Snow Memories

¡Saludos! Este es mi primer fic, no tengo experiencia en el tema, así que para cualquier sugerencia y/o crítica (constructiva) por favor, dejen un comentario.

Estaré muy agradecida. ^^

¡ADVERTENCIA!: Este fanfic es de temática yaoi, en torno a la pareja Russia x Prussia de Hetalia Axis Powers, un manga de Hidekazu Himaruya.

ACLARACIONES: /a/ se utiliza para narración en 3era persona, /a/ para narración en 1era persona (Prusia) y /a/ para los diálogos.

PD: Les traigo paz... les traigo ooc...

Disfruten. ^J^


It's too late for apologizes

Luego de un refescante día nadando en el lago, me dirigí a mi habitación para leer un poco

Bueno, "mi" habitación. Prácticamente ya me había adueñado de ella.

Pero al intentar entrar, descubrí que la puerta estaba cerrada con llave.

¿Quién la habría cerrado?

Comencé a asestarle unas fuertes patadas intentando abrirla. Quizás la madera se había ensanchado por la humedad o algún bromista la había trabado.

De repente, escuché una grave voz que provenía desde adentro gritando algo en ruso. Sonaba bastante molesto.

Estonia corrió aterrorizado hacia mí y me alejó de la puerta

¡No! ¡No hagas eso! Está de muy mal humor y necesita descansar.

Pensé en preguntar quién estaba adentro, pero la respuesta era muy obvia.

Así que finalmente había regresado después de tanto tiempo...

Inmediatamente me sentí muy nervioso. También incómodo.

¿No se suponía que esto era algo bueno?

Tenía muchas cosas que decirle. Muchas cosas que aclarar.

Pero a su vez, no me animaba a decirlas. Era demasiado orgulloso para eso.

Recordé mi última pesadilla. Digo última, porque después de aquella vez, por alguna extraña razón dejé de soñar con él.

Quizás Iván se encontraba gravemente herido y ésta fuera mi última oportunidad para confesarme. Quizás mis sueños habían sido premonitorios y eran una especie de advertencia...

¡No! ¡¿En qué cosas estoy pensando?

¿Sueños premonitorios? Ya sueno como Inglaterra.

En fin, sea como sea, era muy obvio que tenía que hablar con Rusia de una vez por todas.

¿Pero cómo lo encararía?


¿A dónde llevas todo eso?

Ucrania cargaba una enorme bandeja llena de comida y una botella de vodka bajo el brazo.

Es para mi hermano. Está muy cansado como para bajar.

Los ojos de pruso brillaron al escuchar aquellas palabras. Era una oportunidad perfecta para ingresar en los aposentos del ruso, quién se había encerrado allí desde hacía unos días y no permitía que nadie, excepto sus hermanas, entraran.

No te molestes, yo se la alcanzo.

No hace falt...

Sin preguntar, se la quitó rápidamente de sus manos y caminó impaciente por el largo pasillo, dejándo a la rubia atrás.

Finalmente, llegó hasta la entrada de su habitación. Un sudor frío bajó por su espalda y permaneció nervioso frente a la desgastada y enorme puerta.

Uno de los cubiertos resbaló produciendo un seco y metálico golpe contra el suelo, lo que lo alteró aun más.

Tomando una enorme bocanada de aire, se armó de valor y entró.

Una tenue luz iluminaba el dormitorio del ruso.

Distinguió la forma de una pequeña mesa. Sigilosamente caminó hacia ella y resposó la bandeja sobre la misma.

Luego, se acercó a la cama, donde el euroasiático permanecía dormido boca abajo.

Horrorizado, noté un fuerte vendaje que envolvía su pecho. Estaba manchado con sangre.

Extendí lentamente mi mano hacía su cabeza para acariciarlo.

Pero como si obedeciera a unos extraordinarios reflejos, Rusia la detuvo antes de que pudiera llegar a él.

¿Qué haces aquí? — murmuró sin dirigirme la mirada, todavía agarrándome por la muñeca.

Traje tu cena. — contesté tratando de mantener la calma.

Estaba bastante cambiado, él no solía ser tan rudo conmigo.

Se giró levemente para ver la bandeja reposando sobre la mesa de noche.

Ah, ya veo. Gracias, ya puedes retirarte.

El albino no se movió. No podía desaprovechar la oportunidad, aunque en el fondo se moría por huir del iracundo ruso lo más antes posible.

Emmm... ¿y cómo estuvo la guerra?

Rusia le devolvió una furiosa mirada. Realmente ese no era un buen tema de conversación.

¿Qué es lo que quieres? No me hagas perder el tiempo con tus tonterías.

Yo... este... necesito hablar contigo. Sí, eso. Hablar. — respondió nervioso.

Sorprendindo ante las palabras del albino, éste se giró sobre sí mismo y se recostó contra el respaldar de la cama. Soltó un ligero quejido al estirar su lastimada espalda.

Acomodó su revoltoso cabello dejando al descubierto un demacrado rostro.

Unas enormes ojeras se situaban bajo sus ojos. También estaba más pálido que de costumbre.

Creí que no querías volver a verme nunca más. — contestó con una voz sepulcral.

Eh, sobre eso. Estaba enojado, ¡y ya sabes cómo soy! Digo muchas estupideces y...

No me vengas con excusas. Fui a la guerra y ni siquiera te importó.

¡Si me importó! ¡Te seguí durante todo la marcha! Y sobre lo que dije aquella vez... perdón. Perdón por todo lo que te dije.

Iván comenzó a reirse sarcásticamente.

Gilbert, ya no necesitas seguir fingiendo. Sé muy bien que me odias y no te culpo. Pero esto ya se está volviendo una broma de mal gusto.

No lo podía creer, realmente mis palabras lo habían lastimado. Entonces... ¿lo nuestro era algo más que una simple obsesión?

Esto ya había llegado demasiado lejos, debía decírselo de una vez por todas.

No estoy bromeando. Siento mucho lo que dije, porque ich...

Débilmente Iván se puso de pie, caminó hacia mí y puso sus manos sobre mis hombros.

Por favor, dilo.

Con los ojos bien abiertos, lo observaba ansioso por escuchar el resto.

Ich liebe... — Las palabras permanecían atoradas en su garganta. — ¡No! No puedo. Es tut mir leid.

Enfurecido, me asestó un fuerte golpe en el rostro.

Vete. — murmuró mirándolo seriamente.

Caminé inseguro hacia la puerta.

Culpable, dirigí mi mirada hacia él, intentando arreglar el terrible error que acababa de cometer.

Iván... yo... — balbuceó.

¡LARGO! — gritó desaforado.

Sin decir una palabra, me retiré de la habitación.

Antes de cerrar la puerta, pude verlo desfallecer sobre sus rodillas, cubriéndo su rostro con sus manos.

Había encontrado una nueva oportunidad para reconciliarme, y aun así la había desperdiciado.

Había arruinado todo.

Todo gracias a mí... y mi maldito orgullo.


1- Es tut mir leid : lo siento (alemán)