Capítulo 19

Ruta 370

—Ruta Tres-setenta —reportó Char, mirando al mapa mientras el largo viaje continuaba—. Esto gira hacia el Noroeste y va directo hacia Ciudad Zidra. Pero... es aún una caminata de seis horas.

—Sí, es bastante lejos —dijo Saura—. Pero deberíamos lograrlo igual, sin problemas. Solo me preocupa el viaje de vuelta a casa. ¿Crees que lograremos volver a la base para el anochecer?

—Si mantenemos un ritmo constante, deberíamos ser capaces, sí —dijo Scythe—. Pero, si no... siempre podemos quedarnos durante la noche en la ciudad. Lo peor que podría pasar es que Daemon se preocupará por nosotros.

A medida que dejaban el dorado prado atrás, Char miró hacia el paisaje venidero. Era un campo de aspecto agradable, con un árbol sobresaliendo por aquí y por allá para proveer sombra del sol. La ruta de tierra por la cual viajaban era borrosa y difícil de ver, sobrecrecida en lugares con pasto y arbustos. Char tuvo la impresión de que esta era una ruta poco transitada.

—¿Por qué no nos encontramos con nadie más? —preguntó Char—. Si es que esta es una ruta tan importante... no hemos visto a ningún Pokémon en lo absoluto.

—Los Pokémon ya no viajan tanto —explicó Saura—. No se sienten seguros. Hay demasiados ladrones sueltos, algunos trabajan para el Maestro, algunos simplemente consiguen lo que pueden de los débiles e indefensos.

—El Maestro también utiliza estas carreteras para transportar sus fuerzas de lugar en lugar —dijo Scythe—, así que los Pokémon se mantienen fuera de las rutas por temor a encontrarse con ellas.

—Recuerdo que cuando era más pequeño, muchos Pokémon viajaban por esta ruta —dijo Saura—. Solía ir a visitar Ciudad Zidra cada mes. Pero luego, el Maestro empezó a incrementar sus fuerzas en esta área, y los ladrones comenzaron a salir, y todos comenzaron a asustarse. Fue ahí cuando comencé a pelear contra Pokémon salvajes y a aprender a defenderme solo.

—No hemos ido a lo de Tía en mucho tiempo —dijo Heary—. Mami dijo que todas las rutas se bloquearon, así que solo nos quedábamos en casa.

—Ya veo —dijo simplemente Char, quedando en silencio para ponderar esta información. "No es de extrañar que los Pokémon pidan un escolta para ellos y para sus seres queridos", determinó él. "El Maestro nunca para de volverse peor cada vez que escucho sobre él. Realmente tiene al país entero asustado de hacer algo por su cuenta por miedo a contrariarlo... Bueno, ¡es por eso que estamos aquí! ¡Nadie nos impedirá que llevemos a estos niños a la ciudad sin peligro!"

Los niños permanecieron manejables por un tiempo, al menos. Char y Saura los guiaban por la ruta en una línea de una sola fila, y Scythe cerraba la marcha para así poder vigilar a todos los cinco a la vez.

Luego de otra digna hora de caminata, lo inevitable ocurrió: los niños empezaron a darse cuenta de que estaban aburridos. Luego de un par de kilómetros del monótono camino de tierra bajo sus pies y el incambiable campo, los chicos Buneary estaban más inquietos que nunca, empezando a gritarse y a pincharse entre ellos y a veces corriendo por ahí fuera en el costado de la ruta. Scythe hizo su mejor esfuerzo para mantenerlos en fila desde atrás, pero algo más... algo además de meras tácticas de susto... tenía que hacerse.

—¿Cuánto más falta? —preguntó Meary—. ¡Me están empezando a doler los pies!

—Pero si recién tomamos un descanso hace una hora —dijo Saura, pareciendo decepcionado—. ¡No puedes cansarte tan rápido!

—Oigan, ¿qué tal si jugamos un juego? —sugirió Char.

—¿Un juego? —preguntó Saura—. ¿Qué clase de juego?

—¡Sí, juguemos algo! —exclamó Beary—. ¿Qué clase de juego? ¿A las Escondidas?

—¡Oh, no lo harán! —dijo Saura—. ¡No perderemos a nadie! ¡No aquí! ¡No con el Maestro por ahí!

—¡No estoy asustado del Maestro! —dijo Beary con confianza—. ¡Apuesto a que podría solo morderlo en los pies y hacerlo llorar!

—Eh... ¿qué les parece... Veo-veo? —sugirió Char.

—¿Qué es eso? —preguntó Leary—. ¡Nunca escuché de ese juego antes!

