Por fin traigo capítulo nuevo! Debería haber sido antes, lo sé, pero no ha sido posible, a ver si en semana santa puedo escribir uno si la gente es buena y no me secuestra xD

Antes de nada, vayamos por puntos:

MaraB3 : Que te haya gustado más que el anterior me hace querer tener confeti para tirarlo! XD Lo de los cruces por la uni lo reservo para el siguiente capítulo de este :D Y dios engancharse a juego de tronos es taaan fácil, pero no sé como puedes ir con el libro y la serie a la vez, a mi me liaban cuando miraba ambas cosas xD

azraelth16 : gracias! Ayuda saber que a la gente le gusta lo que haces ^^ Lo de Regina con el tiempo se verá podría ser que sí podría ser que no. Ella dice que no pero Emma es muuuy convincente no? XD

begobeni12 : mil gracias! Es genial saber que está quedando "realista" y que voy plasmando más o menos todo :) Lo de fangoria fue en realidad porque me salieron en una lista de spotify y dije: eh una zeñal! XD

leylay : Claro que he dejado caer lo que decías es lo mínimo! Y en este se indaga más ya dirás si resuelve tus dudas :3 Respecto a tu fic a ver si consigo ponerme ya al día que llevo un tiempo que al ordena sólo voy a estudiar o escribir un poco y encima ya estaba en la parte mega interesante de tu fic u_u

aquarius7: drama no me apetecía en ese, en este hay un poco poquito bastante así que pensad en el anterior como un perdón por este que tampoco es que sea drama drama de culebrón es drama normal que tocaba, en fin que me lío, ya diréis en las reviews que drama era XDDDD

15marday : genial que hayas empezado la historia, a ver si llegas hasta este capi XD Nah, espero que te mole en serio ^^

franchiulla : me alegro que gustara tanto este capi :D quería algo un poco sin dramas para este XD

En este capítulo ha comentado gente nueva y guaau ni lo esperaba! Mil gracias! *-* No os imagináis la de ánimos que da! :)

Y ya sí, creo que no me dejo a nadie, así que... espero que os guste el capítulo ^^


Capítulo 20

―¿Sabías que hay panaderías abiertas a las siete y media de la mañana? Pensaba que sólo eran rumores.

Alza las cejas y la mira divertida. Abrigada, con un gorro y una bolsa a la altura de su rostro, parece ser la alegría personificada. Suelta una carcajada mientras la hace pasar. Le da un beso en los labios dando gracias por tenerla a su lado y no a cinco filas en mitad de un aula en la que no son nada.

―Buenos días, Emma.

―Buenos días.

―Casi me dio algo ayer sin poder besarte ―se sorprende de decirlo y más aún de decirlo sin más, sin que le duela, sin que le cueste.

―Podrías haberlo hecho, habría sido divertido.

―Por supuesto.

―Traigo el desayuno. Para ti... ¡tarta de manzana! Yo una caña de chocolate.


Están en la cocina. El café ya listo, al menos para Regina, para Emma ha sido un chocolate con canela aun a pesar de las burlas de la morena. Esa morena que la observa comer su desayuno, que observa como Emma pone los ojos en blanco a cada bocado que disfruta. Se siente tan a gusto. Se siente tan cómoda con ella. Antes de darse cuenta susurra:

―Gracias.

Emma alza la vista de su taza de chocolate y parpadea confusa.

―¿Por qué?

―Por estar aquí, por hacer esto ―es adorable y cada vez más irresistible. Cada vez más ¿imprescindible? ¿Qué siente por ella? Siente algo, siente más que deseo. Cada vez lo tiene más claro y cada vez le da más miedo pensarlo.

―No tienes que darme las gracias por ello ―una sonrisa más dulce que la tarta que le ha traído. Una sonrisa que abandona lentamente sus labios antes de pronunciar tras el escudo de su taza―. Pero sí estaría bien que me contestaras la pregunta del otro día.

