Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación me pertenece a mí.


❤❀ ❥ シ❣✰❦ Ƹ̴Ӂ̴ƷCapítulo beteado por Shades Ƹ̴Ӂ̴Ʒ ❦✰❣シ ❥ ❀❤


Capítulo 22: Perdón sincero

El amor es sufrido y bondadoso.

El amor no es celoso, no se vanagloria,

No se hincha, no se porta indecentemente,

No busca sus propios intereses,

No se siente provocado.

No lleva cuenta del daño.

No se regocija por la injusticia,

Sino que se regocija con la verdad.

Todas las cosas las soporta, todas las cree,

Todas las esperas, todas las aguanta.

El amor nunca falla.

1 Corintios 13: 4-8

Bella POV.

Edward… Dio Negativo… estas completamente sano, libre de alguna infección —dijo el doctor que se encargó de Edward.

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Un jadeo involuntario salió de mis labios, de los labios de Carlisle, de Emmett y de Esme. Miré a Edward quien parecía estar en estado de shock. Pálido como la nieve y tan quieto, que sí no me estuviera apretando la mano, diría que estaba petrificado.

— ¿A-Amor? —dije titubeando, esperando su reacción. Con cautela volví a intentar sacarlo de su letargo— ¿Edward, cariño… escuchaste lo que dijo el doctor? —él parpadeo varias veces y se volteo a mirarme, asintió.

—Yo… ¿está seguro? —esta vez se dirigió al doctor quien con una sonrisa asintió.

—Estamos completamente seguros, solo se detecto un nivel un poco alto de glóbulos blancos, ósea, anemia… nada que no se pueda combatir con hierro extra, aparte de una dieta a base de hierro que te voy a recetar —dijo el doctor tomando un bloc de anotación y comenzando a escribir.

El padre de Edward se levantó de la silla y se acercó hasta donde estábamos y le paso una mano por su hombro. Edward lo miró y este le sonrió, Emmett no fue tan paciente, lo levantó de un abrazo y lo aferró a su pecho, susurrándole que ya todo estaba bien, que todo había pasado. Esme se le acercó y le frotó el brazo, diciéndole que se alegraba que todo haya salido bien, por su parte Edward puso su mano sobre la de ella y le agradeció que estuviera ahí con él.

Por un momento me sentí fuera de lugar, por lo que sin que se diera cuenta me moví hacia atrás y me pegue contra la pared que estaba a un lado de la puerta.

Mi mayor satisfacción era ver a Edward volver a entablar comunicación con sus seres queridos. Tratando de reconstruir esa relación que hasta hace poco parecía perdida con el cabron de su padre. Muy a mi pesar Carlisle Cullen parecía otra persona, una muy diferente a la que había conocido hace tiempo atrás en el cumpleaños de Edward. Al parecer Esme le hacia bien y lo que en un principio creí que ella era, una de esas mujeres trepadoras que se quedaban con familias ajenas, ahora me daba cuenta que la forma en que lo miraba, a Carlisle, era la misma con la que yo miraba a mi nenito, esa cara de idiota enamorada.

Carlisle no dudo ni un minuto en venir de donde estaba, cuando Emmett le dijo que Edward lo necesitaba; tanto él como Esme se veían muy preocupados.

Estaba tan sumida en mis pensamientos que no me di cuanta que Edward se había acercado hasta donde estaba hasta que tomó mis manos y las apretó. Le sonreí y un leve sonrojo apareció en mis mejillas.

¿A dónde nos llevaba todo esto? ¿En que punto quedaba nuestra relación?

— ¿Estas bien, Bella?

— Sí ¿tu?

—Todavía no puedo creer que ya todo haya salido bien… ¿Por qué estas aquí, alejada de mi? No quiero que te alejes nunca más —dijo mientras acunaba mi rostro entre sus manos y se acercaba a mis labios lentamente.

Por inercia propia mis ojos se cerraron al saber que pronto disfrutaría del sabor de sus labios.

—Chicos, creo que deberíamos irnos, el doctor ya nos dio todos los resultados —nos separamos de inmediato y un sonrojo se apoderó de mi rostro. Carlisle nos miraba con una radiante sonrisa, detrás de él estaba Esme con una tímida sonrisa y Emmett quien movía sus cejas de forma sugestiva.

Edward tomó mi mano y se acercó hasta donde estaba el doctor y le tendió la mano.

—Muchas gracias por todo doctor.

—De nada Edward, y recuerda que es preferible que cada seis meses se hagan una prueba de estas, siempre y cuando tu pareja no siempre sea la misma —de soslayo el doctor me miró. Edward se dio cuenta de lo que el medico quiso decir y replicó un poco ofuscado.

—Quédese tranquilo doctor, lo que paso fue un error que cometí, pero mi única pareja es Bella y no pretendo que deje de serlo nunca —el rostro del medico se tiño de un rosa leve y asintió.

—En ese caso, una vez al año estaría bien. Un análisis como estos no solamente sirven para detectar el virus VIH, sino que también alguna otra anomalía —tanto Edward como yo asentimos y con un último saludo salimos del despacho.

Íbamos en el auto de Edward en un acogedor silencio. Desde que habíamos salido de la clínica ninguno de los dos había dicho nada referido el tema por el cual estábamos ahí. Su semblante era serio pero relajado.

