Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Círculo completo

(Full Circle)

Un fic de Nora Jeminsen

Traducción por Apolonia


Nota de Autora: Está bien. Si no lo imaginaron todavía, este es un fanfic ridículamente largo ---quedan 5 partes más para leer antes de que termine. Y si han estado leyendo hasta ahora, saben que este fic contiene situaciones sexuales, lenguaje, y temas adultos. Pero quería enfatizar una de las usuales advertencias, esta vez ---la violencia. Estamos llegando al clímax de la historia, y va a ser una típicamente larga, estirada lucha con muchos giros y vueltas... habrá excesiva violencia, ocasionalmente descripta bastante gráficamente, en los próximos capítulos. Repetiré esta advertencia, pero sólo pensé que deberían saber antes de envolverse demasiado con la pelea ---esto es Dragon Ball. Habrá sangre, sudor, y no pocas lágrimas derramadas antes de que todo esto termine. =)

Y ahora... aquí va. Si quieren dejar comentarios, críticas, pedidos, etc., bienvenidos son, y muchas gracias a esos que han escrito hasta ahora. =)

Nora


Dragon Ball Z: Círculo Completo
(Parte 21: El as en la manga; ¡¡el juego de Vegeta!!)

"Durante el combate, el ritmo cardíaco del corazón de un Saiyajin (o semi-Saiyajin) incrementa dramáticamente. Liberación de esteroides de neurotransmisores y adreno-corticales se cuadruplican, e innecesarios procesos fisiológicos con acortados en el mientras tanto, mucha de la sangre fluye y energía es re direccionada hacia áreas más importantes. La temperatura corporal se alza; el tiempo de reacción y percepción sensorial se multiplica mil veces; e incluso el tejido muscular y la densidad de tracción de la piel se incrementa, mientras la eficiencia metabólica y la energía saliente se aproximan al 100%. En total, el cuerpo del guerrero se altera drásticamente, desarrollando habilidades que parecen imposibles para la figura humanoide, y volviéndose mucho más poderoso que el estado de descanso que ninguna comparación es posible. Volviéndose, en efecto, la perfecta máquina de lucha."

---Dr. Arnold Gero, "Un Examen Fisiológico y Psicológico de los Saiyajin." Estudios Xenológicos, 24 (2): 671-742.


En las calles de Ciudad Vegeta, el tranquilo, impuesto orden había sido destrozado. Esclavos Humanos habían de alguna manera puesto sus manos en armas, y las estaban usando con una venganza no sólo arrojada de sus cadenas, sino para dispararles fuera de la existencia. Los primeros en caer ante su acometida fueron los robots Observadores; programados para ser implacables con esclavos individuos que desobedecían, no estaban equipados para lidiar con el asalto de cientos. Fueron desmantelados ---violentamente--- y arrojados a las calles en piezas; sus cabezas eran blandidas como trofeos por la esperanzada masa. Los siguientes en caer fueron los Observadores, esos empleados por los Saiyajin para mantener orden entre los estratos de la sociedad de la Tierra. Muchos tuvieron el ingenio de huir, saltando en el espacio más cercano de cápsulas y estableciendo un rápido curso hacia Vegeta-sei. Algunos no huyeron. Sus cabezas, también, pronto decoraron los postes que los esclavos levantaban.

En el fondo de esta explosión de furia, los agentes de Beluun sonrieron para sí mismos tranquilamente, y se tocaron en la espalda por un bien hecho trabajo.

Los Saiyajin de la ciudad ya no se estaban riendo por el levantamiento; por cada cincuenta Humanos que ellos volaban al olvido, otros cien se alzaban tras ellos. Los Humanos estaban enojados y desesperados, con nada que perder; las tácticas usuales no estaban funcionando. Más perturbantemente, mezclados con los Humanos habían semi-Saiyajin, a pesar de los informes que los medias razas habían sido supuestamente eliminados; cada uno de ellos era más problemático que diez mil Humanos. Con Vegeta y la Élite quien sabe donde, ninguno de ellos tenía la habilidad o el poder de crear su propia luz de luna, y la venidera noche no ayudaría, porque la esperada luna nueva. Mientras que un disparo de las miserables armas de los Humanos era una trivialidad y cientos eran una molestia, mil eran un problema. Junto a los más mortales disparos de los semi-Saiyajin, y considerando que los Humanos de la ciudad superaban en número a sus conquistadores por varios millones... los Saiyajin bruscamente tuvieron muchos, muchos problemas con que lidiar.

Y lo que estaba sucediendo en Ciudad Vegeta... estaba sucediendo en todo el planeta.


En el Palacio de Vegeta, la batalla ya había terminado. Los resistencias estaban festejando en el Gran Salón mientras Yamcha y Bulma pasaban, sonriéndose uno a otro; habían tenido mínimas pérdidas, nada menos que un milagro. Todo lo que quedaba era tomar la habitación de control del Palacio, y la batalla estaría ganada.