—Es fácil —dijo Char—. Primero, intentas encontrar algo interesante, pero no le cuentas a nadie qué es. Luego dices de qué color es, y todos intentan adivinarlo. Así: veo algo de color... verde. ¿Pueden adivinar qué es?

—¡Esto es la naturaleza! ¡Todo es verde! —proclamó Beary—. ¡Eso es aburrido! ¡Juguemos a las batallas!

—¡Soy RAYQUAZA!

—¡Eso no es justo! ¡Siempre eres Rayquaza!

—¡Yo seré Groudon!

—¡Yo también seré Groudon!

—¡Oye, eso es contra las reglas!

—¡No me importa! ¡TERREMOTO!

—¡HIPERRAYO!

—¡Yo soy DIALGA! ¡Invoco una VENTISCA y derribo a Rayquaza del cielo!

—¡No puedes hacer eso! ¡Rayquaza detiene tu ventisca!

—¡Soy ARCEUS! ¡Puedo derrotarles a todos ustedes!

—¡Oye, no puedes ser Arceus!

—¡Claro que sí! ¡Canto la canción de la muerte! ¡La, la, la, la! ¡Ahora todos ustedes morirán en tres días!

—¡Dialga vuelve en el tiempo y evita que cantes la canción!

—¡Arceus vuelve en el tiempo y DES-HACE a DIALGA! ¡Ahora no pueden derrotarme!

—¡Ahora estás congelado porque no hay CORRIENTE TEMPORAL!

¡Oigan! ¡Miren!

Heary exclamó de repente sobre todos los otros, apuntando hacia un costado de la ruta. Sentado y observando a todos estaba un pequeño y rosado Nidoran con las orejas levantadas. No se veía feliz.

—¡Vaya, es un Nido! —dijo Teary—. ¡Oye, Nido! ¿Estás bien? ¡No te ves tan bien!

—¡Creo que es uno salvaje! —dijo Leary.

—Aww, parece muerto de miedo —dijo Saura, adelantándose para examinar al Nidoran—. Oye, pequeñín...

Estremeciéndose del miedo, el Nidoran dio un paso hacia atrás. Se encogió, como preparándose para arremeter y defenderse. No parecía que quería escapar. Saura quería consolarlo, pero solo frunció el ceño y bajó su punta venenosa para atacar.

—Alto, ¿cuál es su problema? —dijo Heary.

—Pienso que deberíamos dejarlo solo —sugirió Saura—. No parece que quiera–

—¡LUCHEMOS con él! —proclamó Beary, saltando hacia el frente—. ¡Nadie puede derrotar al poderoso GROUDON!

Antes que Char o Saura pudieran hacer algo, Beary arremetió contra el Nidoran. El Pokémon salvaje siseó y esquivó saltando hacia atrás.

—¿Qué crees que estás haciendo? —gritó Saura con horror—. ¡Para eso! ¡Déjalo solo!

Beary se abalanzó nuevamente, pero esta vez, ¡el Nidoran atacó! Colisionaron, Beary fallando apenas el cuerno venenoso, y ambos cayeron al suelo en un forcejeo, el Nidoran gruñendo violentamente. Beary encontró una oportunidad y le mordisqueó la nariz, causando que este chillara y saltara hacia atrás otra vez.

Saura se apresuró hacia el frente para separar la pelea, pero era demasiado tarde. El resto de los niños había decido ayudar a su hermano y estaba ya saltando a la refriega a cuatro patas.

—¡Yo lo tengo!

—¡Toma ESTO, tonto Nido!

—¡HIPERRAYO!

—¡Aaau!

—¡Oye, cuidado!

Saura azotó hacia adelante con sus cepas y envolvió al conejo más cercano, intentando pescarlo fuera de la riña.

Char sacó rápidamente su pañuelo meloc de la bolsa y se lo ató alrededor del cuello. Una sensación de adormecimiento y cosquilleo se extendió a través de su piel a medida que los antídotos se difundían en su sistema. Se apresuró hacia el frente, aunque no tenía idea de lo que iba a hacer para ayudar en la situación.

El Nidoran surgió de nuevo por encima de la pila de conejos, todavía rehusándose a rendirse y a escapar. Char se encogió al verlo venir con un violento cabezazo hacia uno de los niños, pero el Buneary se alejó apenas a tiempo. Otro Buneary contraatacó, sus orejas balanceándose cómicamente como látigos, y bateó al Nidoran alejándolo.

—¡Chicos, paren! ¡Alguien saldrá realmente lastimado! —gritó Saura, cada una de sus cepas tironeando a un conejo diferente lo más fuerte que podía—. ¡Los Nidoran son venenosos, saben!

Char se precipitó e intentó detener a un conejo, pero este se retorció y salió de su agarre.

¡Scythe! —gritó Char—. ¡Scythe, sería genial un poco de ayuda por aquí!

