Tras un sueño realista y vivido, Law se despertó.

Un tanto desconcertado, el jóven se incorporó sentado sobre el sofá de la enorme sala de estar donde había caído irremediablemente dormido hacía un par de horas, admirando la chimenea encendida mientras le llegaba a los oídos algo de música. Ahogado el sonido por andar en otra habitación, Law reconoció rápido las melodías que su padre solía poner cuando estaba presente en la casa a aquellas horas del mediodía, llevandose una mano a los ojos para frotarlos cansadamente.

Su padre podría ser muchas cosas desagradables, pero siempre tuvo un gran gusto musical. Al menos, en opinión de Law.

Perezoso, el muchacho se estiró y tuvo que ralentizar el ritmo del movimiento en cuanto se percató de que andaba con el cuello y los hombros agarrotados. Se había quedado completamente dormido en una mala posición y, con un gruñidito de protesta, consiguió crujirse un tanto las zonas doloridas para calmarlas malamente. Adormilado todavía, el jóven Law comprobó uno de los causantes principales de su malestar muscular, admirando con expresión fastidiada el libro médico que había estado ojeando atentamente antes de caer dormido. El muy condenado se había deslizado y había conseguido llegar hasta el sofá, acomodandose en el lugar donde la parte alta de su espalda había ido a parar y, así, conseguir que aquella zona anduviera sobre una superficie dolorosa y de esquinas puntiagudas.

Todavía dolorido, Law se mesó los hombros mientras miraba aquel libro resignadamente.

Debido al adormilamiento y la costumbre, dedicó un par de ojos fugaces a la puerta de la sala de estar en espera de que Anouk se percatara de que su dueño había despertado y se decidiera por entrar.

Luego Law recordó que Anouk había muerto y que ya nadie venía a darle los buenos días tras sus siestas cortas en aquella casa.

Sintiendose algo estúpido y agotado, el jóven suspiró fastidiosamente otra vez, tirando el libro suavemente sobre la mesa cercana de café pero con algo de enfado, como si el objeto hubiera decidido colocarse bajo su espalda a propósito. Igualmente, Law respetaba los libros. El conocimiento es poder y los libros son conocimiento.

Law respetaba el poder de los libros.

Entonces recordó lo que había estado soñando y con que detallismo y relidad, mesandose la nuca levemente dolorido y con desconcierto. Primeramente, lo que más sorprendente se hacía era el hecho de haber logrado soñar tan profundamente como para que durase tanto la recreación mental y fuera, igualmente, de aspecto tan verdadero como la vida misma. De todas formas, ante este último hecho Law se dijo que, como había ocurrido de verdad, seguramente el detallismo y veracidad aparente fueran algo común y esperable. Law no solía soñar con el pasado y, si lo hacía, solía ser con su madre o con cosas que tenían que ver con ella de una forma más directa o indirecta.

Esta vez, sin embargo, había recreado mentalmente en su sueño el incidente con Alexander a la perfección.

La mente humana es asombrosa, se dijo Law, convencido de que si le hubieran pedido apenas el día anterior que recordara cada detalle de aquel momento y lo narrara, posiblemente no se hubiera acordado de tanta palabra, acción y movimiento. Hubiera recordado lo general, pero no absolutamente todo como había sido el caso de su sueño. Era curioso observar como, en realidad, esos momentos queda archivados aunque creamos que no podemos recordarlos.

De todas formas tenía sentido, se dijo Law, porque fue apenas ayer que se topó desagradablemente con el estúpido de Alexander en la misma cocina de los Bogdánov. Es decir, en su territorio, por lo que era normal y comprensible que su mente le diera vueltas de una u otra forma y consiguiera soñar con él para recrear el momento de gloria. Si bien aquellos años de su vida no habían sido una muestra de autocontrol y buenas acciones, Law sabía que todos los adolescentes son complicados a su manera y se inclinan hacia donde no deben, solo que cada uno tira por el pie del que más cojea. Se sobrepasó un poco, quizá, más que nada por que reaccionó de forma excesivamente rabiosa y por que habían sido ambos un par de niños que jugaban a ser mayores. El problema radicaba en que, mientras que para Alexander y los suyos el juego de la madurez consistía en beber cervezas y salir con chicas, para Law la situación fue bastante más peligrosa y complicada. Aquel incidente pertenecía al pasado, de todas formas, a una parte de su vida demasiado sombría y descontrolada, hormonal y más instintiva que racional, por lo que Law no tenía motivos suficientes como para sentirse culpable o similares. Igualmente, gracias a ello Alexander aprendió una valiosa lección que Law no tenía problemas en enseñarle de nuevo si es que acaso la había olvidado, diciendose el jóven Trafalgar que, si bien quizá había sido un tanto excesivo, la eficacia de sus acciones habían hecho que merecieran la pena de una forma u otra.

