Advertencias: Ninguna
Enemigo
–Así que tú eres el que usa mi nombre.
Afrodita evitó mirar, sabía el poder que tiene la belleza, la magia y la fuerza que esconde. Pero a fin de cuentas es una influencia que entra por los ojos, así que mantuvo la frente baja y no miró ni respondió.
–Me disgusta y me ofende – tronó la voz por encima de su cabeza– ¿te has llamado así tú mismo?
–No – contestó sin más, sintiéndose de pronto incapaz de mentir – fue mi maestro… era una burla.
La diosa elevó apenas un poco su energía y eso bastó para hacer que el caballero se sintiera débil, a punto de desmayarse, al borde de caer de nuevo en la inconsciencia.
–Esa diosa tuya te reclama de vuelta.
Eso lo sorprendió, había estado encerrado allí tanto tiempo… casi había olvidado cómo era estar vivo.
– ¿Ha terminado el castigo?
–Fue interesante verte… pero aun tú, que eres llamado el más hermoso de toda la orden, nunca sabrás lo que es la belleza de verdad.
Aterrado por esas palabras, abrió los ojos y lanzó la cabeza hacia arriba; pero ella ya se había desvanecido, y solo pudo ver el azul del cielo y el sol de mediodía, tan intenso que le hacía llorar los ojos.
Se encontró en el suelo, junto a otros 13 cuerpos desnudos y débiles; incapaces de moverse.
Y aunque Afrodita cerró los párpados, aun caían lágrimas por su rostro, 'es por el sol', se dijo 'no es por ella'.
