Hola, nuevamente aquí estoy, como dije ayer... hoy sólo subiré este y mañana actualizaré en la noche nuevamente, espero que les guste.
.-.
.-.
.-.
Entró a la casa en cuanto bajó del auto, sus pies caminaron automáticamente, dándole más tarde la sensación de haber flotado por el suelo.
Entró a la casa, cerró la puerta, dio cinco pasos y luego se derrumbó privada en un llanto mudo al principio, luego jadeos que se convirtieron en gemidos cargados de frustración y dolor.
Miró al frente con los ojos empapados de lágrimas de su amargo llanto y entre tantas cosas borrosas y confusas sobre la mesa, vislumbró un retrato, ese en donde Inuyasha la abrazaba por detrás y no miraba a la cámara, sino a ella, perdidamente Hechizado, oliendo el perfume de su cabello.
Estiró las manos, temblorosa e insegura, como si la fotografía fuera un espejismo, la tomó entre sus manos y la apretó fuertemente, queriendo regresar a ese día, cuando acababa de regresar tras su viaje a Inglaterra.
Una desilusión desgarradora la arrollaba, no podía hacer más que aferrarse a esa fotografía con una fuerza dolorosa y llorar con fiereza.
La puerta se abrió, pues ella al estar tan perturbada la había dejado mal cerrada, una rendija se abría paso con la luz cegadora del sol.
Pronto esta leve apertura se hizo más grande y la luz dibujó en sombras una figura humana.
Ella había dejado su suéter en el asiento, despistada como siempre, se devolvió una cuadra hasta su casa y vio la puerta entreabierta, pensó que habría sido un descuido de ella o tal vez algún ladrón.
Se bajó del auto y se dirigió a la casa con su semblante imperturbable.
Abrió la puerta y la encontró hincada de rodillas sobre el suelo de madera, su espalda curvada en una pose casi ovillo, aferraba en sus manos dolorosamente un cuadro, ella lloraba y entendió el motivo de su llanto al ver la fotografía que enmarcaba el cuadro en sus manos.
Ella giró y lo miró con sus ojos llenos de lágrimas y sus mejillas empapadas y encendidas en rojo.
Sus labios entre abiertos dejando escapar jadeos y su semblante lleno de desesperación.
Una vista hermosa digna de un cuadro, ella parecía impotente y dolorosa y profundamente herida.
Su aspecto era el de una niña hecha mujer de la peor forma.
Ella al verlo solo pudo susurrar su nombre, pero tan inaudible que él lo supo al leer sus labios.
Aome se levantó lentamente y se giró para verlo, con las lágrimas brotando y en sus manos aun el cuadro.
No se cohibiría de llorar frente a él, tener vergüenza ahora parecía algo tonto, además se sentía incapaz de controlar su llanto.
De dos zancadas él cubrió el espacio que los separaba a ambos, la tomó del antebrazo y la pegó a su pecho, con una brusquedad tan precisa que la hizo estremecer, el cuadro salió de sus manos directo al suelo, reventando en miles de cristales a su alrededor, al tiempo que ella atónita le rodeaba con sus brazos la cintura a Sesshomaru.
Enterraba su rostro en el fuerte pecho de él y le sentía rodear sus hombros.
Era reconfortante, una cálida sensación que al sentir la presión de sus brazos a su alrededor la hacía sentir segura, protegida.
Aspiró inconscientemente y percibió su olor a perfume y un leve olor a cuero, era tan agradable y varonil.
Aspiró con fuerza y guardó su olor en su memoria, la sensación, la calidez, esa ligera y precisa presión sobre ella.
El dolor que sintió en su corazón también quedó gravado en su mente, para siempre.
Sintió el aire frío rodearla y borrar toda calidez anterior, abrió los ojos lentamente y suspiró.
Encontró directamente sus ojos dorados que la observaban fijos, serios, fríos...
-Sesshomaru- dijo con una extraña voz ronca y profundamente cansada- yo... estaba así porque mi tía...
-lo sé- le cortó él, ella pretendía mentir para ¿qué? ¿Proteger a Inuyasha? ¿A su prima Kikyo?
-¿De qué…?
Su mirada ámbar se dirigió al cuadro en el suelo, destrozado.