Los primeros luchadores que habían entrado a la habitación, sin embardo, habían informado un hecho curioso: la habitación de control parecía estar desierta. La habían revisado en profundidad, pero ni siquiera un técnico estaba presente. Yamcha frunció el ceño, mirando alrededor, mientras Bulma se dirigía a la consola principal, revisando los instrumentos en un esfuerzo de dilucidar el misterio.

"El último artículo en el registro es simplemente una orden de evacuación," dijo, presionando teclas incluso mientras hablaba y leía el texto que aparecía en la pantalla; ella era una de los pocos entre la resistencia que podía leer el idioma Saiyajin. "No hay razón dada, nada. Y la orden de evacuar fue dada antes que nuestro ataque comenzara."

Yamcha frunció el ceño, y se acercó para ponerse de pie a la consola con ella, entrecerrando los ojos ante la extraña, cerrada escritura Saiyajin. "Eso no tiene ningún sentido," dijo. "Por qué habrían de haber hecho algo como eso, si---"

Se detuvo bruscamente, alzando la vista, mientras Bulma ingresó otro comando en la gran pantalla que se iluminó con una nueva imagen. En la pantalla ahora había un extraño diagrama, con un gran círculo en la esquina de abajo y un número de diminutos puntos en un fondo negro, con más escritura Saiyajin girando en las esquinas de la imagen. Por un momento miró fijamente a la pantalla, preguntándose qué eran el círculo y los puntos, y luego se dio cuenta que los puntos se estaban moviendo acercándose más al círculo cada segundo. Repentinamente sintiendo su corazón caer de repente en sus botas, entendió exactamente qué eran los puntos.

Bulma también. "Si no sabían que estábamos viniendo," terminó suavemente, su voz temblando con repentino miedo.

Uno de los otros resistencia se acercó para mirar fijamente a la pantalla, sin comprender, y Yamcha recuperó suficiente compostura para moverse y agarrar el hombro del hombre. "Dile a todos que se preparen para un contra ataque," dijo tajante.

"¿Eh? Pero---"

"¡Hazlo!" dijo bruscamente, y volvió a mirar a la pantalla, donde los puntos se acercaban más. El hombre tartamudeó un rápido "¡sí!" y se apresuró de nuevo hacia afuera para seguirlas órdenes, y sólo Bulma escuchó el siguiente comentario de Yamcha, dicho en un mero susurro.

"Creo que hemos calculado mal."


A pesar del caos en las ciudades y el nuevo peligro amenazando desde los cielos, sin embargo, sólo una batalla tenía verdadera relevancia mientras el día se acercaba a un final.

En las últimas tres horas, la geografía de los Cañones Shoyo había sido alterada drásticamente. Pilares de piedra que habían sobrevivido eones ahora yacían en pilas de escombro y polvo que se asentaban; nuevos abismos habían sido abiertos, más amplios y más profundos que las grietas originales, rozando al mismo magma de la Tierra misma. Grandes respiraderos de vapor y ocasionales chorros de lava se disparaban desde el suelo de estas nuevas grietas; tan pronto comenzaban a enfriarse y solidificarse, sin embargo, otra violenta concusión sacudió la tierra y abrió los respiraderos de nuevo. Los alguna vez llanos y apacibles cañones ahora estaban llenos de cráteres, haciendo la topografía más cercanamente parecida a algún paisaje alienígena que a uno de los más viejos hitos geográficos en el planeta. Los cañones nunca serían de nuevo los mismos.

Ahora esa geografía había sido alterada más mientras una tormenta de rojo sangre, brillante programación estrelló contra la tierra en un rastro que bisecó los cañones, destrozando más de los acantilados con el sonido de una pequeña guerra mundial. Su objetivo se disparó a lo largo del suelo, derrumbando los acantilados a una velocidad suicida, precipitándose de lado a lado y evitando cada explosión fácilmente. Girando en una ociosa espalda, la figura se volteó y levantó una mano; un brillante disco de energía giraba en existencia sobre ella. Con un grito, el disco fue arrojado al cielo, en la dirección de cual la lluvia de disparos estaba cayendo, y entonces con un parpadeo, la figura desapareció.

Vegeta se movió para evadir el disco, pero este lo siguió; se precipitó en unas aparentemente imposibles series de maniobras, haciendo instantáneos giros en ángulos rectos sin volverse más lento en bucles que enviarían una aeronave a girar salvajemente al suelo, y el disco imitó los movimientos perfectamente. Era más rápido que él; después de arriesgar una mirada hacia atrás y ver que estaba ganando velocidad, apretó sus dientes en un gruñido, y se volteó para enfrentarlo. Cortaba en rebanadas en su dirección ---y se detuvo, resplandeciendo y chillando como una sierra atascada zumbante, contra la bola de energía que él había creado para bloquearlo. Con un gruñido de esfuerzo, se giró, arrojando ambos la bola y el disco incrustados en el cielo. Volaron lejos, y él sonrió ---y luego se puso rígido, sus ojos ampliándose, demasiado tarde sintiendo la centelleante explosión de energía volando a su espalda. Se arremetió para un lado, pero el disparo lo siguió, cortando la hombrera de su armadura y quemando el brazo debajo con el ardiente calor de su paso. Enfurecido, giró, desapareciendo mientras se disparaba a través del espacio en el medio, y golpeaba a su oponente enviándola al suelo.

