NT: He vuelto :) ¡Hola! Espero que os guste este nuevo capítulo :3


Capítulo 21: Sugerencias.


Hermione tenía un largo día por delante y el Ministerio no estaba haciendo las cosas más fáciles. Miró el reloj de la pared. Sólo tenía un cierto tiempo para tratar de convencerlo antes de comenzar su aprendizaje aquel día.

—Compruebe su expediente. Sé que Caffrey y Burke le han estado visitando al comienzo de cada mes. Está siendo el modelo ideal de cómo puede funcionar la libertad condicional. No ha hecho ningún tipo de magia, no ha recibido ninguna comunicación ilícita ni recibido ninguna poción. Se levanta y va a trabajar todos los días. Lleva una existencia perfectamente muggle. Hoy es uno de Diciembre, ¿verdad? Hoy lo irán a visitar de nuevo. —Señaló.

El Jefe de Aurores tenía una expresión de agotamiento en el rostro. Él era un buen hombre, hacía bien su trabajo, ¿no? ¿Por qué estaba siendo castigado teniendo que escuchar a Hermione Granger un lunes por la mañana? Ni siquiera se había tomado un mísero café todavía.

—No hay manera de hacer lo que pides. Su sentencia es la de no hacer magia durante un año.

Hermione hizo todo lo posible para no gruñirle. Había estado pensando en eso todo el fin de semana, consciente de que con el inicio de Diciembre no pasaría mucho tiempo antes de que la Navidad los sorprendiera. Independientemente de su condena, Draco no merecía pasar las Navidades sentado sólo en un deprimente piso.

—Mire, me podría haber decidido a llevarlo a cualquier sitio mediante la Aparición, a ayudarlo a tomar el autobús Noctámbulo o a dejar que usara la red Flu de mi chimenea y nunca haber contactado con usted. Pero no creo que fuera ético, y no me gustaría meter a Draco en problemas, por lo que lo único que le estoy pidiendo es su autorización para permitir que use uno de estos medios de transporte para que no pase la Navidad solo. Su padre está en Azkaban, su madre ha sido desterrada del país —dijo, insistente—. Estoy dispuesta a llevarlo conmigo, pero no puedo llegar a donde voy con el transporte muggle. No estoy segura de que un autobús muggle vaya a ninguna parte cerca de Ottery St. Catchpole. Se supone que se trata de rehabilitarlo, no de castigarlo. Bueno, está funcionando. No lo arruinen negándole la Navidad —añadió secamente.

—Déjame pensar en ello —respondió el Jefe de Aurores.

—¿Qué hay que pensar? —preguntó ella.

—Su familia ha tenido una gran cantidad de privilegio bajo el viejo orden. No sería bueno que la gente pensara que él se está escaqueando a la ligera a causa de ello.

—Está haciendo de todo menos escaqueándose. Es un claro ejemplo de que las cosas pueden mejorar. ¿Qué más pueden pedir? Está mostrando que la gente puede cambiar.

Llegado a ese punto, el Jefe de Aurores estaba harto de escucharla. Sus razonamientos no eran malos, pero un montón de gente había pensado que la familia Malfoy había salido mejor parada de lo que se merecían con demasiada facilidad.

El hombre se tomó unos segundos para considerar cuál de las opciones de transporte sería más odiosa.

—El autobús Noctámbulo —dijo al fin—. Viaja con él en el autobús Noctámbulo. Serás la responsable de asegurar que no hace magia, y de que no tenga siquiera acceso a magia de segunda mano. Nada de volar. Nada de pociones. ¿Estamos de acuerdo?

—De acuerdo —respondió ella, asintiendo con la cabeza—. No es mi intención ayudarlo a quebrantar las reglas.

El Jefe de Aurores resopló.

—Es por eso que has venido a preguntar qué tipo de transporte mágico estaría bien que utilizara durante las vacaciones.

Ella no respondió al comentario.

—Me voy. Haré una reserva con el autobús Noctámbulo. Feliz Navidad.

El hombre se hundió aliviado en el sillón cuando ella salió de la habitación. Tenía que decirle a su secretaria que no dejara entrar a su despacho a Hermione Granger los lunes por la mañana, desde luego no antes de que él se hubiera tomado su café.


