Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a J. K. Rowling

N/T: AkashaTheKitty es la autora de este fic. Yo, Moon Dahee, soy la traductora.


Capítulo 21

Hermione se levantó despacio de su muy agradable, larga y cómoda siesta. Musitó y se estiró con pereza. Le pareció que aún llevaba la ropa de salir y que estaba acostada sobre el edredón. Eso era extraño. Rara vez se quedaba dormida sobre la cama tan tarde. Frunció el ceño y se apoyó en los codos para incorporarse.

Había algo raro con la ropa de cama…

Se quedó boquiabierta. Aquella definitivamente no era su cama. La ropa de cama de Gryffindor ni siquiera venía en ese color. Deseando inútilmente que estuviera equivocada de alguna manera, miró despacio a su alrededor.

No era un error. No había duda. Se había quedado dormida en la cama de Malfoy.

Se dejó caer de espaldas con un gruñido. Al menos él aún no había vuelto. O… Algo la estaba molestando otra vez. Hermione volvió a levantar la vista para intentar averiguar lo que era. La lámpara. No había estado encendida antes. Los ojos de Hermione se abrieron de par en par. ¿Draco había vuelto entonces? ¿Y la había dejado dormir? Esto no podía ser bueno…

Se levantó de la cama con un tumulto. No quería que la pillara en una postura vulnerable cuando él volviera. Justo se acababa de enderezar un poco cuando él entró. Era obvio que había estado duchándose, pues aún estaba secándose el pelo, aunque estaba totalmente vestido, afortunadamente.

Draco levantó la vista y le dirigió una mirada punzante antes de mirar la cama. Hermione echó un vistazo a donde ella había estado solo unos minutos antes y se dio cuenta de que le había arrugado la colcha. Hermione hizo un gesto de dolor.

Draco no comentó nada.

—Vete —le dijo, sentándose en la silla.

—¿Por qué me dejaste dormir? —soltó ella.

Draco se frotó la frente y murmuró algo muy poco favorecedor sobre ciertos Gryffindor preguntones antes de preguntar:

—¿Qué hora es?

Hermione pestañeó sin comprender, pero respondió diligentemente.

—Las dos y media de la mañana.

—Sí —dijo él—. ¿Y cuánta gente sabe que estás aquí?

Ella se puso pálida. Probablemente media escuela sabía dónde estaba.

Draco sonrió con suficiencia y le dio la espalda para mirar sus deberes.

—No te preocupes, Granger. Siempre puedes contarles la verdad: que te dormiste después de que terminé contigo.

—No puedes hacer eso —susurró ella—. No puedes hacer que la gente piense eso. —Draco no respondió y Hermione dio un paso adelante y lo agarró del brazo—. ¡No puedes!

—¡Eh! —exclamó, levantándose abruptamente y tirando la silla al suelo mientras jalaba del brazo—. No me toques. ¡Nunca!

Hermione no respondió. Estaba demasiado ocupada frunciéndole el ceño.

—Frío como el hielo… —murmuró—. Estás tan frío como el hielo. —Ya no se estaba refiriendo a su comportamiento.

—Sí, bueno —dijo él, alejándose un poco de ella—. ¿No te ha dicho nadie que los Slytherins somos de sangre fría?

—El agua de la ducha debe de haber estado helada —reflexionó ella—. ¿Por qué ibas a ducharte con agua fría?

Él gruñó.

—¿Quizás para evitar que matara a sangres sucia que babean mi almohada?

—No, creo que el frío solo haría que tu humor empeore —dijo Hermione, pensativa.

—En ese caso —rugió—, ¡yo me iría de aquí volando si fuera tú!

Hermione volvió a prestar atención bruscamente. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Por qué no se había ido la primera vez que se lo había dicho? Sacudió la cabeza, murmuró una disculpa y se fue.


El humor de Draco era horrible, por no decir más. Se sentía sucio. Se sentía violado. Se sentía… frustrado. Había sido incapaz de concentrarse en el trabajo que tenía que hacer para Slughorn y, por ello, había pasado una hora a solas con aquel viejo gordo fanático por el trabajo poco menos que excelente que le había entregado.

Snape había sido un profesor de Pociones mucho más bueno.

Draco sintió la necesidad de darle una patada a algo, preferiblemente algo pequeño, inocente y peludo. Miró a su alrededor para ver si algo concordaba con la descripción. Había salido a uno de los patios interiores del castillo en un intento de tomar el aire y aclararse la cabeza. Sin embargo, nada pequeño y peludo se presentó, a menos que uno fuera a contar a los de primero, que estaban apiñados en una esquina, mirándolo con los ojos como platos. El miedo lo tranquilizó un poco. Aún era una persona poderosa que había que tener en cuenta. Lo de la otra noche solo había sido… culpa de Pansy. Maldita Pansy por intentar atarle cuando sabía que él no permitiría que llegara más lejos.

