era —básicamente—, su vida, su mundo. A pesar del hecho de que estaba completamente jodido como un ser humano, ella se había enamorado de él y quería estar a su lado; a pesar de que sabía que tenía un lado más oscuro.

Él la amaba, a pesar de que probablemente nunca sería capaz de decir esas palabras en voz alta, por lo menos plenamente consciente. Afortunadamente, ella no parecía querer que declarase su amor por ella verbalmente de manera constante. Le había preguntado una vez y él había contestado. Eso parecía ser todo lo que ella necesitaba. En cuanto a su personalidad, su autoestima era escasa, pero ella creía en todas las personas con todo su corazón.

Sabía que no la merecía, pero felizmente mataría para mantenerla.

En algún lugar a la distancia se oyó un ruido fuerte, probablemente Naruto o los chicos de ayer. Mirando por encima se dio cuenta de que era la hora en la que habían acordado ir por cosas de la boda. En honor a la verdad no quería ser molestado, ¿por qué no podría haber elegido Naruto a otra persona para que sea su padrino? Odiaba las bodas, odiaba estar rodeado de gente y odiaba sonreír para las fotografías. Esto último no iba a hacerlo y si a alguien le molestaba probablemente les daría una advertencia antes de volverse violento.

No era sólo eso, Sakura había estado llena de nervios en los últimos meses con sus pequeñeces y constantes cambios que quería hacer o adiciones que acababa de realizar. Ella no se quejaba con él, pero hacía que Naruto siempre hiciera lo quería cuando se trataba de su mierda para la boda.

Razón de más por la que Hinata era completamente perfecta para él; ella era simple. No le gustaban las multitudes, a él tampoco. No quiso que su matrimonio fuese gran cosa, y él tampoco. Ellos, de manera sorprendente, rara vez discutían.

Hinata no lo había tratado de cambiar, había visto su exterior, su interior, y pensó que había valido la pena. Él incluso le había hablado de sus pesadillas, aunque no lo recordaba. Hinata era sumisa, tímida, introvertida, de voz suave y tranquila. También era la única mujer que afectaba el corazón de Uchiha Sasuke, tan cursi como sonaba.

Poco a poco ella se movió, apretándose aún más a su lado, enterrando el rostro en su cuello. Él sonrió ligeramente, movió su brazo desde los hombros hasta la cintura. En unos cuantos días se iban a ver cada vez menos debido a sus obligaciones, pero en este momento estaba disfrutando de ella y los recuerdos de su primera noche juntos.

Labios suaves comenzaron a moverse a lo largo de su cuello y él cerró los ojos mientras una delicada mano empezó a moverse sobre el pecho, sus dedos cepillaban su piel suave y con cicatrices.

—Buenos días —dijo su esposa en voz baja; una mezcla entre sueño y saciedad.

—Hn. —Fue su respuesta.

Los golpes se hicieron más fuertes y su mujer se puso rígida antes de sentarse un poco, mirándolo. Él abrió un ojo y luego lo cerró.

—Si los ignoras —dijo—, con el tiempo van a desaparecer.

—¿Qué... qué hora es?

Su mano estaba todavía descansando ligeramente sobre su estómago y estaba empezando a desear que deslizara la mano sólo un poco más...

—Nueve —respondió rotundamente, abriendo los ojos de nuevo.

Estaba ruborizada y su cabello era un lío hermoso. Todavía era un poco tímida sobre su cuerpo, pero parecía que el ruido que venía de la parte delantera de su casa era un poco más desconcertante y él se vio incapaz de quitar la mirada de sus pechos tentadores. Con un pequeño ruido él deslizo sus brazos alrededor del cuerpo femenino, sus manos se movían a lo largo de esa piel suave como la seda. Levantando su cabeza comenzó a besarla a lo largo de su clavícula, y empezó a bajar. Ella dejó escapar un pequeño grito de asombro.

—P-pero no podemos simplemente... dejarlos ahí... —Sonaba angustiada.

