Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 21

BELLA POV.

Lloré en brazos de Charlie como una niña pequeña buscando consuelo, él pacientemente me dejó desahogar sin dejar de acariciar mi cabello con ternura, repitiendo una y otra vez: "tranquila princesa, ahora estás en casa". ¿Cómo podía comportase así conmigo después de lo que le hice a Alice? ¿Cómo iba a reaccionar al saber que yo no soy su hija? ¿Me iba a despreciar?

Pasaron largos minutos antes de que por fin mi llanto cesara, Charlie con sus pulgares limpió los rastros de mis lágrimas y besó con dulzura mi frente.

—No tienes idea de cuánto te he extrañado mi vida, pero ahora lo importante es que has vuelto. ¡Dios! Estás en pie, puedes caminar —me dijo dándome una sonrisa.

—Sí, hace unos años me sometí a una cirugía y veme ahora —traté de corresponder su sonrisa lo mejor que pude, pero apenas logré esbozar una triste sonrisa—. Me odian, ¿cierto? —murmuré y suspiró pesadamente.

—No te voy a decir que sí, como tampoco puedo decir que no. Cariño, Alistair y tú no hicieron las cosas de la forma correcta. Debieron enfrentar a Alice y Edward, decirles la verdad de frente, no marcharse como lo hicieron —a pesar de que su voz fue suave y pausada, pude percibir una mal cubierta nota de reproche, el cual sin duda tenía más que merecido.

—Lo sé, muy tarde comprendo que los problemas se deben de enfrentar no eludir, y... ¿Sabes qué es lo más irónico de todo? Que Alistair y yo no estamos juntos, nunca lo estuvimos y nunca hubo nada entre nosotros. ¡Por Dios, ni siquiera eramos amigos! —confesé bajando la mirada.

El silencio reinó en el lugar por largos minutos, armándome de valor levanté la mirada hasta encontrarme con esos ojos tan parecidos a los míos, que ahora me veían con una mezcla de sentimientos que iban desde la molestia hasta la tristeza.

—Entonces, ¿por qué nos hicieron creer a todos que tenían una relación? —en esta ocasión ni siquiera trató de no hacer notar su reproche.

—Ahora no es el mejor momento para hablar sobre ese tema, quiero hablarlo con todos cuando salgas de aquí —suspirando pesadamente asintió.

—Han pasado muchas cosas desde que te fuiste, tu madre y yo nos divorciamos —eso no me extrañaba y mucho menos me tomó por sorpresa, es más, esperaba que eso pasara tarde o temprano pues él y Sulpicia nunca tuvieron una buena relación, eso lo notaba hasta un ciego—. Volví a casarme, y realmente espero que reacciones tan bien como tus hermanos ante la noticia.

—Si eres feliz con ella, no tengo por qué oponerme. Pero dime, ¿la conozco? —Charlie sonrió divertido por mi pregunta y no pude evitar fruncir el ceño.

—Oh sí, la conoces y bastante bien. Me casé con tu tía Renée, y sí, soy muy feliz con ella —siendo sincera, eso no me lo esperaba.

—Vaya... yo... me alegro por ambos —murmuré forzándome a sonreír, o intentarlo al menos. Charlie frunció el ceño y antes de que pudiera decir algo me adelanté, necesitaba desviar el tema urgentemente, hablar de Renée no era lo que quería ahora—. ¿Sabes? Eres abuelo, tengo dos hijas preciosas. Tia de trece años y Maggie de siete meses.

La mueca de confusión de Charlie me resultó demasiado graciosa, me senté a su lado en la incómoda cama de hospital y, con una sonrisa, me comencé a contarle el cómo es que ahora era mamá.

—Es tan triste la historia de esas niñas, pero por fortuna ahora están contigo, sé que serás una madre excelente para ellas. Y dime ¿las trajiste contigo?

—Claro, están en la sala de espera con Tany...

—Y qué estás esperando para ir por ellas ¿eh? —me interrumpió con una sonrisa en su rostro—. Anda, que quiero conocer a mis nietas.

Negando divertida ante el entusiasmo de Charlie salí de la habitación, con pasos apresurados, pues no quería arriesgarme a que alguien de la familia llegara y me encontrara en el hospital, recorrí el pasillo hasta la sala de espera.

Tanya y Tia estaban sumergidas en una acalorada charla sobre gimnasia, mientras la pequeña Maggie encantada jugaba con uno de los rubios rizos de mi amiga.

—¿Cómo te ha ido? —preguntó Tanya en cuanto llegué a su lado.

Maggie al verme comenzó a retorcerse en los brazos de mi amiga, estirando sus pequeños bracitos hacia mí para que la cargara.

—Bien, Charlie quiere conocerlas —respondí tomando a Maggie en mis brazos—. No tardaremos, vamos Tia.

