Melissallegó a la iglesia para casarse con Shagi, acompañada de su hermano mayor, David.

Su hermano, había conseguido tomar un avión desde Oriente Medio a tiempo para ser el padrino. Isis sonrió con entusiasmo cuando Melissa se veía en el espejo de la habitación que se encontraba en la parte izquierda del templo, admirando su hermoso vestido blanco, que la propia Isis le había aconsejado comprar para un día tan especial como su boda.

Y es que ¿quién hubiera pensado que después del accidente que Shagi y ella habían sufrido, las cosas entre sus dos mejores amigos se solucionaría?

Pero cuando Melissa se había enterado de la tragedia no había dudado en presentarse para ver a Shagi, a quién pensando que tal vez no volvería a ver le confesó su amor, el sentimiento que había crecido con los años de conocerse y que ella no había querido exteriorizar, por creer que Shagi en realidad estaba enamorado de Isis.

Ella no sabía de dónde había sacado aquello, pero no importaba, porque Shagi al escucharla, le había aclarado aquello y le había confesado los sentimientos que él también había guardado por tanto tiempo.

Y así habían sellado sus confesiones con un beso. Al salir del hospital habían empezado a salir como pareja, pero Shagi en un arrebato de felicidad, había llegado al trabajo a buscarla, diciéndole que ya habían esperado demasiado tiempo y que él no podía esperar más; porque su corazón ya sabía que ella era la mujer de su vida y quería que el mundo lo supiera; así que le propuso matrimonio en ese instante, y Melissa con lagrimas de inmensa felicidad se arrojo a sus brazos y acepto la idea encantada.

Y así Isis se había ofrecido voluntaria para ser la madrina, al igual que para ayudar a planear la boda de sus dos mejores amigos, quienes finalmente habían luchado por su felicidad y la habían encontrado. Ellos serían inmensamente felices pensó.

Y eso seguía pensando ahora, Isis, mientras estaba parada en el altar al lado de las demás damas de compañia y con Petros, que era el padrino de Shagi; quién miraba al frente con una inmensa sonrisa adornando su rostro e iluminando sus ojos, mientras esperaba a encontrarse con Melissa para hacerla su mujer.

Minutos después, vestida con un traje de seda y encaje tan fino como una tela de araña, Melissa caminaba por el pasillo de la iglesia con los ojos brillantes.

No tenía una sola duda en el corazón de que Shagi la amaba, pensó Isis.

El fin de semana había pasado volando en una locura de arreglos e instrucciones de última hora para la boda. Vivirían en Londres y Corfú, donde Shagi tenía otra casa y la mayoría de sus negocios. Pasarían la noche de bodas en la casa de Londres y al día siguiente volarían a la villa del Caribe.

Después de recuperar a la mujer que amaba, Shagi no podía dejar de hacer planes para el futuro, se le notaba en su mirada.

En aquel momento, observaba a Melissa acercarse al altar con una sonrisa de felicidad que hacía que su corazón latiera de alegría.

Cuando terminó la ceremonia y salían de la iglesia, Shagi la besó con fervor. No podía apartar sus ojos de ella ni por un momento y a Melissa le pasaba lo mismo. Isis los miraba feliz por ellos, porque sabía que su amor los llevaría a vivir inmensamente felices, y realmente se lo merecían.

Seto acababa de llegar a casa después del gran desastre de aquella mañana, nada podía ser bueno ahora, se dijo, con una botella de alcohol en la mano había comenzado a beber tirando todo a su paso, la correspondencia y todos los papeles que estaban en la mesa de la sala fueron tirados al suelo y esparcidos por toda la sala.

Isis ya era la mujer de Shagi y él estaba solo, tan solo como se lo merecía por todo lo que había hecho, se dijo. Y con lágrimas amargas surcando su hermoso rostro, lágrimas de infelicidad, que Seto jamás pensó derramar por una mujer.

Lágrimas que expresaban el vació que tenía por dentro, ahora que había perdido a Isis, un vació provocado solo por su estupidez y orgullo. Estaba solo porque eso era lo que se merecía, era un maldito bastardo, que merecía lo peor.

Calló al suelo, al lado de todos esos papeles y entonces cogió un papel debajo de su mano, era la invitación de la boda de Isis, y como si apenas la mirase abrió aquella invitación; tan solo para ver su nombre escrito al lado del de Shagi…

Lo que vió ahí, lo confundió, pensó que el alcohol estaba haciendo estragos en el demasiado pronto, como para que la vista le fallara.

