XX
Relatos nocturnos

Nueva Orleans, 16 de junio de 1961

Saori tenía buenos recuerdos de su viaje a Japón en mayo. Había jugado con Ikuko, dialogado largo y tendido con Reika, visitado varios lugares emblemáticos del país e incluso había hecho de celestina para que Ikuko congeniara con Kenji, el primogénito del señor Tsukino, el jefe del marido de Reika. También estaba agradecida que Violet no insistiera en acompañarla, porque sabía que era un asunto de ella y solamente de ella.

Hablando de la relación entre Saori y Violet, ésta había mejorado bastante, al punto que ya se podían considerar como una pareja formal. Lo único negativo de todo el asunto era que ellas debían ocultar sus sentimientos en público por miedo a que la homofobia imperante las castigara. Por supuesto, a Saori no le asustaban los homofóbicos, pues podía defenderse de ellos, pero Violet, pese a que tenía un poco más de carácter que antes, no era capaz de enfrentarse a ellos. Quizás era por eso que Saori le estaba enseñando a defenderse.

En cuanto a las demás, Scarlett siempre animaba a sus amigas a salir a algún local nocturno para compartir unos tragos y, quizá, conocer a alguien interesante. Casi siempre había alguien que se oponía a la idea (generalmente era Saori), pero finalmente, todas accedieron (y Saori aceptó solamente porque Violet se lo había pedido).

Si Scarlett tenía alguna virtud era que sabía elegir locales nocturnos. Se trataba de un lugar relativamente tranquilo, con música apacible, un menú amplio de comidas y tragos y, lo más importante, una pista de baile. Hay que decir que había varios niveles de entusiasmo con respecto a la perspectiva de bailar: Violet era la que lo hacía mejor, luego estaba Scarlett y Nicole. Sophie y Saori no estaban interesadas en ello, pero por lo menos Sophie sabía moverse, así que Saori era la única que no le gustaba ni sabía mover el esqueleto. Por supuesto que había dado grandes pasos en el ballet, pero dudaba que aquella fuese una danza apropiada para un local nocturno.

Mientras las demás chicas se preparaban para la reunión, Saori y Violet estaban en casa de esta última, dialogando sobre asuntos que nada tenían que ver con el evento, pero que no por eso eran menos importantes.

—Tú me preguntaste en Siberia si yo creía en las vidas pasadas —recordó Violet, quien había olvidado por completo que Saori le había dicho algo al respecto—. ¿Lo preguntaste por el sueño que tuviste?

—Bueno, es que no tengo idea si fue un sueño o una visión —dijo Saori, tratando de recordar una vez más los detalles de lo que había visto—. Había una mujer llamada Perséfone que se parecía mucho a ti.

Violet, por alguna razón, sintió cómo su corazón se apresuraba por latir.

—Pues en mi sueño había una mujer idéntica a ti que se llamaba Andrómeda. Y ella me llamaba Perséfone.

—Sí, y Perséfone me llamaba Andrómeda.

Saori y Violet se miraron, sabiendo que estaban pensando en la misma cosa. En el sueño, Andrómeda y Perséfone eran pareja, tal como lo eran Saori y Violet. Saori se preguntaba si ella era una especie de reencarnación de Andrómeda.

—¿Es por eso que me preguntaste si yo creía en vidas pasadas? ¿Acaso piensas que tú eres Andrómeda y yo Perséfone?

Saori asintió sin decir nada.

—¿Entonces, eso significa que nos hemos amado desde quién sabe cuánto tiempo? —quiso saber Violet, bastante ilusionada con la idea.

—No exageres —dijo Saori con un poco de brusquedad—. Quiero decir, eso no lo sabemos con certeza. Puede que Andrómeda sea un yo pasado, puede que no. Necesitamos más información.

—¡Vamos, Saori! —protestó Violet con una sonrisa—. ¿Por qué te cuesta tanto creer que hemos sido amantes desde hace cientos, quizás miles de años?

—Bueno, puede que ese sueño nos muestre el futuro —argumentó Saori razonablemente—, claro, si seguimos como estamos.

—¿Y quieres seguir siendo mi novia?

—Por supuesto, Violet. Me costó mucho trabajo aceptar que me gustas. No me gustaría saber que hice todo ese esfuerzo por nada.

—Me alegra saberlo —dijo Violet, acercándose a Saori y poniéndole una mano sobre su pecho—. ¿Sabes qué otra cosa me alegraría saber?

