Disclaimer: Victorious y sus personajes no me pertenecen.


—Pudiste haberme dejado con papá esta noche, no tenías que perderte el concierto —le dijo Benny a Jade al llegar a casa. Él podía ser un niño, pero se había dado cuenta de cómo su hermana mayor lo había puesto de excusa para no quedarse con sus amigos esa noche.

—No es eso, enano. No podía esta ahí. Es… complicado.

—Cosas de adultos, entendido. —Bajó su mirada y se quitó el cinturón para salir del auto.

—¿Qué tal si jugamos Mario Kart 8? Es el último día de vacaciones. ¿Noche de West? —le ofreció su hermana mayor, abriendo la puerta de entrada y dejándolo pasar.

—¡Sí, hagámoslo! —respondió el pequeño, que no perdió un segundo en subir corriendo las escaleras para encender el televisor y la consola.

—Yo ya voy, haré palomitas. ¿Quieres algo de tomar?

—¡Soda de manzana! —gritó él desde arriba.

No había duda de que a Jade le hubiera gustado quedarse al concierto. La banda que había conseguido, para su último evento como coordinadora, era uno de sus grupos emergentes favoritos.

Habían sido entrevistados en el único programa de radio que ella escucha los sábados a media noche. Su música tenía un sonido tan único y fresco, le pareció lo mejor que había escuchado en mucho tiempo y, para su suerte, vivían en Los Ángeles.

Llamó a la radio esa misma noche, pidiendo el contacto del manager, que resultó ser el mismo vocalista, y le propuso, de inmediato, tocar en el café. Eso les daría una buena exposición y podrían vender sus CDs durante el show.

A Mark no le pareció una mala idea, es más quiso decir que sí de inmediato, pero debía consultar a los miembros de su banda, quienes por el contrario pusieron varias condiciones antes de aceptar.

Uno, café gratis en las mañanas para los cuatro miembros por una semana; dos, que pudieran hacer la prueba de sonido ellos mismo; y tres, que tuvieran otra banda de apertura que, además, solo ellos podían seleccionar a su gusto.

Las dos primeras fueron otorgadas sin problemas, sin embargo la tercera había sido más compleja de conseguir.

Jade les envío, con varias semanas de anticipación, por lo menos seis demos y ninguno les había agradado.

La única solución que se le ocurrió fue pedirle a Meg y a su grupo, que graben un cover de The Who; había escuchado en aquella entrevista, que era una de las bandas que los había influenciado desde sus inicios, no dirían que no después de escucharlos.

Fue un trabajo logístico bastante arduo. Casi se queda sin número para esa noche, pero valía la pena, eran así de buenos. Por lo que, disfrutar de esa última presentación con sus amigos del café, hubiera sido un cierre perfecto para el verano.

Si tan solo hubiera podido estar segura de que no se crearía otro conflicto con Tori a costa de Meg, pero no, prefirió evitarlo. El que no quisiera perdonar a su ex, por sus exageradas insinuaciones, no significaba que procuraría lastimarla cada oportunidad que se le presentara. Sobretodo después de notarla tan extraña esa tarde en el festejo, sin hablar con nadie o probar bocado alguno.

Al parecer, lo que les había confiado Nya con respecto a su «falta de apetito» era verdad.

«Meg te manda saludos», Cami le enviaba un mensaje mientras esperaba a que los granos de maíz terminaran de reventar en el microondas. «La presentación principal empezará en quince minutos».

«Ah… ¿cómo está Tori?», respondió ella sin mucho ánimo, desentendiéndose del mensaje anterior.

—No le hizo mucha gracia ver a Meg abrir el show principal con su banda. Se disculpó con todos y se fue a casa de inmediato con Nya. —Cami aprovechó el receso de la presentación para hacerle una llamada rápida y continuar su conversación. Tal vez insistir en que le de otra oportunidad a su otra amiga—. Parecía muy molesta, no escuchó ni una canción.

—Estupendo, sigue celosa —respondió Jade sacando las palomitas y vertiéndolas en un recipiente—. ¿Notaste que no comió nada en el festejo?

—No… la verdad no me fijé.

—Deberías hablar con ella y preguntárselo directamente, podría en realidad tener un problema.

