ADAPTACIÓN. Ni los personajes ni la historia me pertenece, está adaptado por Martasnix.
Capítulo 21
Zoe llamó a la puerta del baño, la abrió y le dio a Harper una blusa de seda brillante, bragas de seda blanca y unas medias nuevas.
-Creo que te servirán.
-Gracias -Harper, recién salida de la ducha, estaba ante el tocador envuelta en una toalla. Tenía el pelo rubio, que llegaba a la altura de los hombros, mojado, y la piel marfileña enrojecida y húmeda debido al vapor.
La toalla apenas la cubría, y Zoe notó una instantánea punzada de excitación. Pero no tenían tiempo. Lo sabía, y aun así tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no arrojar la toalla al suelo y poner las manos sobre los pechos de Harper. Le encantaba oír a Harper cuando estaba excitada y se moría de ganas por contemplar de nuevo un orgasmo suyo. Por tocarla hasta lo más íntimo, por dominarla completamente. Nunca había deseado poseer a una mujer de aquella forma.
-Me temo que mi sujetador no te servirá -dijo esforzándose por hablar con ligereza a pesar de que tenía la garganta seca de deseo.
-Me arreglaré durante unas horas -Harper sonrió mientras ponía la ropa prestada sobre el tocador. El traje que llevaba el día anterior estaba colgado en un toallero. Apoyó la cadera en el tocador y bebió el café que Zoe le había preparado mientras ella se estaba duchando-. Te agradezco que recojas mis cosas en el hotel. Apenas tengo tiempo de ir en taxi al aeropuerto y tomar el avión.
-¿Siempre vives así? ¿Te llaman y te dicen que te presentes inmediatamente?
-No suelo moverme tanto. Los últimos meses han sido frenéticos, y después de lo ocurrido esta semana... -Harper se encogió de hombros. Su identidad había estado a punto de descubrirse cuando una investigación clandestina había seguido al servicio de acompañantes que ella utilizaba como tapadera en Washington. Esperaba permanecer en la Costa Oeste hasta que le adjudicasen una nueva identidad, pero le habían ordenado ir a Manhattan casi de inmediato para la inauguración de la galería-. Casi nunca nos dan explicaciones. Tengo que hacer un trabajo y lo hago.
-Ya sé que no puedes contarme esas cosas y no te las voy a preguntar -Zoe tiró del borde de la toalla hasta que la hizo caer al suelo; las pupilas de Harper aletearon y brincaron. Sorpresa y deseo. Prevención y gratitud.
-Zoe -murmuró Harper dejando el café sin fijarse dónde.
Zoe se apretó contra ella, desatando el cinturón de su bata para que los cuerpos de ambas se tocasen, piel contra piel.
-Me basta con que me digas que vas a volver -deslizó los dedos entre los bucles enmarañados en la nuca de Harper y la besó con ternura-. Dime que no ha sido solo una noche.
-¿Una noche? Oh, no -Harper ladeó las caderas y puso a Zoe contra el tocador acariciándole los pechos mientras se restregaba contra ella-. No. Es mucho más que eso.
-¡Dios, cómo te deseo! -Zoe se arqueó bajo las manos de Harper mientras su lengua dibujaba círculos sobre sus labios, saboreando su ardor-. Quiero creerte.
-Créeme -Harper bajó la cabeza e introdujo un pezón hinchado en su boca. Lo lamió, lo mordió y pegó la mejilla al desbocado corazón de Zoe-. ¡Dios, tengo que irme! No puedo seguir con esto. Lo siento.
Zoe, jadeando, apartó la boca de Harper de su piel.
-Quiero que te vayas -ante la desolación que se dibujó en el rostro de Harper, se apresuró a sacudir la cabeza-. No, cariño. Solo de momento -soltó una risita-. No me atrevo a imaginar qué te harán si no te presentas donde quiera que te hayan llamado.
Harper siguió la curva del labio inferior de Zoe con los dedos.
-No es tan malo como crees. Pero tengo que hacerlo.
-De acuerdo -Zoe la besó con ternura y, luego, la apartó suavemente-. Te estaré esperando.
Miércoles, 19 de septiembre.
Reyes movió los hombros y puso la cabeza de Blake sobre su pecho.
-Lo siento -farfulló Blake-. Me dormí.
Cuando Blake hizo ademán de apartarse, Reyes la retuvo con un brazo.
