Cuando estás enamorado no tienes ojos para nadie más


A la semana siguiente, una vez que ya todo el escándalo del secuestro de Soyo había sido esparcido por toda la preparatoria (y también de que Kamui la salvó), la joven comenzó a recibir miradas fijas de todo el mundo, sobre todo de las fans del pelirrojo quienes ya venían sospechando de la relación de ellos dos.

- ¿Qué hago, Kagura-chan? Me siento muy incómoda estando aquí, pero no quiero faltar a las clases. – Estaba muy nerviosa.

Kagura se le quedó mirando con algo de pena. - Es viernes, y el trío de idiotas no estará en casa. Si quieres puedes venir a dormir a casa y ver películas. –

- ¡¿Enserio?! ¡Gracias! – La abrazó con fuerza. – Con esto podré olvidar un poco todo este asunto. – Comentó aliviada.

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Ya en su casa, Kagura no cambiaba su rostro inexpresivo. - ¿Cómo pretendes olvidar todo este asunto con esta película? – La película era de amor, en la que el protagonista era el chico más popular de la escuela, y al tener su atención, la protagonista se volvía la más odiada. – Además esta película es algo extraña, es como si tú fueras la protagonista y Kamui fuera el sujeto popular, me provoca nauseas. –

Ante el comentario, Soyo se sonrojó. – De hecho… - Se apenó. – En aquel momento que Kamui-san vino a salvarme… Sentí un ardor en las mejillas, y mi corazón comenzó a latir muy fuerte. – Confesó, y siguió relatando sus emociones, dándole un mal presentimiento a Kagura.

- Que no sea lo que estoy pensando… - Pensó la pelirroja con algo de desagrado.

- Espero que esto no te caiga mal, pero… Yo… Me enamoré de Kamui-san. – Confesó tapando su rostro el cual ya estaba completamente rojo.

Kagura quedó en shock. No sabía que decirle o que hacer más que golpearla hasta sacarle esa idea de la cabeza, pero sabía perfectamente que su amiga no cambiaría sus sentimientos con algo tan simple. Una vez que lo entendió, suspiró y lo aceptó.

Más a la noche, luego de que la película terminara, ambas comenzaron a lavar los platos que habían ensuciado. Al terminar, Kagura tomó un toallón para secarse las manos, pero al verlo bien lo soltó con asco. Eran prendas que el trío de idiotas había dejado tirada sobre una silla en la cocina. - ¡Malditos imbéciles! ¿Qué les cuesta dejar su maldita ropa para lavar? – Enfureció.

Soyo tomó la chaqueta larga que usaba Kamui para ir a la preparatoria para "imponer respeto", por lo que se la probó, tomó una bandita adhesiva, se la pegó en la nariz y tomó posición de lucha, imitando a Kamui.- ¡¿Q-Quieres pelea maldita?! –

Kagura estalló de risa al ver lo adorable que se veía su amiga queriendo aparentar ser ruda. - ¡Yo también, yo también! – Se sumó al juego y se probó la ropa de Takasugi, se colocó un parche en el ojo y puso cara de idiota haciendo reír a su amiga.

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- ¿Por qué demonios estamos en un bar de anfitrionas un viernes a la noche? – Preguntó Takasugi comenzando a enfadarse.

- No es por nada en especial, sólo quiero sacarle esa estúpida idea que tiene Kamui de la cabeza. - Contestó el sádico.

- ¿Ah? ¿A qué te refieres? – Takasugi no sabía nada.

Sougo suspiró. – El idiota se enamoró de Soyo-hime. – Takasugi se tentó de risa como nunca antes, mientras Kamui le miraba con su rostro inocente como si no entendiera de que se reía su amigo, lo que le causaba más gracia al del parche. – Disculpe, pedí a aquellas tres mujeres hace un rato. – Le advirtió el castaño a la dueña.

-Aquí estamos amo. – Comentaron las tres al unísono por detrás, haciendo asustar al sádico y haciendo que Takasugi comenzara a limpiar sus lágrimas de tanto reír.

- Era hora. Mi amigo está un poco tenso, ¿podrían hablar con él? – Refiriéndose a Kamui. Inmediatamente las tres se sentaron junto al pelirrojo y éste las miraba sin expresión alguna, como si fuera un niño en un lugar de adultos.

- Cuéntanos cómo te llamas. – Comenzó a tratar de seducirlo una de las tres anfitrionas.

- Eso a ti no te importa. – Contestó inocentemente.

-Es Kamui. – Contestó Sougo.

Las tres anfitrionas comenzaron a hacer comentarios sobre su bello cabello rojo, o sus grandes ojos azules y demás halagos, hasta que tocaron un punto crucial. - Y dime, ¿estas interesado en alguna chica? – Le miró de manera sensual.

- Pues… Sí. –

- ¡Lo sabía! Fingías ser rudo, pero en realidad eres sumamente dulce. – Comentó otra de las mujeres. – Y dime, esa chica que te interesa… ¿Cuál de nosotras tres es? –

Kamui abrió sus ojos seriamente y luego puso su tierna sonrisa de siempre. - Si me intereso o me enamoro de una mujer ella debe ser delicada como una flor, y a su vez fuerte para aguantar cualquier tormenta. Ninguna de ustedes cumple con esos requisitos, zorras inmundas. – Dijo con su tono gentil de siempre, dejando a todos boqui-abiertos.

