Abrió los ojos muy despacio, mientras intentaba estirarse. La luz le hacía daño y tenía el cuerpo entumecido. Era como si llevara días durmiendo. Miro a su alrededor y se encontró desorientada. ¿Qué hacía en la enfermería? Intentó recordar lo que había pasado, pero su último recuerdo correspondía a su encuentro con Katie Bell en el baño de Las Tres Escobas. Después todo era oscuridad.

Haciendo un gran esfuerzo, intentó incorporarse para sentarse. Unas manos comenzaron a ayudarla y consiguió erguirse, apoyando la espalda en la pared.

-¡Querida, has despertado! -dijo Madame Pomfrey, mientras le colocaba una almohada a la espalda.

-¿Qué ha pasado?-preguntó la chica, aún desorientada. Una punzada en la cabeza le hizo cerrar fuertemente los ojos y llevarse una mano al lugar del dolor.

-¿Te duele la cabeza? - Sophie asintió y la enfermera le tendió un vaso con un líquido azulón dentro. Sophie se lo tomó y el dolor se mitigó -. Es normal que te duela la cabeza. La verdad es que en comparación con lo que podría haber pasado, que solo te duela la cabeza es todo un regalo…

-¿A qué se refiere? ¿Qué es lo que me ha pasado?

-Te maldijeron, querida… Voy a llamar a los médicos de San Mungo, ellos te explicarán lo sucedido mejor.

La chica no entendía nada. ¿Que le maldijeron? Pero, ¿cómo? ¿Cuándo? Miró a su alrededor. No había nadie más en la enfermería, su cama era la única que estaba ocupada. Siguió a Pomfrey con la mirada y la vio salir de la enfermería. Algo en la mesilla llamó su atención. Había una botella de cristal verde, con cinco girasoles dentro. Girasoles. Solo sus padres y Nick sabían lo de esas flores, ¿serían de ellos?. Se acercó a tocar las flores y se fijó en que también había un libro. Al ver en la mesilla el libro que Malfoy le había quitado, se sintió más confundida aún. Antes de que pudiera sacar conclusiones de nada, dos hombres de unos 30 años entraron en la enfermería, seguidos de Madame Pomfrey. Debían de ser los médicos. Sophie dejó el libro en la mesita de nuevo y se acomodó.

-Vaya, señorita Slumber, no sabe lo que me alegra verla despierta. Soy el Doctor Pirckenton, pero puede llamarme Ryan. Él es mi compañero Stuart Negh y somos los médicos que han seguido su afortunada "tragedia". Entienda que cuando me refiero a afortunada es porque, en las circunstancias que se han dado, ha sido muy afortunada. Pero supongo que querrá que le contemos que es lo que le ha sucedido, ¿no es cierto?-Sophie asintió, ese hombre no paraba de hablar-. Bien, como ya sabe, fue víctima de una maldición. Más concretamente de un collar maldito. ¿Qué es lo último que recuerda?

-Pues… estaba en Las Tres Escobas y fui al baño… Katie Bell, una compañera de Gryffindor, estaba allí con un paquete muy raro y se comportaba de forma extraña. Le cogí el paquete y lo último que recuerdo es tocar el collar que había dentro.

-Pues ahí lo tiene. Era un collar de ópalos que había sido maldecido. Por lo que sabemos, ya había acabado con la vida de 19 muggles y, por lo que sabemos, usted es la única que ha sobrevivido a su tacto. No pregunte el por qué, no lo sabemos - dijo, encogiéndose de hombros-. Lo único que podemos decirle es que ha tenido mucha suerte, teniendo en cuenta que el propósito del collar era matarla y solo ha conseguido tenerla cuatro días inconsciente. Hemos intentado localizar a sus padres sin éxito alguno pero, en cambio, su hermano llegará…

-¿Llevo cuatro días inconsciente?- le interrumpió.

-Sí.

-Y, en cuatro días, ¿no han conseguido dar con mis padres?

-Eso me temo. Damos por hecho que, debido a su trabajo, estarán en algún tipo de viaje. En todo caso, estamos contactando con el Ministerio para más información y su hermano está de camino y llegará esta tarde. ¿Tiene alguna duda más? - Sophie negó con la cabeza, que le volvía a doler debido a toda la información -. Bien, entonces vamos a proceder a la última revisión y, si todo es correcto, podrá irse. Le dejamos un momento a solas, para que asimile la información.

Los dos médicos se dispusieron a salir y Madame Pomfrey les siguió, pero se detuvo cuando la chica le llamó.