—Jade…, tal vez deberías hacerlo tú. Ella te escuchará más a ti.

—¡No! —respondió tajante mientras hacía un acto de malabarismo con la botella de soda en un brazo, el teléfono en el hombro, los vasos en una mano y las palomitas en la otra.

—¡Vamos! No te hagas esto. Sé que Tori se portó del asco ese día, pero… digamos que está pasándola mal.

—¡Esa no puede ser una eterna excusa, Cam!

—No lo es, en este caso no es una excusa, Jade. Entiéndela, te necesita.

—¡Eso! No quiero estar con alguien que quiere una relación conmigo porque necesita un pilar en el cual arrimarse. Quiero que quiera estar conmigo, por mí. Porque me quiere, no porque le soy útil.

—Tú sabes que no es así.

—No, no lo sé. Porque ella no ha venido a decírmelo. Enano ayúdame con las cosas —le dijo en medio de la llamada a su hermano al llegar a la sala de estar.

—Quiso disculparse y tú la ignoraste. Hasta te trajo una flor y una muy linda, Jade… Se la pensó.

—Pues la flor no bastaba, ¿sabes? Pudo tenerme de regreso ese día si, cuando yo le pregunté que si pensaba que lo arreglaría todo con una flor, me decía que no, pero si con una flor y un beso, como lo hablamos una vez.

—Awww, el dulce lado de Jade West sale de su oscuro agujero.

—¡Cállate, Cam! —dijo enérgica, deseando quitarle las risitas a la chica del otro lado del auricular y se sentó furiosa en el sillón—. Yo también tengo derecho a que me gusten las cosas cursis, ¿no crees? Soy una persona, no una maldita roca en el desierto. Tengo derecho a la cursilería, sobretodo con mi novia.

Su hermano sonrió por un segundo, gesto que ella notó ligeramente.

—Ya, ya, no te exaltes, Gasparín. Ella no supo qué hacer o qué decir. Cometió un error.

—«Otro» error —puntualizó.

—Ya, está bien, se pasó de celosa. Dime que tú no lo hiciste alguna vez… o varias.

—Sí, lo hice con Beck. Pero aprendí que eso no me llevaba a ningún lado y, cuando terminamos, decidí que no me dejaría llevar por los celos. ¿Por qué crees que Nat sigue con su nariz intacta? —Este último comentario le volvió a causar gracia a Cami y sin querer rió nuevamente.

—Eres el colmo. Pero en serio, creo que estas poniendo mucha presión en Tori. Ella actúa acorde a su experiencia y esta es la primera relación que tiene.

—¡Eso no es verdad y tú lo sabes! ¡Tori ha tenido más relaciones que yo!

Benny reposó sus codos sobre sus rodillas y su rostro sobre sus manos, con un enorme puchero en los labios, esperando lo que parecieron eternidades hasta que su hermana terminara su conversación.

—No hablo de cosas de pasar el tiempo. Hablo de una relación verdadera, que valga la pena. Eres la primera persona que ama, ¿lo sabías? La primera. Tú por lo menos tienes a tu ex —mencionó Cam, obteniendo únicamente silencio—. No esperes que sea perfecta, Jade. Tori no es un personaje en un libro, no tiene las respuestas correctas en la punta de la lengua.

—Puede que tengas razón. Aún así, quiero que me demuestre que soy algo más que un conveniente bastón. Si quiere que regresemos tendrá que hacer un esfuerzo por demostrármelo. De lo contrario… ahí quedó todo. —Después de decir esto miró una vez más a su hermano, de reojo. El pobre seguía esperándola con el mismo gesto de hace unos minutos. Se enderezó despidiéndose y le propuso a su amiga terminar esa conversación el domingo durante el desayuno.

—Perdón —le dijo Jade a su hermano, tomando uno de los controles para iniciar el juego—. Era Cami.

—No pasa nada —respondió él acomodándose a su lado.

—… y, Ben… nunca en la vida, dejes que alguien te diga que hay algo de malo en ser cursi con una chica… o chico. Ser cursi es un derecho.

—Entendido —dijo el pequeño, comprendiendo perfectamente que Jade estaba un poco avergonzada por haber dejado que escuchara su plática, sobretodo esa parte tan «característica» de ella.

