Capítulo 21: heridas


El sol lanzo su resplandor sobre el cielo, despertando al valle dormido. Los tonos azules claros sobresalían sobre los tonos morados del anochecer, una neblina cubría el valle y sus alrededores, el agua condensada del desierto era movida por los vientos nocturnos.

Dos patrullas permanecían en el motel, una frente al equipo de forenses que concluía su labor en el estacionamiento, y la otra en la parte de atrás al lado del Sable azul abandonado. Una grúa esperaba mientras las luces titilantes amarillas de su parte superior alumbraban, preparándose para incautar la evidencia.

Cross se inclinó en la puerta del sable, estudiando el techo del hotel. Tomo un Trident y giro la nuez entre sus dedos y la apretó ligeramente. La escena del crimen parecía como un libro. Allen y Road habían dormido en cuartos diferentes…el gerente del lugar y las pertenencias de ellos daban razón de eso. En algún momento en la noche, quizás después de llegar la policía, Allen se las arreglo de algún modo para meterse en el closet de ropa de cama, trepar el ducto, arrancar una tira de cinta del ducto– una jugada que solo podría realizarse desde afuera–moverse al cuarto de Road, y regresar con ella. Salir por el closet y pasar el callejón sin ser vistos.

El auto estaba lleno de señales de un viaje no planeado: botella de Mr. Pepper, bolsas vacías de papas fritas, y media docena de revistas de moda y libros baratos en rustica de la tienda de la esquina. Artículos de tocador. Pasta dental Colgate. Hilo dental J&J. ¿Qué clase de idiota agarra hilo dental al escapar? Un hombre con una mujer.

Cross había repasado cien veces la secuencia de los sucesos en el callejón, considerando una y otra vez cada paso. Habían registrado las calles y los callejones alrededor del motel. Nada. La búsqueda se extendió a los límites de Johannesburgo. Aun nada. Allen y Road sencillamente desaparecieron.

Cross había perfeccionado el arte de perseguir criminales teniendo en cuenta un solo principio: seguir la senda de menor resistencia. Casi sin excepción, los criminales tomaban ese sendero. Ellos no eran el grupo más brillante. Si el sentido común diría que debían esconderse detrás del edificio en vez de salir corriendo al descubierto agitando las manos, el 99% de las veces se ocultaban donde los encontrarían: detrás del edificio.

Pararse en medio del callejón, esperando al adversario como Allen hizo, no era una jugada con sentido común. En realidad era una total y redomada estupidez. Pero Allen no era idiota.

–AK-47–informo una voz.

El detective del departamento de los Ángeles, Howard link encargado de la investigación física, se acercó por la izquierda de Cross. El funcionario sostenía entre sus dedos índice y pulgar una bolsa con clara evidencia de uno de los casquillos encontrados en el techo.

El detective era un hombre de ciudad que solo se metía en los asuntos de drogas y estar detrás de los callejones. No era un tipo malo, solo un poco molesto al juicio de Cross. Howard se quitó un sombrero negro que tenía encima, su cabello corto rubio se vio despeinado, y se pasó la mano para peinarlo.

–Un rifle bastante difícil de conseguir, pero un poco común por los alrededores. No se sabe dónde lo pudo haber conseguido.

–Él no fue quien disparo–aseguro Cross–. Tenemos a otros interesados.

Howard forzó una sonrisa, se volvió a poner su sombrero negro de Fedora, y puso las manos en las caderas.

–Así dice el hombre de la ASN.

–Así dice el sentido común–objeto Cross–. ¿Encontró algún arma? No. y él no tenía ninguna. Alguien más se llevó el rifle.

Howard lo analizo por un momento. Miro hacia el techo.

– ¿Cómo exactamente hizo este tipo para escaparse de usted? Estaba desarmado, o así dice usted, y con una chica–cuestionó mirándolo sin girar su cabeza–. Es demasiado extraño.

¿Extraño? Cross apenas podía creerlo por sí mismo. Solo había una explicación que tenía sentido absoluto: la de Allen. Él sabía lo que iba a suceder antes de que sucediera. Sabía exactamente qué curso de sucesos le permitirían escapar, cuando tirar el barril, hacia donde correr para evitar que lo descubrieran.

–Digamos sencillamente que nuestro hombre es muy listo, detective. ¿Sabe quién es?

–Allen Walker. Algún estudiante de Berkeley.

Cross sonrió.

–Un estudiante de Berkeley con un IQ de 193

Howard silbo.

–El tipo que perseguimos resulta ser uno de los seres humanos más inteligentes del planeta.

Howard asintió, sonriendo levemente. En la sombra de su sombrero sus ojos verdes se mostraron con un sentimiento de ironía.

–Todavía es carne y sangre, ¿Bien? Mientras sangre, lo tendremos.