Bien —suspiró Scythe.

-¡Slash!-

Una vez más, Scythe se lanzó con velocidad cegadora, cortando al pobre pequeño Nidoran. Fue arrojado al aire por el impacto, y cayó al suelo a unos metros de los chicos Buneary. Una profunda tajada roja era ahora visible a través de su cara. Serpenteó en el pasto, tratando de soportar el dolor. Los niños instantáneamente dejaron de luchar, todos atónitos ante la demostración de la velocidad del Scyther.

—Pero pensé que de seguro, entre los siete de ustedes, podrían ahuyentar a un pequeño Nidoran... —dijo Scythe, plegando las alas—. Ahora, todos, nos vamos. No tenemos tiempo para–

Luego, incluso Scythe pausó de la sorpresa, uniéndose a Char, Saura, y los niños en una mirada sin habla. El Nidoran herido, luego de haberse puesto lenta y dolorosamente de pie, estaba parado una vez más con las piernas firmes, rehusándose a rendirse. Su cuerpo entero se sacudía con debilidad y sangre goteaba de su herida, pero fruncía el ceño y se mantenía firme.

—¿Todavía quiere pelear? —dijo Char, asombrado.

—Uno fuerte —dijo pensativamente Scythe—. Aunque, probablemente solo está defendiendo a su familia. Deberíamos marcharnos.

De pronto, las orejas del Nidoran se levantaron. Parpadeó. Una genuina mirada de terror se apoderó de su rostro, incluso más que antes. Con un gemido, se volvió y se internó en la naturaleza.

—... O no —comentó Char—. Supongo que se dio cuenta de que no podía aguantar más.

—¡Lo hicimos! —exclamó Beary—. ¡Adiós, Nido!

—No tenía oportunidad —dijo Leary.

—¡Nidoran, Nidoran, corre a tu casa! —cantó Teary.

—Eso fue demasiado extraño —dijo Saura, frunciendo el ceño—. Cuando corrió, casi pareció como...

¡Silencio! —siseó repentinamente Scythe, mirando fijamente el suelo—. Algo no está bien...

Ante la orden, los niños se silenciaron y se pusieron tensos.

El grupo se quedó quieto por unos momentos. Todo lo que Char podía escuchar eran los distantes cantos de Pidgey, y el sonido del suave viento... Le lanzó una mirada a Saura, quien compartió un encogimiento de hombros con él.

—No... fuimos demasiado ruidosos, ¿o sí? —dijo Heary, estremeciéndose—. ¿Piensas que... el Maestro nos escuchó?

—Quizás... —dijo Scythe, entrecerrando los ojos hacia la distancia—. Quizás...

Los ojos de Scythe se agrandaron.

—¡Ahí! —siseó él—. ¿Sienten eso? ¿Sienten cómo el suelo se sacude bajo nuestros pies?

—Yo no siento nada —admitió Char, bajando la mirada hacia sus pies.

Mientras Char bajaba la mirada hacia el suelo... notó a un pequeño guijarro desplazándose a través del suelo. Solo entonces comenzó a notar el temblor. Era como un terremoto, excepto que no era una vibración constante; venía en pulsaciones, como si un gigante estuviera marchando a través del terreno.

Pum, pum, pum, pum...

—¡Lo siento! —dijo Saura—. ¿Qué es eso?

—¡El ejército del Maestro está sobre nosotros! —dijo Scythe, sin mover los ojos.

Los niños dieron un jadeo de horror una vez más, abrazándose entre ellos para reconfortarse.

—¿Q-qué hacemos? —gritó Saura—. ¿Corremos?

Scythe sabía que había poco tiempo que perder, pero se quedó parado y pensó por un momento. Miró a su alrededor el paisaje, analizándolo...

—Char, Saura, tomen a los niños y vayan a esa dirección —ordenó rápidamente Scythe, apuntando hacia la naturaleza al Norte—. Estaré de regreso en seguida. Quiero ver qué está ocurriendo.

—¡Scythe, no vayas! —suplicó Saura—. ¿Qué–

¡Vayan! —ordenó de nuevo Scythe—. Estaré de vuelta en cinco minutos o menos. Lo prometo. ¡Ahora vayan!

El terremoto se volvía cada vez más pesado. Char miró hacia la ruta al frente, pero no vio nada. Había una pequeña elevación en el camino, bloqueándole la vista del horizonte.

—¡Niños! ¡Tienen que venir con nosotros! —ladró Saura—. Podríamos estar en peligro. ¡Vayamos por este camino!