Intente pensar en otra cosa, que no fuera nuestra relación, pero siempre terminaba cayendo en ese tema. Nos habíamos puesto como meta ir de apoco e ir recobrando la confianza que nos habíamos faltado y la que desgraciadamente habíamos perdido. Luego de todo lo que paso, ya no sabia como seguir, aun seguía con mis dudas, no referente al amor de Edward, pero sí referente a lo que pasaría en un futuro. Las consecuencias que trajo la falta de confianza que ambos teníamos para con el otro nos había envuelto en desgarradores momentos de dolor. No quería volver a pasar por eso otra vez.

Por otro lado estaba el tema de mi trabajo y el de su estudio. Él tenía que volver al instituto y yo debía buscar un trabajo, aunque eso no hacia falta, aun tenía tiempo para responder al ofrecimiento que el Instituto Kaplan International College me había ofrecido hace meses atrás. Iba a aprovechar esa oportunidad para respirar nuevos aires y conocer nuevas caras, siempre dentro de lo laboral.

No me había dado cuenta que habíamos aparcado frente al departamento de Edward hacia tiempo. Miré hacia él y este me miraba con sus ojos preocupados.

— ¿Qué pasa? —preguntó quitándose el cinturón de seguridad y volteándose hasta quedar frente a mi.

Suspiré e imité lo que él había hecho quedando frente a él.

—Solo estaba pensando en nuestra relación y en nuestro futuro, en lo que va a pasar de ahora en más —él se removió en su asiento y miró hacia el frente.

—Lo sé y puedo darme una idea de cuan difícil fue todo lo que paso para ti, todo lo que paso hizo que se formara una brecha entre nosotros y no sabes cuando me duele eso, te amo más que a mi vida…

—Edward, solo quiero que volvamos a ser los de antes, pero mejorados, quiero que nuestra relación sea como la de antes pero con un grado mas de madurez, que la confianza que teníamos vuelva, pero potenciada, quiero que confíes en mi y me cuentes cada cosa que pase por tu cabeza, así sea buena o mala, porque para eso estoy yo aquí —me acerqué a él hasta quedar sentada sobre su regazo y rodeé su cuello con mis brazos, él se aferro a mi cintura y reposo su frente en la mía—. Lo mismo puedo asegurarte yo, ambos somos nuevos en esta clase de relación. Mi vida era esquematizada antes de que tu aparecieras y me hacia una idea de que pasaría tiempo antes de que encontrará a alguien para compartir mis cosas, pero luego llegaste haciéndome quebrar cada pensamiento y norma que yo misma me había auto impuesto, haciendo que dejaramis prejuicios de lado, haciendo que me olvidara de todos y solo teniendo ojos y pensamientos para ti… —Edward esbozó una tímida sonrisa y por el temblor de su labio inferior podía asegurar que sus ojos pronto derramarían lagrimas—. Te amo Edward, y se que vamos a poder superar esto, pero para eso necesito que me asegures que tu me ayudaras.

—Te lo juro con mi vida mi amor, tú y solo tu eres la que me hace levantarme cada día, la que me hace querer ser mejor persona y alguien en la vida —me besó castamente—. Pase un infierno alejado de ti, y luego paso todo esto último y juró que sentí un miedo atroz por perderte, porque sabia que si otros hubieran sido los resultados jamás me lo perdonaría y hubiera dejado mi felicidad de lado antes de atarte a mí de por vida, mi egoísmo por ti hubiera quedado desecho —esto ultimo me tomo por sorpresa. Me alejé un poco de él para poder mirarlo.

— ¿Me hubieras dejado si otros hubieran sido los resultados? —pregunté

— ¿Es que aun no entiendes mi amor por ti? Te amo mas que a mi vida y por eso jamás hubiera permitido que tú quedaras atada a mí, no iba a permitir que sacrificaras tu juventud al lado de un enfermo sin saber que pudiera suceder en un futuro. No, yo hubiera sacrificado todo de mí por verte feliz, y si eso significaba que yo tuviera que alejarme de ti para que tú pudieras encontrar a alguien sano y completo para que te hiciera feliz… eso sería mi muerte inmediata, pero sí, lo hubiera hecho, me hubiera alejado de ti.

— ¡Oh, Edward! —un sollozo se escapó de lo más profundo de mi garganta. Lo abracé muy fuerte y escondí mi rostro en la base de su cuello. Él se envolvió en mí y me sujetó a su pecho con fuerza.

Me separé para poder besarlo y cuando lo hice sus labios se apoderaron de los míos con una fuerza desmedida, hambrientos y desesperados—jadeando se separó de mí y juntando nuestras frentes inhalo aire y luego volvió a hablar…

— ¡Bella amor, por favor! —dijo mientras posaba una de sus manos en mi pecho y lo apretaba deliciosamente por encima de la tela de mi suéter.

— ¿Por favor que? ¿Qué quieres Edward?

— ¡A ti, te quiero a ti… por favor!

— ¡Vamos a mi departamento! —me quité de su regazo y me acomodé en mi asiento tratando de recuperar el aliento que Edward me había robado con su beso.

Edward se puso en marcha y condujo por las calles como alma que lleva el diablo ¡Mi nenito estaba ansioso! Y mierda si no era así. Yo también lo estaba y mucho. Lo ansiaba. Lo necesitaba dentro de mí y saber que ya no estaríamos más separados.

En cada semáforo en rojo que tenia que detenerse se volteaba y me tomaba del rostro besándome con fogosidad. Su lengua exploraba mi boca haciéndome jadear y calentándome a más no poder.

Estacionamos frente a mi departamento y ambos nos bajamos rápido, él me tomó de la mano y nos adentramos al edificio. Dentro del ascensor el celular de Edward sonó. Maldijo y lo atendió.

—Hola… sí ¿Por qué?... No, ahora me quedaré con ella… de acuerdo nos vemos en la noche… Adiós.