Él se olvidó que Hinata era consciente y se preocupaba por los demás. Oh, bueno. Una mano se deslizó hasta uno de sus senos mientras su boca se cerraba sobre el otro, lo que le valió un suave gemido cuando ella arqueó la espalda ligeramente.

—S-Sasuke... —suspiró ella, pero él no respondió, estaba demasiado ocupado disfrutando de su sabor.

—Bastardo. —Pudo oír la pareja.

Sonaba bastante alto, lo que significa que Naruto estaba en realidad dentro de la casa.

—¿Dónde diablos estás? Maldita sea, este lugar tiene muchas habitaciones...

Enterró la cara en el estómago de su esposa, y la abrazó.

—Lo odio —admitió el Uchiha—. Si viene aquí, voy a matarlo. Lo juro.

Dejando escapar unas cuantas malas palabras, se deslizó fuera de la cama y se puso un par de pantalones. Se volvió hacia ella.

—Tú, no te levantes de la cama. No te vistas. Voy a volver a terminar lo que empecé.

Ella se sonrojó maravillosamente y él se rio. Hinata se deslizó debajo de las sábanas; se preguntó si se estaba convirtiendo en una mala influencia para ella. Desde luego, así lo esperaba.

Afortunadamente, Naruto no encontraba la habitación, así que después de esperar unos minutos para que su cuerpo se calmara un poco, salió. Encontró al errante rubio alrededor de la sala de estar.

Cruzando sus brazos, Sasuke caminó hacia su amigo.

—¿Qué quieres? —Fue la pregunta directa y el Uzumaki se volvió.

—¡Tú!

Caminó hasta él y agarró los hombros de Sasuke, comenzando a sacudirlo.

—¿Sabes cómo demonios Sakura-chan ha estado gritándome porque no te presentaste?

En realidad, Naruto parecía un poco cabreado.

—¿Qué pasó hombre? —preguntó.

El moreno se encogió de hombros.

—Nos casamos ayer —le recordó—. ¿Qué crees que pasó?

Él frunció el ceño.

—¿Entonces por qué aceptaste venir con nosotros en la mañana?

—¿Por qué demonios nos has citado para reunirnos en la mañana? —contestó— ¿Quién hace eso de todos modos? Esas reuniones son un fracaso, ustedes dos deberían haberlo sabido mejor. —Cruzó los brazos otra vez y dio a su amigo una mirada—. Dile a Sakura que estaremos allí en dos horas. Ella ni siquiera tiene que estar allí mientras hacemos las cosas de todos modos, ustedes ya eligieron lo que hay que ponerse.

Naruto frunció el ceño ante su amigo.

—Sí, pero Sakura quiere ver cómo se ve el vestido en Hinata-chan o algo y creo que ella e Ino tienen algún tipo de cosa para el almuerzo-

—No —rechazó—. Vamos a ir, conseguiremos todo y luego me voy a llevar a mi esposa. Tenemos tres días para estar juntos. Sakura puede aguantarse.

Su tono no dejaba lugar a discusión. Sakura podía gritar como una loca todo lo que quería, él iba a hacer lo que quisiera con Hinata esos tres días que tenían, porque después sus vidas serían muy agitadas. Eso significaba que iba a permanecer con ella en esta casa y relajarse. Entre otras cosas.

Hablando de eso, ella lo estaba esperando.

—Ahora, vete —espetó Sasuke—. Dos horas. Ve y hagan su cosa del almuerzo, te haremos saber si encaja o no. Si ella quiere, incluso puedo tomar fotografías; no me importa. Y sí, puedes decirle que dije eso. Y si Sakura quiere quejarse, puede venir y decirme algo al respecto.

Afortunadamente, parecía que Naruto entendió, o por lo menos estaba siendo simpático.

—Sólo en la medida que todo salga bien, yo me encargo de Sakura-chan —le dijo Naruto —. Voy a considerarlo como uno de los favores que te debo.

Se encogió de hombros.

—Está bien. Ahora vete.

Con una de esas miradas astutas el rubio se acercó.