Aome la siguió y se topó con su preciada fotografía, su cuerpo dio una sacudida y luego se lanzó a por él sin importarle que trozos de cristal se incrustaran en sus rodillas y manos, estaba ida, las lágrimas volvían a acumularse en sus ojos y tomó la foto.
La sangre comenzó a emanar de sus heridas pero ella parecía no advertirlo y a él le irritó de sobremanera, de pronto percibió como el cuerpo de ella entraba en tensión.
Irremediablemente se inclinó sobre ella y tomándola del brazo la obligó a levantarse.
Ella se dejó manejar y guiar hasta el baño.
Sus manos ensangrentadas seguían aferrando la fotografía.
Sesshomaru sacó el botiquín de la despensa y se inclinó, la sentó sobre el retrete, retiró los vidrios y se dispuso a limpiar y vendar.
Luego miró las manos de ella, le quitó la fotografía despiadadamente ante sus reticencias y la arrojó a la basura sin miramientos.
Ella parecía una muñeca destrozada y perdida, lo miró atónita y dolorida a lo que él respondió con un bufido y le tomó las manos para curarla.
Al terminar descubrió al mirarla que ella lloraba en silencio y estaba a medio dormir.
La tomó en sus brazos sin ningún esfuerzo y la llevó a la cama, luego de recostarla se marchó.
Ella había llorado hasta quedar sin fuerzas, dormida y herida físicamente.
Mientras conducía su mente repasó los hechos, y terminó por darse cuenta de que las intenciones de esa chica tonta eran protegerlo a él.
-Hmp.
Al caer la noche llamó a Aome, algunas veces sentía el impulso de decirle toda la verdad, pero luego sentía que no podría.
Pese a que se sentía la peor escoria al besar a Aome y verse a escondidas con Kikyo.
La llamada se desvió al buzón, extrañado volvió a llamarla, pero nuevamente no la tomó.
¿Qué sucedería? Aome sin duda siempre le tomaba sus llamadas.
Apretó los puños.
Tal vez lo único que le impedía separarse de Aome era costumbre, pero él no lo sabía.
Aome miró su pantalla del móvil y lo dejó a un lado, no quería hablar con él ni con nadie.
O al menos eso pensó, porque cuando entró Sango con mirada preocupada en su habitación, sin poder evitarlo comenzó a llorar nuevamente y se lanzó a sus brazos.
-Sango…- susurró- Sango…
-tranquila, Aome- le acarició el cabello y la empujó hacia la cama nuevamente- todo está bien, estoy aquí, amiga, por favor no llores.
-Sango… él… me engañó.
Sango no supo qué decir, no se había esperado tal confesión y no estaba segura de ser lo que creía- ¿qué dices?
-Inuyasha…
-oh- instintivamente la apretó contra sí- Aome- susurró dolorida- Inuyasha es un tonto, amiga, no merece que estés así- le tomó las manos- mira, estás lastimada.
-pero es que no puedo evitar sentirme tan mal- su voz era ronca de tanto llorar y sus ojos estaba muy hinchados.
-un hombre es un hombre, siempre se pueden reemplazar- dijo con una sonrisa y la tomó de los hombros- escucha, lo vas a superar, sólo tienes que olvidarte de él.
-no es tan simple… además…- apartó la mirada mientras se limpiaba con el dorso de su mano- la persona con la que me engañaba era Kikyo.
Sango abrió los ojos sorprendida y su cuerpo se sacudió, luego negó con la cabeza con la mirada gacha.
-Sango, los vi esta mañana.
-lo siento tanto- musitó y le limpió las nuevas lágrimas- Aome, lo siento, odio que hayas tenido esa horrible experiencia.
Aome volvió a llorar, pero Sango sintió que no era tanto por Inuyasha, sino que por su prima.
Nuevamente su teléfono sonó y era un mensaje, de Inuyasha.
-¿te está pidiendo perdón por mensaje?- preguntó la castaña, molesta.
Aome negó, dejando a un lado el móvil- él no sabe que los vi.
-¿cómo?
-estaba con Sesshomaru cuando los vi, pero como Sesshomaru no se dio cuenta, simplemente dejé que él me trajera a la casa.
-Aome, tienes que decirle que no te busque más.
