No al plagio


Quiero agradecer a:

Alejandro Potter, Aliteru, B3ty, Beckisita, Captain Anniah, CeecyC, Chibik-Lady, Christine C, Denef, Denisse623, EmmySlyn, Eydren Snape, Fanny SG, Gred-y-Feorge, , IsisSnape1504, Jenifermorales5396, Jenny Hatake, Jisi Snape, KamyMunozSS, Kasfajne, Kharlasevsnape, LauLawliet, LisbesthCullen1993, LiteraturaBurst, MaiVegeta, Mariana Okazaki, Montse Rickman, Mosi Uchiha, Natsumi No Chiharu, Nicangel03, NymphadoraGranger95, Pandora Hellsing Riddle, Parejachyca, Phie.98, , RenBellatrix, .PRINCE7, Siy Simon, Vanlui, Yazmin Snape, Zerieka, albasnape, camtokio, darkselire, harunalin8767, isadora32, ivicab93, .942, katharyass, lesma de malfoy, lilirios, luz gabriela, marelin54, minerva91, phoenix1993, roxysnape3, selin3838, sheldonlovespenny, tenshin anime, yolanda03081991, yue yuna, zuleandris, Cascabelita, Isabelsnape, Khalit, Mery215, Odette B, Xerxes Eli, dani asmar potter, milicastro292, , Kary Lupin, S-CPHR (Valtmiz), Tsuna, SamanthaBlack30, tefs...

Por haber estado estos siete meses junto a mí viendo crecer esta historia. Les agradezco con todo mi corazón que se tomaran el tiempo de leerme, poner en favoritos, en follow o dejar comentario. Neta que pido a Dios que los bendiga en gran manera por el apoyo otorgado a mi persona.

Pero, sobre todo, quiero agradecer a mi amada MrsDarfoy que tuvo fe en mí y en la historia, que me enseñó a lo largo de estos 21 capítulos lo que es no rendirse y creer en lo que tu mente desea plasmar. Gracias, bella, por todo. Te amo.


Epílogo: Almas tontas, espíritus fuertes


Veintidós años después...

Cuando Pansy termina de hablar, se instala el silencio en la habitación y tengo los nervios a flor de piel. Sé que no tardarán en reaccionar y, conociéndolos, sé que seremos su comidilla por varios años. ¡Pero se le tuvo que ocurrir a la loba la grandísima idea de hacerlo!

Uy… Me cansa que siempre me quieran echar la culpa de sus actos como si los hubiera puesto bajo imperio y los hubiese obligado a llevar a cabo mis ideas —se queja la loba con mal humor.

¡Es que eres tú la que siempre hace que Harry y Severus compitan por cualquier idiotez!

Bah. Esos son pretextos que ellos utilizan para hacer lo que siempre han querido: mostrar quién es el mejor papá. Aunque es una riña totalmente estúpida, porque cada hijo defenderá a su padre, y no se puede negar que es demasiado divertido verlos haciendo el ridículo cada dos por tres.

No te negaré ese hecho, pero en esta ocasión te has pasado del límite… ¡Nos involucraste a Pansy a mí en todo este rollo! —grito exasperada por la actitud tan «me vale todo» de la loba.

¿Sabes qué? Bye. Eres peor que Umbridge cuando te pones en este plan de limón chupado.

Cierra la conexión Ébano y casi me quiero morir del coraje que me está haciendo pasar. No puedo creer que después de tantos años y de mi madurez, la loba tenga esa facilidad de hacerme perder el control. Ya ni mi marido me saca tanto de quicio como esa grosera.

Suspiro buscando paz interior… Paz que queda al olvido al escuchar el estruendo de carcajadas en la sala.

—¡Es tan hilarante todo esto que nos han contado, madre! –exclama Arianne, quitándose las lágrimas de los ojos que salen a causa de tanta risa—. Nunca pensé que la historia de mis padres y de mis suegros sería tan…

—¿Anti-romance? ¿Cómica? ¿Increíble? —la interrumpe Caleb; que la sujeta por detrás, ya que ella está sentada entre sus piernas cerca de la chimenea—. La historia de mis suegros es la historia más triste y rara que jamás había escuchado o leído, y eso que le hago competencia a mi madre. —¡Que siga soñando si piensa que me va a superar ese escuincle!—. ¡Madre! ¡Si vas a decirme escuincle en tu mente, asegúrate de que la conexión con la manada esté cerrada. Me dejas en ridículo en frente de mis hermanos —se queja haciendo un puchero de falsa ofensa.

—Pues tu madre no está tan equivocada en darte esa denominación… Caleb ―sisea mi esposo desde su lugar, dedicándole una mirada de advertencia que promete unos buenos crucios si seguía burlándose de él.

Veo a mi hijo tragar pesado y refugiarse en la espalda de mi adorable nuera. Estoy completamente segura que esa niña ama demasiado a mi retoño, porque si aguanta la hiperactividad que tiene gracias a Eduardo (el lobo de este) quiere decir que hay mucho, exagerado amor… Aunque también hay que darle el crédito a la paciencia de Astrid (la esencia de lobo que tiene Arianne desde que mi hijo la marcó como su pareja oficial).

—¡Es que no puedes negar, padre, que tienes la pinta de ser un hombre inquebrantable, que no le tiene miedo a nada. ¡Ni siquiera temblaste ante Voldemort! Y resulta que te pusiste a temblar por culpa de una lobita ardiente que te quería devorar! —Otra ronda de carcajadas se deja oír por retumbando en las paredes.

Quiero seguir enojada; la verdad que pongo todo mi empeño en seguir con esa mala actitud. Pero el ver a mis hijos convivir de esta forma con su padre me derrite el corazón y, aún más, que mi amado esposo no pueda disimular la satisfacción que tiene al sentir el amor que sus hijos le profesan.

Ya que fueron muchos los años que nos costaron, también Esteban y Ébano tuvieron su parte, convencer a Severus de que era digno de tener una familia, esa que siempre se le había sido negada por el destino en su pasado. No fue tarea fácil y, literalmente, mi forma de hacerlo fue dándole lo que tanto él temía: muchos hijos. Así es, mi matrimonio dio muchos frutos a lo largo de estos veintidós años: tengo seis hijos y dos más en camino.

El primero en llegar a nuestro hogar fue el pequeño Caleb, quien cuentaya con veintidós años de edad. Como saben, fue el que provocó que nuestro mundo se volviera patas para arriba; ni hablar de su tormentoso nacimiento junto al de su mate, Arianne. Esa niña, que era todo lo contrario a mi hijo, tenía a Caleb y a su lobo, Eduardo, comiendo de su mano y bajo obediencia. Aunque él está empeñado en decir no es verdad, todos sabemos que es un mandilón hecho y derecho.

Una risilla se me escapa al recordar la vez que Arianne supo que tenía una loba en su interior, después de que Caleb la marcara sin su consentimiento… Ahí todo Londres se dio cuenta que nunca debes hacer enojar a los descendientes de Potter-Parkinson, porque serán tu peor pesadilla por los siglos de los siglos. Lo que provocó que esto pasara fue un arranque de celos al estilo Granger: Caleb vio que su novia había saludado a su mejor amigo y él pensó cosas que no eran… dando como resultado que la marcara frente a todos en el Gran Comedor de Hogwarts. Es su estrellita, según él.

«Se me hace tan familiar esa escena, pero menos salvaje. Aunque sí territorial».

Fue una maravilla ser testigo número uno de la paliza que le puso la loba, Astrid, a mi pequeño hijo de diecisiete años por aquel entonces. Se ha de pensar que soy mala madre, pero reconozco que mi hijo merecía que le pusieran un estate quieto en todas las de la ley por tamaña locura e insensibilidad de troglodita que mostró esa vez… Además de que Severus ya no tenía paciencia para ser condescendiente con él. Por esa razón es su nuera favorita.

«—¡Toda persona que sea capaz de hacer sudar frío a su retoño es digno de su admiración!».

Había dicho cuando Minerva pidió hablar con él para hacerle saber del castigo que obtendría, Severus no fue suave y exigió que se le diera una semana de vacaciones a su nuera, ya que ese sería el peor castigo para su hijo: estar lejos de su mate recién tomada. Y así se hizo, desde ese entonces mi hijo ha sido más cuidadoso en su forma de actuar alrededor de Arianne y de Severus. Pero aprovecha esta reunión familiar para soltarse la cuerda del cuello y ser libre de hablar como le gusta: burlándose de todos.

