Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
Capítulo 20
Pasaron todas las tardes de aquella semana juntos, descubriendo cosas nuevas el uno del otro y avanzando poco a poco en su interesante relación.
Jasper había tenido que ignorar a Edward cada vez que se encontraban, pues éste no dejaba de observarlo con mala cara, como si quisiera dejarle claras algunas cosas. Pero Jasper ya sabía lo que quería. Quería que se alejara de Alice, pero había decidido que no iba a hacerlo. Ya era demasiado tarde para ello, y no estaba dispuesto a renunciar a ella. No cuando estaba descubriendo que él también podía ser feliz.
A pesar de todo, sentía que no había olvidado a Mary, pero pensar en ella ya no le hacía daño. Simplemente era un bonito recuerdo que permanecería siempre en su memoria, y por eso mismo había decidido dejar de compararla con Alice. Eran tan iguales como diferentes, pero por eso mismo le gustaba tanto pasar tiempo con ella. Cada día descubría cosas nuevas sobre Alice que le encantaban, y sabía que lo único que conseguiría dejándola ir sería destrozarse.
Sabía que Alice no era Mary y que nunca lo sería, y eso le gustaba. No quería que se parecieran, porque simplemente no eran la misma persona. Ya le daba igual que fuesen familiares, y por aquella razón había decidido hacerle caso a Emmett. Si Alice no era su nieta era porque así debía ser, y jamás se había alegrado tanto de creer en el destino.
-¿Qué tal estás, Happy-Jazz? –escuchó la voz de Emmett detrás de él, y a continuación lo vio sentarse a su lado en el sofá. Le había dado por llamarlo de aquella forma tan estúpida que ya comenzaba a odiar. Además de que no había dejado de incordiarlo durante toda la mañana de aquel sábado con el tema de Alice.
-Estaría mejor si dejaras de llamarme así –refunfuñó Jasper cruzándose de brazos.
-Pero si sólo digo la verdad. Desde hace unos días tienes una sonrisa tonta en la cara, y a pesar de que ya sé a qué se debe, me hace feliz verte feliz –le contestó su amigo con una sonrisa de oreja a oreja.
-Sí… Oye, Alice me preguntó si te apetecería venir al cine esta noche. A mí no me parece muy buena idea pero…
-¿Rosalie irá? –lo interrumpió de repente, abriendo los ojos como platos.
-Sí, en principio sí. Creo que Alice quiere que salgamos todos –le explicó Jasper, molesto por su interrupción.
-Entonces sí. Claro que iré.
-Me da la sensación de que si Rosalie fuera hasta el fin del mundo, tú te irías con ella, ¿o me equivoco? –le preguntó Jasper con diversión.
-No te equivocas. Me iría hasta… el lugar más lejano del mundo y volvería caminando sobre brasas si ella me lo pidiera –le aseguró con firmeza, haciendo que Jasper tuviera que taparse la boca para no reírse. A pesar de todo, aquello le pareció muy romántico. – ¿Tú no lo harías si Alice te lo pidiera o qué? –le preguntó Emmett achicando los ojos, fastidiado.
-No sé. Supongo que sí. Pero espero que no se vuelva tan loca como para pedirme tal cosa –musitó con diversión.
Emmett negó lentamente con la cabeza, y después volvió a mirar a Jasper directamente.
-¿Y qué tal vas con Edward?
Jasper se encogió de hombros.
-No sé. No hemos hablado desde que discutimos el otro día. Pero Alice también lo ha invitado esta noche, así que supongo que no podremos estar ignorándonos durante toda la noche.
-Supongo que no.
Jasper se quedó en silencio por algunos segundos, meditabundo.
-Si Alice fuera tu prima, ¿también te parecería mal que saliera conmigo? –le preguntó a Emmett con mala cara.
-No. Pero no es que a Edward le parezca mal por el simple hecho de que seas tú. Es por lo que eres.
-No fue culpa mía convertirme en un vampiro, Emmett.
-Lo sé, y él también lo sabe. Pero piensa que vuestra relación no tiene futuro.
-Y eso pienso yo a veces, pero no quiero separarme de Alice. Ni quiero, ni puedo. Pero dentro de unos años…
-¿Qué más da lo que ocurra dentro de unos años? Tienes que vivir el presente. No puedes pasarte la vida pensando en el futuro, porque si lo haces, sólo lograrás perderte el presente. Y tú no puedes permitirte ahora desperdiciar lo que te está pasando con Alice. Así que simplemente vive con ella, y olvida el futuro.
Jasper lo observó con una ceja alzada y con una sonrisa sincera en el rostro.
-En ocasiones te pones muy filosófico, Emmett. Incluso das miedo.
-Idiota –lo insultó él entre risas, dándole un puñetazo divertido en el brazo.
