CHICAS LAMENTO LA TARDANZA; SOBRE TODO A ANALIZ, NO LAS TENGO CASTIGADAS, ES SOLO QUE POR LAS VACACIONES TUBE VISITAS QUE ATENDER, ASI QUE PARA COMPENSAR UN POQUITO AQUI LES DEJO OTRO CAPI. LO SIENTO.
Capítulo 21
La mansión de la familia Grandchester es una imponente propiedad construida durante el siglo pasado, en una extensión de tierra realmente enorme.
Justo después de pasar la reja, en cuyo centro se encontraba el escudo de la familia real, había una enorme fuente que precedía un par de pequeñas jardineras decoradas con flores de color blanco y tonos pastel y pequeños arbustos sembrados paralelamente unos con otros.
Mientras el auto se abría paso por el camino de adoquín hacia la entrada de la casa. Candy contemplaba detenidamente esta. La mansión tenía tres pisos, al parecer había una terraza que actuaba como un cuarto piso.
-Impresionante. – dijo Terry, mientras la conducía por las enormes escaleras de la entrada.
-Sí. ¿Alguna vez has explorado todo el lugar?
-Claro. En eso me entretenía cuando era pequeño. No creerías lo que encontrábamos los chicos y yo cuando éramos niños.
Si el exterior era imponente. El interior no se quedaba atrás. Tenía un aire de elegancia y sofisticación propio de la realeza antigua, con un sutil toque de modernidad en toda la decoración.
-Es hermoso. – dijo Candy maravillada.
-Me alegra que sea de tu agrado. – hablo una voz a su espalda.
-Señora Grandchester…
-Solo dime Eleonor. – dijo con amabilidad. – Terry que descortés de tu parte no avisarme que tendríamos visitas. – lo regaño.
-Fue de último momento. No pensábamos venir. – Candy le lanzo una mirada de reproche y le dio un sutil pellizco en el brazo.
-¡Ay!
-Bueno lo importante es que están aquí. – miro a Candy con dulzura. – llegaron justo a tiempo para el té.
-Madre no… - fue interrumpido.
-Amanda. – llamo Eleonor. – podrías por favor servir el té en el balcón.
La educada anciana que fungía como ama de llaves desde hacía muchísimos años para la familia Grandchester, asintió amablemente, para después desaparecer por uno de los corredores.
-Terry lleva a nuestra invitada al balcón.
Él no contesto nada. Se limitó a tomar a Candy de la mano y guiarla hacia afuera.
Una vez afuera, la madre de Terry los siguió y se sentó frente a ellos, con una cálida sonrisa en su rostro.
-¿Dónde está mi padre? – Terry fue el primero en hablar.
-Lo siento cariño. – dijo Eleonor con pesar. – Tuvo que partir antes. Lo alcanzare más tarde, quería verte antes de irme. Él también quería hacer lo mismo, pero no le fue posible.
-Yo lo dudo. – dijo Terry con sarcasmo.
-Terry por favor. – suplico su madre. – No empieces con eso. Richard te ama demasiado.
-Creo que la que no debería de empezar con eso eres tú. – había dureza en su voz.
Al sentir como el ambiente se tensaba, Candy decidió intervenir.
-¿A dónde se dirige Eleonor?
-A España. Pero no se preocupen estaré de vuelta para la presentación de la obra. – al ver la cara de desconcierto de Candy, continuo. – Karen me dijo que eras la protagonista junto con mi hijo.
Al escuchar esto Terry se sorprendió. Su madre quería verlo actuar, eso lo llenaba de una inmensa alegría. Ella en verdad se preocupaba por él. Pero no estaba dispuesto a que ella se diera por enterada.
-A mi madre le gusta el teatro. Ella estudio actuación.
-Eso es cierto. Me encanta el teatro. Estudie arte dramático en Juilliard. – sonrió ante el recuerdo. – Obtuve una beca para estudiar un posgrado en aquí en Londres. Fue cuando conocí al padre de Terry.
-Ahora entiendo por qué a Terry le apasiona tanto.
-Sabes Candy, cuando estaba en la escuela también intérprete a Julieta. – le guiño un ojo. – he escuchado que eres muy talentosa. ¿Has actuado antes?
Candy negó con la cabeza. – Es la primera vez que actuó.
-Solo no te pongas nerviosa y no hagas caso a eso que dicen, de imaginar al público desnudo, no funciona. – al terminar esta frase todos los presentes estallaron en carcajadas.