—Es importante —enfatizó ella viéndolo fijamente.

—¡Okey, lo entendí!… ¿puedo ser Tanooki? —le confirmó y fue directo al punto que le interesaba.

—¡No, yo soy Tanooki, solo yo! Tú puedes ser la princesa Daisy, mejor aún Baby Daisy.

Benny rodó los ojos y seleccionando a Waluigi, comenzaron a escoger el mejor vehículo y pista para iniciar la batalla.

Mientras tanto Tori llegaba agotada a casa y subió con debilidad a la alcoba que ahora compartiría con su hermana. Desde el lunes, todo volvería a la normalidad, una vez que Trina viajará a la universidad.

—¿Qué te pasó? Te ves terrible —señaló ella al verla entrar, estaba sentada cómodamente sobre la cama leyendo una revista de moda.

—Así me siento.

—Ya resolviste tu riña con Jade.

—No, no quiere hablarme.

—Así son las relaciones, ya hablaran…

La morena decidió no continuar esa conversación, tenía muy poca fe en que eso sucediera y no quería seguir tocando el tema.

Dejó su bolsa en la silla de la cómoda y sacó un par de prendas del primer cajón, entrando en el baño para cambiarse de ropa.

Por un segundo quiso disfrutar del silencio —aunque afuera había mucha bulla del televisor—, era la primera vez en el día que tenía un momento a solas.

Sin embargo, no obtuvo mucha paz que digamos. Al mirarse al espejo vio a una desconocida que portaba grandes ojeras en sus ojos y sus labios estaban completamente apagados y secos, su miraba parecía perdida, vacía; lucía fatigada y sin ánimos. No era para nada la Tori de hace apenas un par de semanas.

Sacudió su cabeza volviendo en sí y abrió la llave, dejándola correr hasta que cayera caliente. Se lavó la cara, los dientes y se colocó crema y un bálsamo para hidratarse los labios, saliendo finalmente para acostarse.

—¿No vas a comer? Nya acaba de decir que la cena está lista.

—Ya comí pizza en el festejo… y pastel —mintió, cobijándose bien—. Estoy muy cansada, solo quiero dormir hasta mañana.

—Está bien, descansa. —Trina salió, apagando la luz y, al llegar al comedor, le comunicó a sus tías lo que su hermana le había dicho.

Ambas mujeres se miraron preocupadas, pero decidieron dejarla descansar, ya podrían hablar con ella mañana.

Al despertar se dio cuenta de que estaba sola en la gran cama. Eran ya las diez y se sentía de mejor ánimo que el día anterior.

Su hermana se había levantado temprano para terminar de empacar las maletas que llevaría a San Diego ese domingo. No era mucho en realidad, cuando había salido protestando de su casa, su padre había aplicado la misma condición que con Tori, solo podría llevarse lo que haya comprado con su dinero, ni una cosa más.

—¡Tori, despertaste! —preguntó Sophie.

—Y me bañé y me vestí —bromeó la morena con su tía.

—¿Tienes planes para hoy?

—No, tal vez leer un poco, no lo sé aún.

—Ah, pues…perfecto. ¿Quieres ayudarme a preparar la cena para Trina? Seguro le gustará a tu hermana ese detalle —dijo la pelirroja, sirviéndole un jugo de naranja y unas tostadas. No le pidió que se las coma, solo las puso sobre la mesa para ver cómo reaccionaba.

Tori las miró por largo tiempo, hasta que finalmente se decidió a darles un mordisco. El jugo estaba rico, un poco ácido, pero mejor así, no quería sentir nada dulce por el momento.

Sophie sonrió de espaldas a ella por el éxito de su plan mientras colocaba otro par de panes en la tostadora y continuaban su conversación.

—Entonces, salimos en más o menos quince minutos para comprar las cosas, ¿te parece?

Tori asintió terminando el jugo y se puso a revisar su página de The Slap donde lo primero que vio fue uno de los estados de Jade.

«Tanooki rulz, bitches!»

Supo entonces que su ex había pasado una noche de juegos con su hermano, lo que le daba mucho gusto. Aunque entendía perfectamente que había mentido para no quedarse la noche anterior en el Café.

