Fragmentos Mimato
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21.- Socializar
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—¡Mimi!, ¡Hola, Mimi!, ¡Hola, Mimi-chan!—
Eso era lo que Yamato escuchaba todas las mañanas recientemente y, en ocasiones, sentía que eso lo cansaba. Muchas veces se preguntó si estaba bien salir la social Mimi Tachikawa.
El señor Ishida les había dado la oportunidad de trabajar donde mismo que él , haciendo tareas sencillas y, aunque sabían que el rubio era hijo de un empleado veterano y entregado a su trabajo (además de ser apuesto), era Mimi quién acaparaba toda la atención.
Desde el primer día ella entabló amistad con buena parte del personal de la empresa y ahora, persona que la veía, persona que platicaba con ella.
El rubio observaba todo desde la puerta de entrada a la empresa; le gustaba ver la sonrisa de su novia y su cordial trato a la personas… pero ya tenía más de diez minutos esperando que saliera.
Suspiró resignado. Siempre era lo mismo; sí él fuera tan sociable como ella al menos sabría cómo intervenir en las conversaciones y no tendría que esperar a qué éstas terminaran.
—¡Mimi!—
Escuchó otro llamado y se apoyó en la pared.
—Esto va para largo—murmuró él cruzando los brazos
De reojo vio que la castaña ya estaba en la recepción, pocos pasos la separaban de la puerta del edificio, sólo faltaba que dejara de platicar con la recepcionista.
Poco después escuchó la frase de despedida y se irguió para salir al encuentro de su novia, estuvo a punto de acercarse cuando escuchó que volvían a llamarla.
—¡Mimi-chan!—
—Ah, Satori-san—
El rubio no pudo articular palabra, la castaña volteó a ver al encargado de papelería.
—¿Ya te vas?—
—Sí, Yamato-san tiene rato esperándome— sonrió apenada
Al escucharla, el rubio puso su atención en ella, encontrándose con los ojos mieles de la castaña.
—¿Ishida?— saludó el joven señor, el rubio respondió con un movimiento de su cabeza —Ya hace rato que saliste, ¿no?— entonces, el joven cayó en cuenta y observó a Mimi —Ah, ya entendí— rió divertido —los dejo entonces, no los entretengo más— se despidió con la mano, regresando a su oficina.
La castaña se acercó al rubio y le mostró una suave sonrisa.
—Hola…—
—¿Nos vamos?—
Él correspondió la sonrisa, no iba a enojarse por esperarla, sabía que así era ella y él tenía que aceptarla tal cual, reconociendo que le costaba trabajo adaptarse al ritmo tan sociable de ella, aunque tenía la esperanza de que ella tardara menos en despedirse de las personas.
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Hola, hola!
Creo que siempre hago que Yamato sufra, verdad? Pero es que es divertido, jeje. Pero siendo honesta, no me late mucho de hacer esperar a las personas que esperan por uno (que lo he hecho, lo admito), pero bueno, la idea aquí es sólo disfrutar del fragmento, je.
Nos leemos en el siguiente capítulo!
Saludos y que estén bien!
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