Tentar la mano del destino

Para cuando el sol se puso esa tarde, Remus estaba desesperado por hablar con Romulus de lo que la profesora McGonagall había dicho. No era que creyera que la maestra mentía, simplemente quería escucharlo de su parte antes de creerlo. Desafortunadamente el fantasma, que siempre había estado cerca desde su regreso, no estaba por ningún lado.

-No puede haber ido lejos, -le dijo Peter razonablemente.-

-Aparecerá cuando quiera, -agregó Sirius- Como tú. ¿No habíamos quedado de acuerdo en que no irías a más clases?

-Las cosas han cambiado desde esta mañana, -le respondió Remus.-

-¿Cambiado cómo? ¿Spion decidió adoptarte en vez de entregarte a sus amigos del Ministerio?

-La profesora McGonagall dijo que podía ir a clase, -le dijo, mirando venenosamente a los demás, casi desafiándolos a contradecirlo.

-¿Has estado hablando con McGonagall?

-Almorzamos juntos, -agregó- Dijo que puedo ir a clase si tengo cuidado.

Parecía que Sirius no sabía qué contestarle.- Entonces, ¿por qué tan ansioso por hablar con tu hermano tan de repente?

-¿Quiero preguntarle algo?

-¿Qué cosa?

-Sólo algo que dijo McGonagall.

-¿Por qué? ¿Qué más dijo? –Preguntó James- Es algo malo, ¿no?

-¿Qué cosa? –Siguió Sirius- Sabes que puedes decirme lo que sea, ¿verdad?

Remus dudó por un momento más, pero eventualmente suspiró y se sentó en la cama de Sirius.- Dijo que, si el Ministerio me encuentra, me matarán, -susurró finalmente- Dijo que tienen un pedido de ejecución o algo así.

-Seguramente está mintiendo, -aseguró James- Quiere asustarte para que te comportes mientras estés escondido aquí.

-Está funcionando, -le contestó, resoplando- Sólo quisiera estar seguro de si es verdad o no. Rom sabe, pero ahora que necesito hablarle no lo encuentro por ningún lado.

-Es cierto, -susurró Sirius- hablaron de eso en el juicio de Rom el verano pasado.

-¿En serio? –Preguntó Remus, en el mismo tono de voz.

Sirius se sentó a su lado y le pasó el brazo alrededor de los hombros.- Perdón por no haberte dicho.

-Rom siempre me dijo que era posible que me mataran, pero creí que se refería a matarme por accidente cuando me atraparan. No pensé que me capturarían y me matarían después. No si no lastimaba a nadie.

Remus comenzó a temblar, pensando en lo que le habían dicho. Hasta ese momento su peor pesadilla había sido estar encerrado en un campamento para criaturas peligrosas. Ahora, de repente, le habían dicho que en vez de una vida preso, no tendría vida.

-No te preocupes, -le dijo Sirius- Dumbledore lo solucionará.

-¿Cómo?

-No sé, -admitió Sirius- Pero estoy seguro de que tiene un plan. Irá con el Ministerio y les dirá que no te pueden matar porque Sirius Black no quiere perder a su mejor amigo, y no querrán meterse con la ira de la familia Black.

Remus se rió un poco y negó con la cabeza.- Estás loco.

-¿No lo sabías? –Bromeó- Toda la familia Black está loca. Es por el incesto.

-¿Esa es tu excusa? –Preguntó James-

Sirius agarró una almohada y se la tiró a James, pero en vez de pegarle le dio a Peter, que desafortunadamente estaba tomando jugo de calabaza. El jugo cayó en la cama de James, que decidió vengarse tirándole una almohada a Sirius.

En medio de todo apareció Romulus, negó con la cabeza por un momento y se sentó en uno de los marcos de la ventana, para ver el caos. Remus, desafortunadamente, estaba demasiado concentrado en la pelea de almohadas como para verlo.


-¿Qué estás haciendo? –Preguntó Sirius, viendo a Remus mover las mantas de la cama extra esa misma noche.-

-Yendo a dormir, -le contestó Remus- ¿Qué parece que estoy haciendo?

-Pero siempre duermes aquí, -explicó, haciendo señas al lugar a su lado en esa misma cama.

-Es que pensé que, como la profesora McGonagall sabe que estoy aquí y les ha dicho a los elfos domésticos que me traigan comida… bueno, parece tonto usar esta cama, si ya saben donde estoy.

