¡Sorpresaaa!
Esto no lo esperabais, ¿verdad? ¡Yo tampoco! xD Pero como se me han fastidiado los planes para el fin de semana, pues he decido actualizar ahora antes de ir a cenar, ¿qué os parece? Además... ¿oléis eso? ¡Síííí, huele a DOBLE ACTUALIZACIÓN!
Eso sí, debo advertiros que van a ser los dos capítulos más intensos y difíciles hasta el momento...
Preparaos, empieza la historia.
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 21 - Occupational Hazards (Gajes del Oficio): Parte 1
Harry y Hermione fueron los primeros en tocar silenciosamente el suelo de la cubierta del pesquero de arrastre. Estaba lleno de deshechos, había rollos de cuerda mohosa y lo que olía como la captura de hacía varias semanas, descomponiéndose en las redes de pesca. Inquietantemente, había un gran cuchillo clavado en uno de los barriles. Parecía que alguien había estado usando el barril como diana en lanzamiento de cuchillo. Con una mueca, Harry lo sacó y lo tiró por la borda. Había una zona en el suelo de cubierta particularmente viscosa y el pie izquierdo de Hermione no pudo evitar engancharse cuando piso ahí. Se estabilizó agarrándose a algunos aparejos. La oxidada grúa en desuso unida al aparejo crujió en protesta. Parecía estar en grave peligro de colapsar sobre ellos.
- Cuidado. – susurró Harry, mirando hacia la grúa.
Le entregaron las escobas a Mercer, que se las ató con una correa en la espalda, sujetas a un arnés. El viento se levantó en el lado de estribor del barco pesquero, de tal manera que los miembros del equipo más cercanos a Mercer y Padma tenían que dirigir activamente las escobas, además de estabilizarlas en el aire.
- Manteneos estables. – dijo Richards – Patil podrías lanzar un hechizo de congelación a la escoba, aunque no tan lejos de la embarcación para que Mercer pueda montar y desmontar con prisa si es necesario.
- Inmobilus. – susurró Padma, después de reposicionarse. Su escoba ahora flotaba en una posición fija.
Harry sacó la capa de invisibilidad de donde la había guardado en el interior de uno de los bolsillos de su chaleco. Fijó una máscara de oxígeno al casco que ya llevaba y ajustó la correa de las gafas de protección. Hermione lo agarró del brazo antes de que se fuera.
- No te hagas el héroe. – dijo ella, dedicándole una familiar y afilada mirada.
- Podría decirte lo mismo. – respondió Harry.
Él le guiñó el ojo antes de ponerse la vieja capa por encima y desaparecer. Una pequeña oleada de nostalgia se apoderó de Hermione. Lo sabía todo sobre merodear en lugares peligrosos con Harry y su capa. Sólo que ahora, Ron no estaba allí con ellos para estar de acuerdo con Hermione en que todo aquello era una mala y necesaria idea. Si pensaba en ello, la mayoría de las muchas aventuras que habían vivido habían sido malas y necesarias ideas…
- Granger. – la profunda voz de Richards, le llegó a través del intercomunicador – ¿Estás preparada?
- Casi.
Hermione cautelosamente se acercó a proa y sacó una concha con un hechizo reductor que había estado guardada en uno de sus muchos bolsillos.
"¿Por qué una concha?" le había preguntado a Richards, anteriormente.
"Porque originalmente íbamos a usar una pequeña caja de música, pero todos coincidieron en que era igual de espeluznante que el infierno"
Por lo que el dispositivo era una concha de caracol marrón, rojo y minúsculo; por ahora.
La dejó caer cuidadosamente en la parte más limpia de la cubierta que pudo encontrar, asegurándose de que no había nada más en contacto entre el dispositivo y el pesquero. Cuando le quitó el hechizo de reducción, la concha creció hasta el tamaño de una pelota de fútbol americano y comenzó a vibrar, produciendo un sonido sordo de golpeteó contra la madera de la cubierta. No era terriblemente ruidoso, pero aun así Hermione contuvo la respiración por un momento.
- Está en el sitio.
- Bien. – dijo Richards – Poneos las máscaras y gafas protectoras, gente. Esto se va a poner un poco cargado.
- No me gusta que utilicemos Magia Oscura. – se quejó Neville.
- Ya hemos hablado de esto, Longbottom. No es Magia Oscura, es un ingenio mágico americano.
- Este particular ingenio va a succionar todo el aire y la luz dentro de veinte metros cúbicos. – señaló Neville – Eso es mucha vida marina por debajo y alrededor nuestro que no va a sobrevivir.