Hermione llegó agotada a casa el lunes por la noche. Belby le había hecho un examen escrito durante la mayor parte de la mañana para poner a prueba sus conocimientos, y luego la puso a rebanar, picar, moler, rallar, y agitar ingredientes bajo su atenta mirada. No era que necesitara aquellos ingredientes para algo, Hermione sabía que sólo quería comprobar cómo se desenvolvía en la práctica.

Cuando hubo terminado la clase con Belby se fue corriendo a Sortilegios Weasley, sin molestarse en hacer una parada para comer. Ella y George tenían un montón de trabajo que hacer con los Espejos de llamadas (decidieron cambiarle el nombre para hacerlos un poco más comerciales). Cuando se había reunido con él el viernes para informarle sobre el aprendizaje con Belby le había dicho que quería formalizar su acuerdo de negocios; él había estado de acuerdo.

A pesar de que todavía quedaba mucho trabajo por hacer, Hermione se fue de la tienda. Necesitaba desesperadamente llegar a casa y hacerse algo de comer. Tan pronto como llegó casa, dejó su bolso y se sentó a la mesa. Tendría que levantarse y cocinar algo si quería comer, pero parecía demasiado esfuerzo. Había sido un día muy, muy largo. Se daría unos minutos para descansar y reunir las fuerzas suficientes para volver a levantarse… Pero no parecía que ese momento fuera a llegar pronto. Se había quedado absorta mirando al infinito cuando alguien llamó a su puerta. Ella la miró con resignación antes de hacer su mejor esfuerzo y levantarse de la silla. Se dirigió a la puerta arrastrando los pies y la abrió.

—Hermione —dijo Draco, sonriendo.

Su sonrisa hizo eco en los labios de Hermione, que a pesar de su cansancio esbozó una parecida a la suya.

—Draco. ¿No trabajas esta noche?

—No. Pensé que después de tu primer día con Belby y en la tienda te gustaría que al llegar la cena estuviera hecha. Está lista otro lado del pasillo. ¿Tienes hambre? —preguntó, ampliando la sonrisa de su rostro.

—No hay nada que quisiera más que eso —respondió ella—. ¿Cómo has sabido cuándo estaría en casa? —preguntó, cerrando la puerta detrás de ella y saliendo al pasillo.

—Lo supuse —dijo, sin darle importancia. Había hecho la comida y había estado llamando a su puerta cada diez minutos.

Draco mantuvo la puerta de su piso abierta para ella.

En la mesa del salón había un recipiente de pasta con una cremosa salsa y rodajas de pollo por encima. Una botella de vino y dos tazas de café. Casi se estaba acostumbrando a beber vino en ellas. También había un plato con ensalada para cada uno. Haciendo uso de sus modales, Draco sacó una silla para que se sentara y luego rodeó la mesa para sentarse frente a ella.

Ella miraba la mesa con expresión sorprendida. Había hecho un gran trabajo.

—No esperaba esto —logró murmurar.

—Bueno —dijo él, con los labios tornándose en un gesto de satisfacción—, la idea era que fuera una sorpresa. Tenía la esperanza de que te gustara. Pensé que habrías tenido un largo día y que podría aprovechar para darte una buena sorpresa.

—Sin duda lo has conseguido —admitió ella—. Y sí, ha sido un largo día. Pero yo también tengo una sorpresa para ti.

Él rodó los ojos.

—¿Nunca vas a dejarme hacer algo agradable para ti sin que tú me tengas algo preparado?

Ella se rió entre dientes, empezando a pinchar las hojas de ensalada con el tenedor.

—No sé cuándo has empezado a cocinar, pero yo estaba tratando de conseguir tu sorpresa desde primera hora de la mañana.

—Oh, vamos, dime lo que es —dijo curioso mientras descorchaba la botella de vino.

Hermione se mordió el labio y luego tomó otro bocado de ensalada, preguntándose si iba a encontrar su sorpresa como una bendición o como una pesadilla. Bueno. Si él no quería ir, no tenía por qué.

—Fui al Ministerio esta mañana —comentó.