Cross pensó en las palabras del inspector. Ellos se las habían arreglado para acercarse al hotel con Allen adentro, ¿verdad que si? Mientras él dormía. Todo hombre tenía su debilidad, y si Allen tenía algún extraño acto divino rociado con precognición, entonces su talón de Aquiles muy bien podría ser el sueño. No conocería el futuro mientras durmiera. Aunque pudiera, no podría huir.

Tendría que cansar a Allen. Un hombre no podría estar despierto mucho más de dos días, quizás tres días, sin ayuda de médicos. Según la oficina del motel, la luz de Allen no se apagó si no después de las dos. Ahora podría estar muy despierto, presionado por la adrenalina, pero lo que sube debe bajar.

– ¿Y cómo lo atraparías tú? –pregunto Cross a Howard con una sonrisa llena de ironía.

–No puede estar lejos. Ahora cercamos un perímetro…aquí no hay muchas posibilidades. La autopista sur está sellada. Eso deja fuera doce posiciones. No sería imposible encontrar un Ford pinto amarillo en uno de doce caminos.

Howard sonrió ante la sorpresa de Cross.

–Reportaron el auto hasta hace pocos minutos y nos lleva tiempo de ventaja. Como dije, lo atraparemos.

Cross sabía todo menos lo del robo del pinto robado. El mismo habría ordenado el plan de puntos de control. Un pinto amarillo. Como alquilar un aviso luminoso de neón que dijera: ven y atrápame. No tenía sentido. Nada tenía sentido.

–Si es alguien mas no lo atrapa primero–objeto Cross, metiendo la nuez en su bolsillo y enderezándose para salir–. Quiero cubierta toda la zona, no solamente vías. Él podría tratar de esconderse, y no podemos permitir que haga eso. Quiero estar informado de cualquier señal de ellos. Iremos con calma. ¿Entiende eso? Quiero a este tipo sofocado.

–Lo haremos. A donde va usted? –colocándose su sombrero negro nuevamente.

–A hablar con nuestros amigos árabes–contesto Cross alejándose–. No se olvide del otro tirador.


–Parecemos un limón gigantesco–comento Road–. Nos verán desde arabia.

–Sujétate.

Las llantas del auto chirriaban sobre una vía sin asfalto como a 15 kilómetros al norte del hotel. Allen giro en una entrada desierta, subió retumbando un montículo, y se dirigió hacia un cobertizo destartalado que parecía haber estado abandonado por un siglo. Dos enormes puertas colgaban torcida con unas bisagras oxidadas y fardos de alambre. Puso el auto en modo de estacionamiento, se las arregló para abrir la puerta izquierda, y se volvió a poner detrás del volante, metió el auto al cobertizo. Apago el motor.

–Tenemos que salir de la vía–expreso–. Pronto estarán tomando algunas medidas drásticas.

Ella miro alrededor hacia el oscuro interior. Desbaratadas pacas de heno se inclinaban contra lo que una vez fue compartimiento. Había un viejo tractor rojo oxidado, envuelto en telarañas. El aire olía a moho y aceite.

La puerta de Allen se cerró, y Road se dio vuelta para ver que había cerrado el cobertizo. Ella se bajó. No era tan diferente de un establo en casa, pensó, al menos en el olor, lo cual suficiente para hacer volver su mente por un momento a Arabia. El piso cubierto de paja. En algún tiempo pudo haber tenido animales en este lugar. Caballos y vacas. No camellos.

Ella se volvió a Allen, quien sobresalía sobre el auto.

– ¿Así que aquí estamos seguros?

–Por un tiempo– contesto yendo hacia el compartimiento y pasando las manos por la madera podrida.

– ¿Cuán lejos estás viendo?

–No estoy seguro. Más tiempo. Tal vez 40 minutos o media hora.

Habían robado en el pueblo, saliéndose del camino y a veces ocultándose en las sombras por algunos minutos antes de cruzar calles a toda velocidad. El auto amarillo venia de una casa en las afueras del pueblo, y Allen lo tomo por la sencilla razón de que estaba sin seguro y tenía las llaves puestas. La defensa posterior izquierda estaba carcomida por el óxido, y el tubo de escape colgaba de forma peligrosa muy bajo, pero nada de esto le molestaba.

Habían pasado la primera hora volviendo sobre sus pasos y manejando en círculos virtuales en la trampa mortal. Ella había visto un nuevo lado de Allen. Alguien trayendo una y otra vez a recalcar la muerte de los oficiales. No había duda que eso era trágico, pero ella había visto cosas peores. Era evidente que el no. Road pensó que los americanos no estaban acostumbrados a la muerte. Eso era algo bueno: una de las razones por las que decidió venir aquí.