En fin. Caleb fue el primero en llegar… El segundo fue… ¡Merlín Santo! ¿Qué hice para tanto castigo? Y no me refiero a que no estaba feliz porque venía otro bebé en camino. No. El problema fue que mi embarazo fue espantoso, peor que con el de Caleb.

Cuando supimos que sería una niña, el primer nombre que se me vino a la cabeza fue Eileen. Mi suegra era un amor, me dolió saber la historia de su muerte y que Severus no la pudo disfrutar como siempre había querido. Supe la historia gracias al cuadro que encontré en la casa que tenía mi esposo en la Hilandera, estaba en la recámara que nunca quería abrir solo o acompañado. Entendí el por qué y no quise angustiarlo con preguntas incomodas, con las que aún no estaba preparado para contestar; sin embargo, ella me sacó de muchas dudas y fue clave para poder llegar al corazón necio de Severus.

Lo segundo que se me vino a la mente fue la curiosidad por saber el nombre de su loba. A lo largo de mis embarazos fui entendiendo que los lobos también son mis hijos, ya que no son por nacidos de la forma en la que Ébano, Esteban y Astrid fueron concebidos: a través de una mordida. No. Eduardo y Eunice eran mis hijos en toda la palabra, compartíamos el mismo ADN. Algo difícil de entender y aceptar, pero no imposible.

Total, los primeros cinco meses de gestación de Eileen fueron los más hermosos del mundo… hasta que supimos que los Potter-Parkinson estaban embarazados.

¡Sí! ¡Severus entró en cólera al saber que era un niño el que venía en camino! El estúpido lo supo antes que yo y no me dijo nada, pero se atrevió a prohibirme visitar a mi hermano y a su esposa por dos meses sin darme explicación alguna de qué carajos estaba sucediendo para que se pusiera en ese mal plan. Como a inicios del octavo mes, Pansy pudo visitarme y me contó todo: que mi pequeña estaba destinada a Cesar, el hijo de Harry.

Ese mismo día, mi Eileen no dejó de moverse. No sabía qué era lo que le pasaba, pero era dolorosa la forma en la que se movía dentro de mí. Hasta que, tres horas después, se me ocurrió la grandiosa idea de que Pansy juntara su panza a la mía. Tuve el pequeño presentimiento que siendo mates y mi niña inquieta, siendo ella la loba pues... algo tenía que ocurrir, ¿no?

¡Eso era lo que quería Eileen! Entrar en contacto con su amado…

—¡Mamá! ¡No se vale! —Me saca de mis pensamientos el grito de la susodicha—. Tú ya estabas esperando a Caleb a mi edad y no me dejan unir mi vida para siempre con mi bello Cesar —dramatizó. Abrazando a su pareja y enterrando la cabeza de este entre sus pechos.

Oh sí. Se me olvidaba mencionar que era la urgida en marcar territorio, a sus diecinueve años, igual a su padre cuando este dejó de esconderse del amor… Lo malo es que nadie puede voltearme a ver por la amenaza de un potente cruciatus. Que hoy en día me pregunto cómo se llegaba a enterar de aquellos que lo hacían, sospecho que me puso un encantamiento. Pero es algo que me tengo que desquitar, no se quedará sin recibir su castigo.

Como decía, Eileen tiene las benditas ganas de casarse con Cesar por la sencilla razón de que quiere dejar muy en claro, a todas las zorras (así las denomina mi hija), que ella es la dueña de su corazón y de su cama. Eunice, que su nombre significaba victoriosa, está más que de acuerdo con ese cometido. Y no van a parar hasta tenerlo hecho, no por nada se llamaba así. Mi hija y su loba siempre han demostrado que cualquier cosa que se les meta en la cabeza, por muy malo o bueno que aparenten ser, lo lograrán. Por el honor Prince que lo lograban.

—Ya hablamos sobre ese tema, Eileen. Sabes que Severus se pone delicado cada vez que tocas ese pequeño asunto.

—¿Pequeño asunto? ¡Pequeño asunto mis hue… que no tengo!

—¡Eileen! Por favor, hay niños presentes —grita Cesar aguantando la risa.

Cada vez que veo a mis hijos junto a los de Harry alucino de vergüenza, todo el mundo pensó que los mío serían niños fríos y serios como su padre. Más lejos de la realidad no puede estar, mis retoños son los más revoltosos en todo Londres; ni siquiera se salvaban los más pequeños en entrar en ese rango, superados solamente por los Weasley. Esos sí son el terror de Hogwarts.

Pansy se pasa una mano por la cara tratando de controlar la sonrisa que se quiere posar en su rostro. Ella es la culpable de que mi hija sea tan mal hablada, mi pequeña siempre fue testigo de las peleas que tuvo con Harry. Tanto así que su primera palabra no fue mamá, fue carajo. Otra razón por la que Severus repudiaba la unión entre Prince-Potter, ya tiene suficiente con tolerara Arianne y a Caleb juntos como para sumarle a estos dos.

Lástima Severito que el destino y la Luna no piensan de la misma forma.

—Yo no tengo la culpa de que mi padre sea un necio que no quiera que nos unamos en matrimonio. ¡Por Merlín! ¡Que dé gracias que le estoy pidiendo permiso, porque en cualquier momento me vale su opinión y te secuestro, mi amor! —dice al tomar la cara del colorado Cesar entre sus manos y repartirle besos por toda la cara—. Y no creas que no sé que Sebastián está súper dispuesto en ser secuestrado. Es ridículo que nos quieran separar cuando ya te marqué, mi amado.

—Pero eso no importa, Eunice —contestó Sebastián—. Porque sé muy bien que eres la que pone esos pensamientos pervertidos en la mente de Eileen, aunque ella no los necesita, tú eres la que le pone más pasión. Si seguimos viviendo separados es porque respetamos y honramos a nuestros padres. Ya escuchaste la historia de cada uno de ellos. ¿No crees que merezcan que sus hijos se casen por las buenas y no por obligación así como ellos? —Levanta las manos, evitando que Eunice lo interrumpa—. No estoy diciendo que tú me estás obligando a casarme contigo, porque te amo. Pero, fíjate bien, Caleb y Arianne llevan cinco años de estar marcados el uno por el otro, y aun así no han pasado de la línea de los besos. Tienen muy en claro que no hay mejor momento para disfrutar del sexo que en el matrimonio, porque se aman y saben que son más que compatibles en ese aspecto. De igual manera debemos de ser nosotros, Eileen y Eunice, por amor a nosotros y a nuestros padres, hay que actuar correctamente. Nos casaremos aunque tu papá diga que no —se escucha un carraspeo ahogado por parte de Severus—; sé que está dispuesto a verte feliz aunque tenga que estar amarrado a un Potter como yerno. Así que hay que responderle con ese mismo sacrificio, esperemos un tiempo. Ya tenemos el sí de todos, hay que terminar nuestras carreras: tú de modista mágico-muggle y yo de arquitectura mágica. No podemos depender de la fortuna de nuestros padres por siempre, hay que pensar en nuestros futuros hi…

—¡Por eso eres el amor de mi vida! ¡Gracias Luna por darme a un hombre tan bello como él! —Ya se me hacía raro que no saliera con su griterío mi pequeña.

La valentía de Cesar se va por el retrete con ese efusivo abrazo. Estoy feliz, Severus también, por la alegría de nuestros hijos. Harry toma la mano de Pansy y la besa, susurrándole algunas palabras al oído que la hace sonreír con ternura. Desvío mi mirada a Severus y me la sostiene con un brillo de orgullo. Puede hablar lo que quiera, pero eso no quiere decir que sea lo que realmente sienta. Y sus hijos siempre serán su debilidad, sin importa si son niñas o niños. Para él, todos derriten su corazón por igual.

—No sé en qué momento pasamos de hablar cosas dolorosas del pasado de nuestros padres, a tener una trifulca causada por la flor más delicada de la familia Prince —habló con sarcasmo el tercer hijo de los Potter… y segundo yerno de Severus solo que este no es de la misma edad que mi hija.

Henry tiene dieciocho años de edad y Adara tiene diecisiete. Ese es el embarazo que más amé tener en la vida. Fuera de preocupaciones, donde pude descansar sin temor a un esposo celoso de los hijos no natos de su consuegro… Pero nos confiamos demasiado, cuando nació mi pequeña Adara no pudimos parar su llanto en todo el día hasta que un niño de un añito, de piel medio bronceada, cabello moreno y rebelde, y de ojos de un azul de infarto (que no supe de quién los sacó, sino que unos meses después supimos que los había heredado de su tatarabuelo materno) se zafó del agarre de sus padres para caminar, como pudo, en dirección a mi cama pidiendo ser cargado para estar a la altura de mi bebé. Snape fue el encargado de que cumplir su petición.