Shiatar aterrizó sobre un pilar con poco de su gracia usual, deteniéndose repentinamente en lo alto y sólo entonces enderezándose con puños apretados, girando su cabeza ausentemente para escupir sangre sobre un lado del acantilado. Su respiración era dura, pero controlada; sacudió sus manos mientras una gotita de sudor ---o tal vez sangre--- caía de su frente y hacía su camino hacia su ojo. Estaba golpeada por todas partes, la mitad de su cuerpo entumecido por los golpes de su oponente, la otra mitad ardiendo por los arañazos que había recibido después de ser estrellada a través de cincuenta metros de piedra... pero sonrió mientras Vegeta se acomodaba en el acantilado opuesto. Su oponente parecía un poco mejor que ella misma, pero ambos sabían la verdad. Ninguno de ellos estaba en algún lugar cerca de terminar, y de hecho, a pesar de sus heridas, Shiatar nunca se había sentido mejor en su vida.

Pero estaba preocupada. Se frotó su adolorida mandíbula y se concentró en él, notando clínicamente que aunque la armadura de Vegeta estaba rajada y rota como la suya propia y su rostro y cuerpo estaba igualmente ensangrentado, su aura no había disminuido ni una pizca durante sus horas de combate. Sus propios niveles de energía estaban bien, pero los de él... Es como que ni siquiera ha estado luchando, pensó incómoda. Cómo que ni siquiera está siendo serio. Intentó de nuevo obtener una mejor medida de él con sus sentidos, pero no servía de nada. Era demasiado bueno en controlar su poder.

Vegeta se enderezó lentamente. El Príncipe había finalmente removido su ondeante capa blanca tal vez a media hora dentro de su conflicto; al menos parecía estar tomando la contienda seriamente. Se limpió labio lastimado con la parte de atrás de una de sus manos enguantadas, y le sonrió.

"Debo elogiarte," dijo, frotando sus enrojecidos hombros. "Me has dado uno de los mejores calentamientos que he tenido en años."

¿Calentamiento? Se sintió enrojecer ante el insinuado insulto. "Apunto complacer," murmuró enfurecida. Le angostó sus ojos; su casual comentario había confirmado sus miedos. Entonces tal vez una prueba: "Tendrías quizá uno incluso mejor si dejaras de echarte hacia atrás."

Sus cejas se levantaron, y su sonrisa se amplió. "Muy bien," acentuó. "Eres más perceptiva de lo que pensé. Pero no estoy listo para que nuestra contienda termine aún. Creo que seguiré echándome hacia atrás por un tiempo."

Ella juntó sus labios en un gruñido de furia. Engreído hijo-de-puta... "¿Incluso a pesar que la resistencia tu acogedor cómodo pequeño principado mientras hablamos?"

Vegeta se encogió de hombros. "Me estaba aburriendo de él de todas maneras. Me gusta este planeta, por supuesto, pero sólo podría entretenerme por demasiado tiempo; pronto tendré mucho más que un 'pequeño principado' en que preocuparme." Bajó la vista a uno de sus guantes, ya no más blancos bajo su cobertura de mugre y sudor y sangre, y casualmente lo ajustó un poco más sobre su puño. "Además, ¿realmente pensaste que no anticipé la decisión de tu gente de atacar?"

Shiatar se puso rígida, sintiendo una repentina premonición moviéndose a través de ella. "¿Qué quieres decir?" demandó.

Él la miró de reojo, escuchando el miedo en su voz. "He estado planeando este juego con tu muy aclamada Líder por años ahora. Ella es muy buena; admitiré que fue atrapado por sorpresa dos años atrás por la ferocidad de tu rebelión. Pero ella mostró su mano en esa batalla, y la conozco ahora. Sé que viniste aquí hoy, no para salvar la Célula del Este, sino para robar tiempo. Me divierte obligarte. Esta es la única razón por la que todavía estás viva." Cruzó sus brazos. "Es suficiente decir que tú y tus amigos han sido puestos en una situación de no ganar. No serás capaz de derrotarme." Sonrió, lenta y fríamente. "Y tus amigos no sobrevivirán la venidera batalla."

Lo miró fijamente, sintiendo como si su estómago se hubiera contraído a un nudo del tamaño de un puño en su vientre. Si lo que estaba diciendo era la verdad, quería decir que había jugado junto en las manos de Vegeta.

Más que eso. Cerró sus ojos, sus puños apretados. Bulma y los demás estaban en peligro también. Shiatar no tenía idea de la naturaleza de la trampa que Vegeta pudo haber puesto para la resistencia, pero podía estar segura de una cosa ---él no estaba mintiendo. Él nunca mentía para salvarse, cuando el juego era de él.

Los ojos de ella se abrieron, y miró a su sonriente rostro, sintiendo una ola de furia y odio tan intensa que sacudió todo su cuerpo. "Bastardo," escupió. "Esto es sólo entretenimiento para ti. ¿No sabes ---no puedes sentir lo que está pasando? Gente está muriendo, ¡maldita sea! ¡La tuya incluida!"