Saori, pese a que estaba acostumbrada a estar con Violet a solas, todavía le causaba un poco de incomodidad y nervios cada vez que Violet se acercaba a ella con el fin de besarla.

—¿Qué?

—Me alegraría saber si estás lista para lo que viene.

Saori se equivocó. De algún modo, supo que Violet ansiaba algo más que un simple beso en los labios, y aquello definitivamente la asustó. Llevaba solamente dos meses saliendo con Violet y no creía sabio apresurar las cosas, sobre todo porque Saori no tenía experiencia sexual en absoluto.

Sin embargo, como venía siendo costumbre, Violet sonrió con una expresión de entendimiento en su cara.

—Lo siento —dijo, alejándose un poco de Saori—. Es que tengo tantas ganas de estar contigo a solas que no pensé en que todavía tuvieras recelos. Bueno, a decir verdad, yo tampoco tengo experiencia. Nunca tuve la oportunidad con Elizabeth.

—¿No?

—Murió antes que pudiéramos hacerlo —dijo Violet, bajando la cabeza, y Saori la estrechó en sus brazos. Sin embargo, Violet no derramó lágrima alguna—. Pero no es por eso que deseo tanto eso contigo, Saori.

—¿Entonces por qué?

—Es por lo que me haces sentir —repuso Violet, separándose de Saori y mirando hacia la pared—. Sé que tienes tus defectos, pero ya te he dicho que gracias a ti he podido ser más fuerte. Además, hay algo en ti que me hace sentir curiosidad por tu cuerpo… me hace querer recorrerlo hasta aprendérmelo de memoria… me impele a fundirme contigo hasta que nadie pueda diferenciar entre tú y yo.

Saori no se dio cuenta que tenía una expresión vacante en su rostro, incapaz de siquiera imaginar por qué Violet sentiría esas cosas por ella. ¡Tenía un carácter de sargento, con un demonio! Violet sabía que a ella le era difícil ser romántica y que no se caracterizaba precisamente por su sutileza, pero aun así se expresaba como si estuviera realmente enamorada de ella. Y la palabra "amor" todavía le quedaba un poco grande. Al final, Saori salió con una respuesta un tanto brusca.

—Ves muchas películas románticas —dijo, contradiciendo flagrantemente lo que estaba sintiendo. Porque, muy en el fondo, Saori se sentía profundamente halagada por los sentimientos de Violet por ella.

—Bueno, ese es uno de mis defectos —admitió Violet—. Pero por lo menos solamente me expreso de ese modo con las personas que me gustan. Scarlett es así con medio mundo.

La tensión se aflojó de inmediato cuando ambas comenzaron a hablar de los desvaríos románticos de Scarlett, de cómo había tratado de salir con dos chicos a la vez (27), fracasando monumentalmente. Al final, tuvo que elegir a uno de ellos y al día siguiente llegó hablando de una noche para el recuerdo y de un montón de detalles sexuales que a Sophie le hizo hervir la sangre. Saori estaba sorprendida, porque Sophie no era una chica impulsiva y gruñona. Ese honor normalmente recaía en Nicole.

Y, hablando de Nicole, Saori tuvo que suprimir una exclamación cuando le preguntó sobre su jefe, William. Desconcertada, Saori la había llevado al taller donde trabajaba y, para su estupefacción, Nicole había hallado a William muy atractivo y le pidió a Saori de rodillas (figurativamente) que le arreglara una cita con él. Saori, que ya había conseguido algo similar en Japón, accedió, a sabiendas que él estaba colado por Sailor Grey. Tuvo que suprimir las ganas de reírse al imaginar cuál sería la reacción del pobre William si se enteraba que Nicole era Sailor Tourmaline.

Dos horas más tarde, las cinco chicas se habían reunido en el lugar elegido por Scarlett y bebían tragos ligeros para no terminar bajo la mesa. Saori era la experta en eso de beber y no se coartaba a la hora de pedir tragos más fuertes. Era temprano aún y la música sonaba solamente para ambientar.

—No sé por qué los chicos tardan en llegar —dijo Scarlett, quien movía los pies en señal de impaciencia.

—Relájate, Scarlett —le dijo Nicole, bebiendo comedidamente de su vaso—. Lo bueno siempre tarda en llegar.