El viento trajo consigo el sonido de voces y Draco se quedó quieto. No, no podía ser. Era pasarse si ni siquiera podía alejarse de ella durante el tiempo suficiente como para tomar el aire que tanto necesitaba. Levantó la vista lentamente. Eran Granger, Weasley y Potter, todos juntos y hablando felizmente. Parecía que sus amigos no la habían abandonado todavía.

Una sonrisa lenta se extendió por la cara de Draco. Quizás lograría darle una patada a algo pequeño y peludo después de todo.

—Ahí estás, amante mía. ¡Te he estado buscando!

Hermione se quedó tiesa en mitad de una frase. No podía ser. No con tanto descaro. Se giró lentamente para encontrarse a Malfoy apoyado con pereza en una pared. El labio del chico se elevó un poco.

—Deja de decir cosas así —siseó Hermione, que sabía que resistirse era fútil, pero al menos esperaba que Harry pillara la indirecta.

—¿Qué? —dijo Draco, obviamente intentando parecer herido y fracasando en el intento—. ¿Quieres decir que no se lo has contado todavía a tus amigos? ¡Me prometiste que lo harías! —Draco le sostuvo la mirada sin flaquear.

—¿De qué está hablando, Hermione? —preguntó Harry, claramente confuso.

—Na-Nad- —empezó Hermione, pero fue interrumpida.

—Nada de eso ahora, Hermione —dijo Draco con una sonrisa afectiva—. Di lo que quiero oír.

La orden en su voz era clara y fue peor por la manera en la que casi imperceptiblemente arqueó una ceja.

—Malfoy… —empezó ella, pero la interrumpió otra vez.

—Sabes cómo llamarme. —Su voz era suave como la seda.

Hermione quería matarlo, lenta y dolorosamente.

—Sé lo que me gustaría llamarte —soltó ella.

—Ah… —dijo con una sonrisa—. Puedes llamarme esas cosas en privado, amante mía. Por ahora, usa mi nombre de pila. Después de todo, el secreto ha salido a la luz, ¿no?

—¿De qué estás hablando, Malfoy? —preguntó Harry con dureza—. ¿Sabes qué? Da igual. ¡Solo piérdete!

—Continúa entonces —dijo Draco, ignorando a Harry—. Diles, Hermione. Diles por qué bajas a las mazmorras todos los días y no te marchas hasta muy tarde… Diles lo que quiero que sepan. Diles en qué cama has estado durmiendo.

La cara de Ron perdió todo el color y luego volvió con venganza.

—¡MENTIROSO! —gritó Ron, lanzándose encima de Draco—. ¡SUCIO, ASQUEROSO Y MENTIROSO HIJO DE-!

—¡NO! —Hermione se lanzó delante de Ron antes de que pudiera llegar a Draco, haciendo que los ojos de este se abrieran de sorpresa.

Ron paró con expresión de estupefacción.

—Está mintiendo, Hermione. No puedes dejar que diga cosas así sobre ti, como si fueras una-una…

—No miente —dijo Hermione con voz ahogada. Técnicamente, no mentía. Él le estaba ordenando a ella que mintiera por él. Di lo que quiero oír. Hermione deseaba que hubiera alguna manera de burlar al brazalete para que pensara que no había entendido lo que se requería de ella—. Es la verdad. M-M… Draco y yo somos… Somos… —La voz de Hermione se perdió y no pudo terminar la frase. No tenía que hacerlo.

Tres jóvenes la miraban intensamente. Uno con un fino velo de triunfo en la cara, otro estaba en shock y el tercero parecía como si su mundo al completo se hubiera convertido en polvo.

—¿Él? —susurró Ron—. ¿Estás con… él? Le estás dejando… —Ron tragó convulsivamente—. Ni siquiera le importas —murmuró—. ¿De verdad lo quieres?

Hermione no podía soportar el dolor en los ojos de Ron y la pregunta silenciosa: ¿Y qué pasa conmigo entonces? Hermione desvió la mirada. Ron nunca la perdonaría por la traición, estaba segura. Pestañeó para deshacerse de las lágrimas.

—¿Querer? —Draco resopló—. Yo no lo llamaría así, comadreja. Después de todo, es solo una sangre sucia, ¿no?

Harry y Ron se le tiraron encima en ese momento, pero Hermione fue más rápida, saltó en medio y golpeó a Draco contra la pared sin querer al intentar evitar la violencia. Draco gruñó cuando su cabeza golpeó los ladrillos.

—Muévete, Hermione —dijo Harry entre dientes—. Tiene que pagar por eso.

