Después de un tiempo, traigo la continuación ¡Y sus reviews me subieron enormemente el ánimo! ahora bien, lo siento un poco forzado pero intenté arreglarlo :/ espero que les guste.


Cuando llegaron Arthur fue a sentarse frente a su escritorio, los demás se pararon frente a él esperando una explicación. Arthur los miró y suprimió un gesto de fastidio, todo hubiera sido más sencillo si tan solo Regina se hubiese quedado callada y en su cuarto pero nada podía hacer, debía comunicarles las cosas… aunque omitiría el hecho de que la pequeña y recién descubierta representación creía firmemente en que era hija suya y de Scott… ugh, hasta escalofríos le daban de pensar en eso.

‒ ¿Y bien? ¿De qué diablos hablaba la niña, Inglaterra? - Escocia, como siempre, era el más molesto de todos.

‒ Sí, ¿cómo es eso de que es tú hija? - Gales, siempre intentando mediar entre ellos para evitar más problemas.

‒ La niña ya se los dijo, es la representación del Reino Unido y su nombre es Regina - su tono no daba lugar a replica.

‒ Regina Kirkland - señaló Irlanda - lo cual la emparenta directamente con Scott, Dylan o contigo Inglaterra

Arthur no pasó por alto el hecho de que los gemelos se referían a sus hermanos mayores por sus nombres humanos y él seguía siendo Inglaterra, no que eso fuera novedad, pero aún así dolía bastante que incluso a Sealand lo llamasen Peter y a él que era su hermano igualmente, fuera solo Inglaterra.

‒ Bueno, eso también ya lo dijo ¿o acaso no la escucharon? - dejó de lado cualquier cosa y su enojo ganó - es mía, mí hija y agradecería bastante que la dejen tranquila y fuera de cualquier interrogatorio o discusión

‒ No puedes pedirnos eso ¡es una maldita representación, Inglaterra! ¡No tu muñeca de juguete o una humana cualquiera! - Scott azotó las manos en el escritorio y se agachó amenazante hasta Arthur, pero este ni se inmutó.

‒ Es mi hija y yo decido lo que es mejor para ella - declaró firmemente.

‒ ¿Lo mejor? ¡Estamos por disolverla! - Dylan se alteró, no quería ser el causante de la muerte de su recién descubierta sobrina.

‒ ¿Y eso es mi culpa acaso? ¡YO LES DIJE QUE NO LO HICIERAN! ¡DESDE QUE SE DIO LA ESTÚPIDA IDEA EH INTENTADO POR TODOS LOS MEDIOS NO SEPARARME DE USTEDES PERO DE NADA HA SERVIDO! - gritó levantándose - no soy yo quien quiere desintegrarla, son ustedes quienes dieron esa orden, tú quieres unirte a Irlanda del Norte, tú quieres seguir con la Unión Europea y tú quieres como desde hace siglos alejarte lo más posible de mí - los fue señalando uno a uno.

‒ Inglaterra tú empezaste esto al decidir separarte de la UE - sentenció Scott con fría furia.

‒ No Escocia, no fui yo… pudo haber sido mi gente pero eso no me incluye a mí en esa decisión - le aclaró serio y con un brillo de dolor en los ojos que supo ocultar bien - No soy responsable de esto más que ustedes… o casi todos ustedes -añadió mirando a Scott.

Antes de que cualquiera agregase más la puerta se abrió dando pasó a un manchón rojo que casi derriba a Arthur al abrazarlo del torso.

‒ ¡Basta, dejen de pelear! - Regina estaba llorando y abrazaba a Arthur con fuerza. Ninguno reaccionó hasta que Arthur abrazó a la niña, calmándola con suaves palabras y una pequeña sonrisa, misma que hacía muchos siglos no veían en él, una de amor y cariño sincero. Cabía añadir que esto sorprendía también a Arthur, que el tratarla así le saliera tan natural, como algo que llevar haciendo desde hace tiempo.