-No. Vuelve a dormir -aunque el sueño de su amante no parecía muy tranquilo, como daban a entender los sobresaltos y gemidos que lo salpicaban. Reyes pensaba que si la comandante les había ordenado descansar a las dos era porque lo creía necesario. Y ella misma admitía que la expresión alucinada de Blake y sus negras ojeras resultaban preocupantes.
-¿Dónde estamos? -preguntó Blake cerrando los ojos y metiendo la cabeza bajo la barbilla de Reyes. A mayores, la abrazó por la cintura pues quería fundirse con ella. La horrible separación del hospital había quebrado sus últimos restos de control.
-A una hora del aeropuerto de Jacksonville -Reyes apoyó la mejilla sobre la cabeza de Blake.
-Te has puesto la medicación, ¿verdad?
-Sí, las tres inyecciones -respondió Reyes. Blake no dejaba de preocuparse por ella desde que habían abandonado el hospital por la mañana. Aunque Reyes ya no estaba en período de observación obligatoria, Blake seguía agitada, controlándolo todo, como si temiese que Reyes pudiese enfermar de repente -o algo peor- si bajaba la guardia un momento-. No voy a caer enferma, cariño.
-Ya lo sé -se apresuró a decir Blake-. Sí, lo sé.
-¿Te parece oportuno meterme de buenas a primeras en tu familia?
Blake, con los ojos cerrados, reconfortada por los latidos regulares del corazón de Reyes, sonrió y asintió, medio dormida.
-Te adorarán porque enseguida se darán cuenta de que yo te adoro.
-¿Y si se dan cuenta de que yo también te adoro? -Reyes besó a Blake en la coronilla-. Da la casualidad de que no puedo mirarte sin que se me note.
Blake cerró los ojos para reprimir las lágrimas. «No me dejes, por favor. Te necesito muchísimo.»
-¿Cariño? -Reyes acarició la espalda de Blake. Como no obtuvo respuesta, susurró-: Perfecto. Te has dormido.
Blake fingió que estaba dormida mientras se sumergía en el olor y el tacto del cuerpo de su amante. En lo más profundo, un pequeño resquicio del vacío que amenazaba con consumirla se llenó con la certeza del amor. Después, cuando el dolor y el miedo de sus sueños en vela remitieron un poco, se durmió al fin.
-Ahí está Callie -dijo Clarke, emocionada, inclinándose sobre Lexa para mirar por la ventanilla del vehículo.
Lexa frotó la columna de Clarke con la mano sin acabar de creer que pudiese tocarla. Tras salir del hospital, habían volado directamente a Boston, donde Indra y Harper las esperaban en un coche de la sección local del FBI. Conducía Pramheda, y Murphy se ocupaba de la protección. Indra y Harper se sentaron frente a ellas. Lexa agachó la cabeza para ver qué miraba Clarke y la besó, de paso, en la oreja.
-Cuidado -murmuró Clarke acariciando la rodilla de Lexa-. Tenemos compañía.
-Te echaba de menos -susurró Lexa, pero entró en razón y pospuso el siguiente beso hasta que estuviesen solas. Aunque parte de su mente estaba inmersa en las sensaciones que creaba el cuerpo de Clarke junto al suyo y en el rastro de olor a miel de su champú, observó las grandes casas retiradas de la estrecha carretera y situadas dentro de amplias parcelas con cercas de madera, valorando la seguridad de su nueva base de operaciones-. Buena elección.
-La última casa de una calle sin salida -comentó Clarke-. En un alto y con el océano detrás. Los puntos de aproximación son limitados, y tenemos una vista de trescientos sesenta grados.
-Muy bien. Sería usted una agente perfecta, señorita Griffin -Clarke soltó un bufido, y Lexa se rió y le cogió la mano-. Y, según el plano que Callie nos envió por fax, la casa de invitados donde se alojarán Indra y Harper está entre la casa principal y la playa. Vigilaremos el perímetro con el complemento habitual de agentes.
-Me alegro de que lo apruebe, comandante -Clarke dio un rápido beso a Lexa en la mejilla y salió del coche casi sin dar tiempo a que el vehículo frenase.