―¿Es necesario? ―sus verdes ojos la atraviesan casi sin pestañear y recuerda lo que dijo ella, que quería sinceridad. Suspira resignada y responde con el corazón latiendo en su garganta―. Está bien... no, no sospecha nada. Soy una buena mentirosa, finjo muy bien, menos contigo. Es cierto que desde que apareciste y este último año en general estoy más fría con él y pongo excusas pero aún así sigo siendo la mujer perfecta. Sigo dándole un beso cada vez que llega a casa, sigo fingiendo que le quiero más que como amigo, sigo fingiendo que... ―traga saliva y sacude la cabeza mientras suelta todo el aire que retienen sus pulmones―. Sigo comportándome como siempre por mucho que cada vez me duele más. Sigo siendo la mejor actriz. Algunos días consigo librarme poniendo excusas pero sé que esta mentira no se mantiene sólo por unos te quieros, se lo que implica estar casada, sé que la cama debe servir más que para dormir. Así que no, no soy tan idiota como para permitir que sospeche. Sigo siendo la perfecta esposa... También es cierto que siempre he sido un poco fría y ahora serlo un poco más no es grave pero sigo comportándome como siempre.

―Eso significa que... ―su voz en un susurro junto a su mandíbula apretada con fuerza le muestran lo mucho que le duele y le termina por doler a ella también.

La mira a los ojos antes de decir, para no herirla más, un simple y escueto:

―Sí.

Silencio. Casi escucha como el reloj de la cocina son golpes a cada segundo que la manecilla marca el silencio en tiempo.

―Y ¿cómo lo soportas? ―la mira. Sin palabras, sin respuestas―. ¿Cómo te acuestas con él siendo lesbiana?

―No es difícil fingir y si te digo la verdad... desde que estás en mi vida es un poco mejor porque pienso en ti.

―Oh, eso es genial... pensar en mí mientras te lo tiras. Es fantástico ―no puede evitar el tono irónico y ve como se muerde los labios odiando lo dicho, sonríe con pesar, sonríe con pesar por sentirse tan despreciable como para hacerla sufrir.

―Emma, sé que es una mierda. Sé que no entiendes que siga con él siendo lesbiana pero lo sabías desde el principio.

No pretende sonar dura pese a que sus palabras caen como losas.

―Lo sé... pero no lo entiendo.

―¿El qué?

―¿Por qué tanto esfuerzo en vivir una vida que no quieres?

―Porque si no lo perdería todo ―y ese siempre ha sido su gran miedo. Porque incluso la Evil Queen tiene corazón y el suyo está lleno de miedo.

―Ya... ―"pero creo que así te pierdes a ti misma" aunque eso no se lo dice, no se ve capaz por muy cierto que sea.

―Dejemos este tema por favor...

―Está bien. Sólo quería saberlo ―una sonrisa que casi no llega a dibujarse mientras trata de calmar el dolor que la confesión de Regina le ha causado.

―Lo sé... una última cosa.

―Di.

―Puedes irte cuando quieras.

―¿Perdona? ―la fulmina con la mirada.

―Quiero decir que si esto te supera... si no es suficiente... puedes irte ―la mira fijamente, notando como esas palabras parecen dolerle casi como a ella―. No tienes que sentirte obligada a nada. No puedo obligarte a vivir esta mentira eternamente.

―¿Nunca le dejarás? ―y es en como esquiva su mirada, en como parece hacerse pequeña que tiene la respuesta que más temía y la que más necesitaba―. De acuerdo.

―Lo siento...

―Deja de pedir perdón por todo, Regina.

―Siento que te lo debo.

El silencio se cierne sobre ellas hasta que la rubia, guardando todas sus dudas, todos sus miedos confirmados sonríe y dice con dulzura:

―Lo único que me debes es probar esa tarta ―Regina la mira sin creerse que siga ahí, sin creer que no haya huido y le tiende un trozo―. No, así no.

Se levanta de su silla y se planta ante la morena. La mira a los ojos un segundo antes de cerrarlos y devorar sus labios. Un beso lento. Un beso lleno de anhelo en el que Emma se esfuerza en convencerse más que nunca de que puede y en el que Regina intenta encontrar ese valor que se le escapa. Un beso en el que cada una busca lo mejor de la otra.

Se separan con las respiraciones aceleradas y los corazones desbocados. La rubia apoya con cuidado la frente en la de ella y susurra contra sus labios:

― Así mejor. Está riquísima.


―¿Y bien? ¿Qué tal con tu amiga la olfato de detective?

Están en el comedor, tumbadas en el sofá, medio abrazadas, medio deseando que la otra nunca se vaya de al lado. ¿Cómo han llegado a eso? Ahora mismo, no les importa.

