Distracciones
Hermione le había pedido a Ginny que la dejara sola durante el almuerzo, se lanzó en su cama y suspiró, no iba a ir al Gran Comedor para almorzar, no después del desastre de Historia de la Magia, donde lo único que aprendió fue que el alumnado tenía la capacidad de un troll para ocultar sus opiniones. No importaba si estaba en la primera fila intentando escuchar al fantasma, no hubo ningún momento en toda la hora que no escuchara un comentario sobre ella y su supuesta vida amorosa.
"Percival es el siguiente, él ya tiene un cargo de autoridad en el Ministerio","Para qué, si el Ministro ya le ofreció ser Jefa de un Departamento el próximo año", "¿Viste las fotos de Charlie Weasley y los dragones?","Cómo es que Ginny sigue siendo su amiga", "Krum será transferido a los Chudley Cannons para poder estar cerca de ella", "Olvidó hacer la poción y ahora está embarazada de un Weasley y no sabe de cual".
Dudaba que soportaría estar en Hogwarts si los comentarios seguían y es que además solo compartía dos clases con Ginny, la única que podía ayudarla a sobrepasar la situación. Odiaba el nuevo horario de su amiga, sus entrenamientos diarios y su ausencia los fines de semana la iban a matar.
Hermione se sentó y abrió las cartas que habían llegado a su habitación, todos marcados como "urgente", así que llegaron directamente a su habitación. Eran muchas cartas, enseguida desechó las que tenían marcadas como cartas del profeta, de revistas o estaciones de radio mágicas e hizo una nota mental para hablar con McGonagall para saber cómo habían pasado la orden de restricción de acoso al alumno.
Se quedó mirando el resto de las cartas.
Harry estaba muy preocupado por ella y aunque no le pidió una explicación sobre Charlie, el comentario "no importa qué hayas hecho, no tienen derecho a publicar algo así" le daba a entender que necesita escribirle para explicarle todo. También le dijo que Ron estaba muy enojado, pero que él intentaría impedir que hiciera alguna estupidez.
Molly Weasley, se había comunicado con Charlie antes de escribirle, así que sabía lo que en realidad había pasado, pero eso no la salvó del sermón sobre lo que la gente puede pensar de una joven bruja en un fiesta y le aseguró que no le importaba que Charlie no viviera bajo su techo, se aseguraría de que lamentara el momento de haber propasado una de las reglas de la casa y causarle todos estos problemas.
George le agradeció por la relación que habían tenido y le preguntó por qué habían tenido que terminar con tan hermoso noviazgo.
Percy no le habló de su vida amorosa, le escribía para informarle lo qué pasaba en el Ministerio. Al parecer la media oración sobre Kingsley y la foto adjunta del artículo fueron suficientes para cambiar el curso de la planificación ministerial y ahora la crisis comunicacional era considerada prioridad en todos los departamentos. Le recomendó que intentara enfocarse en los estudios y que si algo pasaba en el ministerio le informaría si se lo permitían.
Charlie le escribió un testamento. En Rumanía no llegaba "Corazón de Bruja" y aunque llegara él jamás la leería, pero Molly había aparecido en su chimenea exigiendo que volviera a la madriguera en ese mismo instante, no tuvo tiempo ni de vestirse, cuando Molly le lanzó un traslador por la chimenea y trece segundos después, aun es pijama, estaba frente a su madre dando explicaciones. Le aseguró que le explicó todo, en especial que todo había sido su culpa. Terminó la carta pidiéndole que si tenía algún problema, se comunicara con él, porque era capaz de mandar un dragón a Hogwarts para que atacara a todo aquel que se metiera con ella por su culpa y que se iba asegurar en explicarle a todos lo sucedido, en especial a Ron.
Las últimas dos cartas eran de Remus y de Ron. Ambas le aterrorizaban, pero luego de mirarlas por unos minutos abrió la de Ron.
"Hermione,
No esperes que no dude de ti después de ver esa fotografía. Sé que tú terminaste conmigo y que ya no soy tu novio para exigir nada, pero ¿mi hermano?, no puedo creer que de todas las personas que pudiste usar para seguir adelante, eligieras a Charlie. Una de las cosas que amaba de ti era que podía confiar en que jamás nos haríamos daño, pero al parecer no te conozco de verdad.
Esta vez soy yo el que no espera ninguna explicación, Hermione, terminamos y no hablo de ser novios, estoy hablando de que destruiste cualquier posibilidad de que seamos amigos.
No respondas, no quiero saber nada de ti.
