Capitulo 21. Pediría amarte... en esta vida y en todas las que pueda haber.
Cuando salió de la tienda de Urahara, Amane se dirigió a su casa. Había tanto que hablar con su madre y eran tantas cosas las que quería preguntarle. Caminó lentamente, observando cada detalle. En realidad nunca se había sentido tan feliz en toda su vida de estar en un lugar. Era como haber llegado por segunda vez al sitio al que pensó por un momento que no volvería jamás. Pero no dejaba de preguntarse si realmente había tenido sentido regresar. Trató de apartar ese pensamiento de su mente. Ya tendría tiempo para pensar en ello después. Por ahora, solo quería escuchar la verdad de labios de su madre y ya pensaría luego en lo demás.
Cuando llegó, como la mayoría de las veces, la casa se encontraba completamente sola. Amane ignoraba que su madre había salido por asuntos relacionados con su exposición y no volvería hasta dos semanas después. Abrió la verja que daba a la calle y se dirigió lentamente hacia la puerta de entrada. Buscó debajo del tapete la llave de emergencia que solía ocultar en ese lugar y entró. Encendió las luces de la entrada, se quitó los zapatos y se dirigió al apagador de la estancia, encendió las luces y se sentó en uno de los sillones.
- Por fin… estoy en casa – dijo mientras suspiraba profundamente e incontenibles lágrimas anegaban sus ojos.
Habían pasado tres semanas desde que Ichigo había quedado inconsciente, cuando Amane regresó al mundo humano. Rukia, Ishida, Chad, Inoue, Tatsuki, Keigo y Mizuiro, se reunian constantemente en su casa para saber cómo estaba. Por su parte, Isshin, Karin y Yuzu, agradecían esas muestras de afecto para Ichigo, pero por momentos se sentían extenuados con el constante ir y venir de sus amigos.
Ellos eran tristemente conscientes de la ausencia de alguien y no dejaban de echar de menos la presencia de Amane. No habían sabido absolutamente nada desde el día que desapareció. Isshin había contactado a Urahara un par de días antes del regreso de Amane para saber si había alguna noticia, pero en ese momento tampoco sabía nada.
- ¿Dónde estará Amane, papá? – preguntó Yuzu con tristeza. – La echo mucho de menos y me da miedo pensar que algo malo le haya pasado.
- No te preocupes, Yuzu, te aseguro que no le pasará nada malo. Hay mucha gente buscándola y seguramente muy pronto tendremos noticias de ella – dijo Isshin tratando de sonreír.
- ¿Por qué nadie pregunta por ella? ¿Por qué nadie se preocupa? Es como si a nadie le importara – dijo Karin. – Han pasado casi tres meses y nadie sabe nada. La extraño y quisiera que viniera – exclamó con tristeza.
- Pronto aparecerá, Karin y todo volverá a la normalidad – respondió Isshin convencido.
- No entiendo por qué Ichi-nii no hizo nada por ella. Solo le importó salvar a Orihime y se olvidó de Amane. El debió traerla de vuelta – dijo con resentimiento.
- Había cosas muy importantes que proteger en ese momento, Karin. No es que no quisiera traerla o que no le importara. Simplemente tuvo que concentrarse en otras cosas – explicó Isshin. – Además, el no sabía que Amane se encontraba en ese lugar.
- ¡Eso no es verdad!, a Ichi-nii ya no le importaba Amane. Desde que apareció Rukia, solo le importaba ella. Orihime al menos es su amiga – respondió Karin con impaciencia.
- No digas eso, Karin. Oni-chan también quería mucho a Amane – dijo Yuzu.
- ¡No es cierto, Yuzu! Nosotros lo dijimos muchas veces. Ichi-nii solamente hizo como si ya no existiera y estoy segura que de haber sabido que Amane había desaparecido no le hubiera importado, no hubiera hecho por ella lo que hizo por Orihime – exclamó exasperada mientras se levantaba y corría a las escaleras.
Desde el día que regresó, Amane no había ido a la escuela. Decidió tomarse una semana para poder descansar, relajarse y poner sus pensamientos en orden. Sin embargo, no quería posponer más el momento de ver a la familia de Ichigo. Los había echado mucho de menos y se sentía impaciente por verlos. Por suerte para todos, el día que decidió visitarlos, Isshin y las niñas se encontraban solos.
Se acercó lentamente a la puerta de entrada y tocó el timbre. Adentro, se escuchaba el habitual rumor de risas y las bromas de Isshin. Esperó unos minutos y súbitamente la puerta se abrió. Era Isshin.
- ¿Si, diga…? – comenzó a decir pero interrumpió súbitamente el saludo cuando vio a Amane, sin atinar a decir una sola palabra.
- ¡Isshin-san! – exclamó Amane emocionada mientras lo miraba con una enorme sonrisa.
- ¡Amane… por fin… volviste! – exclamó en voz alta mientras Yuzu y Karin corrían a la puerta.
- ¿Amane? ¿Eres tú, Amane? – preguntó Karin sin poder creer lo que estaba viendo. ¡Eres tú, Amane! – dijo mientras corría para abrazarse fuertemente de ella. ¡Eres tú, volviste Amane! – exclamó riendo mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
- ¡Si, Karin, he vuelto! Por fin… he vuelto – dijo mientras uno de sus brazos se ceñía alrededor de Karin.
- ¡Amane! – gritó Yuzu mientras corría hacia ella.
- ¡Yuzu! ¡Mi pequeña Yuzu! – exclamó extendiendo hacia ella el brazo que tenía libre. - ¡Déjame abrazarte! – dijo conmovida.
- ¡Regresaste! ¡Por fin regresaste! – dijo Yuzu llorando emocionada.
- ¡Los extrañé… tanto! - dijo Amane sin poder contener el llanto.
- ¡Bienvenida, a casa Amane! – dijo Isshin conmovido. - ¡Bienvenida a casa!
- ¡Muchas gracias, Isshin-san! – dijo sonriendo.
- Vamos adentro – dijo Isshin. – Tienes muchas cosas que contarnos.
- Si, Isshin-san. Hay muchas cosas que contar – dijo mientras entraba a la casa abrazando a Yuzu y a Karin.
Una vez en la sala, todos tomaron asiento tratando de controlar sus emociones. Después de un momento, Isshin rompió el silencio.
- ¿Cómo te encuentras Amane? Luces un poco más delgada – expresó preocupado.
- Estoy bien Isshin-san y ahora que estoy de regreso, estoy mucho mejor.
- ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué ese demente te llevó a ese lugar?
- Es una larga historia Isshin-san, pero afortunadamente ya todo terminó.
- ¿Por qué desapareciste, Amane? – preguntó Karin. – Nos tenías muy preocupados. Cuando dejaste de venir, Yuzu y yo te buscamos en tu casa pero no estabas. Tatsuki también te buscó porque no habías ido a la escuela. Te buscamos en el río pero solo encontramos tus cosas.
Amane guardó silencio y miró a Isshin buscando su aprobación para decirles. Isshin asintió y Amane pensó en la mejor forma de responder las preguntas de Karin.
- Karin, Yuzu, yo… no hubiera querido que se preocuparan, pero debo agradecerles que lo hicieran – dijo sonriendo. – Aquél día me encontraba en el río como todas las tardes y alguien simplemente apareció y me obligó a ir con él a ese extraño lugar que llaman Hueco Mundo. Las personas que estaban en ese sitio pensaban que teniéndome allí podrían lastimar de alguna forma a Ichigo pero pronto se dieron cuenta que se habían equivocado, así que simplemente me dejaron en una celda. En algún momento logré salir de ahí y fortuitamente encontré a alguien que me trajo de regreso hace solo un par de días. Aunque pueda parecer extraño, la misma persona que me llevó a Hueco Mundo fue la misma persona que me ayudó a salir de él – dijo con expresión sorprendida.
- Pero ¿no te lastimaron Amane? – preguntó Yuzu preocupada.
- De ninguna forma, Yuzu, no te preocupes. Nadie en ese lugar me hizo daño, así que debo considerarme muy afortunada – dijo sonriendo.
- Pero seguramente no te daban de comer, porque estás muy delgada, Amane – dijo Karin mirándola detenidamente y frunciendo ligeramente el ceño.
- Bueno, si me alimentaban, pero eran cosas diferentes a las que acostumbramos aquí – explicó.
- Lo importante es que estás de regreso, Amane y que te encuentras bien – dijo Isshin aliviado.
- ¿Dónde está Ichigo, Isshin-san? ¿Cómo está él?
- Ichigo está inconsciente, Amane. Desde la derrota de Aizen, perdió el conocimiento y no sabemos con certeza cuando despertará.
- Isshin-san – dijo. – ¿Puedo preguntarle algo? ¿Qué fue lo que pasó con Ichigo?
- Tuvo que renunciar a su poder para lograr derrotar a Aizen, Amane. Y después de esa batalla, Ichigo perdió el conocimiento. Es parte del proceso que antecede a la pérdida completa de su poder.
- ¿Y qué va a pasar ahora con él, Isshin-san? – preguntó angustiada.
- Tendrá que empezar a vivir una vida normal, Amane. Como la de cualquier otro ser humano.
- ¿Y qué hay de Rukia? ¿Se quedará con él? ¿Dejará la Sociedad de Almas para estar al lado de Ichigo?
- Mucho me temo que eso no sucederá, Amane – dijo en tono cansado.
- Pero ¿por qué? ¿Acaso Ichigo no le preocupa?
- No lo sé, Amane. Simplemente, no lo sé.
- Solo espero que eso no destroce su corazón – dijo con profundo pesar. - Pero ¿se encuentra bien? ¿No está lastimado? – inquirió preocupada.
- Se encuentra perfectamente, Amane, no te preocupes. Solo es cuestión de esperar a que despierte y todo volverá a la normalidad – dijo con una sonrisa.
- Sí, pero mientras lo hace, esta casa es un completo desastre – dijo Karin con fastidio. – No dejan de entrar y salir sus amigos. Hoy por lo menos nos dejaron tranquilos.
- ¡Por cierto, Amane, qué bueno que veniste! – dijo Yuzu emocionada, mientras se levantaba, la tomaba del brazo y la jalaba hacia las escaleras.
- ¿Qué sucede, Yuzu? – preguntó Amane desconcertada.
- ¿No quieres saludar a Ichi-nii? – preguntó Karin con una sonrisa traviesa.
- Ven, vamos arriba – dijo Yuzu emocionada mientras todos subían las escaleras.
- En este momento no hay nadie y al parecer no vendrán el día de hoy, así que es una buena oportunidad para que puedas saludar a Ichigo – dijo Isshin con una cálida sonrisa. – Eres la única que no ha podido estar cerca de él y nosotros pensamos que debiste haber sido la primera – dijo mirándola con ternura.
- ¡Isshin-san! Yo… yo no sé qué decir… - guardó silencio mientras silenciosas lágrimas comenzaban a correr por su rostro. - Yo… no sé si sea correcto – dijo mientras inclinaba la cabeza. Isshin la tomó de la mano mientras abría la puerta de la habitación de Ichigo.
- Vamos, no tienes nada de qué preocuparte, Amane – dijo Yuzu. – Además, tu eres la novia de Oni-chan, ¿cierto? – dijo mirándola con una sonrisa. Amane no sabía en realidad que debía responder. Desde que Ichigo se distanció de ella, era sencillamente absurdo suponer que continuaran siéndolo.
- Si, Amane. Para nosotros, lo eres – dijo Karin confortándola. – Si Ichigo no ha hablado contigo, para nosotros continuas siéndolo.
- De… acuerdo. Yo… se los agradezco – dijo, mientras entraba a la habitación.
- Te dejaremos sola con él, Amane – dijo Isshin amablemente mientras cerraba la puerta tras de sí.
Amane se quedó de pie, frente a la cama donde Ichigo descansaba tranquilamente. Lo observó un momento mientras trataba de evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.
- ¡Ichigo! Haz crecido tanto en tan poco tiempo - pensó. Su cabello parecía estar más largo que de costumbre y estaba tan delgado. Le pareció que había pasado una eternidad desde la última vez que tuvo oportunidad de verlo. Cuando logró controlar el llanto, caminó lentamente hasta llegar a su lado y se sentó en el borde de la cama.
- ¡Te amo tanto, Ichigo! – murmuró mientras miraba con infinita ternura ese amado rostro. – Te he echado tanto de menos, ¿sabes? – dijo extendiendo una mano para acomodar el suave mechón anaranjado que caía sobre su rostro.
– Isshin-san me ha dicho que despertarás de un momento a otro, pero no saben a ciencia cierta cuándo será eso y seguramente, yo no podré estar para verlo – dijo con tristeza. - Pero hoy estoy aquí, Ichigo; y esta vez no es porque tú me necesites, sino porque yo necesitaba desesperadamente verte y estar cerca de ti.
– Eres un chico extraordinario y no sabes lo afortunada y orgullosa que me siento de que alguien tan especial como tú, me haya permitido estar en su vida aunque fuera por poco tiempo – dijo sonriendo, mientras tomaba gentilmente una de sus manos entre las suyas. - ¡Eres único e increíble, Ichigo y te amaré toda mi vida! Y si pudieran concederme un deseo, pediría amarte no solo en esta vida sino en todas las que pueda haber – confesó con ternura.
Lo miró y acercó su rostro para besarlo suavemente en los labios. Pensó que no tenía derecho a hacerlo, pero no pudo evitarlo. Súbitamente la mano de Ichigo apretó la suya y Amane se quedó estática. Quizá solo era un acto reflejo dentro de la inconsciencia, pero sintió claramente como los dedos de Ichigo acariciaban suavemente su mano. En ese momento, comenzó a abrir muy lentamente los ojos y Amane no supo qué hacer. Cuando quiso retirar sus labios, Ichigo sujetó suavemente su cabeza con su otra mano impidiéndole separarse de él.
- Amane… – murmuró en voz baja, apretando sus labios contra los de ella. Amane separó sus labios y su lengua se encontró con la de él. Lo besó con todo el amor y la ternura que inundaba su corazón y su ser, aspirando su aliento y recorriendo el húmedo y calido interior de la boca de Ichigo, mientras él hacía lo mismo.
- ¿Eres tú, Amane? – preguntó débilmente después de un momento, mirando esos maravillosos orbes verdes, mientras los suyos comenzaban a humedecerse por las lágrimas. - ¿Dónde has estado? ¿Acaso has vuelto? – suspiró. – ¿Estoy soñando, Amane? – sonrió suavemente y mientras la besaba una vez más, Ichigo volvió a caer en la inconsciencia. Amane se quedó contemplándolo mientras dormía.
- Quizá el amor sea realmente una tragedia – dijo sonriendo - pero estoy dispuesta a vivirla las veces que sea necesario si eso significa continuar enamorada de ti, Ichigo – dijo conmovida. - ¿Recuerdas cuando me preguntaste qué haría cuando cumpliera dieciocho años? ¿Si partiría con mi madre o me quedaría? – murmuró. - Te respondí entonces que solo sería capaz de dejar atrás todo lo que conocía por el amor que soñaba y esperaba encontrar algún día – recordó con una sonrisa.
- En ese momento, sin saberlo, ya lo había encontrado, Ichigo – dijo emocionada. - Sólo por ti confié y me arriesgué, y solo por ti dejaría atrás todo; lo olvidaría todo, sin remordimientos y sin recriminaciones tan solo por estar a tu lado y hacerte feliz – añadió afligida. – ¡Te amaré siempre, porque eres el amor de mi vida, Ichigo!, porque fuiste el primero y porque fuiste tú – exclamó suavemente. - Eso nunca cambiará.
- No importa donde estés o donde me encuentre, ese siempre será nuestro lazo, y no se romperá mientras uno de nosotros se encargue de mantenerlo vivo aún cuando el otro deje de existir, Ichigo – dijo con ternura y desesperación al mismo tiempo. - Tu felicidad es la mía y no importa dónde ni con quién sea, yo seré inmensamente feliz de que logres lo que sueñas – dijo dulcemente. – Sé fuerte y recupérate pronto, ¿quieres? – murmuró mientras besaba su mano.
Después de un largo rato bajó a la sala. Ahí se encontraban Isshin y las niñas esperándola.
- ¿Cómo viste a Ichi-nii? – preguntó Karin con una sonrisa.
- Tan dulce y maravilloso como siempre – dijo Amane sin poder evitarlo. – Yo… bueno… me refiero a que está bien – corrigió sonriendo apenada. Isshin, Karin y Yuzu se miraron sonriendo.
- ¿Vendrás a verlo otra vez? – preguntó Yuzu.
- Si se presenta otra oportunidad, por supuesto que vendré a verlo, Yuzu – respondió. – Me imagino que debe haber mucha gente a su alrededor y lo que menos necesita es que haya un tumulto en su habitación – dijo sonriendo.
- Pero tú eres quien debería estar ahí, Amane – dijo Karin con impaciencia.
- Tal vez, pero… sus amigos más queridos y Rukia desean estar al pendiente de él, Karin – dijo sonriendo.
- Yo no lo creo – respondió Karin molesta. – Ichi-nii está así por ella. Desde que ella apareció siempre salía lastimado y siempre estaba preocupado porque debía proteger a todo el mundo – añadió. – Contigo siempre estaba sonriendo y estaba feliz, Amane. ¿Por qué no puede ser así otra vez? – exclamó exasperada.
- Karin… - comenzó a decir Isshin, pero guardó silencio cuando Amane le hizo una discreta seña, pidiéndole la dejara responder.
- ¿Recuerdas lo que hablamos no hace mucho, Karin? ¿El día que desapareció Ichigo? – preguntó con voz dulce.
- Sí, lo recuerdo – dijo con el ceño fruncido. – Dijiste que él era feliz haciendo lo que hacía… aunque para otros… no pareciera así – suspiró y bajó los brazos.
- Así es, Karin. Y cuando amamos a alguien, la felicidad de esa persona significa también nuestra propia felicidad – dijo suavemente. – Por supuesto, no queremos que nada la lastime, pero sin importar donde, cuándo y con quién, somos felices simplemente porque esa persona es feliz – agregó mientras la abrazaba. – Con el tiempo te darás cuenta que Ichigo lo es y tú también lo serás por él.
- Todo lo que él siempre ha deseado es protegerlos a ustedes porque los ama inmensamente, así que no te enfades porque eso lo haría sentir muy triste, ¿de acuerdo? Además, yo seguiré viniendo a verlos como lo he hecho. Ustedes son la familia que nunca tuve y me hace muy feliz tenerlos cerca. Eso no va a cambiar, Karin. No importa si Ichigo y yo dejamos de frecuentarnos, eso no tiene nada que ver con ustedes ¿está bien?
- Está bien, Amane – dijo Karin tratando de sonreír. Isshin no dejaba de mirar a Amane preguntándose por qué las cosas tenían que ser así. A él le habría encantado que ella fuera su tercera hija.
- Creo que es hora de que me vaya, Isshin-san. Se ha hecho tarde y aún hay cosas que debo hacer.
- Por supuesto, Amane, no te preocupes.
- ¿Vendrás la próxima semana, Amane? – preguntó Yuzu.
- ¡Por supuesto! Iré pensando qué prepararemos esta vez, ¿de acuerdo? – dijo con una sonrisa.
- ¡De acuerdo, Amane! – exclamó Yuzu emocionada.
- Te avisaremos cuando Ichigo despierte – ofreció Isshin, mientras se despedían de Amane en la puerta.
- Muchas gracias, Isshin-san – respondió Amane mientras se alejaba.
Ichigo despertó una semana después de la visita de Amane. Lo primero que vino a su memoria cuando recuperó la conciencia, fue que ella había estado ahí. Permaneció un momento con los ojos cerrados, tratando de grabar en su mente cada detalle de ese momento.
En cuanto los abrió, vio los rostros de Rukia, Ishida, Chad e Inoue. Fue un momento alegre y al mismo tiempo triste, aunque trató de ocultarlo, al enterarse que había perdido su poder de shinigami. Fue el día que se despidió de Rukia. Una despedida triste y emotiva que le dolió profundamente. Cuando todos se fueron, se sentó un momento en la sala. Karin se encontraba sentada en el comedor y Yuzu se encontraba en la cocina. Isshin entró en ese momento.
- Ichigo, hijo ¿cómo te sientes?
- Considerando que no volveré a ver espíritus, supongo que bien – sonrió. - ¿Puedo preguntarte algo? – dijo dirigiéndose a su padre.
- Por supuesto.
- ¿Ya se sabe algo de Amane? – preguntó con cierta ansiedad.
- Si, Ichigo. Afortunadamente, Amane ya ha aparecido – dijo con una sonrisa.
- ¿Cuándo regresó? ¿Se encuentra bien? ¿No le hicieron daño? – preguntó sorprendido y preocupado.
- De hecho, hace alrededor de una semana que volvió y afortunadamente ella se encuentra bien, Ichigo. No tienes de qué preocuparte – respondió palmeando cariñosamente el brazo de Ichigo. – Al fin todo volverá a la normalildad.
Ichigo guardó silencio e inclinó la cabeza.
- ¿Qué sucede, Ichigo? – preguntó Isshin.
- Nada… es solo que… debí haberla buscado antes de dejar Hueco Mundo – dijo con pesar.
- Vamos, Ichigo – dijo Isshin – no tuviste opción. No podías proteger a todos al mismo tiempo. Debías tomar una decisión y lo hiciste. Pero no te preocupes, ella está de regreso y no hay absolutamente nada que lamentar.
- Y ¿cómo fue que logró salir de Hueco Mundo?
- Según lo que ella misma nos dijo, con la ayuda de un arrancar.
- ¿Un arrancar? Eso es muy extraño – comentó Ichigo sorprendido.
- A mí también me lo pareció pero… sea como haya sido, lo importante es que Amane volvió.
- ¿Amane… vino a verme mientras estuve inconsciente? – inquirió curioso.
- Sí, Ichigo. Ella vino a decirnos que por fin había vuelto y pasó a saludarte – respondió Isshin. - ¿Por qué lo preguntas?
- Pensé… que lo había soñado – dijo con una sonrisa.
- No, Ichigo. No lo soñaste. Amane vino a verte y pasó un largo rato a tu lado – respondió sonriendo.
- Papá ¿cómo fue que se enteraron que Amane había desaparecido?
- Nosotros nos preocupamos cuando dejó de venir sin avisar. De hecho Karin y Yuzu la buscaron en su casa. Tatsuki-chan se encontraba ahí porque Amane no había ido a la escuela durante una semana y estaba preocupada. Cuando vieron que no estaba en casa, decidieron buscarla en el río y encontraron sus libros, su cámara y una bolsa de lona.
- Pero, ¿cómo supieron que había sido Aizen? – preguntó confundido.
- Yo pude identificar en la bolsa de lona parte de la energía de Amane y la de un… arrancar. Así que deduje que sólo podía haberlo enviado Aizen.
- ¿Y alguien supo la razón por la que Aizen la secuestró?
- En realidad nunca estuvimos seguros, Ichigo. Solo fue una teoría que surgió cuando lo comenté con Urahara. Pensé que el tendría una mejor idea de las razones por las que Aizen haría algo así.
- ¿Y cuál se supone que fue esa razón, según la teoría de Urahara?
- Para lastimarte, Ichigo, para hacerte daño. No pudimos pensar en otra cosa.
- Pero ¿cómo pudo pensar eso Aizen? Él no sabía nada de Amane.
- No lo sé, Ichigo. Fue simplemente una teoría de Urahara.
- Pues si quería lastimarme, lo logró – dijo con un profundo pesar. – Tal vez no en el momento ni en la forma que pretendía hacerlo pero… lo consiguió – murmuró inclinando la cabeza.
- ¿Por qué dices eso Ichigo?
- Porque me lo dijo cuando se activaron los sellos de kidou de Urahara. Que nunca volvería a ver a Amane - respondió. – Y eso… me hizo sentir tan culpable. También dijo que si volvía a verla, la perdería nuevamente y pensarlo verdaderamente me dolió.
- Basta ya, Ichigo. Deja de atormentarte de esa manera – lo interrumpió. – Hiciste lo que debías hacer y no es culpa de nadie que ese demente hiciera cosas absurdas. Amane está de vuelta y no volverá a irse. Ya habrá oportunidad para que te diga qué fue lo que pasó realmente - aseguró.
- Sí… creo que tienes razón – respondió. – Iré a mi habitación. Bajaré a la hora de la cena – dijo mientras se dirigía a las escaleras.
Una vez en su cuarto se acercó a la ventana, mirando hacia el cielo. No pudo evitar recordar con pesar las últimas palabras que le dirigió – "No vuelvas a acercarte a mí." El la abandonó y aún así, en cuanto ella logró volver lo primero que hizo fue ir a verlo. Se alejó de la ventana y se recostó en la cama. Comenzó a repasar todo lo ocurrido desde el día que habló con Amane y le pidió que fuera su novia.
La noche que se llevaron a Rukia, el viaje a la Sociedad de Almas, la llegada de los arrancar, la desaparición de Inoue y el viaje a Hueco Mundo.
– Qué ironía – pensó. - Yo estaba dispuesto a dar la vida por Rukia y por Inoue y ni siquiera sabía que ese maldito de Aizen se había llevado a Amane – se dijo. - La única persona a quien le prometí que la protegería y que jamás dejaría sola, fue a la que abandoné en ese maldito lugar – se lamentó.
Grimmjow se lo dijo, antes de quedar inconsciente; le dijo que ella estaba ahí y él, no hizo nada. No había comprendido cuánto significaba Amane para él hasta que escuchó decir a Ulquiorra que la habían llevado a Hueco Mundo. Y cuando entendió a qué se refería Aizen cuando dijo que no volvería a verla nunca, el dolor que sintió fue simplemente insoportable. Pero ahora Amane estaba de regreso; afortunadamente se encontraba bien y eso era realmente un alivio.
- ¿Quién sería el arrancar que la ayudó a salir de Hueco Mundo? – se preguntó. Después de un rato, se quedó profundamente dormido.