Con la salida del sol, el cansancio supero los pensamientos de Allen. Confesó que había dormido menos de una hora. Eso no era bueno…Road no tenía idea de donde estaban ahora, y creía que él tampoco lo sabía; simplemente jugaban al gato y al ratón, manejando por donde él sabía que ellos no debían estar.

Un rayo de luz atravesó algunas tablas sueltas en la pared, iluminando una niebla de partículas flotantes de polvo. Allen miro a Road con sus hermosos ojos azules grisáceos, ahora oscurecidos con tristeza y fatiga, y por un momento ella sintió pena por él. Lo había metido en esto. A parte de los miles de futuros de la próxima media hora, él estaba tan perdido como ella. Un enigma, sin duda. Una asombrosa forma humana con esa mente suya… "americano" decía ella y sin embargo muy diferente de cualquier hombre que ella conocía alguna vez. El único hombre, aparte de Sam, que la había besado. Ya no estaba segura de si quería golpearlo o darle las gracias.

Allen levanto la vista hacia las vigas, pero Road mantuvo su mirada en él. Todavía estaba sin camisa. Ella se permitió mira su pecho (Dios imagínense eso XDD OMG!) y su abdomen. Pensó que era tan fuerte como Sam A pesar de ser un poco más alto que Sam, su cuerpo era un poco más ancho sus hombros.

Sam, amor, ¿Dónde estás?

–Creo que están utilizando a todo el personal para bloquear los caminos –opino el–. Vendrán a ver este lugar, pero por ahora suponen que huimos. Tenemos algo de tiempo.

– ¿Crees que están bloqueando las vías? ¿Lo puedes ver?

–Bueno, ahora son un poco confusas las cosas. No estoy exactamente en mi mejor condición–confeso él, suspirando y poniéndose de cuclillas sobre algunas pacas de heno–. Mi mente esta desgastada.

– ¿Y solo puedes ver media hora? Eso no es consolador.

El miro arriba hacia ella y encontró su mirada.

–Pero veo todos los futuros posibles en la próxima media hora. Al menos hasta el punto en que puedo envolver mi mente cerca de ellos. Yo diría que tenemos una ventaja definitiva.

Road se sentó a su lado. A su derecha estaba el viejo tractor, descolorido por las telarañas grises. A su izquierda el auto, pálido como un fantasma. El silencio le perforaba el pecho.

–Gracias–comento.

– ¿Porque?

–Por salvarme la vida. Ya cuatro veces o cinco…No importa cuántas sean. Estoy en deuda contigo.

–No me debes nada–objeto Allen–. Estoy aquí porque debo estar aquí. Quiero estar aquí.

–Estoy un poco asustada, Allen.

Lo estaba. Los últimos días habían volado a tal velocidad, llenos con tantas nuevas visiones y tantos nuevos misterios, que la adrenalina había quitado sus temores. Ahora, esta aventura daba lugar al terror. Un ejército de oficiales americanos los tenían rodeados, y ahora que habían asesinado a uno de los suyos… ¿Cómo escaparían Allen y ella?

Road no había orado en dos días.

–Estas a un largo camino de casa–susurro Allen.

Ella sabía que Allen la deseaba consolar, pero se le hizo un nudo en la garganta. Si él fuera islam podrían consolarse juntos en Dios. La visión de ella se borró y miro a lo lejos. ¿Qué tenían ellos en común? Qué curioso, ella siempre había creído que como conservadores los estadounidenses tenían la intención de destruir a los musulmanes. Tal vez de la misma forma que la mayoría de americanos creían que los árabes como extremistas del islam estaban dedicados a derribarles ciudades.

Allen inclino la cabeza hacia atrás en la paja y cerró los ojos. Road necesitaba a Sam, un hombre fuerte que la sostuviera y consolara. Mordió sus labios, pasando de terror a furia. Debería ser libre para ser amada por un hombre y libre para amar al que ella eligiera. Sin embargo, la habían obligado a abandonar a quien ella amaba, a causa de una locura por el poder. Debido a la muerte de Aanisa y a Tikky.

Estoy perdida, es gracioso…a pesar de todo...

Allen aclaro la garganta.

–Cuando mi padre adoptivo solía golpearme a mí y a mi madre, ella y yo nos escondíamos en el closet que teníamos en el pasillo. Nos sentábamos allí y nuestras lágrimas solo corrían por nuestros rostros. No había nada que yo pudiera hacer. Era demasiado pequeño. Pero una semana después de cumplir los catorce años lo golpee tan fuerte, pero él estaba borracho y saco un una navaja. Aun así no me retractaría de lo que había hecho…término cortándome el rostro, lo volví a golpear a pesar de la herida en mi rostro y le rompí la mandíbula. Allí fue cuando nos abandonó.

El levanto la cabeza y la miro.

–De alguna forma me siento otra vez como ese niño. Se dé que hablas; yo también me siento perdido. Indefenso.