- Esto es malo. – Pensó Sougo, y junto a Takasugi se llevaron a rastras a Kamui antes de que la dueña les llamara la atención y seguridad se encargara de ellos por haber insultado a las anfitrionas.

Takasugi pudo notar que los sentimientos hacia Soyo eran reales, por lo que se preocupó tanto o más todavía que Sougo. – Solo hay una cosa que puede sacarle esa idea de la cabeza… Videojuegos. – Sougo acento con la cabeza y sin decirse nada se propusieron volver a casa de los Yato, después de todo allí tenían la consola.

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Una vez en la casa de los hermanos Yato, al entrar, encontraron a Kagura disfrazada del sádico y a Soyo disfrazada de Kamui. La morocha quedó completamente roja y pegó un grito. - ¡L-L-Lo lamento K-Kamui-san! ¡Me lo quitaré enseguida! – Amagó para sacarse la chaqueta, pero Kamui la detuvo.

- No, déjala así, te queda bien. - Sujeto el brazo de ésta con delicadeza para evitar que ella se lo sacara. Soyo estaba sumamente ruborizada, y los ojos de ambos brillaban como nunca. Esto repugnó a los demás.

-Ustedes dos, vengan un segundo. - Ordenó Kagura a los dos restantes dirigiéndose a la cocina, alejándose de la romántica escena. - ¿Qué hacen aquí? ¿Por qué demonios volvieron? – Estaba enojada.

- Tranquilízate, no estaba en nuestros planes volver aquí y ver su desagradable escena de locas enamoradas. – El sádico le arrebató su antifaz para dormir a Kagura, quien seguía disfrazada de Sougo, haciéndola enojar.

-Kamui fue el que lo arruinó todo, fuimos a un bar de anfitrionas para sacarle la idea de que estaba enamorado, pero insultó a las mujeres y tuvimos que huir. – Confesó el del parche.

- ¿Por qué demonios fueron a…? – Cada palabra que decían hacía odiarlos aún más. Hasta que suspiró. – Bueno, da igual. Ahora que se vieron no hay forma de separar a aquellos dos. – Volteó a husmear a los enamorados, éstos estaban riendo juntos, algo que conmovió de cierta manera a Kagura, por lo que negó con la cabeza sacádose esa idea rápidamente – Bien. Saldremos todos juntos, intentaremos algo para separarlos en el camino. – Comenzó a sacarse la ropa del sádico, dándole poca importancia al hecho de que estaban todos presentes. Tenía debajo una remera muy corta y un bóxer de conejito que le hacía conjunto. – Toma tu estúpida ropa. – Le lanzó al sádico sus prendas, quien estaba con la boca semi-abierta al igual que Takasugi. Ella comenzó a caminar hacia la sala de estar para avisar a los otros dos del nuevo plan para su día viernes. - Oigan, saldremos todos juntos así que, Soyo, vamos a cambiarnos. –

-¡K-K-Kagura-chan! ¡Estás prácticamente sin ropa! – Exclamó su amiga.

- Eso no importa, vamos. – La tomó de la mano y cerró la puerta de su habitación.

Para cuando Kamui volteó a ver a sus amigos, éstos miraron hacia otro lado. - ¡No hemos visto nada! – Exclamó Takasugi, antes que nada.

-Más les vale. – Fue lo único que dijo, y se dirigió a su habitación.

Una vez que quedaron solos, Takasugi le pegó un codazo a Sougo. - ¿Qué es lo que quieres? – Preguntó el castaño.

- ¿Has visto lo de recién? Su hermana ha pasado semi desnuda delante de nosotros y no nos ha dicho nada, en verdad está sensible con todo este tema de su enamoramiento. Deberías aprovechar. –

- ¿Qué dices? Cierra la boca. – Le molestó su comentario, como si el gran Okita Sougo fuera un buitre que espera a que todo acabe para poder comer a su presa. – Aunque… Admito que también lo pensé. – Takasugi se sorprendió de que confesara; mientras el castaño tomaba una de las tantas fotos de Kagura que había en el hogar, y se la quedó viendo. – Pero no tengo el coraje para hacerlo aún… -

El del parche rió por lo bajo, y se recostó en el sofá. – No hay necesidad de apurarse, las cosas se darán a su tiempo. Después de todo hay que ser idiota para no darse cuenta de lo que les pasa a ustedes dos, incluso puede que algo pase esta noche si salen juntos. –

Sougo tragó saliva, sabía que las palabras de su amigo eran ciertas, pero no estaba listo para encarar la situación. Por primera vez estaba acobardado ante una mujer.


Holaaa, primero que nada mil perdones por siempre tardar tanto en actualizar; segundo, muchisimas gracias por leerlo de igual manera y por sus lindos comentarios!; tercero, creo que este fic llegará a tener 30 capítulos en total, así que vamos palpitando el final (?