— ¿Quién era? —pregunté mientras salíamos del ascensor.

—Emmett, quería saber sí volvía a casa, porque mi padre y Esme se quedaran a cenar hoy en la noche —asentí y le sonreí mientras lo abrasaba por su cintura—. Tenemos tiempo hasta la noche, mi padre quiere que cenemos con ellos al igual que Rosalie —asentí, ahora mismo no quería pensar en ninguna cena.

Salimos del ascensor y nos encaminamos a mi departamento. Al abrir la puerta Edward se quedo parado en el umbral.

¡Maldición lo había olvidado!

— ¡Oh llegaron! —dijo Demetri saliendo de la cocina con Alexandre en brazos. Miré a Edward y le sonreí sintiéndome culpable, había olvidado completamente que ellos estaban en mi departamento.

Alex se removió en los brazos de su padre y se bajo corriendo hasta donde estaba Edward.

— ¡Edwad! —gritó Alex envolviendo sus piernas. Edward le sonrió y lo tomó en brazos, adentrándose al departamento. Yo suspiré y me metí detrás de ellos.

— ¿Cómo estas Alex? mira que grande estas… Cuéntame ¿has aprendido algo nuevo en tu cole? —el niño asintió y ambos se dirigieron a uno de los sofá. Se sentaron, pero Alex se paró frente suyo.

Me enzeñalon los cololes

— ¿Enserio? A ver, hagamos una prueba… mmm… ¿de qué color es el sofá? —dijo Edward apuntando donde estaba sentado.

— ¡Blanco!grito aplaudiendo.

— ¡Muy bien Alex! Dime de que color es tu suéter… —Alex se miró a si mismo y frunció el ceño.

Uhmm… ¿azul calito?* —todos los presente no reímos por la ocurrencia de Alex. Su suéter era de color azul. Supongo que no le salía muy bien decir celeste, o simplemente se había olvidado del color.

—En realidad es celeste, no azul clarito, pero ya pronto lo vas a aprender, no hay apuros ¿verdad? —Alex asintió y se acomodo a su lado.

—Chicos nosotros dos vamos a preparar algo para comer ¿les parece? —ambos asintieron. Le hice una seña a Demetri y este me siguió a la cocina.

Preparamos hot dog y hamburguesas. Y cuando estuvo todo listo Demetri se encargó de buscarlo mientras yo ponía la mesa.

Demetri, Alex y Edward entraron en la cocina riendo a carcajadas. Edward vio todo preparado y frunció el ceño ¿ahora qué pasó?

— Bella, ¿puedo hablar contigo un segundo?

—Claro… ustedes vayan sentándose.

Nos dirigimos a la sala y Edward suspiró.

—Bella no puedo quedarme, mi padre nos esta esperando… yo… lo olvide por completo, lo siento —mi estado de ánimo cambió inmediatamente.

—Oh… pero… ¿no te puedes quedar? —negó con la cabeza mirando hacia abajo y luego como si una lamparita se le prendiera en la cabeza levantó la cabeza y me miró con una sonrisa ansiosa.

— ¿Y sí vamos todos a comer a mi departamento? A Emmett no le molestará.

— ¿Seguro Edward? A lo mejor a tu padre no le parezca…

—Mi padre no pincha ni corta en mi departamento, él solo quiere pasar tiempo con sus hijos y estoy seguro que no se opondrá a nada que yo diga.

—Bien… entonces déjame preguntarle a Demetri que le parece —me di la vuelta para ir a donde estaban los chicos.

— Bien —dijo esto último dándome una nalgada. Lo miré y jadeé por el atrevimiento. Él me miro con su sonrisa ladeada y me guiño un ojo.

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Papi, tengo hamble… —se le escuchó decir a Alex mientras íbamos en el auto hacia el departamento de Edward donde nos estaban esperando.

Habíamos guardado toda la comida que habíamos preparado con Demetri y nos la llevamos con nosotros.

Edward había hablado con Emmett avisándole que íbamos a comer, pero que llevábamos dos invitados más. Alex, un niño que no se podía guardar ningún comentario, hizo un pequeño berrinche por atrasarle su comida.

—Alex, ya no falta mucho… aguanta un poco —el niño hizo un adorable puchero con su boquita. Recordé que en mi bolso traía una barrita de cereal, se la ofrecí y este la devoró famélico—. Alex ¿Qué se dice?

Gacias…

—De nada, mi amor —dije revolviéndole el cabello.

Estacionamos frente al departamento de Edward y todos nos bajamos tomando cada uno una bolsa, donde estaba la comida. Alex le tomó la mano a su papá y nos dirigimos al edificio.

Dentro del ascensor se lo notaba a Alex un poco inquieto. Me incline a su altura y le acaricie la mejilla.

— ¿Qué sucede corazón? —pregunté de manera dulce

¿Va a vel gente?

—Sí, va a estar el hermano de Edward con su novia y una amiga mía, Rosalie,… mmm creo que tu no llegaste a conocerla, también van a estar el papá de Edward y su novia y nosotros por supuesto —agachó su cabecita rubia y asintió—. Todo estará bien, cariño, ellos son iguales a nosotros… bueno Emmett es una persona grande pero míralo como si fuera un gran oso de peluche… así lo veo yo —asintió con una tímida sonrisita en sus labios.

Salimos de ascensor y nos dirigimos por el pasillo ¡Mierda! Recordar las veces que nos habíamos besado Edward y yo, por este lugar, hacia que en mi rostro se formara una estúpida sonrisa. Entramos dentro del departamento y en la sala estaban sentados sobre el sofá, Carlisle y Esme, tomados de la mano, miré a Edward y este estaba mirando hacia otro lado. Aun le era difícil sobrellevar la situación. De la puerta de la cocina salió Rosalie con un delantal de cocina ¡Qué mierda!, ¿Rosalie estaba cocinando?