Continuaron conversando una hora más. Eleonor se la pasaba contando anécdotas de cuando era actriz, pero sobre todo de su hijo cuando era pequeño, avergonzando de vez en cuando a Terry, que no paraba de protestar cuando esto ocurría.
-Válgame el cielo, ya es tarde. Si no me apresuro perderé mi vuelo. – se levantó de su silla e hizo señas para que uno de los empleados se acercara.
-Candy te quedas en tu casa. Espero que nos visites cuando regresemos. – se giró hacia su hijo. – Cariño, cuídate mucho. – lo abrazo y le dio un cariñoso beso en la mejilla. – No quiero que te metas en problemas y no desquicies demasiado a Stewart. Entendido.
-Si madre. – de devolvió el abrazo.
Eleonor se despidió con un beso en la mejilla de Candy y se retiró.
-Tu mamá es maravillosa… Estas feliz de haberte despedido de ella.
-Tú cómo sabes eso. – Terry la miro sorprendida.
-Lo vi en tu mirada. Cuando ella menciono la obra. Eso te hizo feliz.
-Vamos pecosa entrometida. Te quiero enseñar algo. – la jalo del brazo y la condujo a la parte de atrás de la casa.
Caminaron en silencio hacia las caballerizas de la propiedad. Al entrar, Terry la guio hasta la cuadra del fondo en donde se encontraba un hermoso corcel blanco.
-Qué bonito caballo.
-Su nombre es Teodora.
Candy se acercó al animal y acaricio su suave y larga crin.
-En dos semanas la llevaran al colegio. Me relaja mucho montar.
-Lo sé. Se siente como si volaras, cuando montas a caballo.
-Pues eso es lo que haremos.
Ella enarco una ceja.
-Te dije que te quería enseñar algo.
-¿Y qué es?
-No seas impaciente pecas. – abrió la cuadra. – ya lo veras.
Un vez que el caballo estaba fuera, Terry se encargó de ensillarlo susurrándole tiernas palabras al animal en el oído.
Cuando termino con su labor, le tendió una mano a Candy para que subiera al animal.
-Pon tus manos aquí. – señalo la campana. Mientras el subía, pegando su pecho a la espalda de Candy y tomaba las riendas.
-Vamos Terry, se montar a caballo.
-Lo sé. Pero pronto oscurecerá y si me pongo a ensillar otro caballo, no llegaremos a donde te quiero llevar.
-Está bien.
Terry golpeo suavemente los costados del animal y este comenzó a trotar levemente. Poco a poco hizo que el caballo aumentara su andar hasta el punto de estar galopando y sentir que volaban.
Escucho entre el murmullo del viento, la risa de Candy cargada de adrenalina y él no hizo otra cosa que aumentar el ritmo y reírse también.
Se detuvieron justo en frente de un pequeño kiosco antiguo, propio de la nobleza británica, hecho de hierro forjado y de color negro, con diseños intrincados en todo el barandal y tenía a los lados dos farolas que lo alumbraban.
Después de ayudarla a bajar del caballo, la tomo de la mano y la guio por las escaleras.
-Me gusta mucho venir a este lugar. – dijo mientras subían las escaleras. - cuando necesito estar solo y pensar.
Candy noto que apenas se alcanzaba a ver, una de las torres de la mansión.
-El atardecer se ve realmente hermoso aquí. – hizo una mueca. – no creo que se compare al que tú has visto en Lakewood… pero es lo más parecido que pude encontrar.
Te lo agradezco mucho Terry. – Candy sintió un pequeño nudo en el estómago.
-No es nada. – trato de restarle importancia.
Después de contemplar en silencio el paraje. Candy hablo.
-Ya sé que quiero de premio.
Terry la miro sorprendido. Él ya había olvidado la apuesta.
-Te escucho pecas.
-Cuéntame de un recuerdo que tengas con tus padres.
Él la miro escéptico.
-¿Por qué debería?
-Porque perdiste una apuesta. Ya lo olvidaste.
-No.
-Entonces…
Terry no contesto. Estaba pensando en lo que le contaría a su pecosa. Sintió cierto atisbo de tristeza al darse cuenta que no tenía muchos recuerdos en familia.
-Fui de picnic con mis padres. Tal vez tendría dos o tres años, no estoy seguro. Solo sé que éramos solamente los tres; no importaba nada más. No había obligaciones, ni reuniones o viajes. Solo nosotros tres.
Ambos miraron la puesta de sol.
-Es un lindo recuerdo.
-Es el único que tengo. Ahora es tu turno pecas. Dime un recuerdo de tu infancia.