Se levantó con tarjeta en mano y la miró más de cerca para comprobar los nombres:

Esta usted cordialmente invitado a la boda de:

Melissa Michaels & Shagi Larosh

¡Melissa Michaels! No había ningún error, en verdad decía que la mujer con la que Shagi se casaba era una tal Melissa…..

No le importaba que, o como, solo estaba feliz de que no fuera Isis quién estuviera en esos momentos en los brazos de Shagi, ¡estaba feliz!

Seto volvió a salir de nuevo, esta vez realmente decidido, no volvería a ser tan patético como para echarse atrás en esta decisión, quería a Isis, y sin importar que, saldría tras ella, aun cuando tal vez no fuera a tenerla aun a su lado; pero esta vez no se daría por vencido del todo.

Lucharía por Isis, y sin importar cuánto se tardara, la convencería de que su amor merecía una segunda oportunidad y la tendría de nuevo a su lado, porque la amaba.

CAPITULO 21.

Isis estaba terminando de empacar los últimos objetos que se llevaría, de manera que el equipaje estuviera esperando abajo cuando llegara el personal del aeropuerto, después de todo, Marick la estaría esperando en París, feliz de tenerla cerca y poder cuidarla; aunque ella no lo creyera del todo.

Así que se apresuró a terminar aquello y tan pronto estuvieron listas, decidió tomar una buena y relajante ducha que la ayudaría a sentirse mejor después de aquella tarea.

Una vez arreglada miró por última vez aquel lugar al que considero su hogar, aquel en que había terminado de criar a Marick, para convertirlo esperaba, en un buen hombre; uno que sabría tratar a las mujeres y amar sin reservas ni malicia, un hombre que en un futuro, haría realmente feliz a una mujer. Como claramente ella no había podido serlo.

Y con lágrimas en los ojos dijo adiós a todo aquello que alguna vez había sido suyo, a su hogar, adiós a la vida que había tenido y a todos los que habían estado en su camino, y sí, finalmente diría adiós al hombre que había amado y la había dañado más que nadie en el mundo.

-Sra. Ishtar ¿esta lista?- preguntó una voz masculina tocando a la puerta e interrumpiendo sus pensamientos.

Isis abrió la puerta y sonrió al Sr. Mashi el hombre que Shagi había insistido en contratarle, para que la ayudara con las cosas del viaje que haría, ahora que ni Melissa y él, estarían para hacerlo.

-Claro, Sr. Mashi, las maletas están aquí- señaló a un lado de la puerta para dejarlo pasar y que bajara las maletas de una vez.

-Bien, entonces las iré bajando- dijo, y acto seguido desapareció escaleras abajo hacia la salida.

-Adiós- dijo Isis mientras cerraba la puerta de su departamento y bajaba para reunirse con el Sr. Mashi

Seto se había presentado en el departamento de Isis esa misma noche, pues no deseaba perder ni un minuto más, el estar con ella y arreglar sus problemas. Pero a pesar de eso Isis no estaba, probablemente estuviera aun disfrutando de la recepción de la boda de Shagi, se dijo.

Pero horas después, ya era de día, e Isis no se había presentado a dormir en su departamento, Seto se preocupo de que algo le hubiese pasado, pero supo que no era eso, tal vez solo se hubiese hido a dormir a casa de alguien más…. pero a su mente llegaron imágenes de Isis con otro hombre y rápidamente agito su cabeza para desechar esas ideas; él conocía a Isis y jamás sería así, mucho menos si ella seguía amándolo, por que él sabía en su corazón que así era.

Así que se dedico a explotar sus redes de información para conocer el paradero de Isis, y a pesar de todos sus esfuerzos no pudo dar con ella, tal vez estuviera con alguna amiga; pero no tenía idea de quién o dónde.

De manera que a pesar de su orgullo que de nada le había servido antes, tendría que recurrir al único hombre que le había ayudado con anterioridad, a pesar de que este estuviera en plena luna de miel, tendría que llamar a Shagi Larosh.

-Bueno- se escuchó al otro lado de la línea después de un par de timbres

-Shagi Larosh, por favor- dijo apresuradamente Seto

-¿Quién lo busca?- preguntó la voz de mujer, probablemente su esposa.

-Necesito hablar con él urgentemente Melissa- respondió recordando el nombre de la amiga de Isis –Soy Seto.

-Ah…- se escuchó un instante de silencio –Espera un momento, ahora te lo paso.

