Lo de siempre: Soul Eater no me pertenece. Es de un tal Atsushi Okubo, ese que nos hace sufrir cada mes con su prodigioso manga. Si fuera mío... en fin, sería un asco.

¡Estoy tan feliz de no haberme demorado! Espero que ustedes también porque, bueno, me estuve tardando tanto últimamente que sentí que se los debía. Así que, ojala disfruten del capítulo, ya que al fin traigo de nuevo algo de acción, y perdón que aún me quede mucho por mejorar _:

Muchas gracias por sus comentarios: Leon Kagamine; Chibibra-saiyajin-evans; Rosario-San; Cata-chan1. -se lanza sobre ellos y los llena de abrazos(?)-

Si ustedes gustan...

¡Lean!


Invierno


Capítulo XXI

Era la primer misión que tomábamos en semanas. El clima era ventoso, frío y húmedo, y notaba los dedos helados, a tal punto que los sentía entumecidos. Una pequeña nubecita de vaho se formó ante mis ojos cuando expiré algo cansada. Habíamos acordado en conjunto que tomaríamos una misión por pareja, algo no muy complicado, pero lo suficiente para tomarlo como parte del entrenamiento antes de que se nos asignaran las misiones de mayor importancia. Tampoco tenía que ser un lugar muy lejano, por lo que con Soul nos pareció conveniente venir a una ciudad cercana a Death City. Nos tenía la suficiente confianza como para estar calmada, incluso cuando la imaginación juega contra uno mismo y crea posibles desenlaces bastante desalentadores.

—Bien —dijo Soul, tras un momento de completo silencio—, ¿a qué hora se supone que aparecen?

Sin estar del todo segura, tomé mi mochila y extraje de ella la información que se había recopilado para quien decidiera tomar esta misión, junto a lo que agregamos nosotros mismos tras pasar la tarde preguntando a la gente que vivía allí qué cosas sabían. No era mucho, pero si lo necesario. Dejé la mochila a un lado y comencé a leerlo.

—Dentro de una hora y media —respondí, abatida. Creía que, con las idas y vueltas que habíamos dado, la hora estaba un poco más cerca, pero me había equivocado.

—¿Entonces nos la pasaremos arriba de este tejado por casi dos horas? Debí haber traído algo con lo que matar el tiempo.

—No empieces, Soul. Tal vez tenemos suerte y los demonios nos atacan antes de tiempo.

—¿A eso le llamas suerte? —dijo con un tono irónico.

—¿Y qué quieres que diga entonces? Sólo cierra el pico.

Él no dijo nada por un rato, y consiguió hacerme sentir culpable.

—¿No nos estábamos llevando mejor? —No fue una pregunta en realidad. Estaba mirando la oscuridad del cielo nocturno, ignorando mis ojos clavados en su rostro.

—Lo sé, perdona. Es que... —Me detuve—. Mejor olvídalo, ¿sí? Lo siento.

El albino arqueó las cejas, algo desconcertado por aquel balbuceo.

—¿Estás bien? —preguntó entonces, olvidándose de que me ignoraba, volviendo su mirada azul hacia la mía. Ante tanta oscuridad, sus ojos parecían tan negros y peligrosos como lo eran las profundidades del océano.

Aquel pensamiento me distrajo por unos segundos.

—¿Maka? —insistió Soul, y recordé que me preguntado algo.

—Eh... Creo que... —No recordaba qué respuesta debía darle.

Miré a mi al rededor. Desde la azotea del edificio más alto de la ciudad, todo era demasiado silencioso. Me inquietaba, al igual que la misma soledad que se percibía desde allí. ¿La gente ya se había ido a dormir, a resguardarse en el interior de su hogar? Ya el rumor de que un par de niños que venían de Shibusen se habría esparcido, por lo que debían estar advertidos de lo que suponían que iba a ocurrir esa misma noche. ¿Estarían asustados, o en cambio sentirían curiosidad?

Volví a toparme, sin querer, con la misma mirada de antes. Preocupada y a su vez tenebrosa.

—¿Tienes miedo? —inquirió de pronto.

Me eché hacia atrás, como si sus palabras me hubieran empujado por los hombros.

—No —dije, pero mi voz me traicionó con un murmullo—. No —repetí—, no tengo miedo.

—¿Entonces qué te sucede? Estás muy distraída, y por lo usual no sueles ser así.

—Mmm... —No estaba muy segura. Tan solo quería que el momento acabara y rápido. Algo había comenzado a molestarme. Sabía que éramos capaces, que lo lograríamos y que no habría ningún problema, pero, ¿por qué no podía calmarme?

Sin darme cuenta, Soul se puso a mi lado. Tomó mi muñeca y me enseñó mi mano, que temblaba. Noté entonces que también estaba moviendo un pie, como al ritmo de una música, solo que esa vez por puro nerviosismo.

—Es el frío —me excusé enseguida.

—Entonces ve adentro —sugirió, pero sin apartar su mirada de mí. Parecía algo molesto; él sabía que mentía.

Me negué.

—Quiero quedarme —dije, apartándome de él, y fui hasta el borde de la terraza. No había ni baranda ni muro, y aún así, no sentía el vértigo como la mayoría. Era difícil decir por qué.