—No tardó en llegarle algo bueno a Violet —comentó Scarlett, viendo cómo Saori y Violet se besaban como en las películas románticas—. Parece que Saori se acostumbró rápido a tener pareja.

—Es brusca, pero no tonta —dijo Nicole, quien estaba más concentrada en su trago—. Se puede ser suave y fuerte a la vez. Saori ya era fuerte, demasiado para mi gusto, pero por lo menos está aprendiendo a ser suave.

—¿Te parece eso suave? —observó Sophie, viendo cómo Saori apretaba la cintura de Violet y la jalaba bruscamente hacia ella—. Con toda la fuerza que tiene, me sorprende que no le esté triturando la columna a Violet.

—Lo es para los estándares de Saori —dijo Nicole, acabando con su trago—. Violet la cambió bastante, ¿no creen, chicas?

—Sigue teniendo ese carácter tan fuerte —dijo Scarlett, mirando recurrentemente hacia la puerta.

—Pero ella no sería Saori si no fuese por eso —dijo Sophie, mirando hacia otro lado para no ver a Saori y Violet—. No me gustaría que ella perdiese lo que la hace ser ella. En todo caso, es ese carácter lo que enloquece a Violet. Como diría Scarlett, los opuestos se atraen.

—Recién estabas criticando la forma de amar de Saori —dijo Scarlett mordazmente—. Bueno, supongo que Violet está al tanto de lo que implicar salir con alguien como Saori.

—No estaba criticando la forma de amar de Saori —repuso Sophie con desdén—. Es sólo que podría controlar mejor su fuerza.

—Pues yo no veo a Violet quejándose —observó Nicole, encogiéndose de hombros—. De hecho, creo que lo disfruta.

—Eso es porque Violet es masoquista —dijo Scarlett—. Siempre le ha gustado que la traten mal.

—Hay una diferencia entre ser brusca y ser bruta —replicó Sophie con exasperación—. Creo que la brusquedad de Saori hace que Violet se sienta segura a su lado. Se siente más fuerte y con confianza. ¿Acaso hay algo en todo eso que no le beneficie a Violet?

Pero Scarlett no hizo caso a las últimas palabras de Sophie, porque uno grupo de cuatro chicos había aparecido en el local y, a ojos de Scarlett, no lucían para nada mal.

—Perdón, pero voy a ir con esos chicos —dijo, e inmediatamente Nicole y Sophie protestaron.

—¿Y por qué no vienen ellos para acá? —dijo Nicole con indignación.

—Si ellos están interesados, vendrán. Si no, ¿para qué molestarse? —añadió Sophie, aunque sabía que estaba malgastando su aliento.

Y en efecto, como Sophie esperaba, Scarlett no les hizo caso y fue a la mesa de esos chicos, al tiempo que Saori y Violet habían dejado de estar tan aisladas de las demás. Saori miró en dirección a la mesa en la que los chicos bebían e, inmediatamente, un mal presentimiento la tomó por asalto. Violet notó que Saori lucía un poco preocupada, aunque no le preguntó nada. Se suponía que había acudido al local para pasarla bien.

—¿Sabes, Saori? Me alegra que Scarlett eligiera este lugar.

—¿Por qué?

—Porque este es un local inclusivo —repuso Violet con una sonrisa—. No permiten personas racistas o homofóbicas.

—Es raro que haya locales así —opinó Saori, quien todavía lucía preocupada por aquel mal presentimiento—. Yo tenía entendido que eso de la discriminación era algo así como una religión.

—Así es —dijo Sophie, quien volvió a mirar a Saori y Violet—. Pero, como pasa con toda religión, hay gente que se opone a esas creencias. No son muchos, pero pienso que esto va a estallar en cualquier momento.

—Ya no hallo la hora que eso suceda —añadió Nicole—. ¿Desde cuándo las personas de piel negra son menos que las de piel blanca?

—Yo tengo una colega afroamericana en el taller —acotó Saori, recordando a esa mujer a la que nada parecía quedarle grande—. Ella me ayudó mucho a ser mejor en mi trabajo. Es bastante amigable para ser alguien que podría cargar una mula sobre su espalda.

