Nuevo op porque ya me lo pidieron, jejeje… la canción de Izayoi la voy a dejar para más adelante, porque, como dice Suigin-san, está bien triste. Las que me propuso haru-chan también van, solo las de Pride y Re-sublimity no porque ya las usé en otro fic. Pero bueno, aquí está el nuevo.
Tema de apertura – Just Break the limit! (UVERworld)
omoi tsuduke kokoro ni egai ta kanae tai hyaku no PEIJI
La luna se transparenta en el atardecer. Stella con un cuaderno entre los brazos, sopla el viento y se lleva una página
I believe hontou no shouhai wa kitto
Mira hacia arriba y ve la página que se convierte en una pluma y se eleva al cielo
soko ni arun da
Salen las letras de D. Gray-man
takaku houri nageta NOOTO
Allen mirando una vieja página manuscrita. Helena tras él, en las sombras
tamatama hiraita PEIJI ni
Lenalee sujetando a Allana entre sus brazos, con los ojos cerrados
futo omoitsuku koto zenbu
Stella de espaldas a Kanda, que la mira alejarse
kaite mita nda
De la espalda de Stella salen dos alas
kininaru wadai
Magdalena y los élite con sus inocencias activadas mirando hacia el frente
Hatsukoi
Road chupando una paleta rodeada del resto de Noés, con la sombra del Conde tras ellos
hoshii mono
Lilith tomada de la mano con Benji
sonkei suru hito no kotoba
Allen y Lenalee giran de espaldas del uno al otro, se alejan y en medio sale Allana en su forma espiritual
koko ja ienai you na koto made
Una toma hacia delante de Lavi sin el parche, cubriéndose el ojo con la mano; Maus sentada a sus pies, con la mirada perdida.
tonikaku iroiro kaita
Desde arriba se ve que ambos están en medio del símbolo de Lilith.
souiya itsuka mo
La orden al fondo, sale una imagen de Kaori con una flor en las manos
futoi PEN de yume
Se cambia por una de Sarubi nerviosa y Link, que la mira con desconfianza
o kurikaeshi kaiteta na
Miranda a punto de tirarle el café encima a Komui
omoi tsuduke kokoro
Allana rodea de todos los exorcistas, su frente brilla y una onda se expande a todos, que activan sus inocencias
ni egai ta kanae tai hyaku no PEIJI
Allen sosteniendo la Crown Clown con ambas manos lanza un ataque que es bloqueado por Kain, de mirada furiosa
akirame ta kazu to yabure ta
Lenalee se mueve como mariposa en el aire chocando sus pies contra las proyecciones de Hannah
kazu wa onaji datta
Stella que va a ser atacada por Road con sus conos, pero Kanda se interpone con su Mugen de cristal, partiéndolos de tajo
sono umaku ikanakatta keiken
Magdalena intenta cortar a Tykki con su espada dorada, pero se detiene con ganas de llorar. Tykki la mira serio.
ga hiki dashi ta deeta wa
Lavi con dos martillos, saca el círculo de símbolos, los golpea con ambos y saca un dragón de agua y uno de fuego con los que ataca a Basti e Ian
akirame nakatta kazu
Maus se enfrenta a Lilith con su yoyo entre las manos. Los ojos de Benji recuperan el color y lanza un grito de horror
to kanatta kazu mo
La frente de Allana brilla de Nuevo con la cruz de inocencia
onaji tte koto shoumei shita
Se transparenta su imagen espiritual y luego vuelve a ser la niña que sonríe en los brazos de sus padres.
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21ª noche – Causa y efecto
Orden Oscura
Stella está en su habitación, acostada sobre la cama y abrazando una almohada contra su pecho y boca. Intenta dormir, pero no puede conciliar el sueño, solo recuerda una y otra vez el momento del primer beso de su vida, recibido de los labios de Kanda. Nuevamente sus mejillas se ruborizan y vuelve a girar sobre la cama, cerrando los ojos para recordarlo, llena de emoción.
