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21. De visita a mi hogar.

Andrew se apareció en un lugar extremadamente caluroso y con un fuerte sol que le pegaba en la cabeza y que en seguida hizo que se acalorara.

- ¿Qué diablos…? - masculló al tiempo que giraba en redondo, buscando el lugar al cual se había querido aparecer.

Justo detrás de donde él se había aparecido, completamente verde cómo si fuera un oasis en medio de aquel enorme desierto que parecía no tener fin se hallaba el terreno que rodeaba a la imponente y antigua mansión griega que era en realidad el instituto Magic Force.

El vampiro sabía que la escuela cambiaba su ubicación una vez cada año o cada medio año, pero aun así no pudo evitar sorprenderse por la nueva ubicación. Los jardines verdes que rodeaban la mansión llegaban hasta un par de metros de donde se encontraba él y de pronto se detenían y comenzaba la arena, dándole al colegio un extraño aspecto, como si hubiera caído del cielo en medio del desierto.

Después de permanecer unos largos instantes observando el colegio casi con admiración, prestándole especial atención a como desentonaba con el lugar, Andrew se decidió y comenzó a caminar hacia el gigantesco edificio. Se adelantó un par de pasos, hasta estar a unos centímetros de la zona con césped, entonces extendió su mano y la posó sobre un campo invisible que se reveló ante sus ojos de color violeta en cuanto entró en contacto con su piel. Al escudo le tomó unos cuantos minutos mas finalmente reconoció la energía de Andrew como la de un profesor que ya había dado clases allí y le permitió pasar, cosa que el muchacho agradeció como nunca antes había agradecido algo, pero es que ¡se estaba muriendo de calor allí!

No fue más que dar un paso dentro de la cúpula que un aire cálido pero confortable lo rodeó y se le hizo mucho más sencillo respirar.

Recién unos segundos después de entrar, ya recuperado del calor, fue consciente de los murmullos que había a su alrededor y la gran cantidad de niños y adolescentes de los cuales salían aquellos murmullos.

- Hola. - saludó a los que estaban más cerca, como si fuera lo más normal del mundo que alguien encontrara el colegio y pudiera entrar en él sin ser violentamente rechazado o que sonaran las alarmas.

Un par de adolescentes, que debían tener la edad que él aparentaba, se acercaron a Andrew con el ceño fruncido pero sin demostrar la más mínima intención de atacarlo, aunque el vampiro sabía que en realidad eso era mentira, gracias a la educación que recibían esos muchachos de seguro podrían darle una buena paliza en unos cuantos segundos a un mago experimentado.

- ¿Cómo has podido entrar? - preguntó uno de los dos muchachos, de manera brusca e impaciente.

- Philippe, cálmate. - le dijo su compañero, con una voz suave y relajante, relajando su ceño y dándole a Andrew una ligera sonrisa. - Bienvenido, mi nombre es Stephan¿cómo te llamas? - le preguntó en el mismo tono de voz con el que le había hablado a su amigo, aquel tono tranquilo que invitaba a decir todas las verdades posibles, que te impulsaba a revelar secretos y contar todos los escabrosos detalles de tu vida.

Y Andrew no pudo evitar sonreír y verse tentado a introducirse en el juego del adolescente, sabiendo que podría ganarle pero no sin salir mal parado.

- Es un placer conocerte, Stephan. - le sonrió Andrew con una sonrisa similar a la que le entregaba el chico, viendo como los ojos del chico chispeaban y su sonrisa se ampliaba ligeramente. - Soy Andrew Carson y vengo aquí a buscar al profesor Alexander. - le dijo con un tono casi idéntico al del muchacho pero obviamente mejor preparado, si el chico quería jugar tendría que jugar bien.

- Ven conmigo, yo te llevaré con el profesor. - le sonrió Stephan al tiempo que sus ojos brillaban con una chispa de diversión y astucia, buscando interiormente como ganarle al extraño que tenía enfrente.

- Muchas gracias. - susurró Andrew con un tono suave que rozaba lo sensual antes de seguir al muchacho por el camino que este le indicaba, con Philippe pisándole los talones.

