Spin off de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde la historia avanza en el futuro, concretamente hasta los 17 años de Tobi, el primogénito de Madara y Deidara.
La adolescencia es una mierda, todo es confuso y asqueroso.
Tienes ganas de gritar, llorar, reírte y dormir todo al mismo tiempo... y cuando crees que nada puede ir peor, te das cuenta de que, posiblemente, te has enamorado de tu amiga de la infancia...
No pondré las parejas hasta que vayan surgiendo... me entenderéis según avancemos jejeej
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LAS CRÓNICAS DE TOBI
Capítulo 21: ¡Nacimiento... no jutsu!
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– Para de una vez. – Tobi le regañó por decimocuarta vez. – Me estás poniendo de los nervios.
– ¡Vayaaa, perdona! llámame raro si quieres, pero me gustan mis brazos y piernas donde los tengo ahora mismo, gracias... como nos pillen nos matan, y lo sabes, no te hagas el listillo, estás tan acojonado como los demás.
– ¡Pues claro que estoy cagado!, pero tocar los huevos a los demás no me parece una solución de nada. – Abarcó con el brazo los dos hombros de Taka, que sentado en un lado trataba de no desmayarse muy aparatosamente.
– Podemos salir. – Hika asomó por la ventana, dando luz verde a la misión que trataban de llevar a cabo todos los chicos.
Konoe mantenía entretenido a su madre dentro de la casa. Itachi estaba fuera y Naruto ayudaba a Minato con la tarea.
Hidan y su ritual le tenían fuera de juego, y Kakuzu tampoco se había enterado de nada.
Mientras los chicos se afanaban en llevar en secreto a Taka, embarazadísimo de casi ocho meses, hasta el pequeño templo en la frontera del país del fuego, donde Miku y Tobi se habían casado de mentiras para la misión, para precisamente eso mismo; casarse con el gemelo culpable de su estado de buena esperanza...
Pero, ¡Ah! quizá me estoy adelantando demasiado a los acontecimientos, y es muy posible que ahora mismo no tengas muy claro que es lo que está pasando. Mmm … bien, para entender lo que pasa, tenemos que retroceder un poco, un par de meses... pero bueno, lo último que vimos fue la primera noche juntos de los dos rubios, y a Taka y Hika decorando las paredes del cuarto de su hijo...
Bien, mejor continuaré desde ahí...
¿Dónde estábamos?, ¡Ah, si!.
– Borra esa estúpida sonrisita de tu cara. – Madara chocó el hombro con el de su hijo, que era incapaz de dejar de sonreír desde el día anterior. – Tu madre ya está sensible con el embarazo, como se dé cuenta se subirá por las paredes... y me tocará a mi hacer que entre en razón.
– Yaaaa papá... y tu siempre tan sacrificado a la hora de hacerle cariñitos a mamá para que se le pase el enfado... – le miró de lado, alzando la ceja, divertido.
– Ya me conoces... el trabajo de padre nunca se termina. – Suspiró derrotado... los dos estallaron en carcajadas, atrayendo la atención del rubio en sus dos hombrecitos.
– Hola mamá. – Saludó a Deidara con un beso en la frente. – Te traigo tus cacharritos y a papá una espada... como sea, tengo prisa. – Le dio un nuevo beso en la sien. – Te quiero.
– Yo también, tramposo. – Se despidió con la mano en alto.
Madara le miró un segundo, esperando quedarse a solas con su rubio esposo. Le abrazó con una mano en la mitad de la espalda y la otra acunando su rostro.
– Siempre se me olvida lo hermoso que te vuelves con los embarazos. – se curvó hacia delante, para besarle.
– Como te gusta adularme...
– Es mi trabajo como papá... mantener a mamá contenta... todo el tiempo y por todas partes. – Su sonrisa se extendió durante el beso, apretándole contra él en un fuerte abrazo, sintiendo la pequeña curva en la que se creaba su pequeño, contra sí mismo. – Por Jashin Deidara, creo que si se pudiera morir de felicidad, caería fulminado ahora mismo... en realidad creo que hace años estaría muerto.
– Y yo habría muerto contigo el primer día que te vi. – En ese punto, el deseo de ambos ya era imparable. – Vamos a la cama, papá... te enseñaré lo bueno que tiene que estemos vivos.
– Oh si, mamá...