-Kanda-san… -Profiere con voz dulce y ansiosa. –Kanda… -Se fuerza a quitar el sufijo de su nombre, mirando hacia el techo. -¿Se molestará si le digo solo Kanda a secas? Siempre que Lavi-san le habla le dice Yuu… -Se detiene y se sienta sobre la cama, sobresaltada. -¿¡Yuu!? –Se pone aún más colorada. -¿Debería decirle Yuu? –Abraza con más fuerza la almohada. Mira hacia la derecha y ve sobre su mueble un muñeco de peluche que Kanda ganó para ella en el festival de la ciudad cuando acompañaron a Allen y Lenalee al juego de la boda, cinco años atrás. –Hemos pasado muchas cosas juntos… -Luego mira junto al peluche y ve una fotografía de ella rodeada de sus amigos, donde ella tiene a Allen del brazo derecho y Lenalee del izquierdo, las dos celosas la una de la otra. Kanda también sale en la foto al lado de ella, pero no evidencia más emoción que su indiferencia de siempre. –Las cosas han cambiado un poco desde entonces.
-Tu destino es estar con él. Estar junto al amor que ha trascendido el tiempo y el espacio. –La voz de la Noé de su interior resuena en sus oídos. Su sonrisa se borra cuando recuerda las complicaciones que rodean su vida en este momento.
-Noé… -Susurra por lo bajo. Recuerda el instante de su muerte, cuando la Noé quiso tomar el control, pero una figura blanca le impidió hacerlo, dándole una segunda oportunidad de vida.
-Este es el tiempo de ella… es su decisión… -Le dijo aquellas palabras antes de mandarla de vuelta.
-Eres un ángel. –Recuerda las frías palabras de Magdalena.
-Ella no puede ser un ángel… ¡¡eso es una tontería!! –Escucha de nuevo la negación de Kanda. Un estremecimiento la invade, seguido de una fría incertidumbre que la obliga a abrazarse. –Eres humana… -Sus palabras de repente tienen doble filo. La seguridad que sentía hasta este momento se diluye al sacar sus propias conjeturas.
-Kanda… el no me querrá si resulto no ser humana… -Reflexiona temerosa. De nuevo recuerda el instante de su beso. –No importan tus padres, ni lo que pasó antes. Solo tú eres quien decide quien eres. –Yo… lo que yo quiero es… -Se ve de nuevo abrazada junto con él. –Solo quiero estar a su lado… Se sienta sobre la cama con la espalda apoyada en el respaldo. Encoge las piernas contra ella y las rodea con sus brazos, topando la frente con las rodillas y quedándose en silencio, iluminada solo por una tenue vela de la habitación.
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-¡¡¡AAAAAAHHHH!!!!! –Grita Kanda mientras le da una patada a un saco de golpear. Le da tan fuerte que hace que la cadena se mueva hasta chocar con el techo, para luego volver a caer a su posición original, dando vueltas como un péndulo. El exorcista le da otro puñetazo, volviendo a balancearla y dejando algunas brillantes gotas de sudor en el aire al hacerlo. Se detiene un instante y luego arremete contra el saco con una serie de golpes sucesivos, dejando en ellos toda la ira que siente al no comprender los sentimientos que siguen flotando como mariposas en su interior. -¡¡AAAAHHH!! –Recuerda el rostro de Stella, sonriéndole. -¡¡¡AAAAAHH!! –Da tres puñetazos más y en su mente se dibuja de nuevo la imagen de ella bañada por la luz de la luna. -¡¡¡AAAAAAHHH!!! –Da un golpe más, que finalmente hace explotar el saco, esparciendo la arena de su interior en todas direcciones. El espadachín se queda con el puño en la misma posición luego de dar el golpe, respirando agitadamente. Detrás de él se escuchan los pasos de alguien aproximándose.
-Fiu… tenía mucho tiempo de no verte desquitarte de esa forma con los instrumentos de ejercicio que todos usamos. –Comenta una conocida voz. Kanda voltea a verlo y se topa con Lavi, quien va caminando apoyado en una muleta, aún con un vendaje en el pecho; sus cabellos cayendo sobre su frente y su pierna aún cojeando un poco.
-Conejo. –Lo identifica el peliazul, de pie en el mismo lugar. Lavi le dedica una sonrisa de suficiencia y se adelanta un poco.
-¿Tan preocupado estabas por mí, Yuu? –Se burla tocando con la mano la cadena que ahora solo sostiene la bolsa vacía. Kanda toma una toalla que está en una mesa cercana y se limpia la cara con ella mientras se sienta en una banca continua. El pelirrojo lo mira como si hubiera identificado su situación, sorprendido al mismo tiempo de la conjetura realizada.