—Pues dime qué ocurre —dijo sin acercarse—. Todavía tenemos más de toda una hora para que lleguen, y es mejor si estás relajada para entonces.

No respondí. Me envolví con mis brazos a mi misma.

—¿Es por tu madre?

Me volteé sobresaltada. Escruté el rostro de Soul, y sus ojos abiertos demostraban lo mucho que le costó formular esa pregunta, sin estar seguro de si había estado bien sacar el tema a superficie o si hubiera sido mejor dejar todo fuera de margen.

De pronto sí sentí el vértigo.

—No es por ella —dije entonces—. No es por nada.

Soul aún parecía insatisfecho con mis respuestas.

—¿Estás segura?

Un destello rojo llegó. No delante de mis ojos, pero fue tan real como si lo hubiera estado viendo cruzarse por delante de mí. Me giré en dirección hacia la avenida que había debajo, pero no pude ver nada más que autos aparcados y una completa ausencia de gente.

Pero ya no sentía nada.

—Que extraño... —murmuré. No sólo porque aún faltaba una hora, sino porque había sido algo de un segundo. Tal vez sí había aparecido, pero se estaba alejando. Y a esa altura, ambos estábamos demasiado lejos.

—¿Qué?

—Hay que bajar —dije volviéndome hacia él—. Vamos.

Fuimos hacia la parte de atrás de la azotea, y dimos un salto hacia una escalera de emergencia que había un piso más abajo. Caí justo en el centro, sin lastimarme, y Soul a mi lado, mirando a nuestro al rededor. Comenzamos a bajar piso tras piso a toda velocidad y sin detenernos. Aún no podía sentir nada, y por eso mismo quería ir más deprisa.

—¿Hacia dónde? —dijo Soul, una vez que llegamos al callejón que había detrás del edificio.

—Izquierda.

Fuimos en esa dirección hasta salir a la avenida, donde giramos de nuevo hacia la izquierda y corrimos toda una cuadra bastante larga hasta llegar a la esquina. Volvió a llegar a mi la frecuencia del alma del demonio, y esa vez perduró. Doblamos a la derecha, y corrimos por otras tres cuadras.

—¿Dónde está? —preguntó Soul, mirando aún en derredor. Debía sentirse ciego, a diferencia mía, que podía ubicar con exactitud el lugar en donde se hallaba nuestra próxima alma.

—Debe estar en un callejón, o algún en patio de por allí —señalé, con mi brazo estirado hacia la manzana de la derecha—. Pero se está acercando, aunque de a poco.

Soul se quedó observando las sombras que habían en esa dirección. Por supuesto que no estaba a simple vista, pero en momentos así, cualquier cosa podía convertirse de pronto en un demonio y arremeter contra nosotros, bajo la influencia del miedo. Y aún así, Soul no parecía asustado. Se lo veía decidido y preparado para el enfrentamiento, incluso si él no podía sentir nada.

—Si nos ve primero, tendrá ventaja sobre nosotros.

—¿Nos escondemos y esperamos a que salga? —propuse, y él sonrió con aceptación. No pude evitar devolverle la sonrisa, porque Soul es el único de los dos que puede divertirse con esto.

Cruzamos hacia la cuadra de enfrente, y nos colocamos detrás de varios botes de basura y un buzón de correo. Había demonios que podían percibir a su presa por medio del olfato, pero de ser así, estaríamos prevenidos. Le susurré a Soul que se transformara antes de que apareciera, y cuando lo sostuve, pude sentir la conexión entre su alma y la mía, la sincronización de las mismas y la confianza que tenía mi compañero en mí.

—¿Lo ves? —pregunté, cuando una figura comenzó a asomarse.

"Sí —respondió—, y es horrendo".

Soul no se equivocaba, aunque hubiera preferido un poco más de seriedad por el momento. El demonio había subido al tejado de una casa de dos pisos, y había comenzado a descender por el frente. Su rostro tenía aspecto humano, y su cuerpo también, pero sus extremidades eran dos veces más largas de lo que era su torso, y tomaba entonces una apariencia de insecto. Cuando por fin alcanzó el suelo, se paró sobre sus patas traseras, y me resultó difícil calcular cuántos metros medía. La columna quedó encorvada, y su espina vertebral parecía estar a punto de traspasar la piel de su espalda. Parecía desnutrido, porque también se notaban sus costillas bajo sus harapos. En contraste, sus brazos y piernas parecían más anchos que el resto del cuerpo, tal vez por los músculos. Las manos eran mucho más grandes, y su rostro estaba cubierto por una cortina de cabello grasoso que sólo dejaba a la vista dos ojos que eran esferas negras. Era tan espeluznante, tan desagradable a la vista, que me costaba muchísimo no apartar la vista.

"Bueno, creo que llegó el momento" dijo Soul, tratando de darme ánimos con su tono despreocupado.

Sin embargo, no me moví.

"¿Maka?" se preocupó.