Se encogió de hombros. "Cualquier Saiyajin lo débil suficiente para morir en las manos de esclavos y fugitivos merece su destino. Y no me importa el resto." Sus ojos se angostaron, su sonrisa desvaneciéndose. "El fuerte vive. El débil muere. ¿Qué diferencia hace si elijo enviar a los débiles a sus tumbas en una manera que me divierte? Ellos ---y tú--- morirán no obstante."

La sangre de Shiatar se volvió ardiente... luego fría como el hielo, mientras bajaba la vista a sus manos, temblando e impotentes ante ella. Vegeta era un monstruo. Siempre lo había sabido en algún nivel, pero estar confrontada con eso tan descaradamente... escucharlo descartar los millones de Humanos, semi-Saiyajin, e incluso Saiyajin que estaban luchando y muriendo en este día como meros peones en su juego... escucharlo condenar a sus amigos a la muerte con tal crueldad después de que habían luchado y trabajado para vencer... Él destruiría la resistencia, y aplastaría el espíritu de la gente de la Tierra más allá de la redención, y disfrutaría haciéndolo.

No podía permitirlo. No lo haría. Levantó sus manos, y las apretó.

Todo lo que estaba de pie entre él y su victoria... era ella.

El poder vino instantáneamente a su orden, explotando desde el reactor dentro de su alma, saliendo desde y a través de su pecho ---sus piernas--- su garganta mientras arrojaba su cabeza hacia atrás y gritó ---su aura ardía de nuevo, brillando con un fuego que empequeñecía su poder anterior como el sol empequeñecía a una vela. Y a través de sus manos, apretadas en puños tan fuertes que sentía sus uñas hundiéndose en sus palmas y sacando sangre. A distancia estuvo consciente del movimiento de Vegeta mientras él daba un involuntario paso hacia atrás, sus cejas levantadas en sorpresa; la mente de ella estaba centrada y encerrada en el aura de él. Bajó su cabeza, y fijó sus ojos que brillaron blancos en furia, hacia él. Ahora... ¡AHORA!

Disparándose del acantilado con fuerza suficiente para hacer volar el pilar en millones de fragmentos de piedra, se disparó hacia él, y antes que él pudiera esquivar o bloquear o incluso reaccionar, su puño estaba enterrado hasta la muñeca en su abdomen.

Sus ojos se ampliaron con shock, un fino hilo de sangre rociándose de sus labios; ella gruñó y liberó su mano, girándose para patearlo a un lado de su cabeza. Como piedra, voló hacia el cañón, su cuerpo disparándose de pared tras pared de piedra; ella se desvaneció y se encontró con él antes que pudiera colisionar a través de otra y lo golpeó de nuevo dejándolo en el aire, disparándose para seguirlo. Él voló inmóvil, su espalda arqueada por su último golpe; ella incrustó sus puños en su desprotegido rostro, pecho, y estómago una y otra vez. El aire sonaba con poder mientras su aura crecía aún más en respuesta a su creciente furia. Ella estaba gritando incoherentemente mientras le daba una paliza, su mente consumida con nada más que una salvaje necesidad de luchar y desgarrar y matar.

Lo lastimaría por todo el dolor que le había causado a ella y a la gente por la que se preocupaba. Esto por el día que había sido regalada a Radditz: agarró sus hombros y condujo su rodilla a su pecho, una y otra vez, gozando la manera en que sus costillas se curvaban y rompían bajo sus golpes. Esto por los miembros de su célula que había asesinado dos años atrás: incrustó sus puños en su rostro. Uno izquierdo al ojo por Jadra, uno derecho en la mandíbula por Niku, un puño lleno en los dientes por Khin... y una patada a dos piernas en el estómago por todos ellos. Esto por los semi-Saiyajin, que Vegete había cazado y exterminado al borde de la extinción: lo agarró antes que pudiera golpear con la tierra y lo encontró con ambos puños, enviándolos a la parte baja de su espalda. Esto por el día que lo había desafiado, y él había jugado con ella por horas antes de molestarse en entregar el último golpe: lo siguió hasta agarrar sus tobillos, girando alrededor para enviarlo al suelo, cuando hizo un cráter con la extendida forma de Vegeta. Y esto... sólo por ser una bastarda rata hija de puta. Bajó con ambos pies en su espalda para conducirlo a la tierra, enviando golpes radiando fuera del impacto del lugar por millas.

Volvió al cielo, su aura brillando a su alrededor como un fénix en llamas, juntando sus manos en las muñecas mientras volaba. Krillin le había enseñado esa manera; gritó para centrar su mente mientras convocaba todo su ki en sus brazos, canalizándolo a través de sus dedos y juntándolo en sus palmas, dándole forma en una brillante esfera de energía blanca que hacía remolinos mientras crecía, quemando el mismo aire con su poder. Se detuvo justo mientras alcanzaba la capa de nubes, volteándose para centrarse en su blanco en la manera que Ten Shin Han le había enseñado; él no se arrastraría fuera del camino de esto. Pero Vegeta yacía donde ella lo había dejado, inconsciente en tanto como podía decir; a ella no le importaba un carajo. Sus juegos terminarían.