-Deberías ir a ver a tu mujer, dicen que no ha estado bien últimamente. –Le sugiere su amigo, tratando de distraerlo de fijarse en él. Surge efecto, ya que Lavi de repente se turba al escuchar sus palabras.
-¿Maus? –Pregunta extrañado. Había visto siempre a Maus como la mujer mas ecuánime del universo. -¿Está bien?
-Me dijo Kaori que la encontraron con el retoño de habas en los brazos, arrullándola mientras le suplicaba que le devolviera a tu hijo. –Le dice más hablador que de costumbre. La cara de Lavi se vuelve de preocupación, pero no se va sin antes acercarse más a Kanda para ponerle la mano sobre el hombro, a lo que el espadachín responde con una mirada de extrañeza.
-Es sobre Stella, ¿no? –Inquiere con cierta complicidad. Kanda se colorea de rojo al escucharlo, de inmediato sacudiéndose su mano de encima.
-Eso no es algo que te interese.
-Ohh… entonces sí es con Stella. –Levanta la ceja, sin tanta emoción como al principio.
-… Si cuentas algo, te aseguro que entonces sí voy a despedazarte. –Lo amenaza con tono serio, pero amable a la vez, como si toda su agresión hubiera sido consumida con los golpes que acaba de dejar en el saco destrozado.
-Iré a ver a Maus ahora, pero asegúrate de contarme luego. Nadie en toda la Orden Oscura tiene más experiencia en mujeres que yo. –Le dice en un tono lleno de confianza, pero marcado por tristeza.
-¡Ja! ¿Preguntarte a ti? Para eso mejor le pregunto directo al Brote de Habas. –Le dice con tono superior.
-¿O sea que tienes dudas sobre tu relación con ella? –Inquiere de nuevo con voz pícara.
-¡Deja ya de molestar! –Se pone de pie y le hace una mirada furiosa. Lavi da un suspiro y luego lo mira con ojos de amigo. Kanda reconoce su expresión, lo cual hace que deje de amenazarlo.
-Solo haz lo que tu corazón te diga. –Le aconseja con voz leve. Profiere una leve risa y levanta la cara. –En las cosas del corazón, pensar no sirve para nada. Por lo menos no a mí. –Se da la vuelta y empieza a alejarse. –Aunque claro, tú eres Yuu, Yuu es Yuu.
-No me llames por mi nombre. –Contesta sin que logre escucharlo. Al irse, Kanda se da la vuelta y mira de nuevo el campo de ejercicios. Contempla el reloj que marca la una de la mañana. Han pasado solo tres horas desde que dio su primer beso.
-Alguien como yo no debería preocuparse por eso… -Respira hondo y decide irse a su habitación, aún recordando a cada momento el dulce sabor de los labios de Stella al contacto con los suyos.
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Ciudad del Vaticano
-El equipo de exorcistas de élite dirigido por Magdalena Allistair solicita audiencia con la Comandancia General. –Anuncia un guardia suizo. Las puertas de la cámara de los comandantes se abren de par en par, dejando la vía libre para que los cinco ángeles hagan su entrada. Magdalena, que tenía los ojos cerrados mientras la entrada se formaba, abre sus ojos rojos y contempla con impaciencia el contenido del salón. Su silla es empujada por Ian, mientras Kain y Basti avanzan a sus costados, con Hannah vigilando la retaguardia. Caminan por un sendero cubierto por una alfombra roja, sobre la que cae la única luz fuerte del lugar. Al llegar hasta el centro del salón, se dan cuenta de que la disposición de los balcones de los comandantes es de forma circular, de tal forma que parecen rodear su formación.
-¿Cuál es el motivo de tu audiencia, Magdalena Allistair, hija adoptiva del duque de Allistair, exorcista de élite? –Se escucha la voz de uno de ellos. Magdalena parece molestarse ante su presentación tan detallada.
-He venido a traerles un mensaje de parte del cielo. –Les dice sin más rodeos. Un murmullo de voces se eleva al pronunciar ella esas palabras.
-¿Del cielo, dices?