—Caffrey y Burke llegaron esta tarde —dijo él. Había sido bueno conseguir la paga de aquel mes, pero siempre le irritaba tenerlos en su piso mirando por todas partes por si había hecho algo malo. Aun así, estaba tratando de verlo de una manera positiva. Intentaba ser lo más agradable y Muggle posible durante sus visitas. Era una nueva estrategia, porque aunque era mucho más fácil ser maleducado, aquello parecía molestarlos, así que al menos valía la pena el esfuerzo.

—Yo no hablé con ellos. Hablé con el Jefe de Aurores —siguió diciendo Hermione—. Ya estamos en Diciembre y los días de fiesta están cerca. Había pensado que te gustaría ir a la Madriguera por Navidad. —Ella vio un flash de emoción en su rostro al que no pudo ponerle nombre antes de que desapareciera—. Pensé que querrías venir conmigo. Quiero decir, me gustaría que vinieras. Pero antes quería obtener el permiso del Jefe de Aurores y ver cuál sería el mejor camino a seguir. No creo que pudieran saber si te he llevado a algún lado mediante Aparición, pero tampoco quería arriesgarme a meterte en un lío, así que fui y pregunté. Podemos viajar juntos en el autobús Noctámbulo. Estoy segura de que Molly estará feliz de tenerte allí. No le he preguntado a Harry cuáles son sus planes todavía, pero espero que vaya también.

Draco se encontró dividido entre una mezcla de agradecimiento, horror e indecisión. Ambos se quedaron en silencio, y Hermione no supo si aquello se debía a que no sabía qué decir o a que no quería decir nada.

—¿De verdad piensas que sería bienvenido en... en casa de los Weasley para las vacaciones? —preguntó de repente, arqueando una ceja. Se sirvió un poco de vino en su taza y bebió un largo trago.

—Sí. Realmente lo creo.

Draco decidió llevar la conversación a un aspecto diferente para darse un poco de tiempo para pensar. ¿Cuál era el menor de los males? ¿Pasar la Navidad solo, o pasarla con los... Weasley?

—El Ministerio no puede saber si alguien me lleva consigo mientras se desaparece —comentó.

Ella lo miró con dureza.

—No lo has probado, ¿verdad? No quiero correr el riesgo de que te lleven a Azkaban.

—Potter lo hizo —confesó—. No creo que él se parara a pensar si era un probema o no, y para cuando quise darme cuenta, ya estaba hecho. —Se encogió de hombros—. Fue el sábado, por lo que si el Departamento de Aurores hubiera detectado algo me lo hubieran hecho saber hoy, ¿no?

La expresión en los ojos de Hermione dejaba claro que Harry tenía pendiente una reprimenda en un futuro más bien próximo, y que estaba claro que no la disfrutaría.

Ella suspiró, resignada.

—¿Y dónde te llevó Harry, si no te importa?

—A casa de mi tía. Para conocerla a ella y a Teddy. —Draco se percató del cambio en la cara Hermione—. Fue una buena tarde. Nunca había conocido a mi tía Andrómeda. Parecía agradable.

—Lo es. Se parece mucho a... pero no es como ella en absoluto —se apresuró a decir Hermione. Luego se obligó a tomar otro bocado—. No la he visto en mucho tiempo.

—Estoy seguro de que encontrarás la oportunidad de pasarte a verla —comentó Draco, vertiendo vino para ella—. Ella dejó muy claro que espera que Potter y yo estemos presentes en la vida de Teddy.

—Oh.

—Potter había venido para llevarte a ti, pero estabas en el callejón Diagon comprando unos ingredientes. Nos encontramos en el rellano y decidió que entonces podía llevarme a mí. ¿Cómo fue tu primer día con Belby?

Hermione se sintió un poco mejor, Harry no la había abandonado de nuevo.

—Bueno, Belby es tan ridículo como todo el mundo me advirtió. Él me pidió que lo llamara Dam y hoy se ha pasado todo el día poniéndome a prueba y criticando lo que hacía. Luego fui a ver a George. —Ella procedió a contarle su día, empezando por el Ministerio y terminando en Sortilegios Weasley. Draco hizo preguntas mientras servía pasta y pollo en ambos platos cuando se acabaron sus ensaladas. El día de Draco había sido bastante menos emocionante (un puñado más de fallidos intentos de escritura, un viaje al supermercado Sainsbury después de que los Aurores se fueran y poco más). Él le contó todo sobre la reunión con Andrómeda y Teddy del sábado. Era extraño tener familia que no pareciera tenebrosa y con la que quisiera estar en contacto. Fue agradable. Extraño, pero agradable. Él se dio cuenta de que Hermione había estado sonriendo todo el tiempo, pero la sonrisa se desvaneció cuando añadió—: Parece que a todo el mundo le aparece familia de la nada.