No habían llegado ni siquiera a las escaleras cuando vieron una mujer acercarse a gran velocidad y lo próximo que vieron fue una luz azulada dirigiéndose hacia donde Andrew estaba.

El vampiro evadió la maldición con maestría y alcanzó a desaparecer el hechizo antes de encontrarse con la mujer a menos de un paso.

- ¡Andrew Carson! - le gritó Susan al chico, con un tono más que furioso. - ¿Cómo se te ocurre? - gruñó, levantando su varita. - Nos dejaste en esa mansión tuya y a penas fuiste una vez para preguntarle algo a tus molestas doncellas, y ahora vienes aquí para navidad como si vinieras a tu casa. - le espetó la chica, enfadada y a punto de tirarle otro hechizo, por suerte una mano le arrebató la varita antes de que hiciera algún desastre.

- Tranquila, pequeña fiera. - dijo Richard divertido. - Bienvenido de vuelta, Andrew. - le sonrió a la persona que tenía delante y recién entonces notó la apariencia que poseía el chico. - Oh, por favor, cámbiate esa apariencia, pareces uno de mis alumnos. - se quejó el hombre, haciendo reír a Andrew.

El vampiro ni siquiera tuvo tiempo de parpadear antes de que su cuerpo comenzara a cambiar para pasar a ser el de un joven de unos veinticinco años y nada más que sus ojos cambiaron, para pasar a ser sus verdaderos ojos verdes, que esta vez brillaban con diversión, sin dar rastro alguno de tristeza, enojo o algún otro sentimiento negativo, su vida ya no era la misma mierda que había sido antes, eso seguro.

Susan bufó por lo bajo de manera muy poco femenina antes de recuperar su varita de la mano de su compañero para después guardarla en el bolsillo de su pantalón.

- Ven, Drew, vamos a ver a Alex y a Patrick, que seguro se sorprenden tanto de verte como nosotros. - comentó con sarcasmo la chica, sacándole más risas a Andrew, quien se sintió extrañamente bien al escuchar el apodo que le había puesto la chica, un apodo que le había dado la primera vez que lo vio.

Susan y Richard comenzaron a caminar hacia el colegio, seguidos de Andrew quien poco antes de entrar volteó y le guiñó un ojo a Stephan, como prometiéndole que terminarían su 'juego' más tarde.

Y mientras Andrew conversaba feliz y tranquilo con sus amigos y ahijado, Tom disfrutaba a su manera el conseguir victoria tras victoria gracias a la voluntaria ayuda que su vampiro le había prestado al corregirle los ataques.

- ¿Cuántos mortifagos fueron capturados? - le preguntó el señor oscuro a uno de los dos mortifagos que había aparecido para darle el informe del último ataque.

- Ninguno, mi señor. - contestó el mortifago, sonriendo aliviado tras la mascara, si tan sólo un mortifago hubiera sido atrapado él habría sido torturado durante unos largos minutos.

- Perfecto, pueden retirarse. - dijo Voldemort en un siseo y tras escuchar esa orden los dos hombres frente a él asintieron y se marcharon tan rápido como habían aparecido.

- Y todo gracias al muchacho, Tom. - siseó Nagini con un tono repróchate, todavía no había perdonado al mago por haberle mandado una carta tan fría al moreno que tantas cosas había hecho por ellos.

- Ya lo sé, deja de restregármelo en la cara. - se quejó el señor oscuro, viendo como su serpiente aparecía desde una de las más oscuras esquinas de su estudio. - Además, tampoco le dije demasiado, sólo que me dejara en paz por un tiempo. - dijo Tom al tiempo que tomaba las carpetas que estaban sobre su mesa y comenzaba a separar los ataques que estas contenían en dos pilas, una para los que ya había realizado y otra para los que quedaban por realizar.

- Eres un hipócrita, siempre estás diciéndole que se vaya cuando no lo necesitas, pero después de dos días que no aparece tú ya comienzas a 'extrañarlo'. - dijo la serpiente con un tono entre molesto y burlón que Tom estaba seguro sólo ella podría hacer.

- Yo no soy un hipócrita y definitivamente no lo extraño. - siseó Tom molesto a su serpiente, sin dejar de hacer su trabajo.