Jade no quería verla, no quería hablarle, no quería nada que tuviera que ver con ella. Eso es lo que Tori creía.

—Voy a cambiarme de camiseta, acabo de darme cuenta de que me regué el jugo.

Sophie no le dio mucha importancia y solo le dijo que se apresure para salir de una vez. No sospechaba que era una excusa más de Tori para realizar esa actividad que ya se estaba volviendo costumbre después de cada comida.

Tardaron un poco más de dos horas haciendo las compras, entre ir al supermercado y al puesto de comida orgánica que tanto le gustaba a la francesa.

Ya daba más de medio día y decidieron comer algo ligero para el almuerzo. Apenas una ensalada y un agua helada, alegando que ya en la noche tendrían un festín.

Y sí que lo fue, uno grande.

Al regresar, pusieron las manos a la obra y comenzaron a preparar todo. Tori se concentró en los entremeses y los acompañamientos. Pretendiendo ante su tía, que probaba de todo frente a sus ojos.

Una vez que todo estuvo listo, puso la mesa y fue a cambiarse de ropa para unirse al resto de la familia que había ido a despedir a Trina; el resto de sus tíos, sus primos y algunos amigos de su hermana.

Sophie le había comentado a su esposa que Tori había desayunado con ella y habían almorzado también, que no se preocupara tanto, sin embargo Nya no le quitó un ojo de encima toda la noche.

Su sobrina se la pasó riendo con sus primos, poniendo el show de la chica sin problemas o preocupaciones. Pero eran los detalles que notó, lo que le causaron una preocupación mayor.

Sophie había pasado unas cuantas veces por el grupo de chicos ofreciéndoles varios canapés y, aunque Tori los tomaba en manos, pretendía probar un poco y los ubicaba en un plato en una de las mesas esquineras. Si volvían a ofrecerle otro, decía que ya había tomado uno y lo señalaba con una sonrisa, para que no volvieran a insistir.

Durante la cena, hizo algo que Nya ya había leído en internet, cuando decidió buscar síntomas de lo que pudiera estarle sucediendo a Tori y que el pastor Heartman le había advertido. Era una técnica muy común para personas con problemas alimenticios, básicamente se dedicaban a cortar la comida en pedazos muy pequeños, repartiéndola desordenadamente por los filos del plato, para que pareciera que había comido más de lo que realmente había puesto en su boca y disfrazaba todo al final, ofreciéndose a limpiar la mesa, empezando por ella misma para que la gente no notase algo extraño o se fijara en su plato aún lleno.

Su sobrina tenía un problema, era definitivo. Tendría que enfrentarla sin más excusas.

La velada culminó tarde. Trina decidió pasar lo que quedaba de la noche, bailando con sus amigos y un par de primos. El resto de gente se notaba muy cansada y se despidieron de la misma manera.

Tori no dejaba de bostezar y lo único que quería, era salir de ese vestido y esos zapatos que ya comenzaban a pasarle factura, pero a Nya no le importó. El momento que salió el último de sus familiares y quedaban en casa ella, su esposa y Tori, le pidió que, por favor, se sentara en la sala unos minutos.

—La cena estuvo deliciosa, Sophie —dijo la menor, lo que no ayudó a la poca paciencia que tenía su tía después de presenciar su comportamiento toda la noche.

—¿Y cómo lo sabes? Ni siquiera la probaste.

—Claro que sí, lo hice frente a tus ojos. Estabas sentada, literalmente, frente a mí —reclamó la chica con toda seguridad.

—Y es por eso que te lo estoy diciendo. ¿Crees que me engañaste? Tal vez al resto de la familia, pero no a mí, Tori.

La chica no supo que decir al respecto, movía su pierna nerviosamente, sin darse cuenta, y decidió ponerse a la defensiva cruzando los brazos.

—No sé de qué hablas —dijo virando la cabeza hacia su otra tía, que las miraba a ambas sorprendida por lo que su esposa acababa de decir—. ¡Sophie me vio también!

—Sophie cree que porque desayunaste con ella y almorzaron juntas, todo está bien, pero yo sé que no es así y tenemos que hablarlo, resolverlo —dijo con firmeza—. ¿Desde cuando está sucediendo esto, Tori?