Ron"
La carta no era larga, pero cada palabra era una puñalada al corazón. Entendía la reacción de Ron y sabía que aunque él no iba a leer una carta de ella, Charlie y todos los demás se encargarían de explicarle, pero en ese momento eso no la consolaba en los más mínimo.
Respiró hondo y abrió la carta de Remus.
"Hermione,
Lamento mucho lo que está pasando y sé que probablemente no quieres hablar con nadie en este momento, pero Kingsley me pidió que te diera alguna información y necesito que hablemos en privado ¿puedes venir a las siete a mi despacho?
Solo responde si no puedes,
Remus J. Lupin"
La carta la llenó de dudas. ¿Shacklebolt? Si sabía algo del Ministerio era que aun habían leyes extrañas en el mundo mágico y que no era imposible que hubiese una antigua ley sobre manchar la imagen de un Ministro de la Magia y que ahora la mandarían a Azkaban o romperían su varita.
Sacudió la cabeza para quitarse esas ideas, debía esperar a hablar con Remus y enfrentar su destino.
Hermione pasó gran parte de la hora de almuerzo respondiendo las cartas, hasta que mucho antes de que empezaran las clases Ginny llegó con comida. Le preguntó cómo estaba y ella le contó como actuaban todos los alumnos y le entregó todas las cartas para que las leyera.
- Ron va a entender, Charlie probablemente esté hablando con él ahora - le aseguró Ginny - el resto se lo tomó bien, yo tengo entrenamiento después del almuerzo, pero puedo ir a la lechucería y mandar tus cartas.
- Gracias, sería muy útil, tengo clases hasta tarde - comentó Hermione - y después ir a la oficina de Remus, no puedo dejar de pensar qué debe decirme de Shacklebolt.
- Ya leíste a Percy - le indicó la pelirroja - si fuese algo grave, él te avisaría, de seguro no es nada.
Hubo un silencio incómodo, ambas sabían que si fuera "nada" el Ministro no estaría preguntando por ella. Pero Hermione no quería pensar en ello, tenía demasiadas preocupaciones en su cabeza, como por ejemplo, ¿Cómo soportaría el resto del día?
- ¿Cómo estaba el Gran Comedor? - se atrevió a preguntar.
- No te voy a mentir, todos comentan y dicen cosas horribles - relató Ginny - como no te vieron pensaron que estábamos peleadas por el amor de Harry o por mis hermanos, pero no te preocupes, me aseguré de que lamentaran haberlo pensado.
La sonrisa malévola de Ginny la calmó un poco. Se dedicó a prepararse para las clases. Ginny se colocó su túnica de entrenamiento, agarró las cartas de Hermione y su escoba y dejó a Hermione en la puerta de su sala, no sin antes entregarle en secreto el mapa del merodeador.
- No aumentemos los rumores - le susurró antes de irse - que nadie te vea salir del despacho de Remus.
Hermione sonrió y entró a su clase, que no fue mejor que Historia de la Magia, pasó toda la tarde escuchando como hablaban a sus espalda, sintiendo como las miradas que la juzgaban. Cuando estaba en los pasillos para ir a la biblioteca algunos se atrevieron a decirle lo que pensaban a la cara. Se contuvo de llorar, de ir al baño de Myrtle o de matar a alguien.
La biblioteca fue la mejor elección que podía haber hecho, la gente la miraba un poco pero nadie murmuraba porque Madame Pince los echaría, así que pudo concentrarse en terminar los deberes que le habían dado en ese primer día. No eran muchos y no eran difíciles así que pudo repasar dos veces el ensayo sobre cómo localizar magia oscura a distancia, corroborar sus resultados en Aritmancia y releer la lectura de historia de la magia.
Guardó sus cosas al ver que ya eran veinte para las siete y dando un gran respiro salió de la biblioteca. No habían muchos alumnos en los pasillos y gracias al mapa del merodeador no se cruzó con más de tres grupos de alumnos que le hicieron notar que aun hablaban de ella. Mantener el rostro como si no le importara los murmullos empezaba a cansarla no solo emocionalmente, sino que también físicamente. No haber almorzado apropiadamente tampoco ayudaba con su nivel de energía, pero su cabeza no pensaba en comida, solo se enfocaba en calcular cuándo acabaría esta pesadilla.
Esperó a que un alumno saliera del pasillo que daba a la oficina del profesor de defensa, dijo "Travesura Realizada" guardando el mapa y con un poco de nerviosismo tocó la puerta.
Remus abrió la puerta y la dejó pasar.