Lexa soltó un taco por el fallo de seguridad y salió detrás de Clarke, seguida por Indra y Harper. Cuando alcanzaron a su protegida, formando un triángulo en torno a Clarke, la joven rodeaba con los brazos el cuello de una mujer morena y musculosa -vestida con camiseta blanca y pantalones de estilo militar- y daba vueltas a su alrededor como una peonza. La mirada de Lexa se cruzó con los ojos negros y alegres de Callie Torres cuando Clarke puso al fin los pies en el suelo. Callie, heredera de una dinastía empresarial y propietaria de Torres Point, abrazó a Clarke por los hombros y sonrió.
-Me dio la impresión de que este era el lugar que necesitabais. Las casas restantes son residencias de vacaciones y en esta época del año están vacías. Tendréis este rincón de la isla solo para vosotras.
-Te lo agradezco -dijo Lexa. Si no fuese por la alianza de oro que Callie lucía en la mano izquierda, su aspecto sensual y su actitud confiada harían pensar que seguía siendo la rompecorazones de siempre. Sin embargo, Lexa conocía a su compañera, la capitana de navío Arizona Robbins, y sabía que eso se había acabado. Mientras ellas hablaban, los otros agentes aparcaron el coche en el garaje abierto situado en el lateral de la casa de la playa de dos plantas, construida en madera de cedro, y se adentraron en la maleza para supervisar las dunas circundantes.
-Si queréis, os enviaré a mi equipo -dijo Callie refiriéndose a la empresa de seguridad privada que ella utilizaba. Los hombres y mujeres de su equipo personal llevaban años con ella, y todos habían superado un riguroso examen de antecedentes.
-A lo mejor te tomo la palabra. Pero de momento me basta con que sobrevuelen la zona cuatro o cinco veces al día y me informen de cualquier cosa rara que vean.
-De acuerdo.
Clarke aferró la cintura de Callie con cariño.
-Gracias por todo esto. No esperaba volver a colarme en tu casa tan pronto -apenas una semana antes, Clarke se había refugiado del caos de Manhattan en Torres Point, en la seguridad de la isla privada de su antigua compañera de colegio. Permaneció allí menos de veinticuatro horas, hasta que llegó un contingente de militares en helicóptero para conducirla directamente a la Casa Blanca.
-No hay problema -dijo Callie seria-. Siempre me alegro de verte. Y Arizona estará encantada de hablar contigo también en esta ocasión -sus rasgos angulosos se arrugaron-. Si las cosas se arreglan en la base de una vez por todas. Siguen en situación de alerta máxima. No para mucho en casa.
-Esta vez nos quedaremos una temporada -afirmó Clarke con una triste sonrisa. Ya no tenía casa. Callie era de esas amigas que nunca hacen preguntas. Zoe y ella habían sido las confidentes más próximas a Clarke en la escuela preparatoria y desde entonces le habían ofrecido apoyo incondicional. Cuando Clarke llamó a Callie y le explicó qué tipo de lugar necesitaba para alojarse, Callie se limitó a decir que ya se ocuparía ella. Y lo había hecho-. No sabes lo mucho que significa para mí.
-Aprovecharé cualquier excusa para venir a verte. -Callie dio un fugaz beso en la mejilla a Clarke-. Vamos, te enseñaré la casa.
Lexa vio a las dos mujeres subir las escaleras del brazo y desaparecer en el interior de la casa después de que Callie abriese la puerta. Harper se reunió con Lexa en el camino de losas que conducía a la casa mientras Indra descargaba el equipaje del coche.
-Parece un buen lugar -observó Harper.
-En efecto.
-Clarke tiene buen aspecto; tal vez un poco delgada.
-Hasta el momento las pruebas han sido normales -Lexa suspiró-. Aunque Fazio tiene lesiones cutáneas.
-Sí, ya lo sé -Harper había leído los detalles esa mañana en el informe central de Inteligencia (un resumen de todos los datos de Inteligencia pertinentes recopilados por la CIA, el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional y otras entidades en las veinticuatro horas previas). Naturalmente, no podía saber qué datos ofrecían de buena fe o cuáles retenían los diferentes organismos, pero cualquier detalle era mejor que nada-. Fue el más expuesto, ¿no?
-Sí, y cortes en el afeitado pudieron facilitar la propagación de la infección. La capitana Andrews cree que seguramente se recuperará. Hemos tenido suerte.
-Pero sigues preocupada por Clarke.
Lexa no dijo nada.