‒ Deberías estar en tu habitación - la regañó suave - no escuchando discusiones de adultos

‒ Es imposible no hacerlo si hasta mi cuarto se escuchan sus gritos - replicó, luego volteó para ver a sus tíos y padre - sé que posiblemente mi aparición sea una traba en sus actuales palanes y que nadie se alegre de verme en realidad - bajó la mirada derramando un par de lágrimas más - pero no lo hice con intención de molestarlos ni mucho menos, solo quiero seguir existiendo y que… mi familia no se separe más de lo que ya está - al decirlo paso sus ojos de Arthur a Scott.

‒ ¿Te llamas Regina, no? - Cian y Liam se acercaron a ella - ¿sabes quiénes somos?

‒ Así es, pero mi Tía Mab solía decirme Gina - se separó un poco de Arthur - ustedes son mis tíos, Cian, Liam y Dylan… mi tío Peter está con Suecia y Finlandia - los nombraba al señalarlos. Pero todos notaron que a Scott no lo nombro, por lo que molesto se acercó a Arthur.

‒ Vaya, tu infantilismo no tiene límites… reconoces al mocoso de metal como familia y a tu hermano mayor no lo tomas en cuenta - lo acusó.

‒ Sé quién eres Scott Kirkland - contestó en su lugar Regina - el hijo mayor de Britania y la representación de Escocia

‒ Y tú tío - añadió Dylan.

‒ No, él no es tío mío - lo corrigió Regina, pero antes que añadiera "él es mi otro padre" Scott salió hecho una furia del lugar -¡¿pero qué?! ¡ESPERA! -le gritó e intentó ir detrás suyo.

‒ Regina, no - Arthur la detuvo - no es conveniente ir con él en ese estado "Y mucho menos que le digas que crees que eres nuestra hija y no solo mía" añadió en su mente.
‒ Pero papá ¡no puedes dejarlo irse así! - lo regañó - vamos ¡ve por él! - lo tomo de la mano y lo jaló a la puerta - ¡VE!
Arthur salió del despacho, pero no tenía planeado ir por Scott, de loco hacía algo así con su hermano furioso. Mejor iba por un té y volvía en unos minutos fingiendo no haberlo encontrado. Sin embargo, cuando bajaba hacia la cocina, lo encontró mirando molesto hacia el patio, un cigarrillo estaba en su mano a punto de consumirse.

‒ Escocia… - lo llamó, Scott lo miró de reojo pero lo ignoró - vamos, no seas infantil - rodó los ojos ante la actitud del mayor, era desesperante.

‒ ¿Qué demonios quieres? - lo miró molesto, dándole la última calada a su cigarrillo.

‒ Deja de hacer dramas, ni que fuera para tanto - comentó fastidiado - la niña tiene razones para no llamarte tío, supéralo

‒ ¿Sí? ¿Y cuáles son? Que su papi me odie tanto que no me considere hermano ¿es eso? - se acercó a él, ahora tan cerca Arthur percibía el fuerte olor a tabaco mezclado con un ligero olor a whisky y la esencia natural de Scott.

‒ No exactamente - pensó en que debía decirle él, antes que a Regina se le ocurriese hablar - Regina cree que somos sus padres, por eso no te considera tío, porque piensa que eres su padre - Scott primero no reaccionó, luego lo miró con una ceja alzada.

‒ ¿Y cómo se supone que piensa que eso pasó? - Arthur lo miró mal con un gran sonrojo en su cara, Scott entendió y también sus mejillas adquirieron color - ¡Me refiero a cómo pudo siquiera creer que estaríamos juntos! - exclamó a medio grito, pero por el ceño fruncido de Arthur entendió que tal vez ¿exageró?

‒ No tengo idea, pero eso es lo que piensa. Ayer llegó con esa idea metida en la cabeza a mí no me culpes, es más yo mismo le aseguré que lo más fuerte entre los dos es nuestro odio mutuo

Dicho eso regresó por donde vino, necesitaba ir de inmediato a su cuarto… necesitaba estar en un lugar seguro para dejar caer su máscara, un lugar donde nadie lo juzgara por sufrir.