-Hablándome en mi luna de miel, Kaiba- le dijo Shagi al otro lado de la línea- Fallaste otra vez y ahora quieres mi ayuda de nuevo- afirmo Shagi, no preguntó.

-¡No!… bueno sí…. No logro encontrar a Isis desde el día de tu boda- respondió Seto derrotado. -No llego a su departamento.

-Bueno- contestó Shagi –seguramente este con Anzu. Es una gran amiga de Isis.

-¿Y dónde la encuentro?-. preguntó Seto esperanzado.

-Bueno, en realidad no creo que tengas oportunidad con ellos de que te dejen hablar con ella, sabes.- terminó Shagi, y los cubrió un instante de silencio. –Bueno Seto, probablemente debas ir a su departamento de nuevo.

-¿Por qué? ¿No piensas decirme dónde encontrarla?- Seto estaba crispado, había pensado que él podría ayudarle y le salía con eso.

-Kaiba, cálmate. A pesar de todo sé que la amas, de manera que te ayudaré. Así que escúchame y no me interrumpas.

-Bién, escucho- respondió Seto

-Necesitas buscarla en su departamento de nuevo, porque ella regresará ahí solo por unas cosas más y se marchará. Piensa irse a París con su hermano y quedarse ahí por un buen tiempo. Sin duda ahora estará ahí, si no es que ya esta en el aeropuerto. Ella solo quiere poner distancia de ti y todo lo que pueda hacer que te recuerde. ¡Así que te apresuras y te humillas tanto como sea necesario para que ella te perdone, me oíste genio!

-Sí, claro- respondió Seto al tiempo que tomaba las llaves del coche para salir en la búsqueda de la mujer que amaba. –Gracias, Shagi, te lo agradezco de verdad.

-Lo sé- le contestó Shagi.

-Tal vez cuando regreses, tú y yo podríamos…. bueno, arreglar las cosas… ya sabes- dijo Seto nervioso

-Me parece bien, creo que no eres un mal tipo Kaiba. Pero ahora ve por la mujer que amas, y hazlos felices, entendiste.

-Por supuesto que sí, eso es todo lo que quiero- fue lo último que dijo Seto y colgó.

Necesitaba estar concentrado en detener a Isis de aquél viaje, y pedirle perdón tanto como hiciera falta para que le diera una segunda oportunidad a ellos de estar juntos y ser felices.

Pero cuando llegó a su departamento un hombre le dijo que si buscaba a la mujer de aquél departamento perdía su tiempo, pues ella hacía rato que se había marchado al aeropuerto y era probable que no regresara en mucho tiempo.

Seto no se había quedado a escuchar toda la charla del tipo, pues corrió de vuelta al coche en dirección al aeropuerto, esperando llegar a tiempo y detener a Isis para arreglar las cosas entre ellos

Isis había estado esperando sentada a que anunciaran su salida para poder abordar el avión. Así que cuando por fin lo hicieron decidió que abordaría rápido para no tener que hacer fila y esperar a que le revisaran para abordar el avión.

Así que con su bolsa al hombro se paró y caminó a la sala de abordaje para iniciar una nueva vida, sin él. Así que siguió caminando cuando una voz interrumpió su andar.

-¡Isis, espera! ¡No te puedes ir! ¡No lo podría soportar!

Aquello tomó a Isis por sorpresa. Esa voz la conocía, pero imposible que estuviera ahí así que sin más, decidió salir de sus dudas y volteó atrás.

Y ahí estaba Seto, tan guapo como lo recordaba Isis, estaba agitado, sin duda porque habría corrido, y con una mirada de determinación en sus hermosos ojos azules.

-No sé qué haces aquí-dijo Isis- pero no pienso perder mi vuelo, así que adiós Seto.

-No puedes irte- le dijo acercándose más a ella e Isis se apartó -¿Tienes idea de cómo lo pasé la otra vez?- prosiguió Seto mirándola con arrepentimiento

Atónita ante aquel arranque de sinceridad en un hombre que jamás demostraba sus sentimientos, Isis negó con la cabeza lentamente.

-La primera semana, creí morir. Me habías abandonado dejándome una carta de cuatro líneas como quien se disculpa por no poder acudir a una cena -le explicó-. No me lo podía creer. No sabía dónde estabas. ¡Casi me vuelvo loco!

Isis no se podía creer lo que estaba escu chando.

-Nunca pensé que te hubieses sentido así...

-Deberías haberme contado la verdad sobre nuestro matrimonio.

Isis se dio cuenta de que tenía razón en eso, pero nunca se le ocurrió que su ausencia lo iba a hacer sufrir.