- Neville, – susurró Harry con voz molesta, a través del intercomunicador – deja una queja en el buzón de sugerencias más tarde, ¿de acuerdo? Estoy dentro. Amarov está aquí. O al menos creo que es él. Tiene una bolsa sobre la cabeza. Lo tienen atado en la sala de máquinas. Y… Merlín, tiene una docena de cables y piezas enganchadas. Porque está conectado a algo.
- ¿Puedes ser más específico, Potter?
- Está conectado a un ordenador portátil y también a lo que parece una batería de coche.
- Dios. ¿Está consciente? – preguntó Richards.
- No podría decírtelo. Sin embargo, respira.
Hubo un silencio en el sistema de comunicación, antes de que Richards volviera a hablar.
- No lo toques. Enviaremos a Patil hasta allí para que le eche un vistazo antes de desconectar cualquier cosa. Granger, prepárate para iniciar el hechizo. Mercer hará la cuenta atrás de cinco minutos. ¿Lo tienes, Doc?
- Lo tengo. – dijo Mercer, mientras se preparaba para ajustar el temporizador de su reloj de pulsera – Para que lo sepáis, ahora nuestras vidas están en manos de la empresa Casio.
Hermione se acuclilló junto a la concha. Cinco minutos era apenas tiempo suficiente para perpetrar un audaz rescate, pero la concha no estaba diseñada para salvar, sino para hacer entrar en pánico y distraer al enemigo. La defensa de tu posición era en lo último que pensabas cuando te encontrabas repentinamente en una sofocante oscuridad. Les daría al equipo la ventaja que necesitaban para desarmar a los secuestradores. Y cinco minutos era toda la ventaja que tendrían, porque un tiempo más largo terminaría matando a Amarov junto con cualquier persona que estuviera en el barco sin una máscara de oxígeno. Hermione sabía que Neville estaba pensando lo mismo; ¿cuántas veces habría sido utilizada la concha sin un límite de tiempo?
Se puso la máscara sobre la boca y la nariz y luego tocó con la varita la concha.
- Alec, ¿a mí señal?
- Preparado. – respondió Mercer.
- Vacuo.
Las luces se apagaron mientras siete gafas de visión nocturna se encendieron.
- Cinco minutos.
Había doce hombres y una mujer en el pesquero. Eran un grupo bastante ecléctico de secuestradores. Algunos tenían un aspecto hosco, exmilitares y mercenarios. Otros probablemente pertenecían a grupos del crimen organizado. La única mujer a bordo parecía la vieja madre de alguien que había sido obligada a cocinar para los hombres. Lo único que tenían en común parecía ser la creencia de que Alexander Amarov valía el considerable riesgo y la integridad física. Compartiendo casualmente esa creencia con Richards.
- Cuatro minutos. – dijo Mercer.
Era evidente que los secuestradores habían estado esperando algún tipo de asalto, pero, ciertamente, no como el que se había llevado a cabo. Una cosa era tener la licencia de la secretaria Beaumont para utilizar la magia letal y otra muy distinta era ser capaz de hacerlo. Hermione no tenía duda de que Richards podría ejecutar fácilmente un Avada Kedavra a plena potencia, pero sospechaba que el resto del equipo se enfrentaría a una experiencia similar a la que ella había vivido en Welwyn cuando intentó sacrificar a Jason Lam.
Como Malfoy le había demostrado acertadamente, las palabras por sí solas no eran suficiente.
Una vez más, Granger. Con sentimiento.
- Tres minutos.
Los seis magos y brujas no entrenados para matar se sobrepusieron a los muggles con facilidad, aunque estos últimos no fueran ni desdichados ni indefensos. Tenían armas y las dispararon de buena gana, aunque evidentemente lo hacían a ciegas. Atravesando velozmente la oscuridad, el equipo Petrificó todo lo que se movía. Incluyendo a un gruñón Rottweiler que no debería haber sido capaz de ver a Harry, pero que, no obstante, le habría arrancado la garganta de no haberlo petrificado a mitad del salto.
- Dos minutos.
Hermione y Padma fueron las primeras en llegar a Amarov, quien con toda seguridad no estaba inconsciente. Jadeaba y respiraba con dificultad al igual que los secuestradores antes de ser Petrificados. Hermione sacó la máscara de oxígeno adicional que tenía en uno de los bolsillos, quitó la bolsa que cubría la cabeza de Amarov y se la colocó en la cara. Se arrodilló junto a él y usó la varita para cortar las bridas de plástico que lo ataban a la silla. Hiperventilaba.