Sirius no podía discutir con esa lógica, así que simplemente le dijo que se asegurara de que sus cortinas estuvieran cerradas, por si tenían un visitante inesperado.

Era raro, pensó después esa misma noche. Al principio le había costado dormir con Remus acostado a su lado. Pero ahora, poco más que un mes después, estaba teniendo el problema opuesto. La torre de Gryffindor, siempre fría y con brisas en los meses de invierno, lo parecía aún más sin la presencia de Remus a su lado.

El frío no parecía molestar ni a James ni a Peter. El primero estaba roncando fuertemente y el último, que parecía inmune al frío, se había sacado todas las mantas de encima.

No sabía si Remus estaba despierto o no, y no tenía ganas de molestar a los demás llamándolo. Finalmente empezó a contar diablillos hasta que se quedó dormido.

Remus, mientras tanto, siguió despierto aún después de que Sirius se hubiera dormido, sus ojos seguían en el fantasma.- ¿Rom? –Susurró-

-¿Qué pasa? –Le preguntó de vuelta, bajando de la ventana.-

-No puedo dormir.

-¿Has tratado de contar diablillos?

-He intentado todo, -murmuró Remus- No dejo de pensar en lo que dijeron la profesora McGonagall y Sirius, de que el Ministerio quiere matarme.

-Trata de no preocuparte demasiado. Sólo ten cuidado.

-¿Por qué me odia tanto el Ministerio? –Preguntó- No les he hecho nada, y ellos no matan a todos los hombres lobo. ¿Entonces por qué quieren matarme?

Romulus alejó la vista y Remus sabía que estaba escondiéndole algo.-

-¿Rom? No sabías del pedido de ejecución antes, ¿o sí?

-No exactamente.

-¿A qué te refieres con eso?

-Sabía que se había pedido, -explicó, por fin mirándolo.- No sabía que se lo había aprobado.

-¿Quién lo pidió? –Preguntó, frunciendo- ¿Traté de morder a alguien antes? ¿Por eso me quiere matar el Ministerio?

-No, Remus. Nunca lastimaste a nadie.

-Pero alguien creyó que era demasiado peligroso, -le respondió-

-Sólo trata de dormir. No te preocupes. El profesor Dumbledore sigue planeando algo para mantenerte a salvo.

Remus se volvió a recostar y trató de dormir.- ¿Rom?

-Duérmete, Remus.

-¿Fueron mamá y papá? –Preguntó- ¿Ellos le pidieron al Ministerio que… que…?

Romulus se quedó callado por un rato antes de contestar.- Lo siento, Rem.

-¿Por qué no me quisieron?

-Sí te quisieron, -le respondió- Nos querían a los dos. Pero se asustaron.

-Pero tú dijiste que papá era un Gryffindor. Se supone que son valientes.

-Lo sé.

-¿Crees que alguna vez esté a salvo?

-Ahora lo estás. O tanto como es posible.

-Pero, ¿alguna vez estaré seguro?

-No sé. Quisiera tener todas las respuestas, pero nadie las tiene.

Remus se quedó mirando al techo, escuchando los no tan silenciosos ronquidos de los demás. Los tres eran de Gryffindor, como su papá. ¿Por qué podían ellos ser sus amigos, pero su padre no quería que viviera?

Escuchó que la cama del lado opuesto rechinaba cuando Sirius giró, dormido. Remus salió de abajo de sus mantas y caminó al otro lado de la habitación.- ¿Sirius?

No abrió los ojos ni reaccionó.

-¿Sirius? –Volvió a intentar, esta vez le pinchó el brazo.-

-¿Remus? –Murmuró Sirius- ¿Qué hora es?

-No sé, todavía está oscuro.

-¿Qué pasa?

-No puedo dormir, -explicó, sintiéndose tonto por despertar a su amigo por algo así.-

-¿Has tratado de contar diablillos?

-Sí.

-¿Quieres tomar agua o algo?

-No. Yo…

-¿Qué?

-Perdón por lo que dije de tu familia.

-No importa. Es verdad, y Potter y Pettigrew han dicho cosas peores de ellos. La mayoría también era cierto.

-No tendría que haber dicho nada.

-Olvídalo. Sólo trata de dormir, no quieres terminar durmiendo en clase.

-¿Te molesta si…? –Dejó de hablar, haciendo una seña hacia la cama.