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Meses después:
Miku sostenía a su hermano de pie sobre los hombros. Sus manos en los tobillos, guardando equilibrio para que el niño no se diera un talegazo contra el suelo.
– Pesa mucho, está super llena de cosas. Voy a mmm... – Minato empezó a sacar cosas de la caja para dejar solo los álbumes de fotos que era lo que su hermana quería ver. – Vale, va para abajo, cuidado.
Arrastró la caja hasta el borde de la parte superior del armario y tironeo de ella para que cayera hasta el suelo.
Miku le agarró con cuidado para bajarle, y el niño no tardó ni medio segundo en empezar a sacarlos todos a su alrededor, sentado en el suelo.
– Ohhh, esto es geniallllll. – Miku abrió los ojos hasta el límite. – Tengo que llamar a los chicos... tienen que ver esto. – Dio la vuelta a uno de los álbumes para mostrarle a su hermano una foto en la que salía Tobi, de apenas un año, regordete y sentado, cubierto de papilla de color naranja por todas partes, y Deidara a su lado, rostro infantil, redondo, pelo lleno de papilla de frutas y una sonrisa resignada. – También hay de los gemelos... ji ji ji..
Media hora después, los chicos se habían reunido, fotos tomadas prestadas a traición, de rincones oscuros y armarios olvidados. Vergonzosas y antiguas instantáneas.
– Van a matarnos. – Haku pasó el álbum a la derecha, a los dedos de su cuñadito. – En serio, lo harán... mira que pelos tiene ahí tu padre ja jajajaja
– Solo nos mataran si se enteran. – Puntualizó el gemelo.
– ¿Si se entera quien de que?. – La voz de Deidara les pilló a todos de sorpresa. Tanto que habían olvidado que estaban en su casa, precisamente para que el resto de padres no se enterasen.
– Si se enteran de que no tienes pastel de manzana en la nevera. – Atajó Tobi guiando a su madre a la cocina, al mismo tiempo que les hacia gestos a los demás para que se largaran.
Deidara se paró en seco, apoyándose en la puerta de la cocina.
– ¿Mamá?. – Tobi preocupado, regresó a su lado. – ¡Mamá!
Deidara se agarró al marco de la puerta, escurriendo sin remedio hasta el suelo. Tobi le agarró con cuidado, y fué entonces cuando se dio cuenta de lo que pasaba.
– Trae a tu padre. – La orden salió como un susurro de sus labios, pero Tobi no pensaba dejarle ahí, y menos ahora, que sabía que su hermano llegaba.
– Agarrate al cuello. – Tironeó de su madre, para ponerle de pie, pero desistió al momento. No había tiempo, y lo sabía. – ¡Haku! ¡Miku!, Todos, venid, deprisa.
– ¿Qué pasa?. – Taka se acercó. – ¡Oh, mierda!, Voy a por mi padre.
– Ni te molestes, reunión del clan. – Miku sacudió la mano para dar importancia.
– Pues que alguien vaya a avisar, y otro que traiga a Kakuzu. – Hika negó con la cabeza.
Genial, los adultos necesarios no estaban disponibles.
– No hay tiempo. – Tobi apartó la mesa del salón con el pie, dejando a Deidara tumbado en la alfombra, respirando pesadamente a causa del dolor. – Vale, dame un segundo, que piense.
– No tienes un segundo. – Hika señaló el suelo, concretamente el reguero de gotitas de sangre que venía de la cocina. – Vamos a tener que hacerlo nosotros.
– Tengo, bueno, mi padre nos ha enseñado algo de medicina, no como para esto, pero. – los gemelos se miraron entre sí y luego a los pequeños.
– Tienes que hacernos un favor enorme. – Taka comprendiendo, tomó a Minato por los hombros. El niño le miraba asustado, pero dispuesto a lo que fuera. – tienes que ir al edificio de los pájaros y pedir que envíen un mensaje a Madara san, que vuelva de rápido, ¿Puedes hacerlo?.
– Claro, está chupado. – cerró los dos puñitos, dispuesto a cualquier cosa.
– Konoe. – La hija de Deidara estaba mas asustada que el niño. – Tienes que traer a la Hokage, a Sakura o a Iruka sensei. – La chica seguía con la vista puesta en su madre, hasta que el moreno la zarandeó sin delicadeza. – Busca en todas partes, intenta traer a Kakuzu, o a Hidan, a quien se te ocurra que pueda ayudarnos... pero hazlo ya, date prisa.