Tia caminaba a mi lado sin dejar de retorcer sus manos con nerviosismo, su respiración se volvió irregular y su miraba permanecía clavada en el suelo. Llegamos frente a la puerta de la habitación y ella contuvo el aliento, por lo que antes de abrirla me planté frente a mi hija, oh sí mi hija, para tratar de tranquilizarla.

—No tienes por qué estar nerviosa cariño, te lo aseguro —levantó la mirada clavando sus asustados ojos en los míos.

—¿Y si no le agradamos Maggie y yo a tu papá?

—La pregunta correcta es: ¿Cómo no podrían agradarle? —sonrió un poco y su temblorosa mano tomó la mía después de que abriera la puerta.

En cuanto Charlie nos vio sus ojos brillaron emocionados, prácticamente tuve que arrastrar a Tia hasta llegar a lado de la cama, y una vez allí, permaneció semi escondida detrás de mí.

—Sé que tengo pinta de ser un viejo gruñón, pero te aseguro que no lo soy —Tia sonrió y con timidez salió de su escondite.

—Lo lamento señor Swan —murmuró a modo de disculpa y Charlie hizo un movimiento con su mano restándole importancia al asunto.

—No tienes que disculparte, y por favor no me llames señor Swan. Puedes llamarme Charlie o abuelo, claro, si te sientes cómoda con eso.

La barbilla de Tia comenzó a temblar y, dejando de lado su inicial nerviosismo y timidez, se acercó a Charlie y lo abrazó. Cuando se alejó deshaciendo el abrazo, pude ver como las lágrimas rodaban por sus mejillas y mi corazón se contrajo dolorosamente dentro de mi pecho.

—Hace unas semanas, lo único que tenía era a Maggie, pues a pesar de tener a mis padres ellos nunca se comportaron como tal. Sin embargo ahora, tengo a tía Vic y tío James... a mamá —al decir esa palabra volteó a verme, era la primera vez que me llamaba así y se sentía tan bien, tanto que un nudo se formó en mi garganta por la emoción—, y hasta un abuelo. En verdad que no tengo palabras para agradecer esto.

—Ahora tienen una gran familia, hasta tienen un primo, se llama Henry —mi ceño se frunció y Charlie soltó una ligera risa—. Es hijo de Emmett y Rosalie, está por cumplir tres años y por desgracia heredó el carácter bromista de su padre. Pero bueno, ya habrá tiempo para que lo conozcan, ¿no piensas dejarme cargar a mi nieta?

Maggie no protestó cuando la puse en brazos de Charlie, al contrario, ella estaba más que feliz tratando de jalar el bigote de su nuevo abuelo.

Pasados unos minutos nos despedimos de Charlie prometiendo que volveríamos a verlo al día siguiente, pero no había dado ni dos pasos lejos de la cama, cuando la puerta se abrió dejando ver a una persona que yo conocía muy bien. En cuanto sus ojos azules se posaron en mí y en la pequeña Maggie su mirada se tornó fría, algo que sinceramente me hizo tiritar ya que nunca lo había visto en Carlisle, pues su mirada siempre fue cálida y amable.

—No sabía que tenías visitas, Charlie, volveré más tarde para revisarte y si todo está bien podré darte el alta hoy mismo.

—No es necesario pues nosotras ya nos vamos, adiós... papá —la última palabra salió de mis labios con apenas un suave murmullo.

Salí de la habitación como si me persiguiera el mismísimo demonio, acuñando a Maggie contra mi pecho y seguida por una confundida Tia. Tenía que salir de allí antes de que... ¡no, oh Dios no puede ser!, grité dentro de mí y me frené en seco al ver la mirada afligida de Tanya, mi alma abandonó mi cuerpo al ver a la mujer de cabellos rubios y lloros ojos claros que me veía con emoción.

—¡Oh Bella! Hija, estás... ¡Dios! Has vuelto —en menos de lo que dura un parpadeo, los brazos de Renée me rodeaban con fuerza y no pude evitar tensarme por su cercanía.

Al notar mi incomodidad me soltó y limpió sus lágrimas, tenerla frente a mí no era nada sencillo, no cuando lo único que quería era gritarle hasta el cansancio, reprocharle una y otra vez su abandono, ¿cómo una madre podía si quiera pensar en regalar a sus hijos? Yo no tenía ni un mes con Maggie y Tia, y a pesar de que no son mis hijas biológicas, no puedo siquiera imaginarme lejos de ellas.

—¿Qué mierda hace ella aquí? —rugió una furiosa voz a unos pasos de distancia, voz que se clavó en pecho como una dolorosa puñalada.

A escasos metros de distancia, Alice me observaba con tanto odio como le era posible, pero ella no era la única que se encontraba en el lugar, a su lado estaban Emmett y Rosalie, el primero sostenía a su hijo en brazos y se veía realmente confundido por mi presencia, Rosalie por su parte me veía de manera muy similar a Alice.