- ¿Ah no¿Y entonces por qué mientras los mortifagos te hablaban tú no despegabas tus ojos de los sofás? Y deja que te recuerde que siempre que él viene se sienta ahí. - mencionó la serpiente nuevamente con aquel tono tan suyo.

- … No lo quiero tener cerca… me distrae. - musitó Tom, levantando la vista de las carpetas para posarla en la serpiente que en esos momentos trepaba con lentos movimientos sobre sofá en el que Andrew siempre se sentaba, apoyando poco después su cabeza donde el moreno siempre apoyaba la suya, contra el respaldo del sofá, ladeada para poder verlo pero aun así sin perder esa posición cansada.

- ¿Y no crees que eso puede significar algo? - le sugirió la serpiente, que si hubiera sido humana habría alzado una ceja con incredulidad, sin poder creer como aquel hombre podía ser tan duro para comprender las cosas.

- Sé lo que significa y es precisamente por eso que lo quiero lo más lejos posible. - bufó Tom, volviendo su vista a las carpetas y terminando de separar las dos filas.

- Has lo que quieras. - siseó la serpiente en un tono bajo antes de alzar la cabeza con renovado interés. - ¿En donde será el próximo ataque? - preguntó con un tono de falso desinterés.

- Todavía no lo sé. - dijo Voldemort, dejando a un lado las carpetas con los ataques que ya había realizado y tomando las tres sobrantes, repartiéndolas por encima de la mesa una al lado de la otra. - Aunque creo que esta vez será… el callejón Golden Phoenix. - dijo tomando una de las carpetas, abriéndola y ojeándola descuidadamente.

- ¿Para que fecha? - preguntó la serpiente con un tono esta vez realmente interesado, sin poder disimular la realidad.

- No lo sé, supongo que para el veintidós o veintitrés. - musitó el señor oscuro antes de ponerse de pie y salir de allí con la carpeta en mano, rumbo a un lugar en el que no se imaginara a Andrew sentado frente a él cada cinco minutos¿por qué rayos el vampiro se había tomado tan seriamente sus palabras¿por qué no había aparecido por allí como lo hacía siempre después de algún tiempo? y lo más importante ¿por qué no contestó Andrew a la última carta que le mandó?

Tom maldijo por lo bajo por el camino que estaban tomando sus pensamientos y decidió volcarse por completo, por décima vez en dos horas, en el trabajo.

Mientras tanto, ciertos adolescentes problemáticos se encontraban explotando una de las nuevas vías de comunicación que habían descubierto recientemente, el teléfono.

- Entonces¿nos veremos esa fecha? - le preguntó Remus a James por un teléfono que habían instalado recientemente en las casas de los chicos, gracias al comentario de Lily de lo bueno y rápidos que eran los teléfonos.

- Seguro que sí… - dijo James antes de que se escuchara provenir de aquel lado de la línea un par de golpes.

- ¡Rem! - saludó la voz hiperactiva de Sirius al teléfono, desde que se habían hecho oficialmente 'pareja' el moreno no dejaba de molestar al pobre licántropo con extraños sobrenombres, hasta la fecha el peor había sido 'Remy'.

- Hola Sirius. - dijo Remus con su usual paciencia, sin darle importancia al sobrenombre, por lo menos esa vez no había sonado tan femenino el sobrenombre que le había inventado. - ¿Cómo has estado? - le preguntó esbozando una ligera sonrisa.

- Bien, bien, con Cornamenta estuvimos jugando al Quidditch con las escobas que nuestro vampirito nos regaló. - y como Sirius era Sirius, siempre se le olvidaba no mencionar esa parte de su amigo en voz alta. - Te extrañoooo… - dijo con voz melosa y al pobre de Remus se le subió toda la sangre a la cara, quedando esta más roja que un tomate.

- Ejem… yo también. - dijo después de unos instantes, algo más recuperado.

- ¡Bueno! Tengo que cortar, colgar o como se diga, Cornamenta quiere hablar con Lils. - dijo Sirius con un tono algo lastimero, sin querer terminar la llamada. - ¡No olvides la reunión que tendremos en el Golden Phoenix! - le recordó casi en un grito Sirius a su novio el cual asintió a pesar de que el chico no podría verlo. - ¡Chao, besos¡Te quiero! - dijo antes de colgar sin esperar respuesta, dejando a un Remus completamente sonrojado con el teléfono aun en su mano.