Scythe salió disparado hacia el camino al frente, y los niños siguieron incondicionalmente a Saura hacia la seguridad. Char cerraba la marcha, cuidadosamente vigilando para asegurarse de que ninguno de los niños llegara a separarse. Todos corretearon hacia la seguridad de la naturaleza más profunda, nunca atreviéndose a mirar atrás.

Pum, pum, pum...

Luego de una rápida búsqueda, Char y Saura encontraron una zanja oculta, un buen lugar para esconderse. Pero el retumbar todavía se volvía más fuerte...

—Sr. Saura, tengo miedo —dijo Heary en voz baja.

—Yo también —dijo Teary.

—Todos tenemos miedo —dijo Saura—. Pero no se preocupen. Scythe es un muy buen luchador. Él nos ayudará terminar con esto. Estamos aquí para protegerles.

... ... ...

Pum, pum, pum...

Esperaron durante lo que pareció media hora... hasta que, finalmente, Scythe se presentó, saltando dentro del foso y casi matando del susto a todos. Se veía atónito.

—Buen escondite —dijo Scythe mientras jadeaba en busca de aire—. Casi lo pasé de largo.

—¿Qué está ocurriendo? —demandó Saura—. ¿Los has visto?

Cientos —jadeó Scythe—. Rhyperior, Blastoise, y Tyranitar. Todos marchando por el camino. Y malas noticias... creo que tenían rastreadores. ¡Algunos de ellos están viniendo hacia aquí! ¡Creo que nos han visto!

—¡¿Scythe, qué vamos a hacer?! —exclamó Saura.

—Hay solo una cosa que podemos hacer —dijo Scythe, dejando caer su bolsa—. Tenemos que hacer una ruptura al Norte. ¡Char! ¿No hay una mazmorra al Norte? ¡Saca el mapa!

Char buscó a tientas en la bolsa, sacando el mapa. Lo desenrolló lo más rápido que pudo.

—Estamos aquí, aproximadamente —dijo Scythe, señalando un parche marrón en el mapa cercano a la Ruta 370—. El Huerto Zidra está a solo kilómetro y medio al Norte de aquí. Es su única oportunidad esconderse ahí. Desde ahí, pueden perder al ejército y posiblemente atravesarlo y llegar a la ciudad.

—¡Un kilómetro y medio es demasiado lejos! —dijo Char—. ¡No podemos correr tan rápido!

—Tendrán que hacerlo —dijo Scythe—. Si van ahora, no les verán. ¡Pero tiene que apresurarse!

¡¿Nosotros?! —jadeó Char, notando la elección de palabras de Scythe—. ¿No vendrás tú con nosotros?

El retumbar nunca cesaba. Scythe levantó la vista al cielo. Se lo veía extremadamente preocupado, como atascado en una decisión.

—En verdad debería ir con ustedes, sí —dijo Scythe, cortando la tierra con frustración—, pero... no puedo entender por qué el Maestro tiene a sus fuerzas aquí... y no tengo la más mínima idea de a dónde se dirigen...

—Pensé que dijiste que el Maestro utiliza estas rutas para sus tropas —dijo Char—. ¿Qué es tan diferente en esto?

—¡Nunca tantas de una vez! —dijo Scythe—. ¡Solo no tiene sentido! Char, Saura, lo siento. Necesito ir a seguirlos. Es mi responsabilidad. ¡Por el bien de mi equipo y el de la división entera, necesito saber qué está haciendo el Maestro con todos estos Pokémon! Quiero que continúen sin mí. ¡Lleven a estos niños al Huerto y a la seguridad!

—¡No, Scythe! —suplicó Saura nuevamente—. ¡Por favor! ¡No nos dejes solos! ¡No ahora!

—Saura —dijo Scythe duramente—. Esta no es una situación fácil para ninguno de nosotros, pero somos un equipo de resistencia, y debemos funcionar como uno. Además, tengo confianza en ustedes. ¡Acumulen coraje, usen lo que les he enseñado hasta ahora, y salven a estos niños!

Saura tragó saliva.

—¡Me reuniré con ustedes más tarde! —dijo Scythe—. Lo prometo. Ahora, ¡vayan! ¡Esperen un rato más, y les verán! ¡Vayan!

Sin otra queja, ellos fueron. Char y Saura hicieron salir a los niños Buneary de la zanja y se apresuraron lo más rápido posible hacia el huerto al Norte.


Huerto Zidra S1

Todos estaban sin aliento cuando finalmente alcanzaron la frontera del huerto, pero no era ni cerca del final del camino. Char y Saura apuraron a los niños dentro lo más rápido que pudieron, ganando la protección y el refugio de la maldición de la mazmorra del ejército del Maestro. El hecho de que la sacudida del suelo se había detenido era un alivio, la visión del espeso y confuso bosque delante de ellos no lo era.