Ahora.

"¡¡HAA!!" Gritó mientras dejaba salir el poder; se disparó de sus manos en un haz de luz más grande que su propio cuerpo, su esfera principal disparándose como un cometa hacia el suelo. Muya bajo, los ojos de Vegeta se abrieron ampliamente ---pero era demasiado tarde. La explosión golpeó.

La resultante explosión se hinchó en una burbuja blanca de ardiente poder que engullía los cañones y se mantenía creciendo, devorando un círculo de tierra que se propagaba tanto como su ojo podía ver. Justo mientras la burbuja alcanzaba una aparentemente imposible circunferencia, reventó, el poder soplando toneladas de escombros en el cielo y alejando las nubes de los terrenos baldíos en una giratoria ola de choque. En la distancia, las montañas que bordeaban el terreno baldío temblaban, se agrietaban, y se derrumbaban lentamente en polvo.

Su rostro infernalmente iluminado desde abajo en severos planos y sombras de radiante brillo, su cabello dorado flotando en una nube arriba de su cabeza, Ko Shiatar miró hacia abajo al pequeño Armagedón que había creado, y sonrió.


La gente decía que Ten Shin Han veía la verdad. Eso no era exactamente cierto.

Miró hacia atrás a la fila de luchadores resistencia siguiéndolo. Los pasillos del Centro de Detención estaban débilmente iluminados y eran como un laberinto, y todos se veían iguales; este era una de las muchas defensas de las instalaciones. Los Centros de Detención habían sido construidos para prevenir que los reclusos escapasen, pero los pasillos también ayudaban a mantener a los intrusos de entrar. No había mapas; el personal en los CDs tenían que memorizar el patrón de los pasillos, y desgracia a uno que se olvidase.

Pero su fuerza de golpe no necesitaba mapas; tenían a Ten Shin Han. Él los había guiado a un enérgico ritmo en sus largas piernas, girando en docenas de esquinas que se veían exactamente iguales y encontrando la manera sin un momento de duda. Los otros sólo veían oscuridad y metro tras metro de interminables salones; él veía un mundo de colores, interminables y variados. Incluso las cosas muertas de las paredes, aquí, tenían color; apagados grises y débiles negros que parecían brillar oscuramente. Cuando miró hacia atrás a sus compañeros, los colores destellaron a magnificencia; los colores de los Humanos eran una rica paleta de pasteles, fluyendo junto con líneas de fuerza que sus cuerpos generaban. Los colores de los semi-Saiyajin eran más oscuros, pero no menos variados o brillantes; sus líneas de fuerza fluían mucho más allá de sus pieles, formando una amplia aura alrededor de ellos. No había palabras, realmente, para explicar lo que él veía. Él simplemente veía, como había visto toda su vida, en un mundo que nadie más podía compartir. A veces le molestaba, que sus amigos no pudieran ver lo que él veía. Pero la mayoría de las veces, no le molestaba. Cada uno tenía algo que lo hacía especial.

Ahora se orientó en una mezcla de colores lejos al borde de su visión, profunda en el corazón de lo complejo. Podía verlos a través de las paredes, todos juntos: las pobres almas que habían sido encarceladas en este infernal lugar. Durante su búsqueda a través de las instalaciones, habían encontrado vistas que los habían dejado helados completamente: habitaciones con fila sobre fila de mesas de operaciones, con gruesas correas de cuero y metal adjuntas, cada una equipada con un brazo robótico terminando en varios utensilios ---cuchillos, sondas, tornos. Habitaciones donde rejas de metal cubrían el suelo, y púas cubrían las paredes. Otras habitaciones, más aterradoras. Ten quería liberar a la gente atrapada en un lugar como este. Su existencia sólo podía ser nada más menos que una pesadilla.

Estaban cerca; angostó sus tres ojos mientras la colección de colores se hacía más clara, y aminoró el paso.

Los colores detrás de él parpadearon mientras Krillin se adelantó; Ten sonrió. A pesar de lo mucho que Krillin estaba molesto de su pequeña estatura, estaría complacido de saber que su propia aura era más grande que esas de muchos de los semi-Saiyajin alrededor de ellos. Tal vez le diría a Krillin sobre eso algún día. Por ahora, asintió al hombre más pequeño en reconocimiento.

"¿Por qué aminoraste el paso?" Krillin preguntó, manteniendo su voz baja aunque no habían visto a ningún guardia desde la breve riña en la entrada. Era la atmósfera del lugar que demandaba tal silencio, como una tumba; ninguno de su grupo había hablado mucho desde que entraron.

Ten Shin Han no dijo nada por un largo momento, observando los colores ambientales mientras se acercaban. Podía estar equivocado... pero sus compañeros merecían saber de sus recelos. "Algo... no está bien," dijo suavemente, al final.

"¿Qué sucede?"