- Yo también te quiero. - susurró Remus completamente colorado antes de colgar e irse a dormir sin tomar en cuenta lo temprano que era, había estado practicando mucho la transformación como Andrew le había dicho que hiciera, ya que según él cuanto más practicara sin que hubiera luna llena menos le dolería en un futuro y más veloz sería la conversión, de modo que para las ocho de la noche el pobre adolescente ya se encontraba lo suficientemente cansado como para caer rendido nada más recostarse en su algo incomoda cama.

Pero no todos son tan buenos y calmaditos y se van a dormir temprano, en especial las personas que se reencuentran después de unas cuantas semanas de no verse, por no decir meses.

- ¡¡Quiero máaass!! - gritó Susan antes de que le diera un ataque de risa, moviendo su copa vacía de un lado a otro.

Riendo tanto como Susan, Alex le sirvió otra copa y ya que estaba se sirvió una para él y para todos los que lo rodeaban.

- Pero espera, niñita. - la retó Richard sin perder la enorme sonrisa que portaba en su rostro y que no era precisamente por culpa del alcohol, en esa dimensión era tan pero tan feliz que realmente estaba agradecido con su amigo por traerlos, a pesar de los daños colaterales que eso había producido en sus cuerpos, un daño bien recibido por su parte. - Deja que Andrew termine su relato. - dijo antes de reír, recordando que era lo que les estaba contando.

- Jajaja… pues bien, yo en esos momentos salía de bañarme y de pronto siento la presencia de Adolph, bajo corriendo a ver que sucede y me encuentro con que ya había espantado a algunos mortifagos… ¿y qué es lo primero que me dice después de asegurarme que los mortifagos estaban solo inconscientes? 'Apestas a sexo, Andrew' - dijo el chico haciendo una mala imitación de la voz algo ronca de Adolph, cosa que hizo reír a todos sus amigos.

- Uhmm… yo no encuentro tan espantoso el olor a sexo. - dijo Susan antes de tomarse otra copa de whisky recién servida.

- Susan… tú no has tenido sexo desde hace más de un año. - le recordó Alex con tono solemne y todos volvieron a reír ante la enfadada cara que puso la chica.

- ¡Y tú desde los veinte, así que no tienes derecho a decir nada! - se quejó la chica para después reír, nuevamente junto con todos los demás.

Habían tomado tanto que podrían decirles 'viene un dementor' y ellos reirían aun más.

Unos golpes en la puerta consiguieron que los cuatro dejaran de reír unos segundos para mirarse a las caras, volviendo a reír al ver que ninguno de ellos pensaba ponerse de pie.

- ¿Profesor? - llamó un chico desde el otro lado de la puerta, extrañado por que su profesor no le abría rápidamente como siempre hacía.

Riendo todavía Andrew se puso de pie, aun con la copa llena en mano, y antes de que el chico pudiera volver a preguntar algo ya se encontraba frente a la puerta, abriéndola, sólo para encontrarse frente a frente con Philippe y Stephan, quienes escoltaban a un molesto Patrick.

- ¡Ah, mmmi pequeñooo! - dijo Andrew arrastrando algunas letras por culpa de la bebida, cosa que sorprendió a los tres chicos frente a él. - Mi pequeño y bonito ahijaditooo… - prosiguió Andrew antes de reír y tomar un poco más de whisky. - ¿Qué sucede? - le preguntó a los dos chicos, tratando de poner un rostro algo más serio y sin conseguirlo, ocasionando risas de los tres profesores que estaban a sus espaldas.

- Eh… lo encontramos fuera de sus habitaciones, por la zona de profesores, dijo que quería hablar con su tío así que lo trajimos aquí. - musitó Stephan, extrañado por ver a aquel muchacho con el que se había cruzado esa mañana en aquel estado de obvia ebriedad.

- Ahh… bueno, pasen pasen. - dijo Andrew divertido, haciéndose a un lado para que tanto su ahijado como los dos chicos ingresaran al despacho de Alex, donde se estaba llevando a cabo la reunión.