La conversación giró sobre la discriminación que existía en esos tiempos, de cómo los afroamericanos trataban de hacerse un lugar en un país dominado por los blancos, de aquel tozudo conservadurismo que impedía a personas como Saori y Violet expresarse libremente y, especialmente, del rol de la mujer en la sociedad. Pese a que había avances al respecto, todavía había mucho trabajo por hacer. El ejemplo más patente de aquello era la misma presencia de las Sailor Senshi. A Saori le molestaba que la gente la catalogara de puta por vestirse con falda corta, y las demás compartían ese pensamiento. Y, pese a que ninguna había elegido el uniforme, también pensaban que los hombres debían aprender a no juzgar a una mujer por su atuendo.

—He visto posters de nosotras en varios lugares —dijo Nicole, aunque no sabía si reírse o molestarse—. Bueno, atrás quedaron esos días en que operábamos en secreto.

—Saori lo cambió todo —añadió Sophie escuetamente, pero palideció un poco ante la mirada de ella—. Aunque no todo es malo.

—No nos hemos topado con enemigos realmente poderosos —dijo Nicole.

—¿Y ese monstruo que apareció el otro día? —intervino Saori, recordando al ser que casi mató a Darien.

—No nos has hablado de eso, Saori —dijo Sophie—. Aunque supongo que es entendible, después de todo lo que pasó entre nosotras.

—¿No? Pues bien, un sujeto encapuchado y con una guadaña atacó a mi madre hace unos dos meses atrás. Apenas pude con él.

Nicole y Sophie lucían estupefactas, a juzgar por las expresiones vacantes de sus rostros. Fue Sophie la que se recuperó primero de la impresión.

—¿Era la Muerte?

—Lucía como él, al menos —dijo Saori, insegura de si en realidad era la Muerte o alguna creación artificial.

—Pero… pero la Muerte es sólo un mito ridículo —opinó Nicole, quien no era para nada supersticiosa (28).

—Concuerdo con Nicole —añadió Sophie en un tono un tanto monocorde—. Yo creo que alguien creó a ese… ser, o lo que sea.

—¿Pero quién? —inquirió Violet, mirando a Sophie con ojos inquisitivos—. Porque dudo que exista la tecnología para crear un ser vivo.

—Yo creo que deberíamos investigar más a fondo —sugirió Saori, y las demás mostraron su aprobación, algo sin precedentes desde que Saori se unió a las demás Sailor Senshi—. Si casi mata a mis padres, hay que saber de dónde proviene y si hay más como él.

Todas volvieron a asentir y, a partir de ese momento, la conversación discurrió por terrenos más triviales, como por ejemplo, el papelón que estaba haciendo Scarlett junto a esos cuatro chicos. Saori seguía preocupada por ese mal presentimiento, pero compartió con las demás de todos modos. Le causaba especial gracia cuando Nicole narró la historia de cómo Scarlett se había convertido en pintora. La historia implicaba un desnudo artístico, algo de sexo apasionado y una gran motivación por pintar a causa de ambas cosas.

—Claro que Scarlett es un poco más sensata y amplió su repertorio —dijo Nicole con una sonrisa de reminiscencia—. Es buena para los retratos, pero le dio por pintar paisajes.

—Son bastante irreales —opinó Sophie, quien no era muy fanática de la pintura—. Aunque claro, reflejan los sentimientos de Scarlett.

—Pero sus paisajes son conmovedores —dijo Violet, mirando con un poco de desdén a Sophie—. Al menos Scarlett es honesta con lo que siente.

—A veces demasiado honesta —añadió Sophie, como queriendo que Violet no la escuchara.

La música cambió de improviso. Aquella era la señal para salir a la pista de baile. Violet, como era predecible, tomó a Saori de la mano y la llevó a la pista. Sophie miró con las cejas arqueadas cómo Violet parecía tomar las riendas de la situación, pues lo normal era que Saori tomara la iniciativa. Sin embargo, sabía que Saori era un cero a la izquierda en el baile tradicional y era natural que Violet (quien dominaba muchos bailes) pasara a adoptar un rol más activo en la relación.

—¿Quieres beber algo conmigo? —dijo una voz grave y profunda que provenía desde un punto a la derecha de Sophie. Ella rodó los ojos.

—Pues lo que sea que vas a beber, puedes hacerlo solo —espetó Sophie con toda la educación que pudo reunir. La mala suerte quiso que ella encarara a quien le había hablado e inmediatamente perdió el aire de sus pulmones. Nicole, quien estaba esperando a alguien, casi se ahogó tratando de contener la risa al ver que Sophie, la mujer que no creía en el amor romántico, estaba más colorada que un rabanito con insolación.

