Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son exclusivos de Rumiko Takahashi. Esta historia está libre de fin de lucro.


Capítulo veinte.
(Primera parte)

La mañana se había hecho presente, no sólo con la presencia de la brillante luz de sol y el cantar de las típicas cigarras, sino también por el ajetreo que se realizaba a las afueras del gran recinto.

La gente a cargo del evento se movía de un lado al otro, cargando una cosa u otra, teniendo gran similitud con las hormigas harrieras. Que cumplían con su labor, como si eso fuera lo único que les quedaba por hacer en el resto de sus vidas.

Aunque la metáfora no era precisamente congruente, ya que sólo se trataban de personas que trabajaban por un fin propio. El que su labor tuviera que ver con la boda, no los ligaba de ninguna manera.

El día había llegado y con ello la decisión que tomaría Rin. Ya que no la había visto durante cinco días, y ni siquiera había tenido el interés de llamarla para saber el veredicto final. Sabiendo que el presionarla, simplemente lograría que las cosas salieran por un rumbo que no le beneficiaría.

Pero viendo que las cosas estaban transcurriendo sin ningún contratiempo, le decía que era un buen augurio, y que su alianza seguía en pie.

Y más le valía que así fuera.

Había decidido el ir por el lado pacífico y demostrar su apoyo «moral» a la redactora, al darle la «oportunidad» de arrepentirse. Sin embargo, ese no era su propósito. No importaba cual fuera la decisión de la mujer, él haría lo necesario para que la respuesta siempre fuera afirmativa.

La amabilidad es tu mayor aliado.

Esas habían sido las palabras de Hakudōshi, cuando éste le había llamado, antes de que se realizara la junta para la firma del contrato.

El albino no había dudado en revelarle las intenciones y pesares de Rin, con tal de que dicha unión se diera entre los dos. Y eso era lo que no llegaba a comprender del todo…

¿Qué es lo que ganaba? ¿Cuál era el verdadero interés de Hakudōshi Tanaka?

Según a palabras de Kagura, ese sujeto era de esas víboras que se caracterizaban por ser inteligentes, escurridizas y ponzoñosamente letales. Algo que no dudaba, sabiendo de quien era hijo y al ver la manera en que estaba moviendo las fichas del tablero, sin dejar ningún margen de error.

Gruñó entre dientes, de sólo recordar de que era una persona que no podía controlar o manipular a su antojo, y eso era lo que más le cabreaba.

No importaba que el hombre jugara a su favor, simplemente el que fuera el tercero en la partida, le hacía enardecer la sangre y perder los estribos con facilidad.

En especial, al darse cuenta del poderoso control que tenía sobre Rin, de tal manera que era inexplicable.

Rin no se dejaba guiar y mucho menos manipular, hecho que demostraba con su propio padre, que se suponía era la persona más importante y valiosa para ella. Sin embargo, Hakudōshi se convertía en la excepción a la regla, y de una manera apabulladora e increíble.

Demostrando que tenía el don de la inteligencia, la astucia y la palabra, y eso ya lo convertía en un triunfador nato. Características particulares de los religiosos, políticos, abogados, oradores y estafadores.

Hakudōshi Tanaka era un prodigio.

A pesar de que reconocer tal cosa no era de su agrado, no podía desprestigiar lo que era más que evidente. Y cada día que pasaba, el albino tenía la habilidad de demostrárselo cuantas veces fuera necesario, para que no se olvidará que él también era un personaje importante en la obra principal.

—¿Qué es lo que te tiene tan pensativo, bebé?

Hablando de víboras.

Chasqueó la lengua ante la inesperada e innecesaria presencia de su madre, que ya estaba tomando asiento en el amplió sofá de la habitación.

Giró su rostro hacia la dirección de la mujer, que le miraba altivamente y le sonreía con prepotencia, características particulares de tan peculiar personaje.

—¿A caso ya no deseas casarte? —Preguntó «agobiada»—. Eso sería atroz, harías desdichada a la pobre de Rin —cerró los ojos y colocó la mano sobre su pecho.

—Deje de divagar —articuló con hastió—. ¿Qué es lo que quiere?

Irasue rodó los ojos ante la negativa de seguir con su drama, y mostró una mueca de desagrado. Pero eso no había sido suficiente, para hacerla partir de la habitación.

—Nada en particular —miró las uñas teñidas de guinda, como si eso fuera lo más interesante por hacer—, simplemente buscaba un poco de entretenimiento. Pero parece ser, que no tienes ánimos de actuar para tu máthair.

Frunció el ceño ante las palabras de la albina, que demostraba abiertamente lo único que buscaba de él.

Un momento de diversión.

Aunque sospechaba que no había sido su primera opción, pero con lo atareada que debería estar la castaña, no era la victima perfecta para su madre. Así que su último recurso había sido él, para su desgracia.

Torció la boca y volvió su atención hacia la ventana, posando su vista en las personas de fuera, eso era mucho mejor que seguirle el juego a su progenitora. Tal vez así, se aburriría y se iría de la recamara.

—¿Estás feliz?

—No se irá, ¿verdad? —Escupió con fastidio.

Un sollozo escapó de los labios de la dama, logró llamar su atención nuevamente.

Irasue tenía su rostro girado hacia la izquierda, con los ojos cerrados y los labios cubiertos por los largos y finos dedos, mientras apoyaba la mano izquierda en el asiento del sofá.

Alzó la ceja, mostrando abiertamente la poca credibilidad que le daba a esa pose de madre sufrida, que era el papel que amaba desempeñar la albina mujer.