El moreno guió a los tres hasta el escritorio en donde estaban las botellas, algunas llenas, la gran mayoría vacías, y un poco de comida.

- Andrew¿crees que sea conveniente que dos de mis alumnos estén tomando whisky a la madrugada? - preguntó Alex después de aclararse un poco la garganta. - ¿Qué crees que dirán el resto de los profesores si se enteran? - le preguntó enarcando una ceja esta vez.

- ¡Que es una buena fiesta y que te vez bien bonito con esa cara! - exclamó Andrew antes de robarle un beso a Alex, quien se sonrojó enormemente y empujó a Andrew lejos de él.

Susan y Richard rieron junto con Andrew ante la cara que puso Alex, una similar a la que tenía su sobrino en esos mismos instantes.

- ¡Ay, pero si solo fue un beso! - se quejó Andrew entre risas. - Mira y aprende, pequeño. - le dijo a Alex antes de guiñarle un ojo, completamente divertido y girar hacia la persona que tenía más cerca, que por casualidades del destino resultó ser Philippe.

Para completa sorpresa del adolescente, el vampiro tomó con un movimiento veloz su rostro entre sus manos y unió sus labios en un beso, que en realidad fue más un roce que un beso.

Richard y Susan volvieron a reír ante la cara de completa sorpresa que se formó en el rostro de Philippe, en cambio Alex se puso de pie, completamente molesto.

- No es necesario que te pongas a besar a todo el que se te cruce, Andrew, yo sé besar y recuerda que tú tienes una pareja. - le dijo el joven a su amigo, quien palideció al recordar en su nublada mente por culpa del whisky el rostro de Tom.

- ¡Oh, por…¡Me matará! - exclamó con su rostro completamente horrorizado, bebiendo más alcohol de su vaso después, buscando olvidarse nuevamente de Tom como hasta hacía escasos segundos.

Todos los presentes menos el horrorizado y los dos adolescentes mayores que no comprendían el problema, estallaron en carcajadas.

- Creo, padrino, que lo mejor será que dejes de tomar. - dijo Patrick estirando la mano y sacándole el vaso a Andrew de sus dedos.

- No, creo que lo mejor será que todos dejemos de tomar y que estos muchachos se vayan a sus habitaciones. - dijo Richard quien estaba tratando de recuperar y juntar las pocas neuronas que no estaban en un estado de completa ebriedad para poder pensar que hacer en aquellos momentos.

Philippe y Stephan asintieron más que encantados de acatar aquella orden y casi corrieron fuera del despacho del que hasta ese momento pensaban era su mejor y más dedicado profesor, los dos pobres jóvenes acababan de descubrir que Alexander, igual que la mayoría del mundo, se emborrachaba en una fiesta.

Entre Richard y Alex se encargaron de juntar todo y de guiar como podían a Andrew hasta su habitación, donde lo acostaron después de cambiarlo con un hechizo que les salió mal y ocasionó que el chico solo tuviera puesto el bóxer y una camiseta grande de pijama salida de quien sabe donde.

A la mañana siguiente Andrew se levantó con un dolor de cabeza terrible, al parecer el ser vampiro no había evitado que le llegara una fuerte resaca por culpa del whisky.

Entre la nublada nube que eran sus recuerdos Andrew alcanzó a recordar en donde se encontraba y que fecha era y decidió quedarse en la cama hasta tarde, algo que descubrió poco después que era imposible dado que al ser sus oídos tan sensibles podía oír a los profesores y alumnos caminando por el pasillo frente a la puerta de su habitación y eso evitaba que pudiera volver a dormirse.

Resignado el vampiro se revolvió entre las sabanas y salió de la cama, poniéndose de pie y dirigiéndose hacia la ventana en busca de la más efectiva solución para la resaca en los vampiros.

Al descorrer las cortinas Andrew casi pega un grito cuando el sol le dio de lleno en los ojos mas logró contenerse, abrir la ventana y convocar un pequeño pajarito que volaba no muy lejos de allí. El animal pió completamente desesperado al sentir como era arrastrado hacia una de las habitaciones de aquella enorme mansión y estaba a punto de darle un pequeño ataque a su minúsculo corazoncito cuando unas tibias pero suaves manos rodearon su pequeño cuerpito, haciendo que se tranquilizara de golpe.