Ella sonrió levemente.
- Tenía siete años. Fue en navidad. La ultima que pase en Lakewood, antes de mudarme a Nueva York. William hizo un trineo para la nieve. Después de abrir los obsequios; Albert, Adam y yo salimos a jugar con él. Nos pasamos toda la mañana subiendo y bajando una pequeña colina que está detrás de la casa. – su voz se fue apagando por la tristeza.
-No te pongas triste. Es un recuerdo feliz.
-Lo se… Es solo que…
Terry acomodo un mechón suelto de su cabello.
-Ha sido un excelente día. No recuerdo la última vez que me sentí así de feliz, realmente.
-Eso no es malo Candy.
-Si lo es. Cómo puedo sentirme feliz. Cuando yo… cuando él… ya no está.
Terry comprendió que se refería a su hermano. Odiaba verla así. Y sobre todo quería comprenderla y ayudarla a superar ese dolor. No quería que ese hermoso brillo de su mirada, volviera a desaparecer.
Respiro profundamente y pronuncio las palabras, que sabía, incomodarían a Candy y también estaba lo bastante seguro, de que entre ellos dos había surgido la confianza suficiente, para que ella le contara la verdad.
-¿Cómo murió Adam? – se aventuró a preguntar.
Ella no respondió enseguida.
-Cuando estaba en Chicago, el psicólogo que veía, me dijo que si quería superar lo sucedido, necesitaba hablar sobre lo que ocurrió esa noche. – suspiro exasperada. – como si eso fuera a componer todo.
-Puedes confiar en mí. Te prometo que esto quedara entre nosotros.
Espero un largo momento y tomo su mano para infundirle valor. Ya que Candy aún estaba reacia a hablar de lo ocurrido.
-Estaba muy enojada con Adam – comenzó Candy, casi como si estuviera sola. - … Ese día me entere que él dejaría Nueva York para venir aquí a estudiar… No podía creer que me dejara y mucho menos que me lo ocultara… No pensé las cosas, deje que la ira y lo herida que me sentía me controlaran... Tome mi teléfono y le hable Neil. – Se apresuró a explicar al ver la cara de confusión en Terry - Su madre sale con William… Él era amigo de Adam, o por lo menos lo había sido. No sé qué paso entre ellos, pero Adam repentinamente se alejó de él y me prohibió que yo me le acercara y mucho menos que saliera con él…
-Así que… hiciste lo contrario a lo que Adam te pidió. – Candy asintió.
-Había una fiesta, en casa de los Davenport. Al parecer el señor y la señora Davenport estaban de viaje. Era obvio que no habría restricciones. - rio irónicamente. – Me puse un vestido rojo, que para estar en invierno, no era una buena elección. Era el mismo que alguna vez Neil dijo que me quedaba mejor que bien.- Candy recordó con detenimiento esa noche.
Flash Back
-Te ves hermosa. – dijo Neil al bajar de su auto.
-Gracias. – sonrió coquetamente. - ¿A dónde vamos?
-Los padres de Ethan están de viaje. Así que habrá una pequeña reunión en su casa. – le guiño un ojo.
Subieron al auto. Durante el trayecto hablaron de cosas sin importancia. Aunque Neil no paraba de alabar la belleza de Candy y lo bien que le quedaba el vestido.
Al llegar a la fiesta, Neil no perdió oportunidad en tomar a Candy de la mano y cuando era oportuno la tomaba por la cintura.
-¿Quieres tomar algo? – pregunto Neil
-Claro. Lo que tú bebas está bien.
-¿Segura? – dijo levantando una ceja.
Candy le guiño un ojo y asintió.
Después de horas de bailar y con ocho whiskys y 3 shots de tequila encima. Candy no se encontraba nada bien.
-¿te sientes bien? – pregunto Neil. Mientras la tenía en sus brazos.
-Solo estoy un poco mareada. – hablo. Tratando de no arrastrar las palabras.
-Vamos. – la tomo por la cintura y la llevo al estudio de la casa. – en verdad no te ves nada bien – la ayudo a sentarse sobre el escritorio. Cuando estuvo seguro de que no se caería, salió de la habitación y regreso a los pocos minutos con un vaso que le entrego a Candy.
-Bébelo.
-¿Qué es? – pregunto, al ver que el líquido transparente burbujeaba.
-Es agua mineral. Te ayudara a que tu estómago se asiente.
Candy hizo una mueca y tomo un sorbo. No sabía nada bien.
-Tómatelo todo. En verdad te ayudara.
Candy hizo lo que le ordeno.