—Eres un grosero —musitó—. Qué tratar así a la mujer que te trajo al mundo, con tanto amor, esfuerzo y dolor. Sobre todo, dolor…—hipó. Pero aun así siguió con el monologo maternal—. Si tu padre supiera como me tratas, ya te hubiera tumbado un par de muelas por ingrato…

Rodó los ojos y torció la boca ante el drama que le estaba montando la mujer. Sabía que, si no le daba lo que buscaba, seguiría así hasta terminara explotando y comportándose como un verdadero patán.

Hecho que jamás había ocurrido, porque al final siempre terminaba cediendo ante las «necesidades» de su progenitora, por mucho que las odiara.

—¿Qué es lo que quiere de esta innecesaria charla, madre? —Espetó directamente.

—Yo sólo quiero que te abras conmigo —dijo, mientras limpiaba las falsas lágrimas—. Que desahogues cualquier inquietud, antes de que la boda se efectué.

—No hay nada.

—¿Seguro? —Insistió—. ¿Alguna inseguridad? ¿Miedo? ¿Insatisfacción?

—Nada.

—Así que todo marcha tal y como lo has planeado, cachorrito —pronunció desilusionada—. Eres tan aburrido, Sesshōmaru.

—Lamento no servirle como bufón, madre.

—Creo que Izayoi, tuvo mejor suerte al tener un hijo como Inuyasha —echó con una sórdida sonrisa—. Puede ser un mocoso idiota, pero al menos es divertido.

Sus muelas rechinaron ante la presión que ejerció en su mandíbula, acción que mostraba lo desagradable que le era que mencionaran o lo compararan con su medio hermano.

—Vaya, así que al final si tienes orgullo de hijo —sonrió satisfecha—. Tranquilo, cariño. Es imposible que tuviera un imbécil como hijo —acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja—. ¿Sabías que los hombres heredan la inteligencia de sus madres? Deberías estar agradecido por ese intelecto que te herede, cariño.

»Aunque dudo que tu hermanito saliera tonto por Izayoi, quizás fue un fallo y lo idiota lo saco de tu padre —se quedó pensativa—. Sí, eso debió haber ocurrido.

—¿Ya acabo? —Cuestionó molesto—. ¿O aun gozaré de su presencia?

—Lo haré hasta que me contestes —sonrió altiva.

—¿Contestarle qué?

—¿Estás feliz? —Agudo su mirada—. ¿Rin te hace feliz?

Observó a su madre fijamente, manteniéndose erguido e imponente, mostrando que no caería ante cualquier provocación, ni mucho menos a la enrevesada telaraña que tejía la mujer.

Darle tal poder a una mujer como su madre, era prácticamente un suicidio. Lo sabía, porque ya la había visto actuar, y no era algo que deseaba experimentar en carne propia.

—¿Por qué no me contestas? ¿Es tan difícil darme una respuesta? —Inquirió con insistencia.

Frunció el entrecejo y separó sus labios, para darle una «atenta» despedida a su madre, pero el firme toque a la puerta, fue lo que detuvo su plan.

—¿Quién?

—Inu No Taishō.

Su mirada se posó de la puerta, para enseguida quedar sobre su madre, que ya tenía la vista perdida en otra parte y con la boca torcida.

Sabía que esa actitud no era porque se tratara de Inu No Taishō, sino porque le habían interrumpido su plan, cualquiera que fuera éste.

—Adelante.

Inu No Taishō ingresó a la habitación, y no tardo ni un segundo para percatarse de la compañía que tenía en esos instantes.

—Irasue —se acercó a la mujer, saludándola con un beso en la mejilla—. Esperó no haber interrumpido nada.

—Para nada, querido —sonrió menguadamente—. Sólo le hacía compañía a nuestro bebé. Es un día importante, y nuestro apoyo es esencial para él, ¿no es así, cariño?

Gruñó entre dientes y viró hacia otra dirección, con tal de no ver a la arrogante mujer que tenía como madre.

—Se nota —dijo irónico—. ¿Te molestaría si te lo robo por unos minutos? —Le cuestionó a la mujer.

—Para nada, así me liberas del aburrimiento en persona —se incorporó elegantemente—. Creo que es más entretenido ver el ajetreo de hay en la habitación de Rin, que estar aquí con Sesshōmaru. Es todo tuyo, querido.

—Gracias…

Irasue se retiró del lugar, dejándolo a la merced de su padre, aunque lo prefería. De alguna manera, soportaba mucho más las inquietudes de su progenitor, que los de su madre.

—Demos una vuelta —pidió, aunque sonará más como una orden.

A pesar de ello, paso por alto ese detalle y accedió a la petición sin decir ni una sola palabra, sólo se limitó a seguir los pasos de su padre.

Durante el trayecto de la habitación, hacía el inmenso jardín de la residencia, marcharon en completo silenció.

Algo que le hizo recordar cuando era un niño, en especial cuando se quedaba esos fines de semana en la morada de su padre. En dónde, al caer el atardecer, ambos daban una caminata por el jardín en completo silenció, hasta llegar de nuevo hacia la entrada en dónde se quedaban contemplando los últimos rayos de luz.

Fue una rutina particular, porque jamás entablaron una plática durante sus trayectos, sólo contaban con la compañía mutua, y parecía ser que eso fue lo único que les importó. Pero esa actividad fue menguando, conforme pasaba el tiempo y las variantes de sus propias necesidades.

Su padre tenía a una esposa con la cual compartir sus pocos momentos de descanso, y jugar con su hijo menor.

En cuanto a él, sus intereses estaban muy alejados de sus padres, en especial cuando había decidido independizarse. Cualquier rutina que existió o pudiera existir, simplemente se quedaron en el olvido.

—No hay duda que está será la boda más importante del año —habló Inu No Taishō—. André y tú, no han reparado en gastos. Sin duda, quieren darle la boda de ensueño a Rin.