Los colores eran extraños, erróneos... pero su compañero no podía verlos. "No puedo explicarlo," dijo. "Pero dile a los demás que tengan cuidado."

Krillin se quedó en silencio en consternación, luego se volteó para transmitir el mensaje. Ten Shin Han giró otra esquina... y estaban allí.

El pasillo se abrió repentinamente en una gran cámara octagonal, de techo alto e iluminada solamente por la brillante consola circular en su centro. Inmediatamente la fuerza de golpe se abanicó en una formación defensiva, asegurando todas las esquinas de la habitación, pero parecía apenas necesario. Mientras con el resto del Centro de Detención, el lugar parecía casi desprotegido; no había guardias, alarmas, resistencias. Nada en lo absoluto.

Lo que tal vez preocupaba a Ten Shin Han más que cualquier cosa.

Uno de los semi-Saiyajin, un aprendiz de Beluun si Ten recordaba correctamente, miró desde la mini computadora que había enganchando inmediatamente en la consola mientras entraron, y les sonrió, destellando una señal con los pulgares en alto. "Es esto, Ten Shin Han-san. Nos has guiado justo al lugar. Los prisioneros están todos ubicados en celdas contiguo a esta habitación; las paredes deberían abrirse si sólo puedo encontrar... el comando correcto..." Se detuvo, frunciendo el ceño en concentración mientras presionaba las teclas en la mini computadora, luego sonrió. "Ah. Lo tengo."

Hubo un hidráulico siseo mientras maquinaria escondida comenzaba a funcionar, y la cámara repentinamente fue inundada con una brillante luz mientras las paredes comenzaban a levantarse, deslizándose hacia arriba lentamente hasta que estuvieron abiertas completamente. Ten Shin Han levantó una mano para cubrir sus sensibles ojos contra el repentino retorno de un nivel normal de luz, luego la bajó lentamente mientras se ajustaban.

Y jadeó. Por ahora que las puertas se habían abierto y podía ver los detalles de colores claramente, enviaron un filo de frió hielo justo a su corazón.

Se tambaleó hacia atrás, inconscientemente levantando su mano de nuevo para proteger sus ojos, aunque esta vez no era la luz la que los lastimaba. Eran los colores ---¡Los colores! Son erróneos...

Krillin dio vueltas ante el grito de su compañero, volando hacia él. "¡Ten Shin Han! ¡Qué sucede!"

Y entonces ambos se voltearon, sobresaltados, mientras uno de los resistencia jadeó. Temblaron. Bajaron la vista al extraño objeto que se había materializado repentinamente en el medio de su pecho. El objeto desapareció de nuevo igual de repentinamente, dejando un enorme, ensangrentado agujero ---y se cayó hacia adelante lentamente, sus ojos mirando fijamente y amplios. Ten Shin Han arrebató sus ojos lejos a los oscuros colores del hombre, luego se oscurecieron.

Pero no podía ver la pantalla fuera de los terribles colores enturbiando la abierta cámara ahora. Cuando una persona mentía, hacía una fuerte, fea mancha que se quedaba de pie plana como el día en medio de su aura; Ten no podía evitar sino ver tal fealdad, ofendía a su ojo. La misma fealdad era incluso más grande cuando llevaba su vista a alguien cuyo corazón era maligno, o cuya mente era retorcida en alguna manera.

La fealdad derramándose de las cámaras justo ahora era más de lo que incluso había visto en su vida, concentrada y abrumadora como un gran, grotesco tumor, pulsante y espantoso. Se volteó de él y encontró que estaba a los lados, viniendo todos a la vez de las siete paredes de la cámara. Para su horror, vio tenuemente a pesar de su vista normal que las ocho paredes, por la que habían entrado, se había cerrado repentinamente, encerrándolos. Y los prisioneros estaban saliendo de sus cámaras.


El viento sopló en un solitario aullido a través de los baldíos mientras Shiatar caminaba lentamente a través del suelo del gigante cráter, polvo levantándose con sus pasos mientras caminaba. Incluso las tierras de eones de años habían sido pulverizadas. No quedaba nada, ahora, de los cañones; tal vez, eventualmente, los ríos inundarían este cráter y formarían un lago. Tal vez no. No importaba.

Llegando al centro del cráter, se detuvo, y bajó la vista. El polvo desparramado en los estriados patrones de este lugar; era definitivamente donde Vegeta había yacido mientras su explosión lo había golpeado. Y sin embargo no había nada aquí.

¿Lo había desintegrado? No. Todavía podía sentir su ki.

Detrás de ella.

No se giró mientras escuchaba sus pies tocar el suelo, aunque sí levantó su cabeza. Él estaba en silencio detrás de ella, quieto: sólo el viento que soplaba entre ellos, volando su cabello hacia adelante pasando su rostro, levantando un maldito polvo a un lado que se movía hacia el suelo, de manera indefensa.

"Casi," dijo al final, su voz baja y suave. Enojado. "Casi."

Chikusho.

"Me hubiera lastimado demasiado si me golpeaba," continuó. "Tal vez incluso me hubiera matado. Te subestimé. No estaba preparado para esa clase de poder, particularmente cuando no has mostrado tal fuerza antes. Eres mucho más fuerte de lo que anticipé."