-¿Cómo te sientes ahora?
-Creo que un poco mejor. – trato de sonreír.
Neil se acercó a ella, colocando sus manos una a cada lado de las piernas de Candy y con su rostro a pocos centímetros del de ella.
-Eres hermosa. – Susurro en su oído – en verdad me gustas mucho. – deslizo su nariz por la mejilla y cuello de Candy una y otra vez.
Candy no estaba muy consciente de lo que sucedía y en realidad no le importaba mucho. Si Neil trataba de besarla no se opondría.
Puso sus labios en los de ella y comenzó a besarla profundamente. La tomo por la cintura y la apretó contra él. – Te deseo – dijo mientras besaba su cuello… Regreso a sus labios pero esta vez la beso de una manera fuerte y agresiva, mientras que una de sus manos se habría camino por su pierna hacia el interior de su vestido.
La puerta se abrió de golpe.
-¡QUE DEMONIOS! – Grito Adam enojado – ¡ALÉJATE DE ELLA! – grito de nuevo. Mientras empujaba a Neil lejos de su hermana y le daba un golpe en la cara.
-Y TÚ… - señalo a Candy con una mirada que reflejaba enojo y sobre todo decepción. – Nos vamos – la jalo del brazo al darse cuenta del estado de su hermana.
-¡No! – grito Candy y trato de sacudirse a su hermano.
-¡No te atrevas! – la amenazo Adam y apretó más el agarre, mirándola con un profundo enojo.
Ella se puso como loca y comenzó a forcejear con su hermano. A este no le quedó más remedio que abofetearla, con todo el dolor de su corazón.
Candy no lo podía creer. Su hermano que tanto la adoraba, se atrevió a levantarle la mano. No se resistió más. Dejo que Adam se la llevara.
Adam la saco del estudio, conduciéndola hacia la salida, ante la mirada atónita de todos los presentes.
-Tom. ¿Podrías llevar a Susy a su casa? – dijo son mirar a su amigo.
-Claro. – respondió.
Adam subió a Candy al auto, azotando la puerta al cerrarla. Cuando el también subió, arranco el motor a toda velocidad.
Candy miraba al frente, sosteniendo con su mano la mejilla que Adam abofeteo, mientras las lágrimas comenzaban a surcar su cara.
-Te dije que no te quería cerca de Neil. – finalmente hablo Adam molesto.
-¿Cómo sabias donde estaba? – pregunto sin mirarlo.
-Tom me llamo. ¿Cómo se te ocurre beber así? – Empezó a perder los estribos – no quiero ni imaginar lo que hubiera pasado, si yo no hubiera llegado.
-Eso no es asunto tuyo – grito Candy.
-¡Qué No es asunto mío!... eres MI HERMANA y ME IMPORTAS… ese IDIOTA, solo se quería aprovechar de ti… ¿Por qué NO PIENSAS LAS COSAS? AVECES TE COMPORTAS COMO LA NIÑA TONTA Y HUECA QUE TANTO ODIAS SER... – esas palabras realmente lastimaron a Candy en lo más profundo. - Te trajo aquí y te emborracho apropósito.
-¡No seas mentiroso! – Grito – ¡Yo no te importo… si te importara tanto como dices. NO ME DAJARIAS! – Él se puso tenso – ¡Te vas a largar a Londres! – chillo.
-Gatita…
-No me llames Así… ¡TE ODIO! ¡No quiero volverte a ver en TODA MI VIDA!
Candy comenzó a sentirse mal, todo le daba vueltas y sentía que se asfixiaba dentro del auto. En su desesperación por respirar, abrió la ventanilla, sintió como el aire gélido entraba. Sentía como el frio calaba, pero la sensación de claustrofobia pudo más y trato desesperadamente de abrir la puerta.
¡CANDY NO! – grito Adam al tratar de detenerla. Quito una mano del volante para jalarla de nuevo a su asiento y desvió su mirada de la carretera, para mirar a su hermana…
Lo último que Candy escucho, fue un estruendo espantoso y todo se volvió negro.
Despertó en un lugar desconocido. Lo primero que vio fue una luz opaca que le daño los ojos al principio. La cabeza le dolía horrible, tenía el cuerpo engarrotado y sentía un pequeño dolor punzante en la mano derecha. Trato de levantarla un poco para ver que tenía. Vio un delgado tubo transparente que tenía un extremo dentro de su piel con una aguja, encintada para que no saliera y el otro terminaba en una bolsa colgada a un lado de ella. El lugar olía extraño. Olía a una especie de antiséptico. Recordó la primera vez que olio ese olor. Fue en Lakewood, durante un verano, cuando ella aún era una niña. Mientras corría por los jardines, se cayó y se raspo la rodilla. Adam le puso antiséptico para que no se infectara. Lo recordó… ADAM, ¿Qué había pasado con él?