—¿Eh? —Trató de darle un vistazo al pasillo donde estaba su dormitorio—. Así que los dos han estado ocupados, ¿eh? No sabía que Hinata-chan fuera…

—Vete al infierno.

Dio un paso hacia él y esta vez Naruto rio, retrocediendo con las manos levantadas.

—Estaba bromeando, ¡bromeando! Sheesh. A pesar de que se casaron sigues siendo sensible... —murmuró la última parte, pero Sasuke lo escuchó y Naruto se sobresaltó cuando los ojos de su amigo empezaron a volverse rojos.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

¿Por qué estaba caminando por el pasillo con Yamanaka Ino? Ni siquiera le agradaba. Además de eso, detestaba que la gente lo tocara, especialmente las mujeres. Así que ¿por qué él, Uchiha Sasuke, estaba caminando por un pasillo con alguien que no era su esposa tomada del brazo?

Ah, claro, porque ella le había pedido —oh, tan dulcemente— con su mejor voz de soy linda, ámame.

Realmente necesitaba dejar de caer por eso.

Cuando descubrió por primera vez que Ino era la dama de honor de Sakura y él era el padrino de Naruto, y que tendría que tolerar de hecho su presencia durante más de cinco segundos, había pensado decirle a su mejor amigo que se fuese a la mierda y encontrara a alguien más; cuando unas pequeñas y delgadas manos habían descansado suavemente en su brazo. Esas manos pertenecían a una mujer con los ojos más bonitos de color perla y suave sonrisa.

—¿Por favor, Sasuke? —le había pedido con su voz suave y discreta—. Significaría mucho para Sakura-chan.

Había querido decirle que en realidad le importaban un carajo los sentimientos de Sakura, pero también había un significado oculto bajo sus palabras. Porque significaría mucho para Sakura, y también significaría mucho para ella; y los sentimientos de Hinata sí importaban. Así que él había mirado a su esposa de aspecto pálido y recatado que le estaba mostrando una sonrisa de esperanza, pasó una mano por su cabello y murmuró un: «Sí, lo que sea».

Al parecer ahora era lo que los chicos llamaban un hombre dominado, y no había nada que pudiera hacer al respecto. Él la había visto triste, la había visto llorar; y lo odiaba.

Recordó la noche en el hotel cuando no había sido capaz de hacer frente a otra noche de sus sollozos ahogados; lo atormentaban. Tal vez el amor le hacía eso a una persona, porque nunca se había preocupado acerca de una niña llorando antes de ella. Bueno, él se había preocupado en el sentido de que eran molestas y quería alejarse, pero no la sensación de que su corazón estaba siendo arrancado de su pecho. Nunca. Saber que ella había estado llorando por él lo había hecho peor.

Así que, una vez más, ignoró sus impulsos de tirar a la chica lejos de él y se centró en su mejor amigo que se encontraba al final del pasillo mirando como si no pudiera decidir si quería estar nervioso o feliz y el moreno tuvo que admitir que en realidad parecía más bien cómico. Cuando él se había casado con Hinata no se había sentido nervioso, ¿tal vez debería haberlo estado? Sobre todo, se había sentido en paz, relajado. Había sido la confirmación final de que era suya y que ella nunca se iría, que nunca lo iba a dejar. Lo que lo había puesto nervioso todo ese tiempo había sido la perspectiva de que ella lo rechazara. Brevemente pensó de nuevo cuando ella finalmente había aceptado, cómo se había sentido. El fantasma de una sonrisa apareció en sus labios al recordar cómo su pecho se había estrechado y todas las palabras se vieron atrapadas en su garganta y no podían salir, pero él la había besado en vez de hablar. No había palabras para expresar realmente cómo se había sentido cuando ella finalmente dijo: «».

Se quedó donde le habían indicado según el ensayo de anoche y esperó a las damas de honor y el otro padrino de boda. El compañero de Hinata no había aparecido hasta la madrugada de hoy y a él no le había importado lo suficiente como para preguntar quién era.