-Confiaba en ti -continuó Seto mirándola con intensidad-. Admito que no tenía más remedio al principio, pero nuestra relación iba bien y bajé la guardia rápidamente. Creí que éramos una pareja. Pensaba en ti como en mi esposa y, de repente, todo se acabó.

Isis sintió que se le formaba un doloroso nudo en la garganta.

-Supongo que pensarás que soy una egoísta, pero te aseguro que jamás se me pasó por la imagi nación que me fueras a echar de menos... y menos aún con la manera en que me trataste al regresar…

-¿Te crees que soy un témpano de hielo? -se rió Seto con amargura.

-Eres un hombre demasiado controlado y muy disciplinado.

-Me educaron para ser fuerte y para no mos trarme jamás vulnerable a los ojos de una mujer. Mi abuelo y mi padre me influenciaron enormemente, decidí dejar de creer en las mujeres. Para cuando mi padre quiso hacerme cambiar de opi nión, ya era demasiado tarde. Por eso redactó aquel testamento de locos, fue su último intento para abrirme los ojos, para hacerme comprender que, si hacía un esfuerzo y me arriesgaba, podría reescribir la historia de la familia y tener un matrimonio feliz.

-Bueno, eso no le ha salido bien -contestó Isis al borde de las lágrimas-, pero al menos no has perdido la mansión familiar en Suiza.

-Quiero que sepas que pensé que te casabas con Shagi, y cuando recibí una carta de él, no dude en ir a buscarte y detener esa boda a como diera lugar

-¡¿Por qué los hombres siempre se alían?- exclamo Isis enojada

-¿Porque tenemos miedo?- respondió y continuó - Cuando me di cuenta que tu no eras quién se había casado con él, decidí buscarte y hacerte cambiar de parecer, te demostraré que puedo hacerte feliz.

-¡¿Qué te pasa? Mira Seto, realmente tengo que irme, no tengo nada más que decirte; lo nuestro terminó con el divorcio.

-Pero yo si tengo mucho que decirte, todo lo que quiero es que estés conmigo, com partir lo que yo tengo.

-¡Quiero que te quede claro que ni quiero ni ne cesito nada de ti!

Seto tomó aire y echó los hombros hacia atrás.

-Te acusé de ser una cazafortunas porque, así, me evitaba el tener que enfrentarme a lo que real mente sentía por ti.

-No entiendo.

-Cuando tenía amnesia, me acostumbré a estar contigo. Cuando recobré la memoria, me enfadé contigo porque me habías engañado.

-No fue ésa mi intención -se lamentó Isis-. En cualquier caso, para mí no fue eso lo que pasó entre nosotros -protestó.

-Me engañaste y, a partir de entonces, no me fío de mí mismo en lo que a ti respecta. Sin embargo, a pesar de que no me fiaba de ti, seguía deseán dote, seguía queriendo estar contigo y no sola mente por el sexo.

-Pues a mí me dijiste que era sólo por eso—con testó Isis desesperada.

-Era mentira... estaba... estaba...

Pasajeros con destino a París, favor de pasar para su abordaje a la puerta de embarque numero 14. Le interrumpió la voz del sonido, anunciando el vuelo de Isis.

-Bueno, Seto, tengo que irme, lo siento.

-¡Isis espera! ¡Yo solo…. estaba…. estaba!

- ¡¿Qué?- gritó Isis exasperada.

-¡Asustado! -admitió Seto-. Estaba asustado. Jamás me había sentido así, pero en Suiza volví a confiar en ti y comencé a relajarme.

-Y entonces fue cuando te dije que estaba em barazada.

-De nuevo me habías ocultado la verdad. Ojalá me lo hubieras contado inmediatamente. Jamás había estado tan bien con una mujer, pero durante aquella maravillosa semana tú me estabas ocul tando que íbamos a tener un hijo. Aquello me dolió mucho y me hizo preguntarme qué otras cosas me estarías ocultando.

-Me daba miedo tu reacción -se defendió Isis.

-Tendrías que haber sido sincera conmigo. Volví a perder la confianza en ti y, a partir de ese momento, todo se volvió una locura.

-El que te volviste loco fuiste tú -lo corrigió Isis-. Pero gracias a eso me hiciste ver que yo merecía algo mejor que el trato que tú me dabas y te pedí el divorcio. Sin embargo, a pesar de todo, te perdono. No me ofende que no quisieras tener un hijo que no habías planeado; tener conmigo...