Cuando los pequeños se habían ido Tobi se arrodilló junto a su madre.
Hika suspiró sonoramente. No le hacía mucha gracia que Taka lo viera en primerísima fila, y por la cara de Deidara, supo que pensaba lo mismo.
Pero necesitaban todas las manos posibles.
– ¿Y si le llevamos a la bañera?. – Propuso el hijo de Sasuke, en un susurro. – He leido por ahí que los partos en el agua son menos difíciles, mas cómodos para el bebé y eso.
La idea era buena, pero la sangre les decía que era mejor no moverle mucho. Y su cara contraída en una terrible mueca de dolor agónico tampoco es que fuera muy esperanzadora.
– En el cuarto del bebé, hay una bañera portatil, tráela y llénala de agua. – Tobi señaló al pasillo. – Traer toallas, y el botiquín del baño.
Miku se había quedado con Deidara, ayudándole a poner bajo él una sábana que había traido del armario, para que no estubiera en contacto con la alfombra, que por muy limpia que estuviera, no era lo sufiente para el bebé.
Fue Hika, después de besar en la frente a Taka, quien se arrodilló entre las piernas de Deidara, y quien comenzó a quitarle la ropa.
Miku usó su sharingan para buscar los puntos de chakra adecuados y aliviar, ligeramente el dolor insoportable que ya desgastaba al rubio.
– Chicos... – Los miró uno a uno. – No tenéis que …
– Deidara san... Estamos capacitados para matar en mas formas de las que podemos enumerar, podemos luchar. – Relató Hika serio.
– Crear estrategias, venenos, organizar ejércitos... – Siguió su hermano, tranquilo.
– Si me apura, podemos tomar un país entero en un solo día, entre nosotros cinco... – Continuó Miku, acariciándole el pelo.
– Traer un niño al mundo es algo con lo que podemos... – Tobi, le acarició también, dándole un poco de calma. – Aunque ahora mismo los cinco estemos cagados de miedo.
Un montón de risitas llenaron el espacio, diluyendo la tensión del momento, con paz.
– Bueno, vamos allá. – Hika miró a Tobi, serio. – Necesito algo con lo que quitar la sangre, no veo muy bien que pasa.
Taka puso a su lado un pequeño cubo con agua y una pequeña toalla cuadrada. Se sonrieron. – Y tu deberías salir fuera.
– No pasa nada, me quedo. – Taka torció la boca, intentando sonreír, pero con la mano puesta en su vientre. – Total, dentro de nada tendré que pasar por lo mismo.
– Hika tiene razón. No es lo mismo verlo en primera fila... Ahora que lo pienso... ¿Vosotros no estáis castigados sin veros?... ¿Qué hacéis juntos?. – Dijo puntilloso.
– Ahora no mamá. – Tobi puso su mano abierta en lo alto del vientre. – Concéntrate en esto, y luego les regañas.
Hika se afanó en limpiar la mayor parte, pero ya no había tiempo de nada mas.
Hundió las dos manos en el cubo y las dirigió para tomar al bebé, que ya con la cabeza fuera, salía al mundo sin esperar que nadie le invitara.
Deidara gimoteó y Miku le abrazó por debajo de las axilas, a su espalda, evitando que se moviera, mientras el gemelo tironeaba del pequeño, moviéndolo a los lados.
– Un poco mas mamá, solo un poco. – Tobi le miraba desde la espalda de Hika, para no molestarle, pero atento a todo lo que ocurría.
Antes de abandonar el cálido interior de su madre, comenzó a llorar, con ganas, arrancando a todos los presentes una sonrisa.
Hika lo sacó del todo y se lo dio a Taka, que lo limpió con rapidez y dulzura en la bañerita.
Konoe entró como una exhalación, seguida de Kakuzu, que jadeaba por la carrera.
Miró la escena unos segundos, y se pudo ver el orgullo en su cara al instante.
– Papá, hay sangre y no se de donde viene. – Tobi se apartó para dejarle el sitio. – Tengo aquí el cordón y no ha expulsado el saco. – fue señalando las partes, apartándose con cuidado para dejarle el sitio a su padre. – El niño ha venido de cara, y ha llorado antes de salir... bueno puedes oírle.