No sabía por qué no me movía. Había algo que me estaba deteniendo en ese instante, una idea absurda. Soul tenía razón, estaba distraída, y tenía a pocos metros una criatura que a pesar de ser débil, era peligrosa de todos modos si nos pescaba con la guardia baja. Di un suspiro y traté de concentrarme en mi próximo movimiento. Sin darme tiempo a vacilar, salí de nuestro escondite y corrí directo hacia el demonio. Se percató de nuestra presencia cuando ya estaba casi encima de él, aunque logró defenderse de todos modos; di un salto con la guadaña apuntando directo a su cuello, pero él colocó sus brazos por delante y empujó mi arma por la empuñadura, de tal modo que casi se escapa de mis manos.

Caí al suelo jadeando. No había previsto algo así. Ahora mis nudillos se habían tornados blancos como el papel por la fuerza con que tomaba a mi arma.

"¿Estás bien?"

—Sí... —respondí, aún con la respiración agitada.

"Diablos" pensé. Había olvidado lo fastidioso que podía llegar a ser fallar en una oportunidad tan buena.

El demonio me lanzó una patada, que posiblemente hubiera roto todos mis huesos de no haberla esquivado, y perdiendo de pronto el control cayó hacia adelante, pero guiando sus manos directo hacia mí, con intención de aplastarme. Rodé por el suelo y por debajo de él justo antes de que tocara el asfalto, y me erguí justo al lado de su brazo derecho. Alcé la guadaña, y luego la hice descender con todas mis fuerzas para cortar su brazo, pero el filo apenas hizo un tajo de un centímetro en su codo. Me quedé estupefacta. Confiaba en que algo así funcionaría.

La criatura volteó a verme con sus ojos perturbadores, y bajo el cabello sucio me pareció ver una expresión de enfado, ira y ansias por matar.

Me lancé al suelo al prever un ataque con su puño, y giré hacia la derecha cuando intentó de nuevo aplastarme, y en sentido contrario cuando lo volvió a hacer. Me puse de pie y corrí hacia mi anterior escondite en cuanto juntó ambas manos y las llevó en puños hacia el piso, formando un pozo con ello.

Se dio la vuelta confundido, y se encontró conmigo al otro lado de la calle. Me sentía algo perdida. Por lo general se me ocurría un buen plan, y si no era así se le ocurría a alguien más. Pero estábamos solos, y Soul comenzaba a notarme contrariada. Tal vez no había sido el punto correcto, pensé mientras se acercaba corriendo, y volviendo a intentar, me subí al buzón, di un salto para esquivar su puño y, tras impulsarme de nuevo con los pies sobre su muñeca llegué dando una voltereta hacia su espalda, gritando a todo pulmón y llevando la guadaña a su columna. Pero nada ocurrió, igual que antes.

Guiada por la desesperación, al tocar el suelo giré y traté de clavar la guadaña en su otro brazo, pero al notar que seguía intacto, me ordené a mí misma centrarme más en la defensa que en el ataque por el momento. Di un salto para esquivar otro de sus ataques, y tomé distancia de él para poder observarle mejor. Era tan alto.

"Creo que sus brazos son bastante resistentes, al igual que su espalda".

Rodé los ojos, impaciente.

—No bromees Soul, esto es serio. —El demonio se nos acercó, y comencé a moverme de un lado al otro, en zigzag, bloqueando y desviando el movimiento de sus brazos, las patadas, y evitando que me alzara del suelo con las manos cuando acercaba la palma abierta con tales intenciones.

"¿No tiene bolas? —No respondí—. ¡En serio, no las tiene!"

—¡Oh, por Shinigami! ¿Puedes dejar de...? —Me callé de repente cuando, ante uno de los brutales ataques del demonio, el suelo tembló y sentí la sacudida en los pies. Había estado a centímetros de golpearme, y había sido un milagro que no lo hiciera, porque no me había movido de mi lugar. Eso me pareció extraño. ¿Cómo había podido fallar? De hecho, ¿cómo no había recibido ni un rasguño durante toda la pelea? Había algo que se me estaba escapando, algo esencial que no había notado. ¿Qué era?

Meditando, me quedé quieta en mi sitio. El demonio se irguió lo más que pudo, y como si se hubiera perdido, miró de un lado al otro, buscando. Estaba justo enfrente suyo, no podía no verme.

—¿No puede...? —murmuré. Mi voz llegó a sus oídos, aún a pesar de que había hablado demasiado bajo. Sus ojos viraron en mi dirección, y comenzó a acercarse, balanceando los brazos de un lado a otro, y comenzando a alzar una mano a medida que se acercaba. De pronto, quise reír.

Soul notó aquella alegría creciente en mi interior, ajeno a lo que en esos momentos pasaba por mi mente.

"¿Vas a decirme porque te hace tan feliz estar a punto de ser derribada por una criatura tan asquerosa?" inquirió.

—No es eso —expliqué—. Es ciego, ¿no lo has notado?

"¿Qué?" Parecía no dar crédito a lo que oía.

—Observa —le indiqué.

Me aparté antes de que el demonio me golpeara, y cuando dirigió su segundo puñetazo, lo hizo al mismo sitio, a un metro delante mío. Me mantuve en mi lugar. Acabó dándose cuenta de que no estaba allí, y volteó hacia ambos lados, estirando al cuello, tratando de oír lo que fuera, el más leve indicio de mi ubicación.