- ¿Té? - le ofreció Remus con una sonrisa tranquilizadora e indicándole que se sentara en una de las sillas del escritorio
Hermione asintió al té y se desplomó en la silla del escritorio, era el primer momento de la tarde que se sentía segura de que ningún alumno la viera. Una taza de té y un plato con galletas apareció frente a ella y vio como el profesor se sentó al otro lado del escritorio. Lo vio tomar su taza, su rostro no mostraba signo de preocupación en su rostro, estaba completamente calmado, como siempre. O bueno casi siempre. Hermione nunca pudo olvidar a Remus en Grimmauld Place discutiendo sobre acompañarlos en la búsqueda de los Horrocruxes. Nunca pensó mal de él por eso, todos tenían derecho a enojarse, a tener ataques de ira y él sobre todo, era un hombre lobo. No había mucha literatura actualizada sobre hombres lobo, pero todo apuntaba a que sufrían de cambio de ánimos e impulsos de agresividad.
Fenrir era así, pero él no. En la casa de los gritos, él se detuvo, cuando ella le grito, él pidió perdón y ahora se veía involucrado en un escándalo un día antes de la luna llena y tomaba el té como si fuera un día normal.
- ¿Cómo lo haces? - balbuceó Hermione sin darse cuenta que había hablado en voz alta.
- ¿Perdón? - preguntó Remus bajando su taza de té y mirándola.
- ¿Cómo puedes estar tan calmado? - explicó Hermione - No te alteras, te tomas el tiempo necesario. No me mal entienda, no quiero insultar a nadie, ni acudir a estereotipos, pero ¿no se supone que siendo un hombre lobo debes ser impulsivo, guiarte por tus instintos?
- Créeme, Hermione, soy impulsivo y mis instintos son tan persistentes como en la luna llena - le respondió Remus con calma - Pero de apoco, he podido luchar contra esos instintos, pensar, analizar las situaciones, dar un paso atrás si es debido. Es difícil, pero...
- ¿Pero cómo? - le interrumpió Hermione, nunca se había cuestionado tanto la forma de ser de Remus.
Hermione fruncía el ceño y ladeaba la cabeza, Remus sonrió al reconocer el gesto que hacía cuando necesitaba más información, era el mismo que había visto hace cinco años cuando una niña de trece años lo invadía con preguntas antes y después de sus clases. Cada respuesta la llevaba a más interrogantes, tenía una necesidad insaciable por saber más.
- Años de practica - le contestó con paciencia - Pero enfoquémonos en lo que viniste, ¿te parece? - Hermione sintió nerviosa, le hubiese gustado no hablar sobre ella pero hoy todos hablaban sobre ella - Kingsley me escribió y me pidió que dijera que lamenta mucho lo que él...
- Él no tiene la culpa de nada - saltó Hermione algo alterada - son esas estúp...
- Lo sé, Hermione, sólo el mensajero - le detuvo Remus sin elevar su voz, haciendo que Hermione se sonrojara avergonzada - Kinsley no creyó que fuese apropiado mandarte una carta o comunicarse contigo porque podría empeorar la crisis mediática del ministerio, por eso me mandó en su nombre para pedirte perdón y que espera que si necesitas ayuda, él hará todo lo que esté en su poder para apoyarte.
- ¿Ayuda? - repitió Hermione - ¿A qué se refiere con ayuda?
Remus abrió el cajón de su escritorio, sacó el sobre color ciruela y se lo pasó a Hermione quién empezó a abrirlo rápidamente. Bajó la mirada mientras desdoblaba con cuidado el pergamino y empezaba a leer rápidamente. No era una carta larga, por lo que Remus supuso que Hermione la estaba releyendo y vio como fruncía el ceño como si algo le hubiese llamado la atención.
- Esto no se trata de ayudarme - comentó Hermione sorprendiendo a Remus - No me mires así, conozco al ministerio, recuerdo todo lo que le hicieron a Harry porque quería mejorar su imagen. Ellos no ayudan sin esperar algo a cambio. No deberían estar preocupados por cómo un artículo afecta a una bruja que está aun en Hogwarts. Debo asumir que no mencionan "tomar acciones legales" solo por que si, deben querer demandar pero en realidad no atacaron los derechos de privacidad del ministro, sino que los míos y los de los Weasley - Hermione suspiró - Sé que si acepto demandar será como volver a tener a Rita Skeeter acosándome como en cuarto año.