La sonrisa llegó a su boca, pero no a sus ojos.

Draco frunció el ceño. No lo había dicho con esa intención.

—Maldita sea —murmuró para sí mismo detrás de su taza de vino. Pensó que demasiado bajo como para que le escuchara. Se equivocaba.

—De verdad, estoy contenta por ti y por Harry. No sé si te lo ha dicho, pero se ha reconciliado con su primo —dijo ella, tratando de cambiar el tema. Ella no quería dejar que la palabra "familia" pudiera con ella, pero sus ojos habían empezado a humedecerse. Empezó entonces a girar la taza sobre sí misma encima de la mesa, concentrándose en ella.

Él se inclinó sobre la mesa y le tomó la mano teniendo cuidado de la taza.

—Puedo ver a través de ti mejor que del Barón Sanguinario. ¿Quieres saber qué te ha delatado? Tu sonrisa. Ha dejado de llegarte a los ojos. Estás pensando en la familia que no tienes ahora. Crees que no queda nadie. Piensas en las personas que has dejado ir y que no puedes ver —dijo en voz baja. Le frotó el dorso de la mano con el pulgar.

—Podrías simplemente haberlo dejado estar, fingir que no pasaba nada y disfrutar del resto de la cena —murmuró ella con tono acusativo, un tanto exasperado y bastante emocionado.

—Podría haberlo hecho si supiera que era eso lo que necesitabas —admitió—. Pero no lo es. Creo que es necesario hablar de ello.

—¿Y de repente eres un experto? —espetó ella.

—Difícilmente —respondió con sequedad—. Pero estoy aquí, y eso es algo, ¿no?

Ella tomó una respiración temblorosa y un sorbo de vino.

—Es algo. Es bastante. Pero no esta noche. No quiero hacer esto esta noche. Estoy teniendo una buena noche contigo —suplicó—. Has preparado una preciosa velada. No quiero echarla a perder con lágrimas. Has sido un buen amigo para mí los últimos meses. Y sé que no ha sido fácil estar alrededor de mí la mayor parte del tiempo.

Draco resopló sonoramente.

—Eres la persona con la que es más fácil estar alrededor que he conocido en mucho tiempo.

—Eres la primera persona en decir eso —dijo en voz baja, forzando una sonrisa en su rostro para cambiar de tema. Tenía una larga semana por delante. Estaba pasando una buena noche. Sólo necesitaba cambiar su estado de ánimo.

—¿Qué? —preguntó. Ya había captado que quería cambiar de tema. Si ella no quería hablar de su familia no tenía sentido forzar el tema. Él solamente había tratado de ser útil.

—Me pregunto cómo de fácil será tenerme cerca cuando te arrastre al autobús Noctámbulo. Nunca he montado en él pero he oído algunas historias... horrorosas. —Ella le sonrió.

Él gimió.

—No quiero pensar en eso ahora. En este momento lo que quiero es pastel.

—¿Has hecho pastel?

—He comprado pastel —le corrigió—. He hecho pollo. Con pasta y salsa. Tampoco esperes milagros.

Ambos comieron una porción de pastel, y cuando lo acabaron se trasladaron al sofá para mantener una charla con unas segundas tazas de vino. Hermione estaba acurrucada en una esquina del sofá, con los pies descalzos debajo de ella y los ojos medio cerrados. Draco estaba sentado en el otro lado, con las piernas estiradas frente a él. Podía ver a Hermione por el rabillo del ojo. Miró la taza casi vacía en sus manos.

—¿De verdad crees que los Weasley me darían la bienvenida en su casa por Navidad? —preguntó, después de que hubieran estado un rato en silencio.

Hermione se rió entre dientes.

—Molly te tejerá un suéter. —No estaba absolutamente segura de eso ya que no había visto a Molly en mucho tiempo, pero se imaginaba que a la matriarca Weasley le gustaría tener más gente en casa a la que cuidar y llenar de cariño.