―Lo dejó pasar. Aunque me sabe mal haber usado la carta de Tink cuando llevo un par de meses sin hablar con ella.

―¿Tink?

―Mi pequeña hada ―ríe ante las cejas alzadas de la morena y aclara―: El primer año de uni a Ruby y a mí, al mes de empezar clases y conocernos, nos invitaron a una fiesta. Y había absenta. Sólo absenta. Nos pasamos bebiendo y de repente, en mitad de la peor borrachera de mi vida, ahí estaba Tink, con su gorro verde, ayudándonos. Se convirtió en nuestra pequeña hada verde.

―Como la de la botella.

―Exacto. Es la típica amiga y persona que da igual no verla cada día que siempre es igual de genial. Suelo verla cada mes o cada dos meses, o eso intento. Creo que me toca quedar con ella de nuevo.

―Suena a alguien que merece la pena tener cerca.

―Totalmente.

Se miran a los ojos y en esos ojos verdes Regina casa ve un me gustas o el principio de un te quiero. Y no los lee en Emma si no en ella misma. Aprieta la mandíbula y se levanta con una sonrisa forzada mientras dice:

―¿Sabes que? Hoy pongo yo la música.

―¡Dios, paren las rotativas! ¡Primicia!: la Evil Queen se desmelena.

―Idiota ―se gira para verla sentarse tranquilamente, despreocupada, y se pregunta qué pasará por su mente.

―¿Qué vas a poner?

―Ah...ahora lo escucharás. Aunque seguramente ni la conozcas.

Empieza a rebuscar hasta que encuentra el CD que quiere. Lo introduce en el reproductor y busca la pista en concreto que quiere escuchar. No sabe porqué, pero esa canción, ahora, le apetece más que nunca.

―No se crea, Señorita Mills, conozco muchísimas cancio...

Quando sono solo / Cuando estoy solo

sogno all'orizzonte / sueño en el horizonte

e mancan le parole,/ y faltan las palabras.

Si lo so che non c'è luce / Sí, lo sé, sé que no hay luz

in una stanza quando manca il sole, / en una habitación cuando falta el sol,

se non ci sei tu con me, con me. / si tú no estás conmigo, conmigo

Se vuelve con una sonrisa triunfante al creer haber pillado a esa rubia que parece querer saberlo todo pero su sonrisa se borra de un plumazo al volverse y ver a Emma de pie, casi en trance, sus mejillas bañadas de lágrimas. Se le detiene el corazón al ver a Emma ahí, ante ella, con los ojos llorosos perdidos, lejos de ella. No parece estar. Llora en silencio mientras parece romperse a cada nota.

―¿Emma? ¿Por qué lloras? ―el miedo tiñe su voz mientras se acerca a ella.

―La conozco... ―su voz teñida de llanto la destroza.

―¿La quito? ―se vuelve como un rayo pero la mano de Emma la detiene.

La mira a los ojos y nota como la rubia trata de sonreír a pesar de todo, como siempre, siempre es una sonrisa lo que intenta dibujar

―Llevaba sin escucharla doce años...

Doce años... de nuevo esos doce años. No necesita nada más. Sabe que, de nuevo, algo que ha hecho, le ha recordado a esa madre que tanto adoraba.

Con te partirò / Contigo partiré.

Paesi che non ho mai veduto e vissuto con te,/ Países que nunca he visto ni vivido contigo

adesso si li vivrò, / ahora sí los viviré,

Con te partirò / contigo partiré

su navi per mari che io lo so, / en naves por mares que yo lo sé

no, no, non esistono più,/ no, no, ya no existen

con te io li vivrò. / contigo yo los viviré

―Emma... yo... ―casi un suspiro.

―No recordaba lo perfecta que era... no la quites ―entonces oculta su rostro y su dolor tras sus manos―. No la quites...

Regina la mira sin saber qué hacer o qué decir y termina por abrazarla. Estrecharla entre sus brazos casi como deseando que así no se rompa, deseando que así deje de hacerse pequeña, deseando que en sus brazos, ni que sea muy poco, encuentre algo de consuelo.

Emma entierra su rostro en su hombro y de deja llevar por el llanto mientras la canción suena y Regina la mece con cuidado, con miedo de romperla. Pasa la canción, pasa el rato y finalmente su llanto se calma y su voz le llega ahogada:

―Era su canción.