- A veces olvido que eres la bruja más inteligente de tu edad - le dijo Remus con una sonrisa - Mira, Hermione, no puedo asegurarte lo que piensa el ministerio, porque aun no me reúno con él, pero si te puedo decir que creo que no deberías estar preocuparte por ellos, no debes hacer nada que no quieras hacer y que tampoco deberías estar tomando decisiones al respecto ahora.
- ¿Puedo pedirte un favor? - preguntó Hermione con el rostro muy serio, Remus asintió - cuando veas a Shacklebolt puedes decirle que no tiene por qué disculparse y que lo buscaré si necesito ayuda - Hermione miró la carta otra vez, estaba algo enojada con lo que había leído - pero que si él necesita algo de mi prefiero que me lo diga directamente.
- Se lo diré - le prometió Remus - pero tampoco quiero que pienses mal de Kingsley, el Ministerio es un lugar donde a veces la gente se olvida de los costos de hacer lo correcto.
- Créeme, Remus, no pienso mal de él - le aseguró Hermione - incluso me siento culpable. Si no fuera por mi no tendría un... - Hermione leyó desde la carta - ..."desastre mediático"
Hermione suspiró y bajó su mirada, no quería desplomarse, no quería sentir que un artículo en una revista le afectara tanto pero de verdad era un desastre mediático, no eran simples palabras malvadas contra ella, eran historias y fotografías de ella que llegaron a afectar a un Ministro. Ahora Ron la odiaba, nunca se había sentido odiada.
- Hay otra cosa que quiero hablar contigo - comentó Remus sacándola de sus pensamiento - yo necesito saber si... - Remus dudó lo que iba a decir pero necesitaba saberlo - si no quieres hablar de ello no te preocupes, no soy quien para juzgar pero yo te llevé ahí y no puedo dejar de culparme... - Remus se detuvo y Hermione lo miraba confundida - Charlie y tú... él no se aprovechó de ti, ¿cierto?
La chica empalideció mientras Remus balbuceaba sobre como él la había llevado ahí, que temía que Charlie había hecho algo sin su consentimiento y que él mismo se encargaría con él si era así. Hermione había olvidado que Remus no sabía lo que de verdad había pasado. Recién se percataba que hasta la abuela de Neville Longbottom debía pensar que ella y Charlie habían intimado.
- No pasó nada - le detuvo la chica sonrojada - absolutamente nada.
Se apresuró de explicarle lo que había pasado y vio como el hombre se relajaba con cada palabra. También le explicó que ella no culpaba a Charlie y que probablemente Molly Weasley se encargaría de hacer su vida más difícil.
- No sabes lo aliviado que estoy - suspiró Remus - casi dejo las clases para ir a encarar a Charlie.
- Eso definitivamente hubiese ayudado con los rumores - dijo sarcásticamente Hermione.
El sarcasmo era notorio, pero también la tristeza, ella ya no lo miraba, miraba una de las galletas que tenía en frente. Quizá algunas personas pensarán que él había tenido alguna relación inapropiada con una alumna o lo habían llamado salvaje, pero ningún alumno le diría algo a un profesor. Hermione, por otro lado, debía estar enfrentando el escrutinio público, siendo atacada por cosas que ni siquiera habían pasado.
- No debes haber tenido un buen día - comentó Remus.
- Puedo decirte que estoy apunto de pedirle a Shacklebolt que me vuelva a ofrecer los E.X.T.A.S.I.S. honorarios - suspiró Hermione recordando todo lo que había pasado en el día - pero quizá sería demasiado pedir, porque según lo que escuché él ya me ofreció la jefatura de un Departamento del Ministerio.
Remus se levantó de su asiento al notar que a Hermione se le cortaba el aire y fue donde ella. Hermione se arregló la falda y evitó mirarlo, estaba enojada por cómo se sentía, impotente de no poder hacer nada para que su vida fuese normal. Aunque si lo pensaba bien, nunca había tenido una vida normal.
- No sé si pueda soportar otro día como este, Remus - confesó Hermione - estuve todo el día escuchando cosas sobre mi, recibiendo miradas de gente que no me conoce y ahora tengo miedo, no, terror de ir al Gran Comedor. Me siento patética.
- Hermione - le dijo Remus tomando sus manos - No quiero que nunca más vuelvas a insultarte. No eres patética, cualquier persona se sentiría así en tú lugar. Si yo me sentí intimidado hoy, no puedo imaginar por lo que tú estás pasando - Remus seguía jugando con sus manos que temblaban un poco - ¿Sabes? Sirius pasó doce años de su vida en Azkaban siendo acusado de traicionar a sus mejores amigos y cuando salió todos hablaban de él. Me contó que aveces encontraba retazos de diario con historias increíbles sobre él, habían algunas muy extrañas, como que en verdad él era el padre de Harry y estaba enamorado de Lily y otras historias más terribles, como las que aseguraban que le gustaba torturar muggles al desayuno.