—Hmmm…

—Tu emoción me impresiona —comentó sarcástico.

—No es a mí al que deben de complacer.

—También es tu boda —le recordó.

—Dudo mucho que usted haya actuado diferente a mí, en las dos ocasiones en las que se casó.

—Hmmm…

El silencio que guardó su padre le provoco curiosidad, ya que la verdad no recordaba nada de la unión de su padre con Izayoi, y ni hablar con su madre. Que, por obvias razones, no sabía de cómo habían vivido tal proceso.

—¿O sí? —Preguntó con un dejo de curiosidad.

—Son mujeres diferentes, así que las experiencias variaron…

—No tiene por qué seguir hablando—interrumpió—, es obvio cual gozó más.

La risa que emanó de su padre, fue potente y ronca, logrando que le prestara atención. Ya que no era habitual el que su padre riera en su presencia.

—No debes ser tan rudo con tu madre —mencionó con un tono amable—. Ella tiene su encanto, te lo puedo asegurar.

—Pero no el suficiente como para seguir casado con ella —dijo sin pensarlo.

Inu No Taishō se detuvo de golpe y lo observó con un leve matiz de sorpresa, ante su comentario tan osado.

—¿Hay algo que deba saber, Sesshōmaru? —Cuestionó interesado.

—No malinterprete mis palabras —corrigió al instante—. No es ninguna queja, ni nada por el estilo.

—Lo sé, aun así… —hizo una pequeña pausa—. Jamás quisiste hablar del tema.

—No me importaba.

—¿Y ahora?

La verdad, es que desconocía de donde había nacido su repentino interés ante el divorcio de sus padres.

Había querido saciar su curiosidad mediante su madre, a sabiendas que no obtendría más allá de unas cuantas palabras que no le llevarían a nada. Después de todo, la discreción y receló, era algo que compartían ambos por igual.

Con su padre no era distinto, aunque las cosas habían cambiado de un par de años en adelante. Mostrando la gran influencia que tuvo Izayoi, sobre el comportamiento de Inu No Taishō.

—¿Cuál fue el motivo?

Inu No Taishō retomó la caminata, como si con eso pudiera encontrar las palabras adecuadas, para contarle la verdad detrás de ese divorcio, o al menos la manera en que la vivió él.

—Hubo muchas razones por las cuales accedí a la demanda de divorció…

—Así que el que dio el primer paso fue mi madre.

—Así es.

—¿Cuáles fueron?

—Orgullo, prepotencia, arrogancia, soledad… —torció la boca—. Nos casamos jóvenes y demasiado pronto, no meditamos mucho las consecuencias de nuestros actos. Y aunque duramos bastantes años juntos, no fue precisamente por amor, sino por costumbre y comodidad.

»Yo tendía a ser demasiado sobreprotector, a tal grado de tener ciertos comportamientos machistas hacia tu madre —admitió nada orgulloso—. Deseaba que ella se rigiera ante mis mandatos, quería convertirla en la esposa ejemplar y admirada por todos. Pero era obvio que tu madre no había sido criada para tal papel.

»Irasue fue educada para ser una empresaria, para competir a la par de los hombres y mostrar el poderío y orgullo de su familia —sonrió de lado—. Algo que sabía desde el principio, pero con el tiempo trate de ignorarlo, como si tal hecho no existiera.

—Así que mi madre fue tu primer fracaso —dijo sin temor a equivocarse.

—Podría decirse —carraspeó un poco, para continuar su relato—. Jamás se doblegó ante mí, ni mucho menos dejó sus deberes laborales. Ella se la pasaba atendiendo a la hotelera, y ni hablar de la editorial —sonrió amargamente—. Me molestaba que su atención no girara alrededor de mí. Deseaba tanto el que me necesitara, el que buscara refugio y protección en mis brazos, por tal cosa jamás paso.

»Las cosas llegaron a un punto crítico, cuando tratábamos de criarte —le miró de reojo—. A pesar de que ambos fuimos educados para ser los mejores, los métodos que ambos conocíamos eran totalmente diferentes, y fue ahí cuando nuestras discrepancias se hicieron más obvias.

»Yo deseaba hacerte a mi imagen y semejanza, y eso era algo que tu madre no iba a permitir —rió amargamente—. Y tenía razón, yo era el que estaba equivocado. Pero en ese entonces no conocía otra forma, más la que me habían enseñado desde era un niño.

—¿Yo fui la razón del divorcio?

—No —respondió al instante—. Pero si fuiste el motor, para que esa farsa se terminara.

—¿La amaste? —Espetó abiertamente.

—Sí.

—¿Y eso no fue suficiente?

—Una relación no sólo vive de amor, Sesshōmaru —habló con una seguridad abrumadora—. Respeto, confianza, igualdad, apoyo, sinceridad, atención… —torció la boca en una sonrisa—. Incluso el sexo es primordial, para mantener la llama encendida.

»Sin embargo, lo único que existió entre los dos, fue la hambrienta necesidad de superarnos y demostrar quién era el mejor —respiró profundo, y exhaló con calma—. No sé en qué momento el amor nos abandonó.

Ambos se detuvieron enfrente del lugar en dónde se realizaría la ceremonia, el pedestal, los adornos y los asientos ya estaban en sus respectivos lugares, sólo eran afinados los últimos detalles.

—¿Estás dudando? —Interrogó su padre.

—No.

—¿Estás seguro de dar un paso tan importante? —Insistió.

—No soy tú —fue franco—, y Rin no es mi madre.

—Eso lo tengo bastante claro —se cruzó de brazos y centró su atención al frente—. Son mejores que nosotros —aseguró—, y eso es lo que más me asusta.