—Ella no tiene ninguna razón para hacerlo.

—Claro que sí. Sin magia se necesita un suéter para mantenerse caliente. —Su taza de vino también estaba casi vacía—. Haces cosas buenas por mí, Draco. —Hermione no formuló la pregunta implícita de ¿Por qué?, pero ambos la escucharon en el silencio.

Se quedaron callados tanto tiempo que no estaba seguro de qué iba a contestar.

—No creo que haya hecho nada bueno por nadie. Tal vez debería haber probado a empezar hace mucho tiempo. Además, probablemente me habría muerto de hambre o todavía estar tratando de entender cómo se hacen los fideos instantáneos sin ti.

—Lo habrías logrado de alguna manera. Los Slytherin son conocidos por su capacidad de adaptación, ya sabes. —No se detuvo a preguntarse dónde estaría ahora si él no la hubiera ayudado a seguir adelante. Sin él hubiera seguido llorando por las mañanas, se habría negado a salir al mundo mágico y a salir de su piso si no fuera de extrema necesidad. Tampoco habría sido capaz de vestirse, porque la ropa de Ron estaba al lado de la suya en el armario…

—Los Slytherin pueden adaptarse. Eso no significa que me guste el cambio.

—No significa que tengas que disfrutar de la vida sin magia, pero se supone que tienes que aprender de ella. —Señaló—. ¿Estás aprendiendo?

—Puede ser —dijo.

Ella sonrió, una sonrisa genuina.

—Bueno. Al menos ahora eres mucho menos idiota e insoportable de lo que solías ser. —Ella apoyó la cabeza en el respaldo del sofá y una de sus manos se deslizó de su regazo a su lado en el sofá. Tal vez fue el vino lo que hizo que encontrara su mente vagando de nuevo al asunto que habían abandonado antes, y que su lengua estuviera más suelta que de costumbre.

—Fue bueno ver a Harry la semana pasada. Pero fue raro. Sentía como si Ron debería haber venido con él. Es estúpido, pero casi se me olvida a veces, como si él fuera a aparecer de nuevo pronto —murmuró—. Supongo que eso significa que he llegado al punto en el que no estoy pensando en eso todo el tiempo. También me pasa con mis padres. He estado pensando en que me gustaría buscarlos para las fiestas... Pero no lo haré. —Ella tragó saliva y se dio cuenta de que su garganta estaba seca. Tomó el último sorbo de vino—. Harry se ha reencontrado con algunos de sus familiares. Tú estás conociendo una parte de tu familia con la que nunca tuviste relación. Yo tengo... A quien quiera adoptarme, supongo. Si es que alguien quiere.

—Los Weasley te acogerán en su... casa con los brazos abiertos. Y Potter no se va a ir. Bueno, espero que no se vaya de nuevo. —Se corrigió, aunque no estaba muy seguro de ello. Después de todo, ¿no era lo que había hecho Potter durante casi 4 meses?—. Y no dudo de que mi tía también te daría la bienvenida a su vida, y Teddy. Y yo. No sé si podría aportarte algo, pero estoy aquí.

Ella no lo miró, pero era consciente de su presencia en el sofá, no muy lejos de ella. El olor de su gel de baño. El sonido de su respiración.

—Ya me has hecho mucho bien. ¿Vas a pasar la Navidad conmigo?

Draco no estaba seguro de si tenía permiso para hacerlo, pero cogió la mano que reposaba sobre el sofá y la besó en la parte posterior de la misma, con una pizca de modales aristocráticos brillando en sus ojos.

—No me imagino a Molly Weasley dándome la bienvenida con los brazos abiertos —dijo, dejando caer la mano de nuevo al sofá, pero todavía sosteniéndola entre sus dedos—. Pero si lo hace, iré contigo. En autobús Noctámbulo y todo. —Se estremeció al pensar en ello.

—Bien —respondió. Tendría que escribir a Molly. No le apetecía demasiado que se dijera, pero después de los últimos meses se sentía mejor enfrentándose a sus fantasmas sabiendo que no estaba sola.