-no lo sé, Sango… no creo que sea lo correcto- se abrazó- todo el mundo sabe de nuestro compromiso, romperlo sería algo… malo para su familia.
-¿¡malo!?- la tomó de los hombros y la zarandeó- Aome, malo es lo que él te hizo a ti, y además ¿qué más da? Ya no tienes nada que ver con esa familia.
-pero es que yo no quiero perjudicarlos, yo…-miró a su amuga con fijeza- no quiero estar con él… eso lo tengo claro, pero, debo pensar muy bien lo que haré ahora, después de todo son la familia Taisho- su voz era cansada.
Sango suspiró luego de escrutar largamente a su amiga- ven aquí- abrió los brazos y su amiga enseguida estaba entre ellos- hagas lo que hagas siempre contarás conmigo, pero quiero que sepas que no estaré de acuerdo si decides perdonarlo- le acarició el cabello- me quedaré hoy aquí, ¿quieres? ¿o prefieres estar sola?
Aome negó rápidamente con la cabeza- por favor, quédate.
Pasada la media noche la azabache miró a su amiga- ¿cómo supiste que tenías que venir?
-esta vez no fue intuición- sonrió- tu mamá me llamó, al parecer vio el cristal roto en la sala y la fotografía ensangrentada en el baño.
Aome le había explicado todo lo sucedido con Sesshomaru luego y Sango estaba cada vez más convencida de que Aome se sentía atraída hacia su cuñado, pero no dijo nada sobre el tema, prefería esperar un tiempo antes de hablar sobre ello con su amiga.
Había temido que Aome resultara herida por un chico, tal vez porque ella había pasado por una decepción y ya no confiaba, quería evitarle eso a su querida amiga, pero toda persona alguna vez debe pasar por algo como eso.
Solo esperaba que su amiga no se cerrara a amar nuevamente, al chico indicado, claro.
Eso la hizo pensar en ella, ¿debería volver a intentarlo también?
Los días pasaron lentamente, torturando a la azabache, ella no había salido, en una ocasión mientras desayunaba junto a su familia, su abuelo leyendo el diario le mencionó a su novio y cuñado que eran mencionados debido a que la empresa se aproximaba a su aniversario.
Al tomar el diario había barrido con la mirada rápidamente el artículo y luego lo había seguido revisando, hasta llegar a la sesión de empleos.
Ella ya había tomado la decisión, comenzaría a buscar trabajo cuanto antes posible, con eso podría distraerse de sus problemas.
Ya podía sonreír, ya podía distraer su mente aunque sólo era por un corto minuto.
Ya había pasado una semana desde que había descubierto el engaño de su novio, desde que Sesshomaru le había abrazado de una forma tan cálida y protectora, desde aquel día no le había vuelto a ver, hasta ese momento.
No había contestado las llamadas de Inuyasha o sus mensajes desde hacía dos días, había evitado verlo desde que se enteró del engaño, pero esa noche tendría que volver a ver a su novio.
Habían decidido ir a la casa de Kikyo y Sesshomaru a cenar esa noche, fue Inu No Taisho quien decidió que hoy su primogénito ofreciera la cena en su hogar nuevamente.
Aome sin darse cuenta había pasado la mayor parte de la mañana recostada, cuando su mente no estaba llena de pensamientos tristes sobre su novio y su prima, estaba pensando en la cena de esa noche, estaba ansiosa y ella no lo había notado.
Había marcado algunos empleos y realizado llamadas, tenía algunas citas para la próxima semana, se sentía nerviosa por ello y deseosa de poder encontrar un buen trabajo.
Ya eran las diez de la mañana y Aome decidió levantarse por fin de su cama, tomó el móvil de su mesa y suspiró antes de prender su celular.
Lo dejó nuevamente en la mesa y se fue al baño.
Se duchó lentamente y luego salió de la bañera, su cabello y piel perfumado con sus mejores esencias, tomó una toalla y luego de secarse el cabello se lo anudó con esta, tomó otra y se la enrolló alrededor del cuerpo.
Mientras iba camino a la puerta pasó frente al espejo y se miró de reojo, algo llamó su atención cuando tomó el pomo así que se devolvió y miró su reflejo.