Él le sonrió y levantó la manta.- Claro que no.

Remus le devolvió la sonrisa y se metió bajo la manta.- Estás frío, -se quejó.

Sirius se rió.- Duérmete, Remus.

Él cerró los ojos y se acomodó.- Buenas noches, Sirius, -susurró, sintiéndose más seguro de lo que había estado en todo el día.

-Buenas noches, -le contestó Sirius, por fin cálido.


-¿No estabas anoche en esa cama? –Le preguntó James a Remus la mañana siguiente. Señaló la cama extra, que seguía con las cortinas cerradas de los dos lados.-

-Sí, -le contestó, bostezando enormemente.

-No pueden dormir solos, ¿eh? –Bromeó James mirando a Sirius, que seguía inconsciente.

-Claro, -le contestó- Pero haznos un favor y deja de molestar a Sirius con esas cosas.

-Pero es tan fácil hacerlo enojar. –Se rió y comenzó a revisar su armario buscando una camisa limpia, haciendo que se cayeran todas al piso.-

-Eso es porque le preocupa que no le gusta ninguna de las chicas de aquí.

-¿Y qué tiene si no? A Peter tampoco. Hasta dijo que Evans era horrible la semana pasada.

-Sí, pero tú no molestas a Peter como a Sirius, ¿o sí? Y en el diario de la escuela no hubieron tontos chismes sobre él escritos por esa tonta de Slytherin.

-Sirius sabe que es en broma, -insistió James, aunque ya no sonaba tan seguro de sí mismo.

-Sólo deja de hacerlo, -pidió tranquilamente.-

-Bueno, no diré nada más. Aunque si los veo besándose por ahí puedo volver a molestarlos a los dos cuanto quiera.

-No vamos a andar besándonos, -le contestó Remus, riéndose.- Somos amigos. Mejores amigos.

-Sí, Peter también es mi mejor amigo, pero si tratara de meterse en mi cama, terminaría afuera de una patada.

-En eso somos diferentes.

-Me doy cuenta, -sonrió James-


A Remus le encantaba poder ir a las clases sin preocuparse porque los maestros lo vieran. A veces se preguntaba cómo era que nadie más parecía saber que estaba ahí, especialmente cuando la profesora McGonagall decidía demostrar los hechizos para su clase en el escritorio en el que estaba sentado. O cuando la profesora Sprout instintivamente estiraba la mano para alejarlo de las plantas más peligrosas, que se le acercaban para atraparlo mientras salían del vivero número tres.

Parecía que las plantas y animales podían ver o sentir su presencia, y estaba convencido de que la profesora McGonagall mantenía sus habilidades gatunas cuando estaba en forma humana. Pero, de alguna forma, los demás alumnos no se daban cuenta, demasiado concentrados en sus propias vidas y problemas como para notar al chico invisible que los acompañaba en clases todos los días.

Cada par de semanas lo llamaba un elfo doméstico para ir a la oficina de la profesora McGonagall, que chequeaba que estuviera engordando y recuperando su salud. Una vez al mes también iba madame Pomfrey, que lo revisaba como mamá gallina y se aseguraba de que supiera que siempre estaría para ayudarlo si salía malherido después de la luna llena.

En su cumpleaños también asistió la profesora Sprout, y por un momento había creído que lo iban a echar de la escuela. En vez de eso fue agradablemente sorprendido al descubrir que la jefa de Hufflepuff era una talentosa cocinera, y se había tomado el trabajo de hacerle una torta de cumpleaños, con glaseado y velas.

Había llevado pedazos de la torta a su dormitorio para los demás, y se habían burlado tanto que había amenazado con dejarlos morir de hambre la próxima vez.

Sirius le había comprado una caja gigante de plumas azucaradas, aunque cómo las había traído sin que él las viera era un misterio, y James y Peter habían juntado dinero para traerle varios objetos de broma de Zonko. Por supuesto, habían tenido una razón para regalarle eso, explicaron que Remus era el mejor candidato para usarlos dado que era invisible la mayor parte del tiempo.

Dentro de todo, estaba bastante convencido de que era el mejor cumpleaños de su vida, y ciertamente una mejora enorme desde el último.

-¿Estás pensando en el año pasado? –Preguntó Sirius en voz baja-

-Trato de no hacerlo, -murmuró. Miró a Romulus.