En vista que ninguno volvió Regina salió en su búsqueda, le dijo la verdad a sus tíos quienes la tiraron de loca a medias y a medias le creyeron, luego de ver su relicario y gracias a eso tenía 3 aliados más para juntar a sus padres. Salió a buscarlos mientras en el despacho sus tíos intentaban hallar una solución para arreglar las cosas y que ella no se disolviera, caminó por entre los pasillos y llegó hasta el cuarto de su papá, donde antes de tocar escuchó unos sollozos, con cuidado entreabrió la puerta y miró la silueta sollozante de Arthur acurrucado en posición fetal al centro de su cama. Decidió ir a revisar a su padre antes de volver con su papá, pues necesitaba ver cuál de los dos la necesitaba más.

Fue al dar la tercera vuelta en la casa que lo encontró, reunido en el despacho con sus tíos, al verlo mejor que a Arthur decidió volver con su papá pero al dar vuelta lo encontró entrando, sin muestra o signo alguno de haber estado llorando.

‒ ¿Y bien? ¿Por qué siguen aquí? - cuestionó molesto.

‒ Hemos llegado a un acuerdo, Inglaterra - informó Cian - debido a que no había como tal una representación de la unión, nuestros jefes piensan que no pasará nada si la disolvemos pero si les mostramos a Regina, es posible hacerlos cambiar de opinión. Después de todo, desde Sealand se decretó que ninguna representación británica perecería a manos nuestras y todo pueblo británico actual o pasado lo firmó, incluyendo a tus mocosos y el resto de ex colonias

‒ Esa, es una buena solución ¿cómo planean llevarla a cabo?

Al verlo tan tranquilo, para Regina era difícil creer que hace apenas una hora o menos el hombre había estado llorando destrozado en su habitación. Miró a Scott e igualmente este no lucía afectado ¿cómo era posible que tuvieran tal cara de póker? Esperaba que esto solo fuera efecto de la maldición y no que fuera algo normal de ellos, no era bueno que ocultasen tantas cosas, en algún momento les explotarían en la cara.

Al final el acuerdo fue sencillo, Regina pasaría una semana con cada uno de ellos para convivir y darse a conocer, convencerlos de no desintegrarla y -para qué negarlo- restregarles el acuerdo en sus caras y acusarlos de no haberlo cumplido, con las consecuencias que eso tendría y durante este periodo de tiempo toda negociación y reunión se congeló.

La estancia con Cian, Liam y Dylan fue divertida, sus tíos se desvivían por ella y poco a poco llegó a convencerlos de la verdad, de su historia. Y los hizo prometer ayudarla con sus padres (en este punto ella estaba segura que no juzgaban a sus padres). La última semana se la pasó con Scott y pudo notar que, a diferencia de Arthur, Scott parecía recordar en ocasiones fragmentos inconexos de su verdadera vida.

El último día llegó y Arthur fue por ella a casa de Scott -la mansión que en su verdadera historia compartieron como pareja y era su hogar- Regina estaba tan feliz con su descubrimiento que, en cuanto vio a Arthur se lo comunicó.

‒ ¡Papá! - corrió a recibirlo con na brazo, Arthur por reflejo la tomo en brazos también.

‒ Sí, yo también me alegro de verte - dijo incómodo, tanto entusiasmo no era lo de él.

‒ ¡Te tengo buenas nuevas! - exclamó feliz mientras iban a la sala - ¡Padre recuerda! No tanto como me gustaría pero es un avance, ahora solo falta que tú lo hagas y esto acabará como debe ser

‒ ¿Qué? - Arthur no entendía nada. Scott llegó en ese momento y se unió a ellos manteniendo distancia con Arthur como siempre.

‒ ¡Eso mismo que te digo! ¡Padre dile a papá que tú sí que recuerdas su historia! - volteó hacia Scott quien se ahogó un poco con el humo del cigarrillo que estaba fumando, volteo a ver a Regina y antes de que dijese cualquier cosa Arthur se levantó molesto mirándolo mal.

‒ ¡¿Le has seguido la corriente?! ¡DE TODAS LAS COSAS QUE PUDIERAS HACER PARA FASTIDIARME ESTA ES LA PEOR ESCOCIA! - gritó furioso.

