21. Navidad en La Madriguera

El día de Nochebuena transcurrió como todos los años: El abuelo Arthur arreglando cachibaches muggles con ayuda de Hugo, al que también le apasionaban los artilugios no mágicos, la abuela Molly cocinando con tía Hermione y Rosie, y los demás jugando al Quidditch hasta que la abuela les llamaba porque tenían que ponerse decentes para la cena. Tras todo un día jugando con las escobas, Albus, James y Lily entraron los últimos, cubiertos de barro, después de Harry, Ron y Ginny , que siempre jugaban con ellos.

-¡Haced el favor de quitaros todo ese barro antes de entrar en casa!- dijo la abuela Molly sacando la varita y limpiando el reguero de barro que habían dejado tras de sí.- Merlín, todos los años lo mismo.

Albus subió a su habitación y se puso ropa presentable para cenar con su familia. Cuando bajó, estaban todos sentados a la mesa excepto Hermione.

-¿Falta mucho?- gritó Ron en dirección a la cocina, donde estaba su mujer- Me muero de hambre.

Molly negó con la cabeza.

-Si ayudaras alguna vez a tu mujer a hacer la comida, te darías cuenta de lo trabajoso que es.- La abuela Weasley seguía regañando a su hijo a pesar de que este ya había dejado atrás los cuarenta.- Además, lo de ella tiene doble mérito: Ha hecho la carne a la manera muggle.

-Mira que siempre le digo que utilice la varita ¿Para qué la quiere sino?

En ese momento llegó Hermione con un gran cuenco humeante.

-No sabe igual si lo hago con la varita, Ronald.- le dijo cuando llegó a la mesa.- Y ni se te ocurra tocarlo.- añadió al ver que Ron ya le hacía ojitos a la sopa de marisco que acababa de traer.- Todavía tienen que venir Charlie y los demás.

Nada más decirlo, llamaron a la puerta. James se levantó de un salto.

-¡Voy yo!- desde la puerta le escucharon saludar efusivamente a alguien y supieron que se trataba de Ted Lupin: A pesar de que se llevaban unos años, habían sido inseparables en Hogwarts y lo seguían siendo fuera de él. En un momento entraron Ted y Victoire, seguidos por Bill y Fleur. Ted era un chico muy atractivo, de altos pómulos y cabello castaño claro, mientras que Victoire era una bella joven con una larga melena rubia. El tío Bill,aunque ya estaba cerca de los cincuenta años, llevaba el cabello todavía largo, pero no le quedaba mal: iba con su estilo. Fleur seguía tan hermosa como siempre.

-Feliz Navidad a todos.- dijo Ted, sentándose mientras su novia lo imitaba. Bill le dio un beso en la mejilla a su madre, que acababa de entrar.

-Siempre con esas melenas hijo, de verdad que no sé cuándo vas a cortarte esos pelos.

-A Fleur le gusta así y no hay más que hablar.- dijo él sentándose junto a su hija. Fleur se sentó a su lado después de saludar a Molly.

-Bueno, vamos a comer.- dijo la abuela sentándose en un extremo de la mesa. En ese momento, Ted se levantó para sorpresa de todos. Normalmente los abuelos daban un pequeño discurso antes de la comida, pero era extraño que fuera Ted el que se prestase a hablar.

- Molly, si no te importa me gustaría deciros algo.- ella asintió sonriente, mientras el resto escuchaba. Ted carraspeó.- Como todos sabéis, hace ya unos cuantos años que he encontrado al amor de mi vida: una chica preciosa, inteligente, divertida que incomprensiblemente también se ha fijado en mi- miró brevemente a su novia, Victoire,sonriente, a su lado.- Por eso he decidido compartir con vosotros una noticia que nos hace muy felices: Espero que no tengáis planes el 23 de Junio, porque Victoire y yo nos casamos.

Todos prorrumpieron en aplausos y sonrisas tras escuchar la declaración. Él se inclinó a su novia y la besó dulcemente.

-¿Será posible? ¡y no me habías dicho nada!.- recriminó James en broma mientras se acercaba a abrazarlo.- Enhorabuena.

Todos se fueron acercando a la pareja para felicitarles. Molly se enjuagaba las lágrimas, que cruzaban su rostro mientras el abuelo le daba palmaditas en la espalda-

-Mamá, vamos, no te pongas así.- le dijo Bill cariñosamente.

