21. No te atrevas
Solo una tenue Luna les daba algo de claridad a la oscura noche, las nubes ya comenzaban a cubrirla, empujadas por el fuerte viento, que soplaba cada vez con mayor fuerzas.
Descendieron del bote, en silencio, caminaron hasta sentirse ya, al fin, en tierra firme y conocida. Manuel volteo observando a lo lejos, el barco británico alejándose, siendo tragado por la oscura noche.
— Tenemos que seguir — exclamó Gustavo colocando una mano sobre el hombro de Manuel.
— Quiero ver a mi Rafita — agregó Francisco preocupado, Manu lo miró, la expresión del Mexicano le pareció demasiado exagerada, pero tal vez él podía sentir algo que el chileno no notaba.
Y era así, Francisco sintió algo amargo en el aire, una especie de llanto que parecía ser llevada por el viento. Juanca parecía compartir su misma sensación, ya que su expresión era similar a la de Francisco.
Caminaron con cautela, querían ir y gritar que habían llegado, pero ni ellos entendían, el porqué actuaba así, como si se estuvieran entrando a un sector enemigo. En eso, vieron a alguien que parecía observar el silencio, una expresión triste llevaba en su rostro.
— Rafita — agregó con alegría Francisco, pero antes de que Rafa pudiera oírlo, Manuel lo agarro tapándole la boca, y escondiéndose todos detrás de unos arbustos.
— ¿Qué haces Manu?, quiero ver a mi Rafi...
— Guarda silencio — interrumpió Juanca inmediatamente —, esto está muy raro.
— Además alguien se acerca — Manuel lo soltó, no entendía ni el mismo lo que pasaba, ni el porqué había actuado así, pero sintió que un peligro se acercaba.
Antonio apareció seguido del resto de las colonias americanas, Rafa volteo mirándolo preocupado, el rostro de Antonio demostraba claramente que estaba demasiado molesto.
— ¿seguirás con esto Rafa? — preguntó fríamente, pisando algunos de los brotes de las flores que comenzaban a crecer.
— No pises las flores de Francisco — Rafa se lanza agarrándole las piernas —, no las pisotees sino no...
Como respuesta Antonio le dio una patada tirándolo lejos. Rafa se quejo de dolor en su vientre pero se volvió a levantar, a pesar de que notaba que Antonio ya comenzaba nuevamente a perder la paciencia.
— ¡¿Que le hace ese cabron a Rafa?! — exclamó Francisco enfurecido y apretando los dientes mientras el resto lo afirmaba.
— Cálmate Pancho — agregó Gustavo — resiste.
— Yo también tengo ganas de golpear a ese tipo — señalo Juanca con miraba enrabiada —, pero no debemos actuar precipitadamente, aunque me gustaría romperle la cara — golpeo el suelo molesto con su puño.
— ¿Qué le pasa a Antonio? — Se preguntó Manuel —, parece que las cosas han cambiado mucho desde que nos fuimos.
Antonio se acerco a Rafa mirándolo frente a frente, el joven de cabellos oscuros no lo miro, bajo la mirada y solo murmuro.
— Déjame tener fe, de que Francisco volverá, déjame continuar cultivando estas flores, Antonio...
—Francisco está muerto, no volverá — respondió fríamente —, José, Rosaura, todos... ayúdenme a destrozar este jardín — dirigió una mirada molesta a su alrededor.
— No Antonio, no — se arrodilló Rafa — No lo hagas, si no crecen las Dalias, Francisco no encontrara el camino a casa.
— ¡Maldición Rafael, Francisco esta muerto! — Gritó molesto Antonio, luego volteo molesto, el resto de las colonias lo miraban espantado —, ¡les dije que destruyan este jardín! ¡¿Que hacen ahí parados?! ¡Obedezcan!
Se miraron en silencio, con expresión preocupada, pero ante la mirada seria y fría de Antonio, sintiéndose atemorizados, las colonias empezaron poco a poco a pisotear los brotes de Dalia que había cultivado Rafa. Se sentían mal, horriblemente mal, dentro de sí, se daban cuenta que herían a su hermano, y era claro, ante la desesperación de Rafa, que suplicaba que se detuvieran.
— Si no quieres aprender por las buenas, lo harás por las malas — agregó Antonio, sacando un látigo de su cintura — esto lo hago por tu bien Rafael, aunque no lo entiendas.
— No, no lo entiendo — bajó la cabeza con tristeza.
Francisco los empujo a todos, estaba furioso, y sin voltear agregó.
— Lo siento, pero no puedo seguir escondido mirando esto...
Echo a correr, y antes de que Antonio alcanzara a darle un latigazo a Rafa, le dio un puñetazo en todo el rostro botándolo al suelo, Antonio se toco el rostro y un hilo de sangre salió de sus labios, con expresión sorprendida miro a Francisco, que furioso estaba parado frente a él.
— ¡No te atrevas maldito pinche cabron en volver a ponerle una mano encima a Rafa! — Empuño su mano —, porque la próxima vez te matare a golpes ¡escuchaste!