—Por fin llegaron… Hola soy Rosalie, mejor amiga de Bella y cuñada de Edward, tu debes ser Demetri ¿verdad? —dijo Rose acercándose hasta donde estaba Demetri, quien sostenía a un muy tímido Alexandre. Demetri le dio la mano y le sonrió con esa sonrisa que hasta hace unos años a mi me hacia volar.

—Si, el mismo… y este es mi hijo Alexandre… bebe, saluda a la Srita. —Alex muy, pero muy, tímidamente le asintió con la cabeza. Emmett se colocó al lado de Rose sonriendoy con una gran sonrisa le estiró la mano al niño, quien corrió hasta colocarse entre las piernas de Edward y estirarles sus bracitos. Edward lo tomó y Alex escondió su cara en el cuello de mi nenito. — Alex… —susurró Demetri algo avergonzado—, lo siento Edward, él… realmente confía en ti como jamás pensé —Edward se sonrojo levemente y le sonrió mientras le acariciaba la pequeña cabellera rubia.

—No te preocupes, a mi no me molesta, es más me gusta esto que hay entre nosotros y si a él le hace bien, pues yo feliz de la vida —dijo mientras le besaba su cabecita.

Nos dirigimos hacia la cocina entre saludos y presentaciones. Alex no se despegaba de Edward, era como un koala. Agarrado del cuello de Edward y con sus piernitas envuelta en la cintura de mi novio, de la misma forma que yo lo haría en este preciso momento si no estuviera toda esta gente y lo besaría y lo… ¿Acaso no podía estar mas caliente?

Nos sentamos a comer en un ambiente, que se podría decir familiar. Demetri hablaba con Rose, Emmett y Carlisle, mientras que Esme con toda la paciencia del mundo intentaba sacarle alguna palabra a Alex, quien se mostraba un poco más relajado, pero sin soltar a Edward quien lo tenia en su regazo, sosteniéndolo con un brazo, mientras que con el otro me rodeaba por los hombros.

Estábamos tan absortos el uno en el otro que no nos dimos cuenta cuando un flash de una cámara nos dio de lleno en el rostro a Edward, a Alex y a mi. El niño frunció el ceño hacia Rose y esta le sacó la lengua; para fascinación nuestra Alex le respondió con una carcajada encantadora y alegre.

El ambiente se había vuelto distendido. Alex ahora estaba sobre mí jugando con mi cabello, intentando hacerme un par de trenzas. Las horas pasaban y todos conversaban intercambiando opiniones respecto a lo que estaba padeciendo Alex.

No me pasódesapercibida la extrema atención que Edward le puso al asunto. Mi nenito realmente quería al niño, y por dentro me preguntaba: sí así era él con Alex ¿Cómo seria con un hijo nuestro? Me lo imaginaba, a un Edward embobado sosteniendo a un pequeño bebe entre sus brazos, meciéndole y susurrándole nanas para hacerlo dormir.

Un momento… ¿Dije nuestro? ¡Ohh ya me estaba volviendo realmente una desquiciada y una loca enamorada!

Una semana después…

— ¡Edward… amor! —oh mierda, los dedos de Edward se habían vuelto realmente unos expertos a la hora de hacerme gozar.

— ¡Shh… tranquila… que nos pueden escuchar! —me susurraba Edward mientras estábamos en mi habitación, recostados sobre mi cama e intentando por primera vez en la semana poder estar juntos.

Toda la semana estuvimos como dos adolecentes hormonados… Bueno, en realidad él es un adolescente, pero su alegría y entusiasmo me hacían parecerme mucho a él en cuando del sexo se trataba. Varias veces intentamos hacer el amor, pero algo siempre pasaba, no se daba la oportunidad, alguien se le ocurría llegar en medio del acto o simplemente ambas casas estaban con gente, impidiéndonos terminar con lo que habíamos empezado.

Y así nos encontrábamos. Edward casi sobre mi frotando mi centro, en ese punto donde él sabia, me hacia delirar.

Retiró sus dedos y suspiré por frustración. Él se arrodillo entre mis piernas y termino de retirar mis jeans y bragas que estaban a medio quitar. Desesperado como estábamos por sentirnos el uno del otro le abrí el cierre de su pantalón y se lo baje dejándolo por debajo de su trasero. Su virilidad se irguió frente a mi imponente como me tenía acostumbrada. Él, solo él sabía como complacerme.

Tan delicado como su desesperación lo dejo, él tomo su miembro y lo rodeó con la mano y comenzó a moverla rápidamente, arqueé mi espalda abriendo más mis piernas, él puso su mirada allí.

—Quédate quieta amor…—dijo por lo bajo mientras él acercaba su pene a mi sexo, su mano aferrándolo desde la base— solo… quédate quieta.

Obediente detuve mis movimientos, él acarició mi clítoris con la punta de su miembro, una y otra vez, oh Dios… ¡estaba tan caliente! Hizo movimientos de forma circular gimiendo y haciendo un esfuerzo por no cerrar los ojos, yo tenía una hermosa visión de lo que estaba haciendo. Podía llegar a venirme con solo ver su cara, una capa fina de transpiración cubría su rostro y su cabello parecía más revuelto de lo habitual.