—¿Dijiste algo? —preguntó el hombre cortésmente, haciendo caso omiso del feo corte que le había dado Sophie, pero ella solamente trató de recuperar el aliento, por lo que el chico continuó—. Bueno, si cambias de parecer, estaré esperándote en la barra.

La pobre Sophie no sabía qué puñetera cosa hacer. Ignoró por completo los consejos de Nicole, creyendo que no le iban a servir para nada. La única persona que podía ayudarla estaba ocupada con cuatro chicos, luciendo bastante divertida y a gusto. ¿Cómo demonios podía Scarlett manejar una atracción sin sentirse desesperadamente confundida? Porque así se sentía Sophie, confundida, dividida entre su escepticismo y la atracción que la tenía mirando como obsesa a ese chico tan agraciado.

Mientras tanto, en la pista de baile, Saori y Violet bailaban muy pegadas la una con la otra, frente contra frente, rozándose las narices. Saori ya se había aprendido los pasos y apretaba la cintura de Violet con fuerza, pero no como para partirla por la mitad. Violet, por otro lado, sabía que si seguía así, terminaría en la cama con Saori. Pero eso es lo que quiero. El problema es si Saori quiere.

—Oye, Saori —dijo Violet, elevando la voz para hacerse oír entre el barullo—. ¿Has pensado sobre lo que hablamos en mi casa? ¿Eso de tener algo más íntimo?

Pero Saori no dijo nada. Era más, parecía que no estaba poniendo atención a nada de lo que decía Violet. Solamente se limitaba a mirarla a los ojos, sin besarla, pero con la intención a flor de piel. Por supuesto, hace dos meses atrás, Saori ni siquiera habría pensado en hacer lo que estaba haciendo en ese momento. Estar con Violet le había hecho entender que ser romántica no significaba ser empalagosa y cursi. Significaba ser atenta con las necesidades de su pareja, hacerla sentirse amada y deseada y de estar con esa persona cuando más la necesitaba. Una vez que Saori hubo entendido eso, le fue más fácil aprender que los sentimientos no eran necesariamente debilidades.

Pero no sería hasta más tarde que Saori lo entendiera a la perfección.

—¿Saori? —volvió a insistir Violet, luciendo ligeramente decepcionada—. ¿Me escuchas?

Pero Saori no le hizo caso. Estaba más ocupada recordando lo que le había dicho Violet hace unas pocas horas atrás.

Además, hay algo en ti que me hace sentir curiosidad por tu cuerpo… me hace querer recorrerlo hasta aprendérmelo de memoria… me impele a fundirme contigo hasta que nadie pueda diferenciar entre tú y yo.

Saori no sabía que eran precisamente esas palabras la que le movían a actuar de ese modo con Violet. Necesitaba que ella supiera adivinar sus deseos mirándola a los ojos y no que dijera palabras que solamente servían para arruinar el momento.

Violet, por otro lado, trataba de entender por qué Saori no le hablaba, hasta que notó algo en el brillo de sus ojos que le dijo todo lo que necesitaba saber. Se maldijo para sus adentros por no haberse dado cuenta de lo obvias que eran las intenciones de Saori.

Está lista. Aunque no creí que lo estuviera tan pronto.

Violet se separó de Saori y tomó su mano. Saori, contenta porque al fin Violet había podido leer el mensaje que se escondía en sus ojos, la acompañó hacia la salida del local, dirigiéndose a la casa de Violet, donde nadie pudiera verlas o escucharlas.

Justo cuando ambas chicas atravesaron la puerta, un chico entró por ésta, mirando con estupefacción cómo una de sus mejores empleadas salía de la mano con otra chica. Por eso Saori nunca accedió a salir conmigo. ¡Le gustan las chicas! William no era un fanático de los homosexuales y la revelación de Saori como una mujer lesbiana hizo que tomara una decisión que Saori pronto iba a lamentar.


—Oh, Saori.

Violet abrazaba con fuerza a Saori, como empeñándose en que se fundiera con ella. Saori estaba encima de ella, besándola y acariciándola, sintiendo como si alguien más estuviera en control de su ser.

Sus ropas habían quedado tiradas sin orden ni concierto alrededor de la cama de Violet, mientras que ésta crujía con los movimientos que tenían lugar allí. Saori respiraba con dificultad, como ansiosa de continuar con aquel juego y Violet seguía con sus afanes de confundirse con su novia.