Miró de soslayo a su padre, que no parecía verse preocupado, ni mucho menos alterado ante sus propias palabras, aunque sabía que no hablaba sólo por hacerlo.

—Sí algo aprendí con tu madre, es que las bestias no doman a otras bestias —giró sobre sus talones, para regresar al interior del complejo—, simplemente se aniquilan.

Vio una vez más el altar, antes de seguir los pasos de su padre, mientras en su mente circulaba las últimas palabras que le dedicó.

~O~

El tiempo había transcurrido más rápido de lo que había esperado, y ahora se encontraba colocándose el saco frente al espejo.

El traje que estaba usando, había sido confeccionado por el mismo Jakotsu, que demostró que el trabajar con dos vestidos y su esmoquin, era como un simple juego de niños para él.

Había logrado que el conjunto quedara a la medida, y la combinación de la etérea elegancia del negro y el imponente color plata que representaba a los Tukusama, le habían quedado como anillo al dedo.

Las solapas, la corbata y el chaleco, era lo que daba ese toque distintivo a su atuendo.

Giró su rostro hacia la puerta, al momento en que escucho un ligero toque, uno que no correspondía a su madre, ni a su padre, ni mucho menos a Rin. Así que no tuvo otra alternativa que preguntar.

—¿Quién?

—André.

No pudo evitar el mostrar su asombro ante la repentina aparición del padre de Rin, al cual no había visto durante todo el día.

Había pensado que se la pasaría al lado de su hija, o que no quería encontrarse con él, hasta que el momento decisivo se hiciera presente. Pero estaba ahí, detrás de esa puerta que los separaba.

—Pase.

Se alejó del espejo, mientras acomodaba los bonotes de las mangas, una distracción bastante buena, para no mirar al hombre que se convertiría en su familiar político.

—Veo que ya estás listo —dijo al momento de cerrar la puerta.

—¿Qué necesita? —Cortó cualquier intención de una charla banal entre los dos.

—Así me gusta, ir directo al grano —mencionó con una cínica sonrisa.

Los dos se enfrentaron, dedicándose una imperturbable mirada, aunque el único que parecía divertirse era André.

—Jamás he sido un padre sobre protector, y por ese motivo nunca intervine en ninguna de las relaciones que tuvo mi hija —confesó lo obvio—. Creo que las personas aprenden mediante sus propias experiencias, por eso jamás aconseje u opine al respecto. Deje que mi hija cayera y se levantara cuantas veces fueran necesarias. Ese es el motivo, por el cual posee un carácter fuerte y seguro. Todo gracias a los errores y decepciones que ha tenido a lo largo de su vida.

»Pero hoy haré una pequeña excepción, así que esta vez no escucharás al empresario con quien cierras tratos, sino como al padre que está a nada de entregarte a la mujer más importante de su vida.

Se irguió por completo y miró fijamente a los ojos verdes, mostrando la pequeña diferencia de estatura que existía entre los dos. Siendo por unos cuantos centímetros los que le sacaba a André.

Pero eso no significaba nada para el castaño, que ni se inmuto ante esas minúsculas variantes.

—Se quien fuiste, quien eres y estoy seguro de quién serás en un futuro, y es por eso que apoye sin miramientos la relación que los dos establecieron —su voz se volvió parca—. Creo que su matrimonio puede funcionar, y que habrá un próspero camino para que puedan recorrer juntos.

»Sin embargo, soy consciente de que, así como puedes ser el hombre adecuado para Rin, también tengo claro que puedes ser su mayor equivocación —su mirada se ensombreció—. No soy ningún estúpido, conozco muy bien tu manera de jugar y hacer las cosas, porque eres la misma imagen de tus padres, y eso es lo que te hace mucho peor que ellos.

André dio dos pasos al frente, acortando la distancia que existía entre los dos, enfrentándolo como el caballero que era, mostrando en su mirada la experiencia de la cual era dueño y en su porte la fuerza que lo caracterizaba.

Un sabio que aun sabía cazar.

—No soy un hombre que repita sus palabras, así que está será la primera y última vez que escuches esto de mi voz —sus facciones se endurecieron—. Si lastimas de cualquier manera a Rin, da por hecho de que te destruiré de la manera más lenta y cruel posible —advirtió sin dudar—. Me importa muy poco que seas hijo de Irasue e Inu No Taishō, como también me da igual el que seas mi socio. Ninguna excusa te salvara de que te aplaste como un insignificante insecto.

»Y me importa muy poco si crees en estas palabras o no, la advertencia ya está hecha —volvió a sonreír—. Así que más vale el que entregues todo de ti y hagas feliz a mi hija —colocó la mano sobre su hombro—. No me decepciones, muchacho.

No respondió nada al respecto, simplemente se limitó a guardar silencio y observar al hombre que tenía enfrente.

Él había visto a su padre actuar y sabía lo que podría esperarse de éste, si las cosas salían mal en todo ese teatro. Sin embargo, las cosas eran inciertas viniendo por parte de André, que jamás le había mostrado aquella otra cara que poseía.

André y Hakudōshi era muy parecidos en esos aspectos, ambos sabían ocultar su verdadero rostro, detrás esas caretas de amabilidad y buenas intenciones.

—Sesshōmaru…

Los dos voltearon al escuchar la voz de Irasue, la cual se detuvo al ver que no se encontraba solo.

—¿Qué haces aquí, André? —Cuestionó de inmediato.

—Nada en particular —le sonrió a la mujer—, estaba por irme. Así que te dejo a solas con tu hijo.

—Hmmm…

Vio a los dos amigos entrañables, encontrándose con la burlesca mirada de André, y la incredulidad de los ojos dorados de su madre.