—No sabes cómo extrañaba esto, tenerte de esta forma para mí y solo para mí —dijo él con voz contenida. Entonces deslizó su longitud por entre mis labios, sin penetrarme, pero si frotándose contra mí deliciosamente. Su pene tanteaba mi entrada con cada movimiento pero él no entró, solo se deslizó arriba y abajo contra mi vagina y mi mano libre continuó moviéndose frenéticamente contra mi clítoris.

—Edward… por favor nene… no aguanto más —dije tan caliente y desesperada por la tortura que me estaba infringiendo.

— ¿Por favor, que?

—Por favor… te necesito dentro.

— Tus deseos son ordenes… —podía escuchar su diversión en las palabras. Esto iba a ser grandioso. Cuando sentí toda la cabeza de su miembro dentro de mí, sentimos unos pequeños golpes en la puerta. Tanto Edward como yo, nos quedamos congelados tratando de acomodar nuestra respiración.

Volvimos a sentir los golpecitos, pero esta vez venían acompañados con una dulce voz ¡Oh Dios!

¡Bella… ¿puedo pasal?! —mierda…

— ¡Un momento Alex! —le grité mientras me levantaba de la cama y me ponía mis pantalones. Me encogí de hombro cuando a vi la gran erección de Edward ¡Que desperdicio! Edward me hizo un puchero mientras se dirigía al baño.

Me acomodé mi cabello y abrí la puerta.

Alex me esperaba, con un muñeco en sus manos y con una mantita en la otra, mientras se refregaba su ojo derecho. Cuando me vio me estiró sus bracitos y lo tomé colocándolo sobre mi cadera.

— ¿Qué pasa amor y tu papá? —le pregunté acariciándole el cabello y dándole un beso en su frente.

No sé, me despelte y no estaba —le sobe la cabecita, en ese momento salió Edward y le beso la cabeza.

— ¿Qué paso campeón? ¿Por qué esa carita? —Alex escondió su carita en el hueco de mi cuello y se aferró a este de manera posesiva— Apuesto que tienes hambre… ¿te apetece un chocolate?, Bella tiene guardado unos brawnies de chocolate blanco —Alex levantó la cabeza como resorte y le sonrió a Edward asintiendo tímidamente.

Estaba terminando de preparar los chocolates para los tres cuando la puerta de la casa se abrió. Demetri se hizo presente en la cocina y nos sonrió.

—Hola bebe… veo que ya has despertado. Hola Bella, Edward —dijo a modo de saludo.

—Hola Demetri ¿Quieres un chocolate? —asintió acomodándose a la par de su hijo quien apenas lo tuvo a su lado, se le trepo a su regazo.

Nos sentamos todos en la mesa de la cocina y Demetri nos paso a contar que había salido a comprar unos boletos de Bus para volver a Forks. Alex no podía perder mas días en su escuela y a él se le habían acabado los días que le habían dado en su trabajo.

Por el rostro de Edward una mueca de tristeza se había apoderado de él. Y lo entendía yo también los extrañaría, en especial a Alex. Edward se había encariñado demasiado y lo quería como si fuera suyo… algo que yo entendía. Su autobús salía a la mañana siguiente a las 10 am. Por lo que si nos levantábamos temprano podríamos pasar tiempo con Alex.

La cena estuvo sumida en una silencio un poco incomodo, tanto Edward como Alex estaban sumamente callados, algo muy particular, ya que siempre eran ellos los que nos hacían reír con cada cosa que decía. Alex parecía percibir el ambiente por lo que estaba refugiado en los brazos de Edward, quien lo sostenía con ambos brazos, envolviéndolo de manera cariñosa. En un momento levantó la cabeza y me miró como carnero degollado… mmm creo que algo quería.

Demetri se excusó diciendo que iría a preparar la cama de Alex, cuando Edward se me acercó con el niño en brazos casi dormido y me miró a los ojos.

—Bella… yo me preguntaba… que tal vez… sí tú quieres claro… que tal vez… — ¿Qué quería?

—Amor habla de una vez…

—Me gustaría que Alex durmiera con nosotros, solo por esta noche —ipso facto… mi rostro se transformo con una mueca de sorpresa ¿Qué me estaba pidiendo? No me iba a negar, por supuesto. Pero Edward no era así, él estaba actuando algo raro.

— Solo sí Demetri lo autoriza —una hermosa y tonta sonrisa se extendió por su rostro, asintiendo a mis palabras. Luego tendría que hablar con él, sobre este arranque de ternura hacia Alex.

Cuando Demetri se nos unió, Edward le pidió permiso y este acepto, con la condición de antes de que se vaya a dormir lo llevara al baño a hacer sus cosas, ya que a nosotros no nos gustaría despertarnos mojados hasta la coronilla.

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Alexandre yacía entre medio de mío y de Edward. Con sus ojitos cerrados y su boquita entre abierta. Una de sus manos estaba sobre mi estomago y la otra sobre el pecho de Edward. Mi mano estaba por sobre encima de su cabeza y acariciaba el cabello de Edward, quien me miraba con ojos adormilados.

Me sentía en el séptimo paraíso. Hacia mucho que no descansaba de esta forma, con sentimientos positivos flotando a mí alrededor. Íbamos a extrañar mucho a este pequeño, supongo que gracias a él, Edward y yo nos habíamos acercado mucho más. Alex se había convertido en parte de nuestras vidas, en especial para Edward. Extrañaba tanto estar de esta forma con él, con mi nenito… con el amor de mi vida.

Sentir que algo nos unía, me hacia sentir dichosa. Lo amaba, pero… ¿lo amaba tanto como para verme en un futuro junto a él? Sí, lo amaba tanto o más que a mi propia vida. Con Edward quería pasar el resto de mi vida y la que sigue sí hubiera otra.