Desvié la mirada de ellos, encontrándome con un par de orbes esmeraldas que me veían con una mezcla de sentimientos, sentimientos que unos segundos después desaparecieron dejando predominar la furia.

—¿Cómo puedes tener la poca vergüenza de aparecerte por aquí? —preguntó Alice con voz afilada avanzando unos cuantos pasos hasta situarse frente a mí.

—Alice, yo no... —no pude terminar la frase, pues una pequeña mano se estrelló con fuerza contra mi mejilla.

Me quedé en shock por la acción de ella, por unos segundos no fui consiente de lo que ocurría a mi alrededor, sólo podía pensar en que por primera vez Alice me había abofeteado. Fue hasta que Renée alejó de forma nada amable a Alice y comenzó a reñirle que reaccioné.

—No necesito que tú ni nadie me defienda, soy perfectamente capaz de hacerlo por mí misma —gruñí con voz fría ganándome una mirada de sorpresa por parte de Renée.

Maggie sintiendo la tensión que nos rodeaba comenzó a llorar, y fue hasta ese momento en que los presentes se percataron de la bebé que sostenía en mis brazos. Las reacciones de todos fueron distintas, el odio, la furia, la incredulidad y la alegría fueron algunas de las emociones que cruzaron por los rostros de las personas frente a mí.

—Tanya, llevate a Maggie y Tia, espérenme en el auto —le entregué la bebé a mi amiga, que al sentir la ausencia de mis brazos lloró con más fuerza.

—Yo me quedo contigo —rebatió Tia cruzando sus brazos a la altura de su pecho.

—Tú, señorita harás lo que yo diga, y si digo que te vas con Tanya y me esperan en el auto, eso es lo que harás —mi voz fue dura y sin lugar a replicas, no me gustó para nada hablarle así, pero tuve que hacerlo.

—Ven cariño, hagamos lo que Bella dice —me dio una última mirada antes de asentir a regañadientes.

Con cuidado le quitó la bebé a Tanya acuñandola en sus brazos y comenzaron a caminar hacia la salida, ella sabría mejor como calmarla.

—¡Eres una maldita zorra! ¿Cómo pudiste ser capaz de hacerme algo así? Sabías que yo amaba a Alistair, sabías que soñaba con ser la madre de sus hijos y tú me lo arrebataste todo... ¡Todo! —gritó tratando de contener las lágrimas.

—Yo no te arrebate nada, no lo hice y no te voy a permitir que me insultes.

—Eso es lo menos que te mereces —siseó venenosamente una furiosa Rosalie.

—Con todo respeto Rosalie, pero tú no tienes que meterte en esto —dije, soltó una risa sarcástica y viéndome con total desprecio se acercó un par de pasos a mí.

—¿No tengo que meterme en esto? ¿Te parece poco que Edward sea mi hermano? ¿Te parece poco que haya sido testigo del dolor que le causante, de la miseria en que lo hundiste? —Edward quiso interrumpir a su hermana, pero ella no se lo permitió—. No digas nada Edd, tiene que saber la mierda que causó y espero que al menos sienta un poco de remordimiento.

—Ya basta Rose, recuerda que estamos en un hospital —le dijo Emmett, ganándose una mala mirada de parte de su mujer.

—Ningún basta Emm, acaso ya olvidaste lo que pasó Alice, los días que estuvo encerrada sin dejar de llorar y...

Para este punto de la discusión yo ya no podía escuchar una sola palabra más, retuve mis lágrimas lo más que pude, pero ahora ya me era imposible y unas cuantas rodaron por mis mejillas, las cuales me apresuré a limpiar. Sin decir nada di un par de pasos dispuesta a irme, pero no me iban a dejar marchar con tanto facilidad.

—Tú no te vas, no al menos hasta que escuches todo lo que tengo que decirte —rugió Alice tomándome bruscamente del brazo—. Te odio Isabella, sí Isabella, porque mi hermana Bella murió el día que decidió destrozarme por completo...

—Alice no sigas —murmuré sintiendo como se abría un gran hueco en mi corazón.

—Maldita la hora en que te fijaste en él, ojalá hubieses muerto en ese accidente.

Antes de que pudiera reaccionar mi mano se estampó contra su mejilla, y ante la atónita mirada de todos, me marché dejando que mis lágrimas corrieran libres por mis mejillas.

EDWARD POV.

Mis pies cobraron vida propia y fui detrás de ella, me detuve a unos pasos de donde se encontraba apoyada en la pared con los ojos fuertemente cerrados, quise dar media vuelta y alejarme, pero por más que le ordenada a mi cuerpo que lo hiciera no me obedecía. Sin poder contenerme terminé con la distancia que nos separaba y tomé su mano, al sentir el contacto abrió los ojos y clavó su mirada en mí.