-Del cielo. –Responde más firme. Al decir esto, deja que las alas de su espalda broten, mostrándose blancas y majestuosas a sus lados. –Un mensaje que dice que los humanos han hecho lo que han podido contra la materia oscura, pero que no es suficiente. El cubo de inocencia que les fue entregado ha sido destruido y ahora son solo un grupo de existencias que claman por evitar su propia extinción.
-¡Tiene alas! –Se oye la voz de uno.
-¿A qué se refiere con eso?
-¡Debe ser una broma!
-¡¿La inocencia ha sido destruida?!
-¿¡Acaso Dios ya no confía en nosotros?! –Se oyen los comentarios por toda la sala. Una sonrisa se dibuja en los labios de Basti. Kain sigue serio, escuchando todas las reacciones.
-Es por eso que Dios ha enviado a sus ángeles a hacer el trabajo que ustedes, los humanos, no han podido hacer. –Prosigue la peliblanca.
-¿¡Qué es lo que has dicho!? ¿Acaso estás diciendo…?
-Somos ángeles. Nosotros estamos en un nivel diferente a los humanos… nuestra "inocencia" es algo que va mucho más allá… es una conexión directa con la línea celeste. Es por eso que nosotros… -Se detiene para dejar que cada uno de sus compañeros active su inocencia. Kain su hoz, Ian sus chacos, Hannah sus espadas proyectadas y Basti su flauta, cada una de ellas brillando de color blanco intenso.
-Son… ángeles… -Profiere otro. Los otros cuatro élites también extienden sus alas para dejar que todo el mundo los contemple. Magdalena hace un asentimiento de seguridad, lo cual termina de convencer a todos los comandantes.
-¡Un momento! –Interrumpe uno, de voz más anciana. -¡Esa no puede ser la voluntad de Dios! ¡Si son ángeles, deberán recordar lo que Bastian Jaques…!
-¡¡Silencio!! –Grita la peliblanca. –Ese hereje está fuera de discusión. Lo importante ahora es que los humanos ya no son necesarios como portadores de inocencia. Si nosotros estamos aquí, entonces la voluntad del cielo es que los humanos no tengan ningún pacto con la inocencia que solo le corresponde a Dios y a sus ayudantes.
-¿¡Es esa la volunta de Dios, o tu voluntad, niña blasfema!? –Le reclama de nuevo el mismo anciano. Magdalena lo mira furiosa y de inmediato es atacado por una onda de presión que lo estrella contra la pared que está tras él.
-Bastian… Jaques… -Murmura Link, que escucha toda la conversación escondido detrás de uno de los pilares de la cámara. –Jaques… -Recuerda haber leído los informes de la Orden. –Stella Jaques… -También se le viene a la mente otro expediente. –Una vieja exorcista… Sayoko Jaques…
-¡¡Acabas de atacar a un sirviente de Dios!! –Le reclama el presidente del Consejo. El violento ángel le hace una mirada de amenaza y de inmediato lo hace guardar silencio.
-Cualquiera que se oponga a la voluntad de un Ser Celestial terminará de la misma forma. Tenemos el poder del cielo, y eso nos da la autoridad para actuar en su nombre. –Repite más calmada. –Los humanos ya no son necesarios en la guerra, por lo menos, aquellos que no se unan a nuestra causa.
-Pero… si los humanos no pueden usar ya inocencia, ¿Qué bien les podemos hacer?
-La era de los exorcistas ha terminado. –Entrecierra los ojos, recordando a Allana. –Pero nosotros podemos darles el poder para que cualquiera pueda usar la fuerza de la fuente. Ian. –Llama a su subordinado. De inmediato el peliazul se acerca y les muestra una especie de cápsula llena de brillo celeste. –Esta es la llave del triunfo sobre las fuerzas de la oscuridad. Esto es la inocencia para los elegidos por los ángeles. –Sonríe sombría. –Pero al obtenerla deberán cumplir la voluntad del Cielo… -Dice con emoción casi maligna.
-¿Y cuál es esa voluntad? –Pregunta con temor.
-El fin de los exorcistas. –Sonríe triunfante. –La Orden Oscura debe acabar con sus exorcistas para obtener un poder superior al suyo ahora que ellos han blasfemado al usar a una niña humana para obtener el poder divino. ¡Los exorcistas de la rama central deben ser exterminados! ¡no podemos permitir que haya no uno, sino dos seres que tienen tanto el poder oscuro como el claro. Allen Walker, Stella Jaques, pero sobre todo, Allana Walker deben morir.