Ella apareció con un vestido rosado suelto, strapless, que terminaba justo por encima de las rodillas. Mientras que el color del vestido era absolutamente horrible, en el cuerpo de su esposa el vestido se aferraba a todas sus curvas y el estilo en sí era atractivo. Cuando volvió a mirar al hombre en su brazo sintió algo muy primitivo formándose dentro de él.

El vengador caído se había olvidado del hecho de que la última vez que había visto a Hinata alrededor de otro hombre, tocándola o viceversa, se había vuelto extremadamente celoso. Aunque sabía que no tenía nada de qué estar celoso, era el hecho de que se trataba de él lo que le molestaba y no tenía ni idea de por qué.

De alguna manera, Naruto había logrado convencer al Kazekage para que usara uno de esos horribles esmóquines; porque Sasuke estaba seguro de que, como él, hubiera querido usar sus propias prendas de vestir formal, pero había accedido para ahorrarle a los oídos de Naruto los chillidos de su novia.

Eso no era lo que le molestaba. Para ser honesto, no fue el hecho de que Hinata estaba de su brazo tampoco. Era la mirada que él le había dado cuando los dos se habían unido para caminar por el pasillo. Su pequeña esposa había mirado al pelirrojo y le dedicó una de sus sonrisas cálidas; de hecho, él se la había devuelto y parecía que en realidad ambos se conocían entre sí. No estaba del todo seguro de por qué, pero honestamente, no le agradaba Gaara; él estaba en el mismo nivel de me molesta como Kakashi. Al verlo con su esposa del brazo le dieron ganas de ir allí y sólo... algo. No estaba seguro de qué, pero lo más probable es que ese algo fuese violento.

No ayudó el hecho de que, efectivamente, se veían bien juntos. Por otra parte, era probable que sólo fuese por la belleza natural de Hinata; ella era lo que los hacía verse bien. Odiaba el hecho de que tenía que soportar tan horrible vista de su esposa cerca de otro, en términos amistosos.

«Eres un poco posesivo», ella le había dicho una vez. Sasuke había pensado que estar casado con ella mataría esa cosa de los celos, pero se sentía peor. Quería ir allí y dominar. Poseer. Asegúrese de que el pelirrojo supiera que ella le pertenecía. La comprensión de que no podía hacer una escena en la boda de su mejor amigo lo limitó a apretar los dientes y mirar hacia otro lado; tenía que hacerlo.

Después de los votos, el grupo tuvo que quedarse a tomarse una cantidad absurda de fotografías. ¿Cuántas necesitaban de todos modos? A continuación, se dirigieron a la zona de recepción. Cuando encontró a Hinata, ella estaba de pie cerca de una ponchera bastante grande, con una taza en la mano, sonriendo a Gaara; obviamente, absorta en la conversación. Ellos no decían mucho, pero el aire entre ellos era tranquilo y el hombre tenía una pequeña y cálida sonrisa mientras miraba a la morena. Le tomó un momento calmarse lo suficiente como para caminar y no parecer un imbécil que acechaba a su mujer.

Puso una mano en su espalda cuando se unió a ellos.

Los ojos verdes lo observaban con una mezcla de curiosidad, intriga y cautela.

Uchiha-san —saludó con calma, todo rastro de emoción había desaparecido de su pálido rostro—, parece que las felicitaciones están en orden no sólo para Naruto. Me alegré al saber que Hinata-san había aceptado su propuesta.

—Sí —dijo él, atrayéndola hacia sí—. Yo también —agregó con sinceridad. Trató de ignorar el hecho de que el Kazekage llamaba por su nombre a su esposa. Realmente lo hizo.

—Temari me acompañó y ella permanecerá un par de semanas para discutir la participación de Suna en la nueva aldea. Lamentablemente yo tengo que salir por la mañana para regresar.

Una expresión de preocupación se apoderó de Hinata.

—Oh, Gaara-sama, ¿no debería al menos tener un día de descanso?

Ella también llamaba al Kazekage por su nombre. Bien.

Le sonrió ligeramente en respuesta.