-Lo siento, no hay regalo este año, -se disculpó su hermano- Es un poco complicado, como no tengo plata ni nada.

-Está bien, -le respondió- Es bueno tenerte aquí, incluso si preferiría que estuvieras en Azkaban. ¿Cuán tonto es eso? Preferiría que mi hermano estuviera en la cárcel, rodeado de dementores, que aquí, conmigo en mi cumpleaños.

-¿Qué te dijimos esta mañana? –Lo retó James- No puedes tener pensamientos miserables en tu cumpleaños. No se te permite.

Remus forzó una sonrisa y tomó una pluma azucarada para comer.-

-Tenemos otra cosa para ti, -le dijo James, metiendo la mano dentro de su túnica.- Todavía no está terminado…

-Porque estamos atorados, -interrumpió Peter-

-Pero cuando lo esté, será genial.

-¿Qué es?

-Es un mapa de la escuela, -respondió James- Fue idea de Sirius. Sabes lo mucho que se preocupa por ti.

Observó cómo James abría el mapa y lo extendía encima de la cama.-

-¿Qué son los puntitos?

-Personas, -explicó Sirius. Señaló al dormitorio de los chicos de tercero.- Esos cinco puntos somos nosotros.

-¿Los fantasmas también aparecen? –Sonrió- Parece que no podrás seguir perdiéndote, -le dijo a Romulus-

-¿Cómo saben quién es quién? –Preguntó él curiosamente.

James suspiró, mirando al pergamino.- Bueno, es una de las cosas que no hemos resuelto. Necesitamos una forma de nombrar a todos.

-Y de hacerlo desaparecer si un maestro lo ve, -agregó Peter-

-Naturalmente, -se rió Romulus.- Pero es muy buen trabajo.

-Y una vez que funcione, podremos ver dónde están el profesor Spion, Rita Skeeter, Filch y cualquier otra persona que queramos evitar en cualquier momento del día, -le dijo Sirius-

-Es genial, -les dijo Remus- en serio.

-Lo llamamos el Mapa de Moony, -anunció James orgullosamente.-

-¿Moony? –Susurró Remus.

-Bueno, no nos pareció buena idea llamarlo Mapa de Remus, en caso de que nos atraparan con él, -explicó Peter.-

-Pero Moony sigues siendo tú.

-Moony es el lobo, -murmuró- Es…

-Ya sabemos, -interrumpió James- Podemos cambiarlo si no te gusta.

Remus lo pensó por un momento antes de negar con la cabeza.- No, está bien, -le contestó- Mapa de Moony suena bien.

-Entonces, ¿alguna idea de cómo esconderlo y nombrar a todos? –Preguntó Peter- No se nos ocurre nada, y ya nos dimos cuenta de que eres el cerebro de la habitación.

-Puedo tener una idea o dos, -le contestó pensativamente, tocándose el labio inferior con la pluma.


El Mapa de Moony, como le habían puesto, no era tan fácil de terminar como Remus había esperado al principio. Parecía que, apenas arreglaban un problema, aparecía otro.

Dos días después de empezar, el problema de hacer que el mapa desapareciera había sido resuelto. Desafortunadamente un efecto secundario era que las escaleras ya no se movían. Entonces, una vez que eso estaba arreglado, los puntos, todavía sin nombre, desaparecieron del mapa.

Además había un problema con una mancha de tinta, que insistía en aparecer en el pergamino cuando el mapa estaba escondido.

En resumen, era frustrante, y Remus estaba por empezar a arrancarse el pelo de la cabeza.

-¿Por qué no descansamos? –Sugirió Sirius- ¿Volvemos a verlo en una semana o dos?

-Pero estoy tan cerca, -se quejó Remus- Sé que la respuesta está ahí, pero no la puedo ver.

-Seguramente te estás esforzando demasiado.

-Puede ser.

-Mira, ¿Qué tal si vamos por un rato al campo de Quidditch? Spion no está esta semana, salió por un asunto importante del Ministerio o algo así. Puedes tener tu primera clase de vuelo sin preocuparte por que te vean.

-¿En serio? –Preguntó, era demasiado tentador como para resistir.-

-Remus, -advirtió Romulus-

-Sólo por un rato, -le respondió, caminando hacia la puerta.-

-¿Qué pasa si Spion vuelve antes?

-Sólo por una hora, -se quejó Remus, con la mano en la manija.-

-Es una mala idea.