-Adam… – llamo en un susurro – Adam…
-Candy… – dijo un aliviado Albert – por fin despertaste. Me tenías preocupado.
-¿Qué paso? – pregunto con voz pastosa.
-Tuviste un accidente pequeña… pero ya paso. Yo estoy aquí – tomo su mano libre.
"Un accidente." Pensó. "pero yo no estaba sola" – se dijo así misma.
-¿Dónde está Adam? – quería verlo, saber cómo se encontraba. Disculparse por lo que le dijo.
-Estuviste mucho tiempo inconsciente. Dos días.
-Quiero verlo.
Albert soltó su mano y se apartó un poco. – se salieron de la carretera. Chocaron contra un árbol.
-Quiero ver a Adam. – no le gustaba el semblante de Albert.
-Candy… - sus ojos comenzaban a cristalizarse.
-¿está herido? – Interrumpió Candy – llévame con él… quiero verlo. – había desesperación en su voz.
-Candy escúchame… Adam – silenciosas lagrimas rodaron por sus mejillas – Adam… Murió.
-Mientes. – Dijo con los ojos llenos de lágrimas – eso no es cierto. – Trato de levantarse de la cama – ¡él está afuera!… ¡ADAM! – comenzó a gritar desesperadamente.
Albert trato de acercarse de nuevo a ella, pero Candy lo impidió. Entre gritos de desesperación llamando a su hermano y con un ataque de histeria apoderándose de ella, trato de quitarse la intravenosa de la mano para poder ir a buscarlo.
Albert llamo a las enfermeras para que lo ayudaran a contener a una histérica Candy que no paraba de gritar y luchaba por salir de la habitación.
Una de las enfermeras inyecto algo en el suero. Haciendo que a Candy se le nublara la vista y poco a poco todo se empezó a poner oscuro.
Fin del Flash Back
-Me mantuvieron sedada por tres días más… cuando desperté, todo estaba listo para trasladarme a Chicago. William me envió a un centro de rehabilitación… había una gran cantidad de drogas y alcohol en mi sistema. – sonrió con ironía. - Nunca bebía demasiado. La única vez que me embriague, fue cuando cumplí quince y estaba con mi hermano… - suspiro. - Mucho tiempo después comprendí que Neil me drogo, quería aprovecharse de mí… Su madre convenció a William para mandarme lejos…
-La noticia se filtró en todos los medios. Comenzaron toda clase de rumores mal infundados sobre lo que ocurrió. Manchando más el apellido de la familia… Fue un gran escándalo, se decía que yo era la que iba conduciendo, o que Adam era un adicto… Eso fue lo que más le dolió a William. Que fuera manchada de esa manera la memoria de su querido hijo… y me culpo a mí. – se giró para mirar a Terry a los ojos. – William le dio mi custodia a Albert. Creo que está claro que en verdad lo decepcione… Todos los intentos que hice por complacerlo durante toda mi vida ya no importaban… No importaba todo lo que tuve que fingir para tener su aprobación. – sentía un inmenso nudo en la garganta. – Pero lo que en verdad me dolió, es que ni siquiera pude ir al funeral de mi hermano… no me pude despedir de él… lo último que el escucho de mí, fue que lo odiaba.
Terry se sentía inmensamente triste. No soportaba la idea de saber que su pecosa había pasado por aquello. La tomo en sus brazos mientras las silenciosas lágrimas de Candy mojaban su camisa.
-Tenías razón, hui… Primero me refugie en Lakewood y después decidí venir aquí. No pude soportar que la gente me señalara, hablara a mi espalda, susurrara que era una asesina.
Terry solo atino a abrazarla más fuerte, mientras acariciaba su espalda para calmarla.
-Fue mi culpa. – dijo Candy entre sollozos. – si yo no hubiera hecho tantas estupideces, el estaría aquí.
-Fue un accidente. Nada de lo que paso fue tu culpa. – la miro a los ojos.
-No sé qué hacer sin él… me siento tan sola. – las lágrimas rodaban por su cara.
Terry enjugo sus lágrimas con sus pulgares.
-Tú no estás sola. Porque siempre voy a estar a tu lado. Te lo juro. – poso tiernamente sus labios sobre los de ella.
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