—Sesshōmaru, nos vemos en el altar —dijo el hombre, antes de partir de la habitación.

Al quedar completamente solos, su madre dio camino hasta llegar al frente suyo y verlo con esos intensos ojos.

—¿Puedo saber…?

—No.

—Siéntate —le ordenó—. No permitiré que el día de tu boda, te cases con el cabello suelto.

~O~

Los invitados ya estaban presentes, ocupaban sus respectivos puestos, manteniendo vivas las charlas banales, mientras esperaban a que se hiciera presente la novia.

Él permaneció de pie frente al altar, mientras era acompañado por Inu No Taishō y Kōga, mientras su madre permanecía sentada al costado de Izayoi e Inuyasha.

Vio rápidamente a los invitados, encontrándose con las personas que más les interesaba tener presente.

Entre ellos estaban los Asano, aunque su hija no había hecho acto de presencia. En cuanto a los Niikura, todos asistieron, destacando por mucho a Bankotsu, que no tenía duda de que había sido obligado a presentarse a la boda.

—Se lo dije, su hijo se uniría a nuestro club —dijo Kōga—. Sólo estaba esperando a la mujer indicada.

—Así parece, Kōga —sonrió sutilmente—. Y demuestras que lo conoces mejor que yo.

—Soy abogado, conocer a mi cliente es lo que mejor se me da.

Ignoró la charla que mantenían su padre y el abogado, en especial porque detestaba la arrogancia de Kōga, al momento en que hablaban de él.

En ese instante se percató de la presencia de los amigos de Rin, que cada uno empezó a tomar asiento en sus respectivos lugares. Acto suficiente, para saber que la ceremonia estaba a nada de efectuarse.

Los invitados restantes tomaron sus posiciones y los murmullos dejaron de escucharse, sólo el sonido de la ligera brisa, el mecer de los árboles y el cantar de unos cuantos pájaros era lo que armonizaban el escenario.

Pero toda aquella producción protagonizada por la naturaleza, se perdió al momento en que Rin, hizo acto de presencia en compañía de André.

La decisión ya había sido tomada.

No prestó atención a nada más que no fuera la redactora, que portaba sublimemente el vestido elaborado por Jakotsu.

La parte superior contaba con un strapless de corte corazón, que a la vez era cubierto por una fina tela trasparente bordada, que cubría por completo el vestido, a excepción de la cinta que terminaba en un moño frontal y la falda superior que formaba la elegante cola del vestido.

Llegaron al frente de él, en dónde el padre no tardó en ofrecerle la mano de su hija, quien no había apartado su mirada de él.

—Toda tuya —dijo André.

Rin sonrió ante las palabras de su padre, mientras él se dispuso a sujetarla y atraerla hacía él, quedando relativamente juntos. Ganándose de nuevo la atención de los grandes ojos marrones.

—¿Está es su decisión final? —Interrogó en un susurro.

—Así es —respondió con suavidad.

Los dos subieron al pedestal y quedaron enfrente al ministro, que llevaría a cabo la ceremonia matrimonial.

Al momento en que el hombre inició con el sermón, él sólo se dispuso a ver a la mujer que estaba a su costado, observándola detalladamente.

Su peinado era sencillo, sólo constaba de un flojo chongo que sostenía la larga melena castaña, mientras algunos cortos mechones escapaban a sus costados, mientras era adornado por unas pequeñas horquillas plateadas, ya que la mujer parecía haber optado por no llevar ninguna clase de velo. Algo que sin duda agradecía, ya que esa había sido la mejor opción.

En cuanto al maquillaje, era lo que esperaba viniendo de alguien como Rin. Natural, sencillo y nada llamativo. Sólo un poco de rímel en las rizadas y largas pestañas, que adornaban los grandes y expresivos ojos chocolates. Un tenue rubor estaba sobre los pómulos y esos carnosos labios destacaban por el sutil color rosáceo.

Se había perdido ante la belleza que irradiaba su socia, que había ignorado cada una de las palabras que el juez dijo, aunque poco le interesaban al final de cuentas. No eran más que las mismas palabrerías de siempre.

Las había escuchado en la boda de su padre con Izayoi, como en la de Kōga con Ayame, así que no se perdía de mucho, y estaba seguro que la mujer opinaba lo mismo, que apretaba sutilmente su brazo, mientras le lanzaba unas cuantas miradas, mostrando su desesperación.

Hasta que el hombre pidió la entrega de los anillos y los votos que se ofrecerían el uno al otro.

Rin cogió su mano izquierda, colocando en la punta de su dedo la alianza de oro blanco y amarillo, para así iniciar sus votos.

—Este día yo, Rin, te tomo a ti Sesshōmaru, como mi legitimo esposo, para amarte, respetarte y apoyarte en la salud y en la enfermedad. Prometo ser tu orgullo ante los triunfos y tu fortaleza ente los fracasos —colocó la argolla, mientras hablaba y lo miraba directamente a los ojos—. Seré la luz que guíe tu camino y el aliento que alimente te alma, desde hoy, hasta en nuestro último adiós.

La miró y escuchó detenidamente, cada gesto, cada palabra, era como la entrega más pura de amor. Demostrando que era mejor actriz de lo que aparentaba, porque esa sinceridad y realismo, era digno para ganarse un Oscar.

Cogió la mano izquierda de la mujer y al igual que ella, empezaría a colocar el anillo conforme dictaba sus votos.

—Yo, Sesshōmaru, te desposo a ti Rin, para amarte, respetarte y apoyarte en los triunfos y las carencias. Te entregó mi fidelidad, entrega y compromiso, para velar por tu felicidad, a partir de ahora y para siempre.