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Orden Oscura
Sarubi, que también ya se ha recuperado parcialmente de sus heridas, se encuentra frente a la puerta de la habitación de los Bookman, temblando nerviosa, queriendo entrar a disculparse, pero sin atreverse. Su mano se levanta hasta acercarse a la madera de la puerta para golpearla, pero en seguida la retira y retrocede un paso.
-Nunca van a perdonarme… nadie va a hacerlo… -Murmura mientras se aleja, apoyándose en la pared contraria a la puerta. En ese momento llega Lavi, que a pesar de venir caminando con su muleta, no ha hecho ningún ruido. Los ojos de la joven china vuelven a verlo con una mirada asustada, a la que él responde con una actitud calmada y expresión pacífica.
-Veo que también te dieron de alta, Saru-chan. –Comenta con una sonrisa. Sarubi intenta responder, pero solo guarda silencio por un momento. El Bookman entiende la situación y da un suspiro, hasta que finalmente la joven se atreve a hablar.
-Lavi-san, yo… -Intenta decir, pero Lavi no la deja continuar.
-Hay ocasiones en las que nos vemos en situaciones que no deseamos estar. De hecho, ser exorcistas nos obliga mucho a eso. –Explica en tono comprensivo. –Si sientes que tienes algo por lo cual debes disculparte, entonces hazlo, pero no tengas temor de hacerlo. –Su expresión se torna un poco severa. Sarubi lo mira tratando de descifrar sus pensamientos. –Somos una familia, Saru-chan. –Dice como si tratase de convencerse a sí mismo de ese hecho.
-¿Aunque haya sido mi culpa que los Noés se liberaran? –Contesta con remordimiento y sarcasmo a la vez. Lavi hace expresión sorprendida, pero de inmediato recupera el control sobre sí mismo.
-Aún si así fue. –Vuelve a decirle. –No lo hiciste por tu propia voluntad, eso es seguro. –Luego comienza a caminar hacia la puerta. –Bueno, habla en voz alta hacia arriba, si yo fuera tú iría a que me examinaran que es lo que hay de malo en mi cerebro que me hizo hacer una cosa así. –Intenta ser divertido e indiferente.
-Pero, Benji… -Insiste ella.
-Sarubi. –La interrumpe más serio. –No gano nada con odiarte. No quiero hacerlo, así que deja de estarme obligando. –Dice con una mirada fría, dejándola sin palabras. El Bookman entra a su habitación, cerrando la puerta a sus espaldas.
-Ciertamente… -Murmura para sí misma. –No quiero que me odies… -Recuerda el tiempo cuando estaba con Lilith, nuevamente a Allen y Lenalee tendiéndole la mano. –Si esta es mi familia, entonces me disculparé apropiadamente. –Dice con más determinación, producto de las palabras de Lavi. Este al entrar a su habitación se encuentra con Maus durmiendo sobre la cama con el cabello suelto y desarreglado, aún vestida con la misma ropa que anduvo puesta en el día. Sus ojos se ven hinchados y por sus mejillas hay rastros de haber llorado mucho. Él se aproxima a ella, se sienta a su lado, deja la muleta de lado junto al mueble de la cama y le acaricia el rostro.
-Perdóname. –Susurra en voz baja.
En otra habitación, Lenalee se encuentra dormida entre los brazos de Allen. Su expresión es agotada, pero tranquila. El monitor de la habitación de Allana que Komui instaló en la de ellos sigue sin emitir ningún sonido de novedad. Walker sigue despierto, mirando hacia el techo de la habitación, aún reflexionando sobre las palabras que escuchó durante el enfrentamiento con Magdalena en el mundo destruido.
-Ella es una copia tuya, Allen Walker… una copia que trascendió para obtener un poder mayor que el tuyo… una copia que se dañó en el proceso… -Las palabras de Leverrier lo impactaron. –Si es así, entonces, quiere decir que mi maestro… -Musita pensando en Cross. –Quiere decir que él sabía lo que hicieron…
-¡¡Cuando finalmente nos enfrentemos, seré yo quien pruebe ser la elegida, no tu!! ¡¡¡no tú!!! –Le gritó ella en ese momento. Allen da un suspiro de incertidumbre, cuando de repente siente la piel de Lenalee rozarse contra la suya de nuevo. Vuelve sus ojos hacia ella y mira que su esposa también está mirándolo, comprensiva.