Adara se calló al instante en el que olfateó al pequeño niño cerca de ella. Un gruñido de parte de Severus acompañó a la risa que soltó la pequeña. Me sorprendí al escuchar ese sonido, ya que era muy joven para poder hacerlo.

Pero no todo es miel sobre hojuelas, ese niño es el segundo ser más serio y frío que existe en el planeta, está debajo de Severus en ese rango. Sacó lo Slytherin en toda la extensión de la palabra: es arrogante, soberbio, déspota, orgulloso. Fuera la persona favorita de mi esposo, ya que también era un genio en pociones, aunque todavía nadie me superaba… no por mucho tiempo y no por él, ¡gracias a Merlín! Regresando al tema que nos apetece, le caería muy bien a Severus si no fuera porque le ha roto el corazón a mi pequeña Adara tantas veces con su personalidad.

Le han tocado a uno de sus hijos y él no puede tolerarlo. Han sido tantas las veces en las que hemos encontrado a nuestra niña llorar desconsolada sobre lo primero que encuentra en su camino… retorciéndose del dolor causado por las caricias y besos aventureros que comparte su mate con otras chicas. Era la razón por la que me arrepentía de haber dado la idea de que despertara a los lobos de los Potter para que se fueran acostumbrando a la convivencia desde temprana edad. Eso se hace cuando ellos llegan a la edad de catorce años, siempre y cuando sean pareja de alguno de nuestros hijos.

Ni Harry puede creer que su hijo sea tan sádico en ese aspecto, porque ya nos hemos dado cuenta que lo hace por placer. Por ver a nuestra hija sufriendo por su causa. El día que nos enteramos de que esa es su intención, Severus no soportó no hechizarlo. Harry no metió las manos esa vez, pues es consciente de que a veces son buenos unos buenos hechizos.

Recordamos cuando tuve que ponerle un alto por cómo trataba a Pansy. Su hijo es igual sólo que por otro rumbo: mujeriego.

No obstante, desde hace una semana el chaval se ha comportado de diferente forma. Pansy lo notó, pues enseguida vino a decirme que su hijo ha dejado de llevar muchachas a su casa, que lo ve suspirar con la mirada perdida por toda la casa. Me impuse la tarea de checar el comportamiento de mi hija y observé que ya no lloraba de dolor. Todavía seguía melancólica, pero ya no era golpeada por la traición.

—Pues si mi hermana es una flor delicada, tú eres el hombre más tierno y agradable del mundo —refutó Erasma.

Es una loba que se caracteriza por su amabilidad y devoción, pero cuando la hacían enfadar se debía de tener cuidado. Y ella ya estaba cansada del trato de su mate, incluso estaban en proceso de una toma de decisión muy difícil para un lobo: el rechazo. Esa era la angustia que acogía a Adara desde hace dos días; Erasma estaba firme en que era lo mejor, aunque estuvieran en peligro de muerte.

Puesto que un lobo sin fuerza, si era rechazado o él rechazaba, la separación de sus almas conectadas drenaba mucho poder. Si no eran lo suficientemente fuertes, morían.

—Y tú eres una arrastrada que solo se la pasa llorando para llamar mi atención.

Todo rastro de camarería que hubo hace unos momentos se esfumó con ese comentario. Hay una tensión bastante palpable alrededor de ellos; están sentados uno frente a otro, solo que él está en el mueble para tres personas y ella en el de una.

Le doy una mirada rápida a Pansy y me cabecea, así que tomo mi varita con disimulo apuntando a Severus que tiene los nudillos blanco de tanto apretarlas y recito un petrificus totalis. Abre los con sorpresa antes de sentirlo en mi mente:

¿Qué haces, Granger? Ese malnacido tiene que pagar por maltratar a mi hija. A nuestra hija, por si no lo recuerdas. ¡Suéltame!

No puedo hacerlo, Severus. Nuestra pequeña ha tomado una decisión muy dolorosa y tenemos que apoyarla, no poner cosas peor de lo que ya pitan.

¿A qué decisión te refieres? Dime, Hermione, porque no creo...

—Tienes razón, Henry. Y creo que ya es hora de que tenga un poco de dignidad, de amor propio. —Su voz se quiebra con las últimas palabras. No puede mirarlo a los ojos, pero para rechazarlo es necesario el contacto visual—. Por lo tanto, he llegado a la conclusión de que, a pesar de que Attis muestra un amor incondicional hacia a mí, te amo tanto como para tenerte amarrado a algo que no deseas. Que nunca estuvo en tu querer, ya que siempre viste como obligación.

Por la de la mayoría entiendo que se dan una idea de lo que quiere hacer, aunque el aludido no se da por enterado. Yo ya había hablado con Harry y Pansy de lo que hará mi hija, no están de acuerdo porque la quieren como nuera, pero son conscientes de que su hijo se lo ha buscado con ganas.

—¿Estás segura de hacerlo, cuñada? —preguntó en un hilo de voz el cuarto y último hijo de los Potter: Sirius—. Sé que mi hermano ha sido un patán de lo peor, pero… pero llegara a ese extremo. Será muy doloroso para ti. No concibo que lo vayas a hacer…

—¿De qué están hablando? —¿Soy yo o a ese escarabajo le ha temblado la voz?—. Déjense de tanto drama y habla de una buena vez, Adara.

—Es mejor que te calles, hermanito. Porque te tienes bien merecido lo que, en valentía, hará mi cuñada —contestó Sirius.

SS&HG

Merlín. Cuando le dije a Harry que ya no sufriríamos me refería que ni mis hijos lo harían, pero creo que está en los genes Potter que por lo menos uno sufra en cada generación y sé que mi hijo es uno de ellos.

Por más que hablamos con Henry, no nos quiso hacer caso. Y aunque le bajó a sus andanzas, fue muy tarde. Adara ya ha dado por hecho las cosas y nada la hará cambiar de opinión como buena Prince que es.

SS&HG

—Lo que tu hermano quiere decir, Henry, es que te haré caso. Ya no me tendrás detrás de ti, ya no seré una molestia.

—Dudo mucho que dejes de serlo —dice cortante. O aparenta serlo, porque sus gestos no engañan a una loba con tantos años de experiencia, Severus ha sido un buen maestro.

Adara sonríe sin que la felicidad llegue a sus bellos ojos mieles, me duele y me siento orgullosa de ella. Tan fuerte mi niña que sé que resistirá el rechazo.

—En fin. Yo, Adara Prince y Erasma, heredera de la Luna, rechazo como mi mate a Henry Potter y Attis, heredero de la Luna por alma enlazada. Lo libero, en mutuo acuerdo, de ser mi pareja eterna ante los testigos presentes, los Prince y los Potter.

Un grito de dolor acompañado de un rayo que cruza en medio de la sala se deja oír. Quito el petrificus de Severus y corro hacía mi hija que ve con los ojos abiertos cómo se retuerce Henry en el piso, algo anda mal. Aunque es muy parecido a lo que sucedió entre Severus y yo. Ese rayo no apareció con nosotros.

—¿Qué sucede? —pregunta angustiada, Pansy.

—No tengo la más mínima idea —contesto con sinceridad.

De repente, Adara me grita en el oído y me enfoco en ella. Merlín, se está convulsionando entre mis brazos. La sostengo con fuerza, pero llegan Caleb y Cesar a ayudarme en ello.

Ébano, ¡Ébano!

Ya estoy en eso, tranquila.

Y no quise pelearle por el tono de seriedad que ocupa.

Las cosas están así —habla Esteban—: hay algo que ella dijo en su rechazo que no es verídico. Y sospecho que tiene que ver con la parte en la que menciona que es un rechazo de mutuo acuerdo. Error. Ese niño por mucho que se hiciera las cosas de esa forma, algo cambió últimamente y esto me lo confirmó. Attis ya me había mencionado que notaba al humano diferente desde hace un mes, pero que fue más notorio hace una semana que dejó de llevar mujeres a su casa. Pero hay algo muy curioso que me confesó ayer Attis: Henry nunca tuvo relaciones sexuales con ninguna muchacha. Lo único que hicieron fue besarse, a la francesa, pero solo eso…

—¿Cómo sabes eso? —Lo interrumpe Harry con sorpresa.