Actualmente, si se repitiera situación como la anterior, Law se dijo que sería mucho más listo y actuaría con mayor sigilo y cabeza fría. Se hubiera encargado de que nadie más que Alexander conociera la identidad de su agresor y los detalles del incidente. Nunca ha de subestimarse el poder del miedo.

Y nadie le partía el corazón a Ninette y salía impune para pavonearse con sus amigotes mientras él estuviera con vida en el mundo.

Lo de Alexander había sido un error de juventud, nada más, pero un error que en el universo de Law estaba completamente justificado. Para lidiar con su Ninette había que estar a la altura y, como era de esperar, apenas nadie estaba a tal nivel.

Exceptuandole a él mismo, evidentemente.

Al recordar el tema de Ninette y su familia, Law se sintió satisfecho.

Realmente, las cosas habían salido mejor de lo que esperaba en un principio, creyendo él que tendría que lidiar con una total hostilidad y ataques más o menos directos hacia su persona. Si bien no había contado con la presencia sorpresa de Alexander, Law se dijo que lo había aprovechado bastante bien en su favor y que el que había quedado como mejor caballero y muchacho educado había sido él en lugar del otro. A la madre la había conquistado como debía, que se le daba bien embaucar a la gente sencilla e impresionable, y en cuanto al padre las cosas continuaban igual de tensas y tirantes. El señor Bogdánov no se dejaba convencer ni embaucar, ya fuera porque adivinaba sus intenciones de manipular y planificar a su conveniencia o bien porque observara furioso y asustado como un intruso le robaba a su hija cada día más, pero era evidente que no pensaba llegar a un acuerdo con Law. Mucho menos estaba dispuesto el señor Bogdánov a darle su aprobación como muchacho y como compañero sentimental de su nena.

Sin embargo, Law comenzaba a darle por perdido y se preocupaba cada vez menos por el padre.

Si bien era evidente que nunca le aceptaría, Law había logrado el amor y aprobación de las dos mujeres de la casa. Además ¿Cuántos suegros existen en el planeta que detesten a aquellos que les han arrebatado descaradamente a sus princesas? Cientos de miles desde los principios de la humanidad. Law estaba convencido ya de que el señor Bogdánov no sería un problema. A pesar de las amenazas de retirarle el reconocimiento paterno que habían acechado a su pobre y crédula Ninette, desde que le había conocido mejor y había tenido tiempo para analizarlo bien, Law estaba convencido de que no cumpliría ninguna de ellas. No era un hombre capaz de hacerlo, quería a su hija y la querría por muchos jóvenes como él que se cruzaran en su vida. Estaba asustado, sin más, y observaba impotente como allí nadie tenía en cuenta sus deseos y consejos. Un hombre débil, pero de corazón familiar. No abandonaría a su nena por causa de Law y él estaba seguro, además, que junto al amor que su hija le profesaba desde hacía tiempo y la nueva admiración y embrujo que había logrado sobre la señora Bogdánov, el padre estaba solo en su lucha y no sería capaz de continuarla.

No tenía posibilidad de ganar, además, eso lo sabían todos y tendría que llegar a algun tipo de acuerdo silencioso con él. Una paz tensa e incómoda, pero paz. Seguramente, se decantaría por refunfuñar y aceptar a regañadientes los deseos de sus mujeres mientras miraba furioso a Law pero sin atreverse a decirle palabra desagradable.