Draco se encontró caminando lentamente hacia la biblioteca. No había mucho más que hacer aquel triste y aburrido jueves. No trabajaba hasta dentro de unas horas. No había visto a Hermione desde el lunes; había trabajado el martes y el miércoles por la noche y tuvo que salir para el restaurante antes de que ella hubiera llegado a casa.

Sus intentos de escribir algo brillante que le hiciera ganar un montón de dinero eran pésimos… "El duende y el calcetín" era una de sus peores historias.

Aunque lo cierto era que "El Hipogrifo infernal" también era bastante horrible.

Tal vez él no estaba hecho para la escritura, porque ¿quién podría tomar dragones, duendes e hipogrifos y hacerlos aburridos? Evidentemente, él podía.

Sus pies siguieron andando hacia la biblioteca, sus manos metidas en los bolsillos para mantenerlas calientes. Cuando finalmente llegó, deambuló por la sección de no ficción en primer lugar, buscando algo que le ayudara con la escritura. Él sabía que los números en las estanterías significaban... algo. Tenían que significar algo. Pero no estaba familiarizado con el sistema.

—¿Puedo ayudarte? —preguntó una voz conocida.

Draco levantó la vista cuando se dio cuenta de que alguien le estaba hablando. Era Theresa, la chica atractiva que había impartido la clase de ordenadores a la que había asistido hacía tiempo.

—Hola.

—¿Puedo ayudarte a encontrar algo? —preguntó ella de nuevo.

Él se encogió de hombros. Sonaba estúpido decirlo en voz alta.

—Sólo estaba mirando.

—Realmente parecía que estabas buscando algo. Podría ayudarte. —Ofreció ella, sonriendo.

Draco pensó que no había nada que perder.

—Estoy buscando... cambiar de oficio ¿Tienes algo para ayudar a la escritura?

Ella lo llevó a la sección correcta; era mucho más grande de lo que esperaba, con una enorme variedad de libros. Theresa se las arregló para conseguir un poco más información de él; por qué estaba buscando un cambio de oficio, a lo que él respondió que casi cualquier cosa era preferible a lo que estaba haciendo actualmente. Ella se imaginó que tenía algunas buenas historias que contar, pero él sólo estaba desencantado con los resultados que estaba teniendo hasta ahora. Ella acabó poniendo la mitad de una docena de libros en sus brazos.

—Te deseo suerte. ¿Seguro que quieres llevarte todos estos libros esta semana? —preguntó, mirando un poco desconcertada la pila que le había dado.

—Tengo bastante tiempo ahora. La persona... con la que pasaba la mayor parte del tiempo acaba de conseguir un segundo trabajo. Ella trabaja desde por la mañana hasta por la tarde, y yo trabajo toda la noche. —No estaba seguro de por qué se había quedado pensativo en el momento de explicar quién era Hermione. Eran amigos. Pero de alguna forma, presentarla como "mi amiga" simplemente no parecía adecuada.

Theresa asintió.

—Ya veo por qué quieres un cambio de trabajo. No tenemos trabajo libre aquí, pero creo que podría haber trabajo en un futuro no muy lejano. Si quieres iniciar un voluntariado durante la semana, ya que tienes tiempo libre, eso te daría una ventaja sobre la competencia.

—Y te quitaría un poco de trabajo.

—Eso también —admitió.

Caminaban hacia el mostrador cuando algo llamó la atención de Draco, que se detuvo en uno de los estantes que contenían videos. Vio uno con una mujer con una cara verde y sombrero puntiagudo en la parte frontal. Leyó el título. Era la película sobre la que él y Hermione habían discutido en Halloween. Nunca habían tenido tiempo de verla.

—Ese es uno de mis clásicos favoritos —dijo Theresa.

—Nunca la he visto —comentó Draco, retrocediendo hacia la estantería.

—Puedes verla. Hay un reproductor de VHS en la sala de conferencias si quieres verla aquí —dijo.

Draco la miró. Era atractiva. Intentó imaginarse viendo la película con ella. Si la veía con Hermione se reirían de las inexactitudes mágicas y él podría hacerle preguntas sobre el mundo muggle. ¡Por Merlín! ¿Qué iba a comentar con Theresa si la veía con ella ahí? Probablemente no encontrarían las mismas partes divertidas.