Me tiene un poco desconcertada Esteban sepa cosas de Henry que ni sus papás saben.

Que el humano actué de una forma no quiere decir que nosotros, los lobos, estemos de acuerdo en su forma de actuar. Porque nosotros amamos a nuestra pareja destinada y sufrimos junto a ella todo su dolor. Attis siempre me mantenía informado, gracias a que su portador no ponía empeño en cerrar las conexiones mentales, de todo lo que Henry hacía y hace. Es por esa razón que sé que él estaba empezando a tomar en consideración el amor que Attis le tiene a Erasma, llegó a tenerles envidia y llegó a la conclusión de que quería algo igual para él. Pero está más que claro que es un idiota…

—¡Hey! Estás hablando de mi hijo —recrimina Harry. Ofendido por el insulto a su hijo.

Su esposa lo golpea en el costado y lo mira con enojo, ya que ella está muy de acuerdo que su hijo ha sido muy idiota últimamente.

Es un idiota, igual a su padre, y ni te atrevas a decir lo contrario porque sabes que es verdad. En fin, prosigo: Adara se adelantó a los planes de Henry. Y ahora estamos aquí enfrentando un rechazo mal realizado por adolescentes que no saben valorar el significado de amor.

—Estamos jodidos, ¿no? —pregunta Sirius.

No. Por Merlín, por lo menos avisa que vas a hablar, Ébano—. Ocupo que levanten a Henry del piso, Caleb y Cesar. Como está siendo víctima de un dolor agudo, es necesario que apliquen fuerza para mantenerlo firme. —Los muchachos siguen la orden de la loba—. Ahora, acérquenlo a Adara y a ella no la muevan. Él tiene que recorrer la brecha que se formó entre ellos.

—Uno de mis hijos cometiendo un error que se pudo frenar desde un principio —dice en un suspiro Pansy—. Pero tengo presente que a veces se necesita pasar por el fuego para poder pulirnos. Es más fácil aprender en cabeza ajena, pero hay circunstancias en las que es mejor pasarlas tú mismo.

—Cuánta razón rebosan tus labios, Pansy. Créeme cuando te digo que apoyaremos a tu hijo… aunque sea un idiota —termino con burla.

—Pues tendrá que ganarse a sangre su estupidez. —Es tan terco y necio ese hombre—. Pero amas a este terco y necio hombre, Granger.

¡Tengo que cerrar la bendita conexión! Es un martirio no darme cuenta de que la dejo abierta.

Bueno. Después de demostrar la testosterona y sensualidad de Severus, hay que terminar el rechazo —señala Ébano—. Ya que están juntos, hagan que se tomen de las manos. La primera en despertar debe ser Adara; les explico: el contacto entre mates es algo muy esencial. Tranquiliza a la bestia más salvaje y enciende la pasión más oscura. Es lo que hará con ellos, se van a reconocer y a alimentarse la una de la otra. No es magia, es su cuerpo pidiendo ser saciado por la presencia del otro… y tampoco de trata de sexo, se trata del amor entre ellos.

Para esto, Arianne y Eileen ya se han unido a sus parejas para ayudarlos a que sus hermanos tuvieran el contacto del que habla Ébano. Se me hace un poco extraño lo que sucede después: los cuerpos de los dos dejan de convulsionarse, pero empieza a buscarse. Quieren un poco más de contacto que aún no pueden tener.

Nos quedamos en silencio para no interrumpir nada. No pasa mucho tiempo para que mi hija despierte; está un poco espantada, pero en sus ojos está el conocimiento de lo que tiene que hacer. Y lo hace. Toma el rostro de Henry entre sus manos y pasa los pulgares, en una suave caricia, por sus mejillas. Lo ve con tanto amor y lágrimas en los ojos al comprender qué él no quería separarse de ella.

Mi corazón se estruja con tan conmovedora escena. Otra madre, en mi lugar, mandaría a volar al estúpido que hubiera lastimado a su hija y no dejaría que se volvieran a ver nunca. Pero yo no haré eso, porque sé lo difícil que es que una persona se entregue al amor y más cuando este lo ha decepcionado de mil formas.

Henry no es un mal chico: si lo fuera,Attis hubiera tenido una mala relación con él y es todo lo contrario. Llevan una buena relación, lo único en lo que no congenian es en el amor a Adara. Es un buen chico, arrogante, soberbio, sarcástico, pero con buen corazón. No se tentaba el alma a la hora de defender a sus hermanos por mucho que dijera que lo tiene fastidiado.

Entiendo las dos partes y, como Alfa de la manada, tengo que ser muy justa, no me puedo llevar por los sentimientos salvajes, que a lo largo de los años, he ido controlando y utilizando a mi favor. Y esta es una buena oportunidad para ser justa, muy justa.

Mi hija tampoco actuó bien en algunos puntos que su padre, su tía Pansy y yo le dijimos. No quiso seguir el consejo de saber conquistar a lo lento el corazón de un chico frío. ¡Severus le dijo cómo hacerlo! ¡Severus! Y no tomó en cuenta las palabras de su padre.

Por eso no puedo echarle toda la culpa a Henry, aunque me instinto animal me grita que debo arrancarle la cabeza por tocar a uno de mis cachorros. Más no son así las cosas.

—He sido tan ciega. Discúlpame, mi lobo…

—No… —susurra, Henry. Despertando poco a poco de su inconciencia—. Soy yo el que no ha sabido ver… Me merezco… todo esto.

—Shh… —lo calla—. Ni tú ni yo hemos actuado como se debe, nos dejamos llevar por nuestra inmadurez y acabamos de esta forma. No obstante, podemos iniciar de nuevo. Podemos levantarnos de esta dolorosa caída, ¿quieres? Sé que no soy la mujer perfecta que deseas, porque me consideras una niña. Sin embargo, te pido que me des una oportunidad para demostrarte que ya no soy esa inmadura que había sido antes.

—Ya no tengo la necesidad de seguir pensando, Adara. Los últimos meses me han servido para pensar de más y mira a lo que llegamos, a lastimarnos.

Estoy impactada, de verdad; verlos y escucharlos mientras se piden perdón, a su manera. Me acerco a ellos y les digo que repitan el contra rechazo. Hacen lo que les pido y el color desparece del cuerpo de Henry, quien cae desmayado por el agotamiento de su cuerpo.

—Llévatelo a tu cuarto, Adara. Cuida su sueño y haz que se mantenga lo más relajado posible. Procura tener contacto constante para su pronta recuperación.

Decir que Severus está contento con lo que acabo de ordenar, es mentir. Mi voltea a ver con los ojos entornados y llenos de furia. Solo puedo mover negativamente la cabeza, no le voy a tolerar una escena más. Por muy esposo mío que es, debe comprender que el Alfa soy yo y no él.

—Ahórrate tus reclamos, pocionista. Ya pasó el drama y debes comprender que tus hijas tienen un hombre con el cual volarán en unos años. Así que te conviene tener la fiesta en paz con ellas y conmigo.

—¿No crees que se te está subiendo a la cabeza tu papel, Granger?

—No es que se me suba el papel, es que ese es mi papel. Es mi manada y tengo que ver por ella; créeme que también tengo ganas de darle una buena lección a ese escuincle, pero tu hija también hizo cosas incorrectas. Pero ya se arregló y en otra ocasión hablaremos, cuando todos estemos más tranquilos.

—Sabes que mamá tiene razón, papá. No puedes hacer nada para evitarnos sufrimientos emocionales, los necesitamos para poder hacernos fuertes. Tú ya tuviste tu largo proceso, lo sigues teniendo, así que ahora nos toca a nosotros, tus hijos, caminar en nuestros procesos de vida.

Habla con la astucia e inteligencia de siempre, Xandra. Nuestra cuarta hija y pareja de Sirius. He de decir que ella es bastante curiosa: tiene largo cabello y lacio, de un tono que no es ni de su padre ni mío, borgoña. Tiene la piel clara de Severus, pero sus ojos son de un impresionante toque amarillo… Sí. Los ojos de la loba son su color natural, ella y sus otros dos hermanos, son los únicos que no tienen cambios en el color de sus ojos cuando habla su lobo, ya que comparten el mismo color.