—No es tan malo como creí —farfulló Saori, mirando fijamente a los ojos de Violet—. Eres la primera persona que me ve desnuda.

—Yo no puedo decir lo mismo —repuso Violet, haciendo fuerza para que ella quedara encima de Saori y, aunque al principio Saori quería mantenerse como estaba, al final cedió y Violet obtuvo lo que quería—. Oh, Saori. Eres…

—Lo sé —dijo Saori, adivinando las palabras no dichas por Violet—. Ya me lo has dicho antes.

—Eso fue antes de esto —aclaró Violet, quien pasaba sus manos por lugares que antes no se había atrevido a acariciar—. Oh, tu piel es tan suave, Saori.

—No exageres, Violet —dijo Saori, tomando la cabeza de Violet con un poco de firmeza—. Tomo un baño todos los días.

—No arruines el momento, Saori. —Violet iba descendiendo lentamente por la geografía de Saori, usando su dedo índice para provocar cosquilleos en ella—. ¿Te molesta?

—Para nada —murmuró Saori, cerrando los ojos y temblando levemente cada vez que Violet le hacía cosquillas—. Me gusta la sensación… oh, Dios, ¿qué haces?

Violet acababa de hacer algo que hizo que la temperatura corporal de Saori se elevara. No sabía cómo describir el súbito calor que provenía de su interior, pero era una sensación decididamente deliciosa. Instintivamente, Saori se mordió el labio y agarró las sábanas con sus manos, jadeando como si estuviera corriendo por su vida.

—¿Me detengo?

—¿Estás bromeando, verdad? ¡Quiero más!

Y Saori recibió más de eso que le estaba dando Violet. Pronto, la sensación se hizo tan abrumadora que Saori pegó un grito que pudo haberse escuchado en Moscú. Jadeando violentamente y golpeando la cama para tratar de desahogarse, Saori tuvo que luchar para controlar nuevamente su respiración. Su cara estaba roja como una manzana y su piel brillaba a causa del sudor.

—¿Quieres probar? —invitó Violet, recostándose sobre la cama, provocando a Saori, tentándola a hacer algo nuevo.

—Es que… no sé si pueda hacerlo bien.

—Para serte sincera, yo tampoco sabía cómo hacerlo. Pero un buen libro de anatomía ayuda un poco.

Al final, Saori retomó lo que estaba haciendo antes que Violet tomara la iniciativa. Tratando de imitarla, Saori recorrió el cuerpo de Violet con toda la suavidad que pudo, aunque no pudo evitar dar unos pocos mordiscos juguetones que tuvieron el mismo efecto que los cosquilleos de Violet.

—¿Dónde aprendiste eso?

—Por ahí —respondió Saori misteriosamente, recordando la conversación que había tenido con su madre hace un mes atrás—. Pero estás arruinando el momento, Violet.

—Perdón.

Saori tuvo unos pocos problemas para desatar en Violet las mismas sensaciones que sintió hace minutos atrás pero, a base de ensayo y error (lo cual casi mató la pasión), Saori dio en el blanco y pronto Violet se vio atacada por oleadas cada vez más irresistibles de placer. Y, aunque Saori era más brusca de Violet, aquello sólo hizo que ella apretara con fuerza la cabeza de Saori y arqueara la espalda, gritando improperios que en cualquier otra circunstancia no diría ni por casualidad.

Para cuando ambas estuvieron lo suficientemente relajadas Saori se puso encima de Violet nuevamente y, mostrando una media sonrisa, besó a Violet, apretándose contra ella, ladeando la cabeza y acariciando sus cabellos con suavidad. Violet no podía estar más contenta cuando correspondió al acto de Saori y se aferró a ella casi con urgencia.

Y fue como Violet lo deseaba. En ese momento, Saori y Violet estaban tan unidas que un observador externo no podría discernir entre las dos. (29)


Nicole hace una hora que había abandonado la mesa en la que estaba sentada. Bailaba con William, quien apenas podía seguirle el ritmo. Sophie observaba a su amiga con una mirada desapasionada, aunque algo más intentaba inmiscuirse entre sus pensamientos.

¿Qué esperas? ¡Anda donde ese chico!

¿Para qué? Solamente voy a perder el tiempo.