—¿Qué quieres Edward? —preguntó con voz entrecortada soltándose de mi agarre—. ¿También tú me dirás que preferirías hubiese muerto en ese accidente?

—No... yo... ni siquiera sé por qué diablos te seguí —confesé apoyándome en la pared frente a ella—. ¿Por qué lo hiciste?

—Mejor dime, ¿por qué lo hiciste tú? Me lo habías prometido Edward, me prometiste que nunca me ocultarías nada, sin embargo lo hiciste.

—¿De qué estás hablando? —pregunté confundido, ahora resultaba que yo la había engañado cuando fue ella quién lo hizo.

—Sólo te diré una palabras: Renée —¿Renée? ¿Qué tenía que ver ella en todo esto?

—No comprendo el qué tiene que ver tu tía en esto, yo sólo quiero una maldita explicación, creo que es lo mínimo que merezco ¿no?

—Te aseguro que la tendrás, pero no ahora. Y esa mujer tiene todo que ver, trata de hacer memoria —fue todo lo que dijo antes de irse, dejándome confundido y frustrado.

Pasé mi mano entre mis cabellos en repetidas ocasiones lleno de desesperación y un recuerdo llegó a mi cabeza, la noche en que escuché a Renée decir que ella era la madre de Isabella, ¿será que ella de alguna manera descubrió la verdad? ¿A eso se refería con que le oculté algo? No, eso era totalmente imposible, no había manera de que lo supiera pues las únicas personas que lo sabemos nunca se lo habríamos dicho.

Me deslicé por la pared hasta sentarme en el piso, unos minutos después Alice llegó y se sentó a mi lado.

—¿Viste a la niña? —preguntó rompiendo el silencio—, es tan parecida a ambos, tiene los ojos azules de él y el cabello castaño de ella.

Mi cuerpo entero se tensó, claro que la había visto y dolió como la jodida mierda. Tantas veces soñé con verla con una pequeña bebé en brazos, con cabello cobrizo y ojos chocolates, una perfecta combinación de ambos, pero eso no pudo ni podría ser.

Con una rápido movimiento me puse en pie y salí de allí, necesitaba aire fresco, necesitaba algo que me calmara un poco. Subí a mi coche y en tiempo récord llegué a mi casa, entré y fui directo al despacho, cerré la puerta con un portazo y me serví una copa.

—¿Edward, qué te pasa? Te hablé cuando entraste y me ignoraste —no la ignoré, ni siquiera escuché que me hablara, es más, ni siquiera recordé que vivíamos en la misma jodida casa.

—Déjame solo, Chelsea —le pedí, mejor dicho, le ordené y me tomé el contenido de mi copa de un solo trago.

—Estás demasiado tenso amor, tal vez yo pueda ayudarte con eso.

Pasó sus manos sensualmente por mi pecho, tiré el vaso al piso y busqué sus labios con desesperación y la besé con fiereza, tratando de descargar mi frustración de esa manera; terminé con el beso cuando la falta de oxigeno me obligó a hacerlo, pero ahora no eran los ojos miel de Chelsea los que me observaban con deseo. Eran esos ojos chocolates que tanto había anhelado en los últimos años, aunque me lo hubiese negado a mí mismo, ahora era mi Bella la que estaba frente a mí.

Con suavidad acaricié su mejilla temiendo que desapareciera, cerró los ojos ante mi toqué y no lo resistí más, uní nuestros labios de forma dulce, besándola con todo el amor que desgraciadamente no había podido olvidar. Mis manos bagaron por su espalda hasta llegar a sus caderas, la impulsé para que enredara sus piernas en mi cintura y sin romper nuestro beso caminé hasta el escritorio donde la deposité con suavidad.

Mis labios liberaron los suyos bajando a su cuello, con premura me deshice de su blusa y con mis labios acaricié sus pechos por sobre su sostén, mientras mis manos luchaban para soltar el broche de este.

—Oh... Edward —al escuchar esa voz me congelé y la realidad volvió de golpe a mí.

—Chelsea, déjame solo —me aparté de ella y le di la espalda cerrando las manos en apretados puños.

—Pero...

—¡Maldita sea! ¡Que me dejes solo! —grité estrellando con furia mi puño contra el escritorio.

Chelsea asustada salió a prisa del lugar, tomé la botella de whisky y bebí directamente de ella.

—Maldita la hora en que disidiste volver a nuestras vidas, Isabella.

Continuará...


¡Hola! Les dejo el siguiente capítulo de este Fic y ojalá que les haya gustado. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos y si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's

¿Algún review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Jueves: Siempre te Amaré (últimos capítulos)

Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo? (últimos capítulos)