-Pero yo si quería tener ese hijo, pero me daba miedo que me estuvieras engañando de nuevo -admitió Seto-.Y entonces tuviste el accidente… perdiste al bebé… y desde entonces, no he dejado de luchar conmigo mismo. Aunque te parezca una tontería, no pude dejar de preguntarme si lo único por lo que estuviste conmigo era por el niño.

-A mí me paso lo mismo -murmuró Isis- Pero ya no importa, porque ya no hay bebé por el que preocuparse y puedes volver a tu vida tal cuál era antes de mi error.

-Ciertamente que eso me llevó a acusarte de cosas que sabía que no eran ciertas -se disculpó Seto-. Nunca dudé de que el niño fuera mío, pero me daba miedo que volvieras a hacerme daño, así que decidí hacértelo yo primero.

Isis no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. ¿De verdad Seto acababa de aceptar que le había hecho daño?

-Me parece bien que reconozcas tu error Seto, pero te lo repito, ya no importa

-Sí importa, porque aunque perder al bebé fue duro; aunque divorciarnos fue todavía peor; ya no puedo seguir luchando contra lo que siento por ti. ¿Me das otra oportunidad?

Isis sintió que se le saltaban las lágrimas y negó con la cabeza.

-Última llamada para los pasajeros con destino a París, favor de abordar por la puerta número 14- se escuchó por las bocinas del aeropuerto, de nuevo interrumpiendo su conversación.

-Por favor, dame una última oportunidad -suplicó Seto estrechándole las ma nos.

Isis volvió a negar con la cabeza.

-¿No te das cuenta de lo importante que es para mí? Me lo dijiste una vez y tenías razón. Fui feliz viviendo tu cuento, más feliz de lo que había sido jamás.

Isis lo miró a los ojos sorprendida.

-Imagínate mi decepción cuando me di cuenta de que el cuento era mentira, de que nunca me ha bías amado cuando yo ya me había hecho a la idea y me gustaba. ,

-¿De verdad? -preguntó Isis con voz tré mula.

-Me había enamorado de ti, pero nunca me ha bía enamorado antes y no supe reconocer lo que me estaba sucediendo. Pensaba en ti incluso du rante las reuniones más importantes.-dijo Seto y la acercó para estrecharla en sus brazos, y entonces se dio cuenta.

Isis tenía el vientre abultado, y algo debajo de sus manos se movió ¡ella seguía embarazada!

-¡Madre mía! -exclamó Isis al darse cuenta que Seto ya había descubierto otra de sus mentiras.

-¡¿Sigues embarazada?- preguntó expectante, sabiendo que era verdad

-No sé de que hablas- dijo zafándose de sus brazos- Adiós, Seto.

Pero no se fue, por que Seto se lo volvió a impedir, no podía dejar que confirmara que ella nunca había perdido al bebé, que deseara tenerla a su lado por el bebé y que ambos fueran infelices; no podía permitir que su hijo tuviera aquella vida de infelicidad; con sus padres odiándose y discutiendo todo el tiempo.

-Por favor Seto- le dijo mirándola con sus ojos cristalinos, a causa de las lágrimas que querían salir.

Seto se sentía realmente miserable, él era el causante de aquello. Que Isis ya no lo amara, que hubiese decidido ocultarle a su hijo y que decidiera poner mucha distancia de por medio; él era culpable de que la mujer que amaba deseara apartarse de él.

Pero aunque se sabía culpable de todo aquello, no dejaría que ella y su hijo se fuera de su vida para siempre. No lo permitiría. Se había prometido luchar por ella, por ellos, más bien; aunque no lo mereciera, lucharía por su familia, por tenerlos a su lado y hacerlos felices.

-Por favor tú, Isis-dijo por fin- Se que no lo merezco, pero déjame intentar una vez hacerte feliz. A ti y a nuestro hijo. Dame la oportunidad de tener mi propia familia y de cuidar de ellos.

Isis lo miró una vez más, se soltó del todo de sus manos, se reacomodo su bolso y comenzó a alejarse de él y encaminarse hacia la puerta de embarque, hacia el avión que la llevaría a ella y a su hijo, lejos de él.

Seto se quedó estático, estaba completamente desolado con la respuesta que Isis le estaba dando a través de sus actos, se iba y con ella el fruto de su amor.

Los seres más importantes de su vida se marchaban. La observó alejarse a través de la multitud de gente hasta que la perdió de vista.

-Shagi sé que es nuestra luna de miel, pero me preocupa Isis- dijo Melissa mirando a su recién marido, mientras estaban en la terraza de la casa del Caribe que tenía Shagi.