— ¿En que piensas? —murmuró Edward, en voz baja para no despertar al niño.

—En nosotros, en nuestra vida juntos… en el futuro —dije mirándolo a los ojos. Edward miro hacia el techo y suspiró lento y suave.

— En el futuro… —susurró para él mismo— Bella… creo que ya no cabe duda que yo quiero pasar el resto de mi vida contigo, morir a tu lado si fuera posible… ¿tu dudas sobre nuestro futuro? —una nota de decepción se filtraba por sus palabras. Mi nenito, siempre inseguro.

—No lo sé… yo… no creo… —dije mirando hacia otro lado.

—Bella, por favor… —dijo incorporándose sobre su costado y mirándome con horror. Lo miré y una estúpida sonrisa se formo en mi rostro.

—Tonto, es una broma… por supuesto que veo mi futuro contigo, pero eso no quita que tú aun tienes un largo camino por delante. El año que viene entraras en la universidad y nosotros…

—Bella, nosotros nos seguiremos amando como siempre o aun más. Yo se que aun soy joven y que todavía me queda mucho por vivir, pero lo que tenga que aprender, lo quiero aprender contigo a mi lado, quiero celebrar mis logros a tu lado como así llorar las tristezas en tu hombro… yo ya no necesito buscar más, todo lo que necesito para vivir lo tengo frente a mi — ¡Oh mi Dios! Esa fue la declaración de amor más hermosa que alguna vez me pudieron haber hecho— Además, tu eres y siempre serás mi sexy profesora, acostúmbrate a ello — ¿Qué le podía decir a eso? No me quejaba, ya que él siempre seria mi alumno preferido y el más mimado.

—Te amo Edward —dije con el nudo formándose en mi garganta.

—Te amo Bella —dijo y se inclinó hacia mi lado sobre Alex sin llegar a despertarlo y besó mis labios con un besó lento, acariciando mi labio inferior con su lengua.

Con que en esas estaba el maldito… bien ¿quería jugar? Pues juguemos.

Tomé su lengua entre mis labios y succione. Un jadeo salió de lo mas profundo de su ser. Asustado por despertar a Alex se apartó de mí mirándome con sus ojos entrecerrados. Le sonreí lujuriosamente y me levanté tratando de no despertar al pequeño. Sin dejar de mirara Edward me baje de mi cama y me fui directamente a mi guardarropas, tomé un conjunto que tenia preparado para alguna ocasión y lo guarde sin que él lo viera. Me metí en el baño y me desprendí de toda la ropa que me sobraba. Me coloque el pequeño trapo de encaje fino color negro y tirantes que nada dejaba a la imaginación y unas bragas a juego, solté mi cabello y lo acomode a modo que quedara desordenado y con un toque salvaje, me coloqué un poco de gloss en mis labios y me miré en el espejo del baño para comprobar que todo estaba como se me había ocurrido. Guardé la ropa de dormir dentro del placar de las toallas y me preparé.

Encendí unas pequeñas velas alrededor de la bañera y por el lavabo. Apagué las luces pero deje encendida solo la que estaba sobre el espejo encima del lavabo. Cuando todo estuvo listo, me dije que ya era hora.

¡Edward aprendería a no tentarme de esa forma!

Abrí muy despacio la puerta y asomé solo mi cabeza para comprobar que Edward estuviera despierto. Cuando mis ojos se encontraron con los suyos se sorprendió, le hice una seña para que viniera y deje mi dedo índice apoyado en mis labios para que guardara silencio y no despertara a Alex… ¡Mierdaaa! Alex estaba en mi cama y yo estaba en la habitación de al lado aguardando a Edward para tener sexo. Definitivamente estaba desquiciada.

Sentí lo pasos de Edward acercándose hacia la puerta del baño, y me acomodé sobre el lavabo apoyando mis codos, dejando mi trasero elevado y expuesto para él. Lo necesitaba tanto, que si no estábamos juntos, me prendería fuego, y estaba segura que él también.

Edward entró despacio y cauteloso. Al ver toda la escena montada se sorprendió y abrió sus ojos aun más de lo que estaban, al verme vestida de la forma en que estaba. De apoco una sonrisa se fue dibujando en su rostro mientras cerraba la puerta detrás suyo. En sus ojos se estaba formando ese fuego que abrazaba mi cuerpo. Detrás de él se escuchó el prestillo de la puerta y comenzó a caminar muy lentamente sin despegar los ojos de mí, recorriendo mi cuerpo. Llego hasta situarse detrás de mí y apenas rosó su ya creciente erección contra mi trasero, un ronroneo golfo se escapo de mis labios y deje caer mi cabeza sobre mis manos. Las manos de Edward comenzaron a acariciar mis muslos muy despacio, ascendiendo y posándose sobre mis caderas. De un solo jalón me atrajohacia él de modo que un choque se produjo entre los dos, logrando que ambos jadeáramos.

Comencé a tortúralo girando mi trasero sobre su miembro. El quiso llevar sus manos hacia mis pechos pero se las aparte de un tirón. Me separé de él y lo empujé contra el borde del lavabo. Tomé su rostro entre mis manos y lo besé con hambre y lujuria, arrancando sus cabellos de manera brusca, mordiendo su lengua, sus labios y su mentón. Pasando mi lengua por su cuello, chupe su nuez de Adán. Quería marcarlo, quería que todas las putas perras del mundo supieran que él era mío. Succioné a uno de los lados de su cuello y pasé mi lengua sintiendo el sabor metálico de la sangre cuando esa sensible zona del cuello era succionada. Edward echo su cabeza hacia atrás y se aferró al borde de mármol elevando sus caderas en busca de fricción.