- Eso es terrible - exclamó la chica horrorizada - pobre Sirius.
- Si, pero nunca le afectó que la gente hablara de él - relató Remus con un todo triste - lo que le afectó fue que yo no supiera la verdad, el resto no importaba, porque al fin y al cabo, lo único importante es que tú y tus amigos sepan la verdad - una sonrisa apareció en su rostro - Sirius siempre decía que era mejor que hablaran de uno a que no lo hicieran,
- Debo recordarte que a Sirius y a todos ustedes, les gustaba pavonearse por el castillo - sonrió tímidamente Hermione - a mi me gusta mi privacidad, soy feliz con mis amigos, mis libros y con un ocasional chocolate caliente.
- Entonces, chocolate caliente para ti - sonrió Remus mientras se levantaba y agitaba la varita con habilidad - ¿crema?
Hermione asintió mientras fruncía el ceño confundida. Dos tazones aparecieron en el escritorio y se rellenaron solos con un líquido café espeso y humeando. Cerró los ojos y sintió que el aroma a chocolate inundaba sus fosas nasales y todo su cuerpo.
- ¿Hablas en serio? - le preguntó Hermione al abrir los ojos - ¿Y si hubiese dicho amigos, libros y un hipogrifo?
- Hubieses tenido que esperar un poco pero de seguro Hagrid me hubiese prestado uno - contestó mientras agregaba crema con sus varitas - pero hablando en serio, Hermione, necesitas distraerte, dejar de hablar de lo que pasó y llenar tu cabeza de cualquier otra cosa. Por lo que me dijiste esto puede servir, puedes elegir cualquier libro de mis estantes, yo quiero creer que soy un amigo y aquí - le entregó una de las tazas - tienes chocolate caliente.
Hermione tomó la taza, sintió el sabor del chocolate y vio como Remus, sentado frente a ella, cerraba los ojos y disfrutaba de su taza. Compartieron el silencio, era agradable sentir el calor de la chimenea, tomar chocolate y simplemente estar ahí en el mismo lugar. Ella recordó cuando habían tenido un accidente con chocolate caliente en la madriguera y luego pensó lo que habían estado haciendo en ese mismo lugar el fin de semana. Miró la pared del despacho, la cubierta de libros y casi pudo sentir en su piel el recuerdo de Remus durmiendo sobre ella para la fiesta de navidad.
Meneó la cabeza para dejar de pensar en ello y concentrarse en tener una amena conversación con Remus. Fue fácil olvidar todos los rumores de aquel día, su mente solo se concentró en conversar con Remus sobre los nuevos libros que él había encargado, las nuevas leyes que aseguraban la paz del mundo mágico y sobre cómo había sido utilizar un gira tiempos.
No sólo era fácil hablar con Remus, sino que apreciaba que no hicieron conversaciones ligeras sobre temáticas como el clima o el quidditch, cada comentario era bien fundamentado, hacía pensar a la otra persona y les daba un placer intelectual que Hermione encontraba facinante. No era que las conversaciones con Ginny no le gustaran, con ella era distinto, eran dos chicas que les gustaba hablar sobre lo que les pasaba, sobre lo que han vivido, lo que esperaban del futuro. Con ella le gustaba reírse y hablar estupideces, como con Harry, Ron, Luna o el resto de sus amigos.
Con Remus podía mover sus neuronas y concentrarse en algo más que sus problemas. Era liberador poder hablar sin que la otra persona se sorprendiera cuando citaba algún libro de memoria, sacaba un dato técnico de hace más de doscientos años y que simplemente entendiera completamente lo que hablaran. Y es qué Remus mostraba interés en las temáticas y complementaba la conversación con sus amplios conocimientos y basta experiencia en todos los mundos. Al ser mestizo conocía el mundo mágico y el muggle a la perfección, pero además, por ser hombre lobo, conocía el bajo mundo, lugar del cual no puedes aprender desde los libros.
Estaban en la segunda taza de chocolate e inmersos en una conversación sobre la poca regulación del Ministerio en la realización y comercialización de pociones ilegales cuando Hermione miró su reloj. Eran veinte para las diez, cuarenta minutos pasados del toque de queda de los alumnos.
- No puedo creer que sea tan tarde - comentó Hermione dejando su tazón en el escritorio y levantándose - creo que debo irme.