-¿Aún estás preocupado por lo de hoy? –Le pregunta con cierta preocupación en la voz, pero intentando parecer optimista.
-Lenalee, perdóname, no quise despertarte. –Se disculpa Allen acariciando el cabello de la joven mujer con su rasposa mano negra, una mano que Lenalee está acostumbrada a sentir, y que ama verdaderamente. Ella intercepta su mano y la lleva hasta su mejilla, dándole un beso en la palma al hacerlo.
-¿Estás bien?
-Si, si lo estoy. –Se incorpora a sentarse. Lenalee también hace lo mismo, sin soltar su mano.
-¿En verdad crees que tu maestro sabía sobre lo que Leverrier dijo? –Le pregunta ya más despierta. Su cabello suelto cae sobre sus hombros y espalda, cubriéndolos de su sedosa textura; el tirante derecho de su camisón está caído, dejándole a Allen ver la piel de su hombro desnudo.
-¿Cómo?... Oh, por un momento lo olvidé. –Se sonríe al recordar que aún puede escuchar sus pensamientos. Lenalee también le dedica una leve sonrisa, pero luego ambos bajan la mirada. –Si es así, entonces el sabe de la existencia de Magdalena. –Infiere uniendo los cabos.
-Allen. –Lo llama ella. –Ambos sabemos que en la Orden Oscura todo el mundo sabe más de lo que dice saber, así que no sería de sorprenderse si el General Cross de verdad está implicado. –Expone convencida. Allen sabe que tiene razón y asiente.
-Entonces debemos buscarlo para que nos diga todo lo que sabe. –Le urge impaciente. Lenalee asiente, siempre dispuesta a seguirlo.
-Debemos buscarlo antes de que se vaya. Mi hermano dice que tiene planeado salir de la sede para mañana por la tarde. –Luego le da un poco de risa y se corrige. –Quiero decir, hoy por la tarde. –Mira el reloj que marca la una y treinta.
-¿Entonces por qué no me preguntan de una vez? –La puerta de su habitación se abre de golpe, dejando ver la figura de Cross delineada por la luz del exterior, deslumbrando los ojos de los dos exorcistas.
-¡¿Maestro?! –Pregunta Allen, entrecerrando los ojos para poder identificarlo. En eso ve que tiene una botella en la mano. –Si, si es mi maestro… -Identifica sin duda alguna. En eso Lenalee se da cuenta de que aún está casi para enseñar el pecho, así que rápidamente se cubre con la cobija, ruborizada.
-¿¡Qué le pasa!? –se queja mirándolo enojada. Allen también parece molesto.
-No es de buena educación irrumpir así en los cuartos de la gente. –Le dice en tono de regaño. Cross escucha como si no le importara y da unos pasos hacia adelante. Lenalee se abraza a Allen sin soltar la cobija. Cross inclina el cuerpo hacia delante y les habla en voz baja.
-Hay cosas que no pueden discutirse en público. –Les guiña un ojo. En ese instante se da cuenta de que Stella está parada en el umbral, detrás de él.
-Solo con las personas implicadas, ¿no es así? –Corrige la pelinegra.
-Vaya, y yo que pensaba irrumpir en tu cuarto para ver si te encontraba en paños incluso menores que los de Lenalee. –Se burla volviendo a verla, pero su rostro no admite chiste alguno, por lo que Cross da un suspiro y se rasca la cabeza. –Lenalee lo escucha con las mejillas enrojecidas.
-Pero… ¿por qué tan de repente? –Pregunta de nuevo Allen.
-Por cierta información de último minuto que hemos obtenido. –Señala de nuevo la puerta. Detrás de Stella está Link, que luce agotado, como si hubiera pasado problemas para llegar hasta la Orden.
-¿¡Link!? –Lo reconoce Allen, sorprendido. –No me digas que vienes a ser mi escolta de nuevo… -Mira a Lenalee y hace una cara de decepción. Link lo mira con su estoicismo regular, tratando de ignorarlo. Al cabo de un segundo su paciencia se termina.