— ¿Qué quiere mi nenito? —le dije llevando mi mano derecha hacia su entrepierna y frotando por encima de la tela de su pijama. Edward gimió alto y a modo de reprimenda le apreté su pene. Él pegó un respingo y abrió los ojos mirándome. Su respiración se había vuelto entrecortada— Mantén el silencio o esto se termina aquí… no queremos que nos vuelvan interrumpir ¿verdad? —Edward negó efusivamente, respirando con dificultad.

—Por favor Bella…

— ¿Por favor, que? —le pregunte volviendo a acariciar su grande miembro, solo que esta vez por dentro de su ropa de dormir y bóxer.

— Sí sigues así… no podre… —me estaba dando pena, pero yo estaba tan o mas desesperada que él, podía sentir mi humedad empapar mi braga y esa sensación de dolor por saber que esa zona estaba necesitada de él. Me separé y me dirigí hasta el placar donde guardaba las toallas; saque un par de ellas y las esparcí por el suelo del baño. Edward miraba cada movimiento que hacia sin despegar sus ojos de mi cuerpo.

—Recuéstate —dije, y ni lento ni perezoso me hizo caso.

—Ahora quiero que me complazcas por todas las veces que me hiciste llorar —dije con un puchero en mis labios. Él desgraciado sonrió y me estiró los brazos para que me acercará.

Me senté a horcajadas sobre él, pero antes de que mi centro tocara su miembro él me tomó de las caderas e hizo me acercara hasta dejar su cabeza ente mis piernas.

¡Oh joder, esto era tan putamente erótico!

—Siempre eh querido hacerte esto… —dijo mientras pasaba sus brazos alrededor de mis piernas y me sujetaba a su rostro.

—Edward yo… —mierda, esto no me lo esperaba. No me dio tiempo a terminar de articular palabra, cuando sentí uno de sus dedos dentro de mí. Casi me desmayo encima de él.

Tiré mi cabeza hacia tras y mi boca se abrió gimiendo como posesa. Edward se rió y tomo una de las toallas, la enrosco y me la dio.

—Muerde esto amor, no queremos que nos vuelvan a interrumpir ¿verdad? — ¡Maldito hijo de…! Me incliné de manera que mi centro quedara frente a su rostro, le estaba mostrando que era lo que pedía, lo que mi cuerpo estaña necesitando. Él entendió y sin mediar enterró su rostro entre mis piernas.

— ¡Oh Edward… bebe… ahh! —dije antes de morder la toalla que me había dado. Su lengua estaba jugando con mi punto sensible. Mis caderas comenzaron a mecerse inconscientemente gracias a la boca de Edward.

Edward chupaba, succionaba y hasta mordía suavemente mi botón de placer, logrando que me retorcierá como una jodida perra en celo. Ya casi no aguantaba. Esa conocida sensación se estaba arremolinando en mi bajo vientre, sentía arder toda esa zona. Edward incremento los movimientos con su lengua y me deje ir cuando sentí como me zurraba mi trasero.

— ¡Oh…Edward…Edward! —apoyé mis manos por sobre su cabeza, pero él tenia otras intenciones.

Hizo que me volteará y pegue un respingo cuando mi espalda sintió el frio de los azulejos del piso. Las putas toallas se habían corrido. Edward se arrodillo entre mis piernas y alineó la punta de su pene en mi entrada. Me tapé la boca con la toalla y grité en ella cuando lo sentí completamente dentro de mí. Sus manos se situaron a los lados de mi cintura en el piso y su cadera comenzó a mecerse dentro y fuera, en círculos… ¡Oh, él sabia como hacerlo!

Quería besarlo, necesitaba el sabor de su boca y su lengua batallando con la mía. Lo atraje hacia mí, y acalle mis gemidos en su boca y los de él en la mía.

— ¡Oh Bella… no sabes… como extrañaba… estar dentro de ti! —dijo con su respiración entrecortada.

— ¡Y yo el tenerte dentro mío bebe! —Edward aceleró sus embates y no lo resistí, tiré mi cabeza hacia atrás cerrando los ojos.

—Ábrelos… abre los ojos amor, quiero verte llegar al nirvana conmigo —como negarme a lo que me pedía. Él podía pedirme un brazo y yo simplemente se lo daría. Él me pediría mi corazón y yo gustosa me lo arrancaría, dándoselo en una bandeja de plata.

Abrí mis ojos y Edward me llevo hacia él tomándome de la cintura, quedando sentada a horcajadas suyo. Mis ojos no dejaban los suyos mientras mi cadera subía y bajaba sobre la suya, frotándose sobre él, hundiéndose cada vez más, logrando esa perfecta unión entre ambos. El beso mis pechos, para luego recorrer todo mi busto hasta mi cuello y finalmente unir nuestros labios.

Él me tomo de mis caderas y apretó esa zona. Estoy segura que eso dejaría marcas mañana mas no me importaba, no mientras él me hiciera llegar al mismísimo cielo. Un erótico gemido dejo escapar su garganta y con eso no me aguante más, me deje ir, mirándolo a los ojos, apretándolo, exprimiéndolo y dejando que me llenara. Sentí como me llenaba con su cálido líquido. Sus espasmo pos coital iban desapareciendo al igual que los míos que aúnseguían apretando su miembro dentro mío. Fue le mejor orgasmo que me pudo haber dado.