-Ya, hijo… Es que ver en los adultos en que os habéis convertido todos me hace muy feliz, pero también pienso en cómo habrían disfrutado los padres de Ted al estar aquí… y vuestro hermano, Fred…

Arthur la abrazó cariñosamente, y Albus vio como Ginny se secaba disimuladamente las lágrimas con el envés de la mano.

-En honor a mis padres, me gustaría que fueses mi madrina, Molly.- dijo Ted sonriente, lo que provocó más lágrimas en la señora Weasley.- Sé que les hubiera gustado.

-Oh, cariño…-musitó ella, yendo a abrazarlo, sin dejar de sollozar. James cogió una copa y una cucharita y tintineó con ella para llamar la atención del resto.

-Venga, hoy es un día feliz, que se note. Abuela, vas a ser la madrina más guapa nunca vista., pero pensemos en lo feliz que hubieran sido los que nos faltan y honremos su memoria con una sonrisa, y no con lágrimas. Feliz Navidad!

-¡Feliz Navidad!.- respondieron todos, cambiando las lágrimas de emoción por sonrisas. La cena transcurrió alegremente entre platos que iban y venían, comentarios sobre la futura boda,conversaciones animadas y canciones navideñas. Iban por el último plato cuando Ginny se volvió hacia los adultos.

-¿ Sabéis con quién me encontré el otro día?- preguntó. El resto negó.- Con Lavender Brown.

-Hace mucho tiempo que no la veo.- dijo Ron ante la atenta mirada de Hermione.- ¿Cómo le va?

Ginny bebió un trago de su copa de vino.

-Bien, ya sabes, como siempre.- sonrió.- Estuvimos hablando de nuestros años en Hogwarts. Parece que fue ayer cuando estudiábamos allí.

-Qué buenos tiempos.- dijo Harry. Hermione sonrió.

-¿Os acordáis de cuando le lanzamos un Petrificus Totalus a Neville?- soltó Ron.- Pobre, casi se nos muere del susto.

-Pero más tarde Dumbledore le premió con puntos extra para Gryffindor.- recordó Harry.- A veces echo de menos la Sala Común de la Casa.- Se volvió hacia su hija menor.- ¿Sigue habiendo ajedrez mágico en la Sala? A tu tío Ron le encantaba.

-Sí.- dijo Lily Luna.-Hugo y yo hemos jugado muchas veces. Nos encanta sentarnos en el sillón rojo frente a la Chimenea en las noches de invierno.

-Yo lo que echo de menos es a Nick Casi Decapitado.- dijo Ginny.- He pasado años al borde del infarto, cuando estaba con mis amigas y de repente atravesaba las paredes de la Sala.

Todos rieron. Albus permanecía callado: como Slytherin, él nunca babía entrado en la Sala Común de Gryffindor, y todo aquello le resultaba ajeno. Su padre se dio cuenta.

-¿En Slytherin también hay ajedrez mágico?- Albus agradeció el interés de su padre.

-Si.- dijo él.- Aunque yo no juego mucho, a mí no me gusta.

-¿Cómo es la Sala Común de Slytherin?- intervino Bill.-¿ Es verdad que veis al Calamar Gigante por las ventanas?

-Sí, aunque normalmente no se acerca tanto como para poder verlo de cerca.- explicó Albus.- Pero si he visto muchas veces sirenas. A veces vienen y nos ponen poses absurdas, sobre todo a Malfoy. Se ve que no sólo en el Colegio tiene chicas que le buscan.

Todos estallaron en carcajadas excepto Rosie, que había estado taciturna desde que se mencionó la casa verde. Albus se animó con el interés de su familia y siguió hablando sobre su Casa.

-La verdad es que nuestra Sala Común es muy elegante.- les dijo, sonriendo.- Siempre hay algo para tomar y así no tener que bajar a las cocinas si no queremos.

-Pues eso no debería ser así.- dijo Rosie. Todos la miraron.- Me parece que eso es tener privilegios respecto a los demás.

Albus frunció el entrecejo. Tenía gracia que los Gryffindor hablaran de privilegios.

-Bueno, a vosotros os dan puntos casi hasta por respirar.- Harry y Ron sonrieron, tenían que reconocer que eso era cierto.