—Si fuese posible, me hubiera encantado quedarme unos pocos días, por lo menos. No he visto a Naruto en mucho tiempo. Por desgracia, hay algunas cuestiones muy importantes que requieren mi atención, este día libre era lo máximo que podía tener, pero yo quería estar aquí. —Miró a Naruto que abrazaba a su nueva esposa mientras la pareja hablaba con la familia y amigos—. Y me alegro de haber sido capaz de hacerlo.

Los dos intercambiaron sonrisas una vez más y Sasuke comenzó a sentirse muy, muy, muy irritado. Gaara debió de darse cuenta, porque su mirada lo taladraba y eso hizo que le diera a Hinata una pequeña reverencia de despedida.

—Perdone, Hinata-san —dijo cortésmente—, creo que voy a ir a felicitar a Naruto. Fue bueno verla de nuevo.

Miró a Sasuke.

Uchiha-san. —Otra pequeña reverencia y luego se excusó.

—Así que, ustedes dos se conocen. —No fue una pregunta y ella lo miró con curiosidad.

—Sí. —Se quedó pensativa—. He tenido que viajar a Suna unas cuantas veces por misiones y Naruto-kun una vez lo trajo para la celebración de un cumpleaños.

Ella sonrió ante el recuerdo, para su molestia.

Gaara-sama realmente no disfruta de ser visto por lo que él había tratado de encontrar una zona menos poblada de la sala de recepción y me encontró escondida también. Hablamos durante un rato, es muy diferente de la primera vez que lo vi durante los exámenes chunin. Um, supongo que nos volvimos amigos después de eso, pero no hemos hablado en mucho tiempo. —Ella levantó la vista hacia el rostro impasible de su esposo y frunció el ceño ligeramente—. ¿S-Sasuke? —Una pequeña mano se movió para tocar su rostro—. ¿Estás… e-está todo bien?

«No.»

—Sí —mintió.

Sabía que estaba exagerando, Hinata estaba casada con él —no con Gaara—, y era obvio que la única cosa entre ellos dos era, efectivamente, amistad. Apenas dos amigos platicando brevemente. Sin embargo, por alguna razón, él estaba enojado y muy celoso de que gastara su tiempo con otro hombre mientras no estuviera presente. Era como aquel día en que Naruto la había abrazado y se frotó contra Hinata; lo único que había querido hacer era llevarla a algún sitio y reclamarla.

«Mía.»

—¿T-te gustaría bailar, Sasuke?

La pregunta atrajo su mirada hacia ella. Parecía nerviosa y preocupada, y él luchó para mantener sus emociones bajo control. Hinata no iría a ninguna parte, nadie iba a llevársela, necesitaba calmar el infierno que lo atormentaba.

—Sí —Fue la respuesta y él permitió que lo arrastrara a la pista de baile.

Sólo supo cómo bailar usando el Sharingan y viendo a otros, nunca había bailado. A pesar de eso, se movió, como si hubiera estado bailando toda su vida; después se movía despacio mirando a su esposa, que lo miraba con una expresión de felicidad y amor.

«Estoy siendo un idiota». Lo sabía, pero también tenía una idea de por qué el pensamiento de otro hombre alrededor de Hinata le molestaba tanto. Desafortunadamente, todavía no estaba de humor para admitir que era retorcido. Después de perder todo lo que más quería, por una razón u otra, el temor de perder a Hinata —por cualquier razón— era insoportable y le hacía reaccionar de forma exagerada.

«Al final, ella me escogió». Razonó consigo mismo. «Podía haberme enviado a la mierda tantas veces, pero aquí está, en mis brazos».

La mano en la cadera la atrajo hacia sí, cerrando la brecha entre ellos. Esto la hizo envolver un brazo alrededor de su cuello mientras que el otro lo apoyaba en su pecho, la otra mano de su esposo se deslizó por su espalda. Una vez más la necesidad de dominar y poseer lo golpeó e inclinó la cabeza para murmurar en su oído.

—Vamos a un lugar privado. —Su voz era baja y su tono definitivamente era lo que las mujeres habrían llamado caliente y sexy —. Sólo por un momento.