¡Estás perdiendo el tiempo sentada aquí!

No quiero perder la cabeza por un hombre. ¡No soy esa clase de mujer!

¡Pero tienes derecho a hacerlo!

¿Y si trata de hacerme cosas deshonestas?

Solamente puedes averiguarlo si te acercas a él. ¡No eres tonta! ¡Puedes darte cuenta de eso en cuanto abra la boca!

¡Es que no es natural! ¡Un chico cualquiera no debería ponerme así!

Mientras Sophie se debatía entre hablarle a ese chico o no, Saori y Violet entraron nuevamente al local, tomadas de la mano y dedicándose miradas de complicidad. Ambas tomaron asiento a cada lado de Sophie, notando que Nicole lucía bastante entretenida con William.

—¿Te pasa algo? —le preguntó Violet a Sophie.

—Es ese chico que está en la barra… el del cabello castaño y largo… me invitó a un trago y yo poco menos que le corto una mano.

—¿Y por qué no vas con él?

—Porque… es complicado —dijo Sophie con un poco de desesperación. Violet arqueó una ceja. Aquella mujer que le estaba devolviendo la mirada con ojos ligeramente desorbitados no era Sophie.

—Ese chico te tiene loca, ¿verdad? —quiso saber Violet con una sonrisa. Sin embargo, Sophie, por algún motivo, no hallaba para nada graciosa la situación.

—¡No, no me tiene loca! —exclamó Sophie, pero lejos de sonar convencida de ello, sonó como si se estuviera tratando de engañarse, cosa que Violet no tardó en notar.

—Sophie, debes entender que siempre hay cosas que escapan a la lógica —dijo Violet pacientemente—. Si quieres, pregúntale a Saori cómo se sentía antes de aceptar que sentía cosas por mí.

—Oye, no te tires flores —le advirtió Saori con una sonrisa—. Ambas sabemos lo que realmente pasó.

—El punto es que algunas veces, simplemente debes escuchar a tu corazón —aconsejó Violet—. Tu cabeza podrá ser buena para otras cosas, pero en asuntos del amor, tu cerebro solamente es un lastre.

Sin embargo, Sophie seguía convencida que no se sentía atraída por ese chico, aunque mirara recurrentemente en su dirección sin siquiera pensar en ello. Violet negó con la cabeza, pensando en que Sophie era tanto o más tozuda que la misma Saori. Y, hablando de ella, se puso de pie de improviso, tomó a Sophie del brazo y prácticamente la arrastró hacia donde esperaba ese chico. Saori la tomó por los hombros y la acercó al chico, quien miraba con las cejas arqueadas el espectáculo.

—¿Acaso tú también quieres beber algo conmigo?

—Créeme, no soy tu tipo —espetó Saori, alejándose un poco de Sophie—. Pero mi amiga se muere por conocerte, ¿verdad, Sophie?

Sophie solamente atinó a asentir con la cabeza, pensando en que Saori iba a estampar su cabeza contra la barra si no lo hacía.

—Bueno, ¿qué quieres beber?

Saori estuvo detrás de Sophie hasta que se hubo asegurado que ella no saliera corriendo hacia la salida del local. Y, como ella esperaba, Sophie se fue calmando hasta que la conversación discurriera de forma más natural. Acto seguido, volvió a tomar asiento junto con Violet, mirando cómo Sophie vencía su miedo a sentirse atraída por los chicos.

—Eso… estuvo… genial, Saori —alabó Violet, bebiendo un gin tonic que Nicole había dejado abandonado a su suerte—. Serías una buena celestina. Primero hiciste que Nicole saliera con William y ahora lograste algo que ni Scarlett consiguió.

Saori recordó la sensación en su pecho cuando Scarlett acudió a la mesa con esos cuatro chicos y, sin decir palabra alguna, salió del local. No tuvo que ir muy lejos para escuchar a un grupo de chicos decir garabatos sexuales y a una chica que protestaba a gritos. Guiada por su oído, Saori llegó un callejón, donde cuatro chicos manoseaban descaradamente a una mujer que gritaba al tope de sus pulmones.

—Eso, puta. ¿No querías divertirte? Ahora puedes hacerlo con nuestros…

—¡Dejen a esa pobre mujer en paz! —gritó Saori con una voz recia y amenazante. Los chicos se dieron lentamente la vuelta y vieron a una mujer muy atractiva plantarse delante de ellos con los brazos en jarras. Pero, lejos de sentirse intimidados, ellos se acercaron a ella, pavoneándose y alegrándose por el premio que acababa de aparecer solito delante de ellos.