Se volteó. Él estaba de pie ileso detrás de ella, su propio cabello volaba hacia adelante en el viento, sus ojos angostados en líneas. Ella apretó su mandíbula.

"¿Fallé?"

Él asintió. "Me subestimaste también."

Tenía razón. Kuso. Apretó sus puños en frustración.

"Lo has hecho bien hasta ahora. Disfruta to pequeño éxito ahora. No tendrás otra oportunidad."

Angostó sus ojos, sintiendo su ki incrementar. "Sólo tendré que asegurarme de no fallar la próxima vez."

"No habrá 'próxima vez'." Él apretó sus puños a los lados, y un aura como rojo sangre tal como acero fundido bordeó su cuerpo, rajando el ya torturado suelo bajo sus pies. Se agachó, sus labios yéndose hacia atrás de sus dientes en un feroz, silencioso gruñido, y siseó, "Me cansé de este juego."

Se arremetió, y Shiatar estaba lista. Se encontraron en un intercambio tan rápido y poderoso que un observador hubiera visto sólo un destello de luz; volando lejos, se disparaban de nuevo hacia el otro, casi saltando, y el aire se desdibujaba entre ellos mientras sus manos y pies colisionaban. E inmediatamente Shiatar se dio cuenta que estaba en problemas.

Giró para enviar una devastadora patada a su cabeza, y falló; casi demasiado tarde logró levantar sus brazos a tiempo para bloquear su salvaje contra ataque, un puño seguido de un pie seguido de un codo. Gruñó mientras atrapaba su rodilla, sólo para girar hacia atrás mientras la frente de él golpeaba con la de ella lo duro suficiente como para hacerla ver estrellas por un momento. Era sólo por instinto que ella esquivaba la mano que cortaba a través del aire donde su garganta había estado, y cuando su cabeza se aclaró jadeó, arrojándose hacia atrás y sintiendo su pie fragmentar unos pocos cabellos. Y seguía viniendo.

¡Shimatta! Cada vez que pensaba que había tenido una idea del poder de él, lo incrementaba con ella; sus golpes venían tan rápidos y tan salvajemente ahora que todo lo que podía hacer era protegerse. Estaba gruñendo en creciente ira, su aura una azotadora, mortal llama que explotaba alrededor de él de nuevo, su poder y velocidad incrementándose rápidamente. Ni siquiera podía atacar; toda su concentración estaba devota en mantener sus puños de aterrizar. Bloqueó un golpe que había dejado su brazo entumecido, pero no tuvo otra opción más que mantenerse bloqueando; tan duro como estaba golpeando justo ahora, sólo uno de sus golpes pudo hacer más daño del que ella se atrevió a tomar justo ahora... Y ella estaba a su máximo poder. ¿Cuán fuerte es él?

Él presionó el ataque y, desesperadamente llamando a sus reservas de fuerzas y habilidad ella no se dio cuenta que lo había mantenido en la había, inconsciente que se habían elevado en lo que quedaba de las nubes, haciendo jirones estos restos con las concusiones de su batalla. Su vista se había angostado para rodearlo sólo a él, y sus sentidos se habían centrado sólo en bloquear y esquivar, girar y arremeterse, girar y contrarrestar. Su mente estaba corriendo; sólo por anticipar sus golpes podía encontrarlos. Sólo por leer cada movimiento de él podía sobrevivir. No puedo mantener esto---

Pero entonces, todo cambió. Vegeta se volteó, enviando un puño hacia su abdomen. Era un fuerte, y lo sabía; su cuerpo ya estaba girando para entregar una furiosa patada a su cabeza. En un instante, su mente evaluó la amenaza --la patada tenía el lleno, mortal poder de su cuerpo detrás de ella; el golpe era poderoso, pero no para matarla. Tenía que evitar esa pata a cualquier costo, incluso si eso quería decir tomar el menor de los dos golpes. Su cuerpo ya estaba moviéndose en el mismo instante que su mente decidió: un giro al lado y---

No se dio cuenta lo que había hecho al principio. Sus ojos encontraron los de él; él estaba tan sorprendido como ella. Bajó la vista, sobresaltada, para ver su puño, atrapado en su mano, a centímetros de su cuerpo. Y entonces su pie golpeó a un lado de su cabeza y su visión se volvió oscura de una vez.

Llegó a sólo unos pocos metros de estrellarse en la tierra, y con un supremo esfuerzo logró reunir suficiente concentración para girarse en el aire, levantándose al último instante de pasar casi rozando por el suelo. Aún grogui, bajó la vista y se preguntó por un momento por qué su sombra se veía tan extraña ---y luego las apretadas manos de él golpearon contra su espalda, enviándola al suelo que con tanto esfuerzo había tratado de evitar.