Todo había salido más o menos bien, definitivamente, al menos de la mejor manera que hubiera podido salir. La señora Bogdánov estaba conquistada, el señor Bogdánov arrinconado y Ninette ¡Ay, Ninette! Ninette no sabía la pobre como llevarlo y quería actuar, que no parecía conocer la muchacha que nada tenía que hacer al respecto. Law recordó como la mañana anterior se había dedicado la pobre a mirar asustada y sin acertar a qué decir o moverse, no pudiendo él evitar el sentirse hasta compasivo cuando le recordó, como numerosas veces anteriores, a algun tipo de tierno animalito arrinconado y tembloroso. Era evidente que quería actuar y no sabía como.

¿No se daba cuenta, acaso, de que no era necesario en absoluto que ella actuara de ninguna manera? Pobrecita Ninette, tan perdida.

¿Para qué tenía ella que preocuparse por esas cosas, que la iban a amargar y agriar? Era mejor así, manteniendose al margen cuando la situación era delicada y amenazaba con romperse. Ellos ya se encargaban de enderezar la estructura tambaleante de relaciones familiares, intrusos y romances inesperados. Cuando Law se marchó de la casa y se topó con sus ojos llorosos tenía que admitir que, en el fondo, se sintió traicionado. Era cierto y Law lo había asimilado. Sin embargo, en cuanto la emoción momentánea comenzó a razonarse a si misma y la situación le dejó pensar en frío, en congelante, Law supo que no tenía nada en contra de la dulce Ninette y que tampoco era sorprendente ni traicionera su incapacidad para actuar en su defensa.

Ninette no sabía manejar esas cosas complicadas y no estaba acostumbrada a las discusiones o ambientes tensos. Ella estaba hecha para andar felíz y a sus mundos coloridos y llenos de cosas agradables, no para bajar a la tierra y comportarse como se esperaría de cualquiera. Sin embargo, como Ninette no era cualquiera, pues era comprensible y hasta esperable su reacción estática del día anterior y sus ojos llorosos. Precisamente por no ser cualquiera le gustaba tanto.

No, ella estaba mejor así, esperando tranquilita a que la tormenta pasara mientras los mayores solucionaban los problemas. Una vez la tempestad se deshacía, Ninette ya podía salir para alegrarles la vida, pasarlo bien y animar hasta al más decaído. Law era incapaz de tenerle en cuenta su reacción porque le gustaba Ninette como estaba y, si aquel era el caso, era imposible que pretendiera una actuación que ella nunca llevaría a cabo.

Las cosas habían salido bien.

Con mejor humor a pesar de los músculos todavía quejumbrosos, el jóven Law se levantó satisfecho de su sofá, dispuesto a dar la cara un instante por el resto de la casa con la única y rápida intención de hacerse con algún tentempié que paliara el hambre de la tarde. Decidiendo que no era momento y que estaba demasiado cómodo con el mundo en general como para andar pensando mal y armando gresca, Law evitó los malos pensamientos y ganas de evitación hacia su progenitor, saliendo de la sala de estar para seguir el sonido de la música y llegar hasta las cocinas. Acercandose cada vez más hacia el salón enorme en el que, sin duda, su padre andaría tomandose su café de la tarde inmerso en algún libro o documento al margen de todo y de cuanto estuviera vivo a su alrededor, el jóven Law se abrió paso entre los enormes pasillos de una casa que no podía considerar como tal. Por el camino se cruzó con algún que otro empleado del que Law ni recordaba su rostro, sabiendo que la plantilla se renovaba a menudo o bien aparecían sirvientes espóradicos que necesitaban dinero de un par de semanas.

Cada vez había menos empleados, eso sí. Cada vez más escasos, más callados, aburridos y distantes. Aquella casa andaba moribunda desde que la señora Trafalgar había muerto y, con el tiempo, la agonía se transformaba en muerte.

Igualmente, para Law estaba muerta desde hacía demasiado tiempo. Quizá estuviera muerta desde el principio, desde antes de su nacimiento, incluso.

Topandose con la música agradable y buena en tono bajo para dar ambiente, Law abrió finalmente la puerta del salón esperando encontrarse con su padre continuando su rutina acostumbrada y férrea como el metal más duro.

Y no fue solo eso lo que se encontró.

Sentada en aquella mesa enorme sobre una de las sillas caras y cómodas, la muchacha Ninette acompañaba a su progenitor a la hora del café bajo la música instrumental.

Sin poder evitarlo, Law adoptó una expresión de sorpresa desagradable.