Aquella misma tarde, a eso de las siete, Jasper, Emmett y Edward salieron del piso para esperar delante de la puerta del edificio a que llegaran las chicas. Tuvieron que esperar unos veinte minutos, así que cuando finalmente aparecieron, se excusaron diciendo que habían pillado mucho tráfico.
-Es sábado, ¿qué esperabais? –protestó Rosalie cerrando con un portazo la puerta de su coche.
-Sólo pensábamos que ya no vendríais –le contestó Edward, que extrañamente no había mirado a Jasper en toda la tarde.
-Bueno, esperar no os ha sentado mal ni os ha hecho daño, así que no os quejéis tanto –intervino Alice colocándose con rapidez al lado de Jasper, que no pudo evitar sonreír ante su poca discreción. Él no sabía lo que le habría contado a sus amigas, pero supuso que ya estaban al corriente de todo cuando sólo se limitaron a sonreír con diversión al verla corretear hasta su lado. – ¿Nos vamos ya? A este paso llegaremos tarde y nos perderemos el principio de la película.
-¿Quién se está quejando ahora? –le preguntó Jasper con una ceja alzada, aunque sin poder evitar reírse.
Cuando ella le devolvió la sonrisa, Jasper se dio cuenta de la mala cara de Edward, así que se limitó a suspirar y a comenzar a caminar detrás de los demás. Se sentía bajo presión, ya que delante de ellos estaban Emmett y Rosalie enfrascados en una extraña conversación sobre camaleones, y justo detrás, casi pisándoles los talones, tenían a Edward y a Bella, que caminaban en un incómodo silencio, al igual que ellos.
-¿Cómo ha ido tu día? –escuchó que le preguntaba Alice, y ladeó la cabeza para mirarla y para, de paso, verificar por el rabillo del ojo si Edward lo estaba observando. Y no se equivocó. Sentía sus ojos clavados en su nuca, cosa que lo incomodó extremadamente. ¿No podía, simplemente, hablar con Bella y dejar de vigilarlos como si fuese un padre sobre protector?
-Pues... bien.
-¿Sólo bien?
Asintió con la cabeza en silencio, sintiéndose mal por Alice. Su primo podría intentar ser más comprensivo.
No tardaron más de diez minutos en llegar al cine, así que entre los tres invitaron a las chicas, compraron palomitas y refrescos –sólo para los mortales –, y después subieron a la sala.
La primera en sentarse fue Rosalie, que se colocó en la punta de una de las filas de asientos. Emmett casi corrió escaleras arriba para poder sentarse a su lado, cosa que hizo reír a Jasper. Nunca cambiaría. Alice se colocó al lado de Emmett, y Jasper la siguió, dispuesto a pasar el rato que durara la película a su lado, con tranquilidad. Pero supo que tampoco podría hacerlo cuando Edward se sentó a su lado, seguido por Bella. Aquello era simplemente genial.
Se limitó a suspirar, resignado, y comenzó a echarle un vistazo con detenimiento a aquella sala de cine. La última vez que él había ido a ver una película a un cine había sido hacía muchísimos años, y ya ni siquiera se acordaba de cómo era. Sólo recordaba que las imágenes eran en blanco y negro, pero rememoró que en aquella época los programas de la televisión se veían en color. Tal vez las películas del cine también lo fueran.
Y no se equivocó. Se alegró al darse cuenta de la buena calidad del sonido, así que se dispuso a disfrutar de la película de la que ni siquiera conocía el argumento.
Se tensó de repente cuando sintió la mano de Alice sobre la suya, intentando entrelazar sus dedos con los de él. La dejó hacer, y permaneció quieto durante un rato, estando más atento de sus manos que de la película. La observó por el rabillo del ojo y la vio sonreír levemente. Él también sonrió, pero se le esfumó la alegría cuando se dio cuenta de que Edward miraba con atención sus manos unidas. Aquello no podía seguir así. Estaba a punto de explotar por culpa del primo de Alice.
Se dijo a sí mismo que continuara ignorándolo, y eso hizo durante algo más de tres cuartos de hora. Se dedicó a comentar las escenas de la película con Alice, sin soltar ni por un segundo su mano, haciendo suposiciones sobre lo que harían a continuación los personajes, y riendo juntos cada vez que salía alguna escena divertida. Se dio cuenta de que no merecía la pena amargarse por culpa de Edward. Tarde o temprano debería aceptarlo.
Cuando finalmente la película se terminó, todos salieron del cine y caminaron por las calles de Seattle.
-¿Tenéis hambre? –preguntó Bella acercándose a sus amigas. Probablemente estuviera cansada de que Edward no le hiciera caso.
-Uy, qué va. Yo me que quedado harta con las palomitas –le contestó Rosalie – ¿Y vosotros? –les preguntó a los demás, a lo que éstos negaron con la cabeza.
