Capítulo veintiuno: Un corazón.

Cole se había ido hacía treinta minutos y yo estaba muriendo. No podía dejar de pensar en él yéndose de mi vida junto a mi hija y muriendo en el camino. El dolor era indescriptible. Él me necesitaba ahora y yo estaba aquí, sintiendo lástima por mí misma. Tomé mi teléfono y lo llamé.

― Ven, es importante. ―le dije nerviosa.

Dentro de quince minutos, Cole estaba abajo.

― ¿Estás bien? ―me preguntó preocupado, abrazándome con fuerza.

― No si tu no lo estás.

Me miró con seriedad.

― Escucha, sé que estás acostumbrado a estar solo. Sé que Beatriz te rompió el corazón, que te traicionó. Desearía poder hacer algo, lo que fuera, por devolverte a tu hija pero no pedo. Lo único que sé es que ahora me necesitas, que somos una familia y que nacimos para estar juntos. Si te dejo ir ahora...eso no es algo que la gente que te ama hace".

Como no decía nada, seguí hablando.

― Te amo, Cole. Los días en que estabas solo se terminaron. Ahora somos do...tres. ―sonreí― Te amo, y tu lugar es conmigo, con nosotras. Quédate esta noche, Cole, no me dejes fuera de tu vida. Tu dolor y tus heridas son mías ahora y quiero estar ahí para poder curarlas tanto como me lo permitas.

Cole sonrió cálidamente y lo abracé como si fuera un niño. Cerré mis ojo cuando lo escuché sollozar, y sonreí.

― Está bien amor, estoy aquí...para siempre.

Lo guié hasta el sofá y lo abracé mientras lloraba en silencio. Me hacía sentir bien tenerlo tan cerca, ver que estaba dispuesto a abrirme su corazón, pero eso no significaba que no me doliera el hecho de saber que nunca podría curar su corazón completamente.

― ¿Phoebe? ―preguntó la abuela desde el pasillo de arriba.

― Aquí...―dije en voz alta, pero no mucho; no quería despertar a Cole quien se había quedado dormido entre mis brazos.

― ¿Qué estabas hac...? ―iba a preguntarme cuando lo vio― ¿Qué hace aquí?

― Le pedí que viniera. Por favor, deja que se quede esta noche.

― Phoebe...

― Abuela, por favor. Tengo miedo de que sea demasiado para él y...

― Phoebe, me estás pidiendo otro favor luego de que ni siquiera me hayas contado de su esposa e hija.

― No sabía, al menos no toda la historia. Estoy tan sorprendida como tu. Él no me había dicho, ¿Y por qué? Porque es demasiado doloroso y yo soy su novia, tengo que apoyarlo.

― Él tiene su casa o lo que sea.

― Por favor, está cansado...―le dije preocupada― Y va a estar solo...ha hecho mucho por mí y nuestra hija, ¿Por qué no puedo...?, ¿Por qué no debería hacer algo por él?

― Estás convirtiendo esta casa en un refugio para indigentes. ―me dijo suspirando.

― Por favor. ―rogué acariciando la cara de mi novio con el dorso de mi mano.

― Una noche Phoebe, sólo una. ―me dijo, y sé que si accedió no fue más que por la culpa que sentía.

La abuela dejó el salón y subió la escalera. Besé la frente de Cole. No quería despertarlo, dormía tan pacíficamente...tan plácido, pero si Prue bajaba en la mañana y lo veía aquí iba a hacer una escena, y él era como una sombra: apenas se despertara se iría sin decirme nada.

― Cole...―le susurré en el oído, besándole la mejilla varias veces― Despierta...

Se estiró un poco, pero no se movió en realidad.

― Vamos arriba, el sillón es muy incómodo...

Abrió los ojos, sus rojos e hinchados ojos y yo enrollé nuestros dedos. Lo guié hasta mi cuarto y lo hice recostarse en mi cama.

― Debería irm...―quiso decir.

― Shhh...―le pedí― Te dije que no te dejaría ir, no de nuevo.

Cole cerró sus dormilones ojos, se sentía en un lugar seguro, de otro modo no lo hubiera hecho. Le quité los zapatos, su cinturón, sus jeans y su camisa. Me dejó hacerlo. Saqué la camiseta suya que tenía guardada bajo mi almohada y se la puse. Luego apagué las luces.

― Ahora estás cómodo. ―le dije besando sus labios dulcemente.

Me abrazó con fuerza, sorprendiéndome.

― Pensé que estabas durmiendo...―le dije repasando su perfil con mi dedo índice.

― No quiero que te alejes.

Le besé la frente, luego los ojos, la nariz y nuevamente los labios. No respondí, sentí que no había nada que pudiera decir. Me ayudó a desvestirme y luego saqué mi pijama de abajo de mi almohada. Mi cama era para una sola persona, pero él me tenía abrazada con mi espalda contra su pecho, mi cabeza en su hombro y nuestras manos encima de mi vientre.

― Duerme, mañana tienes que trabajar. ―le dije orgullosamente.

― Duerme, me voy a despedir mañana. Te prometo que no voy a alejarte más.

― No me prometas nada. -susurré- Solamente actúa.

Me besó el cuello y me acurruqué para acercarme más, lo cual era técnicamente imposible cuando dos corazones se habían convertido en uno.