-Es una mujer muy capaz, Lexa. Por lo que sé, antes de que tú llegases, convirtió el dar esquinazo a la fuerzas de seguridad en un arte. Y nunca le pasó nada.
-Alguien estuvo a punto de dispararle la semana pasada -dijo Lexa con los ojos clavados en la puerta tras la que había desaparecido Clarke.
-Pero no le dispararon, y otros atentados también han fracasado. Tienes un buen equipo, y no permitiremos que le ocurra nada.
Lexa apartó la vista de la casa y miró a Harper a los ojos.
-¿Por eso estás aquí? ¿Para colaborar en la protección de Clarke?
Harper sonrió.
-No, pero ya que estoy, ayudaré.
-¿Has venido directamente desde Virginia?
-Sí, ¿por qué? -preguntó a su vez Harper con cautela.
-Pensaba que tal vez hubieses pasado por Manhattan.
-Me temo que la agenda no me deja espacio para desvíos. y, en todo caso, eso sería personal -en la voz de Harper había un claro tono de advertencia.
-Lo siento, ha sido una impertinencia -Lexa resopló-. Todo el mundo está un poco nervioso, y yo también. Zoe es la mejor amiga de Clarke, y. ..
-Lexa, no quiero hablar de Zoe Monroe.
Lexa observó a Harper con atención, sorprendida por el leve temblor de su voz, aunque su hermoso rostro no expresaba nada.
-De acuerdo. Como dije, ha sido una impertinencia. Disculpa.
-Disculpa aceptada.
-En cuanto Clarke se instale, Indra, tú y yo tenemos que hablar. Me reuniré con vosotras en cuanto pueda.
-Tenemos que montar mucho equipo. Seguro que no nos queda ni un minuto libre -Harper se dirigió al estrecho camino que rodeaba el lateral de la casa para ir al pabellón de invitados.
-Harper.
Harper miró por encima del hombro con expresión interrogante.
-Gracias por ayudar en la seguridad de Clarke.
-De nada -Harper sonrió y se marchó.
Lexa la observó hasta que desapareció, subió las amplias escaleras de madera que conducían a la casa y entró.
-¿Clarke? -se dirigió a la cocina. Pramheda estaba en la terraza de atrás-. ¿Todo en orden?
-Limpio y despejado -respondió Pramheda-. Es un buen sitio, fácil de proteger.
-Estupendo. Que Murphy se sitúe delante, y que el segundo equipo os releve a las ocho.
-Hecho, comandante.
-Sé que no estoy al mando oficialmente, pero...
Pramheda sacudió la cabeza.
-Sabemos quién es usted, comandante. Todo el mundo lo sabe. Estamos encantados de obedecer sus órdenes.
A Lexa no se le ocultaba que Pramheda se refería a la bala, destinada a Clarke, que había recibido ella, el acto de mayor sacrificio de un agente del Servicio Secreto. Algunos la consideraban una heroína. Para ella, en cambio, era una gran suerte que no hubiesen herido a Clarke.
-Gracias. Estaré con la señorita Griffin.
-Sí, señora.
Cuando subía las escaleras, Lexa se cruzó con Callie, que bajaba.
-Gracias de nuevo.
Callie sonrió.
-De nada. Oh, Clarke me ha dicho que muevas el culo y subas.
-Vale, mensaje recibido -respondió Lexa subiendo las escaleras de dos en dos. Mientras buscaba a su amante, oyó que se cerraba la puerta principal. Abrió la única puerta cerrada en el lado de la casa que daba al mar y entró en una espaciosa habitación. Escudriñó la estancia por pura rutina fijándose en la ubicación de las ventanas y las puertas. Había una gran cama de matrimonio, a juego con el tocador y las mesillas de roble estilo Misión, un sillón y una lámpara. A través de los ventanales de cristal deslizante se veía una amplia terraza de cedro. Lexa se volvió hacia la cama. Clarke estaba recostada en los almohadones, con una inmaculada sábana blanca sobre la cintura. A Lexa le pareció que estaba desnuda.
-Deduzco que me estabas buscando.
-Y yo deduzco que eres una agente del Servicio Secreto.
Lexa estiró el brazo y cerró el pestillo de la puerta. Sin apartar los ojos de Clarke, se quitó la chaqueta mientras caminaba lentamente hacia la cama.
-Perfecto -dijo Lexa.
-¿Y qué significa exactamente la palabra servicio?