—¡Oye, tú! ¿Por qué no vienes aquí y te entregas a nosotros? ¿Qué te parece, nena?

—¡La vas a pasar muy bien!

—¡Quédate quieta y deja que hagamos nuestro trabajo!

Saori, fría como un témpano de hielo, no se movió ni un milímetro, esperando que los violadores se acercaran tanto como fuese posible.

—¡Eso, gatita! ¡No hagas nada que te vamos a dar lo que es bueno!

—¡Maúlla! —corearon tres de los hombres—. ¡Gata mala!

En segundos, uno de los tipos se llevó una mano a su entrepierna, segundos antes que un codazo lo enviara al suelo, rompiéndose la nariz y quedando inconsciente.

—¡Maldita puta! ¿Cómo te atreves?

Pero ninguna agresión verbal parecía afectar a Saori. Manteniendo la frialdad, envió a otro de los agresores contra un tarro de basura con un solo puñetazo. Los hombres restantes quedaron paralizados de miedo, pero eso no impidió que Saori los moliera a golpes, dejándolos tirados sobre el pavimento, gimiendo de dolor y maldiciendo a esa mujer que los había puesto en ridículo.

Saori se dirigió hacia donde estaba la mujer de rodillas y notó que era Scarlett. Tenía el cabello revuelto y su ropa estaba rasgada en algunos lugares. Afortunadamente, ninguno de ellos había alcanzado a hacerle algo realmente grave. Sin embargo, Scarlett hipó y colapsó sobre el hombro de Saori, temblando y llorando.

—Lo… lo siento —murmuró Scarlett entre sollozos—, ustedes me lo advirtieron, me dijeron que no me tomara las cosas a la ligera… y no les hice caso. ¡Perdón!

Scarlett volvió a romper en llanto y Saori se puso de pie, levantando a su amiga y tendiéndole un pañuelo para que se secara los ojos. Scarlett volvió a hipar y se limpió las lágrimas.

—Gracias, Saori —dijo Scarlett con voz queda—. No sé qué habría hecho si tú no hubieras aparecido.

—No es nada —repuso Saori con suavidad—. ¿Quieres que te acompañe a tu casa?

—No… quiero que me dejes con Violet.

Saori hizo lo que Scarlett quería y luego se dirigió al baño para asearse un poco y aprovechar de descargar un poco la vejiga. Mientras hacia esas cosas, Saori notó que la música se había detenido y escuchó a la gente murmurar cosas que no podía entender. Al principio, Saori pensó que el local estaba a punto de cerrar y no le dio demasiada importancia.

Cuando hubo salido del baño, Saori se dio cuenta que se había equivocado. Había un montón de gente agolpándose en la salida, mirando en dirección a la calle. Curiosa por el comportamiento de la gente, Saori se abrió camino entre la marea humana que la separaba de la salida y vio, para su desconcierto, que había una mujer muy familiar para ella. Era la misma estúpida mujer vestida de blanco que había luchado con ella en Cuba. Y delante de ella, con los puños crispados, estaban las Sailor Senshi, preparadas para el combate.


(27) Escribí esa parte pensando en uno de los capítulos de Sailor Moon Super S, donde Mina trata de tener una cita con dos chicos al mismo tiempo (Ojo de Águila y Ojo de Tigre) y la pobre corría de un lado a otro. xD

(28) En una oportunidad dije que Nicole estaba basada parcialmente en Rei. Pues hay algo en lo que ambas difieren, y es en sus creencias en lo sobrenatural. Rei tiene poderes de percepción extrasensorial que le otorgan habilidades sobrenaturales, pero Nicole es una chica que no cree en cosas esotéricas ni es fanática de las supersticiones, menos de lo sobrenatural.

(29) Espero no haber herido la sensibilidad de nadie con la primera escena de amor entre Saori y Violet. Traté de reducir los detalles jugosos al mínimo para no tener que cambiar el rating al fic. D:

Nota del Autor: Desde este momento en adelante puede que mis actualizaciones tomen más tiempo, pues ahora tengo más trabajo que antes y no dispongo de tanto tiempo para escribir. Espero que esto no represente un problema para mis lectores.

Un saludo.