Es una chica demasiado inteligente, su loba también lo es. A su corta edad, catorce años, ya cuenta con su graduación de Hogwarts. Aunque sigue asistiendo, porque dice que ser inteligente no es sinónimo de perder sus etapas de vida. Ya tiene todos sus TIMOS y EXTASIS libres, pero ella disfruta de la escuela como una alumna más.

No obstante, su pareja es todo lo contrario a ella. Sirius es un muchacho noble de corazón y un aguerrido Gryffindor. Se toma las cosas con demasiada calma que está en peligro de reprobar su quinto año. Y eso es lo que me hace sospechar que mi hija no quiera salirse de la escuela hasta que su pareja la termine.

Creo que siente vergüenza de pensar que ella será tachada de salir con una persona demasiado floja para su demasiada inteligencia. Lo ama, mis hijos aman a sus parejas, pero tienen bien en claro que ellos tienen sus defectos y que están dispuestos a ayudarlos en todo. Y Xandra no es la excepción con su amado Sirius.

—Bien. Creo que podemos seguir con las anécdotas de nuestros padres sin ningún inconveniente más —dice Sirius emocionado.

—Ah no, querido. Tú y yo nos vamos a ir a la biblioteca a darle un buen repaso a las materias en las que andas muy mal en este mes, Sirius. —La cara de ese niño era tan cómica que nadie en la sala pudo resistir guardar las carcajadas.

—¡Siempre me quieres avergonzar delante de todos, Xandra! ¡Eres muy mala conmigo, amorcito! —grita hecho un tomatito de lo rojo que está—. Debería reconsiderar el ser tu pareja, ¿sabes?

Habla por ti, estúpido. Que mi amada, Eline y yo no tenemos la culpa de que Xandra sea muy inteligente. Salió a su madre, pero es horrible saber que tu pareja no cumple con las expectativas suficientes.

Otra ronda de risas se deja escuchar de parte de esos niños. Merlín. Nunca se cansan de hacerse bullying unos contra otros. Es una forma rara de demostrarse amor entre hermanos, algo que no puedo comprobar al no tenerlos.

Cuidado en cómo te diriges a él, Miguel. Quizás no sea muy inteligente… más bien sí lo es, pero lo aplica en otros ámbitos como las bromas.

Cierto, ese mocoso es el que le hace segunda a todos los Weasley en todas sus bromas. Algo tuvo que haber heredado de parte de su antecesor.

—Por lo menos alguien sí demuestra que me ama, no como ustedes dos, que se empeñan en hacer mi vida una tortura cuando me ponen a estudiar…

—Te prometo algo, Potter —dice Severus acercándose a pasos lentos al muchacho que está hecho piedra al escuchar a mi marido dirigirse a él—. Si haces que mi pequeña quede ante la sociedad como una tonta por tener a un cabeza de chorlito como mate… Ten por seguro que haré de tu ida una real tortura, a tal grado que anhelarás los días en los que mi hija te torturaba poniéndote a estudiar… ¿Estamos claros? —sisea en el rostro del muchacho que está a nada de hacerse en los pantalones.

—Snape. No creo que sea necesario que amenaces a mi hijo…

—Papá, deja a mi novio en paz o yo te prometo que te dejo de hablar…

Hablan los dos al mismo tiempo, pero Severus los ignora y centra su completa atención en Sirius. Después de unos minutos de silencio, en los que la Pansy, Harry y yo estamos atentos a cualquier movimiento extraño hecho por mi esposo, nos relajamos cuando Sirius segundo abre la boca para contestar a su suegro:

—La realidad, querido suegro —dice con una sonrisa maliciosa en los labios. Abro los ojos por la impresión de ver la mirada desafiante que le manda ese chiquillo a mi esposo—. Creo que no será necesario que me prometa nada, ya que nada de lo que se argumenta en mi contra es cierto.

Mi ceño se frunce con curiosidad por sus palabras y mi cerebro empieza a trabajar al cien por ciento de su capacidad. Veo que Harry tiene la clara intención de preguntar algo, pero no lo dejo:

—¿En qué casa estás, Sirius? —pregunto con miedo a la respuesta y más si esta es la que pienso que es.

Su sonrisa maliciosa se ensancha aún más y dirijo mi mirada a mi hija. Esta está viendo con cierta diversión y molestia en los ojos a su acompañante mientras niega con la cabeza.

—Es obvio que está en Gryffindor, Hermione. Siempre lo hemos sabido.

—No me entiendes, Pansy. Es muy fácil mandar por carta lo que uno quiere, no hay algo que confirme que lo que dices en ellas sea cierto a menos que tuvieran una prueba de ello.

—Eso lo sé, pero sus uniformes son clara muestra de ello.

—Siento diferir de tu argumento, pero existe varios encantamientos con los que se pueden aparentar cosas que no son ciertas. Y algo me dice que ellos dos —señalo a mi hija y a Sirius—, nos han estado engañando a lo largo de cinco años.

Para este entonces, la mayoría de mis hijos estaban con palomitas y bien sentados en los sillones observándonos como si fuéramos la mejor película del año. Ni me había dado cuenta de que Adara había bajado con los últimos integrantes que hacían falta.

—Se los dices tú o lo hago yo, Xandra. —Se cruza de brazos esperando la respuesta de su novia.

—Pues ya que estás con tu buen humor y con las ganas de no tomarme en cuenta —hizo una mueca de enfado—, has lo quieras.

—Bien.

No entendía un comino de lo que están hablando y Ébano está más que feliz por saber lo que ocultan estos dos.

—Pero antes de que les digan a nuestros papás, es mejor que ellos tomen asientos. No queremos llevara San Mungo a ninguno de ellos —dice Arianne.

—Cierto, suegrito. —Un gruñido sale de la garganta de Severus ante ese mote—. O suegrote, como a usted le guste más.

—Mira hijo de…

—¡POTTER! Controla tu lengua con mi padre, que no me tienes muy contenta. —Es notoria el pasar de saliva en la garganta del susodicho que, con miedo, asiente y hace el ademán de que está cerrando su boca con cierre antes de sentarse lejos de Severus y su novia.

—Espera… Ustedes saben de qué casa es, ¿cierto? —increpo a mis hijos. Que se hacen bolitas unos con otros para protegerse de la furia que se está empezando a acumular en mis ojos.

—No… no sabes de qué ha-ablas… madre.

—Cesar, hijo. Dime qué es lo que nos ocultan. —Por nuestras mentes de padres está pasando el peor de los escenarios… Bueno, en la mía se está la posibilidad de que mi yerno es el futuro Voldemort y que está utilizando la unión que tiene con mi hija para manipularla.

Llevo mis manos a la boca para ahogar el grito de terror que quiere escapara con ese pensamiento.

«Merlín santísimo, ¿qué haré si es eso?».

—En serio, suegra. Yo a usted la creía menos dramática, que era la que lleva el control de todo sin alterarse… Y me topo con la realidad de que la fuma y no la controla. ¿Cómo fregados voy a ser el futuro Voldemort? Sé que hemos ocultado cosas, pero son cosillas inocentes…

—¡Ni tú te la crees! —grita Caleb desde su lugar.

—Cállate, perro.

—¡Uy! ¡Qué perra, que perra, que perra mi amiga!

—¡Eres un…!

—¡BASTA, CARAJO! Siempre tienen que sacar su lado animal y el mío que soy una dulzura de persona —para Cara (mi quinta hija) con una vena resaltando su cuello—. Así que me vale un pepino muy grueso quién le dirá a nuestros padres lo que esos dos guardan, ¡pero que lo haga de una mugre vez!

Cabe aclara que mi Cara es idéntica a mí… en absolutamente TODO. Es muy dulce, gracias a su loba Erianthe, pero cuando se le acaba la paciencia es una Granger en todo su esplendor.

Nadie es capaz de decir algo y ella ha tomado la decisión de tomar al toro por los cuernos.

—Bueno. Resulta, que ese niño que todos ven como el que no hace nada, holgazán, tardo, tarado, idiota, imbécil, flojo, come cuando hay, pelón de hospicio, mandilón…

—Gracias, cuñada, nos ha quedado muy claro lo que todos piensan de mí. Pero me harías un gran favor si te enfocas en lo que nos importa, gracias —la corta, molesto.

—De nada, cuñis. Prosigo con mi relato: mi hermana y él nos han mentido todo este tiempo, padre —dice dramatizando demasiado—. Empezando por la casa en la que se encuentra, ya que todos los hijos de tío Harry y tía Pansy son Gryffindor… Sirius tuvo miedo de que sus padres se enojaran con él por quedar en una casa distinta.