– Ve a lavarte y ayuda a Taka con el bebé, yo me ocupo. – Se lavó las manos derramando directamente un bote entero de alcohol en ella y se puso directamente en modo médico. – ¿Has empezado con el expulsivo directamente, sin contracciones ni nada?.
– Si... ha sido así. – Miku le peinaba nerviosamente el cabello por las sienes, sujetando su cabeza como si ella fuera una almohada.
– Bueno... necesitaras puntos, pero todo bien... demasiado. – Sacó la aguja de su envoltorio y la enhebró con el hilo. – Estó se caerá solo en unos días. Por lo demás ya sabes, como en los anteriores, descansa, tómalo con calma y teniendo en cuenta tu metabolismo, estarás preñado en un par de meses.
– Olvídalo... no quiero mas hijos... ¿Puedes hacer algo, antes de coserlo?. – Kakuzu le miró un poco sorprendido, pero comprendiendo.
– Claro, tu mandas. – Su muñeca se separó medio centímetro dejando salir un par de gusanos negros, que se ocuparon de todo. – No voy a curarte, prefiero que tu cuerpo lo haga por si mismo, ¿De acuerdo?... Además no me queda mucho chakra...Dame unos minutos y estará listo. – Giró la cabeza a su hijo. – Haku, el bebé.
El chico asintió a su padre y fue hasta donde Taka lo secaba con temor a hacerle daño.
– Vale, es la primera vez que hago esto. – Kakuzu le miraba de reojo, mientras trataba a Deidara, ya los últimos puntos. – Primero constantes... que con las ganas con las que llora, diría que respira bien, y su pulso en bueno.
– Da una palmada, cerca de su cara. – Haku lo hizo. – ¿Se asusta?, ¿Parpadea?
– Si, las dos cosas. – Metió un dedo entre los deditos de sus puños y tiró, midiendo que se agarraba con fuerza. Le levantó hasta sentarle y luego le dejó caer, despacio, viendo los reflejos inconscientes del bebé.- Escucha bien, por los dos lados. Tiene fuerza muscular y reflejos.
– ¿Nota?. – Preguntó Kakuzu serio.
– Diez de diez. – Le dejó de nuevo tumbado, justo en el momento en el que Konoe aparecía con la ropita para el niño, y los pañales.
Tobi volvió de la cocina con un biberón.
Kakuzu levantó a Deidara del suelo y le llevó hasta su cama, acomodándolo con cuidado.
Los chicos recogieron todo para dejarlo como estaba mientras terminaban de poner guapo al pequeño.
– Quiero ver a mi pequeñín. – Hizo un puchero.
– Ahora te lo traen, deja que lo vean los chicos. – Kakuzu le pellizcó el moflete, juguetón. – Lo han hecho estupendamente, vamos a fingir que esos dos no estaban aquí, juntos...
– Bueno, haré la vista gorda por esta vez, pero solo por que estoy muy cansado para regañarles …
– Descansa... luego pasaré a ver que tal va todo. – salió dejando la puerta abierta.
En el salón todos rodeaban al pequeño, que tumbado en el centro de la mesa, boca arriba, pedía por comida.
Tobi fue quien lo cogió y quien le puso el biberón en los labios, mirando como comía con ansia.
– Que pequeñito. – Taka le acarició la cabecita, sonriendo. – Lo hemos hecho, tíos, nuestro primer bebé. – Abrazó a su chico, y fue a besarle, pero una mano se interpuso entre sus labios y los de su novio.
– Tu a tu casa, ya. – La voz de Kakuzu le hizo dar un sobresalto al morenito. – Y tu , lo mismo. Tu madre está por volver, y estás castigado, sin salir. Vete con tu hermano.
Asintió y se fue hasta la puerta, pero antes de seguir a su hermano, se giró, para darle un beso en los labios a su chico, otro a su bebé, aún dentro de la barriga del morenito y entonces si, salió corriendo para librarse de la ira de su padre, que le limitó a verlos sonriendo.
Hasta en su patética forma de salirse con la suya eran idénticos a su madre. Hidan se reiría si supiera lo que ha pasado.
Miku recogió las fotos y dejó a la familia en calma, para disfrutar del pequeño cómodamente, en cuanto Minato regresó de su misión que por cierto, había cumplido perfectamente.
….
Deidara despertó, cansado. Su mano fué directamente al vientre, mas desinchado de lo normal, y entonces recordó que ya había tenido al bebé, mucho antes de tiempo.