—¡Niños! —ladró Saura, haciendo su mejor esfuerzo para sonar como un líder—. ¡Escuchen! Hemos escapado del Maestro, pero ahora estamos en un lugar muy peligroso. Esto es una mazmorra misteriosa. Si se encuentran con algún Pokémon salvaje, nos atacará sin vacilar. Si toman el giro equivocado y se separan del grupo, estarán perdidos por un muy largo tiempo. Si no mantienen el ritmo, nos quedaremos sin comida y tendremos mucha hambre. Quiero que se mantengan muy cerca de Char y de mí. ¿Entendieron todos?

—Sí, Sr. Saura —replicaron algunos de los niños.

—Bien —dijo Saura—. Si sus estómagos comienzan a dolerles, dígannos, y les daremos comida. Ahora vámonos. Aún tenemos un largo camino por recorrer si queremos llegar a lo de su tía. Char, ve al frente. Yo cerraré la marcha.

Los niños Buneary se apiñaron cerca de sus guías como Char y Saura mientras comenzaban su expedición.

El Huerto Zidra parecía cualquier cosa menos un huerto. Se veía como un espeso y sobrecrecido bosque, y no había siquiera un solo árbol frutal a la vista. Verdes y marrones lianas correteaban a través del suelo acolchonado de hojas, subiendo troncos de árboles y estrangulando troncos muertos. Char no podía dar un paso sin conseguir que sus garras o dedos quedaran enganchados en las cepas, y le hizo desear que Scythe estuviera ahí para cortar todo el crecimiento excesivo por él. El olor era fresco y húmedo, como si recién hubiera llovido. El incesante sonido de insectos zumbando y aves cantando llenaba el aire; hizo que Char realmente se preguntara si había otros animales además de Pokémon en este extraño mundo.

Char estaba más nervioso de lo que jamás había estado. Sabía que vendría el día en que él y Saura tendrían que hacer frente a una mazmorra sin Scythe, ¡pero nunca se imaginó teniendo a un manojo entero de pequeños bajo su cuidado!

"Qué abrumadora responsabilidad", se dijo Char, echando un vistazo atrás hacia el grupo siguiéndolo. "¡No puedo ni creer que estoy haciendo esto!"

—Está bien, Char —dijo Saura—. Tengo cubierta la retaguardia. Solo continúa.

Char se volvió nuevamente hacia el camino a la mano, haciendo su mejor esfuerzo para apartar y buscar su camino a través de todos los arbustos. Intentó mantenerse vigilante ante cualquier cosa que podría suponer una amenaza al equipo; no era fácil, ya que sonidos animales venían de todas direcciones y la visibilidad estaba con frecuencia limitada a menos de un metro en frente a su cara.

Luego de unos cuantos minutos más de caminata, Char magulló su pie con algo. Bajó la mirada para ver una pequeña roca gris. Una pequeña liana verde corría sobre ella, brotando con verdes flores parecidas a un ojo mientras lo hacía.

—Chicos, flores venenosas —reportó Char—. Cuidado.

—Oh-oh —dijo Saura—. Niños, atentos con las flores verdes. Les envenenarán.

—Sabemos eso —dijo Leary—. ¿Cómo era esa canción que mami nos enseñó?

—Flor de rubí, poder te dará a ti. Baya de zafiro, jamás quedarás dormido. Ojo de esmeralda, dolor en frente y en espalda —recitó Heary—. La Furiaflor, la Baya Atania, y el Ojo del Dragón.

Char tuvo un pensamiento. Inspeccionó curiosamente la flor verde, luego la arrancó de la cepa. Inmediatamente, sus dedos cosquillearon violentamente mientras el antídoto del pañuelo meloc neutralizaba el veneno.

—¡Sr. Char! —exclamó Heary.

—Está bien —dijo Char—. No me pueden envenenar justo ahora, tengo un...

—¡Sr. Char, CUIDADO!

Char giró hacia todas direcciones, buscando el peligro. Cuando no encontró nada, se volvió hacia Heary, quien estaba apuntando al aire...

—¡CHAR! ¡SOBRE TI! —exclamó Saura.

Char sintió una horrible sensación punzante mientras era apartado a un lado por algo muy grande. Inmediatamente su espalda le ardió con la sensación de hormigueo, protegiéndole de una nueva dosis de veneno. Un horrible zumbido llenó el aire, y todos los niños chillaron.

Char se dio la vuelta para ver a un Beedrill hostigando al grupo. No solo eso, un segundo apareció desde detrás de las hojas de los árboles y se le unió.