Pansy suelta un jadeo de asombro, está anonadada con eso y se puede decir que ofendida por el pensamiento de su hijo.

—Pero es algo tonto pensar que nos molestaríamos por eso, hijo —replica Pansy.

—Tu madre tiene razón, Sirius. Tu madre es Slytherin y yo Gryffindor, si quedaste en la casa de ella no es para que te alteres. Te aceptamos tal y como eres —dice mi hermano, tratando de contener su sorpresa.

—Es que ese es el problema, tío. Que no quedó en ninguno de eso dos.

—¡POR LO QUE MÁS QUIERAS, NO ME DIGAS QUE ERES UN TEJÓN! —grita Harry.

Sus nervios ya no pueden se contenidos en su cuerpo y cae colapsado por la impresión. Pansy corre a socorrerlo para después ella desmayarse, y al final todos terminamos desmayados para que, a segundos, explote una bomba matándonos a todos. Fin.

Mentira. Después de tremendo grito, Harry empieza a hiperventilar y pide que le digan que su retoño no es un Hufflepuff. Cosa que no se le puede conceder.

—Soy un tejón, pero también soy un Ravenclaw… —¿Cómo? —. Ya sé, ya sé. Es algo confuso. Resulta que el Sombrero no sabía en qué casa ponerme, ya que decía que tenía mucho potencial para ser un buen Huff, pero que también tenía la inteligencia para estar en Ravenclaw. En ningún momento hizo mención de Sly o Gry, a pesar de que le dije que quería estar en Slytherin como mi madre. Porque todos mis hermanos mayores ya habían estado en Gryffindor. Darle esa alegría a mi mamá. Pues eso lo tomó en mi contra y me dijo que esa era la respuesta que tanto estaba buscando en mí, que no le quedaba duda que Hufflepuff era mi casa. Pero tampoco estaba conforme del todo, así que pidió que mi casa principal fueran los tejones, pero que se me abrieran las puertas de la biblioteca de Ravenclaw cada vez que yo quisiera entrar, que no cometiera el error dos veces.

Obviamente está hablando de mí. Y no puedo estar más de acuerdo con la decisión del sombrerero.

—¿Y con los puntos? ¿Cómo lo hacen? —pregunta con indiferencia, Severus.

Ja. Ni él se cree que no le importa.

—Los puntos son divididos en dos. Así que suegri… —se corrige—, suegro. No tiene nada de qué preocuparse, soy la excelente pareja de su hija.

—¿Pero qué es lo otro que nos están ocultando? —pregunto.

—Que Sirius y yo abrimos una empresa en el mundo muggle que está dando buenos frutos. Es una cadena de hoteles y de construcciones, pero… pero para poder abrirla tuvimos que hacer algo…

Luego me dicen dramática, pero qué puedo hacer cuando hacen esas pausas a lo Snape. ¿No entiende que uno piensa lo peor cuando hacen eso?

—¿Saben? Ya me estoy alterado más de lo que estaba cuando Ébano sugirió que contáramos nuestra vida. Se supone que ustedes iban a escuchar tranquilos, que después iríamos a cenar, para luego cada quien ir a sus dormitorios a dormir. ¡Pero no! Estamos en este punto donde nos harán bullying toda l vida por no ser tan románticos como esperaban, el punto donde una de sus hermanas hizo mal un rechazo que casi mata a su pareja y que ahora estamos en la espera de saber qué estupidez hicieron ustedes dos. Cosa que solo conformarán lo que ya he pensado. Y déjenme decirles que son unos reverendos idiotas inconscientes por hacer eso solo para abrir una empresa.

—No nos puedes culpar, madre. Solo adelantamos un poco las cosas, aunque no hemos hecho nada de lo que tu pervertida mente piensa… aunque ya podamos hacerlo.

Es mejor que no te metas Eline, serás todo lo inteligente que quiera. Pero soy tu madre y te callas, tú, Esteban y yo hablaremos en lo privado de todo esto. Y más te vale que me convenza tu palabra, porque juro encerrarte en lo profundo de la mente de Xandra si la sigues influenciando de esa mala forma.

Lo dices por experiencia, ¿verdad, madre?

Claro que lo digo por experiencia. Pero la diferencia es que tú estarás en contra de tu voluntad sin poder salir, yo podía hacerlo cuando quisiera.

Les presento a la loba rebelde de la familia. Es el frijol en el arroz, pero la amamos. Es mi cuarta hija, la de mente brillante. Claro que la amo, aunque a veces se quiere pasar de lista. Pero se le olvida que ni ella ni sus hermanos pueden superar mi inteligencia.

—Mamá. —Siento la mano de Cara tomarme del brazo; volteo a verla a los ojos—. En lo que llevamos del día te han dicho que cierres tu conexión. Ahora nos acabas de dejar muy en claro que eres una modesta en toda la extensión de la palabra. —Pone los ojos en blanco antes de soltar una risilla que me hace palidecer, para luego retomar un color granate.

—Va siendo hora de que cada quien se vaya a sus respectivos cuartos y cuando esté la cena lista les hablamos.

Dije cambiando el tema y corriéndolos de mi vista. No creo poder aguantar una indirecta más de ellos.

—Pero no nos han di…

—No importa. Yo lo sé y punto. Váyanse todos, ¡AHORA!

En menos de diez segundos ya habían desalojado la sala de estar. Sin embargo, dejaron un cochinero. Daba gracias por tener magia, no sé qué haría sin ella con ocho hijos que huyen de las responsabilidades del hogar. Los últimos dos no se pueden contar todavía.

—Ya que se fueron —susurra Severus en mi oído mientras me abraza por detrás—. ¿Nos vas a decir qué hicieron esos dos?

Dudo un poco en decirle, pero la cara de Pansy (que sospecho que ella también sabe) me dice que hable.

—Se han casado, Severus. Tomaron poción multijugos y se casaron con su nombre reales en el mundo muggle por lo civil. Y antes de que te alteres, huele a tu hija, aún no han consumado ni marcado nada. Todo lo hicieron pensando en el futuro que tendrán juntos, sabiendo que de las dos partes tienen muchos hermanos y ellos no quieren depender de nosotros toda la vida.

—¿Pero casarse? —Aprieta su agarre e mi cintura, tratando de controlar sus celos de padre.

—¿Qué hemos hecho para que nuestros hijos sean así? —pregunta al dejarse caer en el asiento, Harry.

—No te eches la culpa de algo que no tienes. Nuestros hijos no son malos sino que son imprudentes al momento de hacer las cosas. Todo lo que hacen es por querer sobresalir por su propio esfuerzo y no porque son los hijos de Harry Potter, Hermione Granger, Severus Snape o míos. Cuatro héroes de guerra. Debes entender que no quieren tener la fama de sus padres y que todo el mundo les abra las puertas por eso. No. Míralos a cada uno de ellos, y date cuenta de que solo buscan que nos sintamos orgullosos de ellos.

Y claro que tiene razón Pansy. Esos niños son muy imprudentes, pero todos sus actos son bondadosos. Hasta el amargo de Henry tiene su buen corazón y la rebelde, Eline, que solo habla por hablar, pero que pide perdón sincero al darse cuenta de que sus palabras lastimaron más de lo debido.

—Nos llevaremos a nuestros hijos a la casa, Hermione. Quiero tener una buena charla con ellos, como padre a hijos. No como Potter a Potter. Disculpa si no nos quedamos a cenar.

Niego con la cabeza entiendo perfectamente lo que desea hacer.

—No hay problema, creo que es tiempo de que nos tomemos un buen tiempo con nuestros hijos.

SS&HG

Hace dos horas se fueron los Potter de nuestra casa. Un suspiro melancólico abandona mis labios justo antes de sentirlo detrás de mí y que me envuelva en sus fuertes brazos, que a pesar de la edad, siguen siendo fibrosos.

—¿Qué es lo que te acongoja, querida?

—Llevamos veintitrés años de casados, Severus. Tengo cuarenta y dos años y tú /tienes sesenta y uno. Aunque parece que sigues en tus treinta y yo en los veinte.

—Ventajas de ser gente mágica y longeva. Tampoco podemos olvidar que somos licántropos y que tenemos muchas más longevidad que ningún otro. Pero no entiendo que tiene que ver todo esto con lo que te atormenta.

—Que no sé qué sería de mí si mi vida hubiera sido común y corriente, sino hubiera llegado a mí esa carta que me dejó muy en claro que pertenezco a un mundo totalmente diferente al que pensé durante once años. Y que, ahora a mi cuarenta y dos, agradezco con todo mi corazón.