―Lo siento...

―No... ―se separa y se seca las lágrimas con el dorso de la mano y una sonrisa tierna llena de dolor―. La echaba de menos. La cantaba cada día. No había sido capaz de escucharla aún. ¿Puedes ponerla otra vez? ―ve la duda en su rostro y suelta una carcajada―. Prometo no llorar más, ponla por favor.

―Vale.

Le da un dulce beso que sabe salado, que sabe a sus lágrimas, antes de ir hacía la minicadena y volver a poner la canción.

―Tenía buen gusto.

―No te habría caído bien.

Se vuelve con las cejas alzadas y alza los brazos mientras la morena los pone en jarra.

―Era muy cursi, una romántica empedernida. Te habría puesto nerviosa. Sobretodo a ti.

―Seguramente.

―La última vez que escuché esta canción fue cantada por mi hermana en su funeral. Aún recuerdo las palabras exactas que dijo.

―¿Cuáles?

Su voz un susurro mientras la hace sentarse con cariño en el sofá sin dejar de mirarla a los ojos.

―Dijo: "Hasta hace dos días siempre que Emma pensaba en mi madre automáticamente también pensaba en Oscar Wilde y yo siempre que pensaba en mi madre automáticamente también pensaba en Con te partirò. Ahora sé que todo nos recordará a ella. Pero también sé que en las palabras de esos libros y esa canción será donde más la veremos. Así que... sería imposible no despedirme de ella sin cantar esta canción, la suya, odiando esos sitios a los que no partió con nosotras." Y entonces la cantó, con su voz dulce de niña, con los ojos llenos de lágrimas y una sonrisa triste. Creo que ese fue el momento en que más la quise. Ese y el momento del armario.

―¿Cuándo dijiste que eras lesbiana?

―Oh no, ese fue uno de los que me hizo odiarla ―una sonrisa irónica danza en sus labios antes de sacudir la cabeza, secarse las lágrimas y sonreír con dulzura―. No. El momento del armario fue justo el día que supimos que ella se había ido.

―¿Qué pasó?

―Nos acabábamos de enterar. Todos lloraban, yo me sentí morir. Mi madre era... lo era todo para mi. Jenn era la niña de papá y yo la de mamá. Me sentí fatal. Así que subí a su habitación y sin que nadie lo supiera me encerré en su armario, ese que aún olía a ella. Recuerdo tirarme horas llorando como nunca jamás he llorado y escuchar como todos me llamaban hasta que de repente la puerta se abrió y ahí estaba Jennifer, mirándome desde arriba. Pensé que iba a decir que estaba ahí pero se limitó a entrar, cerrar la puerta, tumbarse a mi lado y tararear la canción mientras me abrazaba.

―La quieres más de lo que dices.

―No lo niego.

―¿Entonces por qué te pusiste así en la cena?

―Porque cuanto menos estamos juntas mejor nos llevábamos y la gente nos ve más diferentes. Pero aquel día nunca lo olvidaré y más cuando hasta mi padre se metió con nosotras en lugar de llevarnos a nuestra habitación.

Un suspiro que se lleva una sonrisa teñida de dolor y a la vez agridulce. La observa, mira su perfil, como casi parece tararear la canción sin darse cuenta y la llama:

―Emma...

―¿Qué?

Casi nota un te quiero rozando sus labios, danzando en su lengua, un te quiero que se convierte en pregunta. ¿La quiere? No lo sabe. No puede ser, no en tan poco tiempo, no ella que nunca ha querido a nadie de verdad. Pero si sabe una cosa, no es sólo deseo lo que siente por ella, nunca lo ha sido. Desde el primer instante que la vio ya supo que algo era diferente.

Pero ahí está Emma, perfecta, dulce, arrebatadora y todo cuanto puede hacer es callar esas dudas y esos sentimientos que empiezan a desbordarla y susurrar un:

―Gracias.

―¿Por qué? ―sus ojos la miran con ternura tras esas lágrimas que hacen que su verde brille más que nunca y le robe la respiración.

―Por contármelo ―apoya su frente en la suya y cierra los ojos siendo sus labios esbozando una sonrisa tímida lo último que ve―. Gracias.