—Creo que la veré en mi casa —dijo al fin. No tenía un reproductor de vídeo, pero Hermione sí. Tomó el video y miró a Theresa—. Puede que sopese tu oferta de trabajo. —Añadió el vídeo a la pila de libros que llevaba y se dirigió a la salida. Tendría que darse prisa si quería llevar todo aquello a su apartamento y llegar a tiempo al restaurante.

Cuando estaba a punto de salir por la puerta, Theresa dijo:

—Ven cuando quieras durante la semana y pregunta por mí. Te ayudaré a encontrar los libros que necesites de las estanterías. Y en cuanto a la escritura... escribe sobre lo que te guste. Escribir sobre lo que crees que a la gente le gusta por lo general suele ir mal.


Molly Weasley abrió la carta que había recibido y la leyó de nuevo. Fue una sorpresa. Pero Hermione siempre había tenido un buen corazón. Ella y Arthur no se habían atrevido a pensar demasiado en las fiestas que venían, pero lo cierto era que llegarían de todos modos, ¿verdad? Había dos lugares vacíos en la mesa. Sus ojos se humedecieron de nuevo. El año se terminaba. Era el momento de empezar a hacer planes y volver a tener a sus hijos con ella. Y tejer suéteres. Había un montón de suéteres que hacer. Y dulces de azúcar.

—¿A-Ar-Arthur? —dijo en voz alta.

—¿Sí, amor? —preguntó. Las bolsas bajo sus ojos eran más oscuras de lo que lo habían sido desde que Ginny había sido demasiado pequeña para dejarlos dormir, o desde que a Ron le estaban saliendo los dientes, o desde que Fred y George estaban empezando a aprender que a pesar de que eran más pequeños que Percy le superaban en número y podían meterse con él.

Molly se humedeció los labios secos.

—Necesito hilo. Y mis agujas de tejer, todas ellas. Y... mi varita. Y chocolate. ¿Podrías servirme un poco de chocolate? Vamos a tener invitados para las vacaciones, y los niños van a estar aquí. Hay mucho que hacer y el tiempo pasa. Iré a poner en orden la cocina.

Arthur sintió una agitación de esperanza en el pecho. Molly había pasado por fases de letargo y fases de mantenerse tan ocupada como le era posible. No estaba seguro de si aquella era sólo otra fase de necesitar hacer cosas, pero había una luz diferente en sus ojos. Llegados a ese punto, él estaba contento de cualquier cosa que le devolviera de nuevo la luz a sus ojos. Algunos días se parecía a su antiguo yo. Otros días, era como si hubiera perdido un trozo de su alma. Dos pedazos de su alma.

—Cualquier cosa que necesites, amor —respondió al fin.

—Y consígueme pergamino y pluma. Tenemos que empezar a escribir también a los niños y averiguar dónde van a dormir. Vamos a tener la casa llena.

Como Molly se trasladó al otro extremo de la cocina para empezar a ponerla en orden, Arthur cogió la carta sobre la mesa.

05 de diciembre 1998

Señora Weasley,

He estado pensando en ti. Si la puerta está todavía abierta, me gustaría ir a casa por Navidad. Siento que he estado bastante distante. He estado tratando de encontrar una nueva manera de vivir mi vida. Tú perteneces a mi vida. Lo siento, no he estado ahí para ti.

Harry vino a verme la semana pasada. Se ve bien, aunque como de costumbre, debe comer más. Está ayudando a cuidar de su ahijado, Teddy Lupin.

Estoy manteniéndome ocupada: he estado trabajando con George, y acabo de empezar un aprendizaje de pociones con Belby Damocles. También he estado ayudando a Draco Malfoy a adaptarse a la vida sin magia. Como sabes, el testimonio de Harry convenció al Wizengammot para tratarlo con indulgencia. Se está adaptando a la vida muggle muy bien, pero no tiene ningún lugar para las vacaciones. Su madre ha sido exiliada, y su padre está en Azkaban. ¿Sería bienvenido en la Madriguera?

Con amor,

Hermione.

Arthur dejó escapar un suspiro. Nunca se había imaginado el día en el que invitaran a un Malfoy por Navidad. Pero por supuesto que lo harían. Y Harry también vendría. Y Teddy Lupin. La casa se desbordaría. Podría ser justo lo que Molly necesitara.

—Voy a empezar a escribir a los niños —dijo.