DISCLAIMER: Arucol im ovlas, ecenetrep em nòicaunitnoc a otircse ol ed eidan in adan.
(INTRO)
Poco
tiempo hay para dominar
la Cámara de Diputados que
no
hacen nada para volver
en seis años otra vez…
¡ES YOBLADE! YOBLADE!
(FILL IN)
Hazlos
votar siempre de ese modo
y así "hoy, hoy, hoy"
deberás gritar
nuestro partido siempre ganará
no
lo puedes evitar…
¡ES
YOBLADE!
¡YOBLADE!
(FILL IN)
¡ES
YOBLADE!
¡ES YOBLADE!
¡YOBLADE!
¡Vota
ya!
I'm
sorry, YOU can't be perfect. (Practice makes
perfect)
Onde el indejo de Antonio indejea y aparece otro
indejo.
Arrh! .¡Regresemos con nuestros adorados protagonistas y sus increíbles y mágicas aventuras!… ¡En esta ocasión, están en un emocionante viaje hacia un lugar misterioso que les revelará los secretos de la vida! Todos los eventos del capítulo anterior quedaron olvidados porque siempre hay que vivir al presente sin mirar al pasado, soñando con el futuro y no preocupándose mucho por el pluscuamperfecto ni por el copretérito. ¡Observemos más de cerca las interesantes actividades de nuestros héroes!
—Perdí… otra vez… —lloraba Rei en un rincón.
—"Ojalá que llueva café pa' que la realidad no se sufra tanto, ojalá que llueva café en el campo pa' que en Villa Hidalgo oigan este canto, ojalá que llueva café en el campo pa' que todos los niños canten este canto, ojalá que llueva café en el campo, ojalá que llueva, ojalá que llueva, ojalá que llueva café en el campo" —entonaba Max en voz alta.
—Ouch —la cabeza de Tyson topó contra el techo del autobús al pasar por un bache—. Ouch —otra vez—. Ouch…
—¡Ya deja de quejarte, Tyson! —exhortó su abuelo—. ¡Debes aprender a soportar el dolor!
Kenny está jugando con el GBASP y no se entera de nada de lo que está pasando… para variar.
—Ya casi llegamos —anunció el conductor, con voz afable, pero con cara de estar regodeándose de su maldad de llevarlos por el peor camino posible.
Y el buen camarada Kai tenía la mente en blanco.
Aaah, el primer párrafo fue una gigantesca mentira… maldita mitomanía… Al fin llegaron a su "lugar de entrenamiento", según el sr. Dickenson. Es un simpatiquísimo bosque, con cara de buen camarada, que compadezco por tener que soportar a estas despreciables lombrices de tierra. El conductor se estacionó de mala manera, yes sir, como si no fuera buen camarada el autobús, y los arrojó de la unidad móvil con saña… a todos menos al buen camarada Kai y al abuelo, que salieron antes de que les pusiera sus aleves e infames manos encima.
—¡VOLVERÉ POR USTEDES EN 5 DÍAS! —amenazó, riendo malvadamente—. ¡CLARO, SI SIGUEN VIVOS! —cerró la puerta y aceleró a fondo, dejando una estela de polvo tras de sí.
Los bladefixers tosieron un poco, se sacudieron un poco, y miraron un poco a su alrededor, donde un poco tipo que viste únicamente de un color un poco de lila y su poco pelo, su poca piel y sus pocos ojos son del mismo tono castaño, que tiene poca cara de ser un poco inocente poco pueblerino los esperaba pocamente frente a una poca cabaña.
—Ustedes son los bladefixers, .¿no? —llamó—. Me llamo Antonio. seré su entrenador mientras estén aquí.
—Mucho gusto, Antonio —mintió Tyson.
—… aah, claro… —recordó Antonio de súbito—. El sr. Dickenson dejó esto para el jefe —dijo, mostrando una llave.