Su cara era muy hermosa, su piel muy suave y blanca, pómulos rosados, ojos chocolates, grandes y rodeados por espesas pestañas oscuras, ella tenía siempre una expresión amigable y confiable.
Llevó sus dedos hacia su mejilla derecha, y los deslizó con suavidad por esta, luego repasó la línea de su mentón y finalmente sus labios.
Pestañeó y retiró la toalla de su cabello, este calló ondulado como una cascada hasta su espalda baja, dándole otra forma a su cara, retiró el flequillo de su frente y miró detenidamente sus ojos.
Su nariz, sus labios, su cuello… se veía delicado con los hombros descubiertos y le gustó esa nueva sensación, sentirse mujer, más femenina que nunca, así que esa noche utilizaría todo su encanto de mujer, se vestiría muy estilizada, mostrando la sensualidad de la que toda mujer es dueña.
Haría que Inuyasha se sintiera arrepentido por lo que le estaba haciendo, era inaudito no sentir deseos de hacerlo sufrir aunque fuera un poco y también por ella, para sentirse linda y no menos que su prima.
Iría de compras, luego a algún spa y finalmente a una peluquería.
Al volver la habitación miró su teléfono, este no había parado de sonar, todos los mensajes de Inuyasha, las llamadas que él le había hecho estaban allí.
Aome suspiró y fue a vestirse, luego secó su cabello con delicadeza y finalmente tomó nuevamente el teléfono para llamarle.
-¡¿Aome?!
-ah, hola, Inuyasha- dijo ella.
-¿por qué demonios no contestabas mis mensajes y tenías el teléfono apagado?- preguntó furioso.
-es que…- tragó saliva- se había descargado la batería y no encontré mi cargador, la vecina me prestó uno hace unos momentos.
-tch- bufó- como sea, Aome, voy a pasar por ti en unos momentos para que comamos algo.
-no, hmm- se mojó los labios- justo voy saliendo a comprar un nuevo cargador- le mintió.
-no importa, yo te llevaré allí luego de comer, pasemos el resto de la mañana juntos.
-pero ¿qué dices? Tendremos toda la tarde juntos en la casa de tu hermano- le recordó- allí nos veremos, Inuyasha, oh, recuerda pasar por mí a las 6:00 pm- dijo y cortó.
Entró en la boutique y una de las encargadas rápidamente acudió a ella.
-buenos días, señorita- le sonrió- ¿en qué puedo ayudarle?
-buenos días- devolvió el saludo con una sonrisa, mientras veía a su alrededor- estoy buscando algún atuendo, puede ser un vestido o conjunto, pero quiero lucir muy femenina esta noche, también estilizada, delicada y elegante- decía mientras la miraba- ¡ah y también que se amolde a mí! No acostumbro a ir vestida de ese modo, pero quisiera probar algo diferente, pero no quiero verme extraña, ¿entiende?
La mujer sonrió, reprimiendo la risa y llevó sus manos a los labios para contenerse- perfectamente- dijo entornando los ojos- sígame.
Aome lo hizo, mientras veía a su alrededor, muchos vestidos extravagantes y despampanantes, estrambóticos y demasiado tontos a su parecer, pero la encargada pasó de ellos y la llevó a una pequeña área en dónde habían atuendos moderados, incluso lindos.
La mujer tomó un vestido negro, este era ceñido y desde el muslo caía suelto hasta los tobillos, en la parte superior era recto y con un pequeño corte en forma de V justo en el valle de sus senos, pero era lo suficiente para dejar ver una parte de ellos.
Aome lo tomó y le dio la vuelta, encontrándose con un escote de espalda completa, quedó asombrada, sí, el vestido era hermoso, algo revelador, pero solo en los sitios justos para no ser vulgar, era exquisitamente elegante y sencillo.
-ese es perfecto para usted, se lo aseguro- le dijo la mujer.
-ya veo- se lo puso sobre su cuerpo para verlo mejor- es… muy bonito.
-y es su talla, lo puedo ver- le aseguró- ¿por qué no se lo prueba?
-ah, bueno- carraspeó- pero también me gustaría que sacara algún conjunto, por si luego decido dejar el vestido para otra ocasión- le dijo antes de entrar al vestidor.