‒ Papá por favor, deja que Padre hable - rogó Regina, no esperaba crear una discusión por ese tema, esperaba que lo hablaran y fueran felices por la noticia.

‒ No Regina, no deberías ser víctima de los juegos crueles de Escocia - le dijo mirándola de reojo, luego se acercó a él y lo tomó de las solapas del traje - puedes declarar guerras contra mía, intentar disolverme, dejarme sin nada ¿pero esto? Jugar así con la mente de una niña ¿de mí hija? ¿La nieta de tú madre? ¡Eso lleva muy lejos tu odio hacia mí y no lo pienso permitir! - lo aventó contra el sillón - Regina recoge tus cosas, nos vamos de aquí

Arthur salió furioso de la sala, iría a organizar todo para una rápida salida en lugar del descanso de 1 día que planearon al principio. Y es que estaba furioso a más no poder, él no podía creer que Scott fuese así de cruel y retorcido ¡Regina era una niña inocente que no se merecía sus mentiras! No merecía lo mismo que le pasó a él, creer que Scott le tendría algo de cariño familiar para después romperlo en pedazos.

En la sala Scott estaba estático en el mismo lugar, su cabeza aún procesando lo que acababa de ocurrir y cuando pudo salir de su trance miró a una culpable Regina, prefirió no decirle nada y salió corriendo a su cuarto, no quería ver a nadie, ahora no podía, se sentía morir y más cuando otra de esas visiones raras -recuerdos reales, los llamó Regina- vino a su mente al llegar a su cuarto, uno que era el más frecuente de todos.

"‒De cualquier forma, manera y en cualquier tiempo o lugar, yo te amo y te amaré Arthur, siempre estaré contigo"

Esa frase seguía persiguiéndolo y no entendía el por qué, él jamás le había dicho cosa parecida a su hermano, no se lo podía permitir y no solo por ser mal visto sino porque era imposible hacerlo cuando Arthur lo odiaba. No importaba que Scott lo amase tanto que incluso doliera, Arthur lo detestaría más si supiese lo que sentía.

‒ Diablos Arthur ¿por qué tengo que amarte tanto? No lo entiendo - hundió su cara en sus manos intentando por todos los medios no gritar de la frustración - no quiero amarte… - murmuró enojado.

‒ No digas eso - Regina, al ver tan decaído a su padre se acercó a él - el amor es una cosa hermosa, no deberías de enojarte por ello - con precaución se sentó a su lado.

‒ Tú no entiendes nada niña… no sabes nada acerca de esto

‒ Claro que lo sé, yo mejor que nadie - se molestó por lo pesimista que se mostraba.

‒ Ya, claro ¿Por qué eres hija mía y de Arthur? - respondió sarcástico.

‒ Lo soy, aunque nadie me crea, aunque ustedes no lo acepten ¡lo soy! - estaba realmente enojada, las cosas no estaban saliendo como quería y no necesitaba de su incrédulo padre para recordárselo - ¡ustedes son almas gemelas! Siempre se han amado, de verdad, él te ama - tomó su mano dándole ánimos.

Scott quiso contradecirla pero estaba lo suficientemente cansado como para hacerlo, además, a diferencia de otras ocasiones donde sus ojos mostraban ese brillo de seguridad, esta vez los ojos de Regina estaban plagados de tristeza.

‒ Dudo que sepas qué significan las almas gemelas niña - terminó diciendo para distraerla aunque fuese un poco, no le gustaba nada que la siempre alegre chica estuviese triste.

‒ Bueno, entonces dímelo ¿qué son las almas gemelas?

‒ Es, cómo tener un mejor amigo pero más que eso, es la única persona en el mundo que te conoce mejor que nadie más - suspiró y volteo hacia la única foto en la que estaban todos juntos, con Arthur a un lado de él - es el único que te hace ser mejor persona… aunque no lo haces por él, sino por ti, porque él te inspira a ser mejor - apartó la mirada de la fotografía y la regreso a los atentos y curiosos ojos de Regina - Almas gemelas es sobre a quién llevas contigo por siempre, quien te conoce y acepta como eres, y que cree en ti aun cuando nadie más lo haga y no importa que pase, siempre te amará y nada ni nadie puede cambiar eso

Athir… ¿y no es eso lo que sientes y ves en él?