-Lo vigilaré, -prometió Sirius.- Volverá sano y salvo. Ni siquiera lo dejaré usar las bludgers.

-Una hora, -concedió Romulus- Entonces voy a ir a buscarte.

-Gracias, Rom, -le dijo Remus, desapareciendo bajo la capa y saliendo por la puerta, con Sirius siguiéndolo.

James ya estaba ahí, entrenando bajo la estricta supervisión de Charlene, que parecía no tener problema con mandarle una docena de bludgers.

-Hola, Sirius, -lo saludó James desde al aire, tirando la quaffle a los aros, pero fallando por un par de metros.

-Inútil, -le gritó Charlene.

-Sí, sí, -le contestó James, bajando y haciéndole señas distraídamente.- Pareciera que fuera capitana por lo mucho que molesta, ¿eh?

Sirius se rió y sacudió la cabeza, James se sacó los guantes y se acercó.- Creí que ibas a estar en el dormitorio con quien tú sabes, -comentó, con un guiño.

-Me pareció que teníamos que venir a darle su primera clase de vuelo, -le respondió Sirius- Pero no sabía que ibas a estar aquí.

-Acabamos de terminar, -le dijo James- Está libre.

-Gracias.

Sirius se sentó en una banca y esperó por unos minutos a que James y Charlene desaparecieran.- ¿Remus? –Siseó, a pesar de que no había nadie lo suficientemente cerca como para escucharlo.-

-Aquí, -contestó Remus, sacándose la capa.

-Entonces, ¿listo para tu primera clase?

-Tan listo como es posible.

-Entonces comencemos, -anunció Sirius con su voz más seria mientras lo llevaba al armario donde estaban las escobas de la escuela.

Resultó que Remus tenía talento. Con tan poco miedo que se parecía a James, andaba volando a una velocidad que podía marear a Sirius.-

-¡Guau! –Exclamó Remus- Desde aquí hasta se puede ver mi casa.

Sirius subió con la escoba y se la acercó. Pronto se dio cuenta de que se podía ver la pequeña casa cerca de Hogsmade. Aunque estaba un poco lejos, Sirius notò que podía ver el patio, que parecía más descuidado que cuando los Lupin vivían ahí. Por un lado era triste ver la casa tan descuidada, pero por el otro quería decir que nadie se había ido a vivir ahí, que un día podía volver a ser la casa de Remus.

-Extraño estar en casa, -admitió Remus.- Solía odiarlo y quería, más que nada, venir a Hogwarts, pero no así.

-Lo sé.

-No es que no me guste estar en la escuela. Es que odio esconderme. Suena tonto, pero de verdad que quiero levantar la mano en clase cuando sé la respuesta a una pregunta.

Sirius, que raramente se molestaba en levantar la mano, incluso si sabía la respuesta, se rió.- Sabes que eres raro, ¿verdad?

Remus casi se cayó de la escoba, sorprendido por el comentario.-

-Me refería a querer levantar la mano en clase, -aclaró Sirius, al darse cuenta de cómo lo había tomado.- Nunca te lo diría por eso.

-Pero soy raro, -susurró Remus, alejando la vista de Sirius para llevarla a Hogsmade.- Si no lo fuera, estaría en la escuela como se debe, ¿no?

-Lo estarás, un día…

-¿Cuándo me esté por jubilar? –Se burló Remus, volviendo a mirar al castillo.- Sólo quiero ser normal. ¿Es mucho pedir?

-No, -susurró-

-Supongo que tenemos que volver, -comentó Remus, sin dejar de ver la escuela.- No queremos que Rom entre en pánico, ¿o sí?

Sirius asintió y bajó la punta de la escoba hasta que llegó al piso. Remus, en un último momento de riesgo, eligió bajar más rápidamente, sin detenerse hasta estar a punto de chocar.-

-¡Tenemos que volver a hacer esto! –Exclamó Remus mientras Sirius agarraba la escoba y la guardaba.-

-Si Spion se vuelve a ir, -prometió Sirius, y volvieron a la escuela, con Remus nuevamente escondido por la capa de invisibilidad.


-En serio, Remus, -suspiró la profesora McGonagall y negó con la cabeza, exasperada.- ¿Qué hubiera pasado si alguien además de mí te hubiera visto en el campo? ¿Y si te reconocían?

-Sólo fue un rato, -le dijo- Apenas una hora.