—Nya, creo que exageras…

—Sophie, por favor. Si no vas a ayudar, puedes ir a la alcoba y esperarme ahí. —La pelirroja decidió entonces sentarse en uno de los sofás y guardar silencio, no quería desentenderse del problema o, menos aún, causar una pelea.

—Nada está pasando, yo estoy bien. No sé de qué te preocupas. Cené un poco menos porque comí, de todo un poco, mientras preparábamos la comida.

—Tori, no quieras engañarme. ¡Esto es algo serio!

—¡¿Por qué te engañaría?! Dime, ¿qué gano con eso?

—¡No lo sé, no entiendo qué es lo que te está pasando, pero esta ha sido una semana muy…!

—¿Muy…, qué?

—Extraña para ti.

—¡Oh, entiendo! —dijo con un tono lleno de indignación—. Esto no tiene nada que ver con qué como y qué no, es acerca de Jade.

—¿Y qué pasó con Jade? —Nya reclamó—. ¿Terminaron así nada más? ¿Después de que ella se desvivió por sorprenderte el sábado pasado en el Centro?

—¡No fue así nada más, fue porque me puse…! —dijo sin terminar, sin encontrar las palabras para expresar que había sido una tonta al ponerse celosa—… Solo ya no estamos juntas, ¿sí? Así es la vida.

—¿Así nada más?

—Bueno, ¿qué importa si tengo novia o no?

—¡Nada Tori, quiero saber desde cuándo estás haciendo esto, ¿cuándo empezó todo?!

—¿Tienes idea de lo que he pasado este verano, Nya?

—¡Por favor, ambas cálmense! —dijo Sophie al ver que Tori se levantaba de su asiento, lo suficientemente molesta como para romper todo lo que había en la habitación—. Creo que será mejor que descansemos por hoy. Hablaremos con calma mañana.

—¡No! ¡¿Quiero que Tori me diga qué le pasa por la cabeza?! ¡¿Por qué se comporta así?!

—¡No me pasa nada! —contestó ella a un decibel menos de lo que se consideraría gritar. Sin embargo fue lo suficientemente fuerte como para que Sophie se pusiera de pie y, con una sola mirada, obligara a ambas a dirigirse a sus respectivas habitaciones sin decir una sola palabra más.

«Tori, ¿estás despierta aún?», le escribió Cam al verla conectada en su celular.

«Algo así, ¿qué pasó?»

«Pues… estoy aquí con Nat y… nos preguntábamos si tenías planes para mañana al desayuno».

Hmm, comer. Definitivamente algo que no le llamaba la atención.

«Antes de que digas que no, el plan es que te encuentres con Jade».

Okey, eso cambiaba las cosas, pero… Jade no querría verla, no voluntariamente. Eso significaba que le jugarían un numerito para que no piense que ella iría. No sabía si era una buena idea.

«Solo mira esto», le escribió justo antes de mandarle una captura de pantalla de una conversación que habían tenido horas antes, donde Jade le insistía que sí, volvería con Tori, siempre y cuando ella hiciera algo para demostrarle que le importaba. Que la conquiste, que se la gane, sino no.

«¿Y cuál es el plan?», contestó la latina, todavía con dudas.

«Bien… Okey, vamos a vernos en la frutería del bulevar a las ocho de la mañana. Se supone que voy solo yo, pero iré y luego llegas tú, saludas conmigo, ergo también con Jade, Nat me enviará un mensaje urgente y yo las dejo solas. ¿Qué tal? ¿Te prendes?».

«Creo que ella no se va a comer ese plan, lo verá venir apenas me vea».

«Eso no importa, igual te dará una oportunidad, además ya está dispuesta a que hagas algo. Ya no tiene esa idea fija de que no quiere nada de nada, con nadie».

«O sea conmigo», aclaró.

«Para que repetimos lo que ya sabemos. ¡Vamos, Tori! ¡Ustedes son nuestro OTP!», mensaje que le sacó una enorme sonrisa, sus amigas estaban locas.

«Está bien, solo no me digan que ya hicieron otra apuesta con nosotras en medio».

«¿Qué dices? Perdón… estamos entrando… a una zona de mala señal… creo que… se… corta la… tin…tin…tin…tin», jugaban las chicas.