Ya no necesitaba más pruebas. Soul se contagió de mi alegría, y sin decir nada, supe que ambos compartimos el pensamiento de que aquello era pan comido. Pero entonces Soul se puso serio, y carraspeó antes de hablar.

"Bien, ahora hay que ver cómo haremos para acercarnos a él sin que nos oiga con esos oídos hipersensibles que tiene. —Hizo una pausa antes de continuar. —Tus zapatillas lo han estado guiando todo este maldito tiempo".

Y Soul me dio la respuesta que necesitaba. Sonreí sin poder evitarlo.

Comencé a desatar los nudos de mi zapatos, casi sin mover más que mis dedos y llevando mi pie a la altura de la rodilla de la otra pierna. Me descalcé primero uno, y luego el segundo pie. Cuando apoyé ambos en el suelo, no hicieron ruido, y me quedé con las zapatillas en una mano, mientras que con la otra aún sujetaba la guadaña. Comencé a avanzar hacia la criatura, y cuando estuve cerca, lancé el primero calzado unos metros por detrás de su espalda, y el impacto de la suela de la misma contra el suelo no llegó a sonar como pasos, pero se acercó bastante. El demonio volteó aliviado y corrió hacia el diminuto objeto, sin darse cuenta de que me estaba dando la espalda.

Acorté la distancia entre ambos, avanzando con los pies cubiertos sólo por mis medias, a pesar de la humedad y del frío del suelo, y cuando el demonio volvió a quedarse inmóvil, lancé la siguiente zapatilla, a unos pasos delante de él. Guió sus brazos hacia adelante apenas oyó el ruido, y di un paso hacia adelante dispuesta a trepar su espalda para... splash. Miré hacia abajo: había metido el pie dentro de un charco de agua.

Alcé la cabeza y la mirada al demonio que comenzó a voltear. La sonrisa se borró de mi rostro. "¡Cuidado!" Oí a Soul gritar dentro de mi cabeza, pero no me dio tiempo siquiera a reaccionar.

Esa vez, en vez de dirigir su puño, llevó la palma extendida directo hacia mí y me cazó del suelo, encerrándome entre sus largos dedos y separando mis pies del suelo. La guadaña se escapó de mis manos en cuanto mis brazos se quedaron pegados a mis costados, y Soul enseguida volvió a su forma humana.

—¡Maka! —gritó, y aunque el kishin lo había oído, prefirió ignorarlo y centrarse en mí.

Estaba aterrada. Su mano estaba a punto de quebrar mis huesos, y si eso no ocurría, iba a engullir mi cuerpo entero. No sabía qué manera de morir sería la peor de ambas. Traté de liberarme, patear su mano, incluso de morderle, pero nada funcionaba, no con la fuerza que tenía en los brazos y piernas.

Observé su rostro, y su respiración agitada iba apartando los mechones de cabello que cubrían toda la cabeza. No tenía nariz, descubrí. Respiraba por la boca, y sus ojos oscuros no estaban fijos en ninguna parte. Tenía unos dientes enormes y afilados, como tiburones. Como los de Soul.

¿Por qué tenía que ocurrir esto? ¿Por qué ahora, cuando había elegido vivir? ¿Era así como todo llegaba a su fin, como mi madre se había sacrificado por unos pocos días más de mi propia vida? Quise llorar. Aún seguía siendo débil.

—¡Déjala ir, bastardo! —Hubo un brillo por debajo de mis pies, y un par de guadañas reemplazaron unos brazos. Soul arremetió contra la criatura, tratando de dañar su torso, pero aquello no funcionó. Gritó iracundo, y entonces el demonio bajó la cabeza, como si observara lo que mi compañero intentaba hacer.

—¡Soul, corre! —grité, y él se hizo a un lado en cuanto el demonio trató de lanzarlo al suelo.

Subió a su brazo, y escaló hasta su hombro. La criatura, sin poder quitárselo de encima, comenzó a dar vueltas y a sacudirse, pero Soul no se desprendía de él. Entonces el demonio me dejó caer, y con la palma de su brazo abierta se golpeó el hombro, como quien trata de matar a una indefensa mosca. Cerré los ojos asustada, pero en cuanto los abrí, noté que Soul estaba colgando del cabello de nuestro oponente. No podía creerlo.

Sin permitirse la demora, llevó su entonces único brazo convertido hacia el ojo derecho. La criatura gritó de dolor y alejó a Soul de él de un manotazo, y llevó ambas manos a su rostro, mientras se tambaleaba hacia atrás.

Soul cayó a un par de pasos lejos de mí, y me arrastré hasta su lado.

—¡Soul, Soul! —Le ayudé a darse la vuelta y le miré a los ojos—. ¿Te has hecho daño? ¿Puedes moverte?

Se apoyó en sus codos y levantó la cabeza, mirando a sus piernas.

—Sí, estoy bien —dijo, y un suspiro de alivio salió de entre mis labios—. Maka, acabemos con esto de una vez.

Asentí. Su cuerpo desapareció en una luz blanca, y volvió a ser la familiar guadaña que se conectaba con mi frecuencia del alma.

"Usemos el Cazador de Brujas"dijo mientras me levantaba del suelo. Su voz carecía de emoción alguna, tan sólo estaba poblada de severidad y misterio.