-Solamente tomaría un momento para reconocer que no eres uno de los alumnos, incluso si usas la ropa de tu amigo, -lo miró de arriba abajo, negando con la cabeza al ver las mangas ligeramente largas y los pantalones arremangados. Sacó la varita y apuntó a la camisa, y después a los pantalones, ajustando mágicamente el largo.- Veré si puedo buscar algunas de tus cosas en Hogsmade.

-Creo que ya no me quedan, -admitió Remus.-

-Y si es así, creo que una visita a la oficina de cosas perdidas sería buena idea. Te sorprendería la cantidad de ropa que los alumnos de la escuela pierden al año. Deben haber cientos de cosas, después de todos esos años. Seguramente hasta podríamos encontrar algunas cosas viejas de tu hermano si revisamos bien. De acuerdo a la profesora Sprout, siempre perdía de todo.

-¿Profesora?

-¿Sí?

-Me preguntaba…

-¿Sí?

-¿Yo… podré…? ¿Cree que podré…?

-¿Venir a Hogwarts? –Adivinó McGonagall.

Remus asintió y se refregó la nariz, avergonzado.-

-Me temo que no estoy segura de si podrás venir con tus amigos, -explicó ella- Es un poco complicado.

-¡Todos dicen eso! –Se quejó impacientemente.- Es complicado, no entenderías, te explicaré cuando crezcas… si no quieren que venga con los demás, ¿por qué no lo dicen?

-Oh, no es eso, querido, -aseguró rápidamente McGonagall, dándole una palmadita en el hombro para calmarlo.- Nada me gustaría más que tenerte en Gryffindor, aunque creo que la profesora Sprout pelearía conmigo para tenerte en su casa.

-¿En serio? –Preguntó, esperanzado.-

-En serio, -asintió firmemente- pero hasta que todo esto se solucione, es imposible.

-¿Quizás sea mejor que me entregue? –Sugirió- Terminar con todo, y entonces venir aquí.

-Me temo que sería imposible.

-¿Por qué?

-Porque en este momento tus tutores legales siguen siendo tus padres, y a menos que otro pariente, un adulto, esté listo para hacerse responsable por ti, su decisión es la que importa.

-Y ellos me quieren muerto, -susurró Remus.- ¿Por qué no puedo vivir con mis otros parientes? Rom dijo que mamá tenía una hermana, la tía Rosina, Rosina White o Wilson, o algo que empezaba con W. Trabaja en San Mungos, creo.

-El profesor Dumbledore está encargándose de eso.

-¿Lo está?

-Después de que tu hermano fuera enviado a Azkaban, el profesor Dumbledore habló con tus padres, para tratar de convencerlos de que… bueno, no le hicieron caso, así que ha estado buscando parientes, para ver si alguno se hace responsable de tu crianza y mantenimiento.

-¿Son difíciles de encontrar? –Preguntó, frunciendo.-

-Algunos, pero el problema más grande es encontrar alguien que… -Dejó de hablar, como si se hubiera dado cuenta de que había dicho demasiado. Pero Remus sabía exactamente a qué se refería.-

-Alguien que acepte, -terminó en voz baja.-

-No tendría que haber hablado tanto, -se dijo McGonagall.- Remus, hay muchas familias a las que les encantaría tenerte con ellos. Pero…

-¿Es complicado? –Adivinó con una pequeña sonrisa.- ¿Qué pasa si el profesor Dumbledore le pregunta a todos mis parientes y nadie quiere?

-Entonces encontrará otra forma de ayudarte, -prometió ella- Hay una ley que está siendo debatida que podría ayudar.

-¿Una ley?

-Sí. Pero está tomando mucho tiempo para que la aprueben. Cuando lo hagan estoy segura de que el profesor Dumbledore se asegurará de que seas el primer beneficiado. Al menos, si no encuentra algún pariente que acepte tu custodia.

Remus miró a la profesora y se movió nerviosamente.- ¿Profesora?

-¿Sí?

-¿Cree que pueda terminar en Gryffindor? –Preguntó, mordiéndose el labio mientras esperaba una respuesta.-

-Estoy segura de que serías una buena adición a la casa, -le respondió- Ahora, será mejor que vuelvas, o tus amigos se preocuparán.

Remus asintió y se volvió a poner la capa.- Gracias, profesora, -le dijo, antes de abrir la puerta y volver por los pasillos, hasta la torre de Gryffindor.