-Os darían más si estudiaseis como es debido.- dijo ella.- Y sobre todo no os quitarían puntos si no os dedicarais a fastidiar a los demás como hacéis siempre.

-Eso no lo dirás por mí.- dijo Albus con cautela. - Mis amigos y yo nunca nos metemos en líos.

Rosie soltó una carcajada cargada de sarcasmo.

-Esto sí que es bueno. No me hagas hablar, Potter.

Hermione miró a su hija con el entrecejo fruncido.

-¿Potter? Rosie, Albus es tu primo.

Ella no contestó.

-Sí, no es como si fuera el idiota de Malfoy.- intervino Ron. Rosie vio su oportunidad y sonrió.

-El idiota de Malfoy ahora está en el círculo de confianza de Albus.- comentó resaltando su nombre. Albus la miró abriendo los ojos, como diciéndole que se callara.

-¿Eso es verdad?- preguntó Harry mirándole con preocupación.- Malfoy no es una compañía muy recomendable, hijo.

Ron estuvo de acuerdo.

-No conozco a Scorpius, pero su padre era un orgulloso patán cuando estudiábamos en Hogwarts y no creo que la nueva generación haya cambiado mucho. Es el sello de identidad de esa familia.

-No deberías juntarte con él, Albus.- volvió a hablar Harry.- me hizo la vida imposible cuando estudiaba en Hogwarts. Y creo que algo parecido ha hecho contigo su hijo ¿No?

Albus se cansó y dejó el tenedor junto al plato de forma brusca.

-Bueno, ya está bien ¿No?¿Sabéis acaso como es Scorpius en realidad?- dijo él. Niguno habló.- Vosotros solo conocéis a Malfoy de lo que conocíais de su padre, y porque vosotros nunca habéis compartido tantas horas como yo comparto con Scorpous.- miró a su prima.- Para mi hay Gryffindors que tienen más mala baba que Malfoy.

-¿Qué diablos has querido decir con eso, Potter?- dijo Rosie con la voz peligrosamente baja.

-Lo que estás oyendo.- contesto Albus mirándola enfadado.- ¿Por qué no les cuentas los desprecios que me haces en el colegio?¿Cuando vas por ahí con esa estúpida P de plata creyéndote la reina?¿Cómo convences a tus amigas para que no se acerquen a mí?- dijo Albus. Silver le había contado la conversación que habían tenido entre ellas en la Sala Común.

-Tengo motivos suficientes para hacerlo. No puedo fiarme de alguien como tú, siempre rodeado de esas serpientes asquerosas que venderían a su madre por dos galeones. Perdona por querer alejar a mis amigos de un nido de víboras.

-Pues tendrías que empezar por alejarlas de ti misma: si te muerdes la lengua te envenenas.

Ambos se habían levantado mientras toda la familia les miraba, incrédulos. Ginny intentó aplacarles.

-Chicos, ya basta.- ninguno le hizo caso.

-Desde que estás en el equipo te has vuelto incluso más insoportable que antes y mira que lo creía difícil.- contestó ella aumentando su tono de voz.

-Eso siempre es mejor que ser una estirada soberbia como tú.- contestó Albus de la misma manera.

-¡Cállate, chulo de mierda!- le gritó Rosie, perdiendo los estribos.

-¡Cállate tú, prepotente de los cojones!- le devolvió el grito Albus. Harry se levantó también gritando.

-¡Callaos los dos , maldita sea!- ambos se quedaron en silencio. Harry gritaba pocas veces, pero cuando lo hacía, más les valía obedecer.- Estoy harto de estos numeritos cada vez que os encontráis. Vamos a solucionar esto ahora mismo. Tú y tú. Arriba. Ahora.- les dijo señalándoles. Ellos obedecieron y Harry miró a Ron.- Tú también deberías venir, Ron.

-¿Tie'de que der aho'da?- preguntó con la boca llena. Hermione le dio un codazo y él trago.- A ver si algún año puedo cenar tranquilo.

Los cuatro subieron a la habitación de arriba, dejando a la familia con su cena abajo, preguntándose cómo era posible que se llevaran tan sumamente mal. Fue James quien rompió el silencio de la mesa.

-Espero que la próxima vez, por lo menos se batan en duelo, estas conversaciones ya aburren. Tendrían que empezar a innovar.