—¿Estás seguro? —inquirí—. Si lo echamos a perder...

"Puede ponerse feo, lo sé. Pero, hay que hacerlo".

Tenía razón. Últimamente lo íbamos consiguiendo luego de varios intentos, teniendo en cuenta que tuvimos que empezar de cero, pero no podíamos seguir con este ritmo tan lento. Aún si me faltaban energías, habría que intentarlo.

—Aquí vamos.

Ya conocía aquella sensación. La mezcla de la adrenalina, junto con el hormigueo que se extendía desde mi pecho hacia mis brazos, mis músculos y mi cuerpo. La sincronía que hasta alteraba el hilo de mis pensamientos y los guiaba por un sendero que tanto Soul y yo compartíamos. Su alma, oscura, llena de secretos, solitaria... No era momento de preocuparme porque aquello nunca cambiaba; comenzaba a desanimarme, y debía mantener la cabeza fría.

Nuestras almas llegaron a conectarse, y llegó el momento oportuno para usar la técnica.

—¡Cazador de Brujas! —gritamos al unísono, y entonces la guadaña se expandió en tamaño. Dejó de ser roja y negra, y comenzó a brillar con distintos colores, entre los que predominaba el blanco y azul claro.

El demonio aún se estaba cubriendo el ojo lastimado, pero apartó los brazos cuando oyó que nos acercábamos. Extendió ambos brazos a los costados, y los unió en una especie de aplauso, para quebrar todos mis huesos. Pero pasé antes de que sus manos me alcanzaran, y llevando la guadaña hacia atrás, grité sin ser capaz de contenerme, sobrecargada de excitación e impaciencia.

El filo de la hoja se clavó en su otro ojo, y abriéndose paso, atravesó su cabeza hasta alcanzar el torso. Enseguida su cuerpo fue perdiendo solidez, y unas sombras comenzaron a girar en espiral, hasta que en su lugar una pequeña esfera brilló delante de mis ojos, como si acabara de descender una estrella de la noche, sólo que llevando en su interior una malicia absoluta.

Solté la guadaña y me dejé caer al suelo, sin una gota de energía. Cerré los ojos, y no fui capaz de moverme por un buen rato.

—¡Eh! —se quejó Soul, una vez vuelto al chico de cabello albino—, ¿así es como tratas a tu compañero, luego de haberte salvado y ayudado a matar a un demonio?

Tirité de frío; la gelidez del suelo había escalado por mi espalda y había comenzado a cubrir mi cuerpo. Me senté sobre el pavimento y me quedé observando a mi compañero. Fruncía el ceño, claramente molesto, pero aún así no veía esa misma furia en sus ojos. En la mano sostenía el alma del kishin, tiñendo a la misma del color de su brillo.

Otro escalofrío recorrió mi cuerpo, pero esa vez por un diferente motivo. Aún podía sentir la fuerza de la criatura rodeando mi cuerpo, amenazando con romperme los huesos, cortándome el aire... Tenía que apartar ese recuerdo de mi mente. Llevé una mano temblorosa a una de mis coletas y comencé a jugar con ella, sumamente nerviosa. Todo era espeluznante.

"Sigues viva. Sigues aquí" me consolé. Pero mi cabeza estaba tan turbada, y yo tan débil, que sentía que iba a perder la cordura.

Entonces unos brazos se acercaron a mi cuerpo, y lo rodearon con su calor. Giré mi rostro para comprobar si lo que veía no era una ilusión, una invención de una mente tan afectada como la mía. Soul no me miraba, mantenía sus ojos fijos en algún punto lejano, aunque en ningún momento dejó de sujetarme con fuerza.

—No iba a dejar que te matara, Maka —dijo, clavando las yemas de sus dedos en mi espalda—. Nunca permitiría que eso ocurra. Así que no temas, ¿está bien?

Algo se desvaneció en ese instante dentro de mí, algo que me había estado acompañando todo ese rato. Aunque de forma de temporal, pero aún así, me sentía aliviada y tranquila. Era como haberse quitado un gran peso de encima de los hombros. El miedo que me había estado bloqueando había dejado de existir, porque tenía a Soul a mi lado, a mi compañero, prometiendo que me cuidaría, del mismo modo en que yo lo hacía; en silencio, pero confiaba en que lo sabía.

Como la situación era de lo más extraña por tan sólo tratarse de Soul, la persona más fría que jamás hubiera conocido, me moví despacio, temerosa de cometer un movimiento en falso y hacer que se apartara de mí. Pero lo quería ahí conmigo, y quería que el momento perdurara. Así que, dejando las manos sobre mis rodillas, me incliné hacia él, llevando la cabeza al hueco que había entre su hombro y su cuello. Cerré los ojos y recé porque no sintiera a mi corazón latiendo deprisa. Me sorprendió aún más el hecho de que apoyara su mejilla sobre mi coronilla.

—Ya es hora de volver. Pero primero... ¿dónde han quedado tus zapatillas y tu mochila?