«Ya me contarán qué apostaron, mañana. Entonces, ¿a las ocho en la frutería?»

«A media cuadra, tras la caseta de salvavidas. No queremos que Jade te vea antes».

Quedaron de acuerdo y se despidieron. Tenía que jugar bien sus cartas y sacar provecho. Tal vez no tendría otra oportunidad para hablar a solas con ella. El lunes iniciaban las clases y seguro Cat y los chicos estarían siempre merodeando. Sería prácticamente imposible.

A la mañana siguiente, despertó como nunca un domingo, seis de la mañana ya estaba en pie. Se visitó casualmente, pero con una remera de Los Ramones que seguramente Jade apreciaría y se arregló con cuidado, asegurándose de cubrir sus ojeras que todavía eran muy visibles.

Primero pasaría, una vez más, por la floristería, rogando que estuviera abierta tan temprano. Quería escoger algo, aunque no le fuera de mucha ayuda, se lo ofrecería como un gesto de paz.

—¿No te fue bien con el lirio? —preguntó la amable dueña.

—En realidad, el lirio no tuvo mucho que ver con mi suerte, pero, por si las dudas, esta vez quiero un girasol. ¡Dime que tienes uno, por favor!

—Tengo algunos, ven a escogerlo.

Habían de todos los tamaños y todos estaban hermosos. Unos gigantes, mucho más grandes que la palma abierta de su mano, otros tan pequeños que podría cerrar sus dedos y abrazarlos con ellos. Pero no quería nada muy extravagante o muy insignificante, así que escogió uno de tamaño medio.

Ya con él en mano, se encaminó al punto de encuentro y se dio cuenta que todavía faltaba una hora para verse con sus amigas.

Tal vez, tan solo quizás, se había emocionado un poco, así que decidió sentarse en la subida de aquella abandonada cabina a esperar.

—¡Jade! Viniste temprano —saludó Cami unos minutos antes de la hora de su encuentro.

—Ajap —respondió la blanca chica terminando de beber su batido energético—. ¿Cam? —le preguntó—. ¿Crees que soy idiota?

—¿Qué? ¿De qué hablas? ¡Claro que no!

—¿Sabías que yo corro en esta playa todos los domingos?

—Em… nooo, no lo sabía.

—Pues te lo informo… también que vi a Tori llegar hace casi una hora. Está sentada mirando su celular cada cinco minutos, si no es cada dos. Me imagino que para ver si se movieron los números del reloj.

—Je, jem —se rió Cam nerviosa—. Pues… okey, el plan es que sea casual.

—¿Por qué no la dejan que haga esto sola? Sabes que «esto», lo que estás haciendo… —decía Jade, pero se vio interrumpida por la llamada de Nat, evidenciándola también—… lo que «están» haciendo, no es a lo que me refería cuando te dije que quería que «ella» me conquistara.

—Nosotros no vamos a hablar por ella, solo le dimos una oportunidad que tú te has negado a brindarle. Eso es todo —le explicaba su amiga.

—¿Así que vas a dejarme aquí con Tori, para que además me asegure de que ingirió alimento el día de hoy? Ingeniosa, tú. Buena chica —dijo sin ánimo y con completo sarcasmo.

—¡Tú ofreciste desayuno! —se quejó la otra chica.

—Olvídalo, Cam. ¿Cuándo viene Tori?

—Debería ya haber llegado, Nat tenía que llamarme cuando ella estuviera aquí, saludándonos.

—Tal vez se acobardó…

—No, ahí viene. ¡Actúa normal! —Jade la miró con gracia y, a un metro de que Tori llegue a la mesa, se levantó y y dijo:

—Ya vuelvo. —Y sin prestarle un milímetro de atención se marchó.

Cam por supuesto entendía que le habían ganado sus ganas de estropearles el plan y quería hacer que Tori se sintiera incómoda por unos minutos, pero ya volvería.

—¿Viste? Te lo dije, olería esta farsa a kilómetros de distancia.

—Tranquilízate, ella… solo fue a tirar su vaso vacío… —dijo Cam mientras ambas miraban que todavía bebía de su popote—. Okey, no importa, yo me voy, tú quédate aquí.