- Tienes razón - agregó Remus al ver su propio reloj - espero no te encuentres con nadie en el camino.
- No tendré problemas - aseguró Hermione mientras ambos iban a la puerta - los merodeadores se encargarán de que no me encuentre con ningún profesor.
- Eres consciente que como profesor no debería permitir que tengas el mapa, ¿cierto? - preguntó Remus antes de abrir la puerta - sería muy irresponsable de mi parte.
- No sé de qué me está hablando, profesor - contestó Hermione con una sonrisa burlona - yo no he mencionado ningún mapa.
Remus se río y se dispuso a girar la manilla de la puerta para que ella pudiera volver a su sala común, pero Hermione le detuvo con un fuerte abrazo. Remus se sorprendió pero lo correspondió, le gustaba sentir a alguien en sus brazos, el pequeño cuerpo de Hermione calzaba perfectamente en el suyo, su cabello descontrolado tenía el agradable aroma a avellana y no pudo evitar que sus brazos la atrajeran peligrosamente hacía él.
- Remus, gracias - le dijo Hermione desde su pecho - No sabía como podía superar todo lo que ocurrió hoy.
- No tienes nada que agradecer - le aseguró Remus acariciando suavemente la cabeza de la chica - solo prométeme que no dejarás que gente que no te conoce defina quién eres.
Hermione levantó su cabeza y asintió con una tímida sonrisa, algunos mechones se habían encargado de cubrir su rostro y Remus se encargó de despejar su rostro. La observó con cuidado, su nariz tenía un par de pechas y sus ojos le recordaban a dos tragos de whisky de fuego. Hermione se sonrojó, pero no quiso desviar su mirada, su cuerpo le pedía que se arriesgara su pecho latía potentemente y sintió un tibio ardor en el abdomen.
Manteniendo la mirada, Hermione se puso de puntillas y se atrevió a darle un pequeño y corto beso en la mejilla. No ocultó su sonrisa al ver como Remus se sorprendía y sus mejillas se sonrojaba. Se quedaron mirando como si el tiempo no importara y Remus se atrevió a dar otro beso en la mejilla. Hermione le respondió poniéndose nuevamente de puntillas pero aunque se dispuso a alcanzar su mejilla, Remus movió su rostro y sus labios se encontraron.
Ninguno se separó, juguetearon con sus labios, sintiendo lo bien que reaccionaba cada uno a los movimientos del otro. Remus olvidó que era un profesor y que ella debía volver a su sala común, sintió la necesidad de tenerla entre sus brazos. El beso se volvió más apasionado y Hermione dejó caer su mochila al suelo para colocar sus brazos al rededor se su cuello.
Remus la acorraló contra la puerta y recorrió su cuerpo con ansiedad, Hermione jugaba con el pelo de Remus y elevó un poco su pierna, frotandola con la de Remús que presionó su cuerpo contra el de ella permitiéndole sentir su excitación.
Sus manos empezaron a acariciar la parte baja de su espalda, descendiendo con experiencia hasta el muslo de la pierna levantada y Hermione dejó caer su cabeza contra la puerta para dejar su cuello completamente a disposición de la boca del hombre lobo. Remus no esperó otra invitación besó su cuello con entusiasmo, mientras sus manos se atrevían a explorar bajo la falda del uniforme.
- Creo que debes volver a tu sala común - comentó Remus sin dejar de presionarla contra la puerta - se hace tarde.
- Remus - gimió la chica con los ojos cerrados.
Ella respiraba agitadamente incitándolo a seguir adelante y él se sintió incapaz de controlar sus instintos, su cuerpo la deseaba y la erección que amenazaba con romper su pantalón lo demostraba. La volvió a besar con fuerza y sin decir nada la levantó con habilidad haciendo que Hermione rodeara su cuerpo con sus piernas. Con una mano en un muslo y la otra en la espalda, caminó hacía sus aposentos sin dejar de besarla.
Con cuidado de no dejarla caer abrió la puerta y la cerró. Pasaron por la antesala, un sector acogedor con dos sillones individuales, un diván y una mesa. Hermione no alcanzó a contemplarla porque Remus la llevó por una de las dos puertas del lugar, para entrar a la habitación principal, un cuarto amplio, ordenado y bien iluminado. Las paredes estaba cubiertas con un tapiz color vino y crema, y estaban decoradas con algunos estantes de libros y algunas banderillas de Gryffindor.