- Tome respiraciones lentas y profundas. – le indicó Hermione. Mirando a través del pálido verde de las gafas de visión nocturna, vio a un descarnado hombre con el torso desnudo, distando mucho de la gallarda figura que había visto de él en la revista Time.
- Está pitando. – señaló Padma – Hay una serie de luce parpadeantes justo debajo de su clavícula. No lo entiendo. ¿Creía que el Vacuo desactivaba temporalmente todo lo eléctrico o mecánico? ¿Ves esto?
- Lo veo. – confirmó Hermione. Y también lo oía. Bajó la mirada hasta las diminutas luces rojas de donde emanaba el pitido y pasó los dedos sobre la zona. Estaba hecha de metal – ¿Es usted Alexander Amarov? – preguntó al hombre que acababan de rescatar.
Él asintió en la oscuridad, con el ceño fruncido.
- Mi nombre es Hermione Granger. Esto es un rescate, señor Amarov. Le sacaremos de aquí en breve.
- Treinta segundos. – dijo Mercer.
- ¡Lo tenemos! – dijo Padma.
- Permaneced ahí, estamos llegando a vuestra posición. – ordenó Richards.
Ahora libre de sus ataduras, Amarov se levantó y arrancó los cables que tenía en el pecho. Incluso con la máscara puesta, Hermione fue capaz de escuchar el gruñido de dolor que emitió. El pitido se reanudó, aunque aparentemente menos intenso que antes. Mientras Amarov calmaba su respiración, el pitido desaceleró y en cuestión de segundos, cesó.
El hechizo Vacuo por ahora había llegado a su fin. La electricidad y el oxígeno volvieron a restablecerse en el barco pesquero. El motor farfulló resucitando. Un equipo de música volvió a encenderse desde la cocina y el portátil de la sala de máquinas se reinició. Amarov se quitó la máscara y aspiró una profunda bocanada de aire. El retorno de las luces trajo el color, mejorando la percepción y la profundidad. Hermione ahora sí que reconoció al hombre de la portada de la revista. Amarov era excepcionalmente guapo, aunque quizás una descripción más adecuada sería atractivo. Era alto y delgado, con una delicadeza casi femenina. Tenía las sienes grises y el pelo negro. Sus ojos eran de un azul profundo y tenía una picara mueca en la boca que parecía ser una característica permanente (o una manía permanente). Sin embargo, no era su rostro ni su forma lo que Padma y Hermione miraban. Era el panel metálico incrustado en el centro del pecho desnudo de Amarov. Tenía una serie de finos circuitos y una pantalla digital que mostraba varios números a intervalos distintos.
- ¿Qué diablos es eso? – preguntó Padma - ¿Ellos te lo hicieron?
- No. Por suerte, esto es todo mío. Es una póliza de seguros muy eficaz. – fue la criptica y crujiente respuesta, del inglés de Oxford. – Les agradezco el rescate, ladies. ¿Están vuestros compañeros sobre cubierta? – la lenta sonrisa que les dedicó fue completamente inadecuada en esa situación.
Hermione estuvo a punto de preguntar sobre la función del dispositivo cuando Richards entró en la sala de máquinas, seguido de Harry y Mercer.
- Ya estamos aquí. – dijo Richards arrastrando las palabras. Enfundó la varita – Agente Barnaby Richards, del Senado Mágico de Estados Unidos.
Había una camisa arrugada tirada en un rincón de la sala, entre mantas y latas vacías de sardinas. Hermione sospechaba que ahí era donde los secuestradores habían mantenido a su rehén. Amarov agarró la camisa (con cierta precipitación, señaló Hermione).
- Así que esto es un rescate mágico. – dijo mientras se abrochaba la camisa – Soy el más afortunado de los muggles. ¿Qué habéis hecho con mis secuestradores?
- Los hemos desarmado y contenido en el piso de arriba.
Amarov dio un paso adelante para estrechar la mano de Richards.
- Gracias por el rescate, agente Richards. No estoy seguro del por qué ha venido en mi ayuda, pero, no obstante, le estoy muy agradecido.
- Me temo que esto no ha sido un trabajo altruista. – dijo Richards – Estoy ayudando a un equipo de científicos internacional a la elaboración de una cura para la Infección. Me han dicho que es posible que usted tenga un elemento que necesitamos. Decir que tenemos un plazo ajustado es quedarse corto.
Hubo menos afecto en la voz de Amarov en ese momento.
- Ya veo. ¿Y habéis venido a liberarme a cambio de ese… elemento? ¿Qué es?
- Se le llama la mística montaña Kunlun Peach. – le informó Richards, gestionando de manera impresionante el decir eso con una seria expresión – Nuestro residente Magibotánico nos ha dicho que posiblemente se asemeje a una raíz o hierba seca. Ese "melocotón" es conocido por sus propiedades de longevidad, una vez que es procesado correctamente.