Sólo estaba tenuemente consciente de las rocas hundiéndose en su carne y la gravilla en su boca mientras se resbalaba a través de la tierra, desgarrando una enorme cicatriz en la dura piedra; el dolor de su golpe había borrado casi cualquier otra cosa. Ni siquiera vio el siguiente; algo pesado y puntudo ---probablemente su pie--- golpeando a su lado y arrojándola al aire de nuevo, lanzándola hacia las distantes montañas. Antes que pudiera llegar tan lejos, sin embargo, algo atrapó su pierna y, con una dolorosa llave, la azotó al suelo de nuevo, de cabeza esta vez. Chocó contra la tierra y yació allí de espaldas, jadeando por respirar y luchando para mantenerse consciente.

En algún nivel, podía sentir el ki de Vegeta moviéndose hacia el de ella, escuchar el sonido de sus pasos mientras caminaba hacia el cráter. En ese mismo nivel, estaba apenas consciente de que probablemente estaba apunto de morir; con cualquier cosa que la golpease ahora mismo, era altamente improbable que pudiera ser capaz de levantar un dedo para bloquearlo, y tanto como estaba lastimada, era todo lo que podía hacer para mantenerse en Super Saiyajin. Pero incluso ese poder no podía ayudarla cuando estaba tan débil y mareada para moverse. Estaba penosa, dolorosamente, vulnerable.

La pequeña parte de su mente que todavía estaba funcionando estaba encerrada en un furioso círculo: ¿en qué demonios había estado pensando? Qué diablos la había poseído para bloquear su golpe cuando ella había sabido ---¡sabido!--- malditamente bien que era su verdadero ataque, la patada, de la que ella debería haber tenido cuidado... Se hundió en un doloroso respiro y logró gemir, apropiadamente. Voy a morir... por hacer uno de los movimientos más estúpidos que haya hecho alguna vez en toda mi vida desde que era una niña medio entrenada...

Los pasos se detuvieron cerca de su cabeza, y obligó a sus párpados a concentrarse, borrosamente, en su oponente. Vegeta estaba de pie sobre ella, sacudiendo su cabeza en asombro. "Tal vez te subestimé después de todo," dijo, su voz sonando en sus oídos. "No veo cómo sobreviviste alguna vez la arena, si cometiste errores como ese. Pero no importa; esto termina más pronto de lo que esperaba, pero termina no obstante." Levantó una mano hacia ella, y ella sintió más que ver la filosa enorme energía mientras su formidable ki comenzaba a reunirse, juntándose en su palma; el aire se volvía más cálido mientras el reunido poder lo calentaba, y su piel comenzaba a pinchar mientras la mera intensidad de la bola de fuerza que él estaba convocando la hacía sentir vergüenza interiormente.

No... Llegué tan cerca... Tanta gente cuenta conmigo... No puedo dejar que esto suceda...

Pero a pesar de lo dispuesta que estaba su mente, su cuerpo no lo estaba. Apretó su mandíbula y luchó para moverse, disponiendo a sus muertas extremidades a levantarse, pero era demasiado mucho, demasiado pronto; nada sucedió. Todo lo que pudo hacer era alzar la vista a su calmado, frío rostro, y vociferar un gruñido de mezclado odio, furia, y frustración a través de sus dientes.

La bola dejó de crecer en su palma; Vegeta bajó la vista hacia ella. "Muere," dijo simplemente. Shiatar abrió su boca para gritar en impotente ira---

Una sombra parpadeó; el aire azotó alrededor repentinamente. Sobresaltado, Vegeta alzó la vista ---y dos pies golpearon en su rostro, enviándolo a volar lejos para chocar a través del labio del cráter, a través de los baldíos, y fuera de vista.

Manos la levantaron; ella parpadeó y logró concentrarse en un rostro, flotando ante su visión. Oscuro cabello, brillantes ojos negros, un cortado cabello pajoso... parpadeó de nuevo, y su cabeza comenzó a aclararse al final mientras se acomodaba para sentarse derecha.

Bardock.

Él le sonrió, apoyándola con una mano en su espalda. "Ko-san. Te has visto mejor."

Ella hizo un esfuerzo y levantó su mano, sus extremidades sintiéndose plomizas pero moviéndose, al fin. Puso sus dedos en su frente y quiso que el mundo dejara de girar. Sorprendentemente, lo hizo.

"Bardock," logró al final, alejándolo cuando pudo sentarse por sí sola. "¿Qué... Tú...?"

Él sacudió su cabeza lentamente, y alzó la vista en cambio, más allá de ella. Bruscamente ella estuvo consciente que estaba sentada en una sombra; alzó la vista a la mirada del niño. Y miró fijamente, preguntándose si estaba alucinando.

Él terminó de quitarse su capa y la arrojó al suelo, bajando sus manos y apretándolas en puños, luego se volteó para bajar la vista hacia ella; una esquina de su boca levantada en una engreída, lúgubre sonrisa.

"Ko," Kakarotto dijo. "Arreglaremos nuestro resultado para otro día. Por ahora, aléjate de mi camino." Se volteó, girándose para mirar en la dirección que Vegeta había sido arrojado; sus ojos angostados, un músculo en su mandíbula tensándose. Y su voz cayó, volviéndose mortal.

"Esta batalla es mía, ahora."