A Road se le ocurrió que Allen estaba viéndole el corazón. No podía leer la mente, pero veía lo que ella podría decir en la próxima media hora. Eso fue suficiente para reducir la carga.

–No estas indefenso–afirmo ella–. Ahora mismo puedes ser el ser humano más poderoso.

El asintió lentamente.

–has sido un regalo para mí, Allen–confeso ella, musitando una sonrisa.

–pero estoy tan impotente para sanar tus heridas como lo fui con las de mi madre.

Ella entendió. Él se preocupaba por ella. ¿En qué momento esto se volvió en una confusión más que un esfuerzo por ponerla a salvo? ¿Cuándo se comenzó a desarrollar el lazo entre sus corazones? Era distinto al lazo entre Sam y ella, de otra forma, quizás tan fuerte. Una amistad. Y sin embargo era un hombre.

El pensamiento de amistad le inundo de calidez y preocupación al mismo tiempo. Algo se le había caído de los ojos…algo que distorsionaba su visión. Pero lo que veía era algo que no deseaba.

–Eres un hombre especial, Allen. Estaría desesperada sin ti.

Se miraron a los ojos y ella sintió un irrazonable impulso de tocar sus labios…"abrazarlo". No como alguien enamorado, si no como su amiga. Pero se resistió. ¡Él era un hombre!

Allen le resolvió el dilema. Su brazo se extendió alrededor de ella. La jalo hacia sí, apretándola contra su pecho desnudo (Por Dios! Estaría locamente alegre). La jalo más cerca y le beso el cabello despeinado.

–Te cuidare–la consoló–. Te lo prometo.

Sonrieron mutuamente.

–Ninguna mujer merece la vida que has soportado–continuo el–. No me preguntes como, pero de un modo u otro vamos a cambiar eso.

Los ojos de él tenían una tenue luz que ella no podía confundir, era tan familiar… con algo diferente a una verdadera atracción. Una mirada que no comparten solo amigos. A ella no le gusto. Le encanto. No le gusto que le encantara. Así que manifestó lo único que le vino a la mente.

–Gracias. Te debo la vida. Y te puedo asegurar que Sam también estará en deuda.

El asintió, bajo el brazo, y suspiro.

–Tengo que dormir algo mientras pueda–expreso–. ¿Crees poder estar despierta?

– ¿Eso no nos colocara en peligro?

–Tengo que dormir en algún momento o no serviré para nada, y sé que ahora tengo al menos treinta minutos. Puedo sacar ventaja de eso–señalo, cambiando de postura y recostándose–. Despiértame en treinta minutos.

Allen cerro, los ojos. Había caído profundamente dormido. Ella se acercó a él, lentamente… no sabía porque pero él le era tan familiar, su cuerpo, su mente, todo como si alguna vez se hubieran conocido.

Se alejó de él, colocándose de pie y fue hasta el tractor. Pensó en usar este tiempo para orar. Quizás encontraría algunas ropas viejas alrededor del establo.

–Duerme–le dijo, suavizando sus ojos al mirarlo.

Si alguna vez, siento algo por ti…No! Eso no! Él me está ayudando, yo…

Road se alejó, aun manteniendo la mirada en Allen…

Sí solo, te hubiera conocido antes…quizás yo…


–Un establo viejo–se oyó la voz del piloto–. Hay marcas en el pasto que puedo decir que no estaban hace veinte minutos cuando pase antes.

El auto de Cross el Lincoln se detuvo en el hombrillo de grava.

–No, repito, no se acerque. ¿Está seguro de no estar cerca para que alguien lo oiga?

Se escuchó una estática y luego silencio…

–No…negativo, señor. No lo creo.

– ¿Cuán lejos al norte?

–Como a 15 kilómetros, más o menos.

Un establo era exactamente la clase de lugar que Cross elegiría para esconderse durante un par de hora de sueño. No había esperado un descanso así de rápido…en realidad, este para nada podría ser un descanso. Pero en ausencia de alguna otra identificación afirmativa, la información del piloto del helicóptero lo seria. Si Allen estaba allá, estaría durmiendo. De otro modo su precognición ya lo habría alertado.

–Muy bien, vamos rápido y en silencio. Quiero diez a veinte autos en la vía principal tan pronto como sea posible. Permanezca en el aire fuera de su vista. Estaré en quince minutos.

–Copie eso.

Cross soltó el micrófono e hizo girar el auto en u.

–Duerme, amigo. Duerme como un bebe.


Siento el retraso de este capítulo lo pensaba colocar ayer pero tuve inconvenientes con mi familia, y ayudando a un amigo en fin… pues ahora lo que viene es un gran dilema…en estos capítulos no doy spoilers porque diría casi todo…hasta mañana sábado sale el otro o quizás domingo hay muchas sorpresas XD y gracias a ustedes por leer sayonara.