El primer Beedrill trazó círculos en el aire, viniendo por otro ataque a Char, pero Saura extendió hábilmente sus cepas y lo apartó del camino. Mientras se tambaleaba en el aire e intentaba reorientarse, Saura continuó con un bombardeo de diminutas semillas de su bulbo. Esta vez, el ataque golpeó; varios agujeros aparecieron al instante a través del cuerpo del insecto. Cayó al suelo, donde zumbó y vapuleó desesperadamente en el lugar.

El segundo Beedrill flotaba en el aire lejos del alcance de Char, como esperando un momento para atacar. Char se concentró, alimentó su fuego interno, y una prolongada corriente de flamas explotó desde su boca. Engulleron a la abeja antes de que pudiera incluso reaccionar, encendiéndola en llamas con flamas y derribándola del aire.

Char jadeó pesadamente mientras su fuego se calmaba. Estudió los daños.

—Buen trabajo, Char —dijo Saura—. Lo hicimos bien.

—Sí, lo hicimos —dijo Char, observando como ambos Beedrill lentamente dejaban de moverse—. Tal vez sí podemos atravesar esto por nuestra cuenta después de todo.


Huerto Zidra S3

Mientras se adentraban más en la mazmorra, los árboles afortunadamente comenzaron a espaciarse entre ellos y dieron al grupo algo de espacio para respirar. Aun así, Char no sabía qué pensar realmente sobre el lugar.

—¿Por qué es que se le llama a este lugar un 'huerto', de todos modos? —preguntó Char mientras ayudaba a los niños a descender cuidadosamente una pequeña caída.

—Bueno, es una larga historia —dijo Saura—. Unos cuantos años atrás, este lugar era un hermoso huerto en donde las bayas Zidra crecían. Había al menos cien árboles aquí, y todos estaban en filas ordenadas... Era realmente hermoso. Vaya, realmente te trae de vuelta algunas memorias... Eso era lo que hacía a Ciudad Zidra tan popular. Todos solían ir siempre ahí por las medicinas de bayas Zidra, o solo para recogerlas del huerto... la ciudad era inmensamente rica, y era un gran lugar turístico también. Pero luego las mazmorras misteriosas comenzaron a surgir, una de ellas consumió al huerto entero y lo convirtió en una mazmorra... y a causa de la anomalía temporal, se llenó de maleza y plantas sobrecrecidas en un santiamén.

—Vaya —dijo Char, incapaz de creer que el desastroso bosque en el que ahora estaba caminando fue alguna vez un exuberante jardín—. ¿Hay aún... algún árbol Zidra por aquí?

—Debería haber, sí —dijo Saura—. Pero a causa de la distorsión espacial, nunca sabes dónde están, y solo buscarlos es bastante peligroso. Es por eso que las bayas Zidra son tan raras. A nadie le gusta venir a aquí y buscarlas.

—¿Qué son las bayas Zidra, de todos modos? —preguntó Char—. ¿Qué las hace tan especiales?

—Estás bromeando, ¿verdad? —dijo Teary—. ¿Nunca has comido una baya Zidra?

—¡Las bayas Zidra son una de las mejores medicinas conocidas por todos los Pokémon! —explicó Saura—. Solo comer una se siente vigorizante, y te quita todo el dolor. Aceleran la regeneración de tu cuerpo si estás herido, e incluso pueden mantenerte vivo si estás al borde de la muerte.

—Vaya, esa debe ser una fruta bastante poderosa —dijo Char.

—Sí —dijo Saura—. E incluso se dice que si comes bayas Zidra cuando estás perfectamente sano, añadirás años al final de tu vida.

—Tal vez podemos encontrar algunas —dijo Char, todavía incapaz de ver algún árbol frutal a su alrededor—. Creo que me gustaría probar una.

—Oiga, Sr. Saura —dijo Meary—. Estoy empezando a tener hambre ahora.

—¿Mucha hambre, o solo un poco de hambre? —preguntó Saura.

—Solo empezando a tenerla —dijo Meary.

—Yo también —dijo Leary—. ¿Podemos comer un bocadillo?

—Todavía no, pero lo haremos pronto —dijo Saura—. Si no mantenemos el ritmo, nos quedaremos sin comida. Puedes desperdiciar comida si comes demasiado rápido, sabes. Comer mucha comida muy rápido no siempre significa que tomará más tiempo para que tengas hambre.

—Tomaremos un descanso pronto —prometió Char—. Pero por ahora, tenemos que seguir avanzando. Este viaje no se volverá más fácil.

—Oh-oh —dijo Saura, levantando la mirada—. Más enemigos en el camino. Un Beedrill, y un Butterfree. ¡Prepárate!

Char y Saura derrotaron a los intrusos antes de que incluso tuvieran oportunidad de presentar una amenaza. Char encontró incluso que era más fácil controlar su fuego, y se estaba volviendo muy bueno en apuntar con su técnica de lanzallamas.