Su esposa soltó un pequeño grito de asombro y lo miró en estado de shock. Él notó con satisfacción petulante, sin embargo, que ella tenía un rubor en su rostro y una pizca de deseo en sus ojos.

—N-no podemos... q-quiero decir t-tal vez podríamos, s-sólo tenemos que ir a casa...

—No —apretó su agarre—. Te deseo. Ahora. —Era casi un gruñido—. Tiene que haber alguna habitación en la que no seamos molestados.

Sin esperar a que protestara, él le tomó la mano y tranquilamente salió de la sala de recepción, mirando como si estuvieran quizás buscando un lugar de descanso o algo similar. Había unas pocas habitaciones, pero la mayoría de ellas estaban cerradas, para su fastidio. La única habitación que no estaba cerrada con llave y no era muy grande, pero estaba oscura y no había una ventana en la puerta para que alguien pudiera asomarse. Parecía ser un lugar donde guardaban cuadros, lo que probablemente hacía que la habitación pareciera más pequeña de lo que era.

Su esposa se volvió hacia él, con una expresión de preocupación en su rostro cuando cerró la puerta. No era oscuridad total, las persianas dejaban entrar un poco de luz de las lámparas de la calle. Ella retrocedió hasta que tropezó con una mesa, haciéndola morder su labio. Realmente debería decirle que todo eso que hacía lo encendía.

—Ven aquí, Hime —dijo en voz baja, quitándose su chaqueta de esmoquin—. No voy a hacerte daño.

Sonaba divertido. Incluso en la oscuridad podía ver su rostro pálido ruborizado y ella apartó la mirada con timidez.

—R-realmente n-no debería... —Ella casi hizo aquello de jugar con sus dedos como cuando tenía doce años, pero se contuvo.

—¿Por qué no? —le preguntó, removiendo su chaleco, su mano fue por la molesta corbata de alrededor de su cuello mientras cerraba la distancia entre ellos—. La música es fuerte y nadie va a venir tan lejos.

Había llegado a ella. Entonces, posó las manos por sus caderas; su boca se movió hacia abajo para plantar besos a lo largo de su cuello.

—Además, verte con esto puesto me está volviendo loco.

Lo cual era una verdad a medias. El color era muy, muy horrible en ella, pero la forma en que lucía en su cuerpo no lo era. Por supuesto, esa no era la verdadera razón por la que la había llevado hasta allí, pero él se negó a decirle la verdad.

Arrastró una mano por debajo del vestido.

—No llevas medias —observó; y era una buena cosa que ella no pudiera ver la sonrisa casi salvaje que había surgido— ¿Qué otra cosa no llevas aquí abajo?

Inclinó la cabeza para tener mejor acceso a su cuello, sus manos apoyadas sobre sus hombros. Un suave sonido surgió cuando su mano llegó a su centro, frotando hacia arriba y abajo a lo largo de la tela.

—Encaje. —Mordisqueó su cuello y comenzó a dejar besos a lo largo de su clavícula. Su mano se deslizó por debajo de la tela, complacido cuando la encontró húmeda para él—. ¿Rojo o negro?

Cuando abrió la boca él metió los dedos en ella, lo que le valió un grito suave. No protestó cuando él deslizó la delicada tela por sus piernas y dio un vistazo.

—Azul. —Se rio entre dientes, su mano libre tiró hacia abajo la tela de su escote para mostrar un seno cremoso.

Su boca de inmediato tomó el pezón endurecido, sus dientes se cerraron en la carne sensible mientras movía dos dedos en su centro. Ella gimió, arqueando la espalda y abriendo las piernas un poco más mientras él movía los dedos dentro y fuera lentamente. Le encantaba hacer eso, le encantaba oírla gemir, jadear y susurrar su nombre.

—Sasuke —musitó y él lucho contra su deseo de dominar y poseer.