-¡¡Por supuesto que no!! ¡¡¿Acaso crees que habría hecho un viaje tan peligroso por una tarea tan horrible como esa?!!
-Oye, oye, tranquilo. –Le dice Cross, calmando con la mano.
-¿Qué es tanto alboroto? –Interrumpe Kanda, que venía a su habitación y al ver tanta gente, se asomó a ver.
-¡Yuu-k…!! ¡¡Kanda!! ¡¡Digo, Kanda-san!! –Le dice Stella, ruborizada. Kanda también se sonroja al verla, buscando de inmediato algún lugar al cual huir, lo mismo que ella, que no sabe a donde ponerse. En ese momento el espadachín ve a Link y deduce que debe ser algo serio.
-¿¡Podrían salir todos de nuestra habitación!? –Grita Lenalee. -¡Esto es invasión de la privacidad!
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Arca Negra
-Y eso fue lo que pasó, Conde. –Termina de explicar Road, excusándose por haber perdido a Legión frente a los exorcistas. El Conde está acariciando a Lulubel en su forma de gato mientras la escucha hablar.
-Vaya, vaya. Quien iba a decir que esa hija de Allen Walker en verdad podía revivir inocencia… -Su aura luce llena de violencia. –No es bueno que un ser así exista en este mundo…
-Conde… -Repite Road, al verlo tan enojado.
-Pero bueno, no te preocupes. Lilith está llevando a cabo su plan, y los enviados del Cielo también están haciendo su parte. Todo está resultando tal y como se esperaría, mi querida Road. –Le explica volviendo a sonreír. Serena, que está escuchando la conversación detrás de una pared, se sorprende al ver el rápido cambio de ánimo del Conde.
-¿Los exorcistas blancos? –Inquiere la Noé. –Pensé que eran peores que los exorcistas.
-Road, Road. En este mundo la gente siempre sabe más de lo que dice saber, y siempre tiene intenciones que van más allá de lo que se ve a simple vista. Puede que nosotros estemos siendo usados por ellos, o ellos por nosotros, mientras haya muerte y nazcan más akumas, por mi no hay ningún problema.
-Eso es verdad. –Sonríe Road. –Supongo que será mejor ver como siguen su curso las cosas. –Dice disponiéndose a descansar.
-Ohh, pero no podemos darnos ese lujo ahora, mi Road.
-¿Y entonces?
-Tú sigue actuando por tu propia cuenta. Hay un nuevo bando que había estado inactivo y que ahora está a punto de hacer su entrada en esta obra.
-¿Un nuevo bando? –Se trepa sobre el Conde, obligando a Lulubel a bajarse de él. -¿De quién se trata?
-De las responsables de que toda esta locura se liberara. –Recuerda con satisfacción.
-¡Cuenta, vamos, cuenta! –Dice con emoción la más vieja Noé. El Conde niega con la cabeza y se pone de pie, dejándola de nuevo en el suelo.
-Ya lo verás con tus ojos, Road. –Sonríe de nuevo. La imagen se traslapa a Blavatski y Sayoko, que están en un carruaje en rumbo hacia Inglaterra. –El principio y el fin siempre son el mismo. –Termina de reflexionar el Milenario. Road lo escucha sin comprender bien sus palabras.
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Magdalena se ha retirado a descansar a un salón dentro de las instalaciones de la comandancia general, luego de conseguir tener el control completo de la Orden Oscura. Las puertas se cierran tras ella, encendiéndose al mismo tiempo las luces del a habitación. Al hacerlo, revelan que en su interior hay un hombre a quien ella ya conoce, que fuma un cigarro y la espera con una mirada tranquila.
-Buenas tardes, hermosa señorita.
-Tykki… -Lo reconoce pronunciando su nombre con un tono mezclado de alegría e indignación. -¿¡Qué haces en este lugar!? Tú… un Noé…
-Un Noé a quien tú quieras ver desde hace mucho tiempo, ¿no es así? –Se acerca a ella, inclinándose junto a su silla de ruedas para acercar su cara a la suya, luego de tirar el cigarro al piso. La cercanía de su rostro ruboriza a la peliblanca, que no puede hacer más que volver el rostro hacia un lado.
-Vaya, pero si incluso alguien tan pálida como tú aún puede sonrojarse. –Se burla mientras examina el definido contorno de su rostro. –Eres realmente hermosa, ¿lo sabías?