Terminó de colocar la argolla que era casi idéntica a la suya, sino fuera por el tamaño y los tres pequeños diamantes que estaban incrustados en la alianza de Rin.

Rin movió sus labios articulando un «wow», ante las palabras que dijo, demasiadas para venir de alguien como él, en especial al tratarse de entregas de «amor».

El juez dijo unas cuantas palabras más, para después dar entrada a las firmas que sellarían de una vez por todas el contrato acordado entre los dos. Así se les pidió a los testigos y padres de los presentes el que se acercaran para dar sus firmas.

Del lado de Rin, se colocaron Kohaku y Kanna que habían tomado el rol de testigos, y como único padre, ahí estaba André.

Por su parte sus testigos eran Kōga y Ayame, y obviamente sus padres ya estaban para plasmar su firma.

El juez extendió y posó ante ellos el documento a firmar, mientras ofrecía el elegante bolígrafo dorado, para que cualquiera de los dos diera inicio con las firmas. Y para su sorpresa, fue la redactora quien lo tomó en primera instancia.

Rin se inclinó sutilmente y plasmó la firma sin titubear, quedando clara y concisa sobre el papel, y así pasarle la pluma para que hiciera lo propio.

Cogió el objeto suavemente de la mano de la mujer, y se dispuso a colocar la firma con la misma seguridad y elegancia, como lo había hecho su ahora esposa.

Enseguida fueron los testigos los que procedieron y en última instancia los padres entregaron sus firmas al documento, oficializando por fin la boda entre Rin y él.

—Con las firmas correspondientes y el mutuo acuerdo entre los interesados, no me queda más que decir… Los declaro marido y mujer, ya puede besar a la novia —narró eso último, mirándolo precisamente a él.

Apartó su mirada del ministro, para encontrarse nuevamente con los brillantes y seductores ojos marrones, y con esa sutil y blanca sonrisa que le regalaba la castaña.

La sujetó de la barbilla, alzándole un poco más el rostro, acción a la cual ella accedió dócilmente. Mientras esperaba expectante al beso que le entregaría enfrente de todos, de sus padres, de sus amigos, de sus socios, de los medios, de los Asano, de los Niikura.

¿El sabor de la vitoria?

No.

Tenía claro que esa guerra a un no terminaba, sólo era el primer paso superado. Aún faltaba las dos cosas más importantes del plan.

La textilera y el amor de Rin.

Pero ese sería un proceso que debía manejar con más tranquilidad e inteligencia. Así que, por el momento, estaba bien con sólo ser el «marido» de Rin Lowell…

No, de Rin Tukusama.

Extinguió el poco espacio que los separaba y rozó esos labios con suavidad y delicadeza, entregándose a una pudorosa y cálida caricia entre sus labios, no necesitaban más que eso. Y no entregaría más a los presentes, no había necesidad de apantallar a nadie, tenían tiempo de sobra para sorprenderlos. Algo que ella sabía, y aceptaba esa condición.

Rin lo miró divertida al momento en que el beso terminó, mostrándole a la misma mujer que vio la primera vez en su departamento.

Tan segura, tan arrasadora, tan altanera, tan orgullosa.

No sabía si esa vuelta de seguridad había sido por Hakudōshi o por la fuerza de voluntad de la mujer. Pero no importaba cual hubiera sido el medio, tenía que admitirse que esa era la manera en que gustaba verla, hacía que todo se volviera más interesante y desafiante.

Rin era la reina de todas sus guerras.

Y estaba completamente seguro de que sería el primero y el único en conquistarla, de eso dependía su nombre y orgullo, y eso era suficiente para conseguir lo que deseaba.

Ambos apartaron las miradas al escuchar las voces de los presentes, esperando el que recorrieran el sendero adornado y así proseguir con lo que se avecinaba.

Sujetó la mano la mano de la mujer y entrelazo sus dedos con los de ella, de misma manera que lo había hecho la mujer, alguna vez en una de sus «citas». Acción que aceptó sin dudar, al sujetarlo con firmeza, brindándole esa calidez y suavidad de la cual era dueña.

Así dieron camino hacia donde ya los esperaba el hombre de pelirroja cabellera, que había sido elegido por la misma Rin, para que realizara la sesión de fotos.

—Síganme, por favor —pidió con una socarrona sonrisa.

Los dos le siguieron unos cuantos pasos atrás, los suficiente para que pudieran hablar sin ser interrumpidos.

—¿No me dirá nada? —Preguntó Rin.

—Ya tomó su decisión, es lo único que me importaba.

—No soy ninguna estúpida, sé muy bien que su amabilidad no era sincera.

Miró de soslayo a su compañera, que tenía dibujada esa sutil y arrogante sonrisa, la cual parecía ser exclusivamente para él.

—Puede tomarlo como mejor le plazca.

Rin guardó silencio al momento en que llegaron a la parte oeste del jardín, en donde se encontraban un pequeño kiosco y la gran parte de los árboles de cerezos del recinto.

El césped y los caminos estaban tapizados de rosa, mientras los árboles seguían desprendiendo sutilmente las flores al compás de las suaves corrientes de aire. Siendo una agradable visión, para todo aquel que admirara tales escenas o fueran unos románticos empedernidos.

—Primavera… —musitó.

—Ahora entiende porque escogí esta fecha —habló entusiasmada, al momento en que se plantó frente a él—. Sabía de la existencia de este lugar, así que me pareció bueno aprovecharlo —sonrió triunfadora—. No hay duda alguna que, su padre tiene un hermoso gusto por los jardines de este estilo.

—Piensa en todo.

—Al igual que usted —halagó—. Se lo vuelvo a decir, somos los mejores socios que podríamos tener.