Recargo por completo mi espalda a su pecho, dejándome llevar por las caricias que sus labios le otorgan a mi sensible cuello. Un gemido deseoso de más nace de lo profundo de mi ser.

—Mi bella esposa. Mujer necia que no quiere dejar pasar por alta ningún detalle y se sigue empeñando en buscar solución a todo lo que pasa frente a ella sin disfrutar primero.

Sus manos toman mi cintura y me jala más hacia él. Su dureza choca contra mi trasero y los dos rugimos por el contacto.

—Qué bueno que insonoricé nuestro cuarto antes de entrar y cerré con buenos seguros para que no nos interrumpan.

—Y bendita sea nuestra longevidad que nos seguirá haciendo disfrutar del sexo sin límite alguno —contesto.

Su ronca risa me acaricia la espalda y hace que mis vellos se ericen por la expectativa de lo que hará. Porque siempre hace algo nuevo cuando nuestras noches son demasiado calientes.

No supe en qué momento pasó, pero ya me tenía boca abajo en la cama. En ningún momento dejaba de repartir besos por toda mi espalda. Lo siento subirse a mis muslos y colocar sus manos en mis omoplatos.

—Quiero que cierres los ojos y extiendas tus brazos hacia el respaldo de la cama, Granger —dice con su exquisita voz cerca de mi oído. Obedezco sin dudar—. Buena, niña. Veamos si sigues igual de obediente… ¿Recuerdas tus palabras de seguridad?

«Carajo. Las palabras de seguridad, esta va en serio».

—Sí. Negro y pasión.

—Excelente. Aunque dudo que tu excitación te deje utilizarlas.

Tiemblo de la emoción y siento mi centro vibrar. Me estaba empezando a humedecer y él solamente me estaba haciendo masajes en la espalda, pero sé muy bien que eso solo es pura fachada para distraerme de lo que en realidad tiene planeado.

Se queda en silencio unos segundos y escucho que algo corta el ambiente: la varita. Acaba de mover la varita para quitarme la ropa y dejarme totalmente expuesta ante él con las manos amarradas, y los ojos vendados. Merlín. Cundo se le mete la vena de Dominante, me deja desarmada. Me es imposible no ser la sumisa que tanto desea, porque él cumple con el dominante que tanto me encanta tener entre mis piernas.

Nunca hemos sido un matrimonio normal y nunca lo seremos.

—Hoy me hiciste pasar por varios disgustos y me hiciste parte de varias bromas —sisea. Y se levanta de mi cuerpo a la vez que deja caer su mano sobre mi trasero haciéndolo rebotar.

—¡Eso dolió, estúpido! —Bueno. A veces no se puede evitar que salga la guerrera que llevas dentro.

—Silencio, cariño —dice con voz dura. Y otra palmada en mi trasero se deja sentir. Lo dio con más fuerza que la otra y se muerdo la lengua antes de hacerme merecedora de otro golpe—. Eso, pequeña. Ves que si me obedeces puedo ser bueno contigo.

«Hijo de perra, pero ya me tocará mi venganza».

—Pero estamos en mi venganza, cariño. Y pasaré lo que dijiste en mente por alto, porque fue en la mente. Pero si vuelves a pensar en algo sin cerrar la conexión, no dejaré que te corras gasta mañana.

Sin pensarlo, ordeno a Ébano que se encargue de cerrar la conexión. A ella tampoco le conviene el castigo, las dos sufriremos las consecuencias.

—Bien. Como he sido condescendiente contigo. Creo que merezco un pago por ello.

Lo escucho bajarse de la cama y moverse por la recámara. El olor en el cuarto cambia a uno mentolado y lavanda. Lo siento tomar mis rodillas y llevarlas a mi vientre, dejándome en posición fetal boca abajo.

—Abre las piernas.

Lo hago. Y su mano recorre desde mi cuello, bajando por la espalda, hasta mis pliegues vaginales. Los cuales separa para observar.

—Quién diría que a la fémina del trío de oro le gusta el sexo salvaje, ¿eh? Que le encanta ser sometida por un buen dominante que la satisface en todos los sentidos. Estás tan húmeda… ¿Estás ansiosa, querida?

Asiento en respuesta y otra cachetada mi glúteo izquierdo me ataca.

—Responde en voz alta, Granger. No me hagas enfadar, porque sabes la consecuencia.

—Sí, estoy ansiosa. Severus. —Termino para recibir otro azote. ¡Mierda!—. Lo siento, señor.

—Pensé que hoy ibas a estar más obediente, pero ya me di cuenta de que no es así.

Ya no lo vuelvo a escuchar y mi cuerpo se pone alerta. No escucho absolutamente nada y por eso me sorprende cuando siento el primer latigazo en la espalda. Me está azotando con el látigo de ligas; me pega lo suficientemente fuerte para hacerme sollozar de dolor, pero también de placer.

No es la primera vez que jugamos al dominante y a la sumisa… o al revés. Los dos nos cedemos los roles, dependiendo del estado del ánimo que tengamos. Hoy necesito sentirme dominada por su pasión, ser desbordada por lo que él me transmite.

—Siete… ocho… nueve… diez… —se detiene—. Con eso tienes por tu insolencia de llamarme por mi nombre sin permiso.

Mi espalda escose y sé que es el principio. Sus labios sustituyen al látigo y recorren cada herida de mi cuerpo que va sanando con su saliva.

«¡Bendita mi licantropía!».

Deja caer su cuerpo completamente en mi espalda y siento que está en pantalones.

—Estás consciente de que te castigué porque así me obligaste, ¿cierto?

—Sí, señor. Por hablar de más.

Lo siento erguirse y tomar mis caderas. Empieza a simular penetraciones, rozando su bulto contra mi botón. Me está torturando y lo sabe, ya necesito sentirlo dentro, pero no me deja. Sin dejar de moverse, lleva sus manos a mis pechos y los pellizca con dureza.

—¡Ah, señor! ¡Duele!

—Mientes, no te duele. Estás siendo exagerada.

Y es verdad, no lo estaba haciendo tan fuerte como aparenta. Pero quiero retarlo a que lo haga.

—Pero dado a que es lo que quieres y deseas…

Tengo claro que estoy jugando con fuego, pero no lo puedo evitar. Hay mucho estrés en mi cuerpo y solo así puedo sacarlo. La estimulación de mi centro junto a las vibraciones que envían sus manos en mis pezones, hacen que la tensión en mi bajo vientre se vaya acumulando y cuando estoy a punto de ver las estrellas, se separa de mi cuerpo.

Siento el frío de la noche golpearme y me remuevo buscando su calor, pero los amarres en mis manos y tobillos no me dan mucho movimiento. Estoy a nada de llorar de la impotencia de no tener mi orgasmo. Odio cuando hace eso.

—Shh… Tranquila, cariño.

Gimo con fuerza al sentir dos dedos entrar en mi sexo empapado. Me bombea con fuerza, trato de seguir su ritmo, pero aumenta metiendo el tercer dedo.

—¡Ah!

—Ni se te ocurra correrte, pequeña. Lo harás conmigo dentro.

Era imposible lo que me está pidiendo, si sigue fallándome de esa forma me vendré en cuestión de segundos. Mando por un carajo, la orden que me dio y me dejo llevar, pero él se adelanta a mis movimientos y vuelve a dejar de estimularme.

—¡¿Pero qué…?! ¡AH! —Entra de una sola estocada en mí. Resbala con facilidad por mis jugos, pero eso no evita que sienta cómo mis paredes se ensanchan para forzarse al adaptarse a su gran tamaño.

—Recuerda que por más que quiera darte y tratarte como quiero, debemos tener cuidado, cariño —sisea con la voz entrecortada por contenerse—. Abre más las piernas, Granger. Aún no termino de entrar.

Con dificultad, abro las piernas y lo siento empujar un poco más. Un ronroneo se forma en mi garganta al sentirlo por completo. Él dice algo inentendible, pero tiene que ver con la estrechez de mi cavidad. Toma mi cabello con una se sus manos y me jala hacia atrás, haciendo que curvee mi cuerpo hacia él, desata mis tobillos para darme un poco más de flexibilidad y comienza con sus cabalgadas.

Con cada empuje, mis labios dejan escapar un gemido sensual que lo hacen arremeter con más fuerza. Jala un poco más de mí y toma mi cuello con sus dientes. Entierra los colmillos en él para succionar de mi sangre.