"Saura se ha vuelto bueno con su técnica de balas también", notó Char. "En verdad nos estamos volviendo bastante poderosos. ¡Solo unos cuantos kilómetros faltan! ¡Podemos hacer esto!"


Huerto Zidra S5

Una hora después, no había duda sobre eso: era ya tiempo para un descanso.

Luego de haber chamuscado al menos diez insectos salvajes a cenizas, y haberse metido en una más bien acalorada batalla con un Roselia, Char se estaba quedando sin aliento. Aún en el frente, renqueaba y buscaba un buen lugar para parar y comer.

—Mi pancita me duele mucho —reportó Heary—. ¿Podemos comer ahora?

—Sí, mi estómago se está quedando bastante vacío también —dijo Saura—. Pienso que es tiempo de detenerse. Char, ¿ves algún lugar para tomar un descanso?

—No aquí —dijo Char—. Tal vez en esta dirección...

El suelo estaba lleno con nada más que arbustos espinosos y Ojo del Dragón, así que Char avanzó por entre algo más de follaje, esperando encontrar algo más afortunado al otro lado...

... y tropezó sobre el hilo ancla de una enorme telaraña de Spinarak.

El Spinarak saltó desde arriba para someter a la potencial presa, pero Char rodó sobre su espalda y escupió fuego hacia arriba, quemando la telaraña y haciendo que la araña trepase sobre su propio hilo. Saura rápidamente se unió de un salto, envolviendo a la araña con sus cepas y lanzándola lejos.

—Supongo que no —dijo con decepción Saura—. Pero no podemos seguir así por mucho más tiempo. En verdad no quiero desmayarme. ¡No en este lugar!

—Lo sé, lo sé —dijo Char, avanzando—. Estoy empezando a marearme... Tomen.

Char metió la mano en la bolsa y sacó un pequeño damasco. Lo pasó atrás hacia los niños.

—Con esto aguantarán hasta que podamos encontrar un lugar de parada —dijo Char, tomando otro damasco para pasarlo hacia atrás.

—Char, cuidado —advirtió Saura—. Hay sauces más adelante. Podría haber Weepinbell.

Char mantuvo un ojo atento hacia adelante, preguntándose si la mazmorra alguna vez le dejaría tomar un descanso.


Huerto Zidra S6

—Char... Apenas puedo ver bien... —gimió Saura—. Por favor... Solo detengámonos justo aquí... No me importa...

—No podemos —dijo Char—. No es... seguro...

—Oh, no de nuevo —gruñó Saura—. Tienes razón. Char, cuidado. Prepárate...

Algunos arbustos crujieron, y un irritado Ledyba emergió. Char suspiró, apuntando hacia el insecto, luego alcanzó hacia su fuego.

... Pero su fuego no estaba ahí. Su Ascua interior se sentía como un latente trozo de carbón sin llamas...

—Cr... -cof- Creo... que... me quedé sin fuego —gimió Char, alejándose del Pokémon salvaje.

—Char, tu cola —dijo Saura—. Está...

Char se giró para mirar su cola, y se horrorizó ante la visión. Estaba casi apagada, reducida a solo una diminuta y parpadeante llama de vela. Le hizo sentir incluso más débil saber qué tan cerca del límite se encontraba su cuerpo...

—Y yo me quedé sin semillas bala —dijo Saura—. Espera... Yo me encargaré de él...

Saura dio un paso adelante para confrontar a la pequeña mariquita. Gruñendo del cansancio, Saura dispersó una pequeña ráfaga de hojas hacia el enemigo. La mayor parte falló, y las que acertaron solo ayudaron a desorientarlo. Saura jadeó, decepcionado ante su esfuerzo.

Char saltó hacia el enemigo, pero sus alas zumbaron y voló fuera de su alcance. Trazó círculos alrededor e intentó lanzarse a Leary, pero el conejo azotó sus largas orejas hacia el insecto y lo alejó de un golpe.

—Char, tal vez solo deberíamos correr —sugirió Saura—. No... lo estamos haciendo tan bien.

—No puedo correr —jadeó Char—. Estoy...

—Char, solo ve —dijo de nuevo Saura—. Si nos vamos, no podrá alcanzarnos. Los árboles son demasiado espesos para que pueda volar.

Demasiado fatigado como para discutir, se levantó de una bajada y corrió hacia adelante lo más rápido que sus adormecidas piernas pudieron llevarle. Su cuerpo entero le punzaba mientras atropellaba la pared de arbustos, ramitas y ásperas hojas que le raspaban por todos lados...

Y luego...