—Te amo… —dijo luego de unos segundos, abrazándome con sus brazos. Lo miré al rostro y su frente estaba perlada en sudor, unos mechones de cabello oscuro estaban pegados en su frente. Barrí con mis dedos su rostro y lo acune con mis manos…

—También te amo…—dije y bese su boca con un casto beso. Él intento profundizar y lo estaba logrando hasta que sentí como su pene comenzaba a cobrar vida dentro de mí.

—Tranquilo semental, tenemos toda la tarde de mañana para compensar los días que estuvimos lejos —un hermoso puchero se formo en su boca y sentí la necesidad de morderlo. Cuando me estaba inclinando para cumplir mi cometido un golpecito se escucho en la puerta.

¡Demonios! Gracias al cielo que Edward había cerrado la puerta con seguro.

¡¿Bella…Edwad, están ahí?!

—Alex… —dijimos Edward y yo al mismo tiempo levantándonos como resortes— ¡Uhm cariño, sí veraz Edward no se sentía muy bien, pero ya salimos…vuelve a la cama! —pegué mi oreja a la puerta y escuché como se alejaba hasta que no lo escuché más—. Rápido démonos un baño de emergencia —ambos nos metimos en la ducha y en menos de cinco minutos nos estábamos secando. Me había colocado la ropa que antes tenia y guarde todo lo sucio incluyendo mi conjuntito de encaje dentro del armario de las toallas; Edward se colocó su pijama y apago todas las velitas.

Cuando estábamos apunto de salir de la puerta del armario de las toallas salía un parte de mi camisón, Edward tomo y lo extendió frente a su rostro.

— Me encanta esto…te hace ver tan sexy.

—Idiota, deja eso y salgamos de aquí.

—Mañana en la tarde no te me escaparas, no te daré descanso.

—Oh lo espero ansiosa.

Cuando salimos, miramos hacia la cama y Alex ya se había dormido. Nos acostamos los dos boca a bajo y pasamos un brazo por encima del cuerpito de Alex tomándonos de las manos.

—Algún día espero vivir esto con nuestra propia familia Bella —susurró Edward antes de cerrar sus ojos. No pude responder nada a eso. No me había dado tiempo. Pero de algo estaba completamente segura, y era que yo también anhelaba vivir esto en un fututo con nuestra propia familia.

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Nos encontrábamos en la tienda de artículos varios que estaba en la estación de bus. Demetri y Alex estaban esperando que los llamaran por los altavoces. Edward tenía en brazos a Alex y este le compraba todas las golosinas que Alex le señalaba, según Edward eran para su viaje aunque este no durara menos de tres horas.

Cuando por fin anunciaron que ya era hora, nos dirigimos hacia el bus. Edward no quería soltar a Alex y su vista se había nublado, ahora realmente no sabíamos cuando lo volveríamos a ver, todos estaríamos muy ocupados. Cuando finalmente lo soltó Alex se tiró a mis brazos y un pequeño sollozo salió de su boquita, partiéndome el corazón, no quería dejarlo irse. Demetri abrazaba a Edward y le daba las gracias por ser de la forma que era con su hijo.

Me separé un poco de Alex y este refregaba sus ojitos.

—Campeón no tienes por que llorar, nos seguiremos viendo.

¿Cómo? Edwad y tu vivilan lejo —dijo acariciando mi rostro ¡Dios!

—Mira Edward tiene unas sorpresa para ti —le tiendo mi bolso a Edward y de adentro de el saco una MacBook y se la pasa a Alex quien se había bajado al piso. Edward había comprado una Mac para mantenerse en contacto con ellos dos a sabiendas que Demetri y Alex no tenia una.

—Es un regalo para ti Alex, es para que podamos vernos cuando tu quieras, tiene todos los programas que se necesitan para hacer videos llamadas… así no estaremos tan lejos

La boquita de Alex estaba tan abierta que no podía articular palabra alguna. Se abrazó a Edward y este le frotó su cabello. Los altavoces hicieron la última llamada y Demetri tomó a Alex en brazos, tomó su maleta y me miró.

—Gracias por todo Bells, eres una gran persona y tu Edward también… nunca dejen de amarse y tu cuídala.

—Gracias… y quédate tranquilo que lo haré —Demetri asintió y caminó hasta pararse frente al hombre que guardaba las maletas, se dirigió hacia la puerta y subió con Alex quien miraba su Mac embelesado. Sus manos se agitaban por la ventana mientras se despedían cuando el micro comenzó a andar.

Un suspiró salió de Edward, lo miré y este me miró. Una lujuriosa sonrisa se comenzó a formar. Y ese fuego que tanto amaba en su mirada comenzó a abrazar mi cuerpo.

¡Oh si… mi nenito quería comenzar a jugar de nuevo!

—Tú no pierdes el tiempo ¿verdad? —Negó con su cabeza, y se volteó para tomarme de mis caderas mientras me llevaba caminando hacia atrás para mi auto— pensé que estabas triste por Alex —dije mas mimosa de lo que hubiera deseado.

—Y lo estoy pero me aseguré de regalarle la Mac para no sentirme tan alejado de él, por lo que ahora mismo se que tal vez mañana lo volveré a ver —él me apretó a su cuerpo y me tomó por la nuca—. Pero ahora mismo quiero recuperar los días perdidos y tú me pedirás piedad para darte un respiro —y sin más me besó con toda su fogosidad.

Esta vez le daría batalla, como que me llamo Isabella Swan que el que pediría piedad seria él.


Bien aqui les dejo el cap de mi bebe... ya no le queda casi nada, pero a no desesperarse que hay sorpresas...

las quiero mucho y gracias por sus reviews

***Gis Cullen***