Cierra los ojos mientras entierra más su rostro en su hombro. Disfruta del roce de la yema de sus dedos en su brazo, de como su pecho sube y baja lentamente con cada respiración, del calor que emana su cuerpo desnudo, de su olor, de su calor. Disfruta de todo ello pensando que él lo habrá hecho esa noche. Aprieta la mandíbula y obliga a sus pensamientos a abandonar ese lugar y concentrarse en el roce suave, tranquilizador y dulce de su mano, en como la toca con cariño y en como se la ve tan suelta.

―¿Qué piensas?

Se muerde la lengua, no puede decir la verdad, no puede decir que los celos están ahí porque sabe que pasaría. Así que dice sólo una parte de la verdad:

―Que no quiero irme.

Escucha su sonrisa disfrazada de suspiro.

―No te vayas.

―Claro, acampo aquí y luego me escondo en el armario cuando no he estado en él en mi vida ―bromea y escucha la carcajada que sus labios sueltan.

―Idiota... podrías quedarte a comer y... Robin no llega hasta las ocho.

―Tengo clase a las tres y media y tú trabajas.

―Hoy no. Este semestre los martes no voy.

Levanta el rostro y la mira a los ojos. Ve cosas que no sabe si las ve por los celos, por el miedo o por lo que siente, ve sentimientos en sus ojos que a la vez la elevan y la hunden. Sonríe y asiente.

―Me quedo. Pero tengo que llamar a Ruby.

―Vale ―esos labios carnosos sonriendo así la estremecen. Esos labios que parecen la mismísima entrada al infierno y al paraíso.

―Podríamos pedir comida china.

―¿No te gustaba como cocino?

―Prefiero no perder el tiempo en la cocina hoy porque voy a estar casi dos semanas sin ti.

―Jum... buen plan.

―Por algo soy la matrícula de honor ―sonríe mientras se levanta y baja a por su teléfono móvil, casi nota la mirada de ella quemando su piel―. No mire tanto y llame al restaurante, señorita Mills.

Una almohada vuela por su lado y baja las escaleras riendo sabiendo perfectamente cómo será el rostro de Regina en esos momentos. Marca el número de Ruby y mientras espera a que responda practica su voz de enferma.

―Ruby... hoy me quedo casa ―ese es su saludo seguido de toses.

―¿Estás de coña? ―la morena resopla al otro lado de la línea.

―No. Estoy enferma. Por la mañana estoy en tu puerta, lo juro.

―¿Quieres que vaya a tu casa? ―el tono preocupado le parte un poco el corazón.

―No hace falta.

―Emma, no sabes cocinar nada.

―Tranquila, Evelyn me ha dejado sopa e instrucciones. Sobreviviré.

―Vale...

―Estoy bien.

―Ya.

―Nos vemos mañana ―procura sonar tranquilizadora mientras sonríe con pesar.

―Vale.

―Ruby... ―silencio, sabe que eso es un "suéltalo". Le gustaría decirle lo que pasa, lo que siente, lo que empieza a nacer en ella pero todo cuanto sale es una de esas bromas de siempre que intentan hacer que todo sea más fácil o que lo parezca―. No aproveches para llevarte a algún tío a casa.

La carcajada que suelta su amiga la hace sonreír.

―Idiota.

―Hasta mañana.

―Descansa.

Cuelga y suspira con pesar. Le sabe mal mentirle pero sabe que no hay remedio.

En cuanto llega arriba la mirada de Regina la sorprende. Una mirada que la recorre, que le llega, una mirada que hace que el corazón se dispare y más al saberse desnuda completamente. Casi se dice a si misma que debería empezar a ponerse ni que fuera la ropa interior para ir por su piso aunque sea un momento.

―¿Qué pasa?

―Eres jodidamente preciosa.

Su tono, su mirada, como se muerde el labio, le secan la garganta y se acerca lentamente hacía ella sin poder reprimir una sonrisa traviesa.

―Y ahora mismo toda tuya así que aprovéchate de mí.

―No hace falta que me lo pidas dos veces.

Gatea por la cama hasta llegar a su rostro y enseguida las manos de la morena la atrapan pero la atrapa mucho más su mirada.

―Menos mal ―un susurro cargado de deseo mientras muerde su labio segundos antes de besarlos, de perderse en ellos.

Un beso que hace que olvide todo porque en sus labios olvidar todo lo que no sea Regina es lo más fácil del mundo.

Continuará...