En la pared de la puerta había un escritorio con papeles y algunos cuadernillos abiertos, en la izquierda podía verse un armario angosto y una cómoda de tres cajones con algunas fotografías y objetos sobre ella. La cama estaba en medio de la pared del fondo, era grande y combinaba con el tapiz de la habitación y la acompañaba una mesita de noche que tenía un libro y frascos vacíos de pociones. A la derecha había una cuna con un móvil de estrellas sobre ella y una puerta que Hermione supuso daba al baño.
Hermione sentía el suave aroma de la habitación, una mezcla de pergaminos y robles. Remus cerró la puerta y aun cargándola la llevó a su cama. Hermione cerró los ojos al sentir la suavidad de la cama en su espalda y se dejó llevar por la presión que Remus ejercía sobre ella. Le gustaban las caricias atrevidas y sus apasionados besos. La mano de Remus subió la falda del uniforme de la chica y Hermione no pudo evitar que su pierna se tensara.
- Lo siento - se detuvo Remus separando sus cuerpo.
- Quiero esto - insistió Hermione - no te detengas.
- Hermione - le advirtió Remus con una mirada severa - Mañana hay luna llena.
- Es decir que me necesitas tanto como yo a ti - respondió la chica colocando sus manos en su rostro - tú necesitas liberar tus instintos y yo necesito distraerme de lo que está pasando.
Las suaves palabras de Hermione lo dejaron estupefacto, era imposible negar que la necesitaba y ella estaba ahí ofreciéndose, casi rogándole que estuviera con ella. Intentó controlar su cuerpo, ser el profesor responsable, pero Hermione lo atrajo hacía ella y él no hizo nada para impedirlo.
- Por favor - le susurró Hermione cuando ya no había más que un centímetro entre sus rostros - te necesito.
Remus la besó con fuerza, volviendo a presionar su cuerpo contra el de ella. Hermione estaba en éxtasis mientras el hombre la despojaba de su ropa y lanzaba cada prenda lejos de ellos. Se quitaron los zapatos torpemente y Hermione tironeó el chaleco de Remus y pasándolo por sobre su cabeza. Se dispuso a besarlo mientras desabotonaba su camisa como si su vida dependiera de ello.
Sus manos sintieron la piel cálida y los músculos firmes de Remus y aunque no podía verlas mientras lo besaba, podía sentir las cicatrices de su torso. Remus pasó sus manos bajo su espalda, desabrochó su sujetador, dejando escapar un gruñido de placer cuando Hermione mordió su labio.
- Eres increíble - exclamó Remus con deseo mientras sus manos apretaban sus piernas.
Besó su cuello y bajó a sus pechos, se concentró en besar y morder sus senos, mientras sus manos jugaban entre sus piernas. Apretó con fuerza la parte interior de sus muslos y Hermione no pudo contener un gemido de placer. Remus subió sus manos y sintió el borde de la ropa interior de Hermione. Dejó de besarla para ver su rostro mientras tironeaba el elástico de la prenda y jugaba a su al rededor, sin tocarla directamente. Su rostro era de puro deseo y mientras arqueaba su espalda en busca de contacto físico, Hermione no pudo evitar chillar en desesperación.
- Por favor, Remus - rogó Hermione - por favor.
Volvió a besar sus senos y encaminó sus dedos hacia su sexo. Apartó sus ropa interior y suavemente invadió su cuerpo con sus dedos. Mordió su pezón con fuerza al sentir su humedad y estrechez, estaba excitado. Se movió con delicadeza dentro de ella, disfrutando como Hermione respondía a sus caricias. Guió su pulgar a su punto de placer y se encargó de masajearlo con pequeños círculos.
Los gritos de Hermione eran agudos y descontrolados, se sentía avergonzada de que Remus la escuchara, pero no podía reprimir sus gritos si él seguía tocándola de esa menara y definitivamente no quería que se detuviera. Sintió que habían pasado horas cuando por fin logró controlar su respiración, pero Remus la sorprendió besándola apasionadamente y aumentando la velocidad y la fuerza de sus impactos, haciendo que el poco control que había logrado tener desapareciera.
Remus disfrutaba de su boca cuando sintió que la chica colapsaba al rededor de sus dedos y bajó la intensidad para que la chica se recuperara. Sonrió cuando ella intentó decir algo, pero solo lograba balbucear algunas palabras sueltas. Se separó de ella y empezó a besar su abdomen.
