Me siento orgullosa de mí misma, ¡logré actualizar esta semana! Bueno, realmente en este capítulo no pasa mucho. Digamos que es un puente para lo que está por venir, porque a partir del próximo capítulo habrá un salto temporal que nos llevará de vuelta con Rini y Helios.
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Capítulo 21. Encuentros que confunden
Mientras se desenredaba el cabello luego de salir de la ducha, Serena se dio cuenta de que su cabello había crecido bastante. No estaba tan largo como cuando se había casado, pero definitivamente estaba creciendo a un ritmo que ella no esperaba. Un poco más y podría volver a usar su viejo peinado. Sonrió pensado cómo se vería una mujer de su edad con un peinado que ella ahora calificaba de "demasiado infantil para una cuarentona". En ese momento, escuchó unos golpecitos en su puerta, pronunció un suave "adelante" e Ikkuko apareció llevando un vestido de color azul rey. La mujer lo dejó sobre la cama y miró a la rubia con una sonrisa.
—Deje que le ayude, señora Serena —la rubia se sentó en la cama e Ikkuko tomó el cepillo, pasándolo por el sedoso cabello —Esto me trae recuerdos, siempre me gustó su cabello. Incluso ahora me pregunto…
—¿Qué pasa? —Serena había cerrado los ojos, rindiéndose la relajante sensación del cepillo deslizándose por su cabello.
—No, sólo me pregunto cómo se vería ahora con su antiguo peinado —dijo —Si ahora no aparenta su edad real, casi puedo imaginarme lo joven que luciría si volviera a usar su peinado en coletas —Serena esbozó una sonrisa —Pero es sólo mi opinión, claro. Su madre lucía hermosa con ese peinado. La señora Serenity era una dama elegante, así como usted.
—Oh vamos, me estás halagando demasiado —rió —No tengo ni la mitad de la clase y sofisticación que tenía mi madre. Pero, sabes, curiosamente yo estaba pensando lo mismo. Ese peinado fue mi firma personal desde niña. Me gustaba mucho porque la gente me decía que me parecía mucho a mi madre y dado que siempre quise ser como ella, aquel era todo un cumplido. Aunque Diamante me molestaba y decía que era infantil, eventualmente llegó a acostumbrarse y casi le da un infarto el día que me lo corté. Ah, fue cuando nos divorciamos por cierto.
—Las cosas parecen marchar bien entre usted y el señor Diamante —puntualizó la mujer de cabello azul. Serena asintió con la cabeza.
—Ni yo misma puedo creerme lo bien que nos llevamos ahora que no estamos casados. A pesar de todo lo que sucedió entre nosotros, Diamante ha sido un gran apoyo para mí con todo lo que ha pasado recientemente. Bueno, tú lo sabes mejor que nadie, ya que has tenido que soportar mis quejas por horas.
—Sabe que no es ninguna molestia para mí, señora Serena —contestó Ikkuko, que había conectado la secadora para el cabello y tuvo que hablar un poco más alto para que su voz se escuchara por encima del ruido del aparato —Si puedo ayudarla aunque sea a desahogarse, estaré siempre más que feliz de escucharla. Si me permite el atrevimiento, creo que usted y el señor Diamante nacieron para estar juntos, tal vez no como pareja y en una relación tan "comprometida" como el matrimonio, pero ciertamente la química entre ustedes es innegable.
—¿Tú crees? Bueno, cuando estábamos en la universidad solían decirnos que éramos una pareja endemoniadamente sexy —recordó la mujer, entre risas —Odio admitirlo, pero Diamante es un hombre atractivo. Dejando de lado su usualmente retorcida personalidad, no está nada mal. Aunque… no sé, no me veo estando a su lado de nuevo en una relación. Es difícil de explicar, pero…
—Sólo el tiempo dirá qué será de ustedes. Quizás esta vez sea mejor "dejarse llevar" y esperar para ver qué les deparará el destino.
—No podría estar más de acuerdo contigo, Ikkuko.
Ambas mujeres siguieron charlando por un largo rato, mientras Ikkuko se encargaba de alaciar perfectamente el ahora más largo cabello de Serena. Hablaron de todo. De Serenity y su futuro matrimonio, del bebé. Serena no había podido ocultar lo emocionada que estaba con el hecho de que una criaturita fuera a llamarla abuela. El hecho de que ese niño pudiese ser de Seiya cada vez le inquietaba menos. No podía decir que había dejado de dolerle, pero el tiempo se estaba encargando de, poco a poco, ayudarla a recuperar el control de su vida.
Cuando su cabello estuvo peinado, cortesía de Ikkuko, la peli azul le ayudó a ponerse el vestido que había elegido para la fiesta en casa de Diamante. De color azul rey y largo hasta la rodilla, se ajustaba al cuerpo de Serena perfectamente, como anillo al dedo. Un maquillaje ligero fue el toque final. Recién terminaba de poner su cartera y el celular en un bolsito cuando escuchó el timbre. Ikkuko fue a abrir y saludó a Diamante. Serena apareció momentos después y Diamante no pudo evitar mirarla de pies a cabeza. Estaba deslumbrante. Serena admitió que Diamante lucía guapísimo con el traje blanco. Esa noche no llevaba corbata, pero su atuendo tenía un dejo de sofisticación característico de él.
Subieron al auto y charlaron de cosas triviales mientras viajaban hasta la residencia Black. La casa era una hermosa propiedad de estilo italiano que había pertenecido a la familia Black por generaciones. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvo ahí que casi no recordaba lo magnífica que era aquella propiedad. Diamante estacionó el auto, le abrió la puerta y luego le ofreció el brazo para escoltarla hasta el interior de la vivienda. Luego se dirigieron hasta la parte trasera de la casa. La fiesta iba a celebrarse al lado de la piscina. Había una gran mesa con gran variedad de bocadillos y el personal de servicio de los Black cargaba bebidas. Cuando llegaron, varios invitados ya estaba allí. El anciano mayordomo de los Black se acercó a Serena, ofreciéndole una copa de champán.
—Es un placer volver a verla, señora Serena —saludó el anciano, con quien Serena siempre se había llevado bien —Disculpe mi atrevimiento, pero luce deslumbrante como siempre.
—Muchas gracias, usted siempre tan amable —dijo Serena, tomando una copa de champán.
—Disfrute de su estancia en la residencia Black esta noche —la rubia sonrió, agradecida.
Pronto divisó a Amy, luciendo hermosa con un vestido de color negro. A su lado Taiki lucía apuesto con un traje de color negro. La pequeña Mika parecía haberse ambientado completamente y charlaba animadamente con Zafiro un poco más apartada de ellos. Junto a ellos estaba Yaten, el menor de los hermanos Kou. Diamante se disculpó un momento y fue a saludar a algunos de sus colegas y socios de la firma Black, mientras Serena se dirigía hacia donde estaba Amy.
—Buenas noches —saludó.
—Ah, Serena, buenas noches. Es bueno verte de nuevo —dijo Yaten, que llevaba un traje gris, sin corbata.
—Hola Yaten. No sabía que estabas de vuelta en Japón, pensé que te habías quedado en Inglaterra con Mina.
—Lo mismo le dije yo, —comentó Taiki —que tendría que haberse quedado con su prometida y ayudarla a enfrentar a la prensa y los paparazis que no pararán de acosarla.
—Nah, Mina realmente no me necesita para lidiar con ellos. Es más, ella los adora tanto como ellos la adoran a ella, creo que es una de las pocas celebridades que tiene una relación "sana" con la prensa y los paparazis, además, a esa chica le encanta llamar la atención. Yo soy más bien reservado.
—Pues entonces creo que has escogido a la persona equivocada para casarte —comentó Taiki y todos se echaron a reír —Pero bueno, ¿cuándo regresará Mina?
—En una semana, en cuanto termine con un par de conciertos en Alemania. Por cierto, Amy, parece que Zafiro ha despertado cierta fascinación en Mika —la vieron reírse de algo que el menor de los Black había dicho y luego un bonito sonrojo se dibujó en su rostro.
—Sí, parece que se han vuelto buenos amigos —contestó Amy, mirando de reojo a su hija —Sabes que le encanta todo lo que tenga que ver con detectives, complots y misterio, y bueno, creo que no hay nadie que sepa más de eso que Zafiro. Quién sabe, tal vez termine convirtiéndose en investigadora privada o algo por el estilo.
—¿Teniendo dos médicos como padres, tú crees? —preguntó el de cabello plateado, incrédulo.
—Bueno, no es como si fuera seguro que va a seguir nuestros pasos —contestó el castaño —Oh, miren nada más quién acaba de llegar
Los demás dirigiendo la mirada hacia donde Taiki señalaba con la cabeza. Richard Urawa sin duda había cambiado muchísimo desde la última vez que lo había visto. Pero bueno, considerando que la última vez que se habían encontrado había sido por casualidad en una conferencia en su segundo año de universidad, el castaño suponía que no era algo por lo que debiera sorprenderse. Había crecido varios centímetros y llevaba el cabello un poquito más largo. Además, iba acompañado de una hermosa dama de cabello rubio y brillantes ojos azules. De su mano iba una niña de unos doce años, cabello castaño y ojos azulados. Su familia. En ese momento Richard divisó la cabellera azulada de Amy y se acercó hacia el grupo, sonriendo ampliamente.
—Ha pasado mucho tiempo, en verdad mucho tiempo —saludó Richard —Vaya, es un honor estar enfrente de los médicos más reconocidos de Japón y, quizás, de Europa. ¿Cómo han estado?
—Bastante bien, así como tú según veo —dijo Amy, esbozando una sonrisa.
—¡Ah!, cierto, qué descortés de mi parte. Muchachos, ella es Anna, mi esposa y esta es mi hija Ekaterina. Nació en Rusia y afortunadamente no se parece a mí, —rió —pero es 100% mi hija.
—Es un placer conocerlos al fin. Richard nos ha hablado mucho sobre sus queridos amigos de Japón —Anna habló con un perfecto japonés, marcado sólo por su acento ruso —Katya, vamos, saluda.
—Buenas noches a todos, es un placer —saludó la niña. Amy había llamado a Mika y la había presentado ante sus buenos amigos. De pronto las niñas se habían puesto a charlar animadamente mientras los adultos bebían champán.
Después de un rato, Diamante pidió un momento de atención para dar gracias por la presencia de todos los que habían llegado para acompañarlo. El motivo real de la celebración era conmemorar la recienta alianza entre la firma Black y una importante compañía rusa, para la que curiosamente trabajaba Anna. Todos brindaron por la salud y el éxito de Diamante que, como buen anfitrión se "dividía" entre todos su invitados, asegurándose de que estuvieran a gusto. Momentos después, apareció Seiya. El estómago de Serena se encogió de forma extraña en cuanto lo vio entrar acompañado por Darien. Seiya se acercó a Diamante para disculparse por el retraso.
—Lo siento mucho, Diamante —dijo el muchacho —Las cosas estuvieron bastantes movidas hoy en el hospital y no pude escaparme temprano como había previsto —los hombres habían tenido una charla – luego de los encontronazos que habían tenido – y ahora estaban en buenos términos.
—No hay problema, recién estamos comenzando. Bebe y come sin contenerte, lo mismo va para ti, Darien —añadió, mirando al ex esposo de Kakyuu Kou —Por cierto, no quiero ser indiscreto, pero, ¿cómo marchan las cosas para ti después de todo lo que pasó?
—Mejor de lo que esperaba si he de ser sincero. ¿Recuerdas a mi viejo amigo Andrew?
—Ah sí, tiene una cadena de restaurantes cinco estrellas con su esposa Lita, la amiga de Serena.
—Exacto. Hacía años que Andrew me había pedido trabajar con él, pero fui demasiado idiota y rechacé su propuesta todas las veces. Temía que me juzgara si regresaba sólo cuando necesitaba de él, pero para mi sorpresa él mismo me dijo "no quiero ser fastidioso, pero deberías considerarlo". Voy a administrar su nuevo restaurante en Osaka.
—Vaya, ¿vas a mudarte a Kansai entonces? —Darien asintió con la cabeza —Oh, pues me alegro por ti. Finalmente pudiste liberarte del yugo de esa molesta mujer. Pero bueno, no hablemos de cosas desagradables ahora. Diviértanse, por favor. Si me disculpan.
Serena pensó que, incluso cuando no le agradaban demasiado las fiestas que organizaba la "alta sociedad", esa noche se sentía bastante bien. Y no, nada tenía que ver el alcohol. El ambiente era completamente a aquel que solía percibir en las frívolas fiestas a las que solía acompañar a Diamante cuando recién se habían casado. Ahora parecía más amena, como una reunión de amigos. Y aunque estaba sentada en una mesa mientras varias parejas bailaban al compás de un bolero, no se sentía para nada aburrida. Mika y Katya se habían sentado con ella, bombardeándola con preguntas que ella gustosa respondía.
—Tía Serena, tía Serena, ¿por qué no vas a bailar? —preguntó Mika, curiosa —Varios señores te lanzan miradas como diciendo que quieren invitarte a bailar.
—¿Cómo podría irme y dejar a mis dos adorables acompañantes solas? —les dijo, con una sonrisa —No, no, ya habrá tiempo más tarde para el baile. Ahora, ¿en qué estábamos? Mika, creo que habías dicho algo acerca de un chico que te gustaba —la pequeña se sonrojó al instante —El chico ruso de intercambio, ¿verdad?
—¡Ah!, Mika-chan, si te gustan los chicos rusos entonces ¡puedes preguntarme lo que sea! —exclamó una emocionada Ekaterina y las niñas volvieron a sumirse en una interesante conversación que Serena estaba disfrutando bastante.
—¿Interrumpo algo importante? —Serena levantó la mirada y se sorprendió ligeramente al encontrarse con los brillantes ojos azules de Seiya. Pero antes de que Serena pudiera abrir la boca siquiera, Mika dijo:
—¡No es nada, tío Seiya!, por favor baila con la tía Serena. No quiero que se quede sentada aquí toda la noche —la rubia se mordió el labio y miró a Seiya. El chico lucía tan desconcertado como ella ante la repentina intervención de la suspicaz niña —¿No quieres bailar, tía Serena? —preguntó la niña, al ver que la rubia se había quedado quieta.
—¡Eh!, b-bueno… ah, no quisiera molestar a Seiya —en ese momento el muchacho extendió la mano —Seiya…
—¿Me concede esta pieza, hermosa dama? —incapaz de negarse cuando los ojos ajenos la miraban con aquella intensidad, la rubia terminó caminando hasta la improvisada vista de baile. Serena sintió su cuerpo estremecerse cuando Seiya la tomó de la cintura y enredó sus dedos con los de ella —Perdón, si quieres puedo… —dijo, al ver que ella se había puesto nerviosa.
—Está bien —contestó, sonriendo de tal manera que ahora era Seiya quien comenzaba a ponerse nervioso. Comenzaron a moverse suavemente al ritmo de la música, mirándose fijamente a los ojos —¿Cómo has estado? —preguntó la rubia de pronto.
—Podría estar mejor, pero no me quejo —contestó —Aunque estoy algo preocupado —Serena lo miró —No sé qué pudieras haber pensado cuando me acerqué tan descaradamente para invitarte a bailar. Francamente esperaba al menos una bofetada y un "aléjate de mí, idiota" —la rubia no pudo contener una risa.
—Seiya, francamente, ¿me crees capaz de algo así? No, así no soy yo. Además, no me parece que hayamos quedado en malos términos, ¿o sí? —su pregunta descolocó a Seiya y le hizo perder el poco valor que había reunido para decir lo que había querido decirle desde que habló con Taiki —Yo creo que… creo que… quizás, si quisieras, nosotros podríamos… —los ojos de Seiya brillaron con expectación y esperanza —podríamos ser… amigos —la última palabra le había salido en un susurro. Sentimientos encontrados invadieron a Seiya, pero supuso que aquello era mejor que nada.
—Amigos. Eso sería genial —Serena casi sintió que la sonrisa de Seiya la cegaba. De repente le entraron unas ganas tremendas de…besarlo —Gracias —terminó la canción y Serena se separó de Seiya, excusándose con un "necesito ir al baño".
Seiya lanzó un suspiro y se acercó a uno de los meseros, pidiendo un trago del licor más fuerte que tuvieran. Se lo bebió de un solo golpe. La había puesto nerviosa, de eso estaba seguro. La había hecho sentir incómoda, eso también lo sabía. Sus reacciones habían sido ciertamente alentadoras, pero no quería hacerse muchas ilusiones, después de todo ella todavía podía estar confundida. Ser amigos quizás no le fuera suficiente, pero como Taiki le había dicho, ser amigos era mejor que nada. Seiya buscó con la mirada a Taiki y afortunadamente vio que acababa de quedarse solo. Tomó dos copas de champán y se acercó adonde estaba él. Le tendió una copa y brindaron de forma silenciosa.
—¿No crees que hiciste tu movimiento demasiado rápido? —preguntó entonces Taiki.
—Sólo fue un baile.
—Pero ella se puso nerviosa.
—Así que lo viste —el castaño asintió con la cabeza —Taiki.
—¿Qué pasa?
—Si ella no se hubiera alejado en ese momento, estoy seguro de que habría terminado besándola —Taiki miró a su hermano con gesto reprobatorio —Y no en la mejilla. Pero, buenos, los amigos no suelen besarse en la boca, ¿eh? Como sea, no puedo contener el hecho de que la necesito.
—¿Lujuria? —Seiya negó con la cabeza.
—Amor —Taiki le colocó una mano en el hombro y le dedicó un gesto severo.
—Seiya, no quería decir esto, pero, ¿estás consciente de que siempre existe la posibilidad de que ustedes nunca vuelvan a estar juntos? —Seiya agachó la cabeza —Sé que tú también lo sabes. Así es como son las cosas. Y si resulta que ese niño es tuyo, las probabilidades disminuirán drásticamente. Lamento ser yo quien tenga que traerte de vuelta a la realidad, pero no quiero que cometas ninguna estupidez que pueda arruinar las cosas —Seiya le arrebató la copa y se bebió lo que quedaba del champán de un solo trago. Taiki frunció el ceño.
—Necesito un trago.
—No vayas a embriagarte sólo porque mañana es tu día libre —el menor hizo un movimiento con la mano, como restándole importancia y se perdió entre la gente que aún bailaba. Amy apareció en ese momento y le dio un toquecito en el brazo.
—¿Está todo bien? —Taiki la miró.
—No lo sé, pero eso espero.
—La llama sigue ahí, Taiki —dijo ella —Pero…
—Si te encontraras en esa situación, ¿qué harías tú? —la peli azul se quedó pensativa.
—No puedo imaginarme en esa situación. Porque te tengo a ti —el castaño sonrió, enternecido —No hay forma de que pueda imaginarnos en esa situación. Porque nosotros…
—Sí, somos un caso especial, ¿verdad? No quiero decir que seamos la pareja perfecta, pero difícilmente podría imaginarme en esa situación. Porque no hay forma de que una mujer me excite tanto como tú —las mejillas de Amy enrojecieron al instante. Taiki sonrió al ver a su esposa totalmente abochornada.
—¡N-No digas esa cosas!
—Sólo digo la verdad. Pero, hipotéticamente, sólo hipotéticamente si, en un universo alterno, en una vida pasada, lo que sea, te encontraras en esa situación, ¿qué harías? —Amy se mordió el labio y meditó la pregunta un momento.
—Si se tratara de ti, irremediablemente volvería contigo. Una y mil veces, Taiki —el castaño no pudo ocultar que la franqueza de su respuesta lo había sorprendido —Porque esa es la clase de mujer que soy. Porque tú eres el amor de mi vida y nada podría cambiar eso. Ni siquiera el desgarrador dolor de la traición. Y Taiki, sé que Serena muy en el fondo piensa de la misma manera. Ella lo ama, más de lo que amó a Diamante, pero creo que todavía no lo sabe.
—¿Crees prudente que ellos…?
—No lo sé. Realmente… no lo sé.
Serena había entrado en el baño de la casa y se miró en el espejo, apoyando sus temblorosas manos en la superficie de mármol del lavamanos. ¿Por qué? ¿Por qué de repente había sentido aquellas terribles ganas de besarlo? No, eso no podía ser. Cuando finalmente iban a darse la oportunidad de empezar de nuevo como amigos. Los amigos no van por ahí dándose besos en la boca, ¿verdad? Estaba completamente deshecha. Nerviosa, temblorosa, expectante. Casi esperaba que Seiya fuera a buscarla, la arrinconara contra la pared y comenzara a besarla de esa forma que le quitaba el aliento. Ansiaba volver a sentir sus manos recorriendo su piel. ¿Lujuria? Quizás. En secreto rogaba que no se tratara de algo más – aunque la parte no racional de su cerebro gritaba aquella palabrita de cuatro letras que ella no quería ni imaginarse – porque no estaba segura de poder ir por ese camino de nuevo. No cuando todavía no sabía en qué términos estaban ella y Diamante. No necesitaba más confusiones.
Entretanto Diamante había divisado la situación a lo lejos. En un par ocasiones había estado a punto de tocar la puerta, sólo para comprobar que Serena estuviera bien. La tercera vez tenía el puño cerrado y listo para dar el golpecito en la superficie de madera. Entonces vio que su hermano le hacía una seña y entonces lo siguió hasta el despacho.
—¿Qué pasa? —preguntó Diamante, ante la mirada seria que su hermano le estaba dedicando.
—Eso es lo que quiero saber. Ya no eres un adolescente, Diamante. ¿Qué está pasando con Serena?
—¿Por qué tienes que sacar ese tema ahora?, ya te lo había dicho, nosotros decidimos que…
—Tienes que ser más honesto contigo mismo. Porque lo que voy a decirte puede dejarte más confundido de lo que ya estás.
—¿De qué se trata, Zafiro? —replicó Diamante, que comenzaba a inquietarse —¿Qué tienes que decirme? ¿Y qué tiene que ver con mi relación con Serena?
—Cosmos ha vuelto a Japón —los ojos del mayor se abrieron como platos. Cosmos… la mujer que había sido el primer amor de Diamante.