-¡Basta! –Se hace para atrás apoyada de las ruedas. Tykki se pone de pie e intenta seguirla. Magdalena se desespera al sentir esos sentimientos confusos en su interior, lo mira furiosamente y se prepara para combatir, ante la sorpresa del Noe del Placer.
-¡¡INOCENCIA ACTÍVATE, EMPRESS JOKER!! –Invoca su capa lila brillante a su alrededor y empuña su espada dorada en la mano. Tykki da un suspiro y forma las tease en sus manos.
-Definitivamente eres la mujer más difícil de conquistar que he conocido. –Luego sonríe para si. –Pero me gustan los retos…
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Allen, Lenalee, Kanda y Stella están reunidos en la biblioteca de la Orden junto con Link y Cross. El general termina de fumarse un cigarro y luego les dedica a todos una mirada de tranquilidad.
-¿Por qué esas caras tan largas?
-Porque son las dos de la mañana y tu irrumpiste en nuestra habitación para decirnos algo importante. –Dice Allen, con ojeras en los ojos. –Maestro, ¿qué sabes tú sobre Magdalena Allistair?
-Vaya, sabía que preguntarías. –Dice en tono de burla.
-¡Por supuesto! –Insiste Allen, molesto. Lenalee pone sus manos sobre él tratando de calmarlo. De inmediato Walker responde al estímulo de su esposa.
-Les hablaré de eso, pero eso implica que también debo tocar un tema que ni a ti ni a Stella Jaques les caerá en gracia. –Les dice mirando a Stella, que se queda expectante y nerviosa. Sin pensarlo le toma la mano a Kanda, que por reflejo intenta quitarla, pero se fuerza a no hacerlo, ruborizado. Lenalee se percata de eso y abre unos grandes ojos de sorpresa.
-¿De qué se trata, maestro? –Pregunta Stella.
-De tus padres. –Dice ya más serio. El silencio y la sorpresa embargan la habitación. Allen se queda helado, mientras Stella recuerda de nuevo a la fría mujer que la transformó en lo que es ahora.
-Mis padres… -Pronuncia la pelinegra.
(Continuará)
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(Avance)
Una historia es relatada mientras dos ejércitos se preparan para atacar la Orden Oscura, mientras Road hace su propio plan junto con Lilith para capturar a Allana y quitarle su poder a los exorcistas. Magdalena y Tykki se enfrentan, con una batalla de final inesperado, mientras se revela el pasado de una niña solitaria y un niño abandonado en la nieve…
Próximo capítulo de Ser Celestial
Padres
¡Lucha por la salvación delas almas de los akumas!
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(Omake)
El crucero finalmente ha llegado, y Lenalee baja de él cargando a Allana, con Allen caminando tras ellas. Sin embargo, no hay nadie para recibirlos.
-¿Are? Es extraño, mi hermano dijo que estaría aquí… -Dice Lenalee. En eso llega Stella a recibirlos.
-Es que tuvieron una "pequeña emergencia". –Les dice malvadamente.
-Oh, bueno. –Dicen ellos y siguen caminando. Stella vuelve a ver con una sonrisa criminal.
-Jajaja, nunca sabrán quien está detrás de todo…
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Y listo. Bueno, este fue el cap de hoy. Un poco de todo, supongo. Trataré de poner más de Stella y Kanda en los próximos caps, para que podamos disfrutarlos, jejeje… y respecto a Lavi, que ya preguntaban por él, pues ya volvió a salir, y de ahora en adelante va a salir también un poco más.
Haru-chan, me gustaría ver los dibujos que me dices, si quieres mándamelos por correo. Oh, si, y muchas gracias a Kawaii Sophie-san por haberte sumado a la historia, espero que te guste lo que falta, y muchas gracias a todas las que dejan sus comentarios, así podemos conocernos y dar sus aportes. Samy, ¿eres tú la misma Samy que me dejó el mensaje en el fanfic de Code? Ese no lo he seguido, pero debo hacer tiempo…
Por cierto, este cap está dedicado a Vanita-chan, que la semana pasada cumplió quince años. Muchas felicidades.
Ahora si, ya hablé mucho. Es todo por ahora, no olvides dejar tu comentario. Nos vemos en la próxima.