No le costó nada meterse en él, a pesar de lo ceñido, cerró la cremallera que ajustaba sus senos en el costado y sintió la presión de las ballenas en sus costillas.
Era muy hermoso, resaltaba su figura en una forma que nunca creyó ver, su cintura se veía estrecha, mucho más de lo que ya era, sus caderas se notaban anchas y provocativas, sus muslos y trasero firmes y sus senos redondos y voluptuosos.
La curva que el escote en su espalda revelaba e incitaba a más, su cuello y hombros descubiertos le daba un toque frágil y femenino, los escotes y cortes eran provocativos y el vestido elegante.
Era genial, todo lo que había pedido estaba en el vestido que ahora usaba, salió y la mujer encargada se encontraba buscando unas prendas en un estante, dándole la espalda a la azabache.
Aome carraspeó y la mujer se giró, abrió los ojos al verla y reprimió una sonrisa de satisfacción- lo sabía- musitó ella sin voz- ¡le queda de infarto!- gimió y se acercó a ella, con aire pícaro le hincó el codo en el costado- eres la novia de Inuyasha Taisho, ¿no?- dijo cómplice.
-¿eh?- pestañeó algo sorprendida- ¿cómo lo sabes?- susurró sin saber por qué.
-aparece en todos los periódicos, les vieron juntos muchas veces- explicó la joven mujer- ah, hacen una pareja de maravilla- suspiró- lástima que ya los dos hermanos Taisho están tomados, son tan sexis y perfectos- alucinaba- primero Sesshomaru Taisho se casa con la señora Kikyo y ahora Inuyasha Taisho tiene una hermosa novia.
-oh, bueno- tragó saliva incómoda- soy su novia, sí- le afirmó, pero no se atrevió a decirle lo de su compromiso, ya no se sentía segura de ello.
-qué suerte tienes, y que suerte tiene él- dijo recorriéndola nuevamente con la vista, dio una vuelta alrededor de la azabache y luego se detuvo frente a ella, asintiendo más que satisfecha con su trabajo- serás la única mujer a la que sus ojos verán esta noche- le hizo un guiño de ojos.
-¿has encontrado algún otro conjunto?- preguntó mirando la ropa que la chica traía en las manos.
-¡oh, sí!- los estiró- es un pantalón de vestir con una camiseta, pruébalos.
-sí- los tomó y se metió al vestidor.
Era un pantalón de seda color perla, el color le daba más volumen a su cuerpo inferior y la camiseta negra le daba un toque más blanco a su piel.
El pantalón alto y suelto resaltaba su cintura estrecha y sus caderas, este ondulaba al ella moverse, la camiseta era de escote generoso en los senos, la metió dentro del pantalón, esta se abotonaba en la parte trasera del cuello con dos finos botones color perla, dejando otro escote en círculo en la parte superior de su espalda, la camisa era semi- holgada y muy suave, dejaba al descubierto sus hombros.
Salió y la mujer dependienta ya la esperaba, al mirarla sonrió y se acercó a ella, le acomodó la parte superior de la camisa y luego le dio la vuelta para mirar por detrás- también te ves espectacular en este- le dijo- no uses sujetador, para que no se te vea en el escote de atrás ni adelante- dijo tocándole levemente el que Aome llevaba puesto- tu piel y tu cuerpo resaltan con el atuendo, te ves estilizada, provocativa y muy hermosa.
-¿de verdad?- se miró- me llevo ambos, el vestido y este.
-usa unos plataforma perla con este, quedará perfecto- le dijo.
Luego de pagar Aome compró en otra tienda el calzado que la mujer le había sugerido, también compró unas lindas sandalias de tacón alto para el vestido, estas eran doradas.
Compró accesorios sutiles, pero hermosos y luego fue a tomar el almuerzo en una panadería cercana.
Eran ya pasadas la 1:30 de la tarde.
Entró y ordenó unos sándwiches y un refresco.
Cuando ya eran las 2:00 fue al spa.
Allí recibió un masaje, depilación y perfumaron su cuerpo, quedó en el área de relajación mientras unas manos hábiles masajeaban su espalda, salió de allí a las 4:00 pm y fue a la peluquería.
No quería cortar su cabello, solo pidió que hicieran hidratación, enseñó los atuendos que usaría esa noche y pidió algo que le favoreciera con ellos.