Todavía no, quería llevarla a un punto álgido y luego reclamarla. Sus manos eran inestables, ya que ella trataba de desabrochar su camisa y él no se lo permitía; en cambio, él tiró el resto de su parte superior hacia abajo para tener mejor acceso a sus senos, aspirando su aroma. Su lengua se arremolinó alrededor de sus pezones sensibles y sus dedos tocaban y frotaban donde necesitaba ser tocada. Sus pequeños ruidos eran cada vez más fuertes y más frecuentes. Cuando sintió sus uñas suavemente rastrillar sobre su pecho y estómago —y sus caderas comenzaron a moverse contra su mano—, gruñó, llegando a su límite. Sus dedos se deslizaron hacia afuera y ella soltó un suave sonido de protesta. Sonriendo, él comenzó a arrastrar besos por su cuello.

—¿Me deseas, Hime? —preguntó, con voz suave y aterciopelada. Dando suaves mordidas a lo largo de su cuello—. Dime que me deseas —ordenó prácticamente cuando comenzó a quitarse los muy ajustados y dolorosos pantalones.

Ella hizo un ruido increíble cuando su mano —ahora libre de desabrochar sus pantalones—, se movió a lo largo de uno de sus senos, burlándose de su pezón con los dedos. Su otra mano se mantenía en su cadera, manteniendo su roce contra él como ella quería. Ella susurró su nombre otra vez.

Esta vez le mordió el cuello un poco más duro.

—Dilo, Hime, ¿me deseas? —En este punto su voz sonaba ronca y pesada mientras su lengua se arrastraba por su piel y su mano la amasaba.

—S-sí... —respondió ella—. Sasuke...

Agarrándola, él le dio la vuelta, con una mano presionó su espalda hasta que ella se inclinó sobre la mesa. Su respiración era acelerada, pero él pudo ver la leve confusión en su rostro. Antes de que pudiera decir algo se sumergió dentro de ella; una satisfacción primitiva lo llenó cuando ella gritó en voz alta. Inclinándose sobre ella, movió una mano para acariciar un seno mientras que la otra se movía hacia abajo a sus pliegues; sus dedos reanudaron sus caricias. Poco a poco se retiró, casi hasta estar fuera de ella, y luego se sumergió de nuevo; su cuerpo se endureció aún más con sus sonidos de placer. Él hizo esto un par de veces más, moviéndose lentamente, dejando y llenando antes de que él comenzara a moverse a un ritmo más constante. Le mordió el cuello, lo que le valió otro grito suave. Sus embestidas aumentaron en intensidad.

—Eres mía, Hime. —Su voz sonó forzada mientras se movía dentro y fuera de ella—. Mía.

Se irguió y pudo sentir su estremecimiento. Sus dedos aumentaron la velocidad ligeramente y él agarro su seno fuertemente.

—S-sí... —susurró, y él se dejó llevar, golpeando lo más fuerte y rápido que podía.

La mano que agarraba su seno ahora estaba sobre la mesa para mantener sus movimientos constantes. Él la dejo oír sus fuertes respiraciones a lo largo de su piel, los bajos sonidos de placer se escapaban de él, quería que ella lo escuchara. Quería que supiera cómo le hacía sentir. Cuando ella culminó sus músculos se tensaron como un guante caliente a su alrededor; su semilla la llenó. Él no gritó, no gruñó; sólo presionó sus labios en su oído y un duro y largo gemido escapó de su garganta mientras alcanzó su propio clímax.

No fue suficiente, no era suficiente para él. El deseo de poseer, de seguir haciendo a esta mujer suya no se desvanecía. Ella dejó escapar un suave suspiro cuando él continúo moviéndose perezosamente dentro de ella, recuperando el aliento.

—Nos vamos a casa, Hime —le dijo, con voz demandante—. Sólo estoy empezando.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Fin Capítulo Veintiuno.

Notas: ¡Hola! ¿qué tal están? Y finalmente llegamos a la parte que todos esperaban, el tan ansiado lemon y penúltimo capítulo. Espero les guste el capítulo, tanto como a mi XD besos y nos vemos en la gran final. Besos.

Naoko Ichigo