Como respuesta primera, tanto su padre como la chica dieron un respinguito, clavando unos ojos descubiertos sobre el jóven recien llegado a la sala.

Entonces el rostro de Law dejó de mostrar sorpresa para tornarse molesto.

Demasiado molesto.

Ninette tragó saliva y el señor Trafalgar suspiró para si mismo, regresando la atención a su taza de café.

-Law... - Dijo ella con su vocecita dulce y culpable, sonriendole fugaz con claras intenciones de arreglar algo o explicarle la maldita situación.

Pero Law se limitó a contener un bufido, darse la vuelta sobre sus propios pies y salir notablemente furioso y como una centella de aquella sala que, de repente, se había tornado insoportable para él. Otra vez andaba ella estropeandolo todo.

-D-disculpe... - Susurró Ninette temblorosa y bajamente hacia el señor Trafalgar, levantandose velozmente de su silla para seguir sin pensarlo dos veces al muchacho que acababa de partir furiosamente de la habitación.

Gracias a la rapidez con la que había reaccionado y decidida a encontrarse con él, Ninette no tuvo problemas en darle caza, topandose nada más salir del cuarto lujoso con su espalda y su caminar veloz y evidentemente molesto. Ella estaba segura, segurísima, de que él andaba escuchando sus propios pasitos y sabía perfectamente que lo andaba siguiendo, causando que la preocupación, inseguridad y temor de Ninette creciera enormemente al comprobar que él había decidido permanecer distante. Comenzó a ponerse nerviosa y triste, muy triste.

-Law... - Volvió a repetir con un tono mucho más demandante y dolido que la vez anterior, consiguiendo nada más que él continuara a través de los pasillos sin girarse si quiera a dedicarle una miradita vaga. La llorera del día anterior regresó para Ninette, teniendo que tragarse el llanto por pura fuerza de voluntad para tratar de dar la cara a la situación como mejor se pudiera. ¿Y si de verdad la odiaba? ¿Y si no quería verla nunca más debido a su traición descarada y ella, encima, se había presentado en su casa sin más ni noticia?

Pero es que Ninette había estado tan, tan preocupada por el estado emocional de su relación amorosa y tan inquieta, tan llorosa y nerviosa, que no había podido controlar el impulso de lanzarse hacia su casa a comprobarlo por si misma. Siempre a base de impulsos esta Ninette, que actuaba sin pensar ni mediar reflexiones la gran mayoría de las veces.

-¡Law!- Gritó más fuerte y ya hasta suplicante, acelerando el ritmo de la marcha en cuanto comprobó que él no parecía dispuesto a aminorar y encararla. Nuevamente, no obtuvo ninguna respuesta.

Jadeando por la caminata y con un tremendo nudo en la garganta, con los ojos picando horriblemente por las lagrimas inminentes, Ninette se detuvo en su camino para contemplar abandonada y triste como él abría la puerta principal de la casa y salía hacia el exterior.

Pero Ninette no iba a darse por vencida aunque quisiera. No podía.

Presa de un nuevo impulso más fuerte que ningún otro debido a la desesperación y a considerarlo de importancia mayor por puro instinto, Ninette se aceleró de nuevo para atravesar la distancia corta que la separaba del otro, saliendo tras él hacia el exterior en una carrera nerviosa para lanzarse contra su brazo sin pensarlo y agarrarlo demandante.

-Law... - Volvió a repetir suplicante y llorosita, consiguiento con el contacto y la insistencia que, por primer vez en todo su seguimiento, el jóven detuviera la marcha. -Por favor... - Pidió Ninette al ver que aún no parecía dispuesto a encararla, sintiendo la muchacha una oleada nerviosa de esperanza y bienestar en cuanto lo consiguió de apariencia titubeante, dudando entre el mantenerse distante o finalmente darle algún tipo de atención.

Tras unos segundos que a Ninette se le hicieron tortuosos y demasiado lentos, Law se giró y la encaró, dandose la vuelta sobre la nieve y bajo el ambiente frío de la isla.

Y antes de atreverse siquiera a sonreir aliviada, Ninette tuvo que tragar saliva y tratar de calmar el nudo de su garganta al toparse con que la expresión de Law no era felíz, precisamente. No era felíz en absoluto.