Hermione sacudió la cabeza y sacó la varita con lentitud, empuñándola contra las dos personas a las que nunca pensó que apuntaría con ella.

—No puedo permitirlo —dijo—. Nada de violencia. Por favor, no podéis hacerle daño. —Hermione tragó, luchando desesperadamente contra las lágrimas que querían salir.

—¿Quieres decir —preguntó Ron en voz baja— que de verdad eliges estar con alguien que habla de ti así y que me apuntarás con la varita a mí, a nosotros, en su defensa?

—Eso parece, colega —dijo Draco, que se sentía más que un poco confuso él mismo, pero no dejaba que se viera. En su lugar, solo sonrió con suficiencia al Gryffindor pelirrojo.

—¡Cállate! —le gritó Hermione a Draco—. Tú solo… ¡CÁLLATE! Tienes lo que querías, ¿no? ¿No es suficiente? —Hermione se frotó los ojos furiosamente con la parte de atrás de la mano.

—Vamos —dijo Harry, poniendo la mano en el hombro de Ron—. Aquí no hay nada más para nosotros.

Ron asintió y, juntos, se marcharon. Hermione se quedó hasta que se fueron y, sin una segunda mirada a Draco, corrió en la dirección opuesta.


De alguna manera, Draco pensaba que se sentiría mejor al separar a Granger de sus amigos. No es que se estuviera sintiendo culpable ni nada, pues, definitivamente no era eso. Aquella sensación molesta no era culpabilidad. Era solo que no entendía lo que había pasado, eso era todo. ¿Por qué Granger había insistido tanto en que Potter y Weasley no lo hicieran pedazos? No tenía sentido. Solo lo hacía todo peor para ella. Quizás había pensado que tenía que hacerlo o quizás había pensado que él sería más bueno con ella si ella lo defendía, pero en ambos casos estaba equivocada. Lo descubriría pronto.

No era por ser bueno que la había dejado tranquila aquella tarde. Simplemente sabía que no sería capaz de concentrarse con una mujer lloriqueando en la habitación y tenía que hacer el trabajo extra de Transformaciones para que le permitieran hacer los TIMOS.

Sin embargo, no era solo cuando Hermione estaba en la habitación que lo distraía. Podía sentir su desespero. Draco de verdad deseaba que hubiera una manera de apagar el anillo, pues saber estas cosas se convertían en una carga después de un tiempo. Por último, tuvo que quitarse el anillo para poder concentrarse en el trabajo, pero ahora incluso eso se sentía… extraño. Sentía como si hubiera olvidado algo, como si algo le faltara, y no podía dar con lo que era. Se sentía vacío.

En resumen, se estaba volviendo loco.

Draco se llevó un susto cuando la puerta se abrió.

—¿Pero qué…? —murmuró cuando vio a Granger allí de pie. Miró el reloj. Aún era mediodía y ella no tenía que llegar hasta las cuatro. Draco miró el anillo que yacía en la mesa; no se lo había puesto desde ayer tras el incidente con los amigos de la chica—. No te he llamado —dijo, ceñudo—. ¿Qué coño estás haciendo aquí? ¡Vete!

Hermione resopló y tiró un libro frente a él, justo en medio del pergamino en el que estaba escribiendo.

—¡Oye! ¿Quieres tener más cuidado? —gruñó, apartando el libro y mirando con el ceño fruncido la tinta corrida.

Hermione empujó el libro otra vez hacia él.

—¿Qué es esto? —le contestó con un gruñido—. ¡Me debes respuestas! ¡Es lo menos que puedes hacer!

Draco frunció un poco más el ceño, pero Hermione claramente estaba poco impresionada, así que él decidió ver lo que la hacía sentirse suicida.

—Es una foto de mi tátara tatarabuela —dijo Draco—. Me emociona tu interés. ¿Puedes marcharte ahora? —Movió un poco el libro para coger el anillo, pero ya no estaba. Hermione debía de haberlo empujado un poco y ahora tenía que buscarlo, lo que no podía hacer sin que ella se diera cuenta de que no lo llevaba. Genial. No había una manera fácil de deshacerse de ella.

Hermione apuntó a la majestuosa muñeca de la dama, donde había un brazalete inconfundible.

—Sabía que había algo que no me estabas contando cuando… —Hermione hizo una pausa—. ¡Oh, maldito seas tú y tus malditas reglas! Alguien se puso hecho un basilisco cuando vio que yo llevaba esto.

Draco fingió que no ocurría nada raro cuando en realidad nada de lo que él había dicho tenía poder sobre ella mientras no llevara el anillo.

—Puedes hablar de Pansy —le dijo—. ¿Dónde encontraste esto igualmente?