Entraron a la cabaña para ver dónde podría encajar la llave, pero no servía para abrir ninguna puerta, ni cofre, ni nada. Tal vez lo que quería el sr. Dickenson era que Kenny se la tragara y se ahogara de una buena vez. Fue entonces cuando Tyson se estrelló contra un poste y cayó un pequeño diario. Probaron la llave, ansiosos de leer cosas que no les interesaban, y se encontraron con que en efecto la llave funcionaba. Pero no había ningún escrito íntimo en el diario, sino una carta del Sr. Dickenson y OTRA llave, que abrió un cofre que tenía OTRA LLAVE. Y podrían haber seguido encontrando llaves al por mayor hasta que abrieron la última puerta, donde estaba un ilógico cuarto donde hay una computadora (que no comprendo para qué sirve si el jefe lleva a Marta y además no hay luz eléctrica en ese bosque), una caja llena de repuestos, y libros que nada que ver con el yoblade… y Rei y el Jefe se decidieron a quedarse ahí hasta que reconfiguraran a López-Portillo, porque el ingrato del Sr. Dickenson, en su carta, le echó la culpa a él de que Rei hubiera perdido la batalla contra el Tamal Mal Envuelto.
Los demás salieron a ver que veían, así que Antonio les dio un tour por el bosque… malo, malo malo. Se perdieron. Bueno, todos excepto el buen camarada Kai, que se fue por otro lado; y el abuelo, que se había quedado para organizar las cosas que llevaban y para que la cabaña no se incendiara. Lo que nos deja con tres pequeñas e indefensas criaturas perdidas en un bosque desconocido… solos, si no contamos que se hacen compañía ellos mismos… la soledad es mala, yes sir, muy mala. Mala y dolorosa. Pero, .¿en realidad estaban solos?
—No —le espetó Tyson groseramente al cielo—. Te tenemos a ti para narrar de manera molesta todo lo que hacemos.
—¿Puedes sacarnos de aquí? —preguntó al mismo cielo Max, con esa sonrisa angelical tan suya. Aw, makes me cry. Pero no voy a hacer nada para salvarlos, no sir.
—Sabes que yo sé que tú sabes que sé como controlarte —soltó Max. Ese borboteo incongruente me deja totalmente confundida, yes sir. Habla como si creyera lo que dice y dijera lo que cree. No me gusta ni un poquito, no sir. Pero da igual, porque aunque pudiera discernir si eso que dijo fue una amenaza o sólo un balbuceo incoherente, no puedo hacer nada. No… y aunque pudiera, sería peligroso, yes sir. Porque el buen camarada bosque tiene cara de que hay alguien más aquí.
—¿Por qué los sigue esa molesta voz? —preguntó el tipo extra que estaba aquí, yes sir, el que yo sabía que estaba aquí, pero que no sé qué rayos hace aquí.
—Son cosas del cielo y de la tierra que no podemos comprender —señaló Max, sonriendo.
—Vaya —soltó el desconocido—. Oye, voz que sale de la nada. ¿Te alegras de verme?
No es posible tanta desfachatez, no sir. Este sujeto tiene cara de saber que no me hace gracia verlo, yes sir. Es insolencia lo que destila, yes sir, y eso no se debe permitir, no sir.
—… suena a que no —suspiró el insolente que no tiene cara de buen camarada, no sir, fingiendo pena.
—Hola, me llamo Max —sonrió el lindo rubio psicópata— .¿Quién eres?
—¡Ah! .¿No les has hablado de mí? —se indignó el sujetillo—. Qué poca consideración…
Pero evidentemente no voy a escuchar su diatriba anatemática sobre mi desconsideración, sobre todo porque el que empezó con las desconsideraciones fue él, yes sir, tengo pruebas. Bueno, no las tengo porque las tiene él. Pero da igual. Las pruebas existen y serán reveladas a su debido momento. Y no, no voy a escuchar esa insensata e injusta despotricación suya sobre mi desconsideración. No si él sigue ignorando la mía. Porque si él no aguanta vara en la carrilla que se carga, se defeca en la leche (y soy peor que leche amarga), si celebro si se enchila o se arde, es que no es que no me importe si no que me vale progenitora. Así que que no diga pío. Todavía que le hago el paro y no lo fulmino con una descarga eléctrica, cosa que podría hacer con facilidad. Pero estoy decidida a, antes de eso, robarle la cartera, sí, rayarle su ropita y quedarme con su lana, porque soy de los que en la playa desbaratan los planes geniales… ah, mal rayo parta a este infeliz de Rogran.
—¡Ajá! .¡Lo dijiste! —exclamó el infeliz sujetillo—. ¡Dijiste mi nombre! .¡Reconoces que me conoces!
… maldita sea mi maldita suerte. Y maldito sea este maldito demonio de fuego, pérfido incendia-barcos roba-botines.
—Sí, me recuerdas bien —sonríe el maldito insolente. Dan ganas de descender y darle una buena tunda… Pero si hiciera eso, lo consideraría una invitación a quedarse. Será mejor esperar que se vaya.
—… ¿siempre habla así, indirectamente? —preguntó a Max, señalando al cielo.
—Ajá —sonrió Max, como siempre. Ah, si lo ignoraran se iría. Pero será mejor… simplemente… arrojarle algo, como un refrigerador, a ese maldito incendia-naves.
—¡Por favor! —soltó de repente, hincando una rodilla en el suelo en una actitud exageradamente dramática—. ¡Permíteme quedarme! No haré más desastres que tú, y menos sin tu permiso.
¡Tanta insolencia! .¿Acusarme a mí de causar desastres? No sir, esto es demasiado, decididamente. Este infame demonio debería arder en el infierno, yes sir. Y me importa un cuerno si empiezo a decir incoherencias. No es más que lo que se merece, yes sir.
—Estoooo… —soltó Tyson de repente—. Y… ¿me pueden explicar qué fue todo eso?
—¡Oh, pequeño e ingenuo mortal! —se conmovió Rogran, para después volver la vista al cielo—. ¿Por qué conservas a estas creaturas para tu propio deleite al torturarlas? Deberías ser más caritativa.
Sería el colmo si aceptara sugerencias de un sujetillo así. Si tanto le importan las criaturillas, que se ocupe de ellas. Bastante tengo yo.
—Bien, bien. Me convertiré en niñera de ser necesario —sonrió el demonio, y señaló a los tres chiquillos perdidos con un gesto de la mano—. Telepo
—· / —·— / ·—
—¡Ya se habían tardado! —soltó el abuelo de Tyson—. ¿Y por qué aparecen de la nada? .¿Y quién es ese tipo que viste raro?
—¿Vestirme raro? —musitó Rogran, observando su atuendo, que sería apropiado para un concierto de goth metal, pero no para la ocasión presente.
—Es un sujetillo misterioso que aparentemente es amigo de la voz misteriosa que viene del cielo —señaló Tyson.
¿Amigo? Qué amigo ni qué ocho cuartos. Jamás me haría amiga de este tipo tan… tan… tan él, el maldito incendia-barcos.
—Hablará la más santa… jamás caería tan bajo como para tener amistad con alguien del otro bando --soltó el demontre, amenazando con el puño al cielo.
—No entiendo nada —dijo Antonio por fin.
—En realidad, es fácil de comprender —aseveró Max, sonriendo.
—Eeeh… claro… —concedió Tyson—. Si tú lo dices.
Y pasaron muchas cosas intrascendentales hasta que llegó el segundo día.
—Veamos de que estás hecho —soltó Antonio, desafiante y confiado—. Tengamos una yobatalla.
—¡De acuerdo! —aceptó Tyson efusivamente.
—¿… "yobatalla"? —cuestionó Rogran al cielo, en vez de callarse, observar y no interrumpir los sucesos que resolverían su duda.
—Está bien… ya cásate.
Aaah, ragapasavsalem.
—3, 2, 1… —comenzó el conteo Max, sonriente—. LET IT HISSHTUCPLACK!
… Y el yoblade de Antonio cayó afuera del tronco que estaban usando como plato.
—Bueno, todos tenemos malos días —aseguró Tyson, recuperándose rápidamente de la impresión—. Volvamos a intentarlo…
—¡NO! —se desesperó Antonio—. ¡ESE HA SIDO MI MEJOR LANZAMIENTO HASTA LA FECHA! —todos se asombraron al escuchar tan asombrosa revelación, así que Antonio se vio en la necesidad de explicar—. Soy el único yoluchador de toda la zona, y, por consiguiente, el único que podía entrenarlos mientras estuvieran aquí.
—No hay problema. Podemos entrenar juntos —lo consoló Bachoco.
—Buena idea —concedió Antonio.
—¿Siempre son tan… estúpidos? —volvió a preguntar Rogran al cielo. Por las escotillas mal cerradas, .¿por qué se empeñaría en acompañar a sujetos con los que no se predispone a tener interacción? En cambio, va por la vida esperando que la virgen le hable, como si eso fuera posible. Qué pena da su caso, la verdad.
Los Bladefixers y agregados han llegado a la cascada, donde hay unos platos de yoblade tallados en el suelo, en dos angostos y resbalosos riscos.
—Aquí se aprende la precisión —informó Antonio—. Si te equivocas al lanzar, tu yoblade caerá a la cascada.
—¿En serio? —preguntó Yemita, asombrado.
—¡Pues al menos eso es lo que dice en el letrero! —soltó Antonio, rebosante, pletórico y pleno de estupidez.
—¡Por favor! .¡Ni siquiera sé bien qué es un yoblade y sé que no se les puede caer! —estalló el demonio incendia barcos.
—¿En serio? —se asombraron los demás, menos el buen camarada Kai, quien ya había deducido lo mismo.
—¡Está atado a su dedo! —explicó el demontre—. ¡Tendrían que caerse ustedes también para que se cayera el tal yoblade!
Ah, el pobre iluso no debería poner a prueba su estupidez. La de ellos, no la suya propia.
—No lo creo —dijo Antonio con frialdad, y soltó su yoblade… y, milagrosamente, .¡no se cayó! .¡Estaba atado a su dedo! .¡Era demasiado increíble para ser real!
Aliviados por el hecho de que no perderían su yoblade, empezaron a entrenar, sin mayor percance que el hecho que Antonio se resbaló, y Tyson intentó sujetarlo, y los dos se cayeron, y están a punto de estrellarse contra las afiladas rocas que están en la base de la cascada… impacto en 5, 4, 3, 2…
—Alten —masculló Rogran, y Tyson y Antonio se detuvieron a 20 centímetros de las rocas—. ¡No puedo creerlo! —clamó al cielo—. ¡Ibas a dejar que se hicieran puré!
Válgame. Ahora resulta que debo desafiar a las leyes de la gravedad para que un par de niños no se desangren en las rocas. No, gracias, no es para mí.
—¡Se supone que YO debería hacer los desastres y TÚ deberías tratar de resolverlos! —siguió aquel con su despotricación, como si en realidad le interesara mucho defender las patrañas maniqueístas. O tal vez yo esté en un error y en realidad sí le importe. Al fin y al cabo, al entrar en su acalorado debate, Rogran se distrajo, y Kori y Antonio cayeron… bah, sólo es un par de moretones y rasguños. Nadie se ha muerto por eso.
Y tras otros eventos estúpidos y sin gracia, la noche cayó. No había nada mejor que hacer, así que toda la bola… bueno, casi toda… se reunió alrededor de una fogata… por las Barbas de Neptuno. Creo que quedé daltónica de improviso. En este estado, no sobreviviré mucho, así que será mejor que haga mi testamento de una vez. Mira que eso de ver el fuego azul…
—… y ahora morado… verde… rojo… —enumeraba el maldito demonio responsable de que me llevara el infarto de mi vida al pensar que me había quedado daltónica—… negra… blanca… esmeralda… plateada… escarlata….
Arrh, alguien deténgalo de una maldita vez.
—… aguafiestas.
—… y ahora que dejó de jugar, .¿qué hacemos? —preguntó Tyson.
—¡Cantemos! —sugirió Max con una sonrisa—. "Cumbayá, Señor, Cumbayá…"
¡Arrh! .¡Alguien POR PIEDAD deténgalo de una maldita vez!
—… concuerdo con eso… —asintió el demontre, visiblemente decidido a interactuar con la voz que viene de arriba y no con los seres que lo rodean, para fastidio de todos.
—¿Contamos historias de terror? —aventuró Antonio.
—¡Yo sé una! —los ojos del abuelo de Tyson se iluminaron con un brillo extraño—. Hace no mucho tiempo, en una ciudad no muy lejos de aquí, había un niño que no le hacía caso a su abuelo…
—Ésa es aburrida —interrumpió Tyson— . Al final, llega El Coco y se los come a todos.
—¡TYSON! —se enfureció su abuelo, con justa razón—. ¡YA ARRUINASTE LA SORPRESA!
Y, con justa razón, el senescente caballero empezó a perseguir al chaval, espada en mano.
—Al menos es divertido verlos —notó Rogran. Max asintió y sonrió.
Arrh, que esto se acabe de una maldita vez.
—¿Tan temprano? —se quejó el demonio. Esperemos que esto de cuestionar tan frecuentemente a la mística voz de Arriba no sea una mala costumbre que se propague entre los demás—. ¡Si apenas son las nueve!… yo les contaré algo —soltó de improviso—. Es la horrible historia de una malvada banda de piratas y cómo un noble y altruista señor acabó con su reinado del terror, incendiando su barco.
… arrrh, demasiada desfachatez en una sola persona. ¡Pues bien! Puedo aceptar el lance sin inmutarme siquiera. Que prosiga, si se atreve.
… ah, pero no prosigue. ¿Por qué será? .¿Será porque todos se quedaron dormidos? Ah, eso sólo muestra que, si trabajara de bardo, perecería irremediablemente de inanición. Je. La vida es justa otra vez.
—¡Tú cállate!
—· / —·— / ·—
Pasaron dos días más. Antonio seguía sin mejorar. Rei, Kenny y Marta no habían encontrado una nueva configuración para el yoblade de Rei. Rogran confundía a cualquiera con quien hablaba. El conductor que los llevó a ese bosque arrolló a ciento cuarenta y tres personas, ocasionó 15 choques y lo mandaron al manicomnio. Sí, es todo lo relevante, brillantemente resumido. Y esa noche…
—¡Ja! .¡Sabía que querías abusar de mí! —soltó el demonio, incongruentemente. Tanta estupidez en una sola idea me asombra, porque no consideraría posible que alguien pudiera concebir tales pensamientos sin motivación alguna. Yo lo que iba a decir era que el pobre e inocente Antonio, al hartarse de su nula mejoría, resolvió practicar hasta que la luna feneciera en el horizonte, se rompiera su yoblade, o un rayo lo convirtiera en el equivalente humano de un pollo rostizado.
—¡Rayos! —exclamó Antonio, fallando por trigésimoquinta vez el lanzamiento—. Nunca podré mejorar…
—Entonces deberías rendirte —recomendó el buen camarada Kai, saliendo de la nada.
—¡NO! .¡SÓLO PORQUE USTEDES SEAN LOS PROTAGONISTAS Y SIEMPRE TENGAN QUE GANAR NO QUIERE DECIR QUE SEAN MEJORES QUE TODOS LOS DEMÁS! .¡PERO LLEGARÁ UN DÍA EN QUE CONVENZA A UN PRODUCTOR DE QUE ME DÉ MI PROPIA SERIE Y TENDRÁ EL TRIPLE DE RATING QUE LA DE USTEDES!
El buen camarada Kai calló, analizando lo que acababa de oír. Finalmente, sonrió, complacido.
—Tienes agallas.
—¡AAAH! .¡ME ESTOY CONVIRTIENDO EN PESCADO! .¡AAAAH! —gritó, como una niñita histérica. El buen camarada Kai pensó que, además de las agallas, Antonio tenía un cerebro diminuto.
—… ahora comprendo porque Tyson y tú se llevan tan bien… los dos tienen esa loca y extraña teoría de que lograrán todo lo que quieran si lo intentan con todas sus fuerzas… —de repente dejó de dirigirse a Antonio para hablar consigo mismo—. ¡Oye! Tiene sentido.
Antonio temió por la salud mental del buen camarada. Al fin y al cabo, primero lo llamaba pescado y ahora hablaba consigo mismo, Santas Enchiladas Suizas. El buen camarada Kai sonrió malvadamente.
—… oye, Antonio, .¿quieres ganarle a Tyson?
—· / —·— / ·—
Otro día más, qué aburrición…
—Y no abusaste de mí —soltó el demonio, como incrédulo. Ciertamente comienzo a preocuparme por su cordura. Está suplicando por atención. Tal vez se deba a un trauma proveniente de su edad post-anal que sólo se cure con electroshocks o lobotomía. Pero me niego a creer que esté tan desesperado.
—¿QUE NO ESTÉ DESESPERADO? —clamó al cielo—. ¿Cómo quieres que haga eso?
Ah, por lo visto tiene una queja.
—¡Claro que la tengo! .¡No puedo meterme con ninguna de las…!
Pero no me importa ninguna queja que pueda tener. Así que puede irse al infierno.
—… tú… ¡maldita bruja sin corazón! .¡Ven aquí, donde pueda verte, para arrancarte la cabeza!
Pffft. Y yo de idiota que le hago caso, .¿no?
—¡Pagarás! —gritó, semienloquecido, sacó una bazooka y disparó al cielo. El proyectil se perdió en el horizonte.
Jo, y a quién le importa. En el ínter, Antonio retó a Tyson otra vez.
—… 3, 2, 1… LET IT HISSHTUCPLACK! —contó Max, sonriente, y los yoblades volaron cual grácil ruiseñor (arrh, adoro decir eso, yes sir). El yoblade de Tyson giró un poco alrededor del plato, el de Antonio hizo lo mismo; e, inesperadamente, el yoblade de Antonio le dio en la cuerda al de Tyson, logrando que dejara de girar.
—¡SÍÍÍÍÍ! —saltó Antonio, en el estricto sentido de la palabra—. ¡GANÉ!
—… siempre pasa esto… —suspiró Yemita. El buen camarada Kai sonreía malévolamente mientras nadie lo veía y pensaba que ahora Bachoco no podría decir que fuera culpa de alguien más que no fuera él mismo.
—… aunque no lo habría logrado sin la ayuda de Kai —soltó Antonio, metiendo la pata.
—¿QUÉ? —gritó Tyson, para volverse a imprecar a Kai—. ¡OYE! NUNCA NOS AYUDAS A ENTRENAR, .¿Y HACES QUE MEJORE DE LA NOCHE A LA MAÑANA? .¿DÓNDE SE SUPONE QUE ESTÁ TU LEALTAD?
—¡CÁLLATE, TYSON! —bramó su abuelo, justo a tiempo, o el buen camarada le habría soltado un certero puñetazo en la cara a su nieto, quien sólo atinaba a balbucir incoherencias, como siempre.
—Pero…
—No es culpa de Kai que siempre pierdas.
… y el proyectil que había lanzado Rogran cayó sobre la cabaña. De entre los escombros salieron Rei y Kenny, uno aferrando su yoblade en la mano izquierda, el otro aferrando su GBASP.
—Jefe… no sé que le hayas hecho a mi yoblade, pero no le cambies nada —dijo Rei lentamente, estupefacto, con la cara llena de hollín y con el peinado de Albert Einstein.
—… da miedo… —murmuró Marta desde el GBASP.
—¡ESTÁ VIVO! .¡VIVO! —Kenny empezó a reírse como un sicótico, así que Rogran no esperó a ser presentado y lo noqueó de un golpe.
Ahora me pregunto cómo harán para regresar a la ciudad. Al fin y al cabo, el conductor psicópata que los llevó allí está en la cárcel por circunstancias que no les atañen. Yes, sir, un problema interesante. Me supongo que no les quedará más que regresar a pie. Aye, no hay otra solución.
El buen camarada Kai sacó una motocicleta de entre los pliegues de su bufanda y se fue.
El resto de los bladefixers y el abuelo de Tyson simplemente se quedaron atónitos, como si nunca hubieran visto a alguien sacar una moto de una bufanda, por favor. Si es algo de lo más común en estos días.
—¡Haré mi "buena" acción del día! —soltó el demonio incendia-barcos destruye-cabañas con genuina alegría—. Telepo
Y los teletransportó a todos al hotel donde les había reservado unas habitaciones el Sr. Dickenson, previsor como él sólo. Todo parecía bien, hasta que una voz señaló un problema.
—…¿y qué se supone que haga yo aquí? —preguntó Antonio. Ah, culpa del demonio imbécil. Si los bladefixers tuvieran algo de cerebro, se desharían de él lo más pronto posible.