Hermione lo agarró del cuello y lo besó con desesperación mientras sus manos lo sorprendían encargándose de desabrochar su pantalón. Remus se deshizo rápidamente de su pantalón y sus bóxers. Estaba completamente excitado y preparado, quería sentirla, tocarla, darle placer y nada lo iba a detener. Agarró su varita y apuntó hacía el vientre de Hermione e hizo el hechizo anticonceptivo para luego lanzar su varita lejos de él.
La contempló por un segundo, si no fuera por la falda que nunca se dignaron a sacar, estaría completamente desnuda. Sus senos pequeños pero firmes, su pequeño abdomen y su rostro colorado por el placer. Ella lo miraba con deseo y él se abalanzó sobre ella para besarla con lujuria.
- Eres hermosa - le susurró entre besos.
Con cuidado separó sus piernas y mirándola en busca de alguna señal de rechazó, entró dentro de ella. Su cuerpo se llenó de adrenalina y Hermione se mordió el labio para no gritar de placer. Con cada embestida Hermione dejaba de lado algún problema: Bellatrix, los rumores y murmullos, el Ministerio, Corazón de Bruja, Ron. Todo quedó de lado, solo tenía pensamientos sobre Remus y lo que él le hacía sentir: los besos apasionados, sus caricias impacientes, los ataques a su cuello y como sus manos la sujetaban. Lo sentía tan dentro de ella que quería llorar de dolor y placer.
Cuando Remus salió del cuerpo de Hermione, ninguno de los dos dijo nada, se quedaron de espaldas sobre la cama, calmando sus respiraciones y mirando el techo por varios minutos. Hermione quería moverse pero su cuerpo estaba literalmente inhabilitado para realizar cualquier acción.
- ¿Estás bien? - preguntó temerosamente Remus.
- Si, solo un poco... - Hermione pensó en la palabra adecuada - ...agotada.
Después de un silencio ambos se levantaron y sin hablar buscaron sus prendas y varitas. Hermione miró a Remus y notó que su espalda tenía algunos arañazos que se camuflaban con algunas de sus cicatrices y se sonrojó. Se miró antes de colocarse la blusa y notó que tenía algunas zonas enrojecidas en las caderas y los brazos, hizo aparecer un espejo y revisó rostro, tenía los labios algo hinchados, pero agradeció que no había ninguna marca en su cuello o en su rostro.
- Merlín - saltó Hermione cuando ya se había vestido - son las once.
Remus la guío hasta el despacho, donde Hermione buscó su mochila y sacó el mapa del merodeador para revisar que nadie estuviera en el pasillo.
- Hermione - le dijo Remus antes de dejarla ir - esto no puede salir de...
- Ninguna palabra de mi parte - le interrumpió Hermione - ni siquiera a Ginny y espero tú tampoco.
Ambos asintieron y sonrieron avergonzados, Hermione se colocó su mochila en la espalda y miró a Remus que tenía la mano en la manilla de la puerta. Ella no se aguantó y lo besó suavemente. Remus le correspondió sujetando su rostro con ternura.
- Debo irme - suspiró Hermione con un sonrisa - Buenas noches, Remus
- Buenas noches, Hermione - respondió Remus abriendo la puerta y dejándola salir.
Hermione se apresuró, solo se dio vuelta antes de doblar en la esquina para notar que Remus aun la estaba mirando y le dedicó una sonrisa antes de seguir adelante. Gracias al mapa no se encontró con Peeves o algún profesor, solo fue regañada por la señora Gorda, pero agradeció haber llegado a una hora en que la sala común estaba vacía.
Subió las escaleras y entró a su habitación. Se sintió nuevamente atacada con las miradas cuestionadoras de sus compañeras de cuarto, pero no les dio el lujo de saber que le afectaba, solo siguió hasta la cama de Ginny.
- ¿Y tú dónde estabas? - le preguntó Ginny preocupada - ¿todo bien?
- No soportaba a la gente, así que fui a Hogsmeade para estar sola - mintió Hermione entregándole el mapa del merodeador - quería distraerme un poco.
- Me alegro que rompieras un poco las reglas - sonrió Ginny feliz de ver a Hermione más tranquila - ¿te sirvió?, ¿pudiste distraerte?
- Oh, absolutamente - respondió Hermione.
Me gustaría que el próximo capítulo se llamara "saludar a alguien en la mejilla cuando ya te lo comiste hasta con pan" pero creo que es demasiado largo. Espero saber que opinaron del capítulo, personalmente creo que lo mejor del capítulo fue la carta de George, pero cada cual con su gusto. Gracias por leer y espero sus comentarios.
Griten bajo el agua, pidan un deseo a un caracol y recuerden sonreírle al espejo.
Simona Polle