-¿Sí, querida? - dijo acercándose -. Sí que habla ese hombre, ¿eh? - comentó, susurrando. Sophie sonrió, divertida. Era cierto, no callaba. En cambio, su compañero, no soltaba palabra-. ¿Necesitas algo?

-Era una simple pregunta…

-Dime.

-¿Sabes quién ha traído estas flores y el libro? Pensé que había sido mi familia pero...-estaba claro que no habían sido sus padres y no recordaba haberle dicho a nadie que adoraba los girasoles.

-No, querida - suspiró -. Cada mañana, cuando llegábamos, alguien había dejado un girasol sobre tu mano. Hoy fueron dos: uno al amanecer y otro después del desayuno. En cuanto al libro, apareció junto a la última flor. Siento no poder servirte de ayuda.

-Ha dicho "aparecíamos", ¿quiénes?

-El joven Potter y yo, querida. No le ha quitado ojo de encima en todo este tiempo - dijo, guiñándole un ojo.

Harry… A lo mejor era él quien le dejaba las flores. Pero Madame Pomfrey ha dicho que cuando llegaban la flor ya estaba… Y el libro…

Sophie pensó en esto mientras los médicos de San Mungo le realizaban unas pruebas para asegurarse de que su maldición se había quedado en un sueño de cuatro días y unas migrañas algo molestas.

Cuando terminaron, Dumbledore y McGonagall entraron en la enfermería. La profesora se acercó a la chica, con una sonrisa y los brazos abiertos, y le dio un fuerte abrazo, diciéndole al oído que se alegraba de que estuviera bien y que había estado muy preocupada. Dumbledore se quedó a sus pies y le dedicó una sonrisa complaciente.

-Me alegro de que se encuentre bien, Sophie. Ahora, cuénteme. ¿Cómo llegó a verse en esa situación?

-No lo sé, señor…- Sophie pensó en Draco entrando en el baño de las chicas, pero no dijo nada. No tenía pruebas de que él tuviera algo que ver y no quería comportarse como Harry -. Simplemente noté que algo raro pasaba con Katie y ese paquete y me aventuré a abrirlo. Fue una insensatez por mi parte, pero tenía un mal presentimiento. Katie estaba…

- Hechizada. Estaba hechizada - finalizó Dumbledore -. Por desgracia, no sabemos quién fue, aunque debo darle las gracias. Ese collar iba a ser un...regalo para mí y gracias a su intervención el autor de este suceso no consiguió su propósito.

-¿Era para usted?

-Así es… Pero bueno, no pensemos más en ello. Supongo que lo que querrá ahora será ver a sus compañeros así que… ¿por qué no va al Comedor? Es la hora del almuerzo. Les gustará verla. La profesora McGonagall le ha traído algo de ropa y su varita está en el cajón de la mesilla.

Dejaron sola a Sophie, para que se vistiera y, en cuanto estuvo lista, agarró su varita, el libro y las flores y se encaminó rápidamente al Gran Comedor. Correr con las flores en la mano era difícil, pero no fue un impedimento.

Se paró en las escaleras que le conducían a la puerta del Comedor y cogió algo de aire. Después, más despacio, entró. Todo el mundo comenzó a mirarla y murmurar cosas como "mira, es Sophie", "ya ha despertado", "¿quién habrá sido?"… Pero ella los ignoró y siguió avanzando.

Draco se había quedado a medio camino del tenedor al ver entrar a la bruja de ojos verdes y pelo largo. Miraba a la chica, que un par de horas antes estaba inconsciente en la cama, avanzar por el Gran Comedor, con la cabeza erguida y a un paso muy firme. Se había recuperado. Se fijó en lo que llevaba en las manos: las flores y el libro. Draco soltó una pequeña sonrisa que enseguida intentó esconder, pero su alegría interior era infinita. Sophie Slumber había despertado. Y estaba bien.

Harry estaba de espaldas al pasillo central, de cara a Hermione y Ron, por lo que lo primero que vio fue la cara de sorpresa de sus amigos, mirando en dirección al pasillo. Se giró, para ver qué causaba tanta expectación y entonces la vio. Sophie. Acercándose a ellos sonriendo por el pasillo. Llena de vida. Despierta. Sophie estaba despierta y parecía encontrarse bien. Harry no pudo hacer otra cosa que sonreír y levantarse. Fue al encuentro de Sophie y la abrazó, cogiéndola en brazos. Todo el mundo murmuraba y comentaba la escena. Notaba sus miradas sobre ellos. Pero a él le daba igual. Lo único que importaba es que Sophie estaba bien.