—La biblioteca, por supuesto —dijo ella—. ¿Por qué lleva tu tátara tatarabuela un artefacto para esclavizar? ¿De verdad es tan difícil para los Malfoy conseguir que las mujeres se casen con ellos?

—¿Si te lo digo, te marcharás? —preguntó Draco.

Hermione asintió.

—No es un artefacto para esclavizar —dijo Draco—. Es… —Hizo una mueca ligera—. Fue diseñado para las esposas de los Malfoy.

—¿QUÉ? —chilló Hermione.

—En realidad, si lo piensas, hay muchas mujeres que estarían encantadas de llevarlo, que se sentirían honradas de llevarlo… Tú eres una desagradecida, ¿sabes?

—Idiota —siseó ella—. ¡Y cualquier mujer dispuesta a llevar esto también es una idiota!

—¡Oye, acabas de insultar a todas y cada una de las mujeres de mi familia!

—Y a Pansy —señaló Hermione con una sonrisa de suficiencia.

—Mira, claramente no entiendes…

—¡Lo entiendo! —dijo Hermione entre dientes—. Los Malfoy están obsesionados con controlarlo todo a su alrededor, incluyendo a sus esposas, a quienes obviamente no se les permite ser independientes para pensar o hacer lo que quieran. Y a algunas mujeres no les importa mientras tengan maridos ricos, así que en tu mente eso lo hace correcto.

No lo entiendes —rugió Draco—. Los matrimonios solían ser concertados y cuando manejas millones de galeones y asuntos importantes del Ministerio, necesitas saber que puedes confiar en tu esposa. Nunca he oído que nadie haya llevado el brazalete durante más de un año antes de que su marido las dejara quitárselo, pero normalmente se lo quedaban por propia voluntad incluso después de eso. Y no todas lo han llevado; no pienses que todos lo han usado durante cien años.

—¿Puedes leerme la mente cuando lo llevo puesto? —preguntó ella—. Puedes, ¡¿verdad?! Menuda violación de la…

Draco pestañeó.

—¡Por supuesto que no puedo leerte la mente! ¿Qué demonios es esto? —La miró con expresión de desdén—. ¡Te he dicho más de lo que tenía que decirte, así que ahora largo!

Hermione se cruzó de brazos y lo miró con superioridad.

—Supongo que te has ganado bien el nombre de Malfoy, ¿no? La mala fe la se la ganan todos los de tu clase.

—¿Ah, sí? —preguntó Draco—. Bueno, qué de mente abierta por tu parte juzgarme por el nombre con el que nací, ¿no? ¿Pero qué más podía esperar de alguien que nació con un nombre de campesina, eh, Granger? —Draco se levantó, cerró el libro con violencia y se lo dio con brusquedad—. No vuelvas a las cuatro. Hoy no tengo tiempo de hacer de niñera. Quizás deberías ir a no socializar con tus amigos. —La empujó por la puerta sin ceremonias y se la cerró en la cara.


N/A: Maldita sea yo por hacer capítulos en los que es difícil sacar citas sin revelar demasiado…

Hermione, ¿puedo hablar contigo un segundo?

La clase había terminado y Hermione iba despacio de camino hacia la Torre de Gryffindor cuando Ron la interceptó. Ella lo miró fijamente sin estar segura de qué decir.

¿O tienes algún sitio al que ir? le preguntó y su expresión se tornó triste.

N-no tartamudeó Hermione. No tenía ningún sitio al que ir durante unas cuantas horas. Estoy libre.

N/T: Pues, como muchas suponían, sí, el brazalete es una reliquia familiar para las esposas de los Malfoy :) Tengo un montón de seguidoras muy listas, ¿eh? Jaja

Sam Wallflower: No sé… a mí la idea de Draco llegando virgen al matrimonio como que no, pero todo puede ser xDDD Yo también pensaba que se había marchado, pero la pobre tuvo que quedarse ahí. Normal que se quedara dormida xD Muy bien, muy bien, sé buena :P La verdad es que los capítulos no son muy largos ni tampoco muy difíciles de traducir… y tengo mucho más tiempo libre del que suponía xD

Dana-weasleygranger: Ya, a mí tampoco me cuadra una Pansy virgen, pero ¿quién sabe? Yo creo que igual sí que podríamos decir que ya pasa algo, algo muy chiquitito, pero algo :)

Elegv: Tú teoría me parece muy plausible, querida detective xD El pobre, después de lo de Pansy, se encuentra a Hermione ahí xDD Sí, en el fondo no es tan malo, pero hay que sacarle la bondad con una espátula xD

Miri: ¿Dónde te habías metido? n.n No sé lo que hará para separarlos, pero como Draco no quiere perder a Theo tampoco… Sí, cierto, no hay tío que rechace a una tía que se ofrece así… Draco es gay xDDD Es broma :)