-¿Eso significa que no iremos a cenar? –preguntó Alice, que aún no se había dignado a soltar la mano de Jasper.
-Si alguien tiene hambre sí, pero si no, pues no –le respondió Emmett –Y por aquí no parece que nadie tenga hambre –repuso divertido, observando a todos y a cada uno de sus amigos.
-En ese caso, ¿por qué no vamos a los recreativos? –preguntó Alice, emocionada de repente. Los demás no tardaron en contagiarse con su efusividad, y asintieron energéticamente.
Jasper no sabía qué era eso de los recreativos, pero supuso que tenía que ser divertido, ya que todos tenían tantas ganas de ir.
Una vez llegaron, se encontró rodeado de maquinitas ruidosas parecidas a las que usaban Emmett y Edward para divertirse en el piso. Sabía que jamás lograría dominar algo como eso. Era demasiado anticuado.
-¡Eh, Eddie! –lo llamó Emmett, acercándose casi con prisa a uno de los juegos que había por allí. –Vamos a jugar a este, que sabes que tenemos que hacer la revancha –lo desafió con una sonrisa fanfarrona, a lo que Edward no tardó en añadirse al juego. Jasper no pudo estar más agradecido por ello. Sólo había necesitado un poco de paz aquella noche. Jamás se había sentido tan observado.
Se dio cuenta de que Bella y Rosalie se habían puesto a jugar a un juego que consistía en encestar pelotas de baloncesto a diestro y siniestro. Probablemente aquel juego no se le diera del todo mal, pero no iba a meterse entre ellas sin haber sido invitado.
-Bueno, ¿qué quieres que hagamos tú y yo? –escuchó la voz de Alice a su lado, y se dio cuenta de que lo estaba observando con diversión.
-No sé. ¿Quieres jugar a algo? –le propuso para que no se aburriera.
-No creo, a mí estas cosas no se me dan muy bien. Además, no me entusiasman demasiado los videojuegos.
-Entonces, ¿por qué has sugerido que viniéramos aquí? –le preguntó sin comprender.
-Porque sé que mi primo y Emmett se pasarán por lo menos media hora con ese dichoso juego de fútbol, así que podremos estar tranquilos un rato –le explicó con tranquilidad, cosa que sorprendió a Jasper.
-Caray, qué preparado lo tenías –le contestó con una sonrisa a la que Alice respondió con un asentimiento orgulloso de cabeza. –Así que, ¿qué quieres hacer?
Alice pareció meditarlo durante algunos segundos, hasta que dirigió su mirada hasta un fotomatón que había en la misma sala.
-¿Nos hacemos fotos? –le preguntó, expectante. Parecía preparada para una negativa.
-Yo no suelo salir bien en las fotos –comentó Jasper sorprendido. Jamás habría esperado aquella propuesta. Y, además, hacía años que no se hacía ninguna fotografía.
-Bueno, será un recuerdo –le pidió parpadeando seguidamente a la vez que hacía un divertido puchero.
-De acuerdo… –suspiró Jasper resignado, dejando que lo arrastrara hasta el pequeño cubículo.
Una vez dentro, Alice corrió la cortina que los separaba de la sala, lo obligó a sentarse en el taburete y, a continuación, se sentó sobre él con la vista al frente. Leyó las instrucciones con rapidez.
-¿Nos hacemos cuatro o seis fotos? –le preguntó, girando el cuello para observarlo.
-Ehh… ¿seis? –respondió con otra cuestión, más nervioso por la postura en la que se encontraban que por las fotos. Aunque no estaban haciendo nada malo, sabía que Edward lo mataría si los encontraba en aquel mismísimo momento.
-De acuerdo –Alice introdujo una moneda en la máquina, y con rapidez rodeó el cuello de Jasper con un brazo. –Prepárate, que tenemos que salir guapos –la escuchó murmurar, así que sonrió, mirando fijamente a la pantalla donde aparecían reflejados.
No supo qué caras poner, pero a pesar de todo intentó variarlas para cada foto. Lo mejor de todo fue que para la última no tuvo que hacer ningún gesto, pues Alice casi se echó encima de él para besarlo justo antes de que se disparara la última fotografía.
-Bueno, creo que hemos salido bastante bien, ¿no crees? –le preguntó cuando estuvieron fuera, observando la tira de imágenes.
-Sí, muy bien –comentó Jasper mirando con detenimiento la última foto.
Pues sí que hacían buena pareja.
Pues no lo saben bien. Si es que son simplemente geniales *_*
Ya veis que su "relación" va viento en popa, a pesar de que Edward se está poniendo un poco pesadito... Espero que os haya gustado el capi de hoy :)
¡Nos leemos el miércoles!
XOXO