- ¿Sabe cómo procesarlo?
- ¿Lo tiene? – le respondió Richards y fue más una demanda que una pregunta.
Algo no iba bien. Hermione no lograba captar el qué. Amarov parecía estar casi demasiado sereno para una persona que había sido recientemente secuestrado y posiblemente torturado. Ella le lanzó una mirada a Richards, notando que tenía un casi imperceptible ceño fruncido. A él tampoco le cuadraba la actitud inusualmente tranquila de Amarov.
- Creo que tengo lo que necesitáis. – dijo Amarov.
- Excelente. Entonces podemos hablar de ello una vez hayamos salido de este barco. ¿Asumo que preferiría volver en primer lugar a la flota antes que directamente a Londres con nosotros?
- Sí. – Amarov sonrió – Lo prefiero. Si me proporciona una radio, me pondré en contacto con mi gente. Están cerca.
- ¿Dónde están Neville y Wallen? – preguntó Hermione, percatándose de su ausencia.
La grúa en la cubierta se había derrumbado, con la ayuda de años de abandono y el adicional movimiento a bordo del barco pesquero. Desafortunadamente, había caído sobre Wallen y Neville mientras cruzaban la proa para recoger la caracola. El licántropo había logrado saltar a tiempo de esquivarla, pero Neville había quedado atrapado debajo de los destruidos y pesados restos de metal y sospechaban que tenía una pierna rota.
- Por tres sitios, dado el aspecto. – dijo Padma. Le dedicó a Neville una mirada comprensiva – Te daré algo para el dolor, cielo, pero vas a tener que volver a Grimmauld Place, para que se reconstruya bien. Aisha Malik puede hacerlo.
- Maldita sea. – dijo Neville con el rostro pálido y surcado de dolor. También estaba bastante cabreado - ¡Vaya mierda! ¡He venido para poder tener a mano el transporte del "melocotón"!
- ¿No es mejor que estés en buena forma cuando lo llevemos, eh? – le ofreció Mercer.
Neville lo aceptó de mala gana. Le pidió a Mercer que le diera una escoba, pero Padma intervino.
- Si no es una emergencia extrema, desaconsejo que Neville se Desaparezca mientras esté lesionado o sedado. Y desde luego, no puede volar por su cuenta. Si se desmayara por el camino, se estrellaría. Está muy oscuro y no es un paseo corto hasta Londres, incluso si tuviera la pierna bien.
Amarov y Wallen se unieron al grupo en cubierta, después de acceder a la radio del puente del pesquero.
- ¿Ha sido capaz de contactar con su gente? – preguntó Richards.
Wallen asintió.
- Han enviado una lancha.
Richards se dirigió a Amarov.
- Uno de los miembros de nuestro equipo está herido. ¿Tenéis facilidades médicas en la flota?
- Tenemos una enfermería, pero no estamos equipados para tratar algo como esto. – respondió Amarov.
Está mintiendo. Hermione apostaría su vida en ello. No era posible que un hombre con los recursos de Alexander Amarov se internara en el mar sin asegurarse de tener todo lo necesario para aguantar hasta que pasara la Infección; y eso incluía una clínica, por lo menos. No tenía ninguna duda de que Richards había llegado a la misma conclusión. Como si sintiera el rumbo de sus pensamientos, Richards le envió una sutil mirada de advertencia; déjalo.
- Yo llevaré a Neville de vuelta. – se ofreció voluntariamente Harry.
Richards pareció considerarlo, finalmente gruñó en acuerdo.
- Muy bien. Hazlo, Potter. Nos reagruparemos en Londres después de adquirir el melocotón. ¿A menos que tenga alguna objeción? – esa pregunta fue dirigida directamente a Amarov.
- Ninguna en absoluto.
Una vez Padma hubo aplicado un hechizo analgésico sobre la pierna de Neville, Mercer y Richards lo levantaron y lo colocaron suavemente a horcajadas sobre la escoba de Harry.
- Lo siento por esto. – les dijo Neville – Desearía tener los reflejos de Wallen.
- No te preocupes, chico. – dijo Richards, dándole una palmada en el hombro. Neville compuso una mueca – Lo has hecho bien. Todos lo hemos hecho bien.
Harry dedicó al grupo un alegre gesto de despedida, aunque sus ojos estaban fijos en Hermione mientras montaba en la escoba delante de Neville.
- Te veo en un rato.
Ella le sonrió.
- Volad con cuidado, los dos.