Al día siguiente tomamos un ómnibus que nos llevó a los límites de Death City. Nadie aparte de nosotros bajó en aquella parada, pero no era de extrañarse. Era una ciudad grande, y aunque había una gran diversidad entre la gente, era raro que alguien fuera a visitar a un familiar o amigo. Ni siquiera estaba segura de si los turistas solían curiosear por la ciudad. De todas formas, no era como si a nosotros nos afectara. Eran ellos quienes se veían intimidados por su historia y fama de mito.

Como era de noche y nos quedaba más cerca, Soul me invitó a ir a dormir a su departamento. Ya habíamos vivido juntos antes, así que no tenía excusas para negarme.

—Además —agregó, cuando estuvimos a dos manzanas de llegar—, esta será la primera vez que visitarás mi nueva casa.

Me alegré sin notarlo. La idea de conocer su hogar, personalizado a su forma y posiblemente llena de desorden, me había hecho sentir aún más cercana a él. Habíamos llegado de pronto a una puerta que estaba algo oculta, y al abrirla nos dio paso a un pasillo, que giraba a la mitad y ascendía en unos escalones. Soul metió la llave en la segunda puerta del lado derecho, y luego de patearla un par de veces, cedió. Se metió dentro y yo le seguí, de pronto no muy convencida de si aquello estaría bien.

Soul encendió las luces. Era totalmente distinto a lo que me imaginaba.

Las paredes pintadas de amarillo, la cocina de la derecha pintada de verde. Un sofá rojo frente a un pequeño televisor estaba al fondo de la sala, y la gran mesa del centro estaba limpia, sin migas de pan o cualquier resto de comida o envoltorios. ¿Quizás Soul siempre había sido así de limpio, y yo nunca lo había notado? No, había vivido con él, era imposible que hubiera cambiado tan rápido. ¿O tal vez era una consecuencia tras el independizarse?

Dejé los zapatos sucios a un lado, y comencé a pasearme por el living-comedor, mientra que Soul llevaba nuestras chaquetas a secar a otro lado. Caminé en medias por encima de una alfombra de colores que había bajo una mesita ratonera, y sonreí por lo cómodo que se sentía. Entonces me dirigí a la cocina, y allí toda mi fascinación se hundió como si un iceberg acabara de arruinar todo.

Era un desastre de platos y ollas sucias. Y no sólo eso, el tacho de basura estaba más que repleto, rebalsaba en una montaña de mugre. De pronto sentí el olor asqueroso y salí espantada de allí.

—¡Por Shinigami, Soul, tienes que ocuparte por la cocina además del comedor de vez en cuando! —exclamé en cuanto él volvió del baño—. Y además, ¿cómo es que puede haber tantos platos ahí, si comes tu solo?

El albino me miró con recelo y sus ojos se tornaron oscuros.

—Cené con Kim.

—Ah... —"Cierto" pensé.

No se me ocurrió algo inteligente para decir, así que me mantuve con la boca cerrada.

—Puedes usar la ducha. Te dejé una camisa y un short viejo que tengo, para que uses de pijama.

—Oh, muchas gracias. —La tensión del momento no iba a irse incluso si hacía alguna broma, y como además eso no era lo mío, decidí que mejor me duchaba y esperaba a ver si ya estaba de mejor humor para entonces—. Entonces... iré a bañarme.

No tardé mucho, pero para cuando había salido, Soul había desaparecido del comedor y de la cocina.

Habían dos puertas por las que aún no había pasado. ¿Tal vez ambos eran dormitorios? Uno tenía la puerta abierta, y el otro cerrada, pero el caso era que ambas tenían las luces encendidas. Decidí espiar por la que no estaba cerrada, y al acercarme, no vi a nadie dentro. Pero aquel era el cuarto de Soul. ¿Querría que durmiera en su cama? ¡Imposible, era de él! ¡Lo único que necesitaba era unas sábanas y una almohada para dormir en el sofá, y con eso me era suficiente!

Sin embargo, una parte de mí —llamada curiosidad— quiso echar un vistazo. Me quedé observando todo bajo la luz de la lámpara de techo. Una ventana al otro lado del cuarto daba una agradable vista a la calle. Las paredes estaban decoradas con algunos posters, aunque ignoraba de qué eran. Junto a un escritorio de madera había unas repisas y una pequeña biblioteca, pero estaban repletas de DVD's, videojuegos y los libros del instituto. Las paredes estaban pintadas de un color crema, y las sábanas eran celestes y azules. "Muy masculino" dije para mis adentros.

Sobre la silla del escritorio estaba mi mochila, pero pasé de ella y mis ojos se quedaron fijos en la cama. No podía dejar de preguntarme si estaría mal el que me acostara allí, al menos por un minuto, para descansar mi espalda que dolía. Decidí que con sentarme no pasaría nada, pero al hacerlo y notar entonces mi peso hundiendo el colchón, más cómodo que ningún otro, me dije a mi misma que no importaría, me levantaría antes de que Soul me viera, y me acosté. Pronto noté como mis músculos se iban relajando y me iba hundiendo aún más entre las sábanas. Estaba echa polvo, y lo único que quería hacer entonces era olvidarme del mal día que habíamos tenido y dormir un rato. Comencé a cambiar de postura sobre la cama hasta hallar la que me resultaba más cómoda, y repitiéndome a mi misma que no me quedara dormida, me dormí.