Pareciendo que contenía algo terrible y poderoso, el jóven abrió la boca dispuesto a soltar palabras que no serían nada agradables, cerrando prontamente en cuanto los ojos negros de ella se clavaron asustados y llorosos sobre los suyos. Law cerró los parpados con expresión de fastidio total, ahogando notablemente un suspiro para después llevarse la mano hacia la cara y masajearse el puente de la nariz en búsqueda de algo de calma y reflexión.

Ella, asustada, insegura, triste y culpable, no supo hacer otra cosa que tironear de la manga de su jersey que aún tenía enganchada bajo los dedos con suavidad.

-¿Qué... - Trató Law de decir, teniendo que callar otro par de segundos al ver que iba a elevar el tono de voz demasiado. - ... qué carajo haces en mi casa?- Concluyó por fín, clavando sobre Ninette aquella mirada gris y juzgadora que parecía tener siempre la razón y la firmeza más absoluta. Como de hielo, sus ojos permanecieron sin ningún atisbo de inseguridad o compasión causando que ella tuviera, de nuevo, que luchar fieramente contra las ganas de comenzar a sollozar como una niña pequeña.

-E-estaba preocupada... - Y ella tuvo que tornarse urgente y apurada en cuanto comprobó que Law se limitaba a chasquear la lengua notablemente fastidiado, clavando su mirada hacia la nada unos segundos con resignación molesta. -¡Temía con toda mi alma que no quisieras volver a verme, o que me odiaras! ¡O que estuvieras tan enfadado conmigo que nunca jamás desearas saber nada de mi! Te fuiste ayer de mi casa tan maltratado y yo... - Pero Law la interrumpió velozmente.

-¿Y no podías esperar a que yo te llamara, o te diera noticias?- Cortante y cada vez más molesto, comenzando a dejarse llevar por el enfado, Law cuestionó con voz doliente y el ceño fruncido. -¿Tenías que lanzarte a hacer lo que te apeteciera y aparecer aquí, presentandote a mi padre sin darme ni un aviso al respecto?- Ninette sorbeteó por la nariz al ver su llanto inminente.

-Es que... - Dijo Ninette temblorosamente, buscando a duras penas por su mente emocional las palabras adecuadas que justificaran el apuro. -Es que yo... no podía estar así, estaba muy preocupada y... -

-Eres una niña caprichosa e impulsiva.- Dijo Law, cortando nuevamente el intento de explicación de Ninette para elevar un tanto la voz y señalarla con un dedo acusador, haciendo que la expresión de la muchacha terminara por transformarse del todo en la del daño y el lloro inminente. -No puedes hacer siempre cuanto te venga en gana, Ninette. Que te baile el agua cuando a mi me apetece no significa que vaya a hacerlo cuando tú lo consideres oportuno, mucho menos en circunstancia como esta... - Ninette empezó a llorar al principio ligeramente silenciosa, no consiguiendo todavía despertar la compasión de un Law que andaba molesto, demasiado molesto, y tenía la oportunidad de echarle en cara la situación. -¿A quién se le ocurre, eh? ¿Quién te dio permiso y te dijo que era una buena idea? Es mi casa, no la tuya, ni tiene nada que ver contigo. Tú no eres nadie como para hacer esto.- Entonces Ninette empezó a llorar, pero a llorar de verdad.

-¡Eres cruel!- Exclamó ella entre sollozos y lágrimas totalmente dañada, cubriendose malamente la cara con las manos para darse la vuela sin pensarlo ni un instante y decidirse por huir de allí. Algo debió despertar dentro del jóven Law porque, en seguida, al ver sus lagrimas y el efecto de sus malas y descuidadas palabras, comenzó a sentirse él también demasiado apurado como para dejarlo estar.

-Espera... - Le dijo a Ninette, observando nervioso al no saber muy bien que hacer como ella lo ignoraba y caminaba hacia nadie sabe donde. -Venga... espera, espera... - Tuvo que darle caza, llevando una mano hacia su hombro estrecho que fue zafada malamente con un movimiento brusco. A pesar de ello, Ninette no continuó su caminata, limitandose a llorar cruzada de brazos y dandole la espalda en un intento por mantener la dignidad como mejor pudiera y hacerle sentir un poquito la impotencia que ella había padecido momentos antes. -No te enfades así, pajarito, no te pongas triste... no pretendía ser tan duro contigo, que ni te lo mereces ni te lo has buscado... - Dijo Law, pareciendo que de pronto se había calmado y regresaba a aquel tono de voz compasivo y didáctico que Ninette tanto se conocía.