—¡No! —se quejó Tori exaltada—, si me ve sola se marchará directo a su casa.

—Tranquila, no lo va a hacer… Tenías razón, ya sabe del plan, ahora quédate y espérala —insistió Cami levantándose de su asiento—. Ya sabes, conquístala. —Levantó ambos pulgares y fue caminando de espaldas hasta que casi tropieza con la grada de la acera y, enderezándose, continuó su camino hasta Nat.

Efectivamente, Jade no tardó en regresar y sí, por un segundo se sorprendió de que Tori no haya salido corriendo por su vida con su otra amiga.

—Ten —le dijo sentándose justo en frente—. Naranja, fresa y piña, como en los viejos tiempos. —Le había comprado el batido que bebieron cuando la sacaba a trotar para que mejore su estado físico, cuando aún creía que estaba embarazada.

—Gracias —dijo la latina, resignándose a que tendría que beberla. No se negaría a algo que Jade le ofrecía, no en este momento—. Esto es para ti.

—¿Un girasol? —preguntó ella, al verlo salir por detrás de su morena espalda, lo había ocultado bien hasta ese instante—. Sabes que no bastará, ¿no?

—Sí, lo sé, pero es un inicio.

Jade lo tomó en sus manos y lo revisó hoja por hoja, admirando cada uno de los pétalos y el patrón que se marcada en el centro de la flor. Su largo cuerpo verde y ese aroma tan peculiar que le recordaba a su niñez.

—Gracias, lo aprecio —mencionó reposándolo con delicadeza sobre la mesa.

—Fui una idiota y lo sé, no voy a… disculparme nada más.

—Okey —fue lo único que dijo, quería seguir escuchando lo que seguramente había pensado todo el tiempo que estuvo ahí, esperándola en la playa.

—Te demostraré que valgo la pena. Que no perdías tu tiempo conmigo, que todo lo que hiciste por mí, mucho antes de que fuéramos novias me ayudó tanto… más aún, todo lo que hiciste desde que nos hicimos novias y sobretodo… esto —dijo levantando su batido.

Jade cambió de gesto, su rostro se llenaba de preguntas, ¿acaso estaba aceptando lo que hasta ese momento era una suposición?

—Sé que de seguro… Nya te mencionó… —trató de decirlo en voz alta, pero no pudo. Todavía le costaba aceptar con ella misma que podía tener un problema—… Tal vez fue una mala idea venir.

—¡¿Qué?! Ibas muy bien hasta eso último —le dijo Jade al verla volverse una bolita pequeñita e insegura en dos segundos—. Tori, sea lo que sea que está sucediendo, no es algo que no puedas controlar. Lo… resolveremos juntas.

—Jade… —susurró—, yo no puedo pedirte eso. Tú y yo… ya no somos nada y…

—Te equivocas —la interrumpió la blanca chica—, somos amigas y lo manejaremos juntas. —Volvió a asegurarle, esta vez colocando la palma de su mano sobre el dorso de la de Tori y acariciándola ligeramente con su pulgar—. Yo no soy el tipo de amiga que deja a otra sola, Tori… y lo sabes.

La morena respiró con fuerza, remordiéndose los dientes intentando no llorar, porque de repente, así, de la nada, se sentía débil y quien más quería en el mundo estaba ahí, aún después de como ella la había tratado, ofreciéndole su apoyo. No sentía que lo merecía y no supo qué decir.

—Eso no significa que volvamos a retomar la relación así nada más —le recordó Jade—, pero… estoy contigo. No te dejaré sola y si me necesitas, puedes siempre venir a mí, ¿okey?

Tori asintió nada más, dejando al aire salir de sus pulmones.

Todo estaría bien, ¿verdad?


Nota de autor:

Ja, dos capítulos en una semana. Pues, es que ando con ganas de escribir café y adelante un poco ahora a la madrugada que no podía dormir.

Ya, no se quejen del drama, que el drama también es bacán de leer. Sin drama no se disfrutan los campos verdes.

:P Bueno, me voy a dormir ahora sí. hasta mañana y espero que se sientan con ánimos de dejarme sus caritas felices o tristes.

¡Tú no Tanooki! Tú me dejas review de verdad o… ya sabes. XD. Adior.