‒ No… y si alguna vez fue así, ya no lo es más - bajó la mirada con el ceño fruncido.

‒ No será así, solo es cosa de recordarlo - se levantó y lo señaló - tú eres quien más recuerda, ¡debes ayudarme a recordárselo papá!

‒ Regina basta ¿no ves que esto es cruel? - la volteó a ver molesto, la chica lo miró sin comprender - el que ame a Arthur está mal, es mi hermano y no debería albergar algún sentimiento más allá de la hermandad, por él, el hecho de que alguien te haya hecho creer que eres nuestra hija o que nos amamos no significa que sea verdad ¡entiéndelo por favor! - terminó con un tono desesperado, su maltrecho corazón no necesitaba de falsas esperanzas.

‒ ¡No! ¡Son ustedes los que no lo entienden! -gritó desesperada, había llegado a su límite - ¡Son ustedes los que no quieren entender cuán duro es esto para mí!

‒ ¡Regina! ¿Por qué los gri…tos? -Arthur, quien estaba en el piso de abajo, abrió a puerta preocupado pues escucho los gritos. Solo para encontrarse a Regina alterada y a Scott mirándola pasmado.

‒ ¡Bien, esto es perfecto! - siguió gritando - ¡Tú también tienes la culpa de esto! - lo señaló - ¡¿cómo esperan que rompa esta estúpida maldición si ninguno pone de su parte?! - lloraba ahora y ambos estaban en shock, no sabían qué hacer para pararla o consolarla - Tía Mab dijo que esto podría pasar, dijo que la maldición los cambiaría de los que en verdad eran ¡pero esto es el colmo! SOY SU HIJA, ME CREAN O NO -les gritó furiosa - ¿qué esto es cruel, dices? - miró a Scott - intenta ver a tus padres separados, peleando, planeando alejarse para deshacer lo que tú representas. Ver que esas personas que te dieron la vida y sacrificaron su memoria y futuro para que tú pudieses vivir fuera del infierno que una loca celosa creo se miren con desdén y odio, que te miren a los ojos y no veas nada reflejado en ellos, ni cariño, ni amor… eso es cruel - tomó su relicario y lo arrancó de la cadena - y es algo que ya no quiero ver ni soportar

Salió corriendo de la habitación, ninguno reaccionó hasta que fue tarde y con pasos temblorosos Arthur se acercó al relicario tirado, lo tomó y lo abrió pero casi de inmediato lo soltó entre sorprendido y asustado. Scott al ver su reacción tomo el relicario y al voltearlo vio la foto que guardaba Regina dentro: Una foto de él y Arthur en lo que parecía ser su boda; El relicario además tenía una inscripción dentro: "Don't you worry Regina, you will find us and we remember you" la inscripción estaba fechada hace casi 11 años atrás.

‒ Arthur… -intentó hablarle, pero el rubio lo miró asustado.

‒ N-No, esto no… ¡esto no puede ser verdad! ¡ME NIEGO A CREERLO! - gritó mientras se tapaba la cara con sus manos y se agachaba en posición fetal - no lo es, n es verdad, no lo es… -repetía como un mantra ignorando a Scott.

‒ ¡Arthur, reacciona por dios! - Scott harto de que no le prestase atención y entrando un poco en pánico por la reacción del menor se gachó y lo zarandeó de los hombros - vamos conejo, mírame -lo tomó de la cara haciendo que sus ojos coincidieran -¿¡Qué tienes?!

"- Mi ira es todo lo que tengo, lo único que me permite seguir en pie - terminó por responderle sin mirarlo, no se atrevía a hacerlo porque entonces al verlo a los ojos Scott sabría la verdad tras sus palabras. Aunque estas no fueran precisamente una mentira - ¿Qué puedo ser si la pierdo? - agregó en tono bajo, dejando de forcejear.