—Hmmm…

—¿Acaso no lo cree así? —Se acercó más a él—. Lo que respecta a mí, soy dichosa de tenerlo como socio. Estoy casada con el hombre más importante de la industria, y ni hablar de lo apuesto que es —le acarició la mejilla, orillándolo a que su atención se centrara totalmente en ella—. Soy y seré la envidia de muchas mujeres, no cualquiera tiene la dicha de desposar a un Tukusama.

La agarró por la cintura y la atrajo hacia él, sintiendo la fina textura de la tela, el calor que desprendía el cuerpo femenino, al igual que ese dulzón aroma que tanto le gustaba de la castaña.

—Repítaselo hasta que se lo crea —la retó.

—Estoy siendo sincera —expresó con un tono inocentemente y provocador—. A veces suelo hablar con el corazón.

Vio con detalle cada una de las facciones que regían el rostro femenino, las finas líneas que creaban la elegancia y suavidad de sus rasgos, al igual que esa tersa piel que tenía el don de hacerla ver más joven de lo que era.

—¿No piensa lo mismo de mí? —Acortó la distancia entre sus rostros.

—Es el mejor negocio que he tenido, ¿eso es suficiente para usted?

—Podría halagarme un poco más —sus pechos se rozaron—. ¿A caso no soy bonita para usted? ¿No está orgulloso de desposar a la única hija y heredera de André Lowell?

—No es necesario de evidenciar lo obvio, Rin.

—¡Dios! —Exclamó—. Me ha hecho sonrojar.

—No se callará, ¿verdad? —cuestionó, a pesar de saber la respuesta.

—Tengo que aprovechar que aún no se hacen presentes nuestra familia —aclaró—. Después de esto, lo que resta de la fiesta sólo tendremos que fingir que somos la pareja perfecta.

—Es una cínica.

—Usted no se queda atrás —sonrió divertida—. Sólo hagamos que esto sea inolvidable, ¿le agrada la idea?

Sus ojos se clavaron en los de ella, que no se doblegaron ante la intensidad de la fuerza y frialdad que le dedicaba. Al contrario, ella lo encaró de igual manera, pero con la ventaja que sólo una mujer podía poseer.

Una embustera seductora.

Se perdió en el color y la suavidad de esos labios, los cuales estaba dispuesto a conquistar en ese instante. A lo cual ella reaccionó positivamente, al morderse el labio inferior tentativamente, provocándolo a que los tomara de una vez por todas.

Pero un flechazo de luz impidió sus intenciones, al igual que las de ella, ya que ambos miraron hacia la dirección en dónde se encontraba Shippō.

—¡Diablos, son tan fotogénicos! —Gritó emocionado—. Sigan a su rollo, que haré la mejor sesión de bodas del mundo.

Frunció el ceño ante la interrupción y comportamiento del fotógrafo, pero la risa que emano de Rin, hizo que volviera a centrar su atención en ella.

—¿Lo ve?, somos la pareja perfecta —le dio un corto beso en la comisura de sus labios—. Hagamos que todo el mundo se crea nuestro amor…

No dijo nada al respecto, simplemente opto por callarse, no quería provocar alguna discrepancia entre los dos.

Aunque de alguna manera, el cinismo que imprimió la mujer en sus palabras le incomodaron y molestaron, aunque desconocía el motivo.

Así que simplemente se limitó a seguir el juego de la mujer, haría que ese día pasara lo más rápido posible, por el bien de ella y el suyo mismo. Que no sabía cuánto tiempo más aguantaría la falsedad de su «esposa» y la hipocresía de los invitados.

La sesión se extendió al momento en que los demás llegaron, para así realizar las fotografías familiares. A pesar de que lo creía innecesario y estúpido, pero no podía declinar esa idea, aunque las ganas no le faltaron.

Luego de tan extenuante y tortuoso momento, ambos dieron camino hacia el recinto de la mansión, acompañando a la mujer hasta el nivel de las escaleras.

—Iré a cambiarme, no tardaré.

—Aquí le espero.

—Que caballeroso —sonrió.

—Hmmm…

—Su expresividad me va a matar algún día.

—Tengo otras maneras para hacerlo.

—¿A sí? —Inquirió con una burlona sonrisa—. ¿Por ejemplo?

—Vaya a cambiarse.

—Al menos dígame una, esposo mío.

—Haga lo que le digo, o me convertiré en viudo en cuestión de segundos.

—¡Uh, que rudo! —Exclamó divertida—. No desespere, la paciencia es una virtud.

—¡Rin!

Ambos miraron hacia la parte superior, encontrándose con Jakotsu, que se veía desesperado.

—Vamos mujer, tendrás toda una vida para contemplar a tu hermoso marido —le regañó—. Sube, para que te cambies de una vez.

—¡Ya voy, mamá! —Gritó Rin—. Lo siento, el deber me llama —le dijo antes de darle un esporádico beso en los labios.

Sólo vio como la mujer ascendió, hasta llegar al lado de Jakotsu, que la introdujo con rapidez al interior de la habitación.

Dio vuelta para dirigirse hacia la entrada de la morada, pero sólo se encontró con la desagradable e indeseada presencia de Hakudōshi.

—Felicidades —dijo descaradamente.

—¿Qué es lo que quieres?

—Nada, solo quería felicitarte como se debe.

Se acercó al hombre de albina cabellera y ojos violetas, el cual no se perturbo ante la amenazante cercanía que les impuso a los dos.

—¿A qué estás jugando, Tanaka?

Hakudōshi frunció el ceño y torció la boca al escuchar cómo le había llamado. Resultado que sabría que obtendría, al saber la aberración que tenía el albino hacia su apellido, especialmente hacia su padre.