-La verdad a mí también, cariño- respondió su marido.- Solo espero que realmente ese tonto la haga feliz.

-Oh, Shagi, me preocupa que él no la amé en verdad

-¡Pero si claro que la ama!- exclamó Shagi- solo es demasiado tonto como para haberlo aceptado. Y cuando por fin lo hace, Isis ya no deseaba seguir con él.

-Bueno, él realmente se lo buscó, no debería haber hecho todo lo que le hizo pasar a la pobre; ¡el de verdad que se lo merece!

-Bueno amor, no sabemos cuáles habrán sido sus razones, pero cuales quiera que hayan sido se que ambos se aman.

-Sí, tienes razón, y es solo por eso, que espero que esta vez la haga feliz, a ella y al bebé.

-Yo también lo espero amor, yo también- dijo Shagi mirando al sol que se ocultaba tras el océano.

Seto no sabía cuánto tiempo había pasado desde que Isis se fuera de su lado y de que se anunciara que el vuelo a París había partido. Solo sabía que con ellos se había ido también su corazón.

Así que ya nada tenía que hacer ahí, oh bueno, solo tal vez debía darle algo de tiempo. Sí, la buscaría en París, estaría cerca de ella y le intentaría mostrar que realmente era un hombre distinto por ella, esperaría tanto como hiciera falta pero no se rendiría, tendría que llegar el momento en que lo perdonará, y no desistiría asta no estar con su familia; o a menos que Isis decidiera amar a alguien más.

Así que con esa decisión en mente comenzó a caminar a la salida y llamar a los lugares adecuados para preparar todo para su próximo viaje a París.

En eso esta tan concentrado cuando una melodiosa voz gritó

-¡Seto!¡Seto, espera!

Seto volteó sorprendido hacia el origen de aquella voz, y ahí la vio; parada a muchos pasos de él, con una determinación en sus hermosos ojos y una mirada de amor inconfundible que Seto estalló de alegría.

Corrió hacia ella sin importarle a quién arroyaba a su paso, tan solo tenía ojos para la mujer que esperaba por él, del otro lado. La mujer que era el amor de su vida y la madre de su futuro hijo. La estrechó entre sus brazos con cuidado y la hizo girar una y otra vez de la emoción que lo embargaba

E Isis no se quedó atrás, pues cuando Seto la abrazo, le paso los brazos por el cuello diciendo:

- Yo también te amo. Te amo tanto... te voy a hacer muy feliz.

Seto la abrazó con fuerza y así permanecieron, fundidos en un abrazo, durante un buen rato, dis frutando de una proximidad que ambos habían creí do perdida.

-El que te hará realmente feliz, esta vez, soy yo- le dijo Seto- Estoy tan a gusto contigo -murmuró.

-¿Ves como el amarme no es tan malo?

-Lo es cuando desapareces y me intentas abandonar llevándote a nuestro hijo.

-Te prometo que no volverá a suceder -declaró Isis solemnemente.

Seto la besó en la boca con ternura.

-Creo que hace cuatro años me di cuenta de lo peligrosa que podrías llegar a ser para un soltero, amor mío.

-Entonces, era algo inmadura para ti, pero me enamoré en cuanto te vi.

-Y aunque yo no quise admitirlo ni siquiera a mí mismo, me sentía profundamente atraído por ti. Por eso volví varias veces a la peluquería en la que trabajabas -confesó Seto-. Sin embargo, después de casarnos, decidí no volver porque no me fiaba de mí mismo.

-¿De verdad?

-De verdad. Sin embargo, todavía sigo llevando tu fotografía en la cartera –murmuró Seto.

Isis sonrió encantada.

-Me encantaría verte vestida de novia. Debería mos volvernos a casar.

-Me encantaría... -contestó Isis sincera mente-, pero vamos a tener que esperar a que nazca el niño.

-Da igual -contestó Seto sin pensárselo dos ve ces.- Ahora volvamos a casa, mi amor.

-Sí, a casa.

HOLA D NUEVO!

SE Q TARDE EN VOLVER CON LA HISTORIA, PERO DESEO QUE LA

ESPERA VALGA LA PENA Y LES GUSTE EL FINAL!

Q ACLARO HAY EPILOGO EH!

IGUAL CUIDENSE Y ESPERO Q LEEAN LOS PROXIMOS FINC DE ESTA

PAREJA Q PLANEO SUBIR GRACIAS A TODOS!