Cuando los arbustos se despejaron, ellos se despejaron. Char estaba pasmado ante la visión ante él: el bosque terminó, y un pequeño claro se abrió. El desaliñado suelo se volvió una espléndida y ondulada planicie cubierta de corto, suave y exuberante césped. Brotando en el claro estaban no menos de doce enormes árboles portadores de fruta alineados en perfectas filas. Era como un jardín bien cuidado. Un huerto.

"¿Es esto... un espejismo...?" se preguntó Char, su visión demasiado borrosa...

—¡Char, esto es un milagro! —exclamó Saura, abriéndose paso en el espacio abierto—. ¡Árboles Zidra! ¡Hemos encontrado árboles Zidra! ¡Lo hicimos! ¡Todo valió la pena!

—¡Imposible! —exclamó Teary luego de ver el pequeño fragmento del huerto alguna vez glorioso.

Nadie siquiera tenía que pedir permiso. Char, Saura, y todos los conejos se apresuraron hacia el árbol más cercano lo más rápido que pudieron. Char se abalanzó sobre una rama que colgaba bajo, agarrando un manojo entero de las doradas bayas. Relleno su boca con ellas, y fue inmediatamente superado por el sabor más dulce y maravilloso que jamás había probado. Agarró la rama de nuevo, arrancando viciosamente otro manojo de bayas y rellenando su cara con ellas. Sintió el espeso jugo parecido a savia manchando todo su hocico, pero no le importó.

Celestial —gimió Saura, su boca llena de fruta—. El regalo de Arceus...

Char colapsó contra el tronco del árbol, todavía masticando. Una total y absoluta comodidad lo inundó; sintió la vida bombeando nuevamente en sus estancados miembros, su vista cambiando y agudizándose, volviendo a la normalidad, y su fuego interior chispear de vuelta a la vida, trayendo calidez a su vientre otra vez.

Char quería solo quedarse dormido de contenta dicha, pero extrañamente, las bayas no le dejaban. Tenían un efecto vigorizante, en lugar de uno supresor. En solo unos pocos minutos, supo que su estómago estaría satisfecho, su fuego repostado, y él estaría listo para levantarse nuevamente y guiar al equipo en un enérgico tramo final del viaje.

—Char, toma —dijo Saura, sosteniendo una rama de bayas con su cepa—. ¡Pon la mayor cantidad de ellas que puedas en la bolsa! ¡Si solo llevamos algunas de estas con nosotros, seremos invencibles!

Char sonrió, y vació completamente la bolsa en el suelo. Clasificó los contenidos, remplazando solo los objetos más importantes como las esferas, y llenando el resto con las magníficas bayas. Veintitrés bayas cupieron en la bolsa antes de que el hilo no se cerrara más, e incluso cuando estuvo repleta, los contenidos eran increíblemente livianos.

—Ah —suspiró Saura, disfrutando otra baya—. Pensaba que estábamos perdidos, pero lo hicimos. Salimos adelante de nuevo.

—Espero que Scythe esté bien —dijo Char, recostándose sobre la espalda—. Dijo que se encontraría con nosotros luego. Me pregunto si nos estará esperando en el otro lado del huerto.

—Vaya... Nunca pensé que nuestra primera misión solos sería tan estresante —dijo Saura—. Pero la verdad es bastante satisfactorio, saber que en serio estamos haciendo–

—¿Sr. Saura?

Heary se acercó a los dos, su pelaje enredado y manchado con tierra y fruta Zidra. Todavía se veía asustado.

—¿Qué ocurre, Heary? —preguntó Saura—. ¿Qué necesitas?

—¿Dónde está Beary?

—¿Qué quieres decir con dónde está Beary? —repitió Saura, mirando alrededor en el huerto hacia el resto de los conejos—. Él está... espera...

Incluso Char podía verlo... solo había cuatro conejos a la vista. El quinto... el pequeño rebelde... no estaba por ningún lado.

—¡Beary! —jadeó Saura—. ¿Él... él no está aquí...? ¿D... dónde está? ¿Hace... hace... hace cuánto tiempo... ha estado perdido?

—No sé —dijo Heary, casi listo para llorar—. Estaba tan hambriento, y mareado, no lo vi... No creo que haya venido con nosotros al huerto...

Char y Saura se dieron cuenta de que lo mismo era cierto de ellos. Habían estado tan desorientados y cansados, ambos fallaron en notar que uno de los niños no había estado con ellos por un tiempo.

—No... Por Arceus, no... —susurró Saura, intentando asimilar el horror de haber dejado a un niño atrás en las brutales profundidades de la mazmorra—. Char... Tenemos que encontrarlo. No me importa lo que haga falta. Pasaré el resto de mi vida en esta mazmorra si tengo que hacerlo. ¡Encontraremos a Beary!

Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.