El primer orgasmo se deja venir. Me suelta gruñendo por la fuerza que ejercen mis paredes en su miembro.

—Mierda, mujer. Por eso me encanta tomarte cuando estás así… —Acelera el movimiento de sus caderas, en círculos, rectos, como más le plazca. El resultado es el mismo: placer mutuo.

—Por favor, señor…

Entiende mi ruego y lleva una de sus manos a mi botón para estimularlo. Está tan hinchado que, apenas lo toca, otro orgasmo me golpea con fuerza. Ya no tengo fuerzas para aguantar mi cuerpo y me dejo caer hacia enfrente, quedando en la posición original: con la cara recargada en la cama.

Los embistes de Severus se vuelven erráticos, otros tres más y me llena.

—Te amo, Granger.

—También te amo, Sev.

—Descansa, pequeña. Espero haberte dado lo que tanto necesitabas esta noche.

«Que no le quede duda de que así lo hizo».

SS&HG

La luz que entra por la ventana me daba en la cara. Quiero moverme y un ardor entre mis piernas me lo impide.

—No te muevas tanto, Hermione. Ya te estoy preparando un baño para relajar tus músculos. Estuviste espectacular anoche, lástima que tengamos que poner más límites de los comunes.

—Pero fue fabuloso.

Ríe ante mis palabras, me encanta saber que, con el pasar de los años, se vuelve más común escucharlo soltar esas notas que tanto negaba al mundo. Me toma entre sus brazos para llevarme a la bañera. El contacto del agua caliente con mi piel me hace gruñir de placer.

Abro los ojos y lo veo sonreírme con amor. Mientras se acomoda para enjabonar mi cuerpo con delicadeza.

—Puedo hacer sola, Severus —digo con un puchero.

—Lo sé, pero quiero consentir a mi esposa. Se lo merece después de la buena noche que me dio.

—Tú también me diste buena noche, Snape.

—Sin embargo, no es nada fácil someterse a otro. Y tú siempre lo haces en nuestros juegos, eres la sumisa perfecta en la cama. Es en el único lugar que me gusta ver tu voluntad doblada y tu fiereza moldeada.

—Tan romántico —refuto con sarcasmo. Lo que le provoca una estruendosa carcajada.

—No lo soy tanto, pero sé cómo cumplirte por otros lados. Nuestros ocho, casi nueve, hijos nos lo demuestran, ¿no crees?

—¡Eres un sucio!

—No más que tú, querida.

SS&HG

—Cassian, ven por favor.

Mi sexto hijo, tiene ocho años de edad y es el coqueto de la familia. Su lobo blanco se llama Eros. Entre los dos vuelven locos a cualquier fémina que esté a su alcance sin importar su edad, pero me he asegurado que ninguna vieja, vieja lo acose. Lo peor de todo es que a él le molesta la coquetería que está en su naturaleza, ya que dice que no podrá encontrar a una buena mujer que lo quiera por lo que es y no por las feromonas que su lobo emite. He hablado mucho con él explicándole que no es así, que cuando encuentre a su pareja será el momento más mágico que pueda tener.

—¿Si, mamá? —Llega a mí con sus ojitos negros opacos por la tristeza.

—¿Qué tienes, bebé? —Niega con la cabeza antes de bajarla. Noto las lágrimas que empiezan a caer de sus ojitos. Espero a que se atreva a hablar, no espero mucho.

—Es que… es que vi a mis hermanos hace un rato con sus parejas. —Moquea un poco antes de seguir—: ¿Podré tener a alguien que me ame, mamá?

Por Morgana Santa. Es horrible escuchar esa pregunta de los labios de mi hijo y a tan corta edad.

—Claro que sí, nosotros te amamos.

—No mami. Esa pareja que hace que tengas una sonrisa en tu cara aunque estés pasando por cosas horribles, así como papá y tú se tienen, como mis hermanos tiene a los Potter… Ellos los encontraron desde su nacimiento, ¡hasta los gemelos ya tienen a sus parejas y solo tienen tres años!

—Ven aquí, precioso. —Abro mis brazos para recibir a mi pequeño—. Ten fe y esperanza, hijo. Mientras la encuentras, trata de ser el mejor hombre para ella. Prepárate, estudia, sé el mejor en valores. Guarda tu corazón de las arpías que te buscaran solo para complacerse con tu cuerpo, espérala. Sé que no tiene nada de malo disfrutar, pero sé que te puedes arrepentir por darle migajas y no darle tus primeros descubrimientos, que los dos lo hicieron juntos.. Y te seguro que, cuando la tengas en tus brazos, sabrás que valió la pena la larga espera.

—Gracias, mami. Te amo.

—Yo también te amo, bebé. Ahora quiero que quites esa cara larga —digo secando la lágrimas de su rostro—, y que vayas a jugar con tus hermanos.

—Sí, mamá.

Me da un último abrazo antes de salir corriendo al jardín. Veo cuando se reúne con sus hermanos y estos lo reciben con cosquillas, percibiendo el ánimo triste que lo rodea.

—La encontrará, Hermione. —Estampa sus labios en los míos en un beso profundo.

—No tengo duda de ello.

—Pero tienes duda de tu hijo. También debes de tenerle fe y esperanza a él, mujer. Lleva nuestra sangre, aprende rápido.

No me queda más que hacerle caso y confiar en que será feliz.

—¡Mamá! —Los que hacían falta—. Mira lo que encontramos en los arbustos de la cerca —dicen con dificultad los gemelos, Dante y Darien (sus tranquilos lobos: Eneas y Eliecer).

Tienen tres años y, a los dos años, encontraron a sus mates: las gemelas Weasley-Greengrass: las hijas de Ron y Daphne. Como casi no los vemos, no nos dimos cuenta de que ellos tenían gemelas de la edad de nuestros retoños, sino que hasta que coincidimos en Callejon Diagon fue que supimos, gracias a que nuestros pequeños corrieron e ellas para abrazarlas y no soltarlas hasta que los amenazamos con no dejar verlas nunca, que eran nuestras nueras.

Harry no paró de reírse de Severus por un buen tiempo, todavía lo sigue haciendo. Pero ya no en la misma potencia.

—¿Qué encontraron? —pregunta con sospecha, Severus.

—¡Esto!

Gritan al sacar de su espalda un alacrán cada uno. Casi me da el soponcio al ver la sonrisa de traviesos que cargan y a esos animales en sus manos.

—¡Quítaselos, Severus!

Digo antes de caer inconsciente.

SS&HG

Cincuenta años después.

—Ves. Te dije que le tuvieras esperanza y fe a tu hijo, Hermione.

Es inevitable no emocionarme ante lo que estaba viendo: mi hijo Cassian está contrayendo matrimonio con una bella mujer que también estuvo en la espera de su pareja. Así es, es una hija de licántropos nacida en Alaska. Es un siglo mayor que mi hijo, pero no soy nadie para juzgar. Somos licántropos y la vida es eterna para nosotros, a menos que queramos morir.

Y no me puedo olvidar del pequeño, no tan pequeño, Oziel. Mi noveno hijo, con cuarenta y nueve años de edad. Es el espíritu más libre que puedan ver.

Nunca encuentra límites para lo que se propone. Es como su hermana Eileen, pero sin fronteras terrenales.

—Madre y Padre, toda la vida les estaré agradecido de que decidieran tenernos en sus vidas —dice Oziel en el brindis—. Soy el último de sus hijos y sé que seguirán teniendo.

Las carcajadas de los invitados se dejan oír. Y mi cara se pone roja de la vergüenza.

—Pero lo que no se puede negar es que cuando decimos que es imposible, esta nos da una cachetada con guante blanco —termina guiñando un ojo en nuestra dirección.

—Tu hijo es imposible, igual a ti.

—Por Merlín, Severus. Eso es mentira —digo con burla.

Me lleva al balcón más lejanos del barbullo y me toma entre sus brazos.

—¿Eres feliz?

—Créeme, Severus, que han pasado más de cincuenta años y soy más feliz que a como estábamos al inicio de nuestra obligada relación.

—Algo imposible, ¿no?

—¡Ja! Te sorprende y se ríe de ti —susurro sobre sus labios antes de sellar nuestro amor una vez más.

.

FIN

.


(Capítulo beteado por MrsDarfoy)

Doy por terminado: ¿Imposible? ¡Ja! Te sorprende y se ríe de ti.

Besos, inesUchiha.