Pestañeó y vio a sus dos hijos sentados en la cama, dándole la espalda, mirando al bebé en su cunita.
– Mamá, ¿Cómo estás?. – La chica gateó hasta su lado y se abrazó a su torso, con cuidado.
– Cansado, me duele todo... creo que entero. – Señaló a la cunita.
– Papá se va a volver loco cuando lo vea. – Murmuró Tobi, con una sonrisa radiante.
Se puso de pie y lo tomó con cuidado, evitando despertarle. Cuando se giró, gateando sobre la cama hasta ponerse al lado de su madre, Deidara entendió a lo que se refería.
Una abundante mata de pelo negro, brillante y oscuro, coronaba la pequeña cabezita. Sus ojos enormes y negros, idénticos a los de su padre, se abrieron pesados, para volver a cerrarse en dos parpadeos.
– Por Jashin mamá, es un mini papá. – Konoe soltó una risita. – Hasta su piel es blanquita y sonrosada... que monoooo
– Van a tener que darme un premio o algo, este si que es todo un Uchiha. – Lo tomó en brazos, con dulzura. Besó su frente, feliz. – Por que no vais a descansar...
– Cuando vuelva papá, me iré. – Tobi se bajó de la cama y caminó hasta la puerta. – Voy a traerte algo de comer, ahora vuelvo.
Unas horas mas tarde, ya era de noche.
Madara entró en su casa y se extrañó. Por norma general, su amor embarazado y su hija adolescente era sinónimo de gritos, a todas horas, y sin embargo, el silencio inundaba su hogar completamente.
Se quitó las armas y las protecciones y resolvió darse una ducha. Cruzó los dedos mentalmente para que el silencio significara que por lo que fuera, estaban fuera, lo que significaba que tenía la casa para él solo.
Y lo único que quería era darle un abrazo a Deidara. Y un beso, lo necesitaba.
Pero primero una ducha, eso si que era prioritario, apestaba a sudor.
En la puerta de su cuarto levantó una ceja, extrañado de ver a Tobi ahí.
– Enhorabuena, papi. – Konoe se colgó de su cuello, besuqueándole por toda la cara.
Cuando se apartó y le dejó pasar entendió todo.
Deidara estaba sentado en la cama, con el pequeño en brazos.
– Lo siento, no quería esperar. – Se disculpó con una sonrisa.
Madara ya no podía dejar de mirar la pequeña cabeza que asomaba del borde de la sábana que lo arrullaba. Tobi se levantó y le dejó el sitio, besándole en la mejilla para darle la enhorabuena. Empujó a su hermanita para dejarles a solas.
– Dei... ¿Pero qué ha pasado?. – Se sentó a su lado, con sumo cuidado, y esperó que Deidara colocara al recién nacido para mirarle.
Lloró. Madara Uchiha contempló a su hijo llorando.
– A mi no me preguntes, no me ha dado tiempo ni de decir ¡Ay!. Suerte que los chicos estaban aquí, ellos lo han traído y se han ocupado de todo. – Deidara recibió los labios de su esposo con una sonrisa.
– Los chicos... ¿Tobi y .. – Sorprendido le miró, sonriendo.
– Hika mas que nada. Taka limpió al bebé y Haku le hizo las primeras pruebas, mientras Kakuzu terminaba de coser y remendar...
– Por Jashin Dei... no sé ni que decir. – Le besó de nuevo, mas amorosamente.
– Yo si, nada de cariñitos hasta dentro de un tiempo, tengo un montón de puntos ahí abajo... por el tiempo que ha tardado creo que me ha hecho un bordado con flores o algo...
– pero mírale... hacemos unos niños tan guapos... – Se quedó pensando un momento. – Kouen.
– ¿Qué?. – Dudó, con una cara de sorpresa.
– Su nombre, Kouen Uchiha.
– Me gusta, es bonito.
– A nosotros también nos gusta. – Konoe entró seguida de su hermano.
– Si, es un nombre precioso.
Deidara suspiró, feliz. Tenía una familia maravillosa, a pesar de todo el dolor vivido, el destino le había recompensado con unos hijos preciosos y un marido al que amaba profundamente.
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Bueno, penúltimo cap... por fin
Gracias por leer. Os lovio.
Besitos y mordisktios
Shiga san