-Bueno -susurró Lexa dejando el arma en la mesilla al tiempo que se descalzaba-, eso es secreto, ¿no?
-No se lo diré a nadie -Clarke apartó la sábana y se acercó al borde de la cama, extendió la mano y agarró el cinturón de Lexa-. No te muevas.
Lexa bajó la vista, observando a través de los párpados entrecerrados cómo Clarke desabrochaba el cinturón hábilmente y se lo quitaba con un rápido movimiento. Tomó aliento cuando los dedos de Clarke se deslizaron bajo la cinturilla del pantalón, soltaron el botón y bajaron la cremallera. Luego, Clarke aflojó la camisa de Lexa y se inclinó para besar el estómago de su amante, que echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido. Con los ojos cerrados, Lexa hundió los dedos en los cabellos de Clarke.
-Cariño, ¡cuánto te he echado de menos!
-Quítate la camisa -murmuró Clarke sin despegarse de Lexa, lamiéndola-. Y los pantalones.
Lexa se apresuró a obedecer, con manos temblorosas, tropezando cuando Clarke describió círculos con la lengua alrededor de su ombligo. Puso la mano en la nuca de Clarke para detener las peligrosas exploraciones.
-Por Dios, espera un momento, ¿no puedes?
-Oh, creo que no. Llevo días esperando -en cuanto Lexa se desnudó, Clarke la abrazó por las caderas y la arrastró hacia sí. Mordisqueó el cuello de Lexa mientras restregaba la pantorrilla contra los muslos de Lexa-. Me voy a correr ahora mismo.
Lexa, entre gemidos, la besó en la garganta, la mandíbula y la boca. Saborearla después de tantos días de miedo y preocupación era como encontrar un estanque de agua cristalina en medio del desierto. Bebió y se deleitó explorando con las manos el cuerpo de Clarke, acariciando las cimas de sus pechos y deslizándose sobre el abdomen para bailar en el interior de sus muslos. Se demoró en la boca de la joven, absorbiéndola, llenando con su luz los rincones oscuros del interior. A continuación, se incorporó para ver los ojos de Clarke.
-Te amo.
-Estos días ... creí que me volvería loca si no me tocabas -los ojos de Clarke parecían velados bajo los temblorosos párpados-. No dejes que me corra ya.
-Entonces me levanto -murmuró Lexa apartándose.
-Nooooo -protestó Clarke aferrando con ambas manos las caderas de Lexa y apretando el sexo contra el rígido muslo de Lexa. La presión sobre su clítoris duro y excitado la hizo gritar.
-Te vas a correr si sigues haciendo eso -advirtió Lexa sin convencimiento. Quería que Clarke se corriese. Acarició con dos dedos un pezón erecto y lo apretó.
Clarke se estremeció y buscó a ciegas la mano de Lexa, arrastrándola hacia abajo e introduciéndola entre sus muslos.
-Fóllame. Oh Dios, Lexa, fóllame.
Lexa rodeó con un brazo los hombros de Clarke y la apretó contra su cuerpo mientras la penetraba, consciente de lo que ocurriría a continuación. Clarke galopó en el círculo de los brazos de Lexa, echando la cabeza hacia atrás al sentir el orgasmo.
-¡Oh Dios, Dios, Dios! -gimió Clarke.
-Así, cariño. Así -Lexa se regodeó con la reacción de Clarke, adorando la belleza pura y limpia de su pasión. La penetró, se retiró y la penetró de nuevo, ansiando sentirla viva y vital, gritando de placer en la seguridad de sus brazos. La arrastró a otro orgasmo y comenzó otra vez. Clarke sujetó la muñeca de Lexa. -No puedo ... correrme ... otra vez.
Lexa se detuvo al instante, manteniendo la mano dentro de Clarke mientras apoyaba el rostro en la cabeza de la joven. Intentó ocultar las lágrimas que bañaban sus mejillas, pero Clarke se dio cuenta. Siempre se daba cuenta.
-No llores, cariño. No llores -Clarke puso la cabeza de Lexa sobre su pecho y la acunó.
-Solo necesito un momento para recuperarme -murmuró Lexa enterrando la cara en el cuello de Clarke-. Dios, ¡qué miedo he pasado!
A Clarke se le encogió el corazón y abrazó a Lexa con fuerza.
-Me tendrás todo el tiempo que quieras. No voy a dejarte nunca. Nunca.