—Desconozco de lo que habla —trató de mantener su buen humor.

—No te recomiendo el jugar conmigo —le advirtió.

—No tengo esa intención —una sonrisa impúdica adorno los labios del albino—. Sé reconocer cuando alguien me supera, y este es ese caso. Jamás pelearía contra alguien que me lleva demasiada ventaja, Sesshōmaru.

—No me lo parece.

—No malinterprete mis intenciones —hizo una pequeña reverencia ante él—. Lo único que deseo, es que hagas feliz a mi amiga.

—¿Entregándome sus debilidades? —Espetó irónico—. Dudo mucho que eso haga un amigo.

—Te sorprendería que todo lo que hago, realmente lo realizo por el amor que le profeso a Rin y a André —alzó los ojos violetas y lo enfrentó—. Son las personas que más me han apoyado y amado incondicionalmente. Por lo tanto, quiero que sus destinos estén asegurados, eso es todo.

—¿Por qué yo?

—¿Por qué no tú? —Sonrió ladinamente—. Eres perfecto ante los ojos de André, y eso fue que te convirtió en la persona indicada —dio un paso más y lo enfrento, a pesar de la diferencia de estaturas—. Y porque considero que eres el hombre que ella merece y necesita a su lado. Estoy cansado de verla emparejarse con idiotas, que lo único que tienen grande es el ego.

»No tengo dudas de que podrás hacerla feliz, sí así te lo propones —se inclinó hacia él y prosiguió—. Y te puedo asegurar, de que ella te enseñara cosas que desconoces y que jamás has experimentado. Sólo dale una oportunidad, no siempre es altanera y orgullosa…

El albino dio dos pasos hacia atrás y le dedico esa pedante sonrisa que lo caracterizaba, y la cual le molestaba en demasía.

—Enamórala y tendrás el destino asegurado —le guiñó el ojo.

Al no tener más que decir al respecto, Hakudōshi se limitó a salir de la casa, así quedando sólo en el gran recibidor.

Giró hacia atrás y volvió a centrar su mirada hacia la recamara en dónde había ingresado Rin.

No siempre es altanera y orgullosa.

Él ya se había encontrado con ese lado más amable y sencillo de Rin, que mostraba esa parte más vulnerable, pero que a la vez era lo que la hacía tan aguerrida y fuerte.

Rin era esa gema única y preciosa, que muy pocos podían observar su verdadero valor. Era la joya excéntrica e incomprendida, pero que valía mucho más que todas las famosas piedras preciosas y vanagloriadas.

Y no tenía ni la más mínima duda de que él se convertiría en el dueño de tan extraño y valioso objeto.

La boda sólo era el inicio.


Notas:

*Máthair o máthar: Significa madre en irlandés.

*Procedencia de Irasue: La madre de Sesshōmaru, es de procedencia irlandesa. Sin embargo, ella vivió su niñez, adolescencia y parte de su adultez en Londres, Inglaterra. Lugar en donde conoció a André (son amigos desde su infancia).

Ella se mudó a Japón junto a André, al ser ambos los siguientes cabecillas de las empresas que radicaban en ese país, es ahí cuando ambos conocen a Inu No Taishō.

*Oscar: Creo que no hay necesidad de que diga de que se trata (XD).

¡Hola a todos!

Debo confesar algo, y es que el capítulo lo acabo de terminar hace un par de horitas. Me la pasé en vela para poder avanzarle lo suficiente, para poder publicarlo sin falta éste viernes. Y podría decirse que las prisas es culpa mía, y cosas así, pero es que yo no tengo la culpa de que todo me distraiga.

Soy una persona muy distraída, es un defecto horrendo, pero no puedo evitarlo. Trato de luchar con ello todos los días.

Bueno, el fin es que espero puedan entender el motivo por el cual pueda tener bastantes errores ortográficos, de redacción, gramaticales y narrativos… Lo siento, les prometo que la segunda parte estará más pulida y cuidada.

Ahora sí, pasemos a los agradecimientos semanales, a los cuales corresponde a las personas que siguen y dan en favoritos a la historia, como también a los lectores anónimos que, de alguna manera, siempre están al tanto de la publicación.

Y cómo siempre, darle mi amoroso agradecimiento a las personitas que se tomaron la molestia de dejarme sus hermosos comentarios, las cuales son:

Floresamaabc, DreamFicGirl, Star fiire -Lupita Reyes, Mina Rose, Maril, La Rozeta, Tatistus, gina101528, Mayuzz, Ozebelly, Milly Taisho, GabyInuTaisho, Kassel D Efrikia, Cleoru Misumi y Guest*.

¡Muchas gracias, nenas!

Como siempre les hago la cordial invitación a que se unan al grupo de Facebook, Elixir Plateado. El cual es dedicado exclusivamente a la pareja SesshRin (SesshomaruxRin) de Inuyasha.

Fanfic's, fan art, memes, concursos y todo lo que tenga que ver con esta hermosa pareja, la podrán encontrar aquí.

También recuerden seguir a La Rozeta, en las diferentes plataformas en dónde publica su trabajo. En dónde encontraran una infinidad de SesshRin, Garucca y una que otra cosita de otras parejas o personajes del mundo del manga/anime.

Los links del grupo y de páginas donde se encuentra La Rozeta, las pueden encontrar en mi perfil de fanfiction.

Muchas gracias por estar un capítulo más aquí, espero que haya sido de su agrado y que pueda leerlas por aquí con la segunda parte del capítulo veinte.

Que pasen un bonito fin de semana, cuídense mucho y recuerden, que el domingo sólo puedo resucitar Jesús, y ustedes no son Jesús (:v).

¡Hasta la próxima!