Se hizo manicura y pedicura, mientras en su cabello el joven chico le pasó el secador, luego la plancha y finalmente colocó pinzas en las puntas, ondulándolas, dejando el cabello de la azabache como normalmente era, pero luego los elevó y recogió en la parte superior de la cabeza la mayor parte del cabello, un poco a la izquierda, dejando unos mechones sueltos y largos sobre su hombro desnudo, estos los onduló aún más en las puntas y luego fijó con laca.
Dejó el flequillo fuera y mechones rebeldes, con toque natural pero elegante, llevaría el cabello recogido para que la blusa se mostrara en todo su esplendor, todos sus escotes y botones.
Eran las 5:30 y ya se encontraban finalizando el maquillaje.
Cuando la azabache abrió los ojos y se miró al espejo estaba algo perturbada, por lo general era su prima quien siempre iba tan arreglada, suspiró y se miró fijamente pudo descubrir su ser, ella tenía su propia esencia, la forma de sus ojos o tal vez su mirada, ella no era igual a Kikyo.
El maquillaje y el peinado, ambos le quedaban perfectos, pagó y salió, miró su reloj de mano, eran las 5:35, tomó un taxi rumbo a su casa.
Al llegar se cambió de ropa, se colocó un brazalete a juego con unos sarcillos de oro y luego se miró en el espejo de cuerpo completo en su habitación, quedó sin aliento, ella lucía tan femenina y hermosa, tan diferente.
Eran las 6:00 de la tarde, así que Inuyasha no tardaría en llegar.
Preparó su cartera, era de cuero negro, de tamaño pequeño, fue un regalo de su tía hace un año, ahora la usaría.
Inuyasha llegó a las 6:15.
Al sentir la bocina Aome salió, checando que no dejaba nada, su celular, su llave, su monedero, su bolso de maquillaje y su antibacterial, suspiró y levantó la mirada de su bolsa mientras la cerraba.
Se topó con la vista de su novio recorriéndola sorprendido, embelesado y sin habla.
Luego se centró en los ojos de la azabache, mirándola intensamente- Aome- susurró.
-hola, Inuyasha- saludó ella sintiendo demasiadas emociones arremolinadas en su pecho, entre ellas el enojo, satisfacción y rechazo, él estaba usando una de sus tantas chaquetas de cuero, pero esa tarde no lucía tanto rebelde, sino más bien elegante a su modo.
Él se acercó a ella con paso lento y la tomó de la cintura con una mano, con la otra acarició su mejilla mientras se acercaba para besarla.
Al sentir su aliento sobre sus labios, Aome desvió levemente la cara, recibiendo su beso en la comisura de los labios- vamos- musitó pasando de largo.
Inuyasha estaba algo extrañado, pero al volver a ver a su novia lo dejó pasar, ella estaba tan genial, diferente.
Llegaron y Yaken les abrió la puerta, uno de los coches de su padre ya estaba allí, así que todos estaban dentro.
-¡llegas tarde, joven Inuyasha!- le sermoneó Yaken.
-bah, como sea, vamos, Aome- la tomó de la mano y la condujo dentro.
Al entrar recibieron la mirada de todos, que habían estado sentados en el mueble conversando, Aome inconscientemente apartó la mirada ante la de ellos tan intensas, luego miró al frente buscando a alguien en específico.
Lo localizó más allá de los demás, hablaba por teléfono, pero la veía, su mirada dorada se centró en ella al verla entrar junto a Inuyasha.
Sus labios se separaron abstractamente observando a Sesshomaru, olvidando a los demás, pero luego la mirada de él se dirigió a los dedos entrelazados de Aome e Inuyasha y retiró la vista de ella, dándole la espalda, continuando su conversación.
Aome carraspeó y soltó la mano de Inuyasha- vamos- le dijo a él y caminó adelante.
Continuará…
N.A. es importante que sepan que Aome a penas está experimentando lo que es el dolor causado por una relación amorosa, para que las personas maduren es necesario esto, ella es inocente aún... sin embargo estoy trabajando en ello, por si no se han dado cuenta... gracias por los comentarios, espero que les haya agradado el cap, hasta la próxima, besos... :*