-Olvidáme. Eres cruel... eres cruel y malvado ¡Has sido horrible conmigo y yo no quería hacer ningún mal!- Lloriqueó Ninette, dandole una patadita al suelo de nieve entre sollozos malamente ahogados mientras trataba de ser fuerte y orgullosa. -¡Tus palabras eran innecesarias y han sido muy, muy dolorosas! ¡Más aún cuando yo lo único que quería era verte y saber que estabas bien, que tu estado de ánimo continuaba intacto al igual que tus sentimientos! Y... y vas tú... - Ninette tuvo que callar un instante, descomponiendose un segundo en un sollozo doloroso y alto que no pudo contener antes de continuar, todavía en su posición cruzada de brazos que comenzó a volverse temblorosa. -¡Vas tú y me dices que no soy nadie!-

-Eso no es así, gorrioncito... venga, por supuesto que eres alguien. Alguien muy importante, además.- Dijo Law en tono tranquilizador al ver que ella comenzaba a dejarse llevar demasiado por el momento y las emociones, callando inteligente en cuanto supo que Ninette iba a continuar.

-¡P-pues si no soy nadie, no lo seré, ale! ¡Me iré y te dejaré en paz en tu casa con tus cosas, te dejaré con tus cosas para siempre y así no te sentiras molesto ni me dirás esas cosas tan horribles!- Exclamó llorosa y sin pensar Ninette, sabiendolo a su espalda a pesar de que no lo estaba mirando. Si lo encaraba ahora, ella sabía que no sería capaz de molestarse. Al menos, no de aquella manera rabiosa, dolida a más no poder y sollozante.

-Tú eres lo más importante que tengo ¿De qué me sirven todas mis cosas si no tengo lo más importante?- Complaciente, Law se atrevió a agarrar suavemente su hombro de nuevo, observando más calmado y seguro que esta vez ella no hizo ningún ademan ni movimiento de total evitación, solo un titubeo físico. -He sido muy estúpido, ya lo sé. Mi reacción no ha sido la correcta y tú no mereces ni debes escuchar unas palabras tan desagradables, mucho menos de mi boca, aún menos cuando no son ciertas en absoluto... es solo que... - Ahora venía la parte justificativa y didáctica, hablando suave y cuidadoso el muchacho por temor a empeorar aún más la situación y conseguir una reacción excesivamente dolida. Ya había hecho suficiente daño por hoy y por mucho tiempo, pero ella debía aprender lo que Law consideraba límites insalvables y el lugar de cada quién. Era de importancia mayor que así fuera o jamás funcionaría y, como era de esperar, Law estaba dispuesto a hacer cuanto fuese necesario para que funcionara a las mil maravillas. -Es solo que hay cosas mías en las que no me gusta que nadie se meta... ya te lo dije un día, pajarito. Solo es eso, no me agrada y no me lo esperaba, quizá si me hubieras avisado o similar... - Ninette lo interrumpió.

-¡Tú te presentaste en mi casa sin avisar y con todo tu descaro!- Exclamó ella llorosa y malamente digna, teniendo que deshacer un instante su posición cruzada de brazos para secarse las lagrimas de la cara rápidamente. -¡Lo hiciste y criticas la misma acción que tú llevaste a cabo! ¡Es injusto y ridículo!- Dejandose llevar por las emociones y la ofensa, la muchacha lloriqueó digna y caprichosa. Algo desconcertada también.

-No es lo mismo.- Contestó Law, habiendose calmado por fín y buscando la misma reacción por parte de Ninette. Condescendiente y dispuesto a aguantar y tratar con ella hasta lograr solucionarlo, que ya sabía él que podría hacerlo tarde o temprano, el jóven produjo un apretoncito suave y cariñoso sobre el hombro de ella que logró el efecto dudoso deseado.

-¡Claro que es lo mismo!- Pero a pesar de todo Ninette aún no estaba dispuesta a ceder, sintiendo como aquella parte de su ser que en ocasiones se revolvía quejumbrosa comenzaba a gritar más fuerte que veces anteriores. Se hizo con el control un segundo aunque ella no supiera, todavía no, exactamente el por qué real de su indignación, pateando de nuevo el suelo de nieve blanca.