- Uhmm… lo siento pequeño, pero no tengo ganas de soportar una resaca. - le dijo Andrew al pequeño y bello animalito antes de clavar uno de sus colmillos en el animalito y succionar la poca sangre que allí se encontraba. No fueron más que unas gotitas pero el animalito no consiguió moverse después de aquella extracción de sangre por lo que Andrew no tuvo más remedio que dejarlo sobre el acolchado y darle tiempo para que se recuperara.

Después de asegurarse que el animalito se encontraría bien en poco tiempo se cambió, ya sin sentir la resaca y se fue, dejando la ventana abierta para que el pajarito se fuera en cuanto se recuperara.

De camino al comedor el vampiro se cruzó con varios alumnos y algunos profesores que lo miraron extrañados, preguntándose de seguro que estaba haciendo él allí mas sin hacer preguntas, la Magic Force era tan extraña que a ninguno le extrañaría que aquel moreno fuera incluso una aparición, un fantasma muy visible o algo similar.

Una vez en el comedor el muchacho buscó con la mirada a alguno de sus amigos, sin encontrar a ninguno por lo que después de unos instantes se resignó y fue a sentarse en un lugar vacío en una de las mesas más llenas, en aquel lugar siempre se sentía completamente diferente, tanto que le gustaba más estar rodeado de gente y de bullicio que estar en silencio y solo.

No había alcanzado a tomar ni una tostada cuando Stephan se sentó a su lado, aparentemente dispuesto a continuar con el juego que habían interrumpido el día anterior y que no habían podido retomar a la noche.

- Buenas¿cómo te encuentras de la resaca? - le preguntó con burla Philippe, al tiempo que se sentaba frente a Andrew, quien había estado tan entretenido viendo el rostro tranquilo de Stephan que no había notado que el otro muchacho se acercaba.

- Perfectamente, de hecho logré sacármela antes de venir. - comentó Andrew con una sonrisa aun más burlona que la que tenía el chico impresa en su rostro.

- Ayer podrías haber avisado antes de que entráramos al despacho del profesor Malfoy que no soportabas bien el alcohol. - se quejó Philippe con el rostro ligeramente sonrojado y ya sin la sonrisita burlona.

- Lo siento, es que como peleé con mi pareja estoy buscando engañarlo un poco más de lo que es sano para mi salud mental. - dijo el vampiro, haciendo una mueca al recordar porque había peleado con su 'pareja', aunque ni siquiera se lo podía llamar de esa manera a Tom ya que el moreno no le había dicho en ningún momento que ellos serían pareja.

- ¿Tienes pareja? - preguntó Stephan con aquella voz calma y suave tan suya que invitaba a hablar.

- Uhmm… sí, o se supone que eso somos. - dijo Andrew frunciendo el ceño, antes de encogerse de hombros y tomar una de las tostadas que Philippe había estado untando con mermelada de frambuesa.

- Hazte las tuyas. - masculló el muchacho, alejando el resto de su comida lo más que podía de las rápidas manos de Andrew.

- ¿Por qué debería hacerlas? Estas están muy ricas. - dijo el vampiro con una sonrisa divertida.

Ignorando al molesto sujeto que tenía en frente Philippe comenzó a comer sus deliciosas tostadas, observando como Stephan no despegaba sus ojos del moreno, para su completo desagrado¿por qué demonios tenía que darle tanta curiosidad aquel sujeto?

- Lo siento, chicos, - se disculpó Andrew sonriendo después de haber leído los pensamientos de Philippe por un descuido y descubrir los celos que los poblaban. - debo ir a ver al director. - dijo antes de ponerse de pie, disfrutando de la mirada frustrada que Stephan le dirigió y la felicidad que apareció en los ojos de Philippe al notar que volvería a tener toda a atención de Stephan para él solo.

- De acuerdo, te veo luego. - dijo Stephan en un tono casual, que escondía una promesa en él, ellos se verían ya fuese de casualidad y por que el mismo chico tuviera que ir a buscarlo.