- Feliz - aseguró Scott, ahora sosteniéndolo levemente por la cintura. Arthur al escucharlo soltó una risa fría y sin emoción alguna.

- ...Débil - respondió al fin dignándose a mirarlo - y eso tú lo deberías saber mejor que nadie"

.

"- Tú has podido vivir bien sin amor tanto tiempo... yo podré hacerlo - terco, quería hacerse creer a sí mismo esas palabras. Scott le dio una ligera sonrisa, triste, cansada.

- No es así Arthur, todo este tiempo, desde que sé qué es lo que siento por ti me he hecho las mismas preguntas: ¿Cómo vivir? ¿Cómo respirar cada día? Sin ti a mi lado o siquiera cerca de mí, me siento sofocado, me ahogo en mi propia soledad y añoraba en silencio el verte aunque sea una vez - dio un suspiro, tomando de nuevo valor y con un brillo de determinación en sus ojos sabiendo que era una oportunidad que no debía dejar pasar continuó - quiero tener tu amor Arthur, aunque seas sangre de mi sangre... dime tan solo ¿es aquí donde renuncio a todo, mando al carajo a todos por esto? Por esto que tú y yo sentimos..."

Scott y Arthur se vieron sorprendidos, esos ¿acaso eran recuerdos? Se levantaron poniendo distancia entre ellos, intentando hallarle sentido a esas imágenes, queriendo saber de dónde venían y si por la reacción del otro habían visto lo mismo. Se miraron de reojo pero al encontrarse sus ojos apartaron la mirada. Hasta que Scott, haciendo gala de un valor que no sentía, se acercó a Arthur poniendo una mano en su hombro.

‒ Arthur yo… quiero creerlo - terminó por decirle.

‒ Scott… pero es que eso es imposible… no estoy seguro de poder, es que yo… - Arthur ya no sabía ni qué decir, no estaba seguro de nada, ni de lo que había pasado ni de lo que creía.

‒ Arthur ¿a qué le temes en realidad? - Scott se acercó más a él, estrechándolo en sus brazos al notar que la máscara del rubio estaba por terminar de quebrarse.

‒ No puedo creer que la mierda de vida que llevó sea una ilusión - confesó al aferrase al pecho de Scott hundiendo su cara en la ropa para sofocar su llanto - no puedo creer que le hallamos echo algo tan terrible a alguien para que nos deseara esto… para tener que vivir odiándonos entre nosotros…. No quiero creer que todo este dolor, soledad y rencor sea solo producto de una venganza porque… porque eso significaría que… que yo - no quiso continuar, si lo decía todo cambiaría.

‒ Que tú… - lo animo a continuar.

‒ Que yo me he callado mi amor por ti, fingiendo odiarte para tapar el dolor de sentirme odiado… de jamás tener el valor de confesarlo todo por la venganza de alguien más… de alguien que nos deseaba ver así, solos, enojados… separados - alzó la mirada - significaría que nos arrebataron todo Scott ¡todo! ¿Qué no lo ves? - lloraba ahora de tristeza - si lo que dice Regina es verdad… la perdimos a ella y nos perdimos a nosotros, nuestro amor, nuestra vida ¡nuestra familia!... y yo no, yo no siento que sea lo suficientemente fuerte para afrontarlo

‒ Arthur, lo haremos - Scott lo estrechó más contra sí - ahora que sabemos que esto puede no se run invento… podemos afrontarlo

‒ Eso me gustaría creer, pero no sé… esto es extraño, mis únicas memorias de ti son odiándome, y el pensar que puedas sentir amor, no me es familiar - se alejó un poco.

‒ Intentemos arreglar eso entonces, juntos - Scott sonrió y Arthur sintió una calidez en su pecho.

Arthur entonces cambió su expresión a una preocupada, tomo a Scott de los antebrazos y miró alarmado alrededor.

‒ ¿Arthur?

‒ ¡REGINA! - gritó alarmado.

Scott miró en la misma dirección igual alarmado, se separaron y corrieron a buscarla por toda la mansión, necesitaban encontrarla. Necesitaban encontrar a su hija.