Cuando desperté, un reloj sobre la mesa de luz me hizo ver que eran las 4 a.m. Quise enterrar mi rostro en la almohada y no despertarme hasta más tarde, pero entonces, oí algo que me llamó la atención. Sonidos que se iban desprendiendo de un piano. Venía del cuarto de al lado, de donde provenía también la frecuencia del alma de Soul. Tal vez no podía dormir, pensé, y puso alguno de sus CD's. Lo que me sorprendió era que escuchara ese tipo de música.

Iba a dejarlo en paz, pero como pasaba el tiempo y no me dormía, y la música provocaba un nudo en mi garganta y un dolor en mi pecho, decidí levantarme y ver qué hacía. Tal vez se sentía triste, fuera por culpa de la música o no. Hice a un lado las sábanas que me cubrían, y cuando salí de la cama con los pies descalzos, noté algo raro: ¿No me había quedado dormida sin haberme tapado y con las zapatillas puestas? Me dije que tal vez lo había hecho sola mientras seguía durmiendo, ya que algunas veces me había ocurrido algo así.

Salí del cuarto y me quedé delante la otra puerta. Me tomé un momento para oír la música, pero era tan inquietante el sonido que abrí la puerta bruscamente para pedirle a Soul que lo parara. Y me quedé de piedra. El cuarto estaba vacío, las paredes blancas estaban cubiertas por las sombras de la noche, y el único objeto que había estaba en el centro. Un piano de cola negra. Y Soul estaba sentado, tocando su fino teclado.

Pero sus manos se quedaron tiesas, rozando con los dedos extendidos las teclas de la izquierda. Me miraba con los ojos abiertos, tomado por sorpresa, desconcertado. Comencé a sentirme mal por haberle interrumpido, y no supe entonces qué hacer.

—L-lo siento —Tomé el pomo de la puerta y comencé a cerrarla.

—¿No podías dormir? —preguntó él de pronto. Me quedé quieta, a unos centímetros de cerrar la puerta.

—No —admití—, ¿y tú?

—Tampoco.

Tras quedarnos un rato en silencio, entré a la habitación y me quedé escrutando su rostro en mitad de la oscuridad. Me sorprendía que no necesitara la luz para tocar el piano, y el pensamiento me trajo la idea de que era algo que debía salirle con tanta naturalidad como el respirar.

Ya no parecía incómodo, más bien curioso.

—¿El ruido no te dejaba dormir?

—No es eso —respondí demasiado rápido. Por un lado mentía, pero desde otra perspectiva aquella no era la única razón—. ¿Y tú, por qué?

Soul arrugó la nariz, y se rascó la nuca, meditando.

—Pensaba... —dijo únicamente, y luego de un momento, se volvió hacia el teclado, y comenzó a tocar notas al azar. O tal vez no, pero lo hacía tan pausadamente, que era difícil descifrar si existía una melodía oculta entre ellas.

—¿Hace cuánto que tocas? —solté la pregunta de repente.

Soul continuó moviendo las manos de un lado a otro, tocando una nueva tecla cada vez que el sonido de la anterior comenzaba a escaparse del cuarto.

—Desde pequeño —respondió, y la imagen de un infante con el cabello albino llegó a mi mente, pero por algún motivo, lo seguía viendo tan solitario como lo parecía ahora—. Como no tenía amigos, y no tenía tan buena relación con mi familia, me la pasaba en la sala de música, entre otros instrumentos. Pero mi piano siempre fue mi favorito. Me gustaba pensar que era un buen amigo, porque él me oía cada vez que lo necesitaba. Conversábamos. Expresaba mis sentimientos a través de las notas, y él las entendía, por eso... —Se removió en su sitio, y dejó de tocar abruptamente. Se sonrió, y a pesar de la oscuridad, me pareció ver que se sonrojaba—. Perdona, no quiero aburrirte.

—¿Aburrirme? —hablé, utilizando un tono de voz que demostraba que no lo hacía—. Siempre me ha intrigado tu niñez. No es que me esté quejando ahora mismo, no lo tomes así pero, no dejas de evitar cualquier tipo de alusión al tema. Por eso, siempre... he querido saber.

—Saber —repitió Soul, soltando una risita. Pero entonces su rostro se transformó con una expresión seria y ceñuda, echó la cabeza atrás y mantuvo los ojos cerrados—. ¿De verdad quieres eso?

—Sí —respondí sin dudar.

Una sonrisa amarga apareció en su rostro.

—De acuerdo.

Y comenzó a tocar de vuelta.

La música comenzó a inundar todo el cuarto de nuevo, aislando cualquier otro sonido y gobernando sobre los demás. El ritmo fue avanzando levemente, al principio el ruido era casi imperceptible, pero de algún modo desde su comienzo había comenzado a inquietarme de vuelta. Pero no porque fuera desagradable al oído, sino porque, de algún modo, comprendía de qué clase de sentimientos hablaba. Era como si mi compañero hubiera examinado a fondo en mis emociones y comenzara a hacerlas reflejar en el sonido de su música.