Andrew suspiró mientras salía del comedor ni diez minutos después de haber entrado, con una tostada mordida en la mano, rumbo al despacho de Augusto, no le molestaba no comer dado que en realidad no tenía hambre, aquello lo hacía más para aparentar ser humano que por otra razón, sin embargo lo que si le molestaba era que ni uno solo de sus amigos se había aparecido para acompañarlo a su charla con el director.

Observó los pasillos mientras caminaba, recordando cuanto amaba caminar por allí antes, cuando daba clases en el instituto, como le agradaba pasear por los terrenos o perderse en la biblioteca del piso inferior, incluso hacer pociones en la tranquilidad del laboratorio, ayudando a algunos alumnos o simplemente para perder el tiempo, quizás después de que terminara ese año en Hogwarts podría volver a ejercer como profesor en la Magic Force, si es que aun quedaba algún puesto disponible en el profesorado y en caso de que no lo hubiera también podría entrar como el ayudante de alguno, o profesor suplente.

Con esos pensamientos todavía rondando por su cabeza llegó casi sin darse cuenta hasta la puerta del despacho de Augusto, la cual observó como si detrás de ella estuviera encerrada una terrible pesadilla que no quisiera enfrentar, no todavía, aun tenía tiempo para pensarlo y hacerse la idea de que se iba a encontrar con un muerto.

Negando con suavidad desechó aquellos pensamientos y, tomando fuerza de algún lugar desconocido, golpeó un par de veces la puerta.

Un minuto entero pasó, luego dos y más tarde pasaron a ser cinco y nadie contestaba, pero él no quería darse cuenta de aquello, por que eso significaría que tendría que volver luego y realizar de nuevo todo aquel molesto proceso de auto-convencimiento que no le agradaba en lo más mínimo.

Estaba a punto de rendirse cuando una mano se posó en su hombro, sobresaltándolo.

- Quien demonios… - masculló al tiempo que volteaba, con el corazón casi saliéndose de su pecho por el susto. - Augusto. - susurró al ver quien lo había asustado de aquella manera, experimentando algo que no pensaba experimentar al ver al hombre varios años más joven de lo que lo recordaba, una sensación de alivio lo embargó, como si acabara de encontrar algo que no sabía que había perdido.

- Andrew. - lo saludó el director, como si lo conociera de toda la vida. - ¿Quieres pasar a terminar tu desayuno? - preguntó el hombre con una suave sonrisa en su rostro y un tono por demás calmo, repitiendo sin saberlo las palabras que le había dicho la primera vez que se encontró en persona con Harry en la otra dimensión.

Y Andrew sonrió, alegre, sintiéndose de alguna extraña manera en paz consigo y su consciencia, sintiéndose extrañamente protegido, acogido, como si acabara de regresar a su hogar.

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Y bueno, es cortito... ¡¡¡PERO MEJOR QUE EL ANTERIOR¡¡¡MUCHO MEJOR!!! Así que no se aceptan criticas ¬.¬ nah, mentira jejeje sí se aceptan n.n y reviews también, y abrazos y besos y cariñitos y halagos... XD acepto tantas cosas XD nah, tampoco estoy tan necesitada de cariño P solo bromeaba -.-'

Aun así de verdad QUIERO reviews, comentarios o como quieran decirles ;) pliiiiis, yo escribo ustedes comentan, no es tan difícil n.nU y se los agradeceré eternamente, los reviews son mi comida, no quieren matarme de hambre¿verdad?

Chias! nos leemos en el prox. cap!! n.n

P.D.: Como notarán cada vez lo estoy alargando más y más, pero es que de verdad ¡NO QUIERO QUE TERMINE! sip, ya sé lo que deben estar pensando "Y si no quieres terminarlo no lo termines, tonta, si tú eres la escritora aquí" pero hay un pequeño error en eso y es que esta historia DEBE ser terminada en poco tiempo por que TIENE que ser así, ya tengo el final listo y NO quiero cambiarlo por que ese final QUEDA BIEN, punto, las cosas son así y así tienen que ser, no puedo seguir con esta historia eternamente por mucho cariño que le tenga U.Ú y, aunque no lo crean, con semejante posdata a quien trataba de convencer es a mi XD así que si quieren pueden ignorar todo lo que acaban de leer n.nU que ya se que estoy loca P