-No, no es lo mismo.- Negó Law suave pero totalmente convencido de cuanto decía, causando que una dudosa Ninette se mordiera el labio inferior y comenzara, sin proponerselo, a ceder y ahogar aquella parte de sí misma que luchaba por salir a flote. Law siempre tenía razón, recordó Ninette, y poco a poco aquella voz fiera y orgullosa comenzó a ahogarse y ocultarse cada vez más en algún rincón desconocido y oscuro de su mente. -Mira, pajarito... - Law suspiró bajo, dispuesto a explicar la situación como quien trata con un niño en pleno ataque de caprichos y llorera. - ... cada cual tiene sus cosas y manías. Cada persona posee ciertos defectos, gustos y desprecios. Cada uno tiene cosas que le agradan mucho y cosas que detestan y enfadan mucho... - Como respuesta primera, ella produjo un gruñidito quejumbroso al no querer ceder ya por pura testarudez y daño emocional. -Pues, verás, que se entrometan en mis cosas y manejen las situaciones por mi, sin contar conmigo, es una de esas cosas que yo detesto y me enfadan mucho... por eso no es lo mismo.- Otro nuevo apretoncito cariñoso fue dado sobre el hombro frágil de Ninette, observando complacido Law como ella no parecía tener intenciones de huir de nuevo o evitar el contacto. -Además, yo sabía bien que andaba haciendo y fue tu madre quien me animó a presentarme allí de una forma u otra... la situación no era en absoluto la misma y creo que lo hice bastante bien ¿no es cierto que mi visita fue, exceptuando el encontronazo con Alexander, algo del todo beneficioso para defender nuestra relación?- Guardó Law silencio después de sus palabras, en espera de algún tipo de respuesta por parte de ella. Aún dandole la espalda, entre lloros y lágrimas nerviosas, tras un tiempo de reflexión y de pensar las palabras oídas Ninette asintió a regañadientes. Law sonrió satisfecho de si mismo y su manejo sencillo. -Lo de hoy, gorrión, es solo que andaba muy contento y satisfecho con todo, mucho. Andaba felíz y tranquilo y, de pronto, me topo con que el pajarito ha decidido actuar sin saber demasiado bien y, como se espera de tal avecilla locuela y cantarina, sin pensar ni reflexionar. - Y es que Law no quería que Ninette lo estropeara con sus instintos emocionales, que mucho esfuerzo le había costado y aún le costaba a él lograr que la situación se mantuviera tan bien depués de tantos obstaculos a saltar. Habersela encontrado de pronto allí, en su casa e inmersa en sus cosas a las que nadie mas que a él pertenecían había causado que algo dentro de Law explotara desagradablemente. Gracias al cielo que ya se le andaba pasando. -No me malinterpretes, adoro tu impulsividad y cabecita emocional. Me encantan, pero a veces no sé como van a funcionar y me asusta que se equivoquen... - Law posó ambas manos ahora sobre los hombros de la chiquilla, comezando a masajear tiernamente para sentir bajo sus dedos como sus músculos tensos se relajaban poco a poco. -¿Y si hacen que el pajarito se extravíe y se haga daño? No quiero que se haga daño... -

-Yo solo quería saber como estabas... - Dijo Ninette cada vez más desconcertada, tentada al perdón por unas palabras que consideró adorables e insegura con su cabeza a más no poder. Law siempre tenía razón ¿por qué iba a ser diferente en esta ocasión? No tenía ningún sentido y la misma Ninette estaba convencida de que, efectivamente, tener una guía segura y fija evitaría cualquier tipo de dolor y otorgaría libertad ¿Cierto? Una total libertad de obligaciones reales, de responsabilidad, de temor a caerse demasiado fuerte. Ninette sería libre de todo y estaría a salvo, a salvo siempre aunque no entendía muy bien el motivo exacto ni a que venía todo eso ahora. La cabeza de Ninette aún andaba muy desordenada e inmadura como para entender demasiadas cosas. - ... y conocer a tu padre. Al principio solo quería saber como estabas pero, a medida que me acercaba hasta tu casa, me entró una tremenda curiosidad... principalmente quería saber como estabas y era lo más importante, de todas formas.- Reconoció Ninette con voz todavía lagrimosa por un llanto que comenzaba a detenerse y algo perdida debido al andar confusa por motivo desconocido.

-Oh, y eso es precioso.- Sonando agradecido y complacido con sus palabras, seguro de sí mismo, Law continuó masajeando sus hombros. -¿Y también querías conocer a mi padre? Podrías habermelo dicho... - Conestó Law pareciendo hasta divertido, haciendo que Ninette se callara el reprocharle que, aunque se lo hubiera dicho, posiblemente Law no le hubiera hecho ningun caso a su petición y hasta hubieran terminado discutiendo. De todas formas, Law no soportaba que nadie se metiera en sus cosas y esta era una de sus manías o defectos que lo hacían especial, se dijo Ninette. -De todas formas, ¿De qué ibas tú a hablar con mi padre? Solo sabe de ciencias, artes lógicas y de más cosas aburridas que no te interesan.-

-No hemos hablado demasiado.- Se limitó ella a contesar todavía, recordando el momento en el que trató de mantener algún tipo de conversación fluida y cordial con el señor Trafalgar sin resultados al respecto. Era aún más cerrado y gélido que su hijo, mucho más.

-¿No vas a mirarme todavía, no me perdonas?- Susurró Law fingiendo claramente la súplica por relajar el ambiente, acariciando con dedos suaves la nuca cálida de Ninette.

-No.- Respondió ella, cerrando los ojos sin poder evitarlo ante el contacto agradable y comenzando a ceder rápidamente a pesar de su negación vocal. Era demasiado difícil enfadarse con él cuando lo quería tanto y andaba tan complaciente y tierno.

-No te enfades conmigo, por favor, he sido brusco e idiota... ¿Quieres que me arrodille y te suplique perdón? Por que lo haré si es lo que quieres.- Y Law sabía que ella andaba tranquila y convencida, entrando ambos ya en el juego extraño en el que se habían sumido tras el momento desagradable. Era una relación diferente, desde luego. Con Law todo era diferente. -Vamos, mirame... Bonita, preciosa, gorrioncita, dulce niña... -

-No. Ya no te quiero.- Dijo Ninette, pero ella misma sabía que lo quería. Lo quería mucho, supo Ninette, lo quería tanto que no podía apenas soportarlo dentro del pecho y el alma. Entonces Ninette comprendió que no había nada ni nadie en el mundo capaz de convencerla de lo contrario, que no existía cosa posible que lograra que ella se alejara de él. Que lo quería, simplemente, que estaba enamorada de él. Que era su primer amor y, Ninette, en aquel momento preciso sintió que jamás podría amar a otra persona por muchos años que transcurrieran y por muchos que conociera.

Ninette comprendió en un segundo, en aquel instante, que deseaba con todas sus fuerzas que todos esos años que transcurrieran fueran con Law y para Law.

-Pues yo a ti sí. Yo te quiero mucho, gorrión. Te juro que te quiero desde el primer día que te vi y que jamás he podido quitarte de mi cabeza.- Y, aunque estuvieran más o menos jugando, aunque Law supiera que ella no había hablado en serio y que tenía su amor asegurado en aquel momento, él se confesó.

El corazón de Ninette dio una pirueta y regresó a su lugar para latir con fuerza desbocada.

-Entonces, casémonos.- Dijo Ninette sin girarse, notando una oleada de bienestar total ante aquella idea que, quizá, para oídos razonables pudiera sonar a locura. Sin embargo, para ella se convirtió en la materialización de la ilusión y la esperanza de una vida felíz y romántica.

Y ya se sabe que no hay romance que se precie sin locura de por medio.

Tras un largo silencio, Law por fín se atrevió a responder.

-Vale.- Dijo sin más y sin necesidad de cambiar ni un ápice su tono de voz, que desde el primer día supo que, en caso de lanzarse al matrimonio, sería solo y por Ninette.

Ninette se dio la vuelta y se lanzó a sus brazos.


Hola dola!

Estoy ocupada estos días con mis estudios, así que temo que no podré actualizar tan a menudo como me gustaría =(

Espero que hayaís disfrutado del capítulo. Law es una contradicción enorme! Ajajajajaja

Un besazo y muchos abrazos:

Maddy