Sus manos y dedos se movían veloces, como si supiera la melodía de memoria. Pero no me parecía algo que hubiera preparado antes, sino algo espontáneo, improvisado. Cada vez comenzaron a sonar más notas, con más fuerza y desesperación en ellas. Como gritos de dolor, de pena, de soledad, de tristeza. Una increíble oscuridad venía acompañando todo ello, algo siniestro, lo mismo que notaba cada vez que nuestras almas se conectaban. Sentimientos tan intensos, penas tan crudas, duras e insoportables. ¿Cómo alguien podía ocultar tanto dolor en su interior? me pregunté mientras que Soul comenzaba a aminorar el ritmo.

Las últimas notas sonaron como un agradable tintineo, y entones, se detuvo definitivamente.

El albino se quedó por un momento tieso, observando su preciado piano. Notaba el movimiento en su pecho, la respiración acelerada por la silueta que contrastaba con la luz del exterior de una ventana del otro muro. Al calmarse giró su rostro, y se me quedó mirando, sorprendido.

—¿Maka? —Se acercó muy rápido y se arrodilló delante mío—. ¿Qué sucede? ¿Es por mi culpa?

No entendía de que hablaba, y me quedé mirándolo confundida, hasta haber notado por fin el calor de unas lágrimas recorriendo mi rostro. Nunca lo había notado, ni siquiera ese nudo en el pecho que había surgido de la nada. ¿En qué momento habían aparecido el llanto y el dolor en mi cuerpo? No lo sabía. Lo único que sabía era que de pronto no podía parar, por más que había llevado mis manos al rostro con la intención de secar mis lágrimas. Pero otras nuevas florecían, y no paraban de caer.

—Creo... —comencé, con la voz tomada, culpa del llanto—, creo que ha sido tu música —me quejé, y le di un leve empujón al pecho. Pero dejé mi mano ahí, sintiendo que, si la apartaba, caería.

Podía sentir la mirada azul petróleo de Soul sobre mí. Podía imaginarme esos ojos, cargando mi mismo dolor, pero sin expresarlo, manteniéndose siempre más fuerte que los demás, más fuerte de lo que incluso su técnico alguna vez llegaría a ser. Quise frenar los sollozos, juro que lo intenté, pero me sentía tan destrozada por dentro aún, que era difícil remover todo eso. Y mientras lloraba,, a pesar de estar gritándome internamente por ser tan estúpida y por hacerlo frente a alguien como mi arma, sentía que me aliviaba. Tan sólo un poco, pero me pareció tan necesario ir librando todo de a poco, que otra parte de mi mente me apoyaba, y me quería ver gritando y desgarrando mi garganta al llorar.

—Aún te es difícil, ¿no? —La voz de Soul sonó suave, dulce. Estaba intentando de confortarme.

—Sí... —susurré, logrando librar, por fin, al menos un monosílabo.

—¿En eso pensabas ayer, durante la misión? ¿Por eso estabas tan distraída?

—En parte —respondí—. Es que... como la última vez que nos enfrentamos a un enemigo las cosas resultaron de ese modo, pues...

—Tuviste miedo —continuó por mí. Asentí, aún llorando—. Tenías motivos para sentirte de esa forma, Maka. Perdiste a alguien verdaderamente importante, y te estás esforzando por dar lo mejor de ti. Pero estás bien. Incluso aunque las cosas se complicaron con aquel kishin, lograste salir sin heridas. Eso es lo importante.

—Lo sé —dije al instante—. Lo sé, sé que es así. Aunque la sensación de estar a punto de morir también fue horrible, pero en lo que más pensaba era... —me callé. No estaba segura de continuar. Jamás había hablado tan sinceramente sobre mis sentimientos.

—¿Sí? —me animó a continuar.

Di un suspiro.

—No temí sólo por mi vida, Soul. También temí por ti. Desde que mamá se fue, no he dejado de pensar en lo fácil y rápido que puedes perder a alguien. Y no sólo por la muerte. Chrona sigue sin aparecer, y sin ella, nunca sabremos qué ha ocurrido en verdad con Harvar. Por eso, en cada momento en el que estoy contigo o con alguien a quien también quiera, me pongo a pensar cosas como ésa, y... no puedo evitar sentirme aterrada. Últimamente todos se han vuelto realmente importantes para mí, y si perdiera a alguien más, no sé qué va a ocurrir conmigo.

La voz me volvió a fallar, y las lágrimas comenzaron a caer hasta con ferocidad. Lo había dicho, y eso me hacía sentir mejor, pero la idea seguía en mi mente, persistía allí, torturándome como miles de agujas contra el pecho y mi cabeza. Me sentía cansada. Terriblemente cansada por sentirme mal todo el tiempo, débil, como si siempre una barrera me impidiera olvidarme de todo y volver a ser al menos la de antes, alguien un poco más alegre aún a pesar de de los problemas que me preocupaban entonces.

Soul tomó la mano que aún tenía sobre su pecho, y la apartó a un lado. Observé entonces que su mano se mantuvo entrelazada a la mía, y en cuanto alcé el rostro, llevó la otra a mi frente. Acomodó mi cabello detrás de mi oreja, contemplando mi expresión de confusión, las mejillas sonrosadas al igual que la punta de la nariz y los ojos